ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 27 de enero de 2026

LA MASACRE DEL DOMINGO SANGRIENTO

 

Hoy voy a narrar un hecho, que, según creo, fue uno de los principales motivos por los que condenaron a muerte al zar Nicolás II de Rusia.

El zar había nacido en 1868 y sucedió a su padre, Alejandro III, que murió joven. Nicolás era un hombre con poca personalidad, que se dejaba influir por sus familiares.


Algunos de ellos eran sumamente conservadores.

Los zares siempre habían sido muy respetados por la mayoría del pueblo. Incluso, muchos de ellos lo llamaban “el padrecito” y pensaban que los protegería de todos los males, porque estaba ungido por Dios.

Era casi como esos monarcas musulmanes, que dicen ser sucesores de Mahoma y, aparte de su poder político, también tienen un poder religioso.

Estaba casado con una princesa alemana y tenían 4 hijas y 1 hijo. Este último, necesitaba muchos cuidados médicos, ya que padecía hemofilia. También llamada la enfermedad de la sangre azul. Por lo visto, el pueblo le achacaba a su esposa todos los males de la familia imperial.

Nuestro segundo personaje era Gueorgi Apolonovich Gapón. Nacido en 1870 en lo que hoy es Ucrania. Vivió en una familia acomodada, pues su padre era un granjero bastante rico.

En 1896 ingresó en un seminario y se casó, pero enviudó dos años después, recibiendo el orden sacerdotal en 1905. Ya sabemos que a los sacerdotes ortodoxos les permiten estar casados.

El padre Gapón organizó una especie de sindicato llamado Asamblea de obreros industriales rusos, el cual tenía el beneplácito del Gobierno y estaba protegido por la policía zarista. Parece ser que Gapón estaba muy influido por las ideas de Tolstoi.

No era un simple sacerdote, sino una especie de misionero, que solía aportar discusiones religiosas en talleres, comedores, etc. El objetivo de su sindicato era defender los derechos de los trabajadores y no salirse de la fe ortodoxa.

El sindicato estaba tan protegido por el Estado que empezaba sus reuniones rezando un Padrenuestro y las terminaba cantando el himno nacional, llamado Dios salve al zar. De hecho, para ser miembro de ese sindicato había que acreditar ser también fiel a la iglesia ortodoxa rusa.

Por otro lado, también hay quien afirma que ese sindicato recibía financiación de los servicios de Inteligencia de Japón. Así que, muy pronto, el sindicato llegó a contar con unos 8.000 afiliados.


El último personaje de esta historia es Vladimir Alexandrovich, hermano menor de Alejandro III y, por tanto, tío de Nicolás II.

Nacido en 1847, hizo carrera en el Ejército, pero también fue ministro y senador en diversas ocasiones. Parece ser que era un tipo muy conservador y amante de tratar con mano dura al pueblo. En el momento que nos ocupa era el gobernador militar de San Petersburgo.

El 08/01/1905, según el calendario juliano, sin embargo, el 21/01/1905, según nuestro actual calendario gregoriano, los partidos y sindicatos de la oposición convocaron una huelga general, protestando por lo mal que iba la economía rusa.

El domingo 09/01/1905, el padre Gapón organizó una especie de procesión, en la que miles de personas de su sindicato, encabezados por él y otros sacerdotes ortodoxos, se dirigieron al Palacio de invierno. Su objetivo era entregarle al zar un mensaje, donde pedían mejorar los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores y terminar con la guerra con Japón.

También ocurría que la gente estaba hambrienta, debido a las malas cosechas.

Fue una procesión muy pacífica. Curiosamente, los que iban en ella llevaban iconos y hasta retratos del zar, junto con banderas de Rusia.

Casualmente, ni el zar, ni su familia se encontraban en el Palacio, sino que habían decidido pasar el fin de semana en otra residencia real a las afueras de la capital. A pesar de que sabían que se iba a producir esa marcha, porque había sido autorizada por el Gobierno.

Sin embargo, la noche anterior al acto, los ministros se reunieron de urgencia y tomaron la decisión de publicar que el zar no iba a estar en el Palacio de invierno. Por tanto, no deberían de realizar esa marcha.

Sin embargo, los obreros no se enteraron de que el zar no iba a estar allí y comenzaron la marcha desde varios puntos de la capital para converger ante el Palacio de invierno alrededor de las 14.00.


Incluso, animaron a asistir a las mujeres y los niños.

Por el contrario, el Gobierno trasladó varias unidades militares a la capital, sumando unos 10.000 hombres.

Sin embargo, cuando los policías y los militares vieron a esta gente con esos iconos y los retratos del zar, los saludaron.

Por una parte, algunos oficiales permitieron el paso de los manifestantes, pero en grupos más pequeños.

Por otra parte, otros oficiales dieron la orden de disparar contra los manifestantes en diversos puntos de la capital. Concretamente, el grupo de Gapón fue atacado junto a la Puerta de Narva, pero hubo tiroteos en diversos lugares de la ciudad. Parece ser que el que dio la orden de disparar fue Vladimir, el tío del zar.

El padre Gapón dijo: “¡Ya no hay Dios, ya no hay zar!”. Ese día, la mayoría de los rusos dejaron de llamar “padrecito” al zar y desearon perderlo de vista cuanto antes.

También los militares perdieron su prestigio, porque atacaron a su propio pueblo.

Curiosamente, sobre las 14.00, muchos rusos paseaban cerca del Palacio de invierno, como solían hacerlo todos los domingos por la tarde, pero no tenían nada que ver con los manifestantes.

Sin embargo, cuando llegó hasta el Palacio un grupo de manifestantes, una unidad de Caballería y otra de Infantería de la Guardia imperial, que estaban de reserva, dispararon contra los dos grupos y luego atacó la Caballería.

No se conoce con certeza el número de víctimas, pero se calcula que fueron unos 1.000 muertos y unos 800 heridos.

Incluso, creo recordar que esa escena aparece en la famosa película “Doctor Zhivago”.

Parece ser que Gapón salvó la vida con la ayuda de un activista judío, llamado Pinhas Rutenberg, huyendo de Rusia con la colaboración de Máximo Gorki.

No podía quedarse allí, porque excomulgó al zar y pidió que fuera derrocado. Aquello era lo más lógico, porque el escándalo fue terrible y se multiplicaron las manifestaciones de los sindicatos obreros.

Huyó hasta Ginebra, donde conoció a varios líderes rusos exiliados, como Lenin, y luego se trasladó a Londres.

Sin embargo, supongo que añoraría Rusia y regresó para volver a contactar con la Policía zarista rusa.

También se reencontró con Rutenberg, que pertenecía al Partido Socialista Revolucionario y le quiso convencer para que también colaborase con la Policía zarista, porque decía que eso era bueno para la defensa de los trabajadores.


A finales de marzo de 1906, Rutenberg citó a Gapón para reunirse con él en una casa de campo a las afueras de San Petersburgo.

Parece ser que allí, el sacerdote, volvió a proponerle colaborar con la Policía zarista.

Posteriormente, Rutenberg dijo que salió de esa habitación y habló con 3 camaradas suyos, que estaban escuchando en la habitación de al lado. Estos entraron en la habitación, donde estaba Gapón, y lo ahorcaron.

Nicolás II había calificado el Domingo sangriento como “un día doloroso y triste”. Sin embargo, no tomó ninguna medida contra su tío, que fue el que ordenó la masacre. Vladimir murió a causa de una hemorragia cerebral en 1909. No obstante, el zar tuvo que hacer algunas concesiones, como la creación de la Duma o parlamento.

En el caso de Nicolás II y su familia, todos sabemos que, en 1917, tras la Revolución rusa, fueron detenidos y trasladados a varios lugares.

En julio de 1918, mientras residían en la Casa Ipatiev, en Ekaterimburgo, los miembros de la familia imperial, su médico y varios miembros del servicio, fueron obligados a bajar al sótano de ese edificio, donde fueron asesinados.

El zar Nicolás II, después de esta masacre, no consiguió remontar su popularidad entre su pueblo. Cuando fue derrocado, nadie fue a defenderlo.

Algo parecido le ocurrió a Alfonso XIII, cuando el 14/04/1931, tuvo que marcharse de España, porque nadie movió un dedo para defenderle. Ni siquiera los militares, que se apresuraron a romper la corona que llevaban en sus gorras.

En la actualidad, también están viendo los ciudadanos de muchos países que sus respectivos gobiernos no tienen la intención de cuidar y defender a su pueblo. Más bien, parece lo contrario.

 

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jueves, 22 de enero de 2026

RICARDO DARRÉ, UN PERSONAJE CASI DESCONOCIDO

Hoy voy a narrar la historia de un personaje, que, como he mencionado en el título, es casi un desconocido hoy en día.

Ricardo Walther Óscar Darré, que era su nombre completo, nació en 1895 en Buenos Aires (Argentina).

Nació en el seno de una familia muy acomodada. De hecho, vivieron en el barrio de Belgrano, uno de los más elegantes de la ciudad.

Su padre, un inmigrante alemán, era socio y vicepresidente de una empresa de importación-exportación, cuya sede estaba en Alemania.

El apellido Darré viene de que perteneció a una familia de hugonotes franceses, que se vio obligada a huir a Alemania.

Mientras tanto, su madre, era una mujer de origen sueco, pero que se había formado en Alemania. De ahí viene la educación tan estricta que le dieron a este hijo. También tuvieron otro hijo llamado Erich y una hija llamada Ilse.

Con tan sólo 9 años fue enviado a estudiar a Alemania. Posteriormente, estuvo formándose para ser un funcionario en las antiguas colonias alemanas.

Al estallar la I Guerra Mundial, se alistó como voluntario y sirvió como oficial de Artillería. Fue herido en varias ocasiones y recibió la famosa Cruz de hierro.

Al terminar ese conflicto, no sabía qué hacer y estuvo luchando contra los comunistas en los llamados Freikorps, donde conoció a los que luego serían los líderes nazis.

En 1922, decidió estudiar la carrera de ingeniero agrónomo en la Universidad de Halle. Especializándose en la cría del ganado. Algo que tendría mucha influencia en su vida.

Es posible que su afición por el campo le viniera, porque de niño acompañaba a su padre a visitar las fincas, donde compraba lana y cuero para exportarlo a Alemania.

Ese mismo año, se casó con Alma Staadt, con la que tuvo dos hijas. Se divorciaron 5 años más tarde.

En 1931, se casó con la baronesa Charlotte Freiin von Vittinghoff-Schell, con la que tuvo otra hija.

Fue en esos años cuando conoció a los miembros de cierto grupo nacionalista y donde desarrolló su teoría a la que llamó sangre y tierra. Con la sangre se refería a una nación con una etnia pura y la tierra se refería a la defensa de la tierra donde se vivía.

Era partidario de que, a la muerte de un campesino, no se repartieran sus tierras entre sus hijos, sino que se las dieran al mayor, para no cultivar parcelas cada vez más pequeñas.

Fue en 1930, cuando un arquitecto nazi, amigo suyo, le presentó a Hitler, decidió afiliarse al Partido Nacionalsocialista.

En 1932, Himmler, que también era ingeniero agrónomo y era amigo suyo, lo nombró director de una oficina para implementar las políticas raciales y supervisar el ingreso de los nuevos miembros de las SS.

Curiosamente, Darré, parecía el modelo de ario, que proponían los líderes nazis. Un hombre alto, rubio y con ojos azules. Todo lo contrario de cómo eran Hitler, Himmler, Goering y Goebbels.

Ese mismo año, fue elegido diputado en el Parlamento alemán y conservó su escaño hasta el final del régimen nazi.

En junio de 1933 fue nombrado ministro de Agricultura y alimentación y también líder de los campesinos del Reich.

Parece ser que dominaba ampliamente la oratoria, pues consiguió convencer tanto a los agricultores modestos, como a los terratenientes para que apoyaran al nuevo régimen. Incluso, formó a algunos de ellos para que pudieran trabajar como colonos en las nuevas tierras de los países que invadieran.

Curiosamente, era un tipo con unas ideas muy raras. Pretendía que la gente volviera a trabajar en el campo y dejara de hacerlo en la industria. De hecho, su mayor sueño era que desaparecieran las fábricas y toda la gente trabajara en el campo ¡En uno de los países más industrializados del mundo!

Uno de sus grandes éxitos fue que convenció a los terratenientes para que cediesen parte de sus tierras a fin de entregarlas a los campesinos más pobres.

Ayudó a los campesinos a pagar sus deudas, pero no les permitió hipotecarse, ni abandonar sus tierras. Ello le granjeó muchas enemistades en el Gobierno, porque no quería que los campesinos fueran a trabajar a las fábricas de armas.

Se le consideraba uno de los nazis más radicales. Despreciaba cualquier religión, porque decía que podía debilitar el “espíritu germánico”.

También fue el redactor de las leyes para el matrimonio de los miembros de las SS. Con ello, pretendía crear una especie de pureza racial y utilizaba los mismos métodos de cruce que se usan en la ganadería.

También era algo parecido a un ecologista muy radical, porque era enemigo de los insecticidas y abonos industriales y sólo permitía utilizar abonos naturales. Eso dio lugar a la ruina de las grandes fábricas alemanas de productos para la agricultura y la ganadería.

Supongo que su política fracasó en cuanto los campesinos fueron movilizados para la guerra y fue preciso utilizar abonos e insecticidas químicos para conseguir mayores cosechas.

Incluso, desarrolló un plan para colonizar las tierras, cuando Alemania invadiera los países de la Europa oriental.

Parece ser que no participó en las matanzas raciales de los nazis, pero sí fue uno de los ideólogos principales, que dieron lugar a ellas. De hecho, en sus escritos se puede leer que era partidario de esclavizar a los habitantes de Europa oriental a fin de que trabajasen en el campo para sus amos alemanes.

También fue el ideólogo principal de aquella idea de crear una especie de raza pura aria, a base de que nacieran hijos de mujeres nórdicas y miembros de las SS.

Por lo visto, se llevaba muy bien con Hitler. Sin embargo, eso cambió cuando Hitler decidió expropiar las tierras a los terratenientes. Darré se enfadó mucho, porque él les había dicho que cedieran una parte de sus tierras y les había asegurado que ya no les molestarían nunca más.

Así que no está muy claro si Hitler lo cesó, en 1942, o fue Darré el que dimitió de todos sus cargos. Por ello, se retiró a vivir en una casa que poseía en un bosque cercano a Berlín.

En 1945, fue detenido por las tropas USA y juzgado 2 años más tarde. Se le condenó a 7 años de prisión.

Sin embargo, debido a su mala salud, fue liberado en 1950 y murió 3 años más tarde a causa de un cáncer de hígado, pues se había vuelto un alcohólico.

Siempre se le consideró demasiado teórico y, en sus últimos años, se dio cuenta de que Hitler había convertido Alemania en una máquina de guerra y también que despreciaba a todos los campesinos. Algo que le incomodó mucho, pues consideraba a los campesinos como a una especie de sacerdotes de la naturaleza.

Otro de los sueños de Darré fue llenar Argentina de colonos alemanes para cultivar las tierras de ese país tan extenso. Con la condición de que no se mezclaran con gentes de otros orígenes.

Sin embargo, lo que nunca le gustó de Argentina era la mezcla de gentes, llegadas de todos los lugares del planeta, que poblaban ese país.

Ciertamente, no participó en las matanzas del Holocausto. Sin embargo, fue uno de los principales ideólogos y fue condenado por ello.

Aunque no participó en la logística para que pudiera escapar miles de nazis de Alemania y llegaran a Argentina, es muy probable que él y su familia, que tenía mucha amistad con el presidente Perón, hicieran gestiones para que los admitieran y los escondieran allí.

De hecho, varios alemanes residentes en Argentina fueron los que dieron cobijo a muchos de estos nazis, que huían de Alemania.

Incluso, el gran investigador argentino Abel Basti, ha llegado a afirmar que el propio Hitler consiguió huir de Alemania y refugiarse en Argentina, donde residió durante varios años.

En resumen, se trataba de un hombre nacido en América, que se trasladó a Alemania para intentar imponer una serie de ideas medievales en el país más desarrollado de Europa.

Incluso, yo diría que consiguió no ser condenado a muerte, como les ocurrió a otros líderes nazis, porque era un experto en eso que llaman tirar la piedra y esconder la mano.

 

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lunes, 29 de diciembre de 2025

EFEMÉRIDE DEL DÍA

 

Como todos sabemos, al residente en la Moncloa, le encanta colocar a sus afines en lugares estratégicos para tenerlo controlado todo.

Precisamente, como hoy se celebra la festividad de Santo Tomás Becket, al que ya dediqué uno de mis artículos, me ha venido a la memoria lo ocurrido con este personaje.

Tomás fue siempre muy amigo de Enrique II, rey de Inglaterra. De hecho, fue su primer ministro y su compañero de todo tipo de juergas.

El caso es que el monarca andaba escaso de presupuesto y quería hacerse con los bienes de la iglesia de su país.

Vio la ocasión más propicia, cuando murió el arzobispo de Canterbury y no se le ocurrió otra cosa que nombrar a Tomás para ese puesto. Alguien que ni siquiera era sacerdote.

Sin embargo, Tomás se tomó muy en serio su nuevo trabajo y tenía muy claro que ya no le debía lealtad al rey, sino a la Iglesia.

El primer conflicto surgió cuando unos nobles asesinaron a unos frailes y Tomás le exigió al rey que se los entregara para que los juzgaran los tribunales eclesiásticos. A lo que se opuso el monarca, que era descendiente de Guillermo el conquistador.

Luego tuvieron varios roces más y eso supuso que Tomás excomulgara al rey. Algo que, en aquella época, era muy peligroso, pues podría dar lugar a que le obligaran a abdicar.

Tomás tuvo que exiliarse en Francia. Sin embargo, regresó cuando obtuvo el perdón real.

No obstante, el rey quiso seguir acaparando las riquezas de la Iglesia y Tomás se opuso a ello.

Así que una noche, en la que estaba más borracho que de costumbre y le acompañaban tres de esos pelotas, que suele haber en todas las Cortes reales, exclamó que si no había nadie en el mundo que le quitara del medio a Tomás.

Así que tal día como hoy, pero de 1170, esos tres esbirros se presentaron en la abadía de Westminster y, cuando Tomás estaba dando una misa, le asesinaron, dándole un tajo con la espada en la cabeza.

Al día siguiente, el rey quedó consternado por el asesinato cometido y condenó a muerte a sus asesinos.

No obstante, el fin de las hostilidades no acabó hasta que el rey se presentó en la abadía y fue azotado, públicamente, por un grupo de monjes.

Todo eso aparece en la gran película Becket. Estrenada en 1964. Dirigida por Peter Glenville y con la actuación magistral de sus dos protagonistas: Peter O’Toole y Richard Burton.

Una película muy recomendable, la cual está basada en la obra teatral “Becket o el honor de Dios”, escrita por Jean Anouilh y estrenada en 1959 en París.

Aprovecho para desearos a todos un MUY FELIZ AÑO 2026.

 

sábado, 20 de diciembre de 2025

EL COMPLOT DE LOS MÉDICOS SOVIÉTICOS

 

He estado mucho tiempo pensando cuál podría ser el tema de mi mensaje de Navidades y Año Nuevo, donde siempre llamo a no perder la esperanza. Esta vez, aunque parezca un poco extraño, lo voy a dedicar a este tema, que no parece ser muy navideño, pero sí muy esperanzador.

Como todos sabemos, al final de la II Guerra Mundial, los judíos presionaron a la comunidad internacional para que les concedieran un Estado propio donde vivir sin ser perseguidos por nadie.

En 1948, se fundó el nuevo Estado de Israel. Parece ser que Stalin estuvo tan contento que, aunque parezca increíble, la URSS reconoció al nuevo Estado antes de que lo hicieran en USA. De hecho, votó a favor del nuevo Estado de Israel en el Consejo de seguridad de la ONU.

Incluso, en 1948, durante la primera guerra que mantuvo Israel, Stalin le ordenó a Checoslovaquia que cediera gran cantidad de material militar a los israelíes.

La razón estaba en que siempre había habido muchos afiliados judíos en los PC de todo el mundo. De hecho, en el PCUS había un 5% de judíos, aunque eran el 1% de la población de toda la URSS. Incluso, muchos de ellos fueron los principales dirigentes de ese partido, como Zinoviev, Trotski, etc.

Por el contrario, para su sorpresa, el nuevo Estado de Israel se alineó del lado de USA y eso hizo estallar de rabia a Stalin. A partir de ahí, estalló todo su antisemitismo.

Curiosamente, el jefe de la madre de Stalin, para el que trabajaba como criada, era un judío rico, que le pagó todos sus estudios.

Incluso, siempre hubo rumores de que ese hombre podría haber sido el verdadero padre de Stalin y no el marido de su madre, que siempre estaba borracho.

Parece ser que a Stalin no le gustó nada la forma tan calurosa con la que los judíos soviéticos recibieron a la primera embajadora de Israel, Golda Meir. Eso le dio a entender que tenían una doble lealtad y ahí creó el concepto de cosmopolitismo sin raíces.

Así que esa purga contra los judíos empezó por el asesinato de un famoso actor teatral judío ruso, llamado Solomon Mikhoels, al que ya dediqué otro de mis artículos. 

Un intelectual muy famoso, que, además, era el presidente del Comité judío antifascista.

Incluso, Stalin fundó una república autónoma para los judíos en el interior de la URSS. Sin embargo, aunque todavía existe, no ha tenido mucho éxito, porque se halla en una zona pantanosa de Siberia, junto a la frontera con China.

Por otro lado, tampoco les daban muchas facilidades a los judíos para irse de la URSS. El Gobierno soviético utilizó los permisos de emigración para ir consiguiendo una serie de ventajas comerciales o políticas con USA.

Sólo empezaron a conceder muchos permisos de emigración en los años 70, porque la URSS estaba pasando por muchas dificultades económicas.

Sin embargo, se calcula que, en 1989, tras la caída de la URSS, lograron emigrar más de 1.000.000 de personas.

Yo creo que Stalin siempre fue un mediocre y se aprovechó de estar en el poder para ir eliminando a todos los que iban brillando más que él. Por eso, siempre se rodeó de aduladores e incompetentes. Seguro que eso os recuerda a alguien.

En 1948, un oscuro funcionario del Ministerio del Interior soviético, llamado Mikhail Ryumin, pidió ser trasladado de su destino como contable a otro como interrogador.

Parece ser que era un tipo despiadado, porque disfrutaba torturando a los que le ponían por delante y pensaba que así estaba haciendo méritos para ascender.

Sin embargo, en 1950, le tocó interrogar a un eminente cardiólogo de origen judío, llamado Yakov G. Etinger.

Por lo visto, este médico había estado tratando a dos dirigentes del PCUS, que padecían enfermedades cardíacas, los cuales habían muerto.

El Dr. Etinger era un hombre ya anciano. Sin embargo, eso no le frenó para que lo torturara con la dureza habitual. Así que esta vez, su jefe, el ministro del Interior, Abakúmov, le dijo que no utilizara esos métodos, porque podría matarlo. Sin embargo, él no le hizo caso y, como era de esperar, el médico se murió.

Supongo que Ryumin estaría atemorizado por lo que le podría ocurrir y no se le ocurrió otra cosa que escribir al propio Stalin, advirtiéndole de que había una conspiración judía contra su persona y el resto de los dirigentes del PCUS y que su jefe, Abakúmov, no quería luchar contra ella. Eso dio lugar a la destitución del ministro y al ascenso de Ryumin. Stalin le dijo a Ignatiev, nuevo ministro del Interior, que le diera todas las facilidades a Ryumin.

Por otro lado, Ignatiev, empezó por expulsar a todos los judíos del Ministerio del Interior. Incluido, uno llamado Boris Rodos, que fue el que asesinó a la mayoría de las víctimas de las fosas de Katyn.

Parece ser que Stalin calificaba a los judíos como a unos desarraigados cosmopolitas, porque tenían parientes y amigos en todo el mundo y decía que eso les impedía ser, exclusivamente, leales a la URSS y a él mismo.

Hay quien dice que Stalin recibió otra carta, escrita por la cardióloga soviética Lydia Timashuk, en la que le decía que Etinger le había recetado un tratamiento erróneo a uno de esos dirigentes comunistas y esa fue la causa de su muerte. Luego se demostró que había sido obligada a escribir esa carta.

Así que, en 1952, arrestaron a unos 36 médicos, siendo la mitad de ellos judíos. Los torturaron y les obligaron a firmar confesiones de cosas que no habían hecho.

Como quisieron dar la máxima publicidad a este “complot”, ordenaron su publicación en el diario Pravda y en la agencia de noticias Tass. Eso produjo un pánico generalizado y la gente no se atrevía a ir a los hospitales.

Nadie se hallaba a salvo, porque Stalin sabía que hasta algunos de sus propios ministros estaban casados con mujeres judías.

El 13/01/1953, nada menos que 9 médicos muy famosos de Moscú fueron acusados de espionaje a favor de Occidente, terrorismo y de intentar envenenar a los principales jerarcas de la URSS. No iba a ser el único juicio, sino el primero de una larga serie de juicios, donde ya habían decidido las condenas para los reos.

Algunos de esos médicos eran gente muy conocida, como Miron Vovsi o Vinogradov. Ambos fueron médicos del propio Stalin. Además, Vovsi era primo del, ya mencionado, actor Mikhoels, asesinado en 1948.

No sólo detuvieron a ese grupo de médicos, sino a cientos de médicos en todo Moscú. Incluso, en algunos casos, a todos los médicos de varios hospitales moscovitas.

Stalin ya había ido eliminando a casi todos los viejos bolcheviques y ahora quería terminar con la gente que le pudiera hacer sombra. Aquellos médicos tenían mucho prestigio social y lo que intentó fue desacreditarlos ante la sociedad.

Como contó el Dr Yakov Rapoport, que fue uno de los encausados, le interrogaban día y noche para que firmara una confesión falsa. Este médico publicó en 1988, un libro titulado “El complot de los médicos de 1953”.

En él decía que la esperanza que tenían era que los deportasen a Siberia, en lugar de ser condenados a muerte.


Sin embargo, dicen que Stalin ya estaba preparando una gran puesta en escena. Después de condenarlos a muerte, los ahorcarían en un patíbulo colocado en medio de la Plaza roja de Moscú.

Al menos, ya no tendrían que aguantar, durante el juicio, a un fiscal como Andrei Vyshinski. Un tipo que solía aprovechar sus intervenciones, no sólo para acusar, sino también para insultar gravemente a los reos. En la década de los 50 se le había ascendido a ministro de Asuntos Exteriores de la URSS.

Cuando estos médicos se vieron ya casi con la soga al cuello, aunque todavía no habían sido juzgados, pero podían suponer cuál sería su futuro, ocurrió un auténtico milagro.

Stalin solía reunirse en su dacha con los pocos amigos que le quedaban, hablando y bebiendo hasta la madrugada.

Sin embargo, la mañana del 05/03/1953, todos notaron que no se había levantado. Los que sabían cómo se las gastaba, no se atrevieron a entrar en su habitación para despertarle.

Cuando ya, pasadas unas horas, decidieron entrar en su habitación, lo encontraron moribundo y tirado en el suelo. Parece ser que había sufrido una hemorragia cerebral masiva.

Inmediatamente, llamaron a los médicos. Sin embargo, no le pudieron atender los mejores médicos de la URSS, porque estaban encarcelados en la siniestra sede de la KGB.

Algunos dicen que, Stalin, durante sus últimos días, se había vuelto tan paranoico que no se atrevía a tomar los medicamentos que le habían recetado sus médicos.

Ya se sabe lo que dice el refrán: “Cree el ladrón que todos son de su condición”.

Tras la muerte de Stalin, todos los médicos, que se hallaban encarcelados, fueron puestos en libertad por falta de pruebas y los culpables de estas atrocidades fueron castigados.

Así que aprovecho para desearos

¡¡UNA FELIZ NAVIDAD Y UN GRAN AÑO 2026!!


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miércoles, 10 de diciembre de 2025

EL MISTERIO DE LA TUMBA DE ALEJANDRO MAGNO

 

Hoy se me ha ocurrido traer este tema al blog, porque es algo sobre lo que los expertos llevan varios siglos investigando, sin haber llegado a ninguna conclusión definitiva.

Para empezar, voy a hacer una pequeña reseña de la vida de este personaje.

Alejandro Magno nació en Pela, antigua capital del reino de Macedonia en el 356 a. de C. Sus padres fueron el rey Filipo II de Macedonia y su esposa Olimpia, hija del rey del Epiro.

Según las descripciones de los que lo conocieron, era un hombre que medía alrededor de 1,60m (una estatura considerada normal en aquella época). Tenía la piel muy blanca y el cabello castaño y ondulado.

Su padre lo fue preparando para ser rey y encargó su educación nada menos que al famoso Aristóteles.

Muy pronto, su padre le nombró regente y así le ayudó en las tareas de gobierno. En aquella época, era muy normal empezar desde muy jóvenes, porque la esperanza de vida era más corta que la de ahora.

Parece ser que se enemistó con su padre, porque se divorció de su madre y, si, en este nuevo matrimonio, tenían algún descendiente, podría situarse por delante de Alejandro, al ser ambos padres macedonios. Sin embargo, la madre de Alejandro era extranjera.

Según cuentan las crónicas, hubo un grave incidente, que se resolvió al ordenar el destierro de Alejandro y su madre.

Sin embargo, Filipo II, murió asesinado en el 336 a. de C. y Alejandro pasó a ser el nuevo rey de Macedonia.

Filipo II había conseguido dominar casi todas las ciudades griegas. Sin embargo, a su muerte, varias de ellas se rebelaron, por lo que Alejandro tuvo que ir a asediarlas y vencerlas.

Una vez conseguida la pacificación de Grecia, se dirigió con su ejército hacia las costas de la actual Turquía. Su primer objetivo fue liberar las colonias griegas de Anatolia, que estaban bajo el dominio de los persas.

En los años siguientes, siguió luchando contra los persas, hasta que consiguió vencer a ese gran imperio.

Posteriormente, también liberó Egipto del yugo del Imperio persa. En el año 331 fundó, en ese país, la ciudad de Alejandría. No hay que confundirla con otras del mismo nombre, que fundó en Asia.

Más tarde, se dirigió al oasis de Siwa, donde el sacerdote encargado del templo, que había en ese lugar, le dio el título de elegido de Amón y protector de Egipto.

Alejandro fomentó las uniones entre sus soldados y las mujeres persas.
De hecho, él mismo se casó con la hija de uno de sus sátrapas, llamada Roxana.

Alejandro pretendía seguir hacia adelante, para conquistar la India. Sin embargo, muchos de sus soldados y oficiales se amotinaron y decidieron darse la vuelta.

Sin embargo, en junio del 323 a. de C., cuando se hallaba en el palacio de Babilonia, enfermó y murió. Todavía no había cumplido los 33 años.

No se conocen las causas de su muerte. Sin embargo, los expertos han presentado algunas teorías.

Podría haber sido por una fiebre tifoidea, según los síntomas que recogieron en sus escritos los médicos que le atendieron.

También podría haber sido un agravamiento de la malaria. Una enfermedad que ya había padecido antes.

Quizás la causa podría haber sido una cirrosis, ya que Alejandro solía abusar de las bebidas alcohólicas.

Aunque también se ha apuntado que podría haber sido envenenado por sus propios generales o, incluso, sus familiares.

Como no existía un claro sucesor, sus generales empezaron a tomar posiciones para intentar ser sus sucesores.

En cuanto a su familia, había tenido un hijo con Roxana, llamado también Alejandro, pero sólo era un niño. También había tenido otro con una amante, pero era ilegítimo.


Mientras tanto, su cuerpo fue embalsamado e introducido en un recipiente de arcilla lleno de miel. Luego lo metieron dentro de un sarcófago de oro.

Cuando terminaron, lo introdujeron en una carroza muy pesada, con forma de templo griego. Era tan pesada que llevaba un tiro de 64 mulas.

Evidentemente, esta comitiva tenía que moverse muy lentamente. En principio, su destino iba a ser la ciudad de Egas, donde solían ser enterrados los reyes de Macedonia.

Sin embargo, cuando la comitiva se hallaba cerca de Damasco, fue interceptada por el general Ptolomeo, uno de los mandos militares de Alejandro. Éste venció a las tropas, que custodiaban es cortejo fúnebre, las cuales iban al mando del general Pérdicas.

Así que Ptolomeo, gobernador de Egipto, se llevó el cuerpo de Alejandro a su territorio y dejó que la familia imperial continuara su viaje hacia Macedonia, donde luego fueron asesinados por el general Casandro.

No fue un capricho, sino una forma de dar a entender que, el futuro Ptolomeo I de Egipto, era el descendiente legítimo de Alejandro. También fundó la dinastía Tolemaica, a la que perteneció la famosa Cleopatra.

En un principio, el cuerpo de Alejandro fue depositado en Menfis, la antigua capital de Egipto. Hasta que terminaron las obras de construcción de Alejandría, que se convirtió en la nueva capital.

Ptolomeo le dedicó los máximos honores. El cuerpo de Alejandro fue depositado en un ataúd de oro macizo, en una zona del palacio real a la que llamaron Sema o Soma.

Sin embargo, unos años más tarde, no sé si Ptolomeo X necesitaría ese oro. Lo cierto es que cambió ese ataúd por otro, que unos dicen que era de alabastro y otros de cristal de roca, porque se transparentaba y se podía ver el cuerpo. Eso dio lugar a que fuera un lugar muy visitado en la antigüedad.

Por ejemplo, se sabe de la visita de Julio César y luego del emperador Augusto, el cual le colocó una corona de oro. Por el contrario, Calígula, le quitó su armadura y también se llevó algunos trozos del cuerpo como reliquias.

Sin embargo, entre los siglos III y IV d. de C. hubo una crisis general en el Imperio Romano. Eso dio lugar a guerras civiles.

En el caso de Alejandría, se agravó, ya que sufrió varios terremotos y, además, una parte de la zona portuaria se hundió, porque se construyó en un terreno inestable. A eso hay que añadir la intolerancia de los primeros cristianos, que se empeñaron en destruir todo lo relativo a las divinidades paganas. Eso es lo que aparece en la película de Hipatia.

Así que no sabemos si la tumba fue destruida en esa época. Sin embargo, hay un autor actual, llamado Andrew Chugg, que defiende su teoría de que, para que no la destruyeran, los lugareños dijeron que allí estaba enterrado San Marcos, fundador de la iglesia copta.

Otra cosa que dice este autor es que, como es sabido, en el siglo IX, cuando Egipto ya había sido invadido por los musulmanes, llegaron a Alejandría dos comerciantes venecianos.

Parece ser que el gobernador musulmán de Alejandría tenía la intención de derribar el santuario, donde estaba enterrado San Marcos a fin de aprovechar sus columnas para su nuevo palacio.

Estos comerciantes venecianos, llamados Buono da Malamocco y Rustico da Torcello se entrevistaron con los clérigos, que custodiaban ese santuario y estos les pidieron que se llevaran el cuerpo de San Marcos.

Para empezar, dieron el cambiazo, colocando otro cadáver en esa tumba. Después, colocaron a San Marcos en una caja y, a su alrededor, lo cubrieron con trozos de carne de cerdo y coliflores. De esa manera, consiguieron engañar a los aduaneros musulmanes, porque estos no se atrevieron a tocar la carne del cerdo, y pudieron meterlo en su barco.

Más tarde, desembarcaron en Venecia, donde les recibieron el dux y el obispo de esa ciudad.

En principio, depositaron el cadáver del santo en el interior del Palacio Ducal, ya que todavía no se había construido la famosa basílica, dedicada a este santo, en Venecia.

También algunos autores dicen que estos dos personajes, que no eran mercaderes, sino que uno era un tribuno y el otro un sacerdote, habían recibido el encargo del dux para robar el cadáver de San Marcos y llevarlo a Venecia. A fin de tener un santo patrón de prestigio. Algo que atraería a muchos peregrinos en la Edad Media.

Así que, según Andrew Chugg, es posible que estos venecianos no se llevaran el cuerpo de San Marcos, sino el del propio Alejandro Magno y sea éste en que esté enterrado en la Basílica de San Marcos, en Venecia.

No obstante, todavía hay 3 grandes teorías sobre el destino del cadáver de Alejandro Magno.

Como ya he mencionado anteriormente, Alejandría es una ciudad que ha sufrido muchos terremotos. Eso ha hecho que buena parte de la ciudad antigua esté bajo el agua y allí podría estar su cuerpo. Precisamente, varios buscadores de tesoros llevan varios años sacando objetos sumergidos en esa zona.

Otra teoría dice que pudo haber sido llevado al oasis de Siwa. Un sitio muy alejado de la anarquía que se desató en Alejandría.

La tercera teoría es la de Andrew Chugg, sobre la que se han basado algunas novelas, como la muy entretenida “El informe San Marcos”, de Fermín Bocos.

En fin, habrá que esperar para ver si lo encuentran.

 

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