ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 28 de febrero de 2026

EL GENERAL BUTLER Y UN INTENTO DE GOLPE DE ESTADO EN USA

 

Seguramente, al leer el título de este artículo, muchos de vosotros hayáis pensado que se trata de algo parecido a una historia de ficción, porque eso de los golpes de Estado es algo que suele ocurrir en los países de Sudamérica, pero no en USA. Ahora veréis que también pudo ocurrir uno en USA.

Los pocos lectores que me siguen, desde hace muchos años, saben que hace tiempo dediqué uno de mis artículos a un general de marines llamado Smedley Butler. Un tipo muy sensato, como podréis leer en este artículo.

Butler fue un tipo muy peculiar. Nacido en 1881 en una localidad de Pensilvania y en una familia bastante acomodada.

Por lo visto, falsificó su edad para ser admitido en el cuerpo de Marines, cuando sólo tenía 16 años, asegurando que tenía 18. Precisamente, cuando estaba teniendo lugar la guerra en Cuba y Filipinas contra España.

No sé si a su padre le hizo mucha gracia esta ocurrencia, porque se trataba de una familia cuáquera, que, para el que no lo sepa, son muy pacifistas.

Lo cierto es que, como su padre era miembro del Congreso USA, le admitieron como segundo teniente, sin necesidad de haber pasado por una academia militar.

Posteriormente, Butler fue enviado a todas las guerras o golpes de Estado en los que se metió USA, como la de los bóxer, en China; invasiones en Nicaragua, México y Haití y, por último, la I Guerra Mundial.

Ello dio lugar a que fuera el militar más condecorado del Ejército USA y un general muy popular entre sus soldados. Con los cuales solía estar muy a menudo.

Parece ser que también era un poco bocazas. En cierta ocasión, criticó que Mussolini atropellase a un niño y no parase a auxiliarlo. Algo que no gustó nada ni al Gobierno italiano, ni a sus mandos en USA, porque, por entonces, se hallaban en medio de unas importantes negociaciones comerciales con Italia. Así que fue arrestado y sometido a un consejo de guerra, del cual salió libre sin cargos.

En 1931, tras no haber sido nombrado jefe máximo de los marines y, siendo ya el equivalente a general de división, se retiró a la vida civil.

Como ya sabemos, en 1929, tuvo lugar una dura crisis económica, que dejó a mucha gente en la miseria.

Por ello, a partir de 1932, miles de veteranos, junto con sus familias, fueron llegando a Washington DC, con el fin de que les abonaran el importe de unos bonos, que les habían dado como indemnización, tras haber luchado en la I Guerra Mundial.

Butler y uno de sus hijos estuvieron en el campamento de Anacostia, situado al sur de la capital. Allí les dirigió unas arengas en las que les dijo que tenían perfecto derecho a protestar para luchar por sus intereses, como cualquier otro ciudadano y les instó a que no perdieran su dignidad.

En julio de 1932, el presidente Hoover ordenó que unas unidades militares, al mando del general MacArthur, se aproximaran a Anacostia, pero sin llegar a cruzar el puente, que separa las dos orillas de este río.

MacArthur desobedeció al presidente y cruzó con sus tropas, utilizando cargas de caballería, al mando del futuro general Patton, carros de combate y hasta gases lacrimógenos. Provocando muchas bajas e incendiando las chabolas que habían construido para ellos y sus familias.

Incluso, no hizo caso de las advertencias de Eisenhower, que siempre fue el jefe de Estado Mayor y el protegido de MacArthur.

Por este motivo, en 1933, Hoover fue derrotado por Franklin Delano Roosevelt (FDR), el cual ganó la presidencia 4 veces seguidas, ya que, hasta 1947, no había límite de veces para ser reelegido como presidente USA.

Ese mismo año, tomó contacto con Butler un tipo llamado Gerald P. MacGuire, que era una especie de agente de inversiones en la Bolsa, además de ser el jefe de la Legión americana en Connecticut.

Por lo visto, le dijo que era el representante de gente muy importante del país y que estaban dispuestos a invertir una gran cantidad de dinero para dar una especie de golpe de Estado, a fin de apartar al presidente del poder, porque lo veían como un socialista.


FDR sólo había intentado mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos a base de crear miles de puestos de trabajo, salario mínimo, subsidios para el desempleo y una seguridad social. Todo ello, había sido muy mal visto por los empresarios, en un contexto en que estaba de moda el fascismo.

Butler, como un buen estratega, puso este tema en conocimiento de un periodista, llamado Paul French, al cual también puso en contacto con MacGuire. Evidentemente, sin avisarle de que era un periodista.

Parece ser que FDR también simpatizaba con los veteranos, pero no fue a verlos, sino que envió a su esposa para que hablara con ellos.

Por lo visto, lo que pretendían estos magnates era que Butler, que era un militar muy querido por los veteranos, se pusiera al mando de unos 500.000 de ellos y diera un golpe de Estado, con el fin de imponer a una especie de dictador por encima del presidente.


Algo parecido a la famosa Marcha sobre Roma, que hizo Mussolini.

De hecho, habían enviado a MacGuire a Italia y a Alemania para aprender las tácticas de los fascistas y los nazis, ya que querían imponer un gobierno fascista en USA.

Butler les siguió la corriente para poder enterarse de quiénes estaban metidos en esta conspiración. Poco después, lo denunció ante el Congreso USA.

Allí se formó el Comité McCormack-Dickstein, que llamó a declarar a todos los implicados, aunque muchas de esas declaraciones fueron a puerta cerrada.

Evidentemente, aunque el famoso New York Times siempre ha presumido de demócrata y progresista, en esa ocasión se puso de parte de los magnates y acusó de Butler de inventárselo todo. No sé si sería porque Butler siempre fue republicano.

Lo cierto es que, en 1935, este comité declaró que todo lo relatado por Butler era cierto, aunque afirmaba que en esa conjura estaban implicados gente tan importante como J.P. Morgan, Du Pont, Prescott Bush (padre y abuelo de los presidentes Bush), Robert Clark (dueño de la empresa de máquinas de coser Singer) y la American Liberty League, una organización que se oponía al New Deal de FDR. Las armas serían aportadas por la famosa empresa Remington.

Paradójicamente, nadie fue encarcelado. Algunos autores dicen que FDR llegó a un compromiso con los acusados de no procesarlos, si dejaban de oponerse al New Deal. Por eso mismo, las actas de esos interrogatorios fueron archivadas como material clasificado y no se conocieron hasta 1967.

A FDR le interesaba tener a los empresarios e industriales de su parte, porque no olvidemos que los aliados vencieron en la II Guerra Mundial gracias al poder industrial de USA y no porque tuvieran unos ejércitos superiores a los del Eje.


El propio Butler declaró que era tan leal a FDR que, si los implicados conseguían movilizar a 500.000 hombres contra el Gobierno, él movilizaría a otros tantos para defenderlo.

No hay que olvidar que, por entonces, los países de Occidente temían al comunismo y eso hizo que muchos de ellos no mantuvieran relaciones diplomáticas, ni comerciales con la antigua URSS. Como era el caso de USA o, incluso, de España.

MacGuire falleció de manera repentina en marzo de 1935 a causa de una oportuna neumonía.

Por el contrario, Butler publicó en 1935 un escueto libro titulado “La guerra es una estafa”.

En él escribió algunas frases como: “Pasé la mayor parte de mi tiempo en las fuerzas armadas como un matón de clase alta, al servicio de las grandes empresas… Un gánster al servicio del capitalismo… Podría haber dado algunas pistas a Al Capone”.

Los cuáqueros se basan en cada individuo tiene una luz directa hacia Dios y su conciencia le dejó muy claro que unirse a esos conspiradores sería una traición al pueblo USA:


“Mis soldados no son mercenarios, sino ciudadanos”.

En cambio, Patton afirmó no conocer a un veterano llamado Joe Angelo, que le había salvado la vida durante la I Guerra Mundial y ordenó su detención.

Desgraciadamente, Butler murió en 1940, a causa de un cáncer.

No hay mucha bibliografía sobre estos hechos, aunque es cierto que se han publicado algunos artículos. Aunque se mencionan estos hechos en la película Amsterdam (2020).

Por otro lado, en 2000, el famoso Oliver Stone quiso filmar una película sobre este tema, pero lo descartó. Supongo que no le quisieron dar financiación para ello.

Los veteranos, hasta 1936 no consiguieron cobrar sus bonos. Sin embargo, durante esos años FDR les buscó trabajos para obras públicas y reforestación por todo el país. Con lo cual, dejaron de ser unos vagabundos a ser unas personas con unos ingresos estables para llevar una vida digna. Eso hizo que los conspiradores no pudieran utilizar a esos veteranos contra el Gobierno USA.

Al final, Paul French, publicó su exclusiva en el Philadelphia Record y el New York Times tuvo que publicar un artículo para darle la razón a Butler.

Una de las cosas que aparecieron en el artículo de French fue una conversación, donde MacGuire le dijo: "Necesitamos un gobierno fascista en este país para salvar a la nación de los comunistas que rodean a Roosevelt. Necesitamos que las empresas tengan el control. Vamos a necesitar un hombre a caballo... Butler es el hombre ideal porque tiene a los veteranos en el bolsillo".


El informe final del Comité McCormack-Dickstein decía: "Este Comité ha podido verificar la exactitud de las afirmaciones del General Butler en cada detalle esencial... El testimonio del Sr. Paul French fue fundamental para confirmar que no se trataba de una charla ociosa, sino de una conspiración real".

 

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jueves, 26 de febrero de 2026

EL CASO DEL MOLINERO ARNOLD

 

Hoy voy a tratar un tema sobre el que existen dos versiones. Así que cada uno puede quedarse con la que quiera.

En el siglo XVIII, reinaba en Prusia (uno de los Estados que fundaron la actual Alemania) Federico II el grande. Éste era un monarca absoluto. Por ello, pensaba que podía hacer lo que le diera la gana, sin contar con nadie.

Así que, cuando decidió dar la orden para que le construyeran un palacio de verano en Sans-Soucci, junto a Postdam, en la actual Alemania, se fijó en que había un antiguo molino del tipo holandés en un extremo de esa parcela, el cual, según su criterio, hacía mucho ruido y afeaba el paisaje.

Por ello, se puso en contacto con el dueño, un tal Arnold, y le ofreció comprárselo para luego derribarlo.

Para su sorpresa, Arnold se negó a desprenderse de él, porque alegaba que le tenía mucho cariño, ya que lo había heredado de su padre.

El rey montó en cólera y le dijo que, usando su poder, podría incautárselo, sin pagarle nada. A lo que Arnold le respondió tajantemente: “Todavía quedan jueces en Berlín”.

Ambos comparecieron ante la Justicia berlinesa, donde estaba la capital de Prusia, y los jueces fallaron a favor de Arnold. Así que el molino sigue en el mismo sitio en el que estaba. Aunque es verdad que fue reconstruido, tras su destrucción, durante la II Guerra Mundial.

Según esta versión, se demuestra que, en un Estado de Derecho, NADIE está por encima de la Ley, aunque existan organismos y cargos públicos que dependan del Gobierno.

Por eso mismo, Montesquieu, elaboró su teoría para que el poder no esté en manos de una sola persona, sino repartido entre el legislativo, el ejecutivo y el judicial y funcionen como unos eficaces contrapoderes, para impedir los abusos de los gobernantes.

Por eso mismo, la Justicia ha de ser independiente para impedir que sea dominada por los más poderosos.

Aunque también es cierto, que, en el siglo VI a. de C., Solón de Atenas se hallaba redactando las leyes de la ciudad y su amigo Anacarsis le dijo que la Justicia era como una tela de araña, donde los más débiles quedan atrapados, mientras que los más fuertes consiguen romperla.

Otra de las cosas que caracterizan a un Estado de Derecho es tener unas normas claras, conocidas por todos y que obliguen a todos y que no puedan ser cambiadas “a mitad del partido”. Es lo que se llama la seguridad jurídica.

No es factible que alguien alegue que la voluntad del pueblo o los que dicen ser sus representantes, esté por encima de las leyes vigentes.

Este relato se hizo famoso en 1797, tras la publicación de la obra “El molinero de Sans-Souci”, cuyo autor fue François Andrieux.

Posteriormente, se han escrito más libros sobre este tema e, incluso, se han filmado películas inspiradas en esta narración.

Sin embargo, ahora vamos a ver la otra versión de este asunto, que no se parece mucho a lo anterior.

En la misma época, cuando la Prusia oriental formaba parte del reino de Prusia, en una localidad que hoy pertenece a Polonia, vivía un molinero llamado Arnold.

Un noble de la zona le alquiló su molino. Así que ahora Arnold no era el propietario, sino el arrendatario del molino y le pagaba un alquiler mensual al noble.

Todo marchaba bien, hasta que, a otro noble, que tenía una finca en una zona por donde transcurría el río, que hacía funcionar el molino, se le ocurrió construir una represa para hacer un criadero de carpas.

Evidentemente, a Arnold no le gustó nada esa idea, porque disminuyó tanto el caudal que impedía el funcionamiento normal del molino.


Así que Arnold fue ante la Justicia para pedir que el noble de las carpas le indemnizara por sus pérdidas, pero no consiguió nada.

Por el contrario, el noble, dueño del molino, pidió su desahucio, porque ya no le estaba pagando el alquiler correspondiente.

Por ello, Rosine, la esposa del molinero, apeló al propio rey Federico II para que intercediera ante el tribunal del distrito de Neumark a fin de que el noble de las carpas les indemnizara por las pérdidas que estaban teniendo.

Sin embargo, ese tribunal falló en contra de Arnold. Así que el rey les animó a apelar ante el Tribunal Superior de Berlín, el cual también desestimó esa demanda de Arnold y su esposa, alegando que ese año había habido mucha sequía.

Por tanto, el culpable de que no le llegara el agua no era el noble de las carpas.

Fue cuando Federico II quiso hacer gala de su poder absoluto y encarceló a los miembros del tribunal de Berlín y también a los del tribunal de Neumark. Incluso, también encarceló al noble propietario de las carpas.

Además, obligó a los jueces a pagar de su propio bolsillo las indemnizaciones solicitadas por Arnold.

Esto sólo dio lugar a que se dividiera la opinión pública en Prusia. Por una parte, las capas populares aplaudieron la decisión del rey, como un intento de defender a los débiles.

Sin embargo, la nobleza y los sectores conservadores se mostraron muy críticos con su decisión y la calificaron como un abuso de poder y un atropello contra la Justicia. Porque, aunque nos pueda parecer mentira, los monarcas absolutos también tenían que cumplir las leyes.

A partir de entonces, los jueces no se atrevieron a fallar en cont
ra de la voluntad del rey, para no tener que ser encarcelados.

Tras la muerte de Federico II, su sucesor, Federico Guillermo II, revisó todo el caso. Lo cual dio lugar a la liberación de los jueces y del noble y la devolución de las indemnizaciones que habían tenido que pagar de su propio bolsillo.

Eso nos ayuda a comprender que el poder, aunque sea absoluto, siempre está limitado por la Ley.

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martes, 10 de febrero de 2026

COINCIDENCIAS HISTÓRICAS

 

Aquellos que me siguen en este blog, que, todo hay que decirlo, nunca han sido muchos, saben que mis primeros artículos los dediqué a ciertos personajes que hoy voy a rememorar.

En primer lugar, voy a mencionar a Maximiliano de Habsburgo, que fue emperador de México.

Maximiliano nació en 1832 en Viena y fue un hermano menor del emperador Francisco José. Muy famoso por estar casado con Sissi.

Parece ser que a Maximiliano le atrajo la vida en la Armada. En uno de aquellos viajes, recaló en Lisboa y allí conoció a la princesa María Amelia de Braganza, hija de Pedro I de Brasil. Se conocieron y se prometieron. Sin embargo, no pudieron casarse, porque la princesa murió a causa de la tuberculosis.

Posteriormente, visitó París, donde se hizo amigo del emperador Napoleón III de Francia.

Más tarde, fue a Bélgica, donde conoció a Carlota, hija única del rey Leopoldo I, que tenía fama de ser muy rico a base de explotar, despiadadamente, a sus colonias.

En 1857, tras la boda con Carlota, Maximiliano fue nombrado por su hermano virrey de Lombardía-Véneto.

Parece ser que allí chocó con las ideas de su hermano. Él tenía una mentalidad muy liberal y logró muchos progresos para la población, mientras que Francisco José sólo creía posible el aumento de la represión contra los independentistas de la zona. Por ello, en 1859, fue cesado por su hermano.

Así que, como él había ordenado construir el Castillo de Miramar, en la costa adriática, cerca de Trieste, se mudaron a ese lugar, donde vivieron muy tranquilos.

Sin embargo, en octubre de 1863, recibieron la visita de una comisión de notables mexicanos, los cuales le ofrecieron ser emperador de México.

Como Napoleón III había invadido México, parece ser que se acordó de él para proponerlo a esos monárquicos mexicanos y, por eso, lo visitaron en Miramar.

Tanto Napoleón III como Leopoldo I de Bélgica le animaron a que aceptara la corona de México. Incluso, se comprometieron a enviar miles de soldados para apoyarle.


Sin embargo, cuando visitó Viena, su hermano, Francisco José, le obligó a firmar un documento por el que Maximiliano renunciaba a todos sus derechos a la corona austriaca y a todos sus bienes. Algo que, como es lógico, le dolió mucho.

Maximiliano y su esposa llegaron en mayo de 1864 a Veracruz (México) y en junio a la capital.

Volvió a hacer una política liberal. Incluso, adoptó algunas ideas de los partidarios de Juárez. Todo ello, le restó los apoyos de los sectores conservadores que le habían ofrecido la corona.

Como no tuvieron hijos, Maximiliano adoptó a los dos nietos de Agustín de Itúrbide, anterior emperador de México.

Para abreviar un poco, al terminar la guerra civil USA, ese gobierno presionó a Napoleón III para que retirara sus fuerzas de México. Cosa que fue haciendo, también debido a la inminente guerra contra Prusia.

Así que Maximiliano se fue quedando solo. Ya sólo tenía de su parte unos miles de soldados mexicanos y unos cuantos soldados belgas y austriacos.

Por otro lado, Maximiliano estuvo tentado a abdicar y huir de México. Sin embargo, sus partidarios conservadores le convencieron para que se quedara allí.

Decidieron irse hasta Querétaro, porque era una ciudad que les era favorable. Allí fueron rodeados por los republicanos y tuvieron que rendirse, después de 70 días de asedio.

Maximiliano, junto con sus generales Miramón y Mejía, fueron juzgados y condenados a muerte. La ejecución se llevó a cabo en junio de 1867.

Poco antes de ser ejecutados, Maximiliano, entregó una moneda de oro a cada uno de los soldados del pelotón y a su capitán. Les pidió que apuntaran bien y no disparasen a la cabeza.

Hay que decir que los soldados de ese pelotón habían venido desde una zona lejana y no conocían ni al emperador, ni a los otros dos generales, que fusilaron junto a él.

En cuanto a su cadáver, hubo que hacer muchas gestiones ante Benito Juárez para que dejase que se lo llevaran a Viena. Lo consiguieron, tras varios meses.

Ahora hay dos versiones. Una dice que Francisco José ordenó sellar el ataúd de plomo para que su madre no viera el cadáver de su hermano y otra que su madre no reconoció su cadáver al verlo.

En su momento, también se especuló con que Maximiliano podía ser un hijo de Napoleón II, ya que su madre había estado muy unida al joven Bonaparte y éste murió unos días después del nacimiento de nuestro personaje.

El segundo protagonista de este artículo fue un hombre llamado Justo Armas. Parece ser que llegó a la ciudad de San Salvador en 1870-71 y allí fue muy bien recibido.

No se sabía quién era, ni de dónde procedía. Sin embargo, todo el mundo le trataba siempre con mucho respeto.

Iba siempre muy bien vestido. Sin embargo, también iba descalzo. Decía que era debido a una promesa, que le hizo a la Virgen del Carmen, por haber salido con vida de un momento de peligro.

Era un hombre que hablaba varios idiomas y poseía una gran cultura. Montó en esa capital un negocio de asesoramiento de protocolo y lo que ahora se conoce como catering. No debemos olvidar que, en aquella época, había varias familias en Hispanoamérica que se habían enriquecido en poco tiempo, pero no habían tenido la formación propia de la gente de la clase alta.

Así que él organizaba los banquetes y también cedía su vajilla de gala. Curiosamente, esa vajilla era la misma o similar a la utilizada en la corte vienesa y también había otra con escudos de la corte mexicana.

Siempre he pensado que el detalle de ir siempre descalzo no es propio de alguien que desea pasar desapercibido, sino que es algo que llama mucho la atención.

Dicen que, durante la I Guerra Mundial, lo visitó una delegación del Imperio austro-húngaro. Hay quien afirma que hasta le ofrecieron la corona por haber fallecido el emperador Francisco José, pero él se negó a regresar a Viena.

Así que allí estuvo viviendo hasta su muerte, ocurrida en 1936. Algunos afirman que ese nombre venía de que Benito Juárez, el que ordenó su ejecución había dicho que “Maximiliano había sido hecho justo por las armas”. Son los mismos que afirman que Maximiliano no fue ejecutado, porque Juárez y él eran masones y no se hacen daño entre ellos. Así que la Masonería fue la que le facilitó la huida de México.

Tras su muerte, varios investigadores, intentaron averiguar quién era. Quizás, el más importante fue Rolando Déneke. Éste llegó a conseguir que le autorizasen la apertura de la sepultura. 

Sin embargo, está enterrado en el sepulcro de la familia Arbizú, que lo acogió durante sus últimos años, y los restos no estaban en buen estado para obtener el ADN.

Otro personaje importante fue Carlota de Bélgica, esposa de Maximiliano. Parece ser que era una persona con mucho carácter. Al contrario que su marido.

Así que, cuando vio que lo dejaban solo, se le ocurrió recorrer varias cortes europeas en busca de ayuda. Parece ser que, en unas le dieron vagas promesas y en otras no quisieron recibirla.

Incluso, cuando fue a ver al Papa Pío IX, se dio cuenta de que no la
iba a ayudar, porque no se le había olvidado que Maximiliano había dado su conformidad a la desamortización de los bienes eclesiásticos, llevada a cabo, anteriormente, por Benito Juárez.

Así que, cuando vio que ni el Papa la iba a ayudar, empezó a volverse loca. La ingresaron en una clínica y luego llamaron a su hermano, el rey de Bélgica, para que se la llevara a su país. Estuvo ingresada en un manicomio hasta su muerte, ocurrida en 1927

Otro protagonista de este artículo es el general Weygand, que seguro que a muchos les sonará, porque fue el que firmó el acta de rendición del Ejército de Francia, ante los enviados de Hitler.

Maxime Weygand nació en 1867 en Bruselas y siempre se ha rumoreado que podría haber sido hijo de la emperatriz Carlota de Bélgica. Él nunca desmintió esos rumores. Algunos afirman que el padre podría ser el coronel belga van der Missen, jefe de las tropas belgas en México.

Parece ser que lo crió una familia de Marsella. Luego ingresó en la Academia militar de Saint Cyr, como alumno extranjero, graduándose en 1887 y obteniendo la ciudadanía francesa.

Luchó en la I Guerra Mundial. Luego fue inspector general del Ejército y, al final de esa guerra, fue el encargado de leer las condiciones en que debería rendirse el Ejército alemán.

Tras la invasión de las tropas alemanas en Francia, fue el que aconsejó a su Gobierno pedir un armisticio con Alemania.

Posteriormente, fue enviado como gobernador general de la Argelia francesa. Sin embargo, a los alemanes les pareció sospechoso de ser partidario de los aliados y lo devolvieron a Francia. Posteriormente, fue encerrado en un castillo en Alemania.

Cuando lo liberaron, lo procesaron en Francia, acusado de colaboracionismo, por haber firmado la rendición francesa. Así estuvo hasta que lo absolvieron en 1948.

Más tarde, se dedicó a escribir biografías y novelas, muriendo en 1965.

Seguro que muchos habréis visto esa gran película llamada “Esa mente maravillosa”, dedicada a la vida de John Nash.

Nash estuvo casado con otra científica, llamada Alicia Lardé. Ella era hija de Jorge Lardé y Arthés y de Elena López-Harrison y Arbizú.

Elena era nieta de Aniceto Arbizú, un terrateniente que se había hecho rico con el cultivo y la exportación del café. También dicen que fue el que recibió a Justo Armas y le presentó a la alta sociedad de San Salvador, porque también dicen que era masón. Por eso mismo, la familia Arbizú fue la que acogió en su casa, durante sus últimos años, a Justo Armas y esa es la misma razón por la que ahora está enterrado en su panteón familiar.


De hecho, el padre y la tía de Alicia fueron los primeros que escribieron sobre Justo Armas. Incluso, al morir, Justo dejó todos sus bienes a esa familia y todavía los poseen.

Por tanto, Alicia Lardé, la esposa de John Nash, con el que murió en un extraño accidente automovilístico, conocía muchos secretos de Justo Armas.

Se podría pensar que ella pensaba contar todo lo que sabía y a algunos no les haría mucha gracia, porque todavía hay varios grupos no interesados en que se sepa toda la verdad.

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jueves, 29 de enero de 2026

RASPUTIN Y LA FAMILIA IMPERIAL RUSA

 

Hoy voy a narrar la biografía de un personaje de indudable importancia en la Historia de Rusia.

Grigori Yefimovich Rasputin, que era su verdadero nombre, nació en 1869 en una pequeña localidad de la provincia siberiana de Tobolsk, en Rusia.

Parece ser que tuvo otros 8 hermanos, los cuales murieron todos en la infancia, salvo una hermana, llamada Feodosia, de la cual se tienen muy pocos datos.

Pertenecía a una familia de campesinos y ese fue su trabajo durante muchos años.

Por lo visto, a los 18 años, se casó con una joven, que vivía en una localidad situada a unos 200 km de la suya. De ese matrimonio nacieron 7 hijos, pero sólo sobrevivieron 3. Un chico y dos chicas.

No se conoce el motivo por el que, en 1897, abandonó el hogar familiar para trasladarse a vivir a un monasterio. Unos autores dicen que fue por un problema con su fe ortodoxa y otros, porque la Policía lo buscaba por haber sido acusado de haber robado unos caballos.

En el Monasterio de Verjoturye observó muy de cerca la vida de los monjes. Sin embargo, él no se convirtió en monje, sino en una especie de hombre santo que peregrinaba por todo el país.

Parece ser que lo hizo influido por otro de esos peregrinos, ya anciano, llamado Makary. El cual también le enseñó a leer y a escribir.

A partir de entonces, dejó de beber alcohol y sólo comía vegetales. Peregrinó por diversos lugares y hasta llegó a Jerusalén.

También hay quien dice que se unió a la secta de los llamados Jlysty. Ésta era una gente muy curiosa. Decían que, para ser perdonados, debían de pecar gravemente. Así que se daban a todos los placeres, como comer y beber en demasía y practicar el sexo entre todos. Luego, se fustigaban con látigos para ser perdonados. Entre sus afiliados, no sólo había hombres, sino también mujeres.

Los que le conocieron decían que tenía el don de convencer a la gente. A ello le ayudaban sus ojos azules con su mirada penetrante. Así, poco a poco, fue ganando muchos adeptos, que le seguían a todas partes.

También se ganó la animadversión de muchos miembros del clero ortodoxo, porque les hacía la competencia. Estos fueron los que le acusaron de ser un miembro de los Jlysty.

No sé si sería para quitárselo del medio, lo cierto es que, en 1903, las autoridades eclesiásticas de su zona le dieron una carta de recomendación para el director del seminario de San Petersburgo.

Parece ser que le cayó muy bien al archimandrita Teofán, que era la máxima autoridad eclesiástica de la capital. Así que éste lo fue presentando en los salones de los nobles.

En aquella época, estaban muy de moda el espiritismo y la teosofía. Sin embargo, Rasputin no hablaba de ello, sino de asuntos religiosos, en un lenguaje comprensible para todo el mundo.

De esa manera, pudo ir conociendo a la flor y nata de la alta sociedad de San Petersburgo. Incluso, entre sus seguidores, se hallaban dos princesas montenegrinas, casadas con dos primos del zar Nicolás II, que fueron las que le convencieron para que lo recibiera en su palacio.

Según cuentan, Rasputín fue recibido por el zar Nicolás II y la zarina a principios de noviembre de 1905. Éste quedó muy complacido y anotó en su diario: “Hemos conocido a un hombre de Dios, Grigori, de la provincia de Tobolsk”.

La mejor amiga de la zarina fue una aristócrata llamada Anna Vyrubova. Por lo visto, la zarina le encargó que fuera a la localidad de residencia de Rasputin e investigara quién era y si podía hacer algún tipo de milagro.

La zarina estaba muy preocupada por la salud de su hijo, Alexis, el heredero a la corona, que padecía hemofilia. No olvidemos que la zarina estaba emparentada con

la reina Victoria, cuyos muchos descendientes provocaron que los varones de varias casas reales padecieran esa misma enfermedad.

Aparte de haberle transmitido esa enfermedad a su hijo, la zarina era de origen alemán y eso hacía que muchos le echaran la culpa de los muchos males que padecía Rusia.

A partir de entonces, la zarina telegrafió varias veces a Rasputin, cada vez que su hijo recaía en su enfermedad. Él la aconsejaba, diciéndole que sólo rezaría por él y que no dejase que se le acercaran los médicos.

Hay quien dice que el problema es que los médicos le solían recetar aspirina para mitigar los dolores, pero todavía no se sabía que ese medicamento favorecía la pérdida de sangre.

También se hizo amigo de los hijos del zar. Algo que no gustó mucho a los miembros de la corte. Incluso, algunos llegaron a insinuar que quería seducir a la propia zarina o a alguna de sus 4 hijas. De hecho, tenía fama de seductor y juerguista. 


Por ello, el zar le recomendó que abandonara, durante un tiempo, la capital y éste se fue a visitar Palestina.

Algunas de sus seguidoras decían verlo como un Cristo viviente y, si se acostaban con él, podrían conseguir que parte de su santidad se les contagiara a ellas.

En julio de 1914, una joven campesina, llamada Khioniya Guseva cometió un atentado contra Rasputin, clavándole una daga en el estómago. No pudo rematarle, porque éste se defendió con un palo.

La zarina le envió a su médico personal, que fue el que le operó y consiguió salvarle la vida.

Guseva era una mujer muy extraña. Le faltaba la nariz. Posiblemente, algo causado por la sífilis.

La muchacha era seguidora de otro predicador, llamado Iliodoro, el cual odiaba a Rasputin. Sin embargo, en los interrogatorios, siempre sostuvo haber actuado sola. No obstante, se sabe que Iliodoro huyó al extranjero para no ser detenido en Rusia. Mientras que la joven fue declarada loca y encerrada en un manicomio.

Por otra parte, en diciembre de 1916, un grupo de nobles, liderados por el gran duque Dimitri Pavlovich, primo del zar, y Félix Yusupov, casado con una sobrina del zar, idearon un complot contra Rasputin, acusándolo de que tenía demasiado poder sobre los miembros de la familia imperial.

Parece ser que Yusupov era homosexual y visitó a Rasputin con el pretexto de que intentara eliminar su tendencia sexual. Además, estaba casado con una bella princesa, sobrina del zar, y, por ello, varios miembros de la familia imperial se habían opuesto a esa boda.

Así que, el 11 de diciembre, le invitó a su palacio, donde le dijo que le presentaría a su esposa. Algo imposible, porque ella se hallaba de viaje, muy lejos de la capital.

Parece ser que los implicados en ese crimen cenaron con él en una habitación, situada en el sótano del palacio Yusupov.

Por lo visto, le ofrecieron pasteles y vino. Todo ello bien mezclado con cianuro, pero no consiguieron que muriera.

Según María, una de las hijas de Rasputin, desde que su padre sufrió ese atentado, ya no pudo comer dulces, porque le producían mucha acidez. También solía beber vino para soportar sus dolores crónicos.

Así que, como tenía un nivel de acidez estomacal muy bajo, el cianuro no consiguió hacerle un efecto inmediato.

Parece ser que Yusupov perdió la paciencia y le disparó al estómago con una pistola de Dimitri. Sin embargo, no consiguió que Rasputin muriera en el acto. Así que éste intentó huir de allí, pero otro de los asistentes, le disparó en la espalda.

Aprovecharon para tirar de su cuerpo hacia dentro y desnudarle. Después, quemaron sus ropas y arrojaron el cuerpo al río, desde lo alto de un puente.

No se sabe cómo se enteraron los periodistas, pero lo cierto es que, al día siguiente, ya empezaron a publicar los detalles del asesinato. Por ello, fueron, enseguida, detenidos los dos principales implicados: Yusupov y Pavlovich.

Según dijo su hija María, ella y su hermana fueron a avisar de la desaparición de su padre a Anna Vyrubova y ésta le metió prisa a la Policía. De esa forma, pronto encontraron restos de sangre en la barandilla del puente desde el que lo habían lanzado y también encontraron una de sus botas flotando en el agua.

Sin embargo, el cuerpo de Rasputin no fue encontrado en el río hasta el día 19 de diciembre. Curiosamente, al hacer la autopsia, los médicos se dieron cuenta de que había llegado todavía vivo al río y allí había muerto ahogado.

El cadáver de Rasputin fue enterrado en el jardín de la casa de Vyrubova, situado junto al Palacio de Alejandro, en la localidad de Tsarskoye Selo. A unos 50 km al SE de San Petersburgo.

Como los miembros de la familia imperial no podían ser procesados, sin la autorización del zar, éste dispuso que fueran exiliados. A Dimitri lo enviaron a luchar en la I Guerra Mundial en el frente de Irán. Mientras que a Yusupov y a su esposa los enviaron a una localidad fronteriza con la actual Ucrania.

De todos modos, gracias a ello, los tres se salvaron de caer en las garras de los bolcheviques, cuando sucedió la Revolución Rusa. Al contrario de lo que les ocurrió a muchos nobles y los miembros de la familia imperial. Como todos ya sabemos, estos últimos fueron asesinados en Ekaterimburgo.

Según dicen, Rasputin, unos días de ser asesinado, le envió una carta al zar en la que le decía que, si él era asesinado por los nobles, la familia imperial no sobreviviría más de 2 años. Como así fue.

 

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martes, 27 de enero de 2026

LA MASACRE DEL DOMINGO SANGRIENTO

 

Hoy voy a narrar un hecho, que, según creo, fue uno de los principales motivos por los que condenaron a muerte al zar Nicolás II de Rusia.

El zar había nacido en 1868 y sucedió a su padre, Alejandro III, que murió joven. Nicolás era un hombre con poca personalidad, que se dejaba influir por sus familiares.


Algunos de ellos eran sumamente conservadores.

Los zares siempre habían sido muy respetados por la mayoría del pueblo. Incluso, muchos de ellos lo llamaban “el padrecito” y pensaban que los protegería de todos los males, porque estaba ungido por Dios.

Era casi como esos monarcas musulmanes, que dicen ser sucesores de Mahoma y, aparte de su poder político, también tienen un poder religioso.

Estaba casado con una princesa alemana y tenían 4 hijas y 1 hijo. Este último, necesitaba muchos cuidados médicos, ya que padecía hemofilia. También llamada la enfermedad de la sangre azul. Por lo visto, el pueblo le achacaba a su esposa todos los males de la familia imperial.

Nuestro segundo personaje era Gueorgi Apolonovich Gapón. Nacido en 1870 en lo que hoy es Ucrania. Vivió en una familia acomodada, pues su padre era un granjero bastante rico.

En 1896 ingresó en un seminario y se casó, pero enviudó dos años después, recibiendo el orden sacerdotal en 1905. Ya sabemos que a los sacerdotes ortodoxos les permiten estar casados.

El padre Gapón organizó una especie de sindicato llamado Asamblea de obreros industriales rusos, el cual tenía el beneplácito del Gobierno y estaba protegido por la policía zarista. Parece ser que Gapón estaba muy influido por las ideas de Tolstoi.

No era un simple sacerdote, sino una especie de misionero, que solía aportar discusiones religiosas en talleres, comedores, etc. El objetivo de su sindicato era defender los derechos de los trabajadores y no salirse de la fe ortodoxa.

El sindicato estaba tan protegido por el Estado que empezaba sus reuniones rezando un Padrenuestro y las terminaba cantando el himno nacional, llamado Dios salve al zar. De hecho, para ser miembro de ese sindicato había que acreditar ser también fiel a la iglesia ortodoxa rusa.

Por otro lado, también hay quien afirma que ese sindicato recibía financiación de los servicios de Inteligencia de Japón. Así que, muy pronto, el sindicato llegó a contar con unos 8.000 afiliados.


El último personaje de esta historia es Vladimir Alexandrovich, hermano menor de Alejandro III y, por tanto, tío de Nicolás II.

Nacido en 1847, hizo carrera en el Ejército, pero también fue ministro y senador en diversas ocasiones. Parece ser que era un tipo muy conservador y amante de tratar con mano dura al pueblo. En el momento que nos ocupa era el gobernador militar de San Petersburgo.

El 08/01/1905, según el calendario juliano, sin embargo, el 21/01/1905, según nuestro actual calendario gregoriano, los partidos y sindicatos de la oposición convocaron una huelga general, protestando por lo mal que iba la economía rusa.

El domingo 09/01/1905, el padre Gapón organizó una especie de procesión, en la que miles de personas de su sindicato, encabezados por él y otros sacerdotes ortodoxos, se dirigieron al Palacio de invierno. Su objetivo era entregarle al zar un mensaje, donde pedían mejorar los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores y terminar con la guerra con Japón.

También ocurría que la gente estaba hambrienta, debido a las malas cosechas.

Fue una procesión muy pacífica. Curiosamente, los que iban en ella llevaban iconos y hasta retratos del zar, junto con banderas de Rusia.

Casualmente, ni el zar, ni su familia se encontraban en el Palacio, sino que habían decidido pasar el fin de semana en otra residencia real a las afueras de la capital. A pesar de que sabían que se iba a producir esa marcha, porque había sido autorizada por el Gobierno.

Sin embargo, la noche anterior al acto, los ministros se reunieron de urgencia y tomaron la decisión de publicar que el zar no iba a estar en el Palacio de invierno. Por tanto, no deberían de realizar esa marcha.

Sin embargo, los obreros no se enteraron de que el zar no iba a estar allí y comenzaron la marcha desde varios puntos de la capital para converger ante el Palacio de invierno alrededor de las 14.00.


Incluso, animaron a asistir a las mujeres y los niños.

Por el contrario, el Gobierno trasladó varias unidades militares a la capital, sumando unos 10.000 hombres.

Sin embargo, cuando los policías y los militares vieron a esta gente con esos iconos y los retratos del zar, los saludaron.

Por una parte, algunos oficiales permitieron el paso de los manifestantes, pero en grupos más pequeños.

Por otra parte, otros oficiales dieron la orden de disparar contra los manifestantes en diversos puntos de la capital. Concretamente, el grupo de Gapón fue atacado junto a la Puerta de Narva, pero hubo tiroteos en diversos lugares de la ciudad. Parece ser que el que dio la orden de disparar fue Vladimir, el tío del zar.

El padre Gapón dijo: “¡Ya no hay Dios, ya no hay zar!”. Ese día, la mayoría de los rusos dejaron de llamar “padrecito” al zar y desearon perderlo de vista cuanto antes.

También los militares perdieron su prestigio, porque atacaron a su propio pueblo.

Curiosamente, sobre las 14.00, muchos rusos paseaban cerca del Palacio de invierno, como solían hacerlo todos los domingos por la tarde, pero no tenían nada que ver con los manifestantes.

Sin embargo, cuando llegó hasta el Palacio un grupo de manifestantes, una unidad de Caballería y otra de Infantería de la Guardia imperial, que estaban de reserva, dispararon contra los dos grupos y luego atacó la Caballería.

No se conoce con certeza el número de víctimas, pero se calcula que fueron unos 1.000 muertos y unos 800 heridos.

Incluso, creo recordar que esa escena aparece en la famosa película “Doctor Zhivago”.

Parece ser que Gapón salvó la vida con la ayuda de un activista judío, llamado Pinhas Rutenberg, huyendo de Rusia con la colaboración de Máximo Gorki.

No podía quedarse allí, porque excomulgó al zar y pidió que fuera derrocado. Aquello era lo más lógico, porque el escándalo fue terrible y se multiplicaron las manifestaciones de los sindicatos obreros.

Huyó hasta Ginebra, donde conoció a varios líderes rusos exiliados, como Lenin, y luego se trasladó a Londres.

Sin embargo, supongo que añoraría Rusia y regresó para volver a contactar con la Policía zarista rusa.

También se reencontró con Rutenberg, que pertenecía al Partido Socialista Revolucionario y le quiso convencer para que también colaborase con la Policía zarista, porque decía que eso era bueno para la defensa de los trabajadores.


A finales de marzo de 1906, Rutenberg citó a Gapón para reunirse con él en una casa de campo a las afueras de San Petersburgo.

Parece ser que allí, el sacerdote, volvió a proponerle colaborar con la Policía zarista.

Posteriormente, Rutenberg dijo que salió de esa habitación y habló con 3 camaradas suyos, que estaban escuchando en la habitación de al lado. Estos entraron en la habitación, donde estaba Gapón, y lo ahorcaron.

Nicolás II había calificado el Domingo sangriento como “un día doloroso y triste”. Sin embargo, no tomó ninguna medida contra su tío, que fue el que ordenó la masacre. Vladimir murió a causa de una hemorragia cerebral en 1909. No obstante, el zar tuvo que hacer algunas concesiones, como la creación de la Duma o parlamento.

En el caso de Nicolás II y su familia, todos sabemos que, en 1917, tras la Revolución rusa, fueron detenidos y trasladados a varios lugares.

En julio de 1918, mientras residían en la Casa Ipatiev, en Ekaterimburgo, los miembros de la familia imperial, su médico y varios miembros del servicio, fueron obligados a bajar al sótano de ese edificio, donde fueron asesinados.

El zar Nicolás II, después de esta masacre, no consiguió remontar su popularidad entre su pueblo. Cuando fue derrocado, nadie fue a defenderlo.

Algo parecido le ocurrió a Alfonso XIII, cuando el 14/04/1931, tuvo que marcharse de España, porque nadie movió un dedo para defenderle. Ni siquiera los militares, que se apresuraron a romper la corona que llevaban en sus gorras.

En la actualidad, también están viendo los ciudadanos de muchos países que sus respectivos gobiernos no tienen la intención de cuidar y defender a su pueblo. Más bien, parece lo contrario.

 

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