Todos sabemos que la II Guerra
Mundial comenzó en septiembre de 1939 con la invasión de Polonia, por parte de
Alemania. Lo que no suele decirse fue que, unos días después, el Ejército
soviético también invadió Polonia por su frontera oriental.
Una vez ocupado ese país, ambas
potencias compitieron por ver quién de los dos hacía más barbaridades.
Ese fue uno de los motivos por el
que los soviéticos asesinaron a miles de polacos en las fosas de Katyn. Mientras
tanto, los alemanes fundaron varios campos de exterminio en territorio polaco.
Sin embargo, todo cambió cuando,
en el verano de 1941, Hitler dio la orden de invadir la URSS. De esa forma,
Stalin pasó a ser miembro de los aliados.
Eso también dio lugar a que el
Gobierno polaco exiliado en Londres presionara al Alto Mando aliado para que
liberasen a los miles de polacos, que estaban encarcelados en la URSS.
Muchos de esos polacos en edad militar formaron unidades al mando del general polaco Anders, que fueron a luchar contra los alemanes. Las mujeres polacas también
sirvieron como enfermeras en el frente.Sin embargo, entre esos grupos de
excarcelados también había muchos niños, cuyos padres estaban en el frente o
habían sido asesinados por los soviéticos.
Esos niños fueron evacuados hacia
Irán y llegaron allí en un estado lamentable, pues apenas tenían ropas. Muchos
de ellos iban con viejos uniformes militares, que habían sido recortados.
Su estado de salud tampoco era bueno,
debido al frío padecido, junto a la hambruna. Muchos de ellos murieron por el
camino.
Los 740 niños llegaron en muy malas
condiciones. Incluso hubo, entre ellos, muchos casos de disentería y de cólera.
Por eso, ningún país los quería acoger.
En un principio, se pensó en
trasladarlos a las colonias británicas en África. Sin embargo, esos británicos,
que se consideran tan civilizados, se negaron a acogerlos.
Estos chicos fueron embarcados en tres barcos en el Golfo Pérsico, con la esperanza de que fueran acogidos por las autoridades británicas en la India. Sin embargo, éstas se negaron rotundamente a que atracaran en sus puertos.
Iban de un sitio a otro,
durmiendo a la intemperie en la cubierta de 3 viejos barcos, pero se
encontraron con el rechazo general de las autoridades británicas.
Las mismas autoridades británicas
que, por esa misma época, incautaron los alimentos y dejaron morir de hambre a
millones de hindúes. Pero eso ya lo contaré en otro artículo.
Los chicos navegaban acompañados
por un puñado de enfermeras de la Cruz Roja y algunas mujeres polacas, que les
cuidaban.
Cuando estaban casi desesperados,
les llegó la noticia de que un gobernante hindú se había interesado por este
caso y les invitaba a viajar a su territorio.
Este político hindú era el maharajá
Digvijaysinhji Ranjitsinhji y gobernaba sobre la provincia de Nawanagar, actualmente,
Gujarat.
Además, les facilitó la llegada a
su pequeño puerto en Rozi, a donde tuvieron que llegar por medio de otros
barcos más pequeños.
Cuando llegaron, los niños se
quedaron muy asombrados con lo que vieron. Incluso, algunos de ellos parecían
asustados.
También les construyeron un par
de campamentos en un tiempo récord, donde priorizaron la alimentación y la
asistencia sanitaria.
Incluso, a pesar de estar la
India sometida al Reino Unido, los británicos no quisieron pagar ningún gasto y
fue el propio maharajá el que pagó todo de su propio bolsillo.
El campamento principal fue el de Balachadi, situado cerca de su palacio de verano y con un clima muy agradable para que se pudieran recuperar con cierta facilidad.
En 1945, tras el fin de la guerra,
muchos de esos niños no regresaron a Polonia, pues allí se había implantado un gobierno
comunista a las órdenes de Moscú. Así que muchos aprovecharon para emigrar a
Reino Unido, Australia y Canadá. Donde esta vez sí fueron bien acogidos.
Lógicamente, no quisieron volver
donde ya gobernaban los mismos que los habían enviado a Siberia y que podrían
volver a hacerlo.
No obstante, siempre se
autodenominaron “los niños del Maharajá”.
Unos años más tarde, algunos de
estos niños, narraron sus experiencias. Wieslaw Stypula decía que eso de volver
a comer fruta fresca y beber leche era como vivir en otro mundo, después de
todo lo que habían pasado.
Hay un documental titulado “Un
pedacito de Polonia en la India”, donde algunos de aquellos niños narran los
sufrimientos de aquel viaje y cómo veían lanzar por la borda los cadáveres de
los niños que iban muriendo.
Incluso, muchos de ellos realizaron
dibujos contando su odisea, desde el punto de vista de unos niños.
Posteriormente, muchos de ellos fundaron
la “Sociedad de los polacos de la India”. En 2011, un grupo de ellos viajó hasta
el lugar de la tumba del maharajá para rendirle homenaje.
Incluso, le han dedicado una
plaza en Varsovia.
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