ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 29 de diciembre de 2020

VENECIA, UNA CIUDAD MUY SINGULAR.

 

Hoy voy a hablar de una ciudad que mucha gente conoce o, al menos, le suena a casi todo el mundo, por aquello de que está construida sobre el agua y sus habitantes no se mueven por sus calles en coches, sino en barcos.

Durante el Imperio Romano, esta zona era más o menos conocida, pero poco frecuentada, pues en ella sólo había unas lagunas situadas entre unas islas pantanosas, protegidas del mar por unos bancos de arena.

Por tanto, los únicos que solían transitar por esa zona eran los pescadores y los cazadores de aves acuáticas.

No obstante, cerca de ese lugar, pero ya en la costa, se hallaban unas cuantas ciudades de relativa importancia, como Aquileia, Grado o Padua. Todas ellas de fundación romana, pero habitadas, mayoritariamente, por los llamados vénetos.

Esa situación cambió radicalmente con el declive del Imperio Romano. No está muy claro si la primera emigración a la laguna se dio con la llegada de los godos a Roma, en el 410, al mando de Alarico I.

Sin embargo, sí que se ha demostrado que esos terrenos se llenaron de gente en el 452, cuando tuvo lugar la invasión de los hunos, liderados por Atila.

Por lo visto, estas lagunas sólo eran utilizadas para refugiarse, cuando venían pueblos invasores, y después regresaban a tierra firme.

Sin embargo, a partir del 568, tuvo lugar la invasión de los lombardos o longobardos, los cuales no venían a robarlo todo y luego irse, sino que optaron por quedarse en la Península Itálica. Así que estos vénetos, que solían esconderse en esas lagunas, se quedaron ya definitivamente en ellas.

Hay que decir que esas lagunas eran un refugio muy seguro, pues son bastante profundas y los bárbaros no sabían navegar. Así que tampoco podían atravesarlas a pie o a caballo.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, en el siglo VI, esta zona quedó bajo el dominio del Imperio Romano de Oriente, que ahora llamamos Bizantino.

El emperador solía enviar un dux para gobernar, en su nombre, esa zona. Sin embargo, creo que sus habitantes se veían un poco alejados de las decisiones tomadas en Bizancio. Así que, en el 687, esta zona pasó a ser gobernada por un dogo, elegido entre todos sus ciudadanos.

El origen de su prosperidad estuvo en la producción y el comercio de la sal. En lugar de dedicarse a la agricultura y la ganadería, como solían hacer en todas partes, ellos se dedicaban a esta actividad que resultaba mucho más lucrativa que las anteriores.

Hay que aclarar que, en aquella época, cuando todavía no se habían inventado los frigoríficos, la sal era utilizada no sólo para cocinar, sino para conservar muchos alimentos.

Así que ellos remontaban los ríos con sus barcas cargadas de sal y volvían transportando grandes cantidades de cereal y vino.

Siempre se aprovecharon de su situación estratégica, justo entre el Sacro Imperio y el Bizantino. Lo cual les permitió obtener privilegios para abastecer ambos mercados.

En el siglo IX, esa zona estuvo expuesta a las guerras entre el Sacro Imperio y el Bizantino. Lo que les hizo ver que la principal ciudad, Malamocco, estaba demasiado indefensa ante los ataques por vía marítima. Así que se trasladaron a otra zona en el interior de la laguna, llamada Rialto, a la que sólo se podía acceder a través de unos canales. Ese es el origen de Venecia. De hecho, durante mucho tiempo, a esa ciudad la llamaron, indistintamente, Rialto o Venecia.

En el 828 tuvo lugar un hecho muy curioso. En un templo de Alejandría (Egipto) estaba enterrado el cuerpo de San Marcos y solía recibir la visita de muchos peregrinos.

Un día, aparecieron por allí dos mercaderes venecianos. Sus nombres eran Buono da Malamocco y Rustico da Torcello.

A partir de aquí, no está muy clara esta historia. Unos dicen que, como Egipto había sido invadido por los musulmanes, los sacerdotes que custodiaban el cadáver, les pidieron a esos mercaderes que se lo llevaran, antes de que lo hicieran los musulmanes. En cambio, otras versiones afirman que, simplemente, robaron el cadáver.

Lo que sí parece cierto es que, para burlar la vigilancia de los aduaneros musulmanes, no se les ocurrió otra cosa que cubrir el cuerpo con carne de cerdo. Así se aseguraban que ninguno de ellos se iba a atrever a tocar esa carne, considerada impura entre los musulmanes. Por otra parte, les dieron el cambiazo, poniendo a una mártir en la tumba de San Marcos y llevándose a éste a Venecia.

Lógicamente, fueron muy bien recibidos en su ciudad. Por variar, parece que estos sí fueron profetas en su tierra. 

A partir de entonces, el cuerpo de San Marcos, fue custodiado por el dux, que lo tuvo en su propio palacio hasta que se terminaron las obras de la catedral que conocemos actualmente.

Hasta 1968, todas las reliquias de San Marcos estuvieron custodiadas, exclusivamente, en Venecia. Ese año, el Papa Pablo VI, ordenó que una parte de ellas fueran devueltas a Alejandría, donde fueron depositadas en un altar de la catedral copta de esa ciudad.

Ciertamente, también hay quien dice que las reliquias de San Marcos, que se trajeron esos comerciantes venecianos desde Alejandría, no eran de ese santo. Como lleva muchos siglos desaparecida la tumba de Alejandro Magno, algunos afirman que los restos corresponden a ese personaje y no al citado santo. Incluso, hay alguna novela sobre ello.

Volviendo a nuestro tema de hoy, a partir del siglo IX, tuvo lugar la expansión de Venecia, a base de desecar pantanos y comunicarla con otros islotes de sus alrededores, lo que les convirtió en zonas habitables a base de construir las casas sobre grandes pilares de madera.

Como les hacía falta esa materia prima, la trajeron, principalmente, desde Istria, en la orilla opuesta del Adriático. De esa forma, sus artesanos se especializaron en el trabajo de la madera y en la construcción de barcos.

En el siglo XIII ya se podía decir que eran una potencia comercial, pues se podían ver sus naves por todo el Mediterráneo oriental.

Incluso, en 1204, se atrevieron a liderar la Cuarta Cruzada, durante la cual se enemistaron con el Imperio Bizantino y saquearon la propia Constantinopla. Todavía se pueden apreciar algunos frutos de ese saqueo, como los caballos, procedentes del hipódromo, que fueron colocados en la fachada de la catedral de Venecia y ahora creo que los originales están en un museo.

A partir de entonces, Venecia se convirtió en una especie de protectora de Bizancio, cuando antes había sido al contrario. Incluso, obtuvieron el monopolio del comercio de cereales.

Otro de los personajes célebres de esa ciudad fue un joven que, en 1271, tenía sólo 17 años y que zarpó con su adre y su tío a China. Su nombre era Marco Polo. No hablaré de él, porque supongo que lo conocerá todo el mundo.

Volviendo atrás, en 1104, los venecianos construyeron una instalación a la que llamaron el arsenal. No se trataba de un depósito de armas, sino de un complejo formado por astilleros, con miles de trabajadores y suministros de todo tipo.

En el mismo lugar, se custodiaban los almacenes de grano y también se cocinaban los famosos bizcochos, que servían de alimento a los marinos.

También tenían hornos de fundición para anclas y cañones. Así que aquello la convertía en una base militar de gran importancia. De hecho, había un almirante, al frente de esas instalaciones.

La galeaza veneciana era la nave que solían construir en esos astilleros. Se trataba de un barco que servía tanto como mercante o como navío de guerra. Se desplazaba tanto a remos como a vela. Con la diferencia de que sus remeros eran libres y podían combatir con sus armas. Cosa que no solía ocurrir con las naves de otros países, donde los galeotes eran todos cautivos y no les daban armas, porque no se fiaban de ellos.

Hacia 1350, en Venecia, también sufrieron los efectos de la peste, como el resto de Europa, aunque no les afectó demasiado, porque incidieron mucho en que los barcos guardaran una cuarentena, antes de atracar en su puerto.

El siglo XV fue una época de esplendor para esta ciudad, que ya pasó a ser un auténtico Estado, gracias a la multitud de territorios que poseía. De hecho, fue el más poderoso del Mediterráneo oriental.

También lo fue porque consiguieron derrotar a Génova, su tradicional enemigo en el mar, con el que sostuvieron nada menos que 4 guerras.

Toda esa riqueza se tradujo en la multitud de palacios, que aún se conservan y que adornan y caracterizan la imagen de esa ciudad.

En cuanto a las instituciones que gobernaban esa república, a la cabeza estaba el dux o dogo, que era una especie de presidente, ayudado por el pequeño consejo, en calidad de asesores del mismo. El dux era elegido por un grupo de ciudadanos elegidos al azar.

Luego estaba el Senado, que se encargaba de las relaciones exteriores y las guerras, como el Senado romano. El Gran Consejo, compuesto por unos 500 representantes de las familias más importantes de Venecia, que formaban su parlamento y su poder era complementario al del dux. El Consejo de los Diez, que tenía competencias sobre el orden público y, por último, estaba el Tribunal Supremo.

Parece ser que el sistema de contrapoderes que había en esa república, le inspiró a Rousseau para escribir su obra más famosa, El Contrato Social.


Lógicamente, en una república gobernada por nobles, lo normal es que les gustase desfilar por las calles exhibiendo su riqueza y eso es lo que solían hacer.

Otras de las actividades de los venecianos era la artesanía. Destacaron en la construcción de objetos de vidrio, madera, seda, metales nobles, etc.

Por otra parte, también destacaron en la pintura renacentista. En el siglo XVI, podemos mencionar, como mejores representantes de la Escuela Veneciana a Giorgione, Tiziano, Veronese y Tintoretto. Todos ellos aportaron una nueva forma de pintar. Desarrollaron los conocimientos de la perspectiva, utilizaron más colores que sus predecesores y se especializaron en retratar de tal manera los ropajes que parecía que se podían diferenciar los tipos de telas, cuando sólo eran pinturas sobre lienzos.

Sin embargo, en el XVII, no hay unos pintores destacables y tenemos que ir hasta el XVIII, donde encontraremos a dos grandes figuras: Tiepolo y Canaletto.

Todo este esplendor se pudo venir abajo a causa de la expansión de los turcos otomanos, los cuales se dedicaron a ir conquistando los territorios venecianos y también a atacar los convoyes que se encontraran por el Mediterráneo.

Al final, hubieron de unirse varias potencias, como España, los Estados Pontificios, Génova y Venecia para atacar a los turcos. En octubre de 1571, encontraron a su flota


fondeada en el Golfo de Corinto. Le plantearon batalla en Lepanto y, a pesar de la superioridad turca en hombres y naves, la flota cristiana consiguió vencerles. Un acontecimiento celebrado en toda la Cristiandad. Bueno, casi toda, porque Francia era aliada de los turcos.

No obstante, el predominio comercial de Venecia se vino abajo no sólo tras la conquista de Constantinopla, por parte de los turcos, sino a causa de las exploraciones iniciadas por los portugueses y los españoles en busca de las especias. Más el proteccionismo comercial que decretaron la mayoría de los países.

Es preciso aclarar que los turcos cortaron la tradicional Ruta de la seda, por donde solían venir todas las especias a Europa. Eso encareció mucho esos productos, muy necesarios para conservar los alimentos. Por ello, Portugal y España se enzarzaron en una carrera para ver quién llegaba primero a las famosas islas de las especias.

Venecia también aportó grandes figuras en el mundo de la música. Podríamos destacar a Monteverdi o al sublime Antonio Vivaldi.

Es en el siglo XVIII cuando comienzan las fiestas del mundialmente famoso Carnaval de Venecia. Curiosamente, es cuando empieza el declive de la ciudad. También es en ese momento cuando se inaugura el célebre Teatro la Fenice, que sigue funcionando en la actualidad.

Otro de los acontecimientos más característicos de Venecia es el llamado los llamados esponsales con el mar. Una ceremonia que se remonta al siglo XI.

En ella, el dux o dogo, zarpaba de la ciudad a bordo de la enorme galera ducal, llamada Bucentauro, escoltada por muchos otros barcos.

Llegaban hasta el límite entre la laguna y el mar abierto y allí el dux pronunciaba esta frase: “Te desposamos, oh mar, en señal de verdadero y perpetuo amor”. Posteriormente, arrojaba al agua un anillo de bodas.

Como ya he dicho antes, tuvo su declive durante el siglo XVIII. Ocurrió lo mismo que en otros países. La nobleza se fue empobreciendo, pero desdeñaba realizar ciertos trabajos. Por el contrario, la burguesía fue sobresaliendo, pero no le permitían ascender a las altas magistraturas del Estado.

Por otro lado, poco a poco, se fueron quedando sin colonias y su actividad comercial se fue reduciendo por ser menos competitivos. Eso convirtió a Venecia en una ciudad dedicada a la diversión. Había muchos teatros, bailes, fiestas, salas de juego, etc, que atraían a muchos visitantes. Eso lo narra muy bien en sus memorias el célebre aventurero Casanova.

Así las cosas, a finales del siglo XVIII, la República de Venecia era una sombra de lo que fue. Durante las guerras napoleónicas, quisieron ser neutrales, pero, al estar en un sitio tan estratégico, estratégico, su territorio fue cruzado varias veces por los ejércitos en lucha.

Al final, en 1797, fue invadido por los ejércitos de Napoleón y apenas pudieron ofrecer resistencia, tanto por tierra como por mar.

Primero, su territorio fue dividido entre Francia y el Imperio Austro-Húngaro. Después, se lo quedó todo Francia y, tras el final de esas guerras, el Congreso de Viena decidió que su territorio fuera absorbido por el Imperio Austro-Húngaro.

En 1866, con las guerras por la unificación de Italia, el Véneto pasó a ser uno más de los territorios italianos.

Actualmente, Venecia, es una ciudad muy visitada por su singularidad y por sus monumentos. Sin embargo, ya hay muchos que dicen que tanto turismo no le hace mucho bien y también que los grandes barcos de pasajeros perjudican el futuro de la laguna.

Aparte de que, según parece, las tradicionales crecidas, que cada vez van a más, están haciendo que algunos edificios se vayan hundiendo en el fondo. Lo cual sería una pena, porque sería perder una parte muy importante de la Historia de Europa.

 

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