ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 11 de octubre de 2026

EL ENIGMA DEL TENIENTE CORONEL MANUEL URIBARRI

 

Hoy voy a escribir un artículo sobre un personaje del que he encontrado muy pocos datos. Así que tampoco podrá ser muy extenso.

Manuel Uribarri Barutell, aunque también aparece como Uribarry, nació en 1896 en la localidad valenciana de Burjassot.

Supongo que creció en el seno de una familia acomodada, pues su padre fue el general de brigada Aureliano Uribarri León.

No sé si no fue capaz de aprobar el examen de ingreso en la Academia de Infantería. Lo cierto es que fue soldado voluntario entre 1914-1916, estando destinado en Ceuta. Ese último año consiguió ingresar en la Academia de Infantería, que estaba situada en Toledo.

Tres años más tarde, recibió su despacho como teniente y, como casi todos los nuevos oficiales, fue destinado a aquella “picadora de carne”, que fue la Guerra de África. Allí consiguió la Cruz al mérito militar con distintivo rojo. Después fue destinado a un regimiento situado en Mahón (Menorca). Ahí fue donde escribió su primera obra teatral, “Justicia de Dios”, donde denunciaba las desigualdades sociales y la necesidad de efectuar cambios para solucionarlo. Después, escribió otra media docena de obras teatrales.

No sé si fue entonces donde decidió afiliarse a la Masonería. Una organización a la que también perteneció su padre. También se afilió a la UMRA (Unión militar republicana antifascista).

Pasó por varios destinos, hasta que, en 1924, le concedieron pasarse a la Guardia Civil. Por aquel entonces, ese cuerpo no disponía de oficiales propios. Así que todos procedían del Ejército.

Estuvo destinado como jefe de línea en una comandancia de Valencia.

En ese destino le pilló el comienzo de la guerra civil, cuando ya era capitán de la Guardia Civil.

Así que, en un principio, le asignaron la formación e instrucción de unidades de milicianos.

Posteriormente, estuvo al mando de la llamada Columna fantasma. Llamada así por su rapidez de movimientos.

Empezó teniendo unos 500 efectivos, siendo la mayoría de ellos guardias civiles y miembros de la CNT de Valencia. Una mezcla un tanto explosiva.

En agosto de 1936, le encargaron coordinarse con el comandante Bayo para ocupar las islas Baleares, que estaban en poder del bando nacional.

Parece ser que Uribarri y su columna no tuvieron muchos problemas en recuperar Ibiza y Formentera. Sin embargo, cuando desembarcaron en Cabrera, para unirse a las tropas del comandante Bayo, surgieron discusiones entre ambos, ya que éste quería tener todas las fuerzas bajo su mando, a los que Uribarri se opuso.

Por ello, Uribarri decidió regresar con sus tropas a la Península y dejar a Bayo que continuara con su tarea en las islas.

Posteriormente, Uribarri y su columna fueron enviados hacia Extremadura, donde les encargaron hostigar a las columnas nacionales, que avanzaban hacia Madrid y Toledo. Parece ser que habían conseguido moverse tan deprisa, porque habían incautado muchos vehículos.

En un principio, consiguieron tomar Guadalupe, pero luego fueron desalojados por las tropas del comandante Castejón.

Parece ser que no destruyeron el monasterio de Guadalupe, atendiendo a los ruegos de uno de los dirigentes de la Izquierda Valenciana, llamado Josep Castanyer.


Posteriormente, se retiraron hacia Talavera de la Reina.

Estuvieron en esa zona hasta finales de 1936. Posteriormente, fueron incorporados a la 46 Brigada Mixta, cuando empezó a crearse el Ejército republicano. Fue ascendido a comandante y le nombraron jefe de esa unidad.

Supongo que el ser un militar, militante del PSOE valenciano y masón le hizo destacar entre otros, ya que el Gobierno republicano nunca confió en sus militares y creo que vieron a Uribarri como a uno de los suyos.

A pesar de que estuvo en un frente que no se movió demasiado, uno de sus logros fue el bombardeo y destrucción de la fábrica de armas de Toledo.

A mediados de 1937, asciende a teniente coronel y es nombrado inspector de la Guardia Nacional Republicana. El nuevo nombre de la Guardia Civil.

Parece ser que se hizo amigo del ministro de Defensa, Indalecio Prieto y supongo que esa sería la razón por la que éste le nombró, en enero de 1938, jefe del SIM (Servicio de información militar), que se había fundado en agosto de 1937.

Durante su breve estancia en esa organización multiplicó el número de agentes de espionaje, contraespionaje y confidentes para luchar contra la Quinta Columna. Sobre todo, en Madrid, Barcelona y Valencia.

Aumentó la vigilancia en los puertos y pasos de fronteras, para evitar el sabotaje y el contrabando. Aparte de la evasión de capitales y divisas hacia el extranjero.

Al mismo tiempo, efectuaron miles de incautaciones, relativas a obras de arte, joyas, dinero en efectivo y en divisas, relativas a los sospechosos detenidos por sus hombres.

También consiguieron desarticular varias redes de espionaje del bando nacional, escondidas dentro de embajadas extranjeras y en viviendas de la retaguardia.

Una de las embajadas asaltadas fue la de Turquía, donde detuvieron a todos los que se encontraban dentro de ese recinto.

Al mismo tiempo, centralizó los lugares de detención e interrogatorios, ya que el Gobierno le había otorgado el control sobre las checas.

Sin embargo, tuvo la desafortunada idea de querer espiar también a los miles de “asesores” llegados desde la antigua URSS.

Supongo que esa idea no gustó nada en Moscú y, por ello, le encargaron al PCE que le acosaran y hasta le amenazaran de muerte.

Así que, tras la caída del gobierno donde estaba Prieto, en abril de 1938, se sintió cada vez más desprotegido a causa de la mayor influencia que estaban teniendo los comunistas en el gobierno.

Es posible que esa fuera la razón por la optó por huir, antes de que se lo cargaran, como les ocurrió a otros.

En abril de 1938, Uribarri decidió huir hacia Francia. No sé si sería cierto, pero le acusaron de haberse apropiado de muchas joyas, procedentes de las incautaciones.

Ese fue uno de los motivos por los que el Tribunal de espionaje y alta traición abrió un sumario contra él. Como no consiguieron detenerle, fue declarado en rebeldía, bajo la acusación de deserción y malversación de fondos públicos. Se ve que no les gustó que no quisiera repartir con ellos.

En su obra “La Quinta columna española” negó haberse llevado nada que no fuera suyo y justificó su huida, porque se enteró de que unos agentes de la NKVD (después KGB) habían recibido la orden de asesinarle. Así que sólo fue el jefe del SIM entre enero y abril de 1938.

Él indicó que ese dinero estaba destinado a las operaciones en el extranjero del SIM y lo utilizó para poder vivir, primero en Francia y luego en América.

La propaganda del bando nacional también le criticó, acusándole de ser “el paradigma del policía republicano corrupto y millonario, que huyó robando las joyas de la Patria”.

Desde su exilio en Francia, primero marchó a la Cuba de Batista, donde vivió durante varios años. Allí se ganó la vida escribiendo en diversos periódicos y revistas de ese país. Supongo que también le fue de utilidad ser miembro de la Masonería.

También aprovechó el tiempo para escribir sus memorias en dos tomos: La Quinta columna española y El triunfo de la traición. Publicados ambos en 1940.

Siguió perteneciendo a la Masonería, ingresando en una de las logias de esa isla y llegando a ser uno de los jefes de la misma.

Aunque parezca mentira, colaboró activamente con la Agrupación Socialista  Española de La Habana. Eso fue así, porque, durante el exilio, hubo dos corrientes socialistas: la de Negrín y la de Prieto. Lógicamente, él estuvo en el segundo grupo.

En esos tomos justificaba a su actitud frente a las acusaciones, que le habían hecho los republicanos y el PCE.

Cuando se produjo el triunfo de los revolucionarios de Fidel Castro, él enseguida se dio cuenta de que se trataba de unos comunistas. Así que hizo su equipaje y se marchó a México.

Curiosamente, el que entrenó a Fidel Castro y sus camaradas fue aquel comandante Bayo, que se enfrentó a nuestro personaje en las Baleares. Hace tiempo, le dediqué otro de mis artículos.

Si Uribarri no se hubiera marchado de Cuba en 1961, es muy posible que hubiera recibido la visita de agentes soviéticos del KGB, los cuales le hubieran eliminado, ya que se había convertido en uno de los mayores críticos del estalinismo y del comunismo. Aunque Stalin se murió en 1953, mientras que Fidel triunfó en 1959.

Desgraciadamente, como su salud ya no era muy buena, falleció en 1962 en Veracruz. Pocos meses después de haber llegado a México.

Por si a alguno le ha quedado alguna dura, con respecto a la fortuna que se llevó al extranjero, hoy en día todavía existen tres versiones: la del Gobierno de Negrín y el PCE, que siempre le acusaron de robo y alta traición. Se ve que no quiso repartir con ellos.

La del propio Uribarri, que aseguraba que esos fondos correspondían al dinero a pagar a los espías del SIM y a las embajadas en el extranjero. Él afirma que entregó la mayoría de esos fondos.

No obstante, cuando Uribarri llegó a Cuba no parecía una persona con fortuna, sino alguien que tuvo que trabajar mucho para llegar a fin de mes. Se llevó allí a su mujer y a sus hijos y parece ser que lo llegaron a pasar muy mal.

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lunes, 5 de octubre de 2026

EL FINAL DE LA GUERRA CIVIL Y LA HUÍDA DE LOS REPUBLICANOS

 


Antes de empezar este artículo, he de reconocer que pensaba publicarlo antes que el anterior. Sin embargo, me pareció mejor publicar ese antes para que los lectores tuvieran una idea más clara de lo ocurrido al final de la guerra.

Empezaré por mencionar a un personaje poco conocido, el general Matallana. Éste era un militar perteneciente al Estado Mayor. Parece ser que había conocido al general Luis Castelló, cuando éste fue el gobernador militar de Badajoz y ambos estuvieron destinados allí.

Castelló consiguió que la guarnición de Badajoz no se sublevase. Así que Azaña lo reclamó a Madrid para ser ministro de la Guerra. Ya dediqué otro artículo a este personaje, el cual estuvo de baja durante toda la guerra, debido a sus problemas mentales.

Así que, cuando Castelló fue nombrado ministro, reclamó a Matallana para ingresar en el Estado Mayor central.

Hay muchas dudas sobre la lealtad de Matallana al Gobierno republicano. Lo que sí se sabe es que, a principios de 1939, estuvo en contactos con miembros de la Quinta Columna y, según él mismo, les facilitó muchos planes de guerra de las tropas republicanas.

Parece ser que el general Manuel Matallana Gómez mantuvo esos discretos contactos a través de su hermano Ricardo, teniente coronel de la Guardia Civil, el cual residía en Madrid y conocía a algunos quintacolumnistas.

También hubo quintacolumnistas alrededor de los miembros del alto mando republicano. Como el propio médico personal del coronel Casado, un médico militar, llamado Vicente Garijo.

Eso dio lugar a que el 05/03/1939 se constituyera el Consejo Nacional de Defensa.

Entre el 06 y el 11 de marzo tuvieron lugar fuertes combates en las mismas calles madrileñas.

El 12 de marzo terminaron los combates con la rendición de los comunistas, que apoyaban a Negrín. También fusilaron al coronel Barceló.

El día 23, Casado envió a los tenientes coroneles Antonio Garijo y Leopoldo Ortega a volar hasta el aeródromo burgalés de Gamonal para parlamentar con el coronel Ungría y el teniente coronel Fontán, representantes del bando nacional.

Regresaron con muy malas noticias, porque Franco ya se veía vencedor y no aceptó esa especie de acuerdo entre caballeros, que deseaba el coronel Casado, para que no hubiera medidas represivas durante la posguerra.

El propio general Matallana, jefe del Estado Mayor central, envió un mensaje a todos los jefes de las unidades militares, en el que les dijo que la guerra estaba perdida y ya debían de dejar de combatir.

Entre tanto, a primeros de marzo, la flota republicana, al mando del almirante Buiza, zarpó hacia la antigua Argelia francesa y luego fueron a Túnez.

Unos días más tarde, la plana mayor del PCE, integrada por la Pasionaria, Líster, Alberti, María Teresa León, Modesto y Carrillo, huyeron en dos aviones Dragon Rapide, desde el aeródromo de Monóvar. Uno hacia la Argelia francesa y otro hacia Francia.

Negrín y sus ministros tampoco se quedaron a ver lo que pasaba y también huyeron en un avión con destino a un aeródromo francés.


El coronel Segismundo Casado y su séquito, compuesto por varios miembros del Consejo de Defensa Nacional, embarcaron en Gandía, donde ya habían acordado con las autoridades británicas que les recogería un barco de su Armada, poniendo rumbo hacia Marsella y luego en avión hacia el Reino Unido.

Uno de los pocos que se quedaron fue Julián Besteiro, el cual fue detenido en la sede del Consejo, situada en los sótanos del Ministerio de Hacienda. Fue juzgado y condenado a varios años de cárcel. Sin embargo, murió al año siguiente en la prisión de Carmona.

Siguiendo su ejemplo, miles de personas pretendieron huir de la Península. Fueron hacia los puertos de Levante. Parece ser que alguien corrió la voz de que los iban a recoger en el puerto de Alicante. Así que, poco a poco, se fueron reuniendo allí unas 15.000 personas de todo tipo.


Todos tenían la esperanza de que iban a ir muchos barcos a rescatarlos. Sin embargo, fueron pasando los días y lo único que vieron era que las tropas italianas habían llegado a Alicante y habían rodeado los accesos al puerto.

Sólo había allí un viejo carguero británico, llamado Stanbrook, al mando del capitán Archibald Dickson, un marino de origen galés.

Se trataba de un barco mercante, que había llevado un cargamento de carbón a Alicante.

Por lo visto, el capitán se apiadó de toda esa gente y consintió que unas 3.000 personas embarcaran en su nave. Algo muy peligroso, porque no podía ir tan cargado. No obstante, zarpó con todos ellos hasta un puerto de la Argelia francesa.

Para colmo, los franceses sólo permitieron el desembarco de las mujeres y los niños. A los hombres los tuvieron casi un mes embarcados en unas condiciones muy penosas. Posteriormente, a la mayoría de ellos los enviaron a campos de concentración y luego a trabajar en las obras ferroviarias en pleno desierto. De allí no salieron hasta que los aliados desembarcaron en el norte de África.

Realmente, la gente se hallaba muy indignada, porque, unos días antes de la llegada del Stanbrook, zarpó otro barco, llamado Maritime, pero éste sólo admitió a unas 320 personas, que habían pagado el pasaje. Con lo cual, se fue casi vacío. Los únicos que pudieron embarcar fueron altos cargos del gobierno republicano y sus familiares.

Como los que se quedaron en el puerto de Alicante se dieron cuenta de que ningún barco iba a ir a rescatarlos, se produjeron varias escenas dantescas.

Varios militares se suicidaron. Incluso, algunos por parejas. Como si estuvieran en un duelo. Muchos lanzaron sus armas y su documentación al mar para intentar que no fueran reconocidos.

Hubo algunos casos peores, como el del último alcalde socialista de Alcira, el cual, según dijeron los testigos, encendió un puro y, a mitad del mismo, sacó su navaja de afeitar y se cortó el cuello delante de todos.

Por lo visto, Ángel Pedrero, jefe del SIM, que había apoyado el golpe de Casado, se llevó a la plana mayor de su organismo, junto con las joyas que habían ido robando durante todos esos años. Incluso, los acompañó Fernando Valentí, uno de sus mejores agentes, que antes de la guerra había sido joyero.

Hay que decir que, a finales de 1936, el Gobierno republicano decretó que la mayoría de las checas fueran controladas por el SIM. Así que estos fueron los responsables de las torturas y los asesinatos, que se realizaron en esos centros.

Curiosamente, otros de los que estuvieron allí esperando fueron el coronel de Artillería Fernando Casado y su hijo, el famoso actor Fernando Rey, que, realmente, se llamaba Fernando Casado y había sido un teniente piloto republicano.

Afortunadamente, el hijo consiguió ropas de civil y logró escapar de allí. Sin embargo, el padre fue capturado, juzgado y condenado a una pena de cárcel. Luego indultado, pero perdió todos sus derechos, conseguidos en el Ejército.

Posteriormente, llegaron las tropas nacionales, que obligaron a todos a ir al campo de los Almendros, salvo las mujeres y los niños que los llevaron a cines y teatros de la ciudad.

Los hombres fueron identificados y clasificados en una semana. Posteriormente, los encerraron en el campo de concentración de Albatera, otros fueron encarcelados en el castillo de Santa Bárbara, en Alicante, mientras que los del SIM fueron trasladados a Madrid.

Parece ser que ya hicieron algunas sacas en Albatera, en las que fusilaron a algunos.

En el castillo habían encerrado a gente más importante, como altos oficiales republicanos, los cuales fueron sometidos a consejos de guerra y algunos de ellos fueron condenados y fusilados. Igual que les ocurrió a los encerrados en el Reformatorio de adultos.

El campo de concentración de Albatera fue clausurado en octubre de 1939. Los presos que no tenían delitos de sangre fueron puestos en libertad. Los que tenían pequeñas condenas fueron enviados a trabajos forzados. Los acusados de delitos importantes fueron trasladados a prisiones provinciales. Mientras que los del SIM fueron interrogados y torturados en Madrid para arrancarles confesiones de todo tipo.

En los casos de Ángel Pedrero y Fernando Valentí, principales responsables del SIM, los estuvieron interrogando hasta mediados y finales de 1940, respectivamente. Entre otros delitos, se les acusó de la detención y muerte de Andreu Nin.

Para terminar, he de decir que muchos de los detenidos en Alicante fueron puestos en libertad sin cargos, pero eso implicaba que se tenían que presentar, periódicamente, en el cuartel de la Guardia Civil de su localidad de residencia.

Los que estaban haciendo el servicio militar fueron alistados en el nuevo Ejército. También hay que decir que muchos de los soldados del bando nacional no fueron licenciados hasta varios años más tarde, porque, cuando comenzó la II Guerra Mundial, no se sabía si los aliados o los alemanes querrían invadir España.

Como ya he dicho antes, otros muchos prisioneros fueron condenados a trabajos forzados, como la construcción de carreteras, vías ferroviarias, reconstrucción de edificios e iglesias destruidas, etc.

Los mandos del Ejército republicano y los afiliados a partidos y sindicatos de izquierdas fueron sometidos a consejos de guerra de donde muchos salieron condenados a penas de cárcel o, incluso, a penas de muerte.

 

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sábado, 26 de septiembre de 2026

EL CORONEL CASADO Y EL FIN DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

Hoy estoy seguro de que este artículo va a continuar la polémica, que lleva muchos años existiendo en torno a este personaje.

Comenzaré por sus datos biográficos. Nació en 1893 en una pequeña localidad segoviana.

Como hijo de militar, también ingresó en el ejército, concretamente, en la Academia de Caballería.

Posteriormente, hizo el curso de Estado Mayor y fue destinado a la guerra de África.

No sé si su afiliación a la Masonería tuvo algo que ver en su nombramiento como jefe de la escolta militar del presidente Alcalá Zamora. No olvidemos que la mayoría de los miembros de las primeras Cortes republicanas eran masones.

Posteriormente, tras su ascenso a comandante, fue nombrado ayudante del presidente Azaña por el arma de Caballería. No confundirlo con el coronel Fernando Casado, que fue ayudante presidencial por el arma de Artillería. Este último fue el padre del actor Fernando Rey.

Al comienzo de la guerra civil, fue nombrado instructor de las Brigadas Mixtas de lo que empezó a ser el nuevo Ejército republicano. Eso le llevó a participar en varias batallas importantes, pero no creo que estuviera pegando tiros en el frente.

Curiosamente, en un contexto en el que el Gobierno republicano nunca se fio de sus militares, sin embargo, parece ser que siempre confiaron en él.

En 1938, le otorgaron el mando del Ejército del centro. La unidad más poderosa del Ejército republicano.  Sustituyendo al general Miaja.

Ese año, sobre todo, después de la derrota en la batalla del Ebro, la inmensa mayoría de los militares profesionales ya sabían que la guerra estaba perdida. Así que Casado se puso del lado de su protector, Indalecio Prieto, el cual opinaba que había que iniciar unas negociaciones para acabar con la guerra.

Supongo que Negrín se quiso quitar del medio a Prieto. Así que, en lugar de cesarlo, lo envió en misión diplomática a Chile para asistir a la proclamación del nuevo presidente de ese país. El final de la guerra le pilló en América y ya nunca regresó a España.

Ya sabemos que Prieto y Lerroux siempre fueron unos grandes especialistas en salir huyendo, cuando veían que se acercaba algún peligro y eso hicieron. Lerroux huyó en cuanto comenzó la guerra civil.

Siempre hubo muchas quejas de los militares republicanos contra los mandos milicianos y, sobre todo, contra los asesores soviéticos. A los que culpaban de haber perdido varias batallas.

Así que no es de extrañar que Casado se acercara a algunos miembros de la Quinta Columna o viceversa, con el objetivo de acabar cuanto antes con la guerra. Pretendía acabarla con una especie de pacto entre caballeros. Solía decir: “entre militares nos entenderemos”.

Por el contrario, en aquella misma época, el presidente Negrín, publicó sus famosos 13 puntos, como si fuera una especie de perdón para los que se habían sublevado. Cuando estos tenían ya ganada la guerra.

Por lo visto, Negrín era un tipo que vivía muy lejos de la realidad. Incluso, padecía bulimia. O sea, comía en exceso para luego tener que vomitarlo, antes de seguir comiendo. Algo increíble en un país, donde cada vez se moría más gente de hambre. Sobre todo, en la zona republicana, porque en la zona nacional se hallaban casi todos los recursos agrícolas y ganaderos.

Yo no lo sé, pero hay quien dice que Negrín estaba al servicio de la URSS, aunque fuera miembro del PSOE. Lo cierto es que estaba empeñado en continuar con la guerra civil, a fin de alargarla hasta que se iniciara la II Guerra Mundial, donde estaba seguro de que le apoyarían los aliados. No le importaba nada que siguieran muriendo hombres, mujeres y niños.

Hay que decir que el Estado Mayor republicano estaba repleto de militares, que colaboraban con la Quinta Columna. El propio general Matallana alegó en su defensa que había proporcionado cientos de documentos a las tropas nacionales. Así que no es de extrañar que los jefes de las milicias dijeran que, cuando iniciaron la batalla de Brunete,  ya les estaban esperando allí los nacionales.

Se supone que Casado tuvo que ir con mucha cautela para ver quién le podría ayudar a acabar con la guerra. Uno de los que se le opuso fue el teniente coronel Luis Barceló. Sin embargo, hubo otros mandos militares, que apoyaron su iniciativa. No sé si Casado les habría prometido que, una vez acabada la guerra, seguirían dentro del Ejército o es que fue algo que creyeron ellos. Como había ocurrido tras las guerras carlistas.

Así que, en marzo de 1939, se decidió a dar el golpe, aprovechando que Negrín se hallaba escondido en un bunker de Levante.

Contó con la ayuda de muchos militares a los que se unieron algunos republicanos, varios miembros del PSOE seguidores de Besteiro y hasta los de la CNT, liderados por Cipriano Mera.

Así que, entre el 5 y el 12 de marzo de 1939, tuvo lugar una pequeña guerra civil dentro del Madrid republicano.

De hecho, los nacionales, que llevaban desde 1936 asediando esa ciudad, dejaron de combatir y contemplaron absortos cómo se mataban los propios republicanos.

Negrín se puso en contacto con Casado y éste le dijo que ya no obedecía sus órdenes. Así que salió huyendo hacia Francia. Antes de ello, intentó atraerse a algunos mandos militares a base de ascenderlos, pero no consiguió nada. Incluso, le prometió a Casado que lo ascendería a general, pero éste no le hizo caso.

Las tropas anarquistas se enfrentaron a las comunistas. Incluso, hubo combates en pleno Paseo de la Castellana.

Entre tanto, los comunistas dieron la orden de que una unidad de carros de combate, situada junto al aeropuerto, se dirigiera a tomar el Palacio del Capricho, en la Alameda de Osuna. Allí capturaron a los miembros del Estado Mayor de Casado. Se los llevaron al Palacio del Pardo y allí los fusilaron por orden de Barceló. Esa fue la razón por la que, cuando lo capturaron, fusilaran también a Barceló.

Cuando los comunistas se enteraron de que sus dirigentes ya habían huido de España, depusieron las armas, con la condición de no ser castigados por Casado.

Ahora tenía el mando el Consejo Nacional de Defensa, presidido por el general Miaja y compuesto por Julián Besteiro, el coronel Casado y Cipriano Mera.

La idea era intentar conseguir un acuerdo de paz, donde no hubiera vencedores, ni vencidos. Ni tampoco ningún represaliado. Sin embargo, ya en febrero de ese año, Franco había firmado una Ley de responsabilidades políticas, por las que pensaban reprimir a todos los que hubieran estado en el bando republicano.

A mediados de marzo de 1939, Casado envió a Burgos a dos de sus militares de confianza para intentar conseguir que no hubiera represalias entre los vencidos.

Sin embargo, Franco, que ya tenía a casi todas las potencias extranjeras de su parte, sólo aceptaría la rendición incondicional. Tampoco aceptó una rendición parcial por zonas, para dar tiempo a escapar a quien quisiera hacerlo.

Así que Franco les dio un plazo para rendirse incondicionalmente. Al finalizar el mismo, lanzaría una ofensiva generalizada para romper todos los frentes.

Por ello, cuando Franco inició esa ofensiva, Casado dio la orden de no oponerse a ella y entregarse. Eso dio lugar a miles de deserciones.

También muchos cargos políticos republicanos, que aprovecharon para salir huyendo hacia las costas levantinas, con la esperanza de poder embarcar en alguna nave y huir antes de que los capturasen las tropas nacionales.

Lo que no sabían era que la flota republicana ya había huido, unos días antes, hacia la antigua Argelia francesa.

Así que el 28/03/1939, las tropas nacionales entraron en Madrid, sin encontrar resistencia y apoyadas por miles de quintacolumnistas, que residían en la capital.

La entrega de Madrid tuvo lugar esa misma mañana en la Ciudad Universitaria entre el coronel republicano Adolfo Prada y el coronel nacional Eduardo Losas.

Parece ser que Casado, ya había contactado, unos días antes, con el cónsul británico en Valencia, al cual le pidió que propusiera a su gobierno que les ayudaran a escapar por algún puerto levantino.

El puerto elegido fue Gandía, a donde llegaron dos barcos de la Armada británica. Parece ser que eligieron ese puerto, porque estaba explotado por una empresa británica.

Como allí había mucha gente esperando embarcar, les engañaron, diciéndoles que se dirigieran a Alicante, donde podrían embarcar en muchos barcos, que llegarían en los próximos días. De esa forma, Casado y las casi 200 personas, que le acompañaban no tuvieron ningún obstáculo para embarcar en esas naves británicas, rumbo a Francia. Para luego continuar Casado su viaje hacia el Reino Unido.

Uno de los que embarcaron con Casado fue Wenceslao Carrillo. En cambio, Miaja no se fiaba mucho y se fue en avión hacia Argelia.

Aunque hubo un barco de la Armada nacional vigilando el embarque de estos personajes en Gandía, no se atrevió a intervenir. Supongo que en Burgos no querrían empeorar sus relaciones con Londres.

El único miembro del Consejo de Defensa Nacional que no quiso escapar fue Julián Besteiro, el cual fue detenido en la sede de ese organismo, situado en los sótanos del Ministerio de Hacienda, al comienzo de la calle de Alcalá. El lugar más bombardeado del Madrid republicano.

Besteiro fue encarcelado, juzgado y condenado a 30 años de prisión. Murió en la cárcel de Carmona, donde estuvo encerrado junto a muchos curas vascos.

El filósofo Julián Marías, que entonces era un joven de 25 años, fue también detenido por ser el secretario de Besteiro. Lo denunció un antiguo compañero de la Universidad.

Eso dio lugar a que estuviera encerrado durante muchos meses, pero, felizmente, fue puesto en libertad, gracias a las gestiones de muchos amigos.

No obstante, esos meses de encarcelamiento le perjudicaron mucho, ya que no le permitieron doctorarse, hasta muchos años más tarde. Ni le permitieron dar clases en las universidades españolas.

Por lo que se refiere al coronel Casado, en abril de 1939, llegó a Londres. En las fotos se le ve extremadamente delgado, debido a sus problemas con úlceras de estómago.

Casado no encontró trabajo en Londres. Así que se trasladó, primero a Colombia y luego a Venezuela, donde trabajó como directivo de una empresa. Posteriormente, se llevó a ese país a su mujer y a sus dos hijos.

En 1961, viéndose ya mayor y enfermo, decidió regresar a España. En cuanto llegó, fue detenido y llevado ante un consejo de guerra. Supongo que fue absuelto por orden de Franco, ya que facilitó mucho el fin de la guerra. No obstante, no le devolvieron ni su empleo en el Ejército, ni le abonaron ninguna pensión.

Era un hombre rodeado de enemigos, ya que los comunistas y buena parte de los republicanos, le consideraron siempre un traidor. Mientras que para los franquistas siempre fue un militar enemigo.

No pudo ejercer ninguna actividad laboral y vivió con mucha austeridad sus últimos años hasta su fallecimiento en diciembre de 1968.

En resumen, aunque muchos lo sigan viendo como una especie de traidor a la causa republicana, yo creo que fue un militar honesto con su pueblo y no permitió que los políticos alargaran una guerra, que ya estaba perdida y que podría dar lugar a otros muchos miles de muertos.

Hay que saber ganar, pero también hay que saber perder. Así que no estaría mal que se le reconociera el haber terminado con el sufrimiento de millones de españoles.

 

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domingo, 20 de septiembre de 2026

EL EXTRAÑO CASO DE ENRIQUE CASTRO DELGADO

 

Hoy voy a narrar la historia de un personaje sumamente extraño del que no se sabe hasta dónde es cierto o no.

Enrique Castro Delgado nació en 1907. Unos dicen que nació en Badajoz, pero que, cuando aún era muy pequeño, se trasladó con su familia a Madrid. Otros afirman que nació en Madrid.

Lo único cierto es que su familia era muy modesta. Su padre era albañil. Su madre era ama de casa, pero también ejercía, a veces, de modista. Tampoco era hijo único, sino que tuvo varios hermanos. En fin, una típica familia modesta de principios del siglo XX.

Se crio en el barrio de Cuatro Caminos, donde siempre vivieron muchos obreros y miles de sindicalistas.

Así que estudió lo que pudo, pero pronto tuvo que dejar sus estudios para trabajar como obrero metalúrgico.

Poco a poco, en ese barrio obrero, fue formándose su concienciación política. Por ello, en la década de los 30, ya era uno de los líderes del MAOC (Milicias antifascistas obreras y campesinas).

Pertenecía al Comité Central del PCE. Escribía a menudo en Mundo obrero y además era afiliado a la UGT, porque entonces todavía no existía CCOO. Todo ello, dio lugar a que fuera detenido y encarcelado en diversas ocasiones.

Así que, como era uno de los líderes del MAOC, es posible que estuviera involucrado en la organización de un atentado, que tuvo lugar el 04/05/1936, por gente de ese grupo, contra una sede falangista, situada en la calle Bravo Murillo, 181, de Madrid. Por ello, se produjo un tiroteo, donde hubo varios muertos y heridos en ambos bandos. Este atentado fue uno de los muchos que se produjeron en aquella época, donde un atentado era respondido con otro por el otro bando.

Quizás les suene a algunos otro atentado, que tuvo lugar en la misma zona, pero ya el 25/02/1945, contra otra sede de Falange, en la cual también hubo muertos y heridos. Pero no es el mismo atentado.

Este último atentado sí provocó una respuesta muy dura por parte del gobierno franquista, consistente en detenciones, encarcelamientos y varios fusilamientos.

Volviendo a nuestro personaje de hoy, parece ser que participó en el famoso asalto al Cuartel de la montaña, situado junto a la actual Plaza de España.

Incluso, presumió de haber matado a varios defensores. Incluso, a uno de ellos, que era primo suyo. Algunos de sus biógrafos dicen que este detalle del primo no es cierto.


Cuando comenzó la Guerra civil, fue el creador y organizador del famoso Quinto regimiento de milicias, cuyo cuartel estuvo en un colegio de los Salesianos, situado en la calle Francos Rodríguez. También cerca de Cuatro Caminos.

Sin embargo, Castro Delgado se sintió muy decepcionado cuando el PCE decidió cesarle de ese puesto y sustituirle por Enrique Líster. Luego, para tenerlo callado, lo nombraron director general del Instituto de Reforma Agraria. Un hombre que habría visto el campo en fotos.

Precisamente, uno de los milicianos de esa unidad fue el famoso humorista Gila, que ingresó con sólo 17 años. Fue capturado y fusilado en una localidad de Córdoba, pero se hizo el muerto y logró escapar con vida.

Volviendo a Castro Delgado, hay que decir que nunca entró en combate. Durante la guerra, su misión fue la de organizar los suministros a los combatientes, desde su oficina situada en el antiguo convento de las Salesas Reales, hoy Tribunal Supremo.

No sólo hizo eso, sino que, al fundar el Quinto Regimiento de Milicias, también creó un grupo de contrainteligencia, dedicado a cazar quintacolumnistas, que luego iban a parar a las infames checas. La principal de estas checas estuvo en el Círculo de Bellas Artes y luego se trasladó a la calle Fomento, muy cerca del Senado.

O sea, que fue uno de los responsables de la creación de las checas, como él mismo reconoce en su obra “Mi fe se perdió en Moscú”.

Ciertamente, se le ve en algunas fotos visitando el frente, acompañando a algunos visitantes extranjeros y delegados soviéticos.

También fue subcomisario general de guerra e inspector en el Ministerio de la Guerra, que luego se llamó de Defensa.

El golpe del coronel Casado le pilló en Valencia. Por eso no fue detenido por los casadistas.

Así que el 06/03/1939, viendo que todo estaba ya perdido, montó en uno de esos aviones Dragon Rapide, junto a la Pasionaria y Francisco Antón, en un vuelo con destino en Toulouse.

Parece ser que al Gobierno de Francia no le gustaron demasiado esos “turistas”. Así que, en mayo del mismo año, consiguieron llegar a la antigua URSS.

Allí le dieron un cargo sin apenas competencias, dentro del Komintern, por ser miembro del Comité Central del PCE y también colaboró en programas de radio, donde hacía propaganda contra el régimen franquista.

Sin embargo, aquel ambiente tan tenso, en medio de las purgas de Stalin, no le gustó nada y empezó a criticar esa situación. Algo que no gustó nada en el PCE. Por ello, la Pasionaria y Carrillo presionaron hasta conseguir expulsarlo del partido en 1944.

Parece ser que tuvo mucha suerte, porque sus antiguos camaradas estaban conspirando para que lo enviaran a pudrirse en Siberia.

Sin embargo, se hizo amigo de un diplomático mexicano, que tenía muchos contactos en Moscú y fue el que consiguió sacarlo de allí en 1945 y hacer que se trasladase, junto a su esposa, a México.

En México fue donde escribió su famoso libro “Mi fe se perdió en Moscú”, donde cuenta sus experiencias en la antigua URSS.

Como todos sabemos, el Gobierno de México siempre se negó a tener relaciones diplomáticas con el Gobierno franquista. No obstante, siempre hubo ciertos contactos indirectos a través de algunos organismos, como el Instituto de Estudios Hispánicos o el Instituto de Cultura Hispánica, donde trabajaban algunos falangistas del ala más izquierdista del partido. Parece ser que también hubo muchos contactos entre las Iglesias de ambos países.

Por ese motivo, conoció allí a dos personajes, que le facilitaron su regreso a España. Uno de ellos fue Manuel Cantarero del Castillo y el otro fue José Antonio Elola-Olaso.

La verdad es que no sé cómo lo hicieron, pero lo cierto es que consiguieron que regresara sin que nadie le tocara un pelo. Algo inusitado, porque también regresó el mismo año el general Rojo y enseguida le sometieron a un consejo de guerra, en el que le condenaron a varios años de cárcel, pero le indultaron, aunque perdió su puesto en el Ejército, sus condecoraciones y hasta su pensión.


Tampoco hay que olvidar que, ya en los años 60, la Policía española detuvo a Julián Grimau, cuando regresó a España. Fue juzgado, condenado a muerte y fusilado. Grimau había sido el responsable de la Policía y las checas en Barcelona.

Lo cierto es que Castro Delgado regresó en 1957. Le proporcionaron una discreta vivienda en el norte de Madrid, vigilada por algunos policías, ya que debía de estar en el punto de mira tanto de los familiares de los asesinados en las checas, como de los comunistas.

Aquí escribió, en 1960, su segundo libro, “Hombres, made in Moscú”. También escribió en algunos periódicos tan del régimen como Pueblo, el diario de los sindicatos verticales, entonces dirigido por Emilio Romero.

A partir de 1962, pasó a formar parte nada menos que de la plantilla del Ministerio de Información y Turismo, dirigido por Manuel Fraga.

Parece ser que aprovecharon su experiencia para redactar escritos de
todo tipo para criticar el comunismo. Algo muy útil para luchar contra los movimientos de oposición.

Parece ser que esta vez también tuvo suerte, porque, en esos años, el Comité Central del PCE, dejó atrás su habitual política de eliminar a los disidentes y optó por otra destinada a infiltrarse en organismos públicos, como las Universidades y Seminarios, y en los medios de comunicación.

Hay quien dice que Castro le sirvió al régimen franquista por ser un renegado del comunismo, dando detalles de lo que ocurría en la URSS, y así le daba una justificación al golpe de estado fallido y la posterior guerra civil, iniciada en 1936.

Así que es de suponer que sus escritos le harían mucho daño a los líderes comunistas, que estaban intentado atraer a los jóvenes españoles hacia su partido. Por ello, los medios del régimen promocionaron la figura de un comunista arrepentido, pero ocultaron su responsabilidad en las represalias en el bando republicano.

También es verdad que al régimen franquista no le interesaba seguir con su dura política represiva, porque, en 1953, habían comenzado a abrirle las puertas al mundo. Gracias al interés del Gobierno USA por instalar bases militares en España y al Concordato firmado ese mismo año con el Vaticano.


La propaganda del régimen decía que Franco era el único que había derrotado al comunismo y eso era una carta de presentación muy importante en plena Guerra Fría. Así que eso de disponer en España a un antiguo miembro del Comité Central del PCE abjurando del comunismo, era algo que le gustó mucho al Gobierno USA.

De todas formas, creo que hay algo que se me escapa, porque no parece muy lógico que el régimen franquista, que solía encarcelar y hasta fusilar a los comunistas, aceptase gratuitamente, la llegada de un antiguo líder de ese partido.

No voy a decir que hiciera eso, pero lo cierto es que la Policía solía utilizar a los comunistas capturados, incluso protegidos, para sacarles información acerca de sus métodos, sus claves, sus sitios de reunión. Incluso, para identificar a los que aparecían en las fotos tomadas en la guerra y en la posguerra.

En resumen, contra todo pronóstico, el régimen supo aprovecharse de Castro Delgado como de un filón para obtener información sobre la URSS y para escribir propaganda contra la Oposición de izquierdas.

Desgraciadamente, como Castro Delgado ya venía enfermo desde su estancia en Moscú y además padecía depresiones, falleció en enero de 1965 en Madrid. Con sólo 57 años.

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