ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 20 de marzo de 2026

LA FLOTA DE LOS OLVIDADOS

 

Todos sabemos que la II Guerra Mundial comenzó en septiembre de 1939 con la invasión de Polonia, por parte de Alemania. Lo que no suele decirse fue que, unos días después, el Ejército soviético también invadió Polonia por su frontera oriental.

Curiosamente, en un principio, los militares polacos no se defendieron de los soviéticos, porque la URSS había firmado un tratado de paz y colaboración militar con Polonia. Sin embargo, los soviéticos, también habían firmado un pacto con Alemania.

Una vez ocupado ese país, ambas potencias compitieron por ver quién de los dos hacía más barbaridades.

Ese fue uno de los motivos por el que los soviéticos asesinaron a miles de polacos en las fosas de Katyn. Mientras tanto, los alemanes fundaron varios campos de exterminio en territorio polaco.

Los soviéticos se llevaron a miles de polacos a sus campos de concentración en Siberia. Incluidas familias enteras.

Sin embargo, todo cambió cuando, en el verano de 1941, Hitler dio la orden de invadir la URSS. De esa forma, Stalin pasó a ser miembro de los aliados.

Eso también dio lugar a que el Gobierno polaco exiliado en Londres presionara al Alto Mando aliado para que liberasen a los miles de polacos, que estaban encarcelados en la URSS.

Muchos de esos polacos en edad militar formaron unidades al mando del general polaco Anders, que fueron a luchar contra los alemanes. Las mujeres polacas también

sirvieron como enfermeras en el frente.

Sin embargo, entre esos grupos de excarcelados también había muchos niños, cuyos padres estaban en el frente o habían sido asesinados por los soviéticos.

Esos niños fueron evacuados hacia Irán y llegaron allí en un estado lamentable, pues apenas tenían ropas. Muchos de ellos iban con viejos uniformes militares, que habían sido recortados.

Su estado de salud tampoco era bueno, debido al frío padecido, junto a la hambruna. Muchos de ellos murieron por el camino.

Al llegar a Irán se encontraron con que había una gran epidemia de tifus y lo más prudente era sacarlos de allí. Aparte de que era una zona muy castigada por la malaria.

Los 740 niños llegaron en muy malas condiciones. Incluso hubo, entre ellos, muchos casos de disentería y de cólera. Por eso, ningún país los quería acoger.

En un principio, se pensó en trasladarlos a las colonias británicas en África. Sin embargo, esos británicos, que se consideran tan civilizados, se negaron a acogerlos.

Estos chicos fueron embarcados en tres barcos en el Golfo Pérsico, con la esperanza de que fueran acogidos por las autoridades británicas en la India. Sin embargo, éstas se negaron rotundamente a que atracaran en sus puertos.

Iban de un sitio a otro, durmiendo a la intemperie en la cubierta de 3 viejos barcos, pero se encontraron con el rechazo general de las autoridades británicas.

Las mismas autoridades británicas que, por esa misma época, incautaron los alimentos y dejaron morir de hambre a millones de hindúes. Pero eso ya lo contaré en otro artículo.

Los chicos navegaban acompañados por un puñado de enfermeras de la Cruz Roja y algunas mujeres polacas, que les cuidaban.

Cuando estaban casi desesperados, les llegó la noticia de que un gobernante hindú se había interesado por este caso y les invitaba a viajar a su territorio.

Este político hindú era el maharajá Digvijaysinhji Ranjitsinhji y gobernaba sobre la provincia de Nawanagar, actualmente, Gujarat.

Parece ser que consiguió lo que pretendía, a pesar de los miles de obstáculos impuestos por los británicos, gracias a que tenía muy buenos contactos en Londres y que dijo que eran sus invitados.

Además, les facilitó la llegada a su pequeño puerto en Rozi, a donde tuvieron que llegar por medio de otros barcos más pequeños.

Cuando llegaron, los niños se quedaron muy asombrados con lo que vieron. Incluso, algunos de ellos parecían asustados.

Sin embargo, el maharajá les recibió diciendo: “No se consideren huérfanos. Ahora son de Nawanagar y yo soy su padre”.

También les construyeron un par de campamentos en un tiempo récord, donde priorizaron la alimentación y la asistencia sanitaria.

Incluso, a pesar de estar la India sometida al Reino Unido, los británicos no quisieron pagar ningún gasto y fue el propio maharajá el que pagó todo de su propio bolsillo.

El campamento principal fue el de Balachadi, situado cerca de su palacio de verano y con un clima muy agradable para que se pudieran recuperar con cierta facilidad.

En 1945, tras el fin de la guerra, muchos de esos niños no regresaron a Polonia, pues allí se había implantado un gobierno comunista a las órdenes de Moscú. Así que muchos aprovecharon para emigrar a Reino Unido, Australia y Canadá. Donde esta vez sí fueron bien acogidos.

Lógicamente, no quisieron volver donde ya gobernaban los mismos que los habían enviado a Siberia y que podrían volver a hacerlo.

No obstante, siempre se autodenominaron “los niños del Maharajá”.

Unos años más tarde, algunos de estos niños, narraron sus experiencias. Wieslaw Stypula decía que eso de volver a comer fruta fresca y beber leche era como vivir en otro mundo, después de todo lo que habían pasado.

Otro de los niños, llamado Jan Bielecki, comentaba que el maharajá solía visitarlos, ver sus funciones escolares y hasta se sentaba a comer con ellos. Llegó a decir: "El Maharajá fue nuestro padre cuando más lo necesitábamos. Nos devolvió la infancia que la guerra nos había robado".

Hay un documental titulado “Un pedacito de Polonia en la India”, donde algunos de aquellos niños narran los sufrimientos de aquel viaje y cómo veían lanzar por la borda los cadáveres de los niños que iban muriendo.

El maharajá también les proporcionó profesores polacos para no descuidar la formación de aquellos chicos.

Incluso, muchos de ellos realizaron dibujos contando su odisea, desde el punto de vista de unos niños.

Posteriormente, muchos de ellos fundaron la “Sociedad de los polacos de la India”. En 2011, un grupo de ellos viajó hasta el lugar de la tumba del maharajá para rendirle homenaje.

Incluso, le han dedicado una plaza en Varsovia.

 

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