ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 24 de marzo de 2026

GEERTRUIDA WIJSMULLER-MEIJER O LA VOLUNTAD DE AYUDAR A LOS DEMÁS.

 


Es muy posible que a casi nadie le suene el nombre de esta mujer. Reconozco que yo lo he conocido hace muy poco.

Me ha ocurrido como tantas veces, que, cuando estaba buscando sobre un tema, me he encontrado otro, que me ha parecido mucho más interesante y me he puesto a escribir sobre él.

Geertruida Wijsmuller-Meijer, conocida familiarmente como Truus, nació en 1896 en la localidad holandesa de Alkmaar.

Nació en el seno de una familia modesta. Su padre era empleado de una farmacia, mientras que su madre era modista.

Parece ser que estuvo estudiando en una Escuela de Comercio, pero no le fue muy bien.

No obstante, tras el traslado con su familia a Amsterdam, empezó a trabajar en un Banco.

En 1922 se casó con un banquero y dejó de trabajar, dedicándose a ayudar en distintas obras sociales sin cobrar ningún tipo de remuneración. Nunca tuvieron hijos.

Incluso, se llegó a presentar como candidata para las elecciones municipales al Ayuntamiento de Amsterdam, dentro de la candidatura de un partido liberal, pero no fue elegida.

Durante la I Guerra Mundial, su propia familia había acogido a varios niños austriacos, que se habían quedado huérfanos durante aquel conflicto bélico. Así que ella decidió hacer lo mismo.

A partir de 1933, empezó a viajar a Alemania para recoger a familiares de amigos judíos, que estaban siendo perseguidos por los nazis.

En 1938, tras la infame Noche de los cristales rotos, se enteró de que había algunos niños judíos, que se habían quedado huérfanos y vagaban por los bosques. Así que cruzó la frontera y consiguió rescatar a unos cuantos y llevarlos a Holanda.

En noviembre de ese año, tuvo un pequeño percance en la aduana. Cuando intentaba pasar media docena de niños alemanes hacia Holanda, los aduaneros empezaron a ponerle muchas trabas.

Sin embargo, ella se dio cuenta de que, en el mismo tren en que viajaban ellos, se hallaba también la entonces princesa, después reina, Juliana de Holanda, y les amenazó con apelar a ella. Así que ya no le pusieron ninguna pega y la dejaron pasar con los niños.

A partir de noviembre de 1938, el Gobierno británico dio permiso para admitir niños refugiados, menores de 17 años y eso fue aprovechado por ella.

En diciembre de ese año, le propusieron viajar a Viena para contactar con un tipo infame, llamado Adolf Eichmann.

Eichmann fue aquel nazi al que los israelíes secuestraron en Argentina, que era donde residía, lo llevaron a Israel. Allí fue juzgado, condenado a muerte y ejecutado.

Ella le echó mucho valor al asunto y llegó a convencer a ese tipo para que le dejara llevarse unos 600 niños judíos fuera de Austria.

Eso sí, él le puso como condición inexcusable, que tendrían que irse ese fin de semana. Algo que pensaría él que le resultaría imposible.

Como siempre se ha dicho que querer es poder, lo consiguió, con la ayuda de varias familias y organizaciones judías. De esos 600 niños, 100 permanecieron en Holanda, mientras que los demás fueron enviados al Reino Unido.

A partir de entonces, organizó una especie de servicio de transportes de niños menores de 17 años. La mayoría de ellos terminarían en el Reino Unido.

Se calcula que, de ese modo, logró evacuar a unos 10.000 niños. La mayoría fueron al Reino Unido y unos 1.800 a Holanda. No sólo procedían de Alemania y Austria, sino de todos los países ocupados por los nazis.

Evidentemente, estos traslados cesaron, radicalmente, una vez que se declaró la II Guerra Mundial.

En julio de 1939 había participado en la organización de un viaje de judíos en un mercante hasta la antigua Palestina administrada por los británicos.

Precisamente, el 01/09/1939, día en el que comenzó la guerra, recibió la noticia de que había un tren lleno de judíos ortodoxos, atrapados en una localidad alemana, cercana a Holanda.Cruzó la frontera y consiguió que los aduaneros los dejaran pasar.

Más adelante, ayudó a familias judías atrapadas en Holanda, Bélgica, Suecia y Dinamarca. Les consiguió papeles en regla y los billetes correspondientes para huir hacia el Reino Unido o hacia la Francia no ocupada. Incluso, para entrar en España y poder llegar a Portugal, a fin de tomar un barco hacia América. También para navegar desde Marsella hasta Palestina.

En noviembre de 1939, fue arrestada por la Policía en Marsella, ya que la habían confundido con una espía a la que estaban buscando. Así que pronto la dejaron en libertad.

En mayo de 1940, la invasión de Holanda le pilló mientras se hallaba en París haciendo su trabajo.

Curiosamente, sus contactos, ya le habían advertido de que tendría lugar la invasión y ella lo advirtió al Gobierno holandés, pero no la hicieron caso. Por ello, cuando regresó, fue arrestada por la Policía holandesa, ya que sospechaban que se trataba de una espía, pero pronto la pusieron en libertad.

Así que esta vez tuvo que trabajar más rápidamente. Antes de que se rindiera el Gobierno holandés, tuvo que organizar la huida de cientos de niños judíos hacia las costas del Reino Unido.

Durante la guerra, trabajó con la Cruz Roja a fin de unir familias que habían quedado separadas por la guerra.

Incluso, trabajó con organizaciones clandestinas, que se dedicaban a falsificar documentos para conseguir que huyera la mayor cantidad de gente posible.

En 1942, consiguió que muchas familias judías pudieran huir a cambio de cierta cantidad de dinero, proporcionada por organizaciones judías, y pagada a los nazis. Así logró que escaparan unas 340 personas.

También ayudó a escapar a muchos soldados, que habían huido de los campos de concentración. Se ve que fue una mujer muy audaz.

A mediados de ese año fue arrestada por la Gestapo, ya que habían conseguido detener a varios judíos, que estaban escondidos en algunas casas. Sin embargo, no pudieron identificarla, porque no la conocían y la tuvieron que poner en libertad.

Desgraciadamente, ya no podría viajar libremente. Así que se quedó haciendo otras cosas, como enviar paquetes a la gente, que estaba en los campos nazis o a las residencias de ancianos.

En septiembre de 1944, se enteró de que unos 50 niños, detenidos en un campo iban a ser deportados para ser eliminados.

Enseguida, se presentó allí y, con unos documentos falsificados, les demostró a los guardianes, que los niños no eran judíos, sino hijos de soldados alemanes y jóvenes holandesas. Eso sirvió para que, aunque los trasladaron a otro campo, no los asesinaran.

También reconoció haber recibido ayuda de funcionarios alemanes, que no estaban de acuerdo con las decisiones tomadas por su Gobierno.

Casi al final de la guerra, se produjo una gran hambruna en Holanda, provocada por los alemanes. Ella consiguió trasladar a unos 6.500 niños desde Amsterdam hasta las zonas rurales para que pudieran comer y recuperarse de sus enfermedades.

Parece ser que, al final de la guerra, también ayudó a los alemanes que le habían ayudado a ella.

Durante la posguerra, fue empleada de la ONU. Viajó por diversos países y también envió a muchos niños holandeses, que habían sufrido el hambre, a otros países para mejorar su alimentación y su salud.

También fue concejala en el Ayuntamiento de Amsterdam, donde participó en muchos proyectos sociales.

Al igual que fue uno de los miembros fundadores de la llamada Casa de Anna Frank.

Curiosamente, nunca perdió el contacto con la mayoría de los niños a los que había salvado. Se calcula que salvó a unos 10.000 niños judíos.

Desgraciadamente, su marido, que siempre le había ayudado en todas sus iniciativas, falleció en 1964. Mientras que ella lo hizo en 1978.

En 1966 fue declarada por Israel como “justa entre las naciones”.

Existen varios monumentos en su honor en Berlín, Londres, Hamburgo, Gdansk, etc. También algunas calles en diversas ciudades y hasta un asteroide lleva su nombre.

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