ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 10 de febrero de 2026

COINCIDENCIAS HISTÓRICAS

 

Aquellos que me siguen en este blog, que, todo hay que decirlo, nunca han sido muchos, saben que mis primeros artículos los dediqué a ciertos personajes que hoy voy a rememorar.

En primer lugar, voy a mencionar a Maximiliano de Habsburgo, que fue emperador de México.

Maximiliano nació en 1832 en Viena y fue un hermano menor del emperador Francisco José. Muy famoso por estar casado con Sissi.

Parece ser que a Maximiliano le atrajo la vida en la Armada. En uno de aquellos viajes, recaló en Lisboa y allí conoció a la princesa María Amelia de Braganza, hija de Pedro I de Brasil. Se conocieron y se prometieron. Sin embargo, no pudieron casarse, porque la princesa murió a causa de la tuberculosis.

Posteriormente, visitó París, donde se hizo amigo del emperador Napoleón III de Francia.

Más tarde, fue a Bélgica, donde conoció a Carlota, hija única del rey Leopoldo I, que tenía fama de ser muy rico a base de explotar, despiadadamente, a sus colonias.

En 1857, tras la boda con Carlota, Maximiliano fue nombrado por su hermano virrey de Lombardía-Véneto.

Parece ser que allí chocó con las ideas de su hermano. Él tenía una mentalidad muy liberal y logró muchos progresos para la población, mientras que Francisco José sólo creía posible el aumento de la represión contra los independentistas de la zona. Por ello, en 1859, fue cesado por su hermano.

Así que, como él había ordenado construir el Castillo de Miramar, en la costa adriática, cerca de Trieste, se mudaron a ese lugar, donde vivieron muy tranquilos.

Sin embargo, en octubre de 1863, recibieron la visita de una comisión de notables mexicanos, los cuales le ofrecieron ser emperador de México.

Como Napoleón III había invadido México, parece ser que se acordó de él para proponerlo a esos monárquicos mexicanos y, por eso, lo visitaron en Miramar.

Tanto Napoleón III como Leopoldo I de Bélgica le animaron a que aceptara la corona de México. Incluso, se comprometieron a enviar miles de soldados para apoyarle.


Sin embargo, cuando visitó Viena, su hermano, Francisco José, le obligó a firmar un documento por el que Maximiliano renunciaba a todos sus derechos a la corona austriaca y a todos sus bienes. Algo que, como es lógico, le dolió mucho.

Maximiliano y su esposa llegaron en mayo de 1864 a Veracruz (México) y en junio a la capital.

Volvió a hacer una política liberal. Incluso, adoptó algunas ideas de los partidarios de Juárez. Todo ello, le restó los apoyos de los sectores conservadores que le habían ofrecido la corona.

Como no tuvieron hijos, Maximiliano adoptó a los dos nietos de Agustín de Itúrbide, anterior emperador de México.

Para abreviar un poco, al terminar la guerra civil USA, ese gobierno presionó a Napoleón III para que retirara sus fuerzas de México. Cosa que fue haciendo, también debido a la inminente guerra contra Prusia.

Así que Maximiliano se fue quedando solo. Ya sólo tenía de su parte unos miles de soldados mexicanos y unos cuantos soldados belgas y austriacos.

Por otro lado, Maximiliano estuvo tentado a abdicar y huir de México. Sin embargo, sus partidarios conservadores le convencieron para que se quedara allí.

Decidieron irse hasta Querétaro, porque era una ciudad que les era favorable. Allí fueron rodeados por los republicanos y tuvieron que rendirse, después de 70 días de asedio.

Maximiliano, junto con sus generales Miramón y Mejía, fueron juzgados y condenados a muerte. La ejecución se llevó a cabo en junio de 1867.

Poco antes de ser ejecutados, Maximiliano, entregó una moneda de oro a cada uno de los soldados del pelotón y a su capitán. Les pidió que apuntaran bien y no disparasen a la cabeza.

Hay que decir que los soldados de ese pelotón habían venido desde una zona lejana y no conocían ni al emperador, ni a los otros dos generales, que fusilaron junto a él.

En cuanto a su cadáver, hubo que hacer muchas gestiones ante Benito Juárez para que dejase que se lo llevaran a Viena. Lo consiguieron, tras varios meses.

Ahora hay dos versiones. Una dice que Francisco José ordenó sellar el ataúd de plomo para que su madre no viera el cadáver de su hermano y otra que su madre no reconoció su cadáver al verlo.

En su momento, también se especuló con que Maximiliano podía ser un hijo de Napoleón II, ya que su madre había estado muy unida al joven Bonaparte y éste murió unos días después del nacimiento de nuestro personaje.

El segundo protagonista de este artículo fue un hombre llamado Justo Armas. Parece ser que llegó a la ciudad de San Salvador en 1870-71 y allí fue muy bien recibido.

No se sabía quién era, ni de dónde procedía. Sin embargo, todo el mundo le trataba siempre con mucho respeto.

Iba siempre muy bien vestido. Sin embargo, también iba descalzo. Decía que era debido a una promesa, que le hizo a la Virgen del Carmen, por haber salido con vida de un momento de peligro.

Era un hombre que hablaba varios idiomas y poseía una gran cultura. Montó en esa capital un negocio de asesoramiento de protocolo y lo que ahora se conoce como catering. No debemos olvidar que, en aquella época, había varias familias en Hispanoamérica que se habían enriquecido en poco tiempo, pero no habían tenido la formación propia de la gente de la clase alta.

Así que él organizaba los banquetes y también cedía su vajilla de gala. Curiosamente, esa vajilla era la misma o similar a la utilizada en la corte vienesa y también había otra con escudos de la corte mexicana.

Siempre he pensado que el detalle de ir siempre descalzo no es propio de alguien que desea pasar desapercibido, sino que es algo que llama mucho la atención.

Dicen que, durante la I Guerra Mundial, lo visitó una delegación del Imperio austro-húngaro. Hay quien afirma que hasta le ofrecieron la corona por haber fallecido el emperador Francisco José, pero él se negó a regresar a Viena.

Así que allí estuvo viviendo hasta su muerte, ocurrida en 1936. Algunos afirman que ese nombre venía de que Benito Juárez, el que ordenó su ejecución había dicho que “Maximiliano había sido hecho justo por las armas”. Son los mismos que afirman que Maximiliano no fue ejecutado, porque Juárez y él eran masones y no se hacen daño entre ellos. Así que la Masonería fue la que le facilitó la huida de México.

Tras su muerte, varios investigadores, intentaron averiguar quién era. Quizás, el más importante fue Rolando Déneke. Éste llegó a conseguir que le autorizasen la apertura de la sepultura. 

Sin embargo, está enterrado en el sepulcro de la familia Arbizú, que lo acogió durante sus últimos años, y los restos no estaban en buen estado para obtener el ADN.

Otro personaje importante fue Carlota de Bélgica, esposa de Maximiliano. Parece ser que era una persona con mucho carácter. Al contrario que su marido.

Así que, cuando vio que lo dejaban solo, se le ocurrió recorrer varias cortes europeas en busca de ayuda. Parece ser que, en unas le dieron vagas promesas y en otras no quisieron recibirla.

Incluso, cuando fue a ver al Papa Pío IX, se dio cuenta de que no la
iba a ayudar, porque no se le había olvidado que Maximiliano había dado su conformidad a la desamortización de los bienes eclesiásticos, llevada a cabo, anteriormente, por Benito Juárez.

Así que, cuando vio que ni el Papa la iba a ayudar, empezó a volverse loca. La ingresaron en una clínica y luego llamaron a su hermano, el rey de Bélgica, para que se la llevara a su país. Estuvo ingresada en un manicomio hasta su muerte, ocurrida en 1927

Otro protagonista de este artículo es el general Weygand, que seguro que a muchos les sonará, porque fue el que firmó el acta de rendición del Ejército de Francia, ante los enviados de Hitler.

Maxime Weygand nació en 1867 en Bruselas y siempre se ha rumoreado que podría haber sido hijo de la emperatriz Carlota de Bélgica. Él nunca desmintió esos rumores. Algunos afirman que el padre podría ser el coronel belga van der Missen, jefe de las tropas belgas en México.

Parece ser que lo crió una familia de Marsella. Luego ingresó en la Academia militar de Saint Cyr, como alumno extranjero, graduándose en 1887 y obteniendo la ciudadanía francesa.

Luchó en la I Guerra Mundial. Luego fue inspector general del Ejército y, al final de esa guerra, fue el encargado de leer las condiciones en que debería rendirse el Ejército alemán.

Tras la invasión de las tropas alemanas en Francia, fue el que aconsejó a su Gobierno pedir un armisticio con Alemania.

Posteriormente, fue enviado como gobernador general de la Argelia francesa. Sin embargo, a los alemanes les pareció sospechoso de ser partidario de los aliados y lo devolvieron a Francia. Posteriormente, fue encerrado en un castillo en Alemania.

Cuando lo liberaron, lo procesaron en Francia, acusado de colaboracionismo, por haber firmado la rendición francesa. Así estuvo hasta que lo absolvieron en 1948.

Más tarde, se dedicó a escribir biografías y novelas, muriendo en 1965.

Seguro que muchos habréis visto esa gran película llamada “Esa mente maravillosa”, dedicada a la vida de John Nash.

Nash estuvo casado con otra científica, llamada Alicia Lardé. Ella era hija de Jorge Lardé y Arthés y de Elena López-Harrison y Arbizú.

Elena era nieta de Aniceto Arbizú, un terrateniente que se había hecho rico con el cultivo y la exportación del café. También dicen que fue el que recibió a Justo Armas y le presentó a la alta sociedad de San Salvador, porque también dicen que era masón. Por eso mismo, la familia Arbizú fue la que acogió en su casa, durante sus últimos años, a Justo Armas y esa es la misma razón por la que ahora está enterrado en su panteón familiar.


De hecho, el padre y la tía de Alicia fueron los primeros que escribieron sobre Justo Armas. Incluso, al morir, Justo dejó todos sus bienes a esa familia y todavía los poseen.

Por tanto, Alicia Lardé, la esposa de John Nash, con el que murió en un extraño accidente automovilístico, conocía muchos secretos de Justo Armas.

Se podría pensar que ella pensaba contar todo lo que sabía y a algunos no les haría mucha gracia, porque todavía hay varios grupos no interesados en que se sepa toda la verdad.

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jueves, 29 de enero de 2026

RASPUTIN Y LA FAMILIA IMPERIAL RUSA

 

Hoy voy a narrar la biografía de un personaje de indudable importancia en la Historia de Rusia.

Grigori Yefimovich Rasputin, que era su verdadero nombre, nació en 1869 en una pequeña localidad de la provincia siberiana de Tobolsk, en Rusia.

Parece ser que tuvo otros 8 hermanos, los cuales murieron todos en la infancia, salvo una hermana, llamada Feodosia, de la cual se tienen muy pocos datos.

Pertenecía a una familia de campesinos y ese fue su trabajo durante muchos años.

Por lo visto, a los 18 años, se casó con una joven, que vivía en una localidad situada a unos 200 km de la suya. De ese matrimonio nacieron 7 hijos, pero sólo sobrevivieron 3. Un chico y dos chicas.

No se conoce el motivo por el que, en 1897, abandonó el hogar familiar para trasladarse a vivir a un monasterio. Unos autores dicen que fue por un problema con su fe ortodoxa y otros, porque la Policía lo buscaba por haber sido acusado de haber robado unos caballos.

En el Monasterio de Verjoturye observó muy de cerca la vida de los monjes. Sin embargo, él no se convirtió en monje, sino en una especie de hombre santo que peregrinaba por todo el país.

Parece ser que lo hizo influido por otro de esos peregrinos, ya anciano, llamado Makary. El cual también le enseñó a leer y a escribir.

A partir de entonces, dejó de beber alcohol y sólo comía vegetales. Peregrinó por diversos lugares y hasta llegó a Jerusalén.

También hay quien dice que se unió a la secta de los llamados Jlysty. Ésta era una gente muy curiosa. Decían que, para ser perdonados, debían de pecar gravemente. Así que se daban a todos los placeres, como comer y beber en demasía y practicar el sexo entre todos. Luego, se fustigaban con látigos para ser perdonados. Entre sus afiliados, no sólo había hombres, sino también mujeres.

Los que le conocieron decían que tenía el don de convencer a la gente. A ello le ayudaban sus ojos azules con su mirada penetrante. Así, poco a poco, fue ganando muchos adeptos, que le seguían a todas partes.

También se ganó la animadversión de muchos miembros del clero ortodoxo, porque les hacía la competencia. Estos fueron los que le acusaron de ser un miembro de los Jlysty.

No sé si sería para quitárselo del medio, lo cierto es que, en 1903, las autoridades eclesiásticas de su zona le dieron una carta de recomendación para el director del seminario de San Petersburgo.

Parece ser que le cayó muy bien al archimandrita Teofán, que era la máxima autoridad eclesiástica de la capital. Así que éste lo fue presentando en los salones de los nobles.

En aquella época, estaban muy de moda el espiritismo y la teosofía. Sin embargo, Rasputin no hablaba de ello, sino de asuntos religiosos, en un lenguaje comprensible para todo el mundo.

De esa manera, pudo ir conociendo a la flor y nata de la alta sociedad de San Petersburgo. Incluso, entre sus seguidores, se hallaban dos princesas montenegrinas, casadas con dos primos del zar Nicolás II, que fueron las que le convencieron para que lo recibiera en su palacio.

Según cuentan, Rasputín fue recibido por el zar Nicolás II y la zarina a principios de noviembre de 1905. Éste quedó muy complacido y anotó en su diario: “Hemos conocido a un hombre de Dios, Grigori, de la provincia de Tobolsk”.

La mejor amiga de la zarina fue una aristócrata llamada Anna Vyrubova. Por lo visto, la zarina le encargó que fuera a la localidad de residencia de Rasputin e investigara quién era y si podía hacer algún tipo de milagro.

La zarina estaba muy preocupada por la salud de su hijo, Alexis, el heredero a la corona, que padecía hemofilia. No olvidemos que la zarina estaba emparentada con

la reina Victoria, cuyos muchos descendientes provocaron que los varones de varias casas reales padecieran esa misma enfermedad.

Aparte de haberle transmitido esa enfermedad a su hijo, la zarina era de origen alemán y eso hacía que muchos le echaran la culpa de los muchos males que padecía Rusia.

A partir de entonces, la zarina telegrafió varias veces a Rasputin, cada vez que su hijo recaía en su enfermedad. Él la aconsejaba, diciéndole que sólo rezaría por él y que no dejase que se le acercaran los médicos.

Hay quien dice que el problema es que los médicos le solían recetar aspirina para mitigar los dolores, pero todavía no se sabía que ese medicamento favorecía la pérdida de sangre.

También se hizo amigo de los hijos del zar. Algo que no gustó mucho a los miembros de la corte. Incluso, algunos llegaron a insinuar que quería seducir a la propia zarina o a alguna de sus 4 hijas. De hecho, tenía fama de seductor y juerguista. 


Por ello, el zar le recomendó que abandonara, durante un tiempo, la capital y éste se fue a visitar Palestina.

Algunas de sus seguidoras decían verlo como un Cristo viviente y, si se acostaban con él, podrían conseguir que parte de su santidad se les contagiara a ellas.

En julio de 1914, una joven campesina, llamada Khioniya Guseva cometió un atentado contra Rasputin, clavándole una daga en el estómago. No pudo rematarle, porque éste se defendió con un palo.

La zarina le envió a su médico personal, que fue el que le operó y consiguió salvarle la vida.

Guseva era una mujer muy extraña. Le faltaba la nariz. Posiblemente, algo causado por la sífilis.

La muchacha era seguidora de otro predicador, llamado Iliodoro, el cual odiaba a Rasputin. Sin embargo, en los interrogatorios, siempre sostuvo haber actuado sola. No obstante, se sabe que Iliodoro huyó al extranjero para no ser detenido en Rusia. Mientras que la joven fue declarada loca y encerrada en un manicomio.

Por otra parte, en diciembre de 1916, un grupo de nobles, liderados por el gran duque Dimitri Pavlovich, primo del zar, y Félix Yusupov, casado con una sobrina del zar, idearon un complot contra Rasputin, acusándolo de que tenía demasiado poder sobre los miembros de la familia imperial.

Parece ser que Yusupov era homosexual y visitó a Rasputin con el pretexto de que intentara eliminar su tendencia sexual. Además, estaba casado con una bella princesa, sobrina del zar, y, por ello, varios miembros de la familia imperial se habían opuesto a esa boda.

Así que, el 11 de diciembre, le invitó a su palacio, donde le dijo que le presentaría a su esposa. Algo imposible, porque ella se hallaba de viaje, muy lejos de la capital.

Parece ser que los implicados en ese crimen cenaron con él en una habitación, situada en el sótano del palacio Yusupov.

Por lo visto, le ofrecieron pasteles y vino. Todo ello bien mezclado con cianuro, pero no consiguieron que muriera.

Según María, una de las hijas de Rasputin, desde que su padre sufrió ese atentado, ya no pudo comer dulces, porque le producían mucha acidez. También solía beber vino para soportar sus dolores crónicos.

Así que, como tenía un nivel de acidez estomacal muy bajo, el cianuro no consiguió hacerle un efecto inmediato.

Parece ser que Yusupov perdió la paciencia y le disparó al estómago con una pistola de Dimitri. Sin embargo, no consiguió que Rasputin muriera en el acto. Así que éste intentó huir de allí, pero otro de los asistentes, le disparó en la espalda.

Aprovecharon para tirar de su cuerpo hacia dentro y desnudarle. Después, quemaron sus ropas y arrojaron el cuerpo al río, desde lo alto de un puente.

No se sabe cómo se enteraron los periodistas, pero lo cierto es que, al día siguiente, ya empezaron a publicar los detalles del asesinato. Por ello, fueron, enseguida, detenidos los dos principales implicados: Yusupov y Pavlovich.

Según dijo su hija María, ella y su hermana fueron a avisar de la desaparición de su padre a Anna Vyrubova y ésta le metió prisa a la Policía. De esa forma, pronto encontraron restos de sangre en la barandilla del puente desde el que lo habían lanzado y también encontraron una de sus botas flotando en el agua.

Sin embargo, el cuerpo de Rasputin no fue encontrado en el río hasta el día 19 de diciembre. Curiosamente, al hacer la autopsia, los médicos se dieron cuenta de que había llegado todavía vivo al río y allí había muerto ahogado.

El cadáver de Rasputin fue enterrado en el jardín de la casa de Vyrubova, situado junto al Palacio de Alejandro, en la localidad de Tsarskoye Selo. A unos 50 km al SE de San Petersburgo.

Como los miembros de la familia imperial no podían ser procesados, sin la autorización del zar, éste dispuso que fueran exiliados. A Dimitri lo enviaron a luchar en la I Guerra Mundial en el frente de Irán. Mientras que a Yusupov y a su esposa los enviaron a una localidad fronteriza con la actual Ucrania.

De todos modos, gracias a ello, los tres se salvaron de caer en las garras de los bolcheviques, cuando sucedió la Revolución Rusa. Al contrario de lo que les ocurrió a muchos nobles y los miembros de la familia imperial. Como todos ya sabemos, estos últimos fueron asesinados en Ekaterimburgo.

Según dicen, Rasputin, unos días de ser asesinado, le envió una carta al zar en la que le decía que, si él era asesinado por los nobles, la familia imperial no sobreviviría más de 2 años. Como así fue.

 

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martes, 27 de enero de 2026

LA MASACRE DEL DOMINGO SANGRIENTO

 

Hoy voy a narrar un hecho, que, según creo, fue uno de los principales motivos por los que condenaron a muerte al zar Nicolás II de Rusia.

El zar había nacido en 1868 y sucedió a su padre, Alejandro III, que murió joven. Nicolás era un hombre con poca personalidad, que se dejaba influir por sus familiares.


Algunos de ellos eran sumamente conservadores.

Los zares siempre habían sido muy respetados por la mayoría del pueblo. Incluso, muchos de ellos lo llamaban “el padrecito” y pensaban que los protegería de todos los males, porque estaba ungido por Dios.

Era casi como esos monarcas musulmanes, que dicen ser sucesores de Mahoma y, aparte de su poder político, también tienen un poder religioso.

Estaba casado con una princesa alemana y tenían 4 hijas y 1 hijo. Este último, necesitaba muchos cuidados médicos, ya que padecía hemofilia. También llamada la enfermedad de la sangre azul. Por lo visto, el pueblo le achacaba a su esposa todos los males de la familia imperial.

Nuestro segundo personaje era Gueorgi Apolonovich Gapón. Nacido en 1870 en lo que hoy es Ucrania. Vivió en una familia acomodada, pues su padre era un granjero bastante rico.

En 1896 ingresó en un seminario y se casó, pero enviudó dos años después, recibiendo el orden sacerdotal en 1905. Ya sabemos que a los sacerdotes ortodoxos les permiten estar casados.

El padre Gapón organizó una especie de sindicato llamado Asamblea de obreros industriales rusos, el cual tenía el beneplácito del Gobierno y estaba protegido por la policía zarista. Parece ser que Gapón estaba muy influido por las ideas de Tolstoi.

No era un simple sacerdote, sino una especie de misionero, que solía aportar discusiones religiosas en talleres, comedores, etc. El objetivo de su sindicato era defender los derechos de los trabajadores y no salirse de la fe ortodoxa.

El sindicato estaba tan protegido por el Estado que empezaba sus reuniones rezando un Padrenuestro y las terminaba cantando el himno nacional, llamado Dios salve al zar. De hecho, para ser miembro de ese sindicato había que acreditar ser también fiel a la iglesia ortodoxa rusa.

Por otro lado, también hay quien afirma que ese sindicato recibía financiación de los servicios de Inteligencia de Japón. Así que, muy pronto, el sindicato llegó a contar con unos 8.000 afiliados.


El último personaje de esta historia es Vladimir Alexandrovich, hermano menor de Alejandro III y, por tanto, tío de Nicolás II.

Nacido en 1847, hizo carrera en el Ejército, pero también fue ministro y senador en diversas ocasiones. Parece ser que era un tipo muy conservador y amante de tratar con mano dura al pueblo. En el momento que nos ocupa era el gobernador militar de San Petersburgo.

El 08/01/1905, según el calendario juliano, sin embargo, el 21/01/1905, según nuestro actual calendario gregoriano, los partidos y sindicatos de la oposición convocaron una huelga general, protestando por lo mal que iba la economía rusa.

El domingo 09/01/1905, el padre Gapón organizó una especie de procesión, en la que miles de personas de su sindicato, encabezados por él y otros sacerdotes ortodoxos, se dirigieron al Palacio de invierno. Su objetivo era entregarle al zar un mensaje, donde pedían mejorar los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores y terminar con la guerra con Japón.

También ocurría que la gente estaba hambrienta, debido a las malas cosechas.

Fue una procesión muy pacífica. Curiosamente, los que iban en ella llevaban iconos y hasta retratos del zar, junto con banderas de Rusia.

Casualmente, ni el zar, ni su familia se encontraban en el Palacio, sino que habían decidido pasar el fin de semana en otra residencia real a las afueras de la capital. A pesar de que sabían que se iba a producir esa marcha, porque había sido autorizada por el Gobierno.

Sin embargo, la noche anterior al acto, los ministros se reunieron de urgencia y tomaron la decisión de publicar que el zar no iba a estar en el Palacio de invierno. Por tanto, no deberían de realizar esa marcha.

Sin embargo, los obreros no se enteraron de que el zar no iba a estar allí y comenzaron la marcha desde varios puntos de la capital para converger ante el Palacio de invierno alrededor de las 14.00.


Incluso, animaron a asistir a las mujeres y los niños.

Por el contrario, el Gobierno trasladó varias unidades militares a la capital, sumando unos 10.000 hombres.

Sin embargo, cuando los policías y los militares vieron a esta gente con esos iconos y los retratos del zar, los saludaron.

Por una parte, algunos oficiales permitieron el paso de los manifestantes, pero en grupos más pequeños.

Por otra parte, otros oficiales dieron la orden de disparar contra los manifestantes en diversos puntos de la capital. Concretamente, el grupo de Gapón fue atacado junto a la Puerta de Narva, pero hubo tiroteos en diversos lugares de la ciudad. Parece ser que el que dio la orden de disparar fue Vladimir, el tío del zar.

El padre Gapón dijo: “¡Ya no hay Dios, ya no hay zar!”. Ese día, la mayoría de los rusos dejaron de llamar “padrecito” al zar y desearon perderlo de vista cuanto antes.

También los militares perdieron su prestigio, porque atacaron a su propio pueblo.

Curiosamente, sobre las 14.00, muchos rusos paseaban cerca del Palacio de invierno, como solían hacerlo todos los domingos por la tarde, pero no tenían nada que ver con los manifestantes.

Sin embargo, cuando llegó hasta el Palacio un grupo de manifestantes, una unidad de Caballería y otra de Infantería de la Guardia imperial, que estaban de reserva, dispararon contra los dos grupos y luego atacó la Caballería.

No se conoce con certeza el número de víctimas, pero se calcula que fueron unos 1.000 muertos y unos 800 heridos.

Incluso, creo recordar que esa escena aparece en la famosa película “Doctor Zhivago”.

Parece ser que Gapón salvó la vida con la ayuda de un activista judío, llamado Pinhas Rutenberg, huyendo de Rusia con la colaboración de Máximo Gorki.

No podía quedarse allí, porque excomulgó al zar y pidió que fuera derrocado. Aquello era lo más lógico, porque el escándalo fue terrible y se multiplicaron las manifestaciones de los sindicatos obreros.

Huyó hasta Ginebra, donde conoció a varios líderes rusos exiliados, como Lenin, y luego se trasladó a Londres.

Sin embargo, supongo que añoraría Rusia y regresó para volver a contactar con la Policía zarista rusa.

También se reencontró con Rutenberg, que pertenecía al Partido Socialista Revolucionario y le quiso convencer para que también colaborase con la Policía zarista, porque decía que eso era bueno para la defensa de los trabajadores.


A finales de marzo de 1906, Rutenberg citó a Gapón para reunirse con él en una casa de campo a las afueras de San Petersburgo.

Parece ser que allí, el sacerdote, volvió a proponerle colaborar con la Policía zarista.

Posteriormente, Rutenberg dijo que salió de esa habitación y habló con 3 camaradas suyos, que estaban escuchando en la habitación de al lado. Estos entraron en la habitación, donde estaba Gapón, y lo ahorcaron.

Nicolás II había calificado el Domingo sangriento como “un día doloroso y triste”. Sin embargo, no tomó ninguna medida contra su tío, que fue el que ordenó la masacre. Vladimir murió a causa de una hemorragia cerebral en 1909. No obstante, el zar tuvo que hacer algunas concesiones, como la creación de la Duma o parlamento.

En el caso de Nicolás II y su familia, todos sabemos que, en 1917, tras la Revolución rusa, fueron detenidos y trasladados a varios lugares.

En julio de 1918, mientras residían en la Casa Ipatiev, en Ekaterimburgo, los miembros de la familia imperial, su médico y varios miembros del servicio, fueron obligados a bajar al sótano de ese edificio, donde fueron asesinados.

El zar Nicolás II, después de esta masacre, no consiguió remontar su popularidad entre su pueblo. Cuando fue derrocado, nadie fue a defenderlo.

Algo parecido le ocurrió a Alfonso XIII, cuando el 14/04/1931, tuvo que marcharse de España, porque nadie movió un dedo para defenderle. Ni siquiera los militares, que se apresuraron a romper la corona que llevaban en sus gorras.

En la actualidad, también están viendo los ciudadanos de muchos países que sus respectivos gobiernos no tienen la intención de cuidar y defender a su pueblo. Más bien, parece lo contrario.

 

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jueves, 22 de enero de 2026

RICARDO DARRÉ, UN PERSONAJE CASI DESCONOCIDO

Hoy voy a narrar la historia de un personaje, que, como he mencionado en el título, es casi un desconocido hoy en día.

Ricardo Walther Óscar Darré, que era su nombre completo, nació en 1895 en Buenos Aires (Argentina).

Nació en el seno de una familia muy acomodada. De hecho, vivieron en el barrio de Belgrano, uno de los más elegantes de la ciudad.

Su padre, un inmigrante alemán, era socio y vicepresidente de una empresa de importación-exportación, cuya sede estaba en Alemania.

El apellido Darré viene de que perteneció a una familia de hugonotes franceses, que se vio obligada a huir a Alemania.

Mientras tanto, su madre, era una mujer de origen sueco, pero que se había formado en Alemania. De ahí viene la educación tan estricta que le dieron a este hijo. También tuvieron otro hijo llamado Erich y una hija llamada Ilse.

Con tan sólo 9 años fue enviado a estudiar a Alemania. Posteriormente, estuvo formándose para ser un funcionario en las antiguas colonias alemanas.

Al estallar la I Guerra Mundial, se alistó como voluntario y sirvió como oficial de Artillería. Fue herido en varias ocasiones y recibió la famosa Cruz de hierro.

Al terminar ese conflicto, no sabía qué hacer y estuvo luchando contra los comunistas en los llamados Freikorps, donde conoció a los que luego serían los líderes nazis.

En 1922, decidió estudiar la carrera de ingeniero agrónomo en la Universidad de Halle. Especializándose en la cría del ganado. Algo que tendría mucha influencia en su vida.

Es posible que su afición por el campo le viniera, porque de niño acompañaba a su padre a visitar las fincas, donde compraba lana y cuero para exportarlo a Alemania.

Ese mismo año, se casó con Alma Staadt, con la que tuvo dos hijas. Se divorciaron 5 años más tarde.

En 1931, se casó con la baronesa Charlotte Freiin von Vittinghoff-Schell, con la que tuvo otra hija.

Fue en esos años cuando conoció a los miembros de cierto grupo nacionalista y donde desarrolló su teoría a la que llamó sangre y tierra. Con la sangre se refería a una nación con una etnia pura y la tierra se refería a la defensa de la tierra donde se vivía.

Era partidario de que, a la muerte de un campesino, no se repartieran sus tierras entre sus hijos, sino que se las dieran al mayor, para no cultivar parcelas cada vez más pequeñas.

Fue en 1930, cuando un arquitecto nazi, amigo suyo, le presentó a Hitler, decidió afiliarse al Partido Nacionalsocialista.

En 1932, Himmler, que también era ingeniero agrónomo y era amigo suyo, lo nombró director de una oficina para implementar las políticas raciales y supervisar el ingreso de los nuevos miembros de las SS.

Curiosamente, Darré, parecía el modelo de ario, que proponían los líderes nazis. Un hombre alto, rubio y con ojos azules. Todo lo contrario de cómo eran Hitler, Himmler, Goering y Goebbels.

Ese mismo año, fue elegido diputado en el Parlamento alemán y conservó su escaño hasta el final del régimen nazi.

En junio de 1933 fue nombrado ministro de Agricultura y alimentación y también líder de los campesinos del Reich.

Parece ser que dominaba ampliamente la oratoria, pues consiguió convencer tanto a los agricultores modestos, como a los terratenientes para que apoyaran al nuevo régimen. Incluso, formó a algunos de ellos para que pudieran trabajar como colonos en las nuevas tierras de los países que invadieran.

Curiosamente, era un tipo con unas ideas muy raras. Pretendía que la gente volviera a trabajar en el campo y dejara de hacerlo en la industria. De hecho, su mayor sueño era que desaparecieran las fábricas y toda la gente trabajara en el campo ¡En uno de los países más industrializados del mundo!

Uno de sus grandes éxitos fue que convenció a los terratenientes para que cediesen parte de sus tierras a fin de entregarlas a los campesinos más pobres.

Ayudó a los campesinos a pagar sus deudas, pero no les permitió hipotecarse, ni abandonar sus tierras. Ello le granjeó muchas enemistades en el Gobierno, porque no quería que los campesinos fueran a trabajar a las fábricas de armas.

Se le consideraba uno de los nazis más radicales. Despreciaba cualquier religión, porque decía que podía debilitar el “espíritu germánico”.

También fue el redactor de las leyes para el matrimonio de los miembros de las SS. Con ello, pretendía crear una especie de pureza racial y utilizaba los mismos métodos de cruce que se usan en la ganadería.

También era algo parecido a un ecologista muy radical, porque era enemigo de los insecticidas y abonos industriales y sólo permitía utilizar abonos naturales. Eso dio lugar a la ruina de las grandes fábricas alemanas de productos para la agricultura y la ganadería.

Supongo que su política fracasó en cuanto los campesinos fueron movilizados para la guerra y fue preciso utilizar abonos e insecticidas químicos para conseguir mayores cosechas.

Incluso, desarrolló un plan para colonizar las tierras, cuando Alemania invadiera los países de la Europa oriental.

Parece ser que no participó en las matanzas raciales de los nazis, pero sí fue uno de los ideólogos principales, que dieron lugar a ellas. De hecho, en sus escritos se puede leer que era partidario de esclavizar a los habitantes de Europa oriental a fin de que trabajasen en el campo para sus amos alemanes.

También fue el ideólogo principal de aquella idea de crear una especie de raza pura aria, a base de que nacieran hijos de mujeres nórdicas y miembros de las SS.

Por lo visto, se llevaba muy bien con Hitler. Sin embargo, eso cambió cuando Hitler decidió expropiar las tierras a los terratenientes. Darré se enfadó mucho, porque él les había dicho que cedieran una parte de sus tierras y les había asegurado que ya no les molestarían nunca más.

Así que no está muy claro si Hitler lo cesó, en 1942, o fue Darré el que dimitió de todos sus cargos. Por ello, se retiró a vivir en una casa que poseía en un bosque cercano a Berlín.

En 1945, fue detenido por las tropas USA y juzgado 2 años más tarde. Se le condenó a 7 años de prisión.

Sin embargo, debido a su mala salud, fue liberado en 1950 y murió 3 años más tarde a causa de un cáncer de hígado, pues se había vuelto un alcohólico.

Siempre se le consideró demasiado teórico y, en sus últimos años, se dio cuenta de que Hitler había convertido Alemania en una máquina de guerra y también que despreciaba a todos los campesinos. Algo que le incomodó mucho, pues consideraba a los campesinos como a una especie de sacerdotes de la naturaleza.

Otro de los sueños de Darré fue llenar Argentina de colonos alemanes para cultivar las tierras de ese país tan extenso. Con la condición de que no se mezclaran con gentes de otros orígenes.

Sin embargo, lo que nunca le gustó de Argentina era la mezcla de gentes, llegadas de todos los lugares del planeta, que poblaban ese país.

Ciertamente, no participó en las matanzas del Holocausto. Sin embargo, fue uno de los principales ideólogos y fue condenado por ello.

Aunque no participó en la logística para que pudiera escapar miles de nazis de Alemania y llegaran a Argentina, es muy probable que él y su familia, que tenía mucha amistad con el presidente Perón, hicieran gestiones para que los admitieran y los escondieran allí.

De hecho, varios alemanes residentes en Argentina fueron los que dieron cobijo a muchos de estos nazis, que huían de Alemania.

Incluso, el gran investigador argentino Abel Basti, ha llegado a afirmar que el propio Hitler consiguió huir de Alemania y refugiarse en Argentina, donde residió durante varios años.

En resumen, se trataba de un hombre nacido en América, que se trasladó a Alemania para intentar imponer una serie de ideas medievales en el país más desarrollado de Europa.

Incluso, yo diría que consiguió no ser condenado a muerte, como les ocurrió a otros líderes nazis, porque era un experto en eso que llaman tirar la piedra y esconder la mano.

 

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lunes, 29 de diciembre de 2025

EFEMÉRIDE DEL DÍA

 

Como todos sabemos, al residente en la Moncloa, le encanta colocar a sus afines en lugares estratégicos para tenerlo controlado todo.

Precisamente, como hoy se celebra la festividad de Santo Tomás Becket, al que ya dediqué uno de mis artículos, me ha venido a la memoria lo ocurrido con este personaje.

Tomás fue siempre muy amigo de Enrique II, rey de Inglaterra. De hecho, fue su primer ministro y su compañero de todo tipo de juergas.

El caso es que el monarca andaba escaso de presupuesto y quería hacerse con los bienes de la iglesia de su país.

Vio la ocasión más propicia, cuando murió el arzobispo de Canterbury y no se le ocurrió otra cosa que nombrar a Tomás para ese puesto. Alguien que ni siquiera era sacerdote.

Sin embargo, Tomás se tomó muy en serio su nuevo trabajo y tenía muy claro que ya no le debía lealtad al rey, sino a la Iglesia.

El primer conflicto surgió cuando unos nobles asesinaron a unos frailes y Tomás le exigió al rey que se los entregara para que los juzgaran los tribunales eclesiásticos. A lo que se opuso el monarca, que era descendiente de Guillermo el conquistador.

Luego tuvieron varios roces más y eso supuso que Tomás excomulgara al rey. Algo que, en aquella época, era muy peligroso, pues podría dar lugar a que le obligaran a abdicar.

Tomás tuvo que exiliarse en Francia. Sin embargo, regresó cuando obtuvo el perdón real.

No obstante, el rey quiso seguir acaparando las riquezas de la Iglesia y Tomás se opuso a ello.

Así que una noche, en la que estaba más borracho que de costumbre y le acompañaban tres de esos pelotas, que suele haber en todas las Cortes reales, exclamó que si no había nadie en el mundo que le quitara del medio a Tomás.

Así que tal día como hoy, pero de 1170, esos tres esbirros se presentaron en la abadía de Westminster y, cuando Tomás estaba dando una misa, le asesinaron, dándole un tajo con la espada en la cabeza.

Al día siguiente, el rey quedó consternado por el asesinato cometido y condenó a muerte a sus asesinos.

No obstante, el fin de las hostilidades no acabó hasta que el rey se presentó en la abadía y fue azotado, públicamente, por un grupo de monjes.

Todo eso aparece en la gran película Becket. Estrenada en 1964. Dirigida por Peter Glenville y con la actuación magistral de sus dos protagonistas: Peter O’Toole y Richard Burton.

Una película muy recomendable, la cual está basada en la obra teatral “Becket o el honor de Dios”, escrita por Jean Anouilh y estrenada en 1959 en París.

Aprovecho para desearos a todos un MUY FELIZ AÑO 2026.