ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 29 de mayo de 2026

RESUMEN FINAL DEL 2 DE MAYO DE 1808

 


Con este artículo voy a dar por terminado el ciclo de artículos sobre el comienzo de la guerra de la Independencia.

En primer lugar, hay que decir que Madrid nunca había tenido unas murallas como tales. Salvo las pocas que construyeron los moros en la Edad Media. Todavía se pueden observar un lienzo de estas, junto a la catedral de la Almudena.

Lo que sí había alrededor de Madrid era un muro no demasiado alto, construido a base de ladrillos y adobe, con el único fin de cobrar impuestos a todos los que vinieran de fuera a vender sus productos en la capital.

Para ello, debían de entrar por cualquiera de sus 5 puertas principales o sus 12 portillos. Algunas de esas puertas todavía existen.

Madrid tenía unos 160.000 habitantes, que solían ser gente pacífica, aunque a veces se organizaban motines. Como ocurre ahora con las muchas manifestaciones, que se realizan en esta ciudad.

Carlos IV llegó al trono cuando ya había cumplido los 40 años. Se supone que era un hombre muy maduro, en una España, donde la esperanza de vida era de unos 30 años.

Parece ser que Carlos IV nunca se preocupó por las tareas de gobierno. Algo que lamentó mucho su padre, Carlos III. Sin embargo, siempre fue amante del ejercicio físico y, sobre todo, de la caza. La verdad es que llegó al trono en muy mal momento. Al año siguiente se produjo la Revolución Francesa.

Casó con su prima María Luisa de Parma, cuando él tenía 17 años y ella sólo 14. Quedó embarazada en 24 ocasiones. Sin embargo, sólo sobrevivieron 7 de sus hijos.

Curiosamente, hace varios años, escribí un artículo sobre un confesor de esta reina, llamado fray Juan de Almaraz. Parece ser que ella le dijo, antes de morir, que ninguno de sus hijos era de Carlos IV y le dio permiso para que lo dijera después de su muerte.

Como Fernando VII tenía la obligación de enviar dinero a sus padres, en su exilio en la Toscana, y también a los que le acompañaban, ocurrió que dejó de enviarle el dinero al fraile y, cuando ya llevaba unos 2 años sin cobrar, no se le ocurrió peor idea que amenazar al rey con contar todo esto a los diplomáticos extranjeros. Así que el rey envió a unos cuantos esbirros a Italia, raptaron al fraile y lo encerraron casi de por vida en Peñíscola. Obligando al alcaide de esa prisión a que este preso estuviera completamente aislado. Algo que recuerda al Conde de Montecristo.


No sé si este fraile, cuyo nombre real era Juan Francisco Thomas León, sería amigo de Godoy, ya que ambos habían nacido en Badajoz.

Parece ser que la reina se encaprichó con Godoy, que empezó siendo un miembro de los guardias de corps. O sea, la Guardia Real.

Los reyes le fueron dando toda clase de honores y, por fin, le dieron el título de príncipe de la Paz. Algo totalmente ilegal, porque en España sólo puede haber un príncipe o princesa, que es el de Asturias. Incluso, llegaron a darle el tratamiento de alteza real.

Así que los seguidores del futuro Fernando VII empezaron a pensar que su padre estaba pensando en desheredarlo y cederle la corona a Godoy. Un político que había triplicado la deuda de España.

En marzo de 1808 se produjo el famoso Motín de Aranjuez, por el que al rey no le quedó más remedio que cesar a Godoy y abdicar en nombre de su hijo.

Godoy había firmado un pacto de alianza militar con Napoleón. Éste había decretado el embargo económico sobre el Reino Unido. Así que todos los países europeos dejaron de comerciar con los británicos, salvo Portugal y Rusia. Ese fue el motivo por el que los invadió.

Supongo que Napoleón se dio cuenta de que Godoy era una persona muy ambiciosa. Así que pactó con él que, si dejaba que sus tropas atravesaran la Península Ibérica, para invadir Portugal, le cedería el Algarve, para que fuera su reino.

En un principio, las tropas francesas atravesaron pacíficamente el territorio español e invadieron Portugal, conjuntamente con tropas españolas.

Sin embargo, continuó enviando más tropas, que se fueron haciendo con las principales fortalezas del país.

El mariscal Murat fue enviado a Madrid. Tenía bajo su mando a unos 10.000 soldados en la capital y unos 20.000 más en los alrededores.

Murat también ambicionaba el trono de España. Así que, por orden de Napoleón, fue enviando a toda la familia real a Francia.

Como tantas tropas no cabían en los cuarteles de la capital, exigieron que los nobles acogieran a los altos mandos, mientras que el resto del pueblo tuviera que mantener en sus casas a los soldados. Incluso, habilitaron conventos como cuarteles.

Lógicamente, esto provocó muchas molestias que se tradujeron en enfrentamientos a causa de los malos modales de algunos de estos soldados, que quisieron abusar de las mujeres de las casas donde habían sido acogidos. Esto provocó unas cuantas bajas entre los franceses, antes del 2 de mayo. No olvidemos que, en aquella época, casi todo el mundo portaba una navaja de grandes dimensiones, porque las calles eran inseguras y peligrosas.

Murat instaló su cuartel general en el Palacio Grimaldi, que había sido la residencia de Godoy, ya que ambos eran muy amigos del lujo. Este edificio está situado al lado del Senado.

Hay quien dice que Murat había recibido la orden de Napoleón de cabrear todo lo posible a los madrileños para luego reprimirlos duramente a fin de acallarlos para siempre. Algo que le había dado resultado en otros sitios.

Por lo visto, el 01/05/1808 ya se produjeron algunos incidentes, cuando la gente salió de una misa, en una iglesia de la calle de Alcalá, y se encontró con los franceses, que desfilaban por esa calle hacia el antiguo Palacio del Buen Retiro.

Yo soy de los que creen que lo que ocurrió al día siguiente fue algo que se les escapó de las manos a los organizadores de esos hechos.

El domingo 01/05/1808 se fueron repartiendo panfletos y entonando canciones contra los franceses.

Así que la Junta de Gobierno, presidida por un hermano de Carlos IV, al saber que, al día siguiente, los franceses se iban a llevar al resto de la familia real, impartieron una serie de órdenes para acallar al pueblo.

Sin embargo, parece ser que los organizadores del motín también tenían conocimiento de ese traslado. Eso fue lo que dio lugar a que consiguieran convocar a tanta gente ante la puerta principal del Palacio Real.

Sobre las 8 de la mañana, se colocaron dos carruajes en la puerta que da a la calle Bailén. Media hora más tarde, bajó María Luisa, reina de Etruria e hija de Carlos IV, acompañada de sus hijos y unos criados. El año anterior había sido expulsada de su reino por las tropas francesas. Esa era la razón por la que vivía en Madrid con sus padres, ya que era viuda. Ese coche de caballos partió con destino a Francia.

El segundo coche de caballos estaba destinado al infante Francisco de Paula. Éste era un joven de unos 14 años y se hallaba enfermo. Así que, cuando le dijeron que tenía que irse, se puso a llorar. Algo que oyeron los que estaban en la calle.

Un cerrajero del bando fernandino, llamado José Blas Molina y Soriano, de unos 35 años, se puso a gritar: “¡Traición, traición! ¡Se han llevado al rey y se quieren llevar a todas las personas reales! ¡Mueran los franceses!”.

Incluso, un militar se asomó a un balcón, gritando que se iban a llevar al infante. Eso enardeció a aquella masa e hizo que algunos cortaran las riendas a los caballos.

Curiosamente, un hijo de este infante fue Francisco de Asís, el marido de Isabel II.

Murat envió a algunos de sus generales a comprobar la situación. Posteriormente, envió soldados y cañones, que se pusieron a disparar sobre los allí congregados. Algo que no había ocurrido nunca en los motines habidos en España. Incluso, mataron a varios funcionarios del Palacio Real.

El mencionado cerrajero fue el que condujo a la gente allí congregada hacia el Parque de Artillería de Monteleón, donde sabía que se custodiaba abundante armamento y munición.  Supongo que también sabría que allí estaba destinado el capitán Daoiz, que también era del partido fernandino.

Mientras tanto, Murat dio la orden de que entrasen en Madrid varias unidades acuarteladas en los alrededores. Esto dio lugar a que muchos civiles se enfrentasen con ellos sin apenas armas. Bloqueando las entradas de los cuarteles de los franceses. Incluso bloquearon la entrada por la Puerta de Toledo, lanzándose con grandes navajas hacia los caballos de los coraceros.

Mientras tanto, en Madrid había unos 8.000 militares. Sin embargo, la inmensa mayoría no hizo nada por defender al pueblo, siguiendo las instrucciones del capitán general Negrete.

Hubo quien lanzó, desde ventanas y balcones, todo tipo de objetos sobre los soldados franceses. Así que el inútil del general Grouchy, que hizo perder a Napoleón en Waterloo, se dedicó a enviar a sus soldados a esas casas y pasar a cuchillo a sus moradores.


Incluso, Murat, publicó un bando en el que advertía que podría incendiar las casas desde las que les lanzaran cosas a sus soldados.

Mesonero Romanos en su obra “Memorias de un setentón”, comenta que a uno de sus vecinos se le ocurrió disparar una vez desde su ventana contra los franceses. Estos le respondieron de la misma forma y luego marcaron, con sus bayonetas, la puerta principal del edificio con una X.

Por ello, los padres de Mesonero decidieron trasladarse a la casa de unos amigos hasta que pasaran estos tumultos. Por si se les ocurría incendiarles la casa. Cosa que no ocurrió.

Curiosamente, los presos que había en la cárcel de la corte, hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, le pidieron al alcaide que los dejara salir para participar en los combates, con la promesa de regresar. Respetaron lo prometido y sólo escapó uno.

En la Puerta del Sol se desarrolló un combate feroz, donde intervinieron fuerzas de Artillería y la Caballería de los mamelucos. Estos últimos sufrieron muchas bajas.

A primera hora de la mañana, el teniente de Artillería Rafael Arango llegó a su destino en el Parque de Monteleón. A mediodía llegó el capitán Daoiz y, un poco más tarde, el capitán Velarde.

Muy cerca de allí, en San Bernardo, estaba el cuartel de los Voluntarios del Estado. El coronel de ese regimiento, Esteban Giraldez Sanz y Merino, que era un afrancesado, no quiso enviar tropas a Monteleón. Sin embargo, parece que le convencieron, diciéndole que era para proteger al cuartel de la llegada de la gente.

De esa forma, aceptó la salida de una compañía, al mando del capitán Goicoechea y con el famoso teniente Jacinto Ruiz. Lo primero que hicieron fue desarmar a los 60 franceses, que guarnecían el parque.

No voy a dar los detalles del asalto al Parque de Monteleón, porque ya los he dado en otro artículo anterior.

Tras la rendición, los Voluntarios se retiraron, dejando 8 muertos y llevándose 9 heridos.


Incluso, antes de la rendición, los franceses intentaron engañar a los artilleros, cuando un oficial francés se presentó ante ellos, diciéndoles que ellos eran compañeros de armas y la misión de ambos era combatir contra los civiles.

Como el Parque no se podía defender desde sus muros, decidieron apostar a los civiles que sabían disparar en los balcones de las casas cercanas al cuartel. Luego, los franceses los echaron y dispararon desde allí hacia el cuartel.

Los heridos de ambos bandos fueron atendidos en el cercano convento de las Maravillas.

Murat quiso terminar pronto con ese foco de resistencia y ordenó un ataque con unos 2.000 hombres contra sólo unos 150, que todavía defendían Monteleón.

Hacia las 16.00, cuando el capitán general Saint Simón (un francés en el Ejército español) pidió que cesaran los combates, Daoiz estaba herido gravemente en una pierna y se apoyaba en un cañón, mientras que Velarde había muerto a causa de una bala que le alcanzó el pecho.


El general Lagrange se acercó a Daoiz para insultarle, en ese momento, éste se incorporó para atacarle con su sable, pero unos soldados franceses le atravesaron con sus bayonetas. Al cabo de muchos años, cuando se encontró la guerrera de Daoiz, se podían apreciar los agujeros de las bayonetas. No murió en el acto, sino unas horas más tarde, después de haber sido trasladado a su casa.

Daoiz y Velarde fueron enterrados, secretamente, en la iglesia de San Martín. Posteriormente, sus cadáveres fueron llevados a la Colegiata de San Isidro y, actualmente, sus cenizas reposan en la madrileña Plaza de la Lealtad.

Murat no se contentó con derrotar a los defensores del Parque, sino que dio la orden de fusilar a todos ellos. Incluso, sacaron a muchos heridos de sus camas para fusilarles. Por eso, muchos de ellos, como el teniente Ruiz, huyeron hacia diversos lugares de España.


Entre los defensores del Parque no sólo hubo hombres, sino también algunas mujeres, como Clara del Rey, con su marido y sus 3 hijos, y la joven Manuela Malasaña. Las dos murieron ese día. Sin embargo, dos de los hijos de Clara se salvaron. Ambas vivían muy cerca del Parque.

También hubo otras más, cuyos nombres no son tan famosos. Por ejemplo, María Beano, viuda de un oficial de Artillería, que decían que era la novia de Velarde. También la mataron.

A los franceses tampoco les tembló la mano a la hora de matar a los niños que les atacaron a pedradas. Igual que mataron a los que se asomaban a los balcones a mirar lo que pasaba. Todos tenían entre 8 y 12 años.

Sigo pensando que esta sublevación popular fue un acto organizado por el partido fernandino. De hecho, el propio Napoleón escribió a Murat, advirtiéndole de que había una sublevación en marcha, encabezada por el infante don Antonio, desde la Junta económica de Artillería, donde estaba destinado Velarde.

Esa misma tarde, varias autoridades españolas y francesas, recorrieron las principales calles de Madrid para pedir que cesaran los combates. La gente obedeció y se fue, confiadamente, a sus casas.

Sin embargo, Murat exigió la lista de los domicilios de los defensores del Parque. Luego dio la orden de detener a todos los que portaran armas blancas. En aquella época, era muy común llevar encima una navaja.

Los detenidos fueron llevados al actual edificio de la Comunidad de Madrid, en la Puerta del Sol, donde se les hacía un simulacro de juicio y luego, el general Grouchy, los mandaba fusilar.

Los franceses solían saquear las casas marcadas con una X en su puerta, antes de incendiarlas. Incluso, se llevaron a los criados de los nobles, propietarios de esas casas, para fusilarlos.

Los franceses fusilaron a sus víctimas, muchas de ellas inocentes, en diferentes lugares. Los principales fueron el Paseo del Prado, el patio de la iglesia del Buen Suceso (en la Puerta del Sol), en la Casa de Campo, en los alrededores de la actual Plaza de España, en la montaña del Príncipe Pío, en los muros de los Jerónimos, etc. Varios de los fusilados tenían menos de 18 años.

En la montaña de Príncipe Pío fueron fusilados 43 personas, cuyos cadáveres están depositados en el Cementerio de la Florida. Juan Suárez consiguió escapar y, gracias a él, conocemos lo ocurrido.

Como los franceses no autorizaron la retirada de los cadáveres hasta el día 12 de mayo, lo más práctico fue enterrarlos en una fosa común para evitar epidemias.

Afortunadamente, el Consejo de Castilla hizo varias gestiones a fin de que cesaran los fusilamientos y consiguieron convencer a Murat para pararlos.

La tarde del 2 de mayo, llegó el teniente Ruiz a Móstoles, donde se entrevistó con Juan Pérez Villamil, fiscal del Consejo Supremo de Guerra y secretario del Almirantazgo, que tenía una casa en ese pueblo. Fueron a hablar con Andrés Torrejón, alcalde de los nobles de Móstoles. En aquella época había un alcalde para los nobles y otro para los demás.

Le convencieron para que firmara un documento, donde, a falta de alguien de mayor autoridad, declarase la guerra a Francia. Ese documento fue llevado desde esa misma tarde a todas las localidades por donde pasa la actual autovía de Extremadura, para que hicieran copias y se difundiera por toda España.

Nunca se han conocido las cifras exactas de las bajas producidas en ambos bandos, durante los sucesos del 2 de mayo.

En el verano de ese año, se hizo un recuento de bajas españolas: 89 muertos y 52 heridos. Aunque se cree que fueron muchos más. Supongo que no incluirían los muchos fusilados a partir de ese día. Posteriormente, se dijo que fueron 400 muertos.

En cuanto a las bajas francesas, algún autor habla de 80 oficiales y 1.500 soldados muertos. Me parece una cantidad exagerada, porque los españoles apenas tenían armas de fuego.

Está muy claro que esto se les fue de las manos a ambos bandos. Supongo que iba a ser otro motín más de los que ya había habido antes en Madrid. Sin embargo, terminó con los terribles fusilamientos ordenados por Murat. Hay quien dice que los ordenó, siguiendo las instrucciones de Napoleón.

Hoy en día, el 2 de mayo es el día festivo de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, en su origen, fue decretado como día de luto nacional a perpetuidad.

En fin, reconozco que me ha quedado este artículo un poco largo, pero creo que el tema se lo merecía, porque esa gente dio su vida para que ahora podamos vivir en libertad.

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domingo, 17 de mayo de 2026

LAS TROPAS DEL MARQUÉS DE LA ROMANA EN DINAMARCA

 

 

Hoy voy a narrar un acontecimiento del que muchos habrán oído hablar. Sin embargo, creo que hay muchas cosas que no se han explicado y eso es lo que voy a intentar hacer hoy.

Como muchos sabrán, en 1796, se firmó el Tratado de San Ildefonso por el que España se aliaba con Francia.

Algunos dicen que, con ello, Godoy dejó a España rendida ante Napoleón. Sin embargo, parece ser que no fue del todo así. Quizás lo que pretendía era ganar tiempo para armarse y poder hacer frente a un Ejército potente y en pie de guerra, como era el francés.

Parece ser que Godoy se reunió con los embajadores de Prusia y Rusia para intentar formar una especie de frente común contra Napoleón. Sin embargo, parece ser que el embajador de Prusia le traicionó y le hizo saber esto al propio Napoleón.


Así que el gobernante francés, que era un tipo muy astuto, es posible que entonces fuera cuando se le ocurriera invadir España para que no se aliara con el Reino Unido.

Por tanto, lo primero que hizo fue exigir tropas y dinero para ayudarle en sus conquistas por Europa. También exigió que algunas unidades militares españolas se trasladaran a nuestras provincias de Ultramar.

Ya en 1805, Napoleón, exigió que enviaran tropas españolas al centro de Europa. Sin embargo, el Gobierno español sólo le envió dinero para acallarle.

No obstante, en 1807, Napoleón exigió que España enviara tropas, urgentemente, para asentarse en la zona de Dinamarca a fin de impedir cualquier desembarco británico en esa área.

Esto provocó una fuerte discusión entre Godoy y Carlos IV. El primero se mostró reacio a obedecer al francés, mientras que el monarca aceptó la imposición y se ordenó el envío de tropas.

Parece ser que Napoleón tampoco estaba muy contento con la reina de Etruria, hija de Carlos IV, la cual gobernaba como regente de su hijo, menor de edad, ya que era muy amiga de los británicos.

El año anterior, ella había pedido tropas para defender su reino y su padre se las envió. Supongo que, por ello, los franceses también exigieron que les cedieran esas tropas.

En un principio, se pensó en enviar como jefe de esas unidades al general O’Farrill, pero no se le nombró porque no se llevaba bien con Godoy. También se pensó en el general Castaños, que entonces era el jefe de la zona del Estrecho.

No sé por qué motivo se nombró para ese puesto al marqués de la Romana, pero así fue.

Pedro Caro y Sureda, que era su verdadero nombre, nació en 1761 en Mallorca. Realmente, no era un general procedente del Ejército de Tierra, sino de la Armada. Dentro de ella participó en muchos combates.

Parece ser que era una persona con una gran facilidad para aprender idiomas. Eso hizo que lo enviaran a hacer cursillos en diversos países.

A partir de 1793, comienza la guerra del Rosellón y se pasa al Ejército de Tierra, combatiendo en diversos frentes. Esa decisión la tomaron después muchos oficiales de la Armada, porque, tras la derrota de Trafalgar, casi nos habíamos quedado sin barcos.

En 1795, es ascendido a teniente general y nombrado capitán general de Cataluña. Un puesto con mucho poder sobre la población civil y militar de esa región.

Fue entonces cuando le nombraron jefe de la División del Norte, que fue el nombre que les dieron a las tropas que iban a ir destinadas a Dinamarca.

En abril de 1807 comenzó la marcha de esas unidades hacia el centro de Europa. Los primeros 8.700 de un total de 14.800 hombres, lo hicieron en 5 columnas, que atravesaron la frontera francesa a través de Irún y de Perpiñán. La mayor parte de esas unidades eran de Infantería y Artillería.

A finales de abril, comenzó el traslado de las unidades destinadas en Etruria hacia Dinamarca. Todas las tropas convergieron en Hanover, a mediados de julio de ese año.

Posteriormente, se les unieron unidades de Caballería e Ingenieros, en septiembre de ese mismo año.

Esa cifra de 14.800 soldados no era nada desdeñable. Eran nuestras
mejores tropas y más del 10% de todo el Ejército español. Incluso, en muchos dibujos se les ve acompañados por sus propias familias.

Así que ya podemos empezar a pensar que Napoleón ya había decidido invadir España y había empezado por eliminar todos los obstáculos posibles para su empeño.

Las tropas pasaron varios meses descansando en Hanover y Hamburgo para luego ser distribuidas a lo largo de la costa de Dinamarca.

Es entonces cuando comienzan a recibir las noticias de los sucesos ocurridos el dos de mayo de 1808 en Madrid y los militares empiezan a ver a los franceses como enemigos y no como aliados.

No obstante, les llega una orden del secretario de Estado, el afrancesado Mariano Luis de Urquijo y otros generales de la misma ideología, exigiéndoles que prestasen juramento de obediencia a Napoleón.

Eso dio lugar a que varias unidades se negaran a hacerlo y el mariscal Bernadotte, general en jefe de todas esas tropas, dio la orden de desarmarles y tratarles como prisioneros de guerra.

El marqués de la Romana se ve en un callejón sin salida. Sin embargo, los británicos, que ya habían puesto los ojos en estos militares españoles, enviaron a un curioso fraile católico, llamado James Robertson, para convencer a este general.

Curiosamente, el fraile, que hablaba varios idiomas, no conocía el español. Sin embargo, el marqués sí conocía el latín y ambos se entendieron en esa lengua.

Como, en un principio, el marqués, como es de suponer, desconfió del fraile británico, éste le mencionó varios versos del Cantar del Mío Cid. Una obra muy estimada por el general.

Otro de los personajes enviados para convencer a la Romana fue el teniente de navío Rafael Lobo, ayudante del almirante Ruiz de Apodaca, el cual ya había acordado con los británicos que enviaran varios navíos a fin de embarcar, secretamente, las tropas españolas desplazadas a Dinamarca.

Sin embargo, no todos los mandos españoles eran contrarios a Napoleón. También hubo algunos, como el general Juan Kindelán O’Reagan, que convenció a los soldados bajo su mando para que se opusieran a ser evacuados, alegando que no se podían fiar de las intenciones de los británicos.

De esa forma, unos 5.000 hombres juraron lealtad a Napoleón y combatieron en todos los frentes, menos en España. Incluso, los llevaron a combatir en Rusia, donde murieron la mayoría de ellos. El general Kindelán ya nunca pudo regresar a España y murió en Francia.

Con esos 5.000 hombres, que habían jurado lealtad a Napoleón, se formó el regimiento José Napoleón.

Por lo visto, cuando los llevaron a luchar en Rusia, aproximadamente,
unos 2.000 se pasaron al otro bando. Lucharon en el bando ruso con el nombre de regimiento imperial Alejandro, como el nombre del zar.

Por tanto, hubo españoles luchando en Rusia en los dos bandos. De los 3.200 que lucharon en el bando francés, sólo sobrevivieron unos 160, que fueron regresando a España a cuentagotas.

Sin embargo, sobrevivieron más los que habían luchado en el bando ruso. Así que, cuando terminó la guerra, regresaron a España y fueron muy bien recibidos. Incorporándose de nuevo al Ejército.

Por otro lado, varios nobles españoles, enviados por la Junta Suprema y encabezados por el conde de Toreno, viajaron al Reino Unido a fin de conseguir la ayuda británica para expulsar a los franceses de España.

El convoy con los militares españoles evacuados de Dinamarca fue primero a Suecia y, desde allí, en septiembre, fue llevado hacia Santander a donde llegarían a mediados de octubre.

Esas tropas formarían el núcleo central del llamado Ejército de la izquierda, al mando del cual nombraron al propio marqués de la Romana.

El problema es que llegaron en un mal momento. Justamente, cuando acababa de llegar el propio Napoleón con sus mejores tropas para apoyar a su hermano José, tras la derrota de Bailén.

Así que estas tropas españolas sufrieron una derrota tras otra, teniendo que replegarse al interior de Galicia para cubrir la retirada de las tropas del general británico John Moore, el cual también murió en combate.

A partir de entonces abandonaron las batallas campales y se
dedicaron a hostigar a los franceses a base de guerra de guerrillas. De esa manera consiguieron expulsarlos de Galicia.

A finales de 1810, el marqués recibió la orden de Wellington de trasladar sus tropas a Portugal a fin de formar una línea para defender Lisboa. Así consiguieron parar el avance de las tropas del general Massena.

En enero de 1811, cuando al marqués le ordenaron marchar hacia Badajoz a fin de levantar el sitio, al que estaban sometiendo los franceses a esa ciudad, ocurrió algo inesperado. El marqués apareció muerto y parece ser que fue debido a un aneurisma de la aorta.

Su sucesor fue el general Gabriel de Mendizábal. Ahí salieron perdiendo nuestros soldados, porque se trataba de un militar con poca experiencia en combates contra los franceses.

Así que, a primeros de febrero, se le ocurrió la idea de acampar junto al río Gévora, suponiendo que allí los franceses no se atreverían a atacarle.

Pues se equivocó, porque consiguieron vadear el río con unidades de Caballería e Infantería y los pillaron desprevenidos.

Aunque formaron cuadros apresuradamente para aguantar las embestidas de la caballería, no pudieron con los franceses.

Por ello, los 12.000 hombres de Mendizábal tuvieron 1.000 bajas. Otros 5.000 fueron hechos prisioneros. Unos 2.000 consiguieron llegar a Badajoz y el resto se fue a Portugal.

Sin embargo, a mediados de marzo, cuando los franceses lograron matar al general Menacho, que era el que defendía Badajoz, su sucesor, el general José Imaz, rindió la ciudad y cayeron prisioneros de los franceses.

La decisión de Imaz cayó como un jarro de agua fría tanto entre los defensores de la ciudad como en la Junta Central, la cual pidió que fuera detenido y llevado ante un consejo de guerra.

Fue una decisión inaudita, ya que la ciudad tenía unos 8.000 soldados, mientras que los franceses no llegaban a 9.000. Además, tenían suficientes provisiones y municiones para poder aguantar durante mucho tiempo.

De hecho, los mismos franceses reconocieron que estaban levantando el campamento para irse, cuando les llegó la noticia de la rendición de la ciudad.

A partir de ahí, el mariscal Soult ordenó que los prisioneros fueran llevados a Francia. La travesía de la Península duró varios meses. Eso hizo que muchos, que ya estaban muy debilitados, murieran por el camino o los mataran los franceses para no entorpecer la marcha.

Incluso, los llevaron a unos campos de prisioneros situados al norte de Francia, para que no pudieran regresar para combatir en España.

No obstante, algunos consiguieron huir hacia Suiza o Alemania. Sin embargo, la mayoría de ellos tuvo que aceptar que los alistaran en el regimiento José Napoleón, que era la única forma de salir del infierno de esos campos de concentración.

Así y todo, muchos consiguieron regresar, una vez terminada la guerra. Aquí se encontraron un país devastado por el conflicto bélico y sin poder reintegrarse a sus unidades, porque ya no existían.

Por lo que respecta al general José Imaz Altolaguirre, que no fue
llevado a Francia, sin embargo, fue detenido por unos guerrilleros, por orden del Consejo de Regencia.

Pasó dos años encarcelado en Cádiz, mientras se instruía su consejo de guerra. En él participaron unos 50 testigos.

Supongo que, aparte de tener un buen abogado defensor, el rey y los militares absolutistas presionarían para no dividir al Ejército con una posible condena a muerte. Así que, increíblemente, Imaz fue absuelto de todos los cargos, admitiendo su alegato de que los franceses habían abierto una brecha en la muralla y era imposible defenderla. Algo que era falso.

Parece ser que le debía mucho a Fernando VII, ya que, cuando se reintegró al servicio activo, fue uno de los mayores defensores del monarca. Incluso, fue el encargado de detener el pronunciamiento liberal del general Díaz Porlier, ocurrido en Galicia en 1815. Este general fue juzgado, expulsado del Ejército, condenado a muerte y ahorcado.

Imaz murió en Valladolid en 1828. Curiosamente, fue tío del famoso general carlista, Tomás Zumalacárregui, y también de su hermano Miguel, que combatió en el bando liberal.

Para terminar, más de uno se habrá preguntado cómo era tan efectivo el Ejército de Napoleón. Yo creo que había una razón muy importante. Mientras en casi todos los países de Europa exigían ser nobles para ingresar en las academias militares, en Francia no era necesario. De hecho, Napoleón despreciaba a la nobleza.

Por eso, cualquier soldado francés podía llegar a ser general. Todo dependía de su eficacia en el combate.

Precisamente, los famosos mariscales Soult, Ney, Massena y Murat, procedían de familias muy modestas y habían comenzado su carrera militar como soldados.

 

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domingo, 10 de mayo de 2026

EL PALACIO Y EL CUARTEL DE MONTELEÓN

 

 

Hoy voy a complacer a algunos de mis lectores, que me han pedido más datos sobre este edificio y los hechos que ocurrieron en él.

En 1690, cuando se empieza a construir el palacio, ya había allí una especie de casa de campo, pues estaba a las afueras de Madrid, propiedad de los marqueses de Tejada. Justo al lado se hallaba el Convento de las Maravillas.

Así que, en ese año, los marqueses de Tejada vendieron ese edificio, junto con un terreno de labor, que luego fue ampliado, a los duques de Monteleón.

Monteleón puede parecer un nombre español. Sin embargo, era un título, otorgado por el emperador Carlos V, en el reino de Nápoles. También tiene el mismo origen el ducado de Terranova. No tiene nada que ver con ese territorio americano.

Desde comienzos del siglo XVII se van entroncando varios miembros de la familia de Hernán Cortés, comenzando por su sobrina Estefanía, con los de la familia italiana Pignatelli.


Los primeros tenían, entre otros títulos el marquesado del Valle de Oaxaca y los segundos eran duques de Monteleón y de Terranova. Eso hizo que se unieran dos grandes fortunas.

También los Cortés estaban emparentados con el Gran Capitán, por lo que, igualmente, ostentaban el título de marqueses de Montalbán.

Por eso mismo, cuando los Monteleón compraron ese edificio con su inmenso solar anexo, lo primero que hicieron fue demolerlo para construir algo más lujoso y, para ello, utilizaron los fondos de sus inmensas propiedades en México.

Así fue construido un lujoso palacio de estilo churrigueresco, por donde pasaron importantes personajes de la historia de España. Se calcula que el palacio y los jardines ocupaban una extensión de 54.000 m2.

Si se quiere comparar, el terreno de un campo de fútbol sólo ocupa una extensión de 5.000 m2.

Como siempre fueron unos nobles muy cercanos a la Casa Real, cuando comenzó el reinado de Fernando VI, Isabel de Farnesio, viuda de Felipe V, estuvo viviendo varios años en ese palacio, mientras acababan de construirle el suyo en Riofrío.

Los que pudieron contemplar el lujo de ese palacio nos informaron que los techos estaban cubiertos con frescos. Había muchos tapices, alfombras, los braseros eran de plata y había gran cantidad de objetos de cristal de roca, porcelana, etc.

Aparte de las estatuas colocadas en el jardín, tenía una escalera, que algunos comparaban con la del Escorial. Nos podemos hacer una idea de cómo era su fachada, gracias a este dibujo de Valentín Carderera.

También podemos ver la extensión de esta propiedad en la maqueta de León Gil de Palacio, si miramos en la parte de arriba de la foto. Esta maqueta está expuesta en el Museo de Historia de Madrid.

Desgraciadamente, parte de ese lujo se perdió durante un incendio ocurrido en 1723, cuando había sido alquilado para instalar allí la Embajada del Reino Unido en España.

En 1803, parece ser que los duques de Monteleón decidieron regresar a Italia y Godoy decidió comprar ese edificio.

Como era tan grande, una parte del mismo lo dedicaron a Museo militar, el cual fue abierto al público en 1805.

 En la otra parte, instalaron un parque de Artillería y un arsenal para las unidades militares, que había en Madrid.

Ahí es donde, en 1808, encontramos al capitán Luis Daoiz. Siempre me ha llamado la atención que un militar con 40 años sólo fuera capitán. En alguna parte, he leído que había tenido algunos roces con sus superiores y, por ello, es posible que lo hubieran destinado a una unidad tan secundaria como esa.

No obstante, no hay que olvidar que la mayoría de los oficiales de Artillería solían ascender más lentamente que los demás, porque, cuando salían de la Academia, juraban no aceptar ningún ascenso por mérito de guerra.

Lo cierto es que en ese parque de Artillería sólo había una guarnición de 17 militares, incluyendo oficiales y suboficiales. No obstante, como los franceses no se fiaban de nadie, destinaron allí una tropa de 80 soldados.

Yo también soy de los que piensan que el 2 de mayo de 1808 fue un intento de sublevación, que fracasó debido a que los generales, que eran estómagos agradecidos, no quisieron enfrentarse a los franceses y acataron las órdenes de la Junta Suprema y el Consejo de Castilla, impidiendo la salida de sus tropas a la calle.

No obstante, hasta allí acudieron otros militares no destinados en ese parque, como el teniente de Infantería Jacinto Ruiz o los capitanes de Artillería Vicente Goicoechea, Pedro Velarde y Rafael Arango. Incluso, también un fue un marino: Juan van Halen y un capitán de la Guardia Real, Rafael de Ezeta.

Jacinto Ruiz, a pesar de estar enfermo, se presentó en su cuartel y logró convencer a su coronel para que le permitiese salir con una compañía de Voluntarios del Estado (los de la casaca blanca) para “imponer el orden”. Sin embargo, lo primero que hizo fue apresar a esos 80 franceses y meterlos dentro del cuartel.

Luego vino aquella masa de gente, que venía pidiendo armas para defenderse ante el mejor Ejército de aquella época.

Aunque se sabe que Daoiz y Velarde, que ya se conocían por haber estado en otros motines a favor de Fernando VII, y haberse reunido antes de esta fecha para organizarlo todo, parece ser que discutieron sobre la posibilidad de hacer frente a los franceses.

Ciertamente, Daoiz, que era mayor y más prudente, no lo veía nada claro, pero fue Velarde el que le animó a resistir, repartiendo armas al pueblo.

Sólo tenían media docena de cañones y pocos artilleros. El cuartel era una ratonera, porque, aunque tenía unos altos y gruesos muros, no disponía de adarves para poder disparar desde arriba.

Sin embargo, ya había algunos edificios altos cerca del cuartel y, tras sufrir los franceses sus primeras bajas, lo que hicieron fue subirse a los balcones y azoteas para disparar sobre los defensores.

Parece que los franceses se tomaron muy en serio la toma del parque de Artillería y, para ello, destinaron nada menos que a 1.500 soldados de los más veteranos. En cambio, dentro del cuartel sólo había unos 400 defensores, entre civiles y militares.

Todo esto lo contó Rafael Arango en su informe, escrito pocos años después de estos hechos. Precisamente, fue el que más insistió en que se erigiera, en ese lugar, un monumento a Daoiz y Velarde. Arango estaba destinado en ese parque de Artillería.

Curiosamente, el conde de Toreno se basó en su informe para narrar los hechos ocurridos aquel lunes 2 de mayo de 1808.

Tanto Arango como Ezeta o Hezeta fueron militares nacidos en Cuba.

Según cuenta Arango, muchos civiles no quisieron utilizar los fusiles, porque no sabían usarlos. Por el contrario, prefirieron las espadas y colocaron las bayonetas en palos.

En un principio, colocaron 4 piezas de Artillería en la puerta de entrada y luego pusieron dos más apuntando hacia los lados.

Por lo visto, el teniente Ruiz fue alcanzado por una bala en el hombro izquierdo y otra en la espalda. Aún así, siguió combatiendo hasta que cayó desmayado, debido a que se estaba desangrando.

En cambio, los franceses optaron por colocar sus piezas de Artillería enfrente de la iglesia de Montserrat, para disparar sin ser localizados con facilidad.

Parece ser que, cuando un capitán español fue con una bandera blanca a parlamentar con los franceses, un artillero, también español, que no había oído la orden de alto el fuego, disparó su cañón, causando muchas bajas entre los franceses.

Por lo visto, se trataba del capitán Melchor Álvarez, el cual portaba una bandera blanca y venía de parte del capitán general. Les dijo a los defensores que el general Negrete estaba muy enfadado con ellos y que se rindieran. Eso no gustó nada a los defensores.

Según cuenta Arango, ya sólo quedaban unos 30 españoles ilesos dentro del cuartel, así que decidieron retroceder hacia el interior. Ahí fue cuando Velarde fue alcanzado por una bala en el pecho, que le ocasionó la muerte inmediatamente.

Dicen que el general francés le gritó a Daoiz, que iba a tener el mismo fin que su amigo. Eso enfureció a este capitán, que, a pesar de estar herido en una pierna, desenvainó su sable y echó a correr hacia el general. No lo alcanzó, porque se interpusieron unos soldados franceses, que le clavaron sus bayonetas en el pecho.

Precisamente, hace pocos años, cuando se sacó su uniforme de la caja donde lo habían depositado, se pudo ver la marca de las dos heridas. No llegaron a matarlo en ese momento, pero moriría poco después.

Los combates terminaron cuando Daoiz cayó al suelo herido de muerte. Lo atendió un médico militar francés y luego lo llevaron a su casa, donde murió.

Poco después, apareció por allí un general ya retirado. Se trataba del general Claude de Rouvroy y de Pineau, marqués de Saint Simón, de origen francés, pero que había luchado en el Ejército español. Él y el capitán Cónsul negociaron las condiciones para la rendición del parque.

A Arango le dijeron los franceses que se quedara a controlar la situación del cuartel. No obstante, dejaron allí a unos 500 soldados franceses.

Como Arango no tenía muy claro lo que iban a hacer con él, cuando llegó la tarde, pidió permiso para ir a comer algo a su casa, prometiendo regresar. Se lo dieron y así aprovechó para escapar fuera de Madrid. Luego participó en varias batallas de la guerra.

No hay que olvidar que estos militares estaban entre dos fuegos. Uno era el de los franceses, que estaban deseando tomar represalias, aunque muchos de ellos alabaron el valor de los combatientes españoles. No hay que olvidar que les causaron unas 400 bajas. Por otro lado, el Consejo de Castilla había presionado para que los sometieran a unos consejos de guerra, que les podrían haber llevado al fusilamiento. Como les ocurrió a algunos militares.

Esa misma tarde, Murat publicó un bando en el que ordenaba que
se fusilara a todos los que hubieran intervenido en esa sublevación. Sin distinción entre hombres, mujeres o niños. Militares o civiles.

Esto cambió la cuestión. Hasta entonces, los militares españoles, que siempre habían sido utilizados para luchar contra los motines, vieron que los franceses les estaban haciendo su trabajo. Sin embargo, nunca se había fusilado a los participantes en un motín, a pesar de que los militares solían disparar contra los amotinados. No obstante, las autoridades preferían la represión de los amotinados a que se produjera aquí otra Revolución Francesa.

Por ello, unas horas más tarde, los soldados franceses se presentaron en los sitios, que estaban sirviendo como hospitales, como el convento de las Maravillas o el de Montserrat, y se llevaron a rastras a los heridos para fusilarlos. Quizás eso fue lo que dio lugar a que los militares empezaran a tomar cartas en este asunto.

Conclusión. Creo que los fernandinos quisieron montar una sublevación, contando con que todos los militares españoles la iban a secundar, pero se equivocaron y, como siempre, quien más perdió fue el pueblo. De hecho, los franceses respetaron las vidas de muchos militares prisioneros, pero no las de los civiles.

Curiosamente, se ha erigido en el islote de la Cabrera un monumento a los soldados franceses prisioneros, que murieron allí, los cuales habían participado en la batalla de Bailén. Sin embargo, yo no he visto ninguno dedicado a los héroes civiles del dos de mayo.

Hoy en día, los militares españoles celebran con desfiles aquel acontecimiento del dos de mayo, que marcó el comienzo de la guerra de la Independencia. Sin embargo, no recuerdo que, desde entonces, los militares españoles se hubieran disculpado por no hacer nada por defender a su pueblo, ante un Ejército enemigo.

Curiosamente, están homenajeando a unos militares que no quisieron acatar las órdenes de sus mandos y además armaron al pueblo.

A la vista de esto, se me ocurre pensar ¿qué ocurriría si Marruecos invadiera militarmente Ceuta y Melilla, los civiles se rebelaran y a los militares españoles les dieran la orden de no hacer nada?

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