ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

lunes, 5 de octubre de 2026

EL FINAL DE LA GUERRA CIVIL Y LA HUÍDA DE LOS REPUBLICANOS

 


Antes de empezar este artículo, he de reconocer que pensaba publicarlo antes que el anterior. Sin embargo, me pareció mejor publicar ese antes para que los lectores tuvieran una idea más clara de lo ocurrido al final de la guerra.

Empezaré por mencionar a un personaje poco conocido, el general Matallana. Éste era un militar perteneciente al Estado Mayor. Parece ser que había conocido al general Luis Castelló, cuando éste fue el gobernador militar de Badajoz y ambos estuvieron destinados allí.

Castelló consiguió que la guarnición de Badajoz no se sublevase. Así que Azaña lo reclamó a Madrid para ser ministro de la Guerra. Ya dediqué otro artículo a este personaje, el cual estuvo de baja durante toda la guerra, debido a sus problemas mentales.

Así que, cuando Castelló fue nombrado ministro, reclamó a Matallana para ingresar en el Estado Mayor central.

Hay muchas dudas sobre la lealtad de Matallana al Gobierno republicano. Lo que sí se sabe es que, a principios de 1939, estuvo en contactos con miembros de la Quinta Columna y, según él mismo, les facilitó muchos planes de guerra de las tropas republicanas.

Parece ser que el general Manuel Matallana Gómez mantuvo esos discretos contactos a través de su hermano Ricardo, teniente coronel de la Guardia Civil, el cual residía en Madrid y conocía a algunos quintacolumnistas.

También hubo quintacolumnistas alrededor de los miembros del alto mando republicano. Como el propio médico personal del coronel Casado, un médico militar, llamado Vicente Garijo.

Eso dio lugar a que el 05/03/1939 se constituyera el Consejo Nacional de Defensa.

Entre el 06 y el 11 de marzo tuvieron lugar fuertes combates en las mismas calles madrileñas.

El 12 de marzo terminaron los combates con la rendición de los comunistas, que apoyaban a Negrín. También fusilaron al coronel Barceló.

El día 23, Casado envió a los tenientes coroneles Antonio Garijo y Leopoldo Ortega a volar hasta el aeródromo burgalés de Gamonal para parlamentar con el coronel Ungría y el teniente coronel Fontán, representantes del bando nacional.

Regresaron con muy malas noticias, porque Franco ya se veía vencedor y no aceptó esa especie de acuerdo entre caballeros, que deseaba el coronel Casado, para que no hubiera medidas represivas durante la posguerra.

El propio general Matallana, jefe del Estado Mayor central, envió un mensaje a todos los jefes de las unidades militares, en el que les dijo que la guerra estaba perdida y ya debían de dejar de combatir.

Entre tanto, a primeros de marzo, la flota republicana, al mando del almirante Buiza, zarpó hacia la antigua Argelia francesa y luego fueron a Túnez.

Unos días más tarde, la plana mayor del PCE, integrada por la Pasionaria, Líster, Alberti, María Teresa León, Modesto y Carrillo, huyeron en dos aviones Dragon Rapide, desde el aeródromo de Monóvar. Uno hacia la Argelia francesa y otro hacia Francia.

Negrín y sus ministros tampoco se quedaron a ver lo que pasaba y también huyeron en un avión con destino a un aeródromo francés.


El coronel Segismundo Casado y su séquito, compuesto por varios miembros del Consejo de Defensa Nacional, embarcaron en Gandía, donde ya habían acordado con las autoridades británicas que les recogería un barco de su Armada, poniendo rumbo hacia Marsella y luego en avión hacia el Reino Unido.

Uno de los pocos que se quedaron fue Julián Besteiro, el cual fue detenido en la sede del Consejo, situada en los sótanos del Ministerio de Hacienda. Fue juzgado y condenado a varios años de cárcel. Sin embargo, murió al año siguiente en la prisión de Carmona.

Siguiendo su ejemplo, miles de personas pretendieron huir de la Península. Fueron hacia los puertos de Levante. Parece ser que alguien corrió la voz de que los iban a recoger en el puerto de Alicante. Así que, poco a poco, se fueron reuniendo allí unas 15.000 personas de todo tipo.


Todos tenían la esperanza de que iban a ir muchos barcos a rescatarlos. Sin embargo, fueron pasando los días y lo único que vieron era que las tropas italianas habían llegado a Alicante y habían rodeado los accesos al puerto.

Sólo había allí un viejo carguero británico, llamado Stanbrook, al mando del capitán Archibald Dickson, un marino de origen galés.

Se trataba de un barco mercante, que había llevado un cargamento de carbón a Alicante.

Por lo visto, el capitán se apiadó de toda esa gente y consintió que unas 3.000 personas embarcaran en su nave. Algo muy peligroso, porque no podía ir tan cargado. No obstante, zarpó con todos ellos hasta un puerto de la Argelia francesa.

Para colmo, los franceses sólo permitieron el desembarco de las mujeres y los niños. A los hombres los tuvieron casi un mes embarcados en unas condiciones muy penosas. Posteriormente, a la mayoría de ellos los enviaron a campos de concentración y luego a trabajar en las obras ferroviarias en pleno desierto. De allí no salieron hasta que los aliados desembarcaron en el norte de África.

Realmente, la gente se hallaba muy indignada, porque, unos días antes de la llegada del Stanbrook, zarpó otro barco, llamado Maritime, pero éste sólo admitió a unas 320 personas, que habían pagado el pasaje. Con lo cual, se fue casi vacío. Los únicos que pudieron embarcar fueron altos cargos del gobierno republicano y sus familiares.

Como los que se quedaron en el puerto de Alicante se dieron cuenta de que ningún barco iba a ir a rescatarlos, se produjeron varias escenas dantescas.

Varios militares se suicidaron. Incluso, algunos por parejas. Como si estuvieran en un duelo. Muchos lanzaron sus armas y su documentación al mar para intentar que no fueran reconocidos.

Hubo algunos casos peores, como el del último alcalde socialista de Alcira, el cual, según dijeron los testigos, encendió un puro y, a mitad del mismo, sacó su navaja de afeitar y se cortó el cuello delante de todos.

Por lo visto, Ángel Pedrero, jefe del SIM, que había apoyado el golpe de Casado, se llevó a la plana mayor de su organismo, junto con las joyas que habían ido robando durante todos esos años. Incluso, los acompañó Fernando Valentí, uno de sus mejores agentes, que antes de la guerra había sido joyero.

Hay que decir que, a finales de 1936, el Gobierno republicano decretó que la mayoría de las checas fueran controladas por el SIM. Así que estos fueron los responsables de las torturas y los asesinatos, que se realizaron en esos centros.

Curiosamente, otros de los que estuvieron allí esperando fueron el coronel de Artillería Fernando Casado y su hijo, el famoso actor Fernando Rey, que, realmente, se llamaba Fernando Casado y había sido un teniente piloto republicano.

Afortunadamente, el hijo consiguió ropas de civil y logró escapar de allí. Sin embargo, el padre fue capturado, juzgado y condenado a una pena de cárcel. Luego indultado, pero perdió todos sus derechos, conseguidos en el Ejército.

Posteriormente, llegaron las tropas nacionales, que obligaron a todos a ir al campo de los Almendros, salvo las mujeres y los niños que los llevaron a cines y teatros de la ciudad.

Los hombres fueron identificados y clasificados en una semana. Posteriormente, los encerraron en el campo de concentración de Albatera, otros fueron encarcelados en el castillo de Santa Bárbara, en Alicante, mientras que los del SIM fueron trasladados a Madrid.

Parece ser que ya hicieron algunas sacas en Albatera, en las que fusilaron a algunos.

En el castillo habían encerrado a gente más importante, como altos oficiales republicanos, los cuales fueron sometidos a consejos de guerra y algunos de ellos fueron condenados y fusilados. Igual que les ocurrió a los encerrados en el Reformatorio de adultos.

El campo de concentración de Albatera fue clausurado en octubre de 1939. Los presos que no tenían delitos de sangre fueron puestos en libertad. Los que tenían pequeñas condenas fueron enviados a trabajos forzados. Los acusados de delitos importantes fueron trasladados a prisiones provinciales. Mientras que los del SIM fueron interrogados y torturados en Madrid para arrancarles confesiones de todo tipo.

En los casos de Ángel Pedrero y Fernando Valentí, principales responsables del SIM, los estuvieron interrogando hasta mediados y finales de 1940, respectivamente. Entre otros delitos, se les acusó de la detención y muerte de Andreu Nin.

Para terminar, he de decir que muchos de los detenidos en Alicante fueron puestos en libertad sin cargos, pero eso implicaba que se tenían que presentar, periódicamente, en el cuartel de la Guardia Civil de su localidad de residencia.

Los que estaban haciendo el servicio militar fueron alistados en el nuevo Ejército. También hay que decir que muchos de los soldados del bando nacional no fueron licenciados hasta varios años más tarde, porque, cuando comenzó la II Guerra Mundial, no se sabía si los aliados o los alemanes querrían invadir España.

Como ya he dicho antes, otros muchos prisioneros fueron condenados a trabajos forzados, como la construcción de carreteras, vías ferroviarias, reconstrucción de edificios e iglesias destruidas, etc.

Los mandos del Ejército republicano y los afiliados a partidos y sindicatos de izquierdas fueron sometidos a consejos de guerra de donde muchos salieron condenados a penas de cárcel o, incluso, a penas de muerte.

 

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sábado, 26 de septiembre de 2026

EL CORONEL CASADO Y EL FIN DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

Hoy estoy seguro de que este artículo va a continuar la polémica, que lleva muchos años existiendo en torno a este personaje.

Comenzaré por sus datos biográficos. Nació en 1893 en una pequeña localidad segoviana.

Como hijo de militar, también ingresó en el ejército, concretamente, en la Academia de Caballería.

Posteriormente, hizo el curso de Estado Mayor y fue destinado a la guerra de África.

No sé si su afiliación a la Masonería tuvo algo que ver en su nombramiento como jefe de la escolta militar del presidente Alcalá Zamora. No olvidemos que la mayoría de los miembros de las primeras Cortes republicanas eran masones.

Posteriormente, tras su ascenso a comandante, fue nombrado ayudante del presidente Azaña por el arma de Caballería. No confundirlo con el coronel Fernando Casado, que fue ayudante presidencial por el arma de Artillería. Este último fue el padre del actor Fernando Rey.

Al comienzo de la guerra civil, fue nombrado instructor de las Brigadas Mixtas de lo que empezó a ser el nuevo Ejército republicano. Eso le llevó a participar en varias batallas importantes, pero no creo que estuviera pegando tiros en el frente.

Curiosamente, en un contexto en el que el Gobierno republicano nunca se fio de sus militares, sin embargo, parece ser que siempre confiaron en él.

En 1938, le otorgaron el mando del Ejército del centro. La unidad más poderosa del Ejército republicano.  Sustituyendo al general Miaja.

Ese año, sobre todo, después de la derrota en la batalla del Ebro, la inmensa mayoría de los militares profesionales ya sabían que la guerra estaba perdida. Así que Casado se puso del lado de su protector, Indalecio Prieto, el cual opinaba que había que iniciar unas negociaciones para acabar con la guerra.

Supongo que Negrín se quiso quitar del medio a Prieto. Así que, en lugar de cesarlo, lo envió en misión diplomática a Chile para asistir a la proclamación del nuevo presidente de ese país. El final de la guerra le pilló en América y ya nunca regresó a España.

Ya sabemos que Prieto y Lerroux siempre fueron unos grandes especialistas en salir huyendo, cuando veían que se acercaba algún peligro y eso hicieron. Lerroux huyó en cuanto comenzó la guerra civil.

Siempre hubo muchas quejas de los militares republicanos contra los mandos milicianos y, sobre todo, contra los asesores soviéticos. A los que culpaban de haber perdido varias batallas.

Así que no es de extrañar que Casado se acercara a algunos miembros de la Quinta Columna o viceversa, con el objetivo de acabar cuanto antes con la guerra. Pretendía acabarla con una especie de pacto entre caballeros. Solía decir: “entre militares nos entenderemos”.

Por el contrario, en aquella misma época, el presidente Negrín, publicó sus famosos 13 puntos, como si fuera una especie de perdón para los que se habían sublevado. Cuando estos tenían ya ganada la guerra.

Por lo visto, Negrín era un tipo que vivía muy lejos de la realidad. Incluso, padecía bulimia. O sea, comía en exceso para luego tener que vomitarlo, antes de seguir comiendo. Algo increíble en un país, donde cada vez se moría más gente de hambre. Sobre todo, en la zona republicana, porque en la zona nacional se hallaban casi todos los recursos agrícolas y ganaderos.

Yo no lo sé, pero hay quien dice que Negrín estaba al servicio de la URSS, aunque fuera miembro del PSOE. Lo cierto es que estaba empeñado en continuar con la guerra civil, a fin de alargarla hasta que se iniciara la II Guerra Mundial, donde estaba seguro de que le apoyarían los aliados. No le importaba nada que siguieran muriendo hombres, mujeres y niños.

Hay que decir que el Estado Mayor republicano estaba repleto de militares, que colaboraban con la Quinta Columna. El propio general Matallana alegó en su defensa que había proporcionado cientos de documentos a las tropas nacionales. Así que no es de extrañar que los jefes de las milicias dijeran que, cuando iniciaron la batalla de Brunete,  ya les estaban esperando allí los nacionales.

Se supone que Casado tuvo que ir con mucha cautela para ver quién le podría ayudar a acabar con la guerra. Uno de los que se le opuso fue el teniente coronel Luis Barceló. Sin embargo, hubo otros mandos militares, que apoyaron su iniciativa. No sé si Casado les habría prometido que, una vez acabada la guerra, seguirían dentro del Ejército o es que fue algo que creyeron ellos. Como había ocurrido tras las guerras carlistas.

Así que, en marzo de 1939, se decidió a dar el golpe, aprovechando que Negrín se hallaba escondido en un bunker de Levante.

Contó con la ayuda de muchos militares a los que se unieron algunos republicanos, varios miembros del PSOE seguidores de Besteiro y hasta los de la CNT, liderados por Cipriano Mera.

Así que, entre el 5 y el 12 de marzo de 1939, tuvo lugar una pequeña guerra civil dentro del Madrid republicano.

De hecho, los nacionales, que llevaban desde 1936 asediando esa ciudad, dejaron de combatir y contemplaron absortos cómo se mataban los propios republicanos.

Negrín se puso en contacto con Casado y éste le dijo que ya no obedecía sus órdenes. Así que salió huyendo hacia Francia. Antes de ello, intentó atraerse a algunos mandos militares a base de ascenderlos, pero no consiguió nada. Incluso, le prometió a Casado que lo ascendería a general, pero éste no le hizo caso.

Las tropas anarquistas se enfrentaron a las comunistas. Incluso, hubo combates en pleno Paseo de la Castellana.

Entre tanto, los comunistas dieron la orden de que una unidad de carros de combate, situada junto al aeropuerto, se dirigiera a tomar el Palacio del Capricho, en la Alameda de Osuna. Allí capturaron a los miembros del Estado Mayor de Casado. Se los llevaron al Palacio del Pardo y allí los fusilaron por orden de Barceló. Esa fue la razón por la que, cuando lo capturaron, fusilaran también a Barceló.

Cuando los comunistas se enteraron de que sus dirigentes ya habían huido de España, depusieron las armas, con la condición de no ser castigados por Casado.

Ahora tenía el mando el Consejo Nacional de Defensa, presidido por el general Miaja y compuesto por Julián Besteiro, el coronel Casado y Cipriano Mera.

La idea era intentar conseguir un acuerdo de paz, donde no hubiera vencedores, ni vencidos. Ni tampoco ningún represaliado. Sin embargo, ya en febrero de ese año, Franco había firmado una Ley de responsabilidades políticas, por las que pensaban reprimir a todos los que hubieran estado en el bando republicano.

A mediados de marzo de 1939, Casado envió a Burgos a dos de sus militares de confianza para intentar conseguir que no hubiera represalias entre los vencidos.

Sin embargo, Franco, que ya tenía a casi todas las potencias extranjeras de su parte, sólo aceptaría la rendición incondicional. Tampoco aceptó una rendición parcial por zonas, para dar tiempo a escapar a quien quisiera hacerlo.

Así que Franco les dio un plazo para rendirse incondicionalmente. Al finalizar el mismo, lanzaría una ofensiva generalizada para romper todos los frentes.

Por ello, cuando Franco inició esa ofensiva, Casado dio la orden de no oponerse a ella y entregarse. Eso dio lugar a miles de deserciones.

También muchos cargos políticos republicanos, que aprovecharon para salir huyendo hacia las costas levantinas, con la esperanza de poder embarcar en alguna nave y huir antes de que los capturasen las tropas nacionales.

Lo que no sabían era que la flota republicana ya había huido, unos días antes, hacia la antigua Argelia francesa.

Así que el 28/03/1939, las tropas nacionales entraron en Madrid, sin encontrar resistencia y apoyadas por miles de quintacolumnistas, que residían en la capital.

La entrega de Madrid tuvo lugar esa misma mañana en la Ciudad Universitaria entre el coronel republicano Adolfo Prada y el coronel nacional Eduardo Losas.

Parece ser que Casado, ya había contactado, unos días antes, con el cónsul británico en Valencia, al cual le pidió que propusiera a su gobierno que les ayudaran a escapar por algún puerto levantino.

El puerto elegido fue Gandía, a donde llegaron dos barcos de la Armada británica. Parece ser que eligieron ese puerto, porque estaba explotado por una empresa británica.

Como allí había mucha gente esperando embarcar, les engañaron, diciéndoles que se dirigieran a Alicante, donde podrían embarcar en muchos barcos, que llegarían en los próximos días. De esa forma, Casado y las casi 200 personas, que le acompañaban no tuvieron ningún obstáculo para embarcar en esas naves británicas, rumbo a Francia. Para luego continuar Casado su viaje hacia el Reino Unido.

Uno de los que embarcaron con Casado fue Wenceslao Carrillo. En cambio, Miaja no se fiaba mucho y se fue en avión hacia Argelia.

Aunque hubo un barco de la Armada nacional vigilando el embarque de estos personajes en Gandía, no se atrevió a intervenir. Supongo que en Burgos no querrían empeorar sus relaciones con Londres.

El único miembro del Consejo de Defensa Nacional que no quiso escapar fue Julián Besteiro, el cual fue detenido en la sede de ese organismo, situado en los sótanos del Ministerio de Hacienda, al comienzo de la calle de Alcalá. El lugar más bombardeado del Madrid republicano.

Besteiro fue encarcelado, juzgado y condenado a 30 años de prisión. Murió en la cárcel de Carmona, donde estuvo encerrado junto a muchos curas vascos.

El filósofo Julián Marías, que entonces era un joven de 25 años, fue también detenido por ser el secretario de Besteiro. Lo denunció un antiguo compañero de la Universidad.

Eso dio lugar a que estuviera encerrado durante muchos meses, pero, felizmente, fue puesto en libertad, gracias a las gestiones de muchos amigos.

No obstante, esos meses de encarcelamiento le perjudicaron mucho, ya que no le permitieron doctorarse, hasta muchos años más tarde. Ni le permitieron dar clases en las universidades españolas.

Por lo que se refiere al coronel Casado, en abril de 1939, llegó a Londres. En las fotos se le ve extremadamente delgado, debido a sus problemas con úlceras de estómago.

Casado no encontró trabajo en Londres. Así que se trasladó, primero a Colombia y luego a Venezuela, donde trabajó como directivo de una empresa. Posteriormente, se llevó a ese país a su mujer y a sus dos hijos.

En 1961, viéndose ya mayor y enfermo, decidió regresar a España. En cuanto llegó, fue detenido y llevado ante un consejo de guerra. Supongo que fue absuelto por orden de Franco, ya que facilitó mucho el fin de la guerra. No obstante, no le devolvieron ni su empleo en el Ejército, ni le abonaron ninguna pensión.

Era un hombre rodeado de enemigos, ya que los comunistas y buena parte de los republicanos, le consideraron siempre un traidor. Mientras que para los franquistas siempre fue un militar enemigo.

No pudo ejercer ninguna actividad laboral y vivió con mucha austeridad sus últimos años hasta su fallecimiento en diciembre de 1968.

En resumen, aunque muchos lo sigan viendo como una especie de traidor a la causa republicana, yo creo que fue un militar honesto con su pueblo y no permitió que los políticos alargaran una guerra, que ya estaba perdida y que podría dar lugar a otros muchos miles de muertos.

Hay que saber ganar, pero también hay que saber perder. Así que no estaría mal que se le reconociera el haber terminado con el sufrimiento de millones de españoles.

 

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domingo, 20 de septiembre de 2026

EL EXTRAÑO CASO DE ENRIQUE CASTRO DELGADO

 

Hoy voy a narrar la historia de un personaje sumamente extraño del que no se sabe hasta dónde es cierto o no.

Enrique Castro Delgado nació en 1907. Unos dicen que nació en Badajoz, pero que, cuando aún era muy pequeño, se trasladó con su familia a Madrid. Otros afirman que nació en Madrid.

Lo único cierto es que su familia era muy modesta. Su padre era albañil. Su madre era ama de casa, pero también ejercía, a veces, de modista. Tampoco era hijo único, sino que tuvo varios hermanos. En fin, una típica familia modesta de principios del siglo XX.

Se crio en el barrio de Cuatro Caminos, donde siempre vivieron muchos obreros y miles de sindicalistas.

Así que estudió lo que pudo, pero pronto tuvo que dejar sus estudios para trabajar como obrero metalúrgico.

Poco a poco, en ese barrio obrero, fue formándose su concienciación política. Por ello, en la década de los 30, ya era uno de los líderes del MAOC (Milicias antifascistas obreras y campesinas).

Pertenecía al Comité Central del PCE. Escribía a menudo en Mundo obrero y además era afiliado a la UGT, porque entonces todavía no existía CCOO. Todo ello, dio lugar a que fuera detenido y encarcelado en diversas ocasiones.

Así que, como era uno de los líderes del MAOC, es posible que estuviera involucrado en la organización de un atentado, que tuvo lugar el 04/05/1936, por gente de ese grupo, contra una sede falangista, situada en la calle Bravo Murillo, 181, de Madrid. Por ello, se produjo un tiroteo, donde hubo varios muertos y heridos en ambos bandos. Este atentado fue uno de los muchos que se produjeron en aquella época, donde un atentado era respondido con otro por el otro bando.

Quizás les suene a algunos otro atentado, que tuvo lugar en la misma zona, pero ya el 25/02/1945, contra otra sede de Falange, en la cual también hubo muertos y heridos. Pero no es el mismo atentado.

Este último atentado sí provocó una respuesta muy dura por parte del gobierno franquista, consistente en detenciones, encarcelamientos y varios fusilamientos.

Volviendo a nuestro personaje de hoy, parece ser que participó en el famoso asalto al Cuartel de la montaña, situado junto a la actual Plaza de España.

Incluso, presumió de haber matado a varios defensores. Incluso, a uno de ellos, que era primo suyo. Algunos de sus biógrafos dicen que este detalle del primo no es cierto.


Cuando comenzó la Guerra civil, fue el creador y organizador del famoso Quinto regimiento de milicias, cuyo cuartel estuvo en un colegio de los Salesianos, situado en la calle Francos Rodríguez. También cerca de Cuatro Caminos.

Sin embargo, Castro Delgado se sintió muy decepcionado cuando el PCE decidió cesarle de ese puesto y sustituirle por Enrique Líster. Luego, para tenerlo callado, lo nombraron director general del Instituto de Reforma Agraria. Un hombre que habría visto el campo en fotos.

Precisamente, uno de los milicianos de esa unidad fue el famoso humorista Gila, que ingresó con sólo 17 años. Fue capturado y fusilado en una localidad de Córdoba, pero se hizo el muerto y logró escapar con vida.

Volviendo a Castro Delgado, hay que decir que nunca entró en combate. Durante la guerra, su misión fue la de organizar los suministros a los combatientes, desde su oficina situada en el antiguo convento de las Salesas Reales, hoy Tribunal Supremo.

No sólo hizo eso, sino que, al fundar el Quinto Regimiento de Milicias, también creó un grupo de contrainteligencia, dedicado a cazar quintacolumnistas, que luego iban a parar a las infames checas. La principal de estas checas estuvo en el Círculo de Bellas Artes y luego se trasladó a la calle Fomento, muy cerca del Senado.

O sea, que fue uno de los responsables de la creación de las checas, como él mismo reconoce en su obra “Mi fe se perdió en Moscú”.

Ciertamente, se le ve en algunas fotos visitando el frente, acompañando a algunos visitantes extranjeros y delegados soviéticos.

También fue subcomisario general de guerra e inspector en el Ministerio de la Guerra, que luego se llamó de Defensa.

El golpe del coronel Casado le pilló en Valencia. Por eso no fue detenido por los casadistas.

Así que el 06/03/1939, viendo que todo estaba ya perdido, montó en uno de esos aviones Dragon Rapide, junto a la Pasionaria y Francisco Antón, en un vuelo con destino en Toulouse.

Parece ser que al Gobierno de Francia no le gustaron demasiado esos “turistas”. Así que, en mayo del mismo año, consiguieron llegar a la antigua URSS.

Allí le dieron un cargo sin apenas competencias, dentro del Komintern, por ser miembro del Comité Central del PCE y también colaboró en programas de radio, donde hacía propaganda contra el régimen franquista.

Sin embargo, aquel ambiente tan tenso, en medio de las purgas de Stalin, no le gustó nada y empezó a criticar esa situación. Algo que no gustó nada en el PCE. Por ello, la Pasionaria y Carrillo presionaron hasta conseguir expulsarlo del partido en 1944.

Parece ser que tuvo mucha suerte, porque sus antiguos camaradas estaban conspirando para que lo enviaran a pudrirse en Siberia.

Sin embargo, se hizo amigo de un diplomático mexicano, que tenía muchos contactos en Moscú y fue el que consiguió sacarlo de allí en 1945 y hacer que se trasladase, junto a su esposa, a México.

En México fue donde escribió su famoso libro “Mi fe se perdió en Moscú”, donde cuenta sus experiencias en la antigua URSS.

Como todos sabemos, el Gobierno de México siempre se negó a tener relaciones diplomáticas con el Gobierno franquista. No obstante, siempre hubo ciertos contactos indirectos a través de algunos organismos, como el Instituto de Estudios Hispánicos o el Instituto de Cultura Hispánica, donde trabajaban algunos falangistas del ala más izquierdista del partido. Parece ser que también hubo muchos contactos entre las Iglesias de ambos países.

Por ese motivo, conoció allí a dos personajes, que le facilitaron su regreso a España. Uno de ellos fue Manuel Cantarero del Castillo y el otro fue José Antonio Elola-Olaso.

La verdad es que no sé cómo lo hicieron, pero lo cierto es que consiguieron que regresara sin que nadie le tocara un pelo. Algo inusitado, porque también regresó el mismo año el general Rojo y enseguida le sometieron a un consejo de guerra, en el que le condenaron a varios años de cárcel, pero le indultaron, aunque perdió su puesto en el Ejército, sus condecoraciones y hasta su pensión.


Tampoco hay que olvidar que, ya en los años 60, la Policía española detuvo a Julián Grimau, cuando regresó a España. Fue juzgado, condenado a muerte y fusilado. Grimau había sido el responsable de la Policía y las checas en Barcelona.

Lo cierto es que Castro Delgado regresó en 1957. Le proporcionaron una discreta vivienda en el norte de Madrid, vigilada por algunos policías, ya que debía de estar en el punto de mira tanto de los familiares de los asesinados en las checas, como de los comunistas.

Aquí escribió, en 1960, su segundo libro, “Hombres, made in Moscú”. También escribió en algunos periódicos tan del régimen como Pueblo, el diario de los sindicatos verticales, entonces dirigido por Emilio Romero.

A partir de 1962, pasó a formar parte nada menos que de la plantilla del Ministerio de Información y Turismo, dirigido por Manuel Fraga.

Parece ser que aprovecharon su experiencia para redactar escritos de
todo tipo para criticar el comunismo. Algo muy útil para luchar contra los movimientos de oposición.

Parece ser que esta vez también tuvo suerte, porque, en esos años, el Comité Central del PCE, dejó atrás su habitual política de eliminar a los disidentes y optó por otra destinada a infiltrarse en organismos públicos, como las Universidades y Seminarios, y en los medios de comunicación.

Hay quien dice que Castro le sirvió al régimen franquista por ser un renegado del comunismo, dando detalles de lo que ocurría en la URSS, y así le daba una justificación al golpe de estado fallido y la posterior guerra civil, iniciada en 1936.

Así que es de suponer que sus escritos le harían mucho daño a los líderes comunistas, que estaban intentado atraer a los jóvenes españoles hacia su partido. Por ello, los medios del régimen promocionaron la figura de un comunista arrepentido, pero ocultaron su responsabilidad en las represalias en el bando republicano.

También es verdad que al régimen franquista no le interesaba seguir con su dura política represiva, porque, en 1953, habían comenzado a abrirle las puertas al mundo. Gracias al interés del Gobierno USA por instalar bases militares en España y al Concordato firmado ese mismo año con el Vaticano.


La propaganda del régimen decía que Franco era el único que había derrotado al comunismo y eso era una carta de presentación muy importante en plena Guerra Fría. Así que eso de disponer en España a un antiguo miembro del Comité Central del PCE abjurando del comunismo, era algo que le gustó mucho al Gobierno USA.

De todas formas, creo que hay algo que se me escapa, porque no parece muy lógico que el régimen franquista, que solía encarcelar y hasta fusilar a los comunistas, aceptase gratuitamente, la llegada de un antiguo líder de ese partido.

No voy a decir que hiciera eso, pero lo cierto es que la Policía solía utilizar a los comunistas capturados, incluso protegidos, para sacarles información acerca de sus métodos, sus claves, sus sitios de reunión. Incluso, para identificar a los que aparecían en las fotos tomadas en la guerra y en la posguerra.

En resumen, contra todo pronóstico, el régimen supo aprovecharse de Castro Delgado como de un filón para obtener información sobre la URSS y para escribir propaganda contra la Oposición de izquierdas.

Desgraciadamente, como Castro Delgado ya venía enfermo desde su estancia en Moscú y además padecía depresiones, falleció en enero de 1965 en Madrid. Con sólo 57 años.

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martes, 15 de septiembre de 2026

LA HUELGA DE TRANSPORTES DE BERLÍN DE 1932

 


 Como ahora vemos muy a menudo que los líderes de los partidos de izquierdas enseguida llaman “facha” a todo el que piensa de una manera diferente a la de ellos, creo que es necesario refrescarles la memoria y mostrarles algunas de las veces en las que colaboraron con esos “fachas”, aunque ahora no quieran recordarlo. Así que ahora voy a exponer un ejemplo de ello, aunque ha habido muchos a lo largo de la Historia.

Estamos a primeros de noviembre de 1932. En Alemania, el presidente de la República de Weimar es Hindenburg y el canciller es von Papen, del partido Zentrum.

Como todos sabemos, la economía alemana atravesaba por una mala época. La inflación había castigado muy duramente al pueblo alemán. Una barra de pan costaba millones de marcos. En fin, un desastre.

En cambio, ahora había una deflación, que dio lugar a 6.000.000 de parados.

Así que a von Papen, que era un tipo muy enérgico, se le ocurrió la peregrina idea de recortar los salarios para reducir los costes, lo que provocó el hundimiento del consumo. Como era de esperar, la gente se puso en pie de guerra.

La BVG era la empresa de transportes públicos de Berlín. Siguiendo las directrices de la cancillería, decidió rebajar el sueldo de sus empleados a razón de 2 pfennigs por hora. El pfennig era el céntimo del antiguo marco alemán.

El sindicato mayoritario (ADGB) pertenecía al SPD. Como pretendía que el empresariado los viera como moderados, optaron por no apoyar la huelga. Supongo que tampoco se sumaron a la huelga, porque varios miembros del SPD ocupaban cargos directivos en BVG.

Sin embargo, el Partido Comunista (KPD), por medio de su sindicato, el RGO, aprovechó para intentar tomar el lugar que había dejado libre el ADGB.

Contra todo pronóstico, el sagaz Goebbels vio en esto una oportunidad para atraerse a las masas obreras, ya que la huelga comenzaba el 3 de noviembre y las elecciones generales eran 3 días después. Así que movilizaron a su sindicato, el NSBO.

Por ello, ambas organizaciones firmaron un pacto de no agresión, durante los días que durase la huelga, porque lo normal era que se pelearan muy a menudo por las calles berlinesas.

Así que los ciudadanos contemplaron asombrados cómo los comunistas y las SA nazis colaboraron en la instalación de barricadas, lucharon contra los esquiroles y pidieron con huchas para tener una caja de resistencia.

Curiosamente, los dirigentes comunistas, liderados por Ernst Thälmann, dijeron que prefirieron unirse a los nazis para luchar contra los capitalistas y contra el SPD.

Seguramente, a algunos les sonará el nombre de Ernst Thälmann o Thaelmann. Es posible que sea, porque, durante la guerra civil española, existió una unidad, compuesta por comunistas alemanes de la XI Brigada Internacional, que llevaba ese nombre.

Thälmann fue detenido en 1933 y enviado al campo de exterminio de Buchenwald, donde fue asesinado en 1944.

Curiosamente, Hitler no se pudo presentar antes a las elecciones, porque no le otorgaron la nacionalidad alemana hasta 1932. No olvidemos que había nacido en Austria, aunque combatió en el Ejército alemán, durante la I Guerra Mundial. Renunció a su nacionalidad austriaca en 1925, pero no le dieron la alemana hasta 1932. 


Ciertamente, esta colaboración entre comunistas y nazis nunca fue algo amigable, sino lo más parecido a una UTE (unión temporal de empresas), ya que los dos partidos se disputaban el apoyo de los obreros en las urnas.

Por ello, Goebbels se manifestó como un firme partidario de que no se hicieran recortes de salarios a los trabajadores.

Ambos partidos querían demostrar al gobierno que, sin su apoyo, Alemania era ingobernable. En el caso de Hitler, lo que pretendía era que von Papen fracasara para que Hindenburg le nombrara canciller a él.

Ambos partidos tenían un objetivo en común: derribar el gobierno de Franz von Papen.

La huelga fue duramente reprimida por la Policía, la cual llegó a disparar armas de fuego y eso dio lugar a que se produjeran 4 muertos.

Seguro que algunos querrán saber cómo llegaron estos dos grupos a un acuerdo para iniciar esta increíble huelga. Por parte de los comunistas, se sentaron a la mesa Walter Ulbricht y Paul Becker. El primero quizás os suena, porque llegó a ser presidente de la antigua RDA. El segundo es menos conocido, pero fue jefe de la Policía y luego alto directivo del deporte. Ambos cargos en la RDA.

Por parte nazi asistieron Goebbels, que era el jefe del partido nazi en Berlín y luego fue ministro de Propaganda con Hitler, y Reinhold Muchow, fundador del sindicato NSBO.

Una de las cosas que pactaron fue que los delegados de las fábricas de ambos sindicatos se pusieran de acuerdo para tomar, conjuntamente, las decisiones oportunas en cada momento.

Curiosamente, los nazis tuvieron que elegir entre el apoyo financiero que estaban teniendo, por parte de los empresarios alemanes, aunque todavía no les apoyaban los grandes magnates de la industria, y el apoyo de los obreros.

Así que eso de que los grandes industriales vieran que, sólo por unos días, los nazis habían colaborado con los comunistas, seguro que a más de uno le puso los pelos de punta. Ello dio lugar a la quiebra del Partido nazi a finales de 1932, ya que les retiraron casi todo el apoyo empresarial.

Esa situación cambió radicalmente, cuando, en enero de 1933, tras el encargo de formar el gobierno a Hitler, Goebbels convocó a los grandes magnates de la industria alemana para decirles que iban a ilegalizar a los partidos y sindicatos de izquierdas, al igual que las huelgas. Así que supongo que, como se suele decir, a Goebbels lo sacarían a hombros y por la puerta grande. A partir de entonces, les llovieron los fondos a los nazis.

Tampoco fue la primera vez en la que los alemanes colaboraron con los comunistas. Como los alemanes habían sido derrotados en la I Guerra Mundial y los comunistas rusos se habían rendido sin contar con los aliados, los trataron mal a ambos y no les dejaron participar en las reuniones del Tratado de Versalles.

Así que Alemania y la URSS se reunieron y firmaron, en 1922, el Tratado de Rapallo. Al que ya dediqué otro de mis artículos.

Por medio de este tratado, los alemanes aportaron sus conocimientos técnicos, mientras que los soviéticos exportaron sus materias primas sin trabas arancelarias. Al margen de esto, ambas partes se comprometieron a dejar que los alemanes probaran sus nuevas armas y entrenaran a sus tropas en territorio soviético.

Evidentemente, el otro momento en que ambos colaboraron fue tras el Pacto Ribbentrop-Molotov, firmado en 1939.

Volviendo a nuestro tema de hoy, parece ser que los grandes magnates industriales alemanes nunca habían sido muy partidarios de los nazis, porque en ese partido existía un ala izquierdista, liderada por su fundador Gregor Strasser, el cual proponía nacionalizar las industrias y limitar los beneficios empresariales. Hitler no tuvo ningún problema para ordenar el asesinato de Strasser y de su hermano en la Noche de los cuchillos largos. Aunque su hermano consiguió escapar a tiempo y se fue al exilio.

A pesar de que muchos industriales abominaban de los métodos violentos practicados por las SA, les importaba más que hubiera estabilidad en el país y, por eso, algunos de ellos fueron a hablar con Hindenburg para que nombrara canciller a Hitler, con la condición de que von Papen fuera el vicecanciller para que lo vigilara muy de cerca.

Su idea fue utilizar a los nazis como a una especie de Policía con poderes excepcionales para enfrentarse a las organizaciones de izquierda, aunque siguieran gobernando los políticos de siempre.

Ciertamente, se equivocaron, porque Hitler supo sacar mucho partido a los pocos puestos que le habían dejado en el Gobierno y los utilizó para ir eliminando a sus adversarios políticos.

También es cierto que Hitler sacó partido de la crisis económica en la que estaba sumida Alemania.

Tras la firma del Tratado de Versalles, les exigieron unas indemnizaciones muy exageradas a Alemania, que no podían pagar. Así que los aliados redujeron esas indemnizaciones y les dieron más facilidades de pago.

A partir de entonces, Alemania empezó a funcionar de nuevo, porque muchas empresas, sobre todo, del Reino Unido y de USA, invirtieron grandes cantidades de dinero en ese país.

Sin embargo, tras el Crac de 1929, esas empresas se vieron obligadas a repatriar el capital invertido en Alemania y eso dio lugar a una crisis económica mucho mayor, la cual eliminó la clase media e hizo surgir a los partidos ultras de ambos bandos.

En cuanto a esta huelga de 1932, hay que decir que no lograron sus objetivos. La empresa, BVG, rebajó los salarios y despidió a unos 4.000 de sus 28.000 empleados.

Así que la huelga acabó el día 6 de noviembre, cuando se celebraron las elecciones generales. A partir de esa fecha, volvieron a combatir en las calles los comunistas contra las SA nazis.(foto: Bundesarchiv_B_145_Bild-P049500)

Por lo que respecta al Partido Nazi, parece ser que a los alemanes no les gustó nada que se unieran a los comunistas en esta huelga. Así que en esas elecciones perdieron nada menos que 34 escaños, desde los 230 obtenidos en las elecciones de julio de 1932. No obstante, siguió siendo el partido más votado. El siguiente más votado fue el SPD y luego el KPD.

Los comunistas del KPD lograron un pequeño aumento de escaños, pero no lograron desbancar al sindicato ADGB del apoyo de la mayoría de los obreros alemanes.

Como ya he dicho, los políticos e industriales de Alemania tuvieron que ir a hablar con Hindenburg para intentar convencerle de que le encargase el gobierno a Hitler. Un tipo que nunca gustó al viejo militar. Buscaron una solución a la situación desesperada en la que vivía Alemania. Se dieron cuenta muy tarde de que se habían equivocado.

En resumen, un acontecimiento muy banal, como fue una huelga de transporte, fue lo que precipitó la llegada al poder de Hitler.

 

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