Hoy traigo al blog un personaje
casi desconocido. Supongo que a la mayoría ni siquiera os sonará.
Sin embargo, es muy posible que
algunos recuerden una serie estrenada en 1989, con motivo del bicentenario de
la Revolución Francesa. Se titulaba “Las noches revolucionarias” y fue emitida
por TVE.
La verdad es que, cuando la vi,
me pareció un personaje muy rebuscado, habiendo tantos protagonistas de ese
período. Sin embargo, luego me fui dando cuenta de que se trataba de un
personaje muy importante, ya que nos mostraba lo que ocurría en las calles, los
barrios, las tabernas, etc. Algo muy diferente de los grandes discursos y las
grandes batallas.
Nicolás Restif o Retif de la
Bretonne, que así era como se llamaba nuestro personaje de hoy, nació en 1734
en un pequeño pueblo de la Borgoña.
Nació en el seno de una familia
de campesinos, más o menos, acomodados. Eso le permitió adquirir cierta
educación.
Parece ser que fue educado en un
centro religioso jansenista. Sin embargo, éste fue clausurado, cuando el Papa
los declaró herejes y los expulsaron de Francia.
Así que luego se fue a vivir con
su hermano mayor, que era sacerdote, ya que su padre aspiraba a que él también
llegara a serlo.
Sin embargo, pronto se vio que
nuestro personaje era muy mujeriego y eso hizo que lo echaran de allí.
Posteriormente, se trasladó a
Auxerre, donde comenzó su formación como tipógrafo, un oficio que continuó practicando
durante toda su vida.
En 1760, se trasladó a París,
donde trabajó en la Imprenta Real y se casó con Agnes Lebègue. También en esa
época se hizo protestante.
Más tarde, montó su propio taller
de imprenta y se dedicó a escribir. De hecho, publicó unas 200 obras. Así que
le daba igual si se las querían editar o no, porque las imprimía él mismo.
Todos sabemos que la Revolución
Francesa se dio cuando se produjeron varios acontecimientos. Uno de ellos fue
la erupción de varios volcanes en Islandia, lo cual dio lugar a que hubiera malas cosechas y eso se traducía en hambre.
Por otro lado, Francia y el Reino
Unido se habían enfrentado en la guerra de los 7 años. Un conflicto que algunos
llaman “la primera guerra mundial”, porque se luchó en varios continentes.
Evidentemente, esto provocó la
ruina de ambos países. Precisamente, en el Reino Unido quisieron restaurar la
Hacienda, obligando a los colonos americanos a pagar impuestos, pero sin darles
representación en la Cámara de los comunes. Como todos sabemos, esto dio lugar
a la guerra de la independencia USA, cuyo 250 aniversario se está conmemorando
en estos días.
Por el contrario, en Francia,
Luis XVI y sus ministros decidieron convocar al parlamento, lo que allí se
llamaba los Estados generales. Debo decir que llevaban más de 150 años sin
convocarlo, pero esta vez lo hicieron, porque necesitaban dinero urgentemente.
Más o menos, lo mismo que le
había ocurrido, el anterior siglo, a Carlos I de Inglaterra.
Así que se encontraron con que
los delegados de todas las provincias se presentaron con unas largas listas de
reivindicaciones a las que no hicieron el menor caso.
También pensaron que la monarquía
siempre iba a ganar, porque ese parlamento estaba dividido en tres estamentos:
el clero, la nobleza y los demás, al que llamaban el Tercer Estado.
Así que, cuando votaban cualquier
proyecto siempre se aliaban el clero y la nobleza y ganaban, porque se votaba
por estamentos.
Por ello, en Versalles, se
encendieron todas las alarmas, cuando los miembros del Tercer Estado se
retiraron de esas deliberaciones y se reunieron en un lugar apartado, donde
declararon que se convertían en Asamblea nacional y no cejarían hasta aprobar
una Constitución.
Para escribir este artículo, me
he basado en datos, que figuran en su obra Las noches revolucionarias.
Restif comienza esta obra como si
fuera un parisino, que regresa a su ciudad, después de haber estado un tiempo
fuera y se encuentra una ciudad muy cambiada. Cuenta que él vivió en la ciudad
más libre del mundo, donde no se metían contigo si eras honrado, ni publicabas
panfletos contra los ministros.
Ahora todo el mundo tenía miedo y
la violencia se desataba en cualquier momento. Por ejemplo, cuenta que el
coronel de Caballería Lambesq, que también era un noble, fue alcanzado por una
piedra, que le golpeó en el casco. Así que no se le ocurrió otra cosa que dar
la orden de entrar al galope en un parque, en persecución del que le había
tirado la piedra, sin importarle que estuviera lleno de niños y madres. Eso
también hizo que la burguesía se empezara a poner en contra del Gobierno.
Describe el ambiente de anarquía
que se veía en las calles de París, con gente armada por todas partes y
dispuestas a matar a cualquiera. Así que los burgueses tuvieron que crear
patrullas para vigilar la ciudad e impedir que se cometieran actos violentos.
Ahí es cuando Restif empieza a
pasear por las noches por las calles de París y nos describe lo que ve con todo
lujo de detalles. Siempre vestido con una capa azul, similar a las que solían
llevar los policías en esa época. Por eso, algunos lo confundían con un policía
y otros pensaban que era sólo un loco. Esa fue la razón por la que fue conocido
como “el búho”.
Lógicamente, como se acostaba
tarde, también se levantaba tarde. Por esa razón, nos cuenta que el 14/07/1789,
después de realizar su trabajo como tipógrafo, se fue a pasear sobre las 15.30
y se encontró con la gente que acababa de asaltar la Bastilla. Vio cómo
llevaban las cabezas de los guardias de la prisión clavadas en unas picas para
que las viera todo el mundo. Luego ahorcaron a los que habían resultado heridos
en el asedio. Ciertamente, quedó espantado al ver lo que estaba ocurriendo.
Incluso, lo detuvieron en uno de sus paseos nocturnos y estuvo a punto de ser
ahorcado, sospechando que podría ser un espía del rey.
En la obra mencionada va dando
ejemplos de la ira popular hacia los ricos o los que han tenido algún cargo en
el Gobierno. Los que fueron detenidos acabaron siendo colgados de las farolas,
para ser luego decapitados y sus cuerpos arrastrados por las calles.
También en esa publicación,
menciona la marcha de las mujeres parisinas hacia Versalles para mostrar sus
reivindicaciones al rey. Otros temas que cita son la sublevación de Toulon y el
fracasado complot del conde de Maillebois.
Curiosamente, Restif se muestra
partidario de la incautación de los muchos bienes que posee la Iglesia francesa
a fin de mejorar el estado de las finanzas.
Por otra parte, en la obra
mencionada, se puede ver que Restif era un gran amante de la monarquía. No es
de extrañar que hubiera muchos franceses monárquicos, porque consideraban a los
reyes como elegidos por Dios. De hecho, muchos acudían a que el rey los tocara,
porque estaban convencidos de que les sanaría de sus enfermedades.
Así que el ideal de Restif era
que Francia siguiera gobernada por el rey, rodeado de unos ministros honrados,
no necesariamente procedentes de la nobleza.
Sin embargo, los monárquicos no
sabrían dónde esconderse, cuando, en septiembre de 1792, se descubrió un
armario de hierro, que estaba escondido en el Palacio de las Tullerías. Éste
contenía una serie de documentos secretos del rey en los que se demostraba que
había comprado a varios diputados y también estaba en contacto con algunos
nobles exiliados para que reclutasen tropas en el extranjero, a fin de derrotar
a los revolucionarios.
Evidentemente, eso fue lo que le
llevó a ser condenado a muerte. Igual que le ocurrió a Carlos I de Inglaterra
por intentar hacer lo mismo.
Entonces es cuando Restif afirma
que, si Luis XVI hubiera conseguido su propósito a base de estar apoyado por
militares extranjeros, se hubiera convertido en una especie de esclavo de ellos
y no hubiera vuelto a ser el gobernante de Francia.
Por otra parte, Restif no
muestra, como hacen otros autores, los salones del París de la Ilustración,
sino una ciudad oscura, con calles llenas de barro, donde no suele haber
alcantarillado y, por tanto, malolientes.
Restif solía mirar a través de
las ventanas, escuchar las discusiones de los vecinos, entrar a ver lo que se
decía en las tabernas y los prostíbulos y eso es lo que nos cuenta en sus
obras.
La gente tenía miedo, porque
cualquiera podría ser denunciado por un vecino e ir, directamente a la
guillotina. Incluso, él mismo fue denunciado por uno de sus yernos, acusado de
ser un confidente de la Policía. Afortunadamente, también tenía muchos amigos
entre los revolucionarios y lo soltaron pronto.
También nos muestra las colas,
que había en las panaderías y otras tiendas de comestibles, causadas por la escasez de las cosechas y la mala administración.
En cuanto a sus ideas morales y
políticas hay que decir que creía en una especie de comunismo, que aboliera la
propiedad privada, donde todos trabajaran y la riqueza estuviera repartida
equitativamente, aunque él pensaba que esa sociedad debería estar gobernada por
un rey.
En aquella época, no fue el único
“comunista”. Ya dediqué otro de mis artículos a Babeuf, al que pronto
guillotinaron, porque aquella iba a ser una revolución burguesa y no admitían
otras ideas que les hicieran la competencia.
De hecho, Restif dejó de apoyar a
los revolucionarios, cuando se dio cuenta de que no pretendían cambiar la
sociedad, sino, simplemente, sustituir a la clase dirigente por otros que
hicieran lo mismo.
En cuanto a sus ideas morales,
pretendía que se regularizase la prostitución y que se la dotase de unas normas
muy rígidas, en cuanto a horarios, sanidad, salarios, etc.
Incluso, decía ser partidario de
establecer normas para los matrimonios, la educación de los hijos y hasta las
costumbres de los ciudadanos.
Precisamente, tuvo una fuerte
enemistad con el famoso Sade. Parece ser que su odio venía porque era un noble
y Restif los odiaba a todos, y porque pretendía destruir la moral burguesa.
Algo inconcebible para un burgués.
Restif también escribió libros
sobre erotismo e, incluso, publicó una obra titulada “Anti-Justine” en la que
rechazaba las teorías de Sade en su obra “Justine”.
Sade llegó a apodarle “el
novelista de las fregonas” o “el impresor de las alcantarillas”, mientras que
Restif le calificó como un monstruo.
Por lo visto, su matrimonio fue,
desde el principio, un completo fracaso. Así que, en 1794, ambos cónyuges
aprovecharon la nueva ley de divorcio y se divorciaron.
Sin embargo, esto no terminó con
los problemas conyugales de Restif, ya que le obligaron a pasarle una pensión a
su exesposa. Esto cada vez se le hizo más cuesta arriba, porque Francia sufría
una gran inflación y la llegada de una nueva moneda, llamada los asignados, le
dejó a Restif en la ruina. Tanto que tuvo que pedir una ayuda al Gobierno y
tuvo la suerte de que se la dieron por ser escritor.
También menciona el ambiente
callejero, que había cuando la familia real intentó huir del país y, sin
embargo, fue detenida en Varennes. A partir de entonces ya nadie creyó en la
monarquía y se fueron destruyendo todos los símbolos de la misma.
Casualmente, entre las sombras,
escucha una conversación entre dos nobles en la que afirman que la salvación de la nobleza francesa está en la muerte de Luis XVI.
Sólo así se decidirían el
resto de los monarcas europeos a intervenir en Francia. Parece ser que no se
equivocaban.
Al día siguiente, narra la
llegada de la familia real, que había sido detenida en Varennes. París está
ocupado por las tropas y, según dice, todos los hombres menores de 40 años han
sido movilizados y armados.
No obstante, sigue criticando
que, como muchas familias han caído en la pobreza más absoluta, han entregado a
sus hijos e hijas a la prostitución, aunque todavía estuvieran en la niñez. A
menudo, esas violaciones les llevan a la muerte.
Los días siguen pasando y nuestro
personaje nos describe el ambiente que había en París. Las calles estaban
llenas de patrullas armadas, que detenían a mucha gente. Buscaban, especialmente, armas en las casas y clérigos, que no aceptaban la Revolución y pretendían escapar.
También nos cuenta cómo empiezan
a matar a los presos en las numerosas cárceles. Les hacen un simulacro de
juicio y los ejecutan. Todavía no han utilizado la guillotina. No obstante, se
ven matanzas callejeras.
Curiosamente, Restif, que suele
pasear por todo París, suele esconderse para observar y escuchar las
conversaciones de la gente y nos muestra la inseguridad en la que vivían las
gentes de aquella época.
En octubre de 1792 trasladan a
varios prisioneros, entre ellos, a la familia real, a la torre del Temple. Allí
puede el rey dedicarse a la lectura y a educar a sus hijos.
Unos días más tarde, el rey fue
citado para declarar ante la Convención y Restif nos dice que estuvo allí
presente como espectador. Por lo visto, estuvo muy atento a los discursos de
sus dos abogados y comprendió que este caso les venía demasiado grande.
Como era de esperar, Luis XVI fue
condenado a muerte. A partir de entonces, se produjeron varios sucesos, como el
asesinato de Lepelletier, uno de los diputados, que había votado a favor de esa
condena.
También se rumoreó que los
monárquicos iban a ayudar a escapar al rey. Sin embargo, se comentaba que él
dijo que no quería que matasen a nadie para que pudiera escapar. Por eso no le
ayudaron.
Curiosamente, tanto los
revolucionarios como muchos monárquicos estaban a favor de que el rey fuera
ejecutado. Estos últimos veían esa ejecución como un argumento muy poderoso
para obtener la ayuda de otras potencias para derribar ese régimen.
Al día siguiente, a las 8 de la
mañana, despiertan al rey y le comunican la sentencia. Le dejan despedirse de
su familia y confesar con un cura.
Posteriormente, le conducen en la
carroza del alcalde hasta el cadalso. Han distribuido miles de soldados de la
Guardia Nacional a lo largo del recorrido.
Parece que Luis quiere dirigir
unas palabras a la multitud. Sin embargo, los militares hacen resonar sus
tambores y apenas se escucha nada. Tras la ejecución, es cuando se oyen
murmullos, diciendo que era sólo un hombre. Algo muy llamativo en un país,
donde el rey era un personaje casi sagrado y donde iba mucha gente a que les
tocara con la creencia de que podría sanarles.
También nos cuenta Restif las
escenas de asaltos a las tiendas, porque escasean los víveres. Incluso, algunos
dicen que los británicos han contratado gente para que fomenten la anarquía en
las ciudades.
Por otra parte, nos va narrando
la situación anterior a la Revolución. La inmoralidad y el mal ejemplo que daba
la corte y la nobleza. La crueldad y avaricia de los ministros y los
gobernadores. La corrupción galopante entre los funcionarios y magistrados. Los
impuestos excesivos. En fin, parece que el mundo no ha cambiado mucho desde
entonces.
Así que Restif se declara
complacido con el Nuevo Régimen, porque el Antiguo sólo podría restaurarse a
base de violencia y represión y eso daría lugar a un levantamiento general y al
exterminio de toda la clase dirigente. La gente estaba muy descontenta con la
situación en Francia y no iban a permitir regresar al Antiguo Régimen
despótico.
También nos comenta, en abril de
1793, las noticias llegadas de los diversos frentes de batalla, donde los
franceses van perdiendo cada vez más terreno. Incluso, algunos generales, como
Dumouriez, se pasan al enemigo.
Por lo visto, cuando llegaron
unos delegados de la Convención para investigar su conducta, los arrestó y los
entregó al enemigo. Posteriormente, pretendió convencer a sus tropas para marchar sobre París a fin de expulsar al Gobierno revolucionario.
Algo por el
estilo a lo que hizo Julio César, al atravesar el Rubicón.
Sin embargo, Dumouriez no fue capaz de
convencer a sus soldados. Eso dio lugar a que huyera, acompañado del duque de
Chartres, que luego sería Luis Felipe I, hacia el campo del enemigo.
También nos habla del proceso
contra Marat y de la expulsión de muchos miembros de la Convención. Muchos de
los cuales acabarán guillotinados.
Parece ser que la guillotina
tenía tanto trabajo que no les daba tiempo a limpiar la sangre de la calle y
los vecinos se empezaron a quejar de que olía mal y había miles de moscas.
También menciona la reacción de
la Convención ante la rebelión de la Vendée a la que ya dediqué otro de mis
artículos.
Por otro lado, relata lo ocurrido
al sanguinario Marat. Éste era un médico, que estuvo mucho tiempo escondido en
las catacumbas de París. Por lo visto, allí se pilló una enfermedad en la piel,
que le obligaba a estar mucho tiempo metido en una bañera. Así fue cómo lo
encontró Charlotte Corday. Se presentó ante él con una falsa lista de traidores
para guillotinar. Parece ser que eso le gustó mucho a Marat, que pidió que les
dejaran solos. En ese momento, ella aprovechó para clavarle un puña
l en el
pecho por haber sido el que había llevado a miles de personas a la guillotina. Corday
también fue guillotinada 4 días después del asesinato.
No se salva casi nadie de la
guillotina. El general Custine, jefe del Ejército del norte, es llamado a París.
Tras presentarse a declarar ante la Convención, es arrestado, juzgado, condenado
y guillotinado. Ni siquiera confiaban en sus militares.
Tampoco se salvan medio centenar
de miembros de la Convención, acusados de ser traidores y encarcelados. Después
serían ejecutados.
Poco más tarde, es citada María
Antonieta ante el tribunal de la Convención. Su juicio dura 3 días, al final de
este se la condena a muerte y es guillotinada al día siguiente.
También menciona la sublevación
de la ciudad costera de Toulon, la cual se sublevó contra el gobierno
revolucionario. Esta ciudad aguantó el asedio de las tropas republicanas
mientras contó con el apoyo de las armadas del Reino Unido y de España. En este
asedio participó el mismo Napoleón, como oficial de artillería.
En fin, leer a Restif de la
Bretone es lo más parecido a leer un artículo de un reportero de esos que
envían a lugares donde hay una guerra o algo parecido.
No sé si era un convencido
republicano o, simplemente, lo hizo para eludir la censura y salvar su cuello
de la guillotina. Lo cierto es que al final de esta obra da vivas a la República
y a la Montaña. Murió de viejo, lo cual es toda una proeza en aquella Francia
revolucionaria, donde no valía nada la vida humana.
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