ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 26 de marzo de 2017

ENRIQUE II EL DE LAS MERCEDES



Esta vez voy a hablar sobre un personaje que nunca ha tenido buena fama. Lógicamente, todo eso se debe a que, para llegar a ser rey, tuvo que matar a su hermanastro y eso parece que nunca se lo han perdonado.
El futuro Enrique II de Castilla nació en Sevilla en enero de 1332. Fue fruto de la relación extramatrimonial entre su padre, el rey Alfonso XI de Castilla, y su madre, Leonor de Guzmán y Ponce de León, señora de Medina Sidonia y emparentada con Alfonso IX, rey de León. Hay que decir que de esta relación nacieron nada menos que 10 hijos.
Enrique fue el primero de los que sobrevivieron. Junto con él, también nació un hermano gemelo, llamado Fadrique Alonso de Castilla, que llegó a ser maestre de la Orden de Santiago, entre otros títulos.
Durante el reinado de su padre, tanto Leonor como sus hijos, vivieron una vida muy confortable, siendo tratados como si fueran la familia legítima del rey.
Sin embargo, el futuro rey Pedro I, también hijo de Alfonso XI, y su madre vivieron absolutamente apartados de la Corte.
En el caso de Enrique, su padre encargó su educación al conde de Trastámara, Rodrigo Álvarez de las Asturias. A la muerte de éste, como el conde no tuvo descendencia, entre otras cosas, le pidió al rey que le diera el título de conde de Trastámara a Enrique. Precisamente de ahí vino el nombre de la nueva dinastía.
Este era un título propio de Galicia, pero que nunca había sido hereditario. Lo otorgaba el rey a una persona y a su muerte, retornaba al monarca. Así que Alfonso XI le otorgó ese título a su hijo, Enrique.
La temprana muerte del monarca dio lugar a un cambio radical en la situación. Los nobles del reino dejaron de hacerle la pelota a Leonor y proclamaron a Pedro como nuevo rey de Castilla.
A partir de ahí, no hubo paz en el reino. Su madre, María de Portugal, no tuvo ninguna piedad con Leonor. Mandó que fuera arrestada y, tras pasar por las mazmorras de varios lugares de Castilla, en 1351, ordenó que fuera asesinada en Talavera de la reina.
Es posible que Enrique quisiera “blindarse” contra ese cambio de poderes, al casarse con Juana Manuel, hija del famoso infante y poeta Don Juan Manuel, uno de los hombres más poderosos de Castilla.
Mientras tanto, Pedro, no hizo más que buscarse enemigos. Primero se casó con la francesa Blanca de Borbón, pero, como no aportó la dote prometida, se casó con ella y luego la abandonó. Lo que provocó la indignación del rey de Francia. Eso fue aprovechado por Enrique para poner a Francia de su parte. Aún más, cuando se supo que Pedro ordenó la muerte de Blanca. Así, ya en 1352, surgieron las primeras sublevaciones, lideradas por Enrique contra Pedro I.
Pedro aprovechó para aliarse con los ingleses. Sin embargo, el rey de Aragón, Pedro IV el Ceremonioso, increíblemente, se alió con sus habituales enemigos, los franceses.
Realmente, al rey de Aragón, le importaba muy poco la guerra civil en Castilla. Sin embargo, le convenía que se sentara en el trono castellano un rey afín a sus intereses, para que la flota castellana no continuara aliándose con sus habituales oponentes en el mar, la flota de Génova.
También ocurrió lo mismo cuando, en 1354, Pedro I se casó con Juana de Castro, viuda de Diego de Haro. Tras la boda, el rey la repudió al día siguiente de la ceremonia. Así que la familia Castro se unió al nutrido grupo de oposición al monarca.
Tampoco hay que olvidar que, en aquella época, Francia e Inglaterra, estaban enzarzadas en la Guerra de los Cien Años. Así que la guerra civil en Castilla, a la que se unieron Portugal y Aragón, fue una especie de prolongación de esa guerra europea en otros frentes. De hecho, muchos caballeros y arqueros europeos lucharon en la Península Ibérica, apoyando a uno u otro bando.
En 1356, Pedro I, empezó a luchar contra todos sus oponentes. Mostrando ya toda su crueldad con los vencidos. Así que Enrique y sus hermanos tuvieron que salir huyendo. Esta vez no les pudo pillar. Sin embargo, unos años más tarde, les capturó y ordenó su muerte.
A partir de esa fecha, se dedicó a luchar en todos los frentes. Se enfrentó a Pedro IV de Aragón y, tras una tregua conseguida por un legado del Papa, fue a sofocar una sublevación en Andalucía. Allí capturó a Fadrique, el hermano gemelo de Enrique, y lo mató de una forma atroz.
En 1358, volvieron a enfrentarse Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. Esta vez, Enrique, luchó en el bando aragonés con la condición de que ese monarca le ayudara a deponer a su hermanastro y poder conseguir el trono.
No le sirvió de mucho, pues, en 1360, las tropas de ambos bandos se enfrentaron en la primera batalla de Nájera, consiguiendo la victoria el rey castellano. Posteriormente, ambos bandos firmaron una tregua.
En 1362, Pedro I, atacó Aragón con la complicidad de Carlos II el Malo, rey de Navarra. Avanzó de una manera muy rápida por Aragón, pero esta vez fue parado en seco por una fuerza integrada por aragoneses, franceses y las tropas de Enrique. Así que al monarca castellano no le quedó
otra que retirarse.
En 1366, los partidarios de Enrique lo proclamaron nuevo rey de Castilla en Calahorra. A partir de entonces le llamaron “el de las mercedes”, por la cantidad de dinero y títulos que tuvo que repartir para que no se le fueran sus partidarios.
Al año siguiente, Pedro I, consiguió que los ingleses se unieran a su bando. Un gran contingente de tropas de esa nacionalidad, al mando del Príncipe Negro, invadió Castilla, desde los dominios ingleses del sur de Francia.
En 1367, ambos bandos se volvieron a encontrar en la segunda batalla de Nájera. Allí, por segunda vez, volvió a vencer Pedro I y Enrique tuvo que huir a Francia.
Sin embargo, el año anterior, Pedro I, había firmado con sus aliados el acuerdo de Libourne. Mediante el cual, al Príncipe Negro, que también era el Príncipe de Gales, le prometió una fuerte suma de dinero y el señorío de Vizcaya. Mientras que a Carlos II el Malo de Navarra, le prometió Álava y Guipúzcoa, por permitir que atravesaran su reino.
No obstante, Pedro I, no pudo cumplir su parte del trato, a pesar de llevar con él el tesoro real,  y los ingleses lo dejaron abandonado.

Parece ser que Enrique se enteró de ello, por eso, reorganizó sus tropas y volvió a combatir contra su hermanastro.
Esta vez organizó mejor sus tropas y vencieron a Pedro I en la batalla de Montiel. Posteriormente, cuando el monarca castellano fue a visitar la tienda de Du Guesclin, el jefe de los mercenarios franceses, se encontraron allí los dos hermanastros. Se enfrentaron entre ellos y, en esa pelea,  Enrique mató a Pedro. De esa manera tan triste fue como consiguió el trono de Castilla.
Dado que Enrique les había prometido a sus partidarios todo tipo de riquezas y de títulos, no tuvo más remedio que repartirlos durante todo su reinado.
De todas formas, la esencia de la victoria de Enrique sobre Pedro fue el triunfo de los nobles holgazanes sobre la incipiente burguesía del reino. Eso convirtió a Castilla en uno de los reinos más atrasados de la Europa Medieval. Desde el principio de su reinado, como había llegado al trono de una forma muy poco ortodoxa, sus derechos al mismo fueron discutidos por muchos personajes de la época.
Así, los reyes de Portugal, Inglaterra, Navarra y Aragón combatieron contra él en alguno de los momentos de su reinado, pues todos tenían cierto parentesco con el monarca asesinado.
Las guerras contra estos pretendientes duraron hasta 1375. Por otra parte, la crisis económica se abatió sobre Castilla, pues a Enrique le costó mucho poder pagar a todos sus acreedores y mercenarios y no se le ocurrió otra cosa que devaluar varias veces la moneda, provocando un alza brutal de los precios y la llegada del hambre a Castilla.
Algo que da una idea de la situación desesperada de Castilla, en materia económica, es que Enrique II, cuando era pretendiente al trono siempre fue enemigo de los judíos. Sin embargo, tras la llegada al poder se hizo muy amigo de ellos, para conseguir financiación. Según parece, esto hizo brotar una ola de fuerte antisemitismo en todo el reino, que tuvo unas consecuencias dramáticas durante el siguiente reinado.
Otra señal inequívoca de la mala situación económica de Castilla es que, durante su reinado, el monarca convocó a las Cortes con mucha frecuencia. Lógicamente, para que le aprobaran nuevos impuestos a fin de que pudiera pagar a sus acreedores.
Este debilitamiento económico provocó la ruina del reino, mientras que aumentó considerablemente la riqueza de los grandes señores, que se dedicaron a competir por el poder con el monarca. Como ya había ocurrido en reinados anteriores. No obstante, hay que decir en su favor que logró asentar las bases de la nueva dinastía de los Trastámara.
Empezó por enfrentarse a Fernando I de Portugal, que invadió Galicia. Le venció a base de un ataque combinado del Ejército y la Flota castellanos contra el territorio portugués.
Posteriormente, hubo de enfrentarse a una coalición formada por Aragón, Navarra, Portugal y hasta Granada. Esta guerra duró hasta la firma de los tratados de paz en 1371. En el caso de Aragón, luchó contra él, porque Enrique no quiso cederle los territorios que le había prometido.
Tampoco quiso respetar el trato que había hecho con el maestre de Calatrava. Éste se comprometió a entregarle la plaza de Carmona a cambio de que no hiciera daño a dos hijos de Pedro I, habidos con su relación con Isabel de Sandoval y que los tenía bajo su custodia.
Sin embargo, tras tomar posesión de esa ciudad, ordenó el traslado de los niños a diferentes prisiones. Sancho de Castilla, que tenía sólo 6 años, fue enviado al castillo de Toro, donde fue encerrado y murió al año siguiente. Tras una investigación realizada sobre su momia en 2006, no se pudo demostrar que hubiera sido envenenado, como se sospechaba.
En el caso de su hermano Sancho, que era un bebé de 1 año, fue llevado al castillo de Curiel. Allí permaneció, cruelmente, encerrado durante nada menos que 55 años. Incluso, llegó a tener descendencia con la hija del alcaide de esa fortaleza y una de sus hijas fue la que consiguió que el rey Juan II le pusiera en libertad, muriendo unos años después.
Me permito recordaros que al que le han llamado siempre “el cruel” ha sido a Pedro I, no a Enrique II.
En Inglaterra, Juan de Gante, duque de Lancaster, casó con Constanza, hija de Pedro I y pretendió tener derechos sobre la corona de Castilla.
Antes de que los ingleses se acercaran a nuestra costa, Enrique II de Castilla, accedió a las pretensiones de los franceses y les envió la flota castellana para apoyar el asedio al importante puerto de La Rochelle. Allí acudió también la flota inglesa y sufrió una de las mayores derrotas de su historia. Aunque parezca mentira, se podría decir que Castilla ya era la primera potencia naval de esa época. Sobre ese tema ya hablaré en un próximo artículo.
Realmente, a Castilla también le interesaba que se pudiera navegar libremente a través del canal de la Mancha, pues por ahí se exportaba la lana de las ovejas castellanas con destino a los talleres textiles de Flandes.
No obstante, Inglaterra lo volvió a intentar de nuevo, en 1372. Esta vez, se había aliado con Portugal y Aragón. Enrique II fue primero hacia Portugal y, tras vencer a su monarca, pactaron la boda de un hermano del rey castellano con una hermana del rey portugués.
 Posteriormente, fue hacia Navarra y allí pactó la entrada de sus tropas, para bloquear la llegada de los ingleses. Ambos concertaron la boda del heredero de Navarra con una hija de Enrique II.
Las tropas inglesas no consiguieron llegar a la frontera de Castilla, pues, durante su marcha,  se tuvieron que enfrentar, constantemente, a los franceses. Así que dieron media vuelta, ya que sus fuerzas habían quedado muy mermadas.
En 1375, cuando Pedro IV se vio solo ante las tropas de Castilla, no le quedó más remedio que firmar la paz de Almazán. No obstante, concertaron el matrimonio del heredero de Castilla con Leonor, hija del monarca aragonés. 
Sin embargo, a Enrique II, no le salieron bien los cálculos cuando, en ese mismo año,  se reunieron ingleses y franceses, para firmar la llamada Tregua de Brujas. No se molestaron en invitar a los castellanos. Lo único que hicieron fue llevarle el documento para que lo firmara. Evidentemente, ese documento era muy favorable a Francia, que era quien lo había auspiciado. Lo único positivo es que, después de muchos años,  Castilla volvió a vivir en paz.
Sin embargo, en 1377, murió Enrique III de Inglaterra y su sucesor, Ricardo II, firmó un acuerdo con Navarra por el que le permitiría el paso de sus tropas para intentar la conquista de Castilla.
En Inglaterra, seguían pensando que los miembros de la casa de York y los de Lancaster eran legítimos herederos al trono de Castilla. No hay que olvidar que dos hijas de Pedro I el Cruel y María de Padilla estaban casadas con Juan de Gante, duque de Lancaster, y con Edmond, duque de York, respectivamente.
Parece ser que el monarca castellano debía tener muy buenas fuentes de información, porque se enteró de ese pacto antes de que las huestes inglesas pusieran su pie en la Península Ibérica.
Para empezar, lo primero que hizo fue invadir el pequeño reino de Navarra, tomar varias plazas como rehenes y obligar a su rey a firmar un documento, donde le obligaba a aliarse con Castilla. Una vez firmado ese documento en Santo Domingo de la Calzada, Castilla devolvió esas ciudades a Navarra.
Misteriosamente, poco después de haberse firmado ese documento, el monarca castellano cayó enfermo y falleció al día siguiente en esa misma localidad.
En su momento, se rumoreó que su muerte podría haber sido debida a un envenenamiento o tal vez a un ataque de gota, enfermedad que venía padeciendo. Sólo tenía 46 años.
Está sepultado encima de la sillería del coro en la Capilla de los Reyes Nuevos de la catedral de Toledo.











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