Hoy voy a publicar un artículo que no pensaba escribir. Sin embargo, lo voy a hacer, porque ya ha habido varios que me han preguntado qué pasó después del 2 de mayo de 1808.
Empezaré por mencionar a la familia Bonaparte. Hoy en día, muchos piensan que Napoleón y su familia fueron la quinta esencia de lo francés, pero ya verán que fue lo contrario.La familia Bonaparte vivía en
Ajaccio, la capital de Córcega. Los padres eran Carlo Bonaparte y Leticia
Ramolino. Él era un abogado muy conocido en la isla, mientras que ella era ama
de casa. Tuvieron 13 hijos, pero sólo 8 de ellos sobrevivieron a la edad
infantil.
Los supervivientes fueron José
(nacido en 1768), Napoleón (en 1769), Luciano (en 1775), Elisa, casada con el
príncipe de Luca (1777), Luis (1778), rey de Holanda, casado con la hija de la
emperatriz Josefina. Ambos fueron los padres de Napoleón III. Paulina (1780),
casada con el general Leclerc. María Anunciada (1782), casada con el mariscal
Murat. Jerónimo (1784), rey de Westfalia.
Francia envió una guarnición para
impedir los asaltos de otras potencias. Sin embargo, en 1752, devolvió esta
isla a la República de Génova.
No obstante, los corsos siempre
se habían sentido como unos italianos más y no querían estar bajo el dominio de
nadie. Por ello, montaron una sublevación en la que mataron al gobernador
genovés y proclamaron la República Corsa.
A partir de ahí, todo fue mejor
hasta que Génova vendió Córcega a Francia en 1768.
Al año siguiente, Francia envió
sus tropas a ocupar Córcega. El Gobierno de esta isla nombró general en jefe al
político Pasquale Paoli. El ayudante de éste fue Carlo Bonaparte.
A Paoli y a otros muchos
nacionalistas corsos no les quedó más remedio que exiliarse en Londres.
Sin embargo, Carlo fue más listo.
Como siempre fue un abogado con pocos ingresos, pero muchos contactos, empezó
por moverse para que le reconocieran su condición de hidalgo.
Se hizo amigo del gobernador francés y eso, junto a su condición de noble, le valió para poder enviar a sus hijos a estudiar con becas a Francia.
En principio, Carlo quería que
José se convirtiera en clérigo y Napoleón en militar. Este último, fue enviado,
con sólo 9 años, a estudiar en una academia militar. Curiosamente, todavía no
sabía hablar francés. Sólo italiano y corso.
Eso hizo que tuviera que aguantar
muchas bromas de sus compañeros y, por ello, odiaba a los franceses. También
eso hizo que se encerrara en los estudios y le permitió sacar muy buenas notas.
En 1785, falleció Carlo. Lo que
permitió que José dejara la carrera eclesiástica y se dedicara a estudiar
Derecho, que era lo que quería, pero su padre no le dejaba.
En 1790, tras el estallido de la
Revolución Francesa, Paoli regresó a la isla, acompañado de tropas británicas,
que se hicieron con el control de la misma.
Como Paoli acusó a la familia
Bonaparte de ser unos traidores, y eso dio lugar a que incendiaran su casa, a
estos no les quedó otra que huir a Francia.
En 1796, Córcega fue, de nuevo,
invadida por tropas francesas y Paoli volvió a huir a Londres, donde permaneció
hasta su muerte.
Tras la llegada al poder de
Napoleón en Francia, fue colocando a sus hermanos y parientes en distintos
puestos.
la hija de un rico comerciante y eso le dio una buena posición social. La hermana de Julie, Desireé, fue novia de Napoleón, pero luego se casó con el general Bernadotte, el cual llegó a ser rey de Suecia.
Posteriormente, José, ayudó a
Napoleón a llegar al poder y firmó tratados con algunas potencias extranjeras.
En 1806, fue nombrado rey de
Nápoles. Curiosamente, allí fue muy querido, porque realizó unas profundas
reformas, como la supresión de los derechos feudales y la introducción de un
Código Civil.
En marzo de 1808 tuvo lugar el
Motín de Aranjuez, por el que Carlos IV fue obligado a abdicar en la persona de
su hijo, Fernando VII.
Sin embargo, luego se arrepintió y
escribió a Napoleón para que le ayudase a recuperar el trono. Por supuesto,
Bonaparte, les engañó. Hizo que toda la familia real española fuera a Francia,
mientras que él impuso a su hermano José como rey de España.
José llegó a España el 08/07/1808, tras la victoria francesa en Rioseco. No obstante, intentó ser agradable con todos los españoles que se fue encontrando, pero sin éxito.
El día 20 de ese mes llegó a
Madrid. Lejos de encontrarse un buen recibimiento, encontró calles desiertas y
ventanas cerradas a pesar del calor del verano.
Escogieron el día 25 para su
proclamación, pero encontraron la misma falta de apoyo popular.
Ese día llegaron las noticias de la victoria española en Bailén, algo que dio mucha alegría y llenó de esperanza a los españoles. Era la primera vez que caía derrotado un ejército napoleónico. Precisamente, Napoleón se enfadó tanto con el general Dupont, que, cuando éste regresó a Francia, lo encerró en un castillo hasta el final de la guerra.
Ya dediqué otro de mis artículos
a los prisioneros franceses deportados al islote de Cabrera, que lo pasaron
mucho peor que Dupont.
Por ello, el general Savary, le
recomendó al rey que se trasladase con su corte a una zona más allá del Ebro,
para estar más cerca de Francia.
No hará falta decir que, tanto el
monarca como sus militares y cortesanos robaron todo lo que pudieron, que para
eso habían venido, y no les importó hacerlo en el Palacio Real, los de los
nobles, las iglesias, conventos y monasterios.
Parece ser que los españoles
calificaron al rey de tahúr y de borracho, porque unos días antes había
decretado la venta libre de naipes y la rebaja de impuestos a licores y
aguardientes.
Mientras esa comitiva no paró
hasta llegar a Vitoria, en Madrid tomó el poder una Junta Suprema, compuesta
por Jovellanos, Floridablanca y Palafox.
Por ello, Napoleón se impacientó
y vino a España en noviembre de 1808, junto con sus mejores tropas, unos
300.000 soldados. Los españoles intentaron hacerles frente en la batalla de
Somosierra, pero sucumbieron ante el empuje de la caballería polaca.
De esa forma, Napoleón, llegó a
Madrid el 1 de diciembre, donde la ciudad se rindió en cuanto que recibieron
los primeros cañonazos.
Napoleón estuvo poco tiempo en
España, sólo unos días para aceptar las condiciones de rendición de Madrid y se
dio un paseo por la ciudad. Después, regresó a Francia. No obstante, dejó aquí
a la mitad de los soldados que había traído con él.
José I creó la condecoración de
la Orden real de España, consistente en una estrella roja con una cinta carmesí
a la que pronto apodaron “la berenjena”. Teóricamente, estaba pensionada,
aunque nunca se pagó nada a los afortunados que la recibieron.
Posteriormente, le apodaron el
“rey de las plazuelas”, por su tendencia a derribar muchos edificios, incluidos
iglesias y conventos, para construir plazas. Como la actual Plaza de Oriente o
la de Santa Ana.
El odio hacia los franceses
estaba tan metido en las clases populares, que, en cierta ocasión, ocurrió un
suceso muy curioso.
Un afrancesado fue a visitar a José I y llevó con él a su hijo, vestido con el uniforme de la Caballería napoleónica. Cuando el rey le preguntó para qué llevaba ese sable, el chico, que tenía unos 10 años, le respondió que era para matar franceses.
Igual que se cantaba entonces: “Virgen de Atocha/ dame un trabuco/ para matar franceses/ y mamelucos”.
No todo fueron amarguras para el
rey, como su esposa no pudo venir, debido a que estaba enferma, él aprovechó
para tener amoríos con varias mujeres nobles españolas.
Él intentó que su mujer viniera a
España. Sin embargo, cuando ella se enteró del odio que había hacia los
franceses, se negó rotundamente a venir. Hubo quien dijo que la reina prefería
ser: "una burguesa viva en París que una reina muerta en España".
Precisamente, uno de los hombres
de confianza de José, que ya había estado con él en Nápoles, fue el general
Leopoldo Hugo, padre del genial escritor Víctor Hugo. Víctor y su hermano estuvieron
en España con su padre entre 1811 y 1812. Vivieron en uno de los palacios, que
fueron derribados para construir la Gran Vía.
Evidentemente, Napoleón también colocó
a sus espías en lugares estratégicos para que le fueran informando puntualmente
de lo que estaba haciendo José en España.
Entre las malas cosechas y los
robos de las tropas francesas, los españoles y sus aliados fueron ganando
batallas.
Además, como en junio de 1812
comenzó la invasión de Rusia por Napoleón, éste se llevó a sus mejores tropas
destinadas en España. Eso hizo que cada vez hubiera menos franceses para
enfrentarse a los españoles y sus aliados.
En junio de 1813, los asesores de José I le aconsejaron que saliera de Madrid hacia Francia. Parece ser que llevaba un convoy de unas 100 carretas repletas de todo lo que habían ido robando en España. Parte de ese convoy fue interceptado por las tropas de los aliados, tras la batalla de Vitoria.
No obstante, aunque las tropas
francesas fueron derrotadas en Vitoria, José y su comitiva, compuesta por sus
cortesanos y muchos afrancesados, consiguieron llegar a Francia.
Una de las iniciativas de José I
fue fundar el llamado Museo Josefino, un centro al estilo del Louvre y cuya
sede no estaba decidida, pero pensaron ubicarla en el actual Cuartel General
del Ejército de Tierra, junto a Cibeles.
Decidieron nombrar al propio Goya y a Salvador Maella para escoger las obras, que iban a ser expuestas en sus salas. Estos seleccionaron unas 50 obras, procedentes de palacios, iglesias y conventos. Los autores de las mismas eran nada menos que Tiziano, Rubens, Velázquez, Murillo, etc. Ésta fue la razón por la que Goya se tuvo que exiliar en Francia.
Las obras fueron almacenadas en los sótanos del Palacio Real. Así que, como José y otros generales como Soult, las tuvieron muy a mano, partieron en ese y otros convoyes con destino a Francia.
José no sólo se llevó pinturas,
sino también muchas joyas y vajillas de plata. Entre las primeras habría que
destacar la llamada el Estanque, un diamante azul de 100 quilates, comprado en
Amberes por Felipe II.
Otra joya importante fue la Peregrina.
Se trataba de una perla muy grande, encontrada en el siglo XVI en Panamá. Esta perla
pasó por varias manos, como la de Napoleón III y terminó siendo comprada, en
1969, por el actor Richard Burton para regalársela a su esposa, Elizabeth
Taylor. A la muerte de ésta, fue subastada y se cree que la compró un
coleccionista asiático.
No obstante, José consiguió que
algunas de esas obras llegaran con él a Francia.
Posteriormente, se exilió en USA, donde vivió con el nombre de conde de Survilliers. Construyó una elegante mansión, llamada Point Breeze, en Bordertown (Nueva Jersey), donde vivió con todo tipo de lujos a expensas de lo robado en España.
Los que fueron invitados a su
mansión pudieron contemplar unos 150 cuadros de Mengs, Tiziano, Ribera,
Velázquez, Murillo, etc.
Incluso, llegó a tener una biblioteca
más grande, que la que tenía entonces el Congreso USA.
También ayudó económicamente a
muchos exiliados franceses, que habían llegado a USA. Incluso, hay una leyenda
que dice que ayudó al mariscal Ney.
Como la esposa de José se negó a
ir con él a USA, éste decidió, en 1832, regresar a Francia, pero no le dejaron
pasar y tuvo que quedarse a vivir en Londres. Volvió a USA en 1835 para vender
todas sus posesiones.
En 1847, su nieto, José Lucien
Bonaparte, decidió sacar todos esos bienes a subasta y lo hicieron por lotes. Buena
parte de esa colección de cuadros fue adquirida por varios museos de Filadelfia.
Los demás, acabaron en muchos museos y colecciones privadas.
Su biblioteca de unos 8.000 libros
fue vendida en lotes. Muchos de ellos fueron adquiridos por las grandes
universidades de USA.
En cuanto a la mansión, Point
Breeze fue demolida en 1850, por orden de su nuevo dueño. Parece ser que se
trataba de un británico que odiaba todo lo francés y ordenó construir, en ese
mismo lugar, una mansión victoriana.
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