Con este artículo voy a dar por terminado el ciclo de artículos sobre el comienzo de la guerra de la Independencia.
En primer lugar, hay que decir que Madrid nunca había tenido unas murallas como tales. Salvo las pocas que construyeron los moros en la Edad Media. Todavía se pueden observar un lienzo de estas, junto a la catedral de la Almudena.
Lo que sí había alrededor de
Madrid era un muro no demasiado alto, construido a base de ladrillos y adobe,
con el único fin de cobrar impuestos a todos los que vinieran de fuera a vender
sus productos en la capital.
Para ello, debían de entrar por
cualquiera de sus 5 puertas principales o sus 12 portillos. Algunas de esas
puertas todavía existen.
Madrid tenía unos 160.000
habitantes, que solían ser gente pacífica, aunque a veces se organizaban
motines. Como ocurre ahora con las muchas manifestaciones, que se realizan en
esta ciudad.
Parece ser que Carlos IV nunca se
preocupó por las tareas de gobierno. Algo que lamentó mucho su padre, Carlos
III. Sin embargo, siempre fue amante del ejercicio físico y, sobre todo, de la
caza. La verdad es que llegó al trono en muy mal momento. Al año siguiente se
produjo la Revolución Francesa.
Casó con su prima María Luisa de
Parma, cuando él tenía 17 años y ella sólo 14. Quedó embarazada en 24
ocasiones. Sin embargo, sólo sobrevivieron 7 de sus hijos.
Como Fernando VII tenía la obligación de enviar dinero a sus padres, en su exilio en la Toscana, y también a los que le acompañaban, ocurrió que dejó de enviarle el dinero al fraile y, cuando ya llevaba unos 2 años sin cobrar, no se le ocurrió peor idea que amenazar al rey con contar todo esto a los diplomáticos extranjeros. Así que el rey envió a unos cuantos esbirros a Italia, raptaron al fraile y lo encerraron casi de por vida en Peñíscola. Obligando al alcaide de esa prisión a que este preso estuviera completamente aislado. Algo que recuerda al Conde de Montecristo.
No sé si este fraile, cuyo nombre real era Juan Francisco Thomas León, sería amigo de Godoy, ya que ambos habían nacido en Badajoz.
Parece ser que la reina se
encaprichó con Godoy, que empezó siendo un miembro de los guardias de corps. O
sea, la Guardia Real.
Los reyes le fueron dando toda clase de honores y, por fin, le dieron el título de príncipe de la Paz. Algo totalmente ilegal, porque en España sólo puede haber un príncipe o princesa, que es el de Asturias. Incluso, llegaron a darle el tratamiento de alteza real.
Así que los seguidores del futuro
Fernando VII empezaron a pensar que su padre estaba pensando en desheredarlo y cederle
la corona a Godoy. Un político que había triplicado la deuda de España.
En marzo de 1808 se produjo el
famoso Motín de Aranjuez, por el que al rey no le quedó más remedio que cesar a
Godoy y abdicar en nombre de su hijo.
Godoy había firmado un pacto de
alianza militar con Napoleón. Éste había decretado el embargo económico sobre
el Reino Unido. Así que todos los países europeos dejaron de comerciar con los
británicos, salvo Portugal y Rusia. Ese fue el motivo por el que los invadió.
Supongo que Napoleón se dio
cuenta de que Godoy era una persona muy ambiciosa. Así que pactó con él que, si
dejaba que sus tropas atravesaran la Península Ibérica, para invadir Portugal,
le cedería el Algarve, para que fuera su reino.
En un principio, las tropas francesas atravesaron pacíficamente el territorio español e invadieron Portugal, conjuntamente con tropas españolas.
Sin embargo, continuó enviando
más tropas, que se fueron haciendo con las principales fortalezas del país.
El mariscal Murat fue enviado a
Madrid. Tenía bajo su mando a unos 10.000 soldados en la capital y unos 20.000
más en los alrededores.
Murat también ambicionaba el
trono de España. Así que, por orden de Napoleón, fue enviando a toda la familia
real a Francia.
Como tantas tropas no cabían en los cuarteles de la capital, exigieron que los nobles acogieran a los altos mandos, mientras que el resto del pueblo tuviera que mantener en sus casas a los soldados. Incluso, habilitaron conventos como cuarteles.
Lógicamente, esto provocó muchas
molestias que se tradujeron en enfrentamientos a causa de los malos modales de
algunos de estos soldados, que quisieron abusar de las mujeres de las casas
donde habían sido acogidos. Esto provocó unas cuantas bajas entre los
franceses, antes del 2 de mayo. No olvidemos que, en aquella época, casi todo
el mundo portaba una navaja de grandes dimensiones, porque las calles eran
inseguras y peligrosas.
Murat instaló su cuartel general
en el Palacio Grimaldi, que había sido la residencia de Godoy, ya que ambos
eran muy amigos del lujo. Este edificio está situado al lado del Senado.
Hay quien dice que Murat había
recibido la orden de Napoleón de cabrear todo lo posible a los madrileños para
luego reprimirlos duramente a fin de acallarlos para siempre. Algo que le había
dado resultado en otros sitios.
Por lo visto, el 01/05/1808 ya se
produjeron algunos incidentes, cuando la gente salió de una misa, en una
iglesia de la calle de Alcalá, y se encontró con los franceses, que desfilaban
por esa calle hacia el antiguo Palacio del Buen Retiro.
El domingo 01/05/1808 se fueron
repartiendo panfletos y entonando canciones contra los franceses.
Así que la Junta de Gobierno,
presidida por un hermano de Carlos IV, al saber que, al día siguiente, los
franceses se iban a llevar al resto de la familia real, impartieron una serie
de órdenes para acallar al pueblo.
Sobre las 8 de la mañana, se
colocaron dos carruajes en la puerta que da a la calle Bailén. Media hora más
tarde, bajó María Luisa, reina de Etruria e hija de Carlos IV, acompañada de
sus hijos y unos criados. El año anterior había sido expulsada de su reino por
las tropas francesas. Esa era la razón por la que vivía en Madrid con sus
padres, ya que era viuda. Ese coche de caballos partió con destino a Francia.
El segundo coche de caballos
estaba destinado al infante Francisco de Paula. Éste era un joven de unos 14
años y se hallaba enfermo. Así que, cuando le dijeron que tenía que irse, se
puso a llorar. Algo que oyeron los que estaban en la calle.
Un cerrajero del bando fernandino, llamado José Blas Molina y Soriano, de unos 35 años, se puso a gritar: “¡Traición, traición! ¡Se han llevado al rey y se quieren llevar a todas las personas reales! ¡Mueran los franceses!”.
Incluso, un militar se asomó a un
balcón, gritando que se iban a llevar al infante. Eso enardeció a aquella masa
e hizo que algunos cortaran las riendas a los caballos.
Curiosamente, un hijo de este infante fue Francisco de Asís, el marido de Isabel II.
Murat envió a algunos de sus
generales a comprobar la situación. Posteriormente, envió soldados y cañones,
que se pusieron a disparar sobre los allí congregados. Algo que no había
ocurrido nunca en los motines habidos en España. Incluso, mataron a varios
funcionarios del Palacio Real.
El mencionado cerrajero fue el
que condujo a la gente allí congregada hacia el Parque de Artillería de
Monteleón, donde sabía que se custodiaba abundante armamento y munición. Supongo que también sabría que allí estaba
destinado el capitán Daoiz, que también era del partido fernandino.
Mientras tanto, en Madrid había
unos 8.000 militares. Sin embargo, la inmensa mayoría no hizo nada por defender
al pueblo, siguiendo las instrucciones del capitán general Negrete.
Hubo quien lanzó, desde ventanas y balcones, todo tipo de objetos sobre los soldados franceses. Así que el inútil del general Grouchy, que hizo perder a Napoleón en Waterloo, se dedicó a enviar a sus soldados a esas casas y pasar a cuchillo a sus moradores.
Incluso, Murat, publicó un bando en el que advertía que podría incendiar las casas desde las que les lanzaran cosas a sus soldados.
Mesonero Romanos en su obra
“Memorias de un setentón”, comenta que a uno de sus vecinos se le ocurrió
disparar una vez desde su ventana contra los franceses. Estos le respondieron
de la misma forma y luego marcaron, con sus bayonetas, la puerta principal del
edificio con una X.
Por ello, los padres de Mesonero
decidieron trasladarse a la casa de unos amigos hasta que pasaran estos
tumultos. Por si se les ocurría incendiarles la casa. Cosa que no ocurrió.
Curiosamente, los presos que
había en la cárcel de la corte, hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, le
pidieron al alcaide que los dejara salir para participar en los combates, con
la promesa de regresar. Respetaron lo prometido y sólo escapó uno.
En la Puerta del Sol se desarrolló un combate feroz, donde intervinieron fuerzas de Artillería y la Caballería de los mamelucos. Estos últimos sufrieron muchas bajas.
A primera hora de la mañana, el
teniente de Artillería Rafael Arango llegó a su destino en el Parque de
Monteleón. A mediodía llegó el capitán Daoiz y, un poco más tarde, el capitán
Velarde.
Muy cerca de allí, en San Bernardo,
estaba el cuartel de los Voluntarios del Estado. El coronel de ese regimiento,
Esteban Giraldez Sanz y Merino, que era un afrancesado, no quiso enviar tropas
a Monteleón. Sin embargo, parece que le convencieron, diciéndole que era para
proteger al cuartel de la llegada de la gente.
De esa forma, aceptó la salida de
una compañía, al mando del capitán Goicoechea y con el famoso teniente Jacinto
Ruiz. Lo primero que hicieron fue desarmar a los 60 franceses, que guarnecían
el parque.
No voy a dar los detalles del
asalto al Parque de Monteleón, porque ya los he dado en otro artículo anterior.
Tras la rendición, los Voluntarios se retiraron, dejando 8 muertos y llevándose 9 heridos.
Incluso, antes de la rendición, los franceses intentaron engañar a los artilleros, cuando un oficial francés se presentó ante ellos, diciéndoles que ellos eran compañeros de armas y la misión de ambos era combatir contra los civiles.
Como el Parque no se podía
defender desde sus muros, decidieron apostar a los civiles que sabían disparar
en los balcones de las casas cercanas al cuartel. Luego, los franceses los
echaron y dispararon desde allí hacia el cuartel.
Los heridos de ambos bandos
fueron atendidos en el cercano convento de las Maravillas.
Murat quiso terminar pronto con
ese foco de resistencia y ordenó un ataque con unos 2.000 hombres contra sólo
unos 150, que todavía defendían Monteleón.
Hacia las 16.00, cuando el capitán general Saint Simón (un francés en el Ejército español) pidió que cesaran los combates, Daoiz estaba herido gravemente en una pierna y se apoyaba en un cañón, mientras que Velarde había muerto a causa de una bala que le alcanzó el pecho.
El general Lagrange se acercó a Daoiz para insultarle, en ese momento, éste se incorporó para atacarle con su sable, pero unos soldados franceses le atravesaron con sus bayonetas. Al cabo de muchos años, cuando se encontró la guerrera de Daoiz, se podían apreciar los agujeros de las bayonetas. No murió en el acto, sino unas horas más tarde, después de haber sido trasladado a su casa.
Daoiz y Velarde fueron enterrados,
secretamente, en la iglesia de San Martín. Posteriormente, sus cadáveres fueron
llevados a la Colegiata de San Isidro y, actualmente, sus cenizas reposan en la
madrileña Plaza de la Lealtad.
Murat no se contentó con derrotar a los defensores del Parque, sino que dio la orden de fusilar a todos ellos. Incluso, sacaron a muchos heridos de sus camas para fusilarles. Por eso, muchos de ellos, como el teniente Ruiz, huyeron hacia diversos lugares de España.
Entre los defensores del Parque no sólo hubo hombres, sino también algunas mujeres, como Clara del Rey, con su marido y sus 3 hijos, y la joven Manuela Malasaña. Las dos murieron ese día. Sin embargo, dos de los hijos de Clara se salvaron. Ambas vivían muy cerca del Parque.
También hubo otras más, cuyos
nombres no son tan famosos. Por ejemplo, María Beano, viuda de un oficial de
Artillería, que decían que era la novia de Velarde. También la mataron.
A los franceses tampoco les
tembló la mano a la hora de matar a los niños que les atacaron a pedradas. Igual
que mataron a los que se asomaban a los balcones a mirar lo que pasaba. Todos tenían
entre 8 y 12 años.
Sigo pensando que esta
sublevación popular fue un acto organizado por el partido fernandino. De hecho,
el propio Napoleón escribió a Murat, advirtiéndole de que había una sublevación
en marcha, encabezada por el infante don Antonio, desde la Junta económica de
Artillería, donde estaba destinado Velarde.
Sin embargo, Murat exigió la
lista de los domicilios de los defensores del Parque. Luego dio la orden de
detener a todos los que portaran armas blancas. En aquella época, era muy común
llevar encima una navaja.
Los detenidos fueron llevados al actual
edificio de la Comunidad de Madrid, en la Puerta del Sol, donde se les hacía un
simulacro de juicio y luego, el general Grouchy, los mandaba fusilar.
Los franceses solían saquear las casas marcadas con una X en su puerta, antes de incendiarlas. Incluso, se llevaron a los criados de los nobles, propietarios de esas casas, para fusilarlos.
Los franceses fusilaron a sus víctimas,
muchas de ellas inocentes, en diferentes lugares. Los principales fueron el
Paseo del Prado, el patio de la iglesia del Buen Suceso (en la Puerta del Sol),
en la Casa de Campo, en los alrededores de la actual Plaza de España, en la
montaña del Príncipe Pío, en los muros de los Jerónimos, etc. Varios de los
fusilados tenían menos de 18 años.
En la montaña de Príncipe Pío
fueron fusilados 43 personas, cuyos cadáveres están depositados en el Cementerio
de la Florida. Juan Suárez consiguió escapar y, gracias a él, conocemos lo
ocurrido.
Como los franceses no autorizaron
la retirada de los cadáveres hasta el día 12 de mayo, lo más práctico fue
enterrarlos en una fosa común para evitar epidemias.
La tarde del 2 de mayo, llegó el
teniente Ruiz a Móstoles, donde se entrevistó con Juan Pérez Villamil, fiscal
del Consejo Supremo de Guerra y secretario del Almirantazgo, que tenía una casa
en ese pueblo. Fueron a hablar con Andrés Torrejón, alcalde de los nobles de
Móstoles. En aquella época había un alcalde para los nobles y otro para los
demás.
Nunca se han conocido las cifras
exactas de las bajas producidas en ambos bandos, durante los sucesos del 2 de
mayo.
En el verano de ese año, se hizo
un recuento de bajas españolas: 89 muertos y 52 heridos. Aunque se cree que
fueron muchos más. Supongo que no incluirían los muchos fusilados a partir de
ese día. Posteriormente, se dijo que fueron 400 muertos.
En cuanto a las bajas francesas, algún autor habla de 80 oficiales y 1.500 soldados muertos. Me parece una cantidad exagerada, porque los españoles apenas tenían armas de fuego.
Está muy claro que esto se les
fue de las manos a ambos bandos. Supongo que iba a ser otro motín más de los
que ya había habido antes en Madrid. Sin embargo, terminó con los terribles
fusilamientos ordenados por Murat. Hay quien dice que los ordenó, siguiendo las
instrucciones de Napoleón.
Hoy en día, el 2 de mayo es el
día festivo de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, en su origen, fue decretado
como día de luto nacional a perpetuidad.
En fin, reconozco que me ha quedado
este artículo un poco largo, pero creo que el tema se lo merecía, porque esa
gente dio su vida para que ahora podamos vivir en libertad.
TODAS LAS IMÁGENES PROCEDEN
DE WWW.GOOGLE.ES



_-_MV_1175.jpg)




























:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F1c6%2Fe04%2Fd40%2F1c6e04d40a9b07de575325c185ca9788.jpg)



