Hoy voy a narrar un
acontecimiento del que muchos habrán oído hablar. Sin embargo, creo que hay
muchas cosas que no se han explicado y eso es lo que voy a intentar hacer hoy.
Algunos dicen que, con ello,
Godoy dejó a España rendida ante Napoleón. Sin embargo, parece ser que no fue
del todo así. Quizás lo que pretendía era ganar tiempo para armarse y poder
hacer frente a un Ejército potente y en pie de guerra, como era el francés.
Parece ser que Godoy se reunió con los embajadores de Prusia y Rusia para intentar formar una especie de frente común contra Napoleón. Sin embargo, parece ser que el embajador de Prusia le traicionó y le hizo saber esto al propio Napoleón.
Así que el gobernante francés, que era un tipo muy astuto, es posible que entonces fuera cuando se le ocurriera invadir España para que no se aliara con el Reino Unido.
Por tanto, lo primero que hizo
fue exigir tropas y dinero para ayudarle en sus conquistas por Europa. También exigió
que algunas unidades militares españolas se trasladaran a nuestras provincias
de Ultramar.
Ya en 1805, Napoleón, exigió que
enviaran tropas españolas al centro de Europa. Sin embargo, el Gobierno español
sólo le envió dinero para acallarle.
No obstante, en 1807, Napoleón exigió
que España enviara tropas, urgentemente, para asentarse en la zona de Dinamarca
a fin de impedir cualquier desembarco británico en esa área.
Parece ser que Napoleón tampoco
estaba muy contento con la reina de Etruria, hija de Carlos IV, la cual
gobernaba como regente de su hijo, menor de edad, ya que era muy amiga de los
británicos.
El año anterior, ella había
pedido tropas para defender su reino y su padre se las envió. Supongo que, por
ello, los franceses también exigieron que les cedieran esas tropas.
En un principio, se pensó en
enviar como jefe de esas unidades al general O’Farrill, pero no se le nombró
porque no se llevaba bien con Godoy. También se pensó en el general Castaños,
que entonces era el jefe de la zona del Estrecho.
No sé por qué motivo se nombró
para ese puesto al marqués de la Romana, pero así fue.
Parece ser que era una persona con
una gran facilidad para aprender idiomas. Eso hizo que lo enviaran a hacer
cursillos en diversos países.
A partir de 1793, comienza la
guerra del Rosellón y se pasa al Ejército de Tierra, combatiendo en diversos
frentes. Esa decisión la tomaron después muchos oficiales de la Armada, porque,
tras la derrota de Trafalgar, casi nos habíamos quedado sin barcos.
En 1795, es ascendido a teniente
general y nombrado capitán general de Cataluña. Un puesto con mucho poder sobre
la población civil y militar de esa región.
Fue entonces cuando le nombraron
jefe de la División del Norte, que fue el nombre que les dieron a las tropas
que iban a ir destinadas a Dinamarca.
A finales de abril, comenzó el traslado
de las unidades destinadas en Etruria hacia Dinamarca. Todas las tropas
convergieron en Hanover, a mediados de julio de ese año.
Posteriormente, se les unieron
unidades de Caballería e Ingenieros, en septiembre de ese mismo año.
mejores tropas y más del 10% de todo el Ejército español. Incluso, en muchos dibujos se les ve acompañados por sus propias familias.
Así que ya podemos empezar a
pensar que Napoleón ya había decidido invadir España y había empezado por
eliminar todos los obstáculos posibles para su empeño.
Las tropas pasaron varios meses
descansando en Hanover y Hamburgo para luego ser distribuidas a lo largo de la
costa de Dinamarca.
Es entonces cuando comienzan a
recibir las noticias de los sucesos ocurridos el dos de mayo de 1808 en Madrid
y los militares empiezan a ver a los franceses como enemigos y no como aliados.
No obstante, les llega una orden
del secretario de Estado, el afrancesado Mariano Luis de Urquijo y otros generales
de la misma ideología, exigiéndoles que prestasen juramento de obediencia a
Napoleón.
Eso dio lugar a que varias
unidades se negaran a hacerlo y el mariscal Bernadotte, general en jefe de todas
esas tropas, dio la orden de desarmarles y tratarles como prisioneros de
guerra.
Curiosamente, el fraile, que hablaba
varios idiomas, no conocía el español. Sin embargo, el marqués sí conocía el
latín y ambos se entendieron en esa lengua.
Como, en un principio, el marqués,
como es de suponer, desconfió del fraile británico, éste le mencionó varios versos
del Cantar del Mío Cid. Una obra muy estimada por el general.
Sin embargo, no todos los mandos
españoles eran contrarios a Napoleón. También hubo algunos, como el general
Juan Kindelán O’Reagan, que convenció a los soldados bajo su mando para que se
opusieran a ser evacuados, alegando que no se podían fiar de las intenciones de
los británicos.
De esa forma, unos 5.000 hombres juraron
lealtad a Napoleón y combatieron en todos los frentes, menos en España. Incluso,
los llevaron a combatir en Rusia, donde murieron la mayoría de ellos. El general
Kindelán ya nunca pudo regresar a España y murió en Francia.
Con esos 5.000 hombres, que
habían jurado lealtad a Napoleón, se formó el regimiento José Napoleón.
unos 2.000 se pasaron al otro bando. Lucharon en el bando ruso con el nombre de regimiento imperial Alejandro, como el nombre del zar.
Por tanto, hubo españoles
luchando en Rusia en los dos bandos. De los 3.200 que lucharon en el bando
francés, sólo sobrevivieron unos 160, que fueron regresando a España a
cuentagotas.
Sin embargo, sobrevivieron más los
que habían luchado en el bando ruso. Así que, cuando terminó la guerra,
regresaron a España y fueron muy bien recibidos. Incorporándose de nuevo al
Ejército.
Por otro lado, varios nobles
españoles, enviados por la Junta Suprema y encabezados por el conde de Toreno,
viajaron al Reino Unido a fin de conseguir la ayuda británica para expulsar a
los franceses de España.
El convoy con los militares españoles
evacuados de Dinamarca fue primero a Suecia y, desde allí, en septiembre, fue
llevado hacia Santander a donde llegarían a mediados de octubre.
El problema es que llegaron en un
mal momento. Justamente, cuando acababa de llegar el propio Napoleón con sus
mejores tropas para apoyar a su hermano José, tras la derrota de Bailén.
Así que estas tropas españolas sufrieron
una derrota tras otra, teniendo que replegarse al interior de Galicia para
cubrir la retirada de las tropas del general británico John Moore, el cual
también murió en combate.
dedicaron a hostigar a los franceses a base de guerra de guerrillas. De esa manera consiguieron expulsarlos de Galicia.
A finales de 1810, el marqués
recibió la orden de Wellington de trasladar sus tropas a Portugal a fin de
formar una línea para defender Lisboa. Así consiguieron parar el avance de las
tropas del general Massena.
En enero de 1811, cuando al
marqués le ordenaron marchar hacia Badajoz a fin de levantar el sitio, al que estaban
sometiendo los franceses a esa ciudad, ocurrió algo inesperado. El marqués apareció
muerto y parece ser que fue debido a un aneurisma de la aorta.
Su sucesor fue el general Gabriel
de Mendizábal. Ahí salieron perdiendo nuestros soldados, porque se trataba de
un militar con poca experiencia en combates contra los franceses.
Así que, a primeros de febrero, se le ocurrió la idea de acampar junto al río Gévora, suponiendo que allí los franceses no se atreverían a atacarle.
Pues se equivocó, porque consiguieron vadear el río con unidades de Caballería e Infantería y los pillaron desprevenidos.Aunque formaron cuadros apresuradamente
para aguantar las embestidas de la caballería, no pudieron con los franceses.
Por ello, los 12.000 hombres de Mendizábal
tuvieron 1.000 bajas. Otros 5.000 fueron hechos prisioneros. Unos 2.000
consiguieron llegar a Badajoz y el resto se fue a Portugal.
Sin embargo, a mediados de marzo,
cuando los franceses lograron matar al general Menacho, que era el que defendía
Badajoz, su sucesor, el general José Imaz, rindió la ciudad y cayeron
prisioneros de los franceses.
La decisión de Imaz cayó como un jarro de agua fría tanto entre los defensores de la ciudad como en la Junta Central, la cual pidió que fuera detenido y llevado ante un consejo de guerra.
Fue una decisión inaudita, ya que
la ciudad tenía unos 8.000 soldados, mientras que los franceses no llegaban a
9.000. Además, tenían suficientes provisiones y municiones para poder aguantar
durante mucho tiempo.
De hecho, los mismos franceses reconocieron
que estaban levantando el campamento para irse, cuando les llegó la noticia de
la rendición de la ciudad.
A partir de ahí, el mariscal
Soult ordenó que los prisioneros fueran llevados a Francia. La travesía de la
Península duró varios meses. Eso hizo que muchos, que ya estaban muy
debilitados, murieran por el camino o los mataran los franceses para no
entorpecer la marcha.
No obstante, algunos consiguieron
huir hacia Suiza o Alemania. Sin embargo, la mayoría de ellos tuvo que aceptar
que los alistaran en el regimiento José Napoleón, que era la única forma de
salir del infierno de esos campos de concentración.
Así y todo, muchos consiguieron
regresar, una vez terminada la guerra. Aquí se encontraron un país devastado por
el conflicto bélico y sin poder reintegrarse a sus unidades, porque ya no
existían.
llevado a Francia, sin embargo, fue detenido por unos guerrilleros, por orden del Consejo de Regencia.
Pasó dos años encarcelado en
Cádiz, mientras se instruía su consejo de guerra. En él participaron unos 50
testigos.
Supongo que, aparte de tener un
buen abogado defensor, el rey y los militares absolutistas presionarían para no
dividir al Ejército con una posible condena a muerte. Así que, increíblemente,
Imaz fue absuelto de todos los cargos, admitiendo su alegato de que los
franceses habían abierto una brecha en la muralla y era imposible defenderla. Algo
que era falso.
Parece ser que le debía mucho a
Fernando VII, ya que, cuando se reintegró al servicio activo, fue uno de los
mayores defensores del monarca. Incluso, fue el encargado de detener el
pronunciamiento liberal del general Díaz Porlier, ocurrido en Galicia en 1815. Este
general fue juzgado, expulsado del Ejército, condenado a muerte y ahorcado.
Para terminar, más de uno se
habrá preguntado cómo era tan efectivo el Ejército de Napoleón. Yo creo que
había una razón muy importante. Mientras en casi todos los países de Europa
exigían ser nobles para ingresar en las academias militares, en Francia no era
necesario. De hecho, Napoleón despreciaba a la nobleza.
Por eso, cualquier soldado
francés podía llegar a ser general. Todo dependía de su eficacia en el combate.
Precisamente, los famosos
mariscales Soult, Ney, Massena y Murat, procedían de familias muy modestas y
habían comenzado su carrera militar como soldados.
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