ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

miércoles, 27 de enero de 2021

JOHN WILKES BOOTH, EL ASESINO DE LINCOLN

 

Tal y como dije en mi anterior artículo, voy a publicar unos cuantos más, relacionados con la muerte del presidente Lincoln.

John Wilkes Booth, que así era cómo se llamaba, nació en 1838, en un pueblo del Estado de Maryland, en USA.

Su padre fue Junius Brutus Booth, un actor británico, que creó toda una dinastía teatral y su madre fue Mary Ann Holmes, también británica, que antes había sido florista.

Por lo visto, Junius, ya gozaba de bastante fama como actor en el Reino Unido. Sin embargo, parece ser que rivalizó con otro actor muy famoso al que no le gustaba mucho la competencia.

Junius llegó a casarse en su país y el matrimonio tuvo un hijo. Sin embargo, en 1821, tras haber conocido a Mary Ann, dejó a su esposa y a su hijo y se fue con ella a USA.

La pareja se fue a vivir a una de esas típicas cabañas de troncos, situada en Maryland y allí fue donde nació nuestro personaje de hoy.

Parece ser que les fue muy bien, porque la forma de actuar de Brutus fue muy elogiada en USA y representó centenares de obras por todo el país. Incluso, unos años más tarde, encargó la construcción de una bonita casa de estilo neogótico en otra localidad del mismo Estado.

Desgraciadamente, Brutus era un alcohólico, que, a veces, también se portaba de una manera muy violenta, incluso, con otros actores, en el mismo escenario. Por ello, su carrera fue en declive hasta su temprana muerte, en 1852. Aun así, siempre fue muy recordado y su nombre aparece en el Salón de la Fama del Teatro Americano.

La pareja tuvo 10 hijos, siendo John el penúltimo de ellos. Sus padres no se casaron hasta 1851, año en que la primera esposa le concedió el divorcio a Brutus.

Por lo visto, John, nunca fue un buen estudiante, aunque sus maestros lo calificaban como muy inteligente. Estuvo en varios colegios, pero dejó los estudios, con sólo 14 años, a la muerte de su padre.

Parece ser que quería seguir la carrera de actor, pues sus dos hermanos, Edwin y Junius Brutus jr., ya gozaban de merecida fama en los escenarios.

En 1855, tuvo su debut en Baltimore. Desgraciadamente, no le fue muy bien, pero no se amilanó y perseveró con su afición por el mundo del teatro. Tanto fue así que, en 1858, ya consiguió su primer éxito, actuando junto a su hermano Edwin.

Sobre todo, las mujeres se fijaron mucho en él. Era un tipo que medía 1,73 m, tenía el pelo negro y ondulado y un cuerpo atlético. Algo que resaltaba en las escenas donde se exigía un gran esfuerzo físico o, incluso, en las escenas de duelos, donde se podía apreciar que era un gran especialista en esgrima.

De esa forma, consiguió ser un actor muy famoso y muy bien pagado. Le llovieron los contratos y las giras por todo el país. Además, todos los días le llegaban muchas cartas de sus admiradoras.

A partir del comienzo de la guerra civil se decantó por el bando de los Estados Confederados del Sur y además se atrevió a decirlo en medio de un escenario de un Estado del norte. Lo que hizo que los espectadores le insultaran y hasta presionaran para que le cancelaran el contrato.

No obstante, a pesar de la guerra, él siguió con su gira, tal y como estaba prevista, por varios teatros de localidades del norte del país.

Curiosamente, nació en Maryland, que es un Estado del norte, que limita con Washington DC. Sin embargo, en ese Estado era legal tener esclavos, aunque no tengo noticias de que la familia Booth los tuviera.

Por lo visto, muchos de los habitantes de Maryland estaban a favor de la secesión, sin embargo, su parlamento votó en contra. No obstante, se negaron a entrar en la guerra. Así que Lincoln impuso la ley marcial en ese Estado y encarceló a los líderes políticos que se habían mostrado a favor de los sudistas. Tras esta medida, muchos le calificaron como tirano. Un dato a tener en cuenta.

Como John ya era un famoso actor de teatro y la familia Lincoln
no solía perderse un estreno, pues hay que suponer que ambos se conocían mutuamente, aunque nunca se saludaron.

Parece ser que la última vez que actuaron juntos los tres hermanos fue en un teatro de Nueva York, a finales de noviembre de 1864, representando la obra Julio César, cuyas ganancias iban a ser destinadas a la construcción de un monumento en un parque de esa ciudad, dedicado a Shakespeare.

La última representación de John tuvo lugar en el Teatro Ford de Washington DC, el 18/03/1865. El mismo lugar donde cometió el asesinato. Se llamaba así, porque su dueño era el empresario teatral John Thompson Ford.

Parece ser que, tras el atentado, los investigadores vieron como sospechoso a este empresario y fue detenido, pues, a aparte de ser íntimo amigo de John, el día del atentado, Ford, se encontraba en Richmond (Virginia), la capital de los Estados Confederados.

La verdad es que, tras el magnicidio, las autoridades llegaron a detener alrededor de unas 2.000 personas. Como se suele decir, no se salvó ni el apuntador.

Dado que John era una persona que había acumulado muchos ingresos, invirtió una gran parte de ellos en el incipiente mercado de los yacimientos petrolíferos, aunque parece que no le fue demasiado bien.

La guerra se fue alargando más de lo que, en un principio, se había pronosticado, como suele ocurrir con todas las guerras.

Muchas familias quedaron divididas, como suele ocurrir en todas las guerras civiles y más en un país, donde la gente acostumbra a cambiar, muy a menudo, de lugar de residencia. Incluso, parece ser que John dejó de hablar con su hermano Edwin, porque éste apoyaba la causa del norte y, cuando se encontraban no hacían más que discutir sobre los motivos de la guerra.

Es más, cuando John se hallaba en Saint Louis (Missouri), fue detenido por hacer unas declaraciones muy fuertes contra Lincoln y su gobierno. No obstante, pronto fue puesto en libertad, tras haber pagado una buena multa.

Parece ser que, en 1862, John conoció a una joven llamada Lucy Lambert Hale, hija de un famoso senador federal por New Hampshire.

Por lo visto, esta chica tenía muchos pretendientes y uno de ellos era, precisamente, el hijo mayor de Lincoln. Al que ya le dediqué otro de mis artículos.

En 1864, John andaba metido en un plan para secuestrar a Lincoln, a fin de canjearlo por muchos prisioneros sudistas en poder del norte y de esa manera intentar darle la vuelta a la esperada victoria del norte.

Se sabe que estuvo en contacto con simpatizantes del sur y con el Servicio Secreto de los Confederados. Para ello, viajó por varias ciudades e, incluso, llegó a visitar Canadá, donde vivían muchos simpatizantes del sur.

Como ya dije en mi anterior artículo, Lincoln ganó por goleada al resto de los candidatos a la presidencia y, por tanto, fue reelegido. Evidentemente, esa noticia no le hizo ninguna gracia a John, porque Lincoln ya prometía la abolición de la esclavitud en todo el país.

La ceremonia de juramento de Lincoln fue la primera que se realizó bajo la vigilancia del Ejército, pues se habían recibido muchas amenazas de muerte contra el presidente.

Increíblemente, John sí que estuvo en esa ceremonia. Según parece, Lucy Hale, había conseguido unas invitaciones, por medio de su padre, y fueron juntos a la ceremonia. Incluso, el resto de los miembros de la banda de John estuvieron entre el público congregado para esa ocasión histórica.

Es más, a John lo colocaron en la grada superior, en el centro de la barandilla y cerca de la bandera, que se ve en la foto, en un lugar, donde se suponía que todos eran gente de confianza y el único sitio que no estuvo vigilado por el Ejército. O sea, que hubiera tenido un blanco perfecto.

Como en todos esos meses no tuvieron ocasión de secuestrarle, tras la rendición del general Lee, ya no tenía sentido el secuestro. Así que optaron por intentar asesinar a los principales cargos de la nación. O sea, el presidente y el vicepresidente de la República y el secretario de Estado. Aunque, según el orden sucesorio en USA, tras el vicepresidente, va el presidente de la Cámara de Representantes y luego el presidente pro tempore del Senado.

Como John había dado la dirección del teatro para que le enviaran su correo, la mañana del 14/04/1865, fue a recogerlo y allí se enteró de que el presidente Lincoln y su esposa, asistirían esa misma noche a la representación de una obra muy popular en ese momento.

Curiosamente, esa misma obra se estaba representando en otra ciudad, bajo la dirección de John Sleeper Clarke, que estaba casado con Asia Booth, hermana de nuestro personaje y también autora teatral.

En cuanto pudo, reunió a su banda y les dio la noticia. Luego, distribuyó los 3 objetivos, reservándose para él el atentado contra Lincoln. Era una forma de crear un caos total en el Gobierno USA.

Esa noche, Booth, no tuvo ningún problema para entrar en el teatro. Un edificio que conocía muy bien, porque había actuado allí muchas veces.

También conocía muy bien esa obra, “Nuestro primo americano”, así que esperó en el salón hasta el descanso y, sobre las 22.15, subió hacia el palco. Curiosamente, no se encontró con el guardia, que debería de estar vigilando en la puerta, porque se había ido a tomar un refresco. Miró por el orificio taladrado en la puerta y pudo ver al presidente, su esposa y sus dos acompañantes.

Así que entró, se aproximó por detrás al presidente y, cuando sabía que el público iba a soltar una carcajada, provocada por un diálogo de esa obra, disparó su pistola contra la oreja izquierda de Lincoln. Parece ser que el proyectil atravesó el cerebro y quedó alojado tras su ojo derecho.

El general Grant y su esposa, que habían sido invitados al teatro por los Lincoln, se disculparon alegando que tenían que visitar a unos parientes en otro Estado. Así que, en su lugar, fueron una pareja compuesta por el mayor Henry Rathbone y su prometida, Clara Harris.

Curiosamente, esta pareja ya estaba emparentada, ya que el padre de ella se había casado con la madre de él, tras haber quedado ambos viudos de sus respectivos matrimonios. En esta historia ya veréis que hay mucha gente que está interrelacionada.

John sólo pudo efectuar un disparo. Después, se enfrentó con el mayor Rathbone, el cual apenas pudo desenvainar su sable, porque John le clavó la daga, que llevaba en la mano izquierda y le hizo una herida bastante profunda, desde el codo izquierdo hasta el hombro, que le hizo perder mucha sangre.

Por lo visto, el no haber podido defender adecuadamente al presidente, fue algo que, al mayor, le causó graves secuelas psicológicas y que dio lugar a que, mucho tiempo después, muriera, tras llevar varios años ingresado en un manicomio.

John aprovechó para saltar desde el palco al escenario, no obstante, parece ser que las espuelas que llevaba se engancharon en una de las banderas, que había en el palco. Así que cayó mal y parece que se fracturó una pierna, aunque hay muchas versiones sobre la gravedad de esa lesión.

A continuación, los presentes dijeron que pronunció, en latín, las palabras: “sic semper tyrannis”, que, según algunos autores, fue lo que dijo Bruto, tras haber asesinado a Julio César.



También aparecen estas palabras en el himno de su Estado de Maryland, “Maryland, my Maryland”, compuesto en 1861 por James Ryder Randall y que sigue siendo el himno de ese Estado. En ese texto, se hace mención a un tirano, que puede ser Lincoln, y a unos vándalos, que serían las tropas de la Unión, que atravesaron ese Estado durante la guerra civil.

Algunos de los espectadores dicen que Booth, a continuación, pronunció estas palabras: “Yo lo he hecho, el Sur está vengado”.

Por lo que respecta a los otros dos matones. Lewis Powell, consiguió entrar en la casa del secretario de Estado, Seward, el cual estaba convaleciente, tras haber sufrido un grave accidente de carruaje, unos días antes. Le asestó varias puñaladas, pero no consiguió matarle, porque tenía puesto un corsé para curar sus heridas. Eso sí, perdió mucha sangre y eso hizo que el atacante huyera de allí, pensando que lo habría matado. Se recuperó, pero siempre le quedó la cara torcida.

Atzerodt, que siempre había sido un alcohólico, bebió ese día más de la cuenta y no se atrevió a cumplir su objetivo, que era matar al vicepresidente Andrew Johnson.

Booth había encargado un caballo para su huida. Así que salió por una puerta trasera y allí lo estaban esperando. Por lo visto, al huir, se encontró en un pasillo al director de la orquesta a quien también le produjo varias heridas con su daga.

A la salida, se encuentra con Joseph Burroughs y Edmund Spangler, que trabajaba de tramoyista en el teatro, los cuales le tienen preparado el caballo y le ayudan a escapar.



Booth se encontró con otro de sus compinches, David Herold, y juntos galoparon hacia Maryland y luego hacia Virginia. Descansaron en la pensión y taberna de la familia Surrat.

Unas horas después, retomaron su camino, pero hicieron otra parada en la casa del Dr Samuel Mudd, para que le curara la pierna.

Mientras tanto, el Gobierno USA, publicó que daría una recompensa de 100.000 dólares, una cantidad inmensa para esa época, a quien aportara algún tipo de información para la captura de Booth y sus compinches.

Lógicamente, las autoridades conocieron enseguida la identidad del asesino del presidente, pues era una persona muy famosa en todo el país. A mí me parece muy extraño que a la gente que organizó este magnicidio se le ocurriera contar con alguien tan famoso, porque el Gobierno tardó muy poco en imprimir miles de fotos de Booth y repartirlas por todo el país. De hecho, muchos aficionados al teatro poseían fotos de este actor, considerado como uno de sus ídolos por muchos de ellos.

El caso es que este magnicidio tampoco fue bien recibido por las autoridades del sur, pues consideraban que Booth les había hecho un flaco favor, ahora que la guerra estaba casi terminada y sólo quedaban algunas unidades por rendirse, que lo hicieron en junio de ese mismo año. De esa forma, pensaba que el norte se cebaría más con el sur, tal y como ocurrió después.

El tema de la rebelión contra los tiranos o el tiranicidio, que es el asesinato de los mismos, no era algo extraño en la mentalidad de los ciudadanos de USA. Dos de los padres fundadores de ese país se pronunciaron al respecto. Benjamín Franklin propuso un sello para USA, con una leyenda a su alrededor que decía “La rebelión contra los tiranos es la obediencia a Dios”.

Por su parte, Thomas Jefferson, tercer presidente de USA, escribió en cierta ocasión que “el árbol de la libertad debe ser regado con la sangre de los patriotas y los tiranos”.

Precisamente, uno de los principales teóricos del tiranicidio fue el padre Mariana, jesuita español, que vivió entre los siglos XVI y XVII.

Volviendo a nuestro personaje de hoy, los fugitivos, consiguieron que alguien les prestara una barca para cruzar el río Potomac y poder llegar a Virginia.

Al fin, a pesar de las fuertes corrientes, el 23 de abril, consiguieron cruzar el río y llegar a Virginia, donde contactaron con varios sudistas.

Uno de ellos, les llevó a la casa de la familia Garrett. Parece ser que esa familia no conocía la noticia del magnicidio y además les presentó a Booth con una identidad falsa, diciendo que se trataba de un soldado confederado que había sido herido en una batalla.

El Gobierno USA había movilizado a unos 10.000 soldados para capturar a Booth y sus compinches. No sé si los tendrían ya fichados, pero lo cierto es que lograron detener a casi todos en muy poco tiempo.

Parece ser que los sometieron a duros interrogatorios y supongo que, gracias a ello, fue por lo que enviaron un destacamento con 26 soldados al mando de un teniente y con un oficial de Inteligencia, llamado Everton Conger, con unas instrucciones muy concretas.

Parece ser que localizaron a la persona que había escondido a los fugitivos y les llevó hasta la casa de los Garrett. Supongo que obtendrían su nombre y su domicilio en los interrogatorios mencionados, porque me parece casi imposible que este grupo de militares acertase a dar con este hombre a la primera. También es posible que los servicios de Inteligencia, que ya existían en ambos bandos, tuvieran vigilados a estos conspiradores.

Curiosamente, Booth, mientras permaneció escondido, estuvo escribiendo sus pensamientos en su diario. En él, decía que no podía creer que, tras haber matado a un “tirano”, la gente, en lugar de darle las gracias, le llamase asesino.

Lo cierto es que el oficial de Inteligencia Conger interrogó a Jett, el soldado sudista que había llevado a los fugitivos a la casa de los Garrett, así que llevó también a estos soldados.

Al amanecer del 26 de abril, los soldados rodearon el lugar donde les había dicho Jett que se encontraban los fugitivos, que era una especie de secadero de tabaco, construido en madera.

Desde fuera les gritaron que se rindieran y salieran con las manos en alto. Parece ser que Herold se rindió y salió, sin embargo, Booth dijo: “prefiero salir y pelear”.

Así que Conger ordenó que le prendieran fuego al secadero. En medio de este jaleo, un sargento llamado Boston Corbett,  dijo ver que Booth estaba apuntando para disparar y le disparó primero. La bala penetró en el cuello y los soldados sacaron a Booth a rastras hasta el porche de la casa.

Parece ser que la herida era mortal, porque le había afectado 3 vértebras y roto la médula espinal. Allí murió después de 3 horas de agonía.

Por lo visto a Conger no le gustó nada que aquel sargento le disparara, porque sus órdenes eran llevarle vivo hasta la capital, para interrogarle y conocer quién había organizado esa conspiración.

En los bolsillos de Booth encontraron varias cosas, que ahora se hallan expuestas en un museo de Washington DC. Entre ellas, una brújula, fotografías de 5 mujeres, entre la que estaba la de Lucy Hale y su diario. Aparte de esto, también llevaba un fusil y dos revólveres.

Por lo visto, tampoco lo dejaron tranquilo después de muerto. En un principio, llevaron su cadáver en una carreta hasta una especie de arsenal de la Armada, situado en la capital, donde le hicieron la autopsia. También llevaron a varios familiares y personas que lo conocían para efectuar el reconocimiento del cadáver. Pasó por varias peripecias hasta que, en 1869, entregaron el cadáver a su familia. Posteriormente, enterraron su cuerpo en el panteón familiar, situado en un cementerio de Baltimore (Maryland).

No voy a hablar sobre el destino de los demás cómplices en el asesinato de Lincoln. Próximamente, escribiré otro artículo sobre el tema.

También escribiré algún artículo sobre otras personas relacionadas, de manera indirecta, con este lamentable suceso.

 

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