ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 22 de abril de 2022

MERCEDES FORMICA, LA EPOPEYA DE UNA GRAN LUCHADORA

 

Hoy en día, cuando se habla de la gente que más ha aportado en la consecución de los derechos de las mujeres, a muchas personas se les viene, inmediatamente, a la cabeza la figura de Clara Campoamor.

Evidentemente, no tengo nada en contra de Clara Campoamor. De hecho, hace tiempo, le dediqué otro de mis artículos. Sin embargo, echo en falta que casi nadie reivindique la figura de Mercedes Formica. Así que lo voy a hacer yo.

Mi personaje de hoy se llamaba Mercedes Formica-Corsi Hezode. Por si a alguno se le ha ocurrido, he de aclarar que su apellido no tenía nada que ver con aquellos famosos muebles de formica, que había en todas las casas de España.

Realmente, todavía no tengo claro si su apellido era Formica o Fórmica, porque lo he visto escrito de ambas formas en diferentes sitios.

Nació en Cádiz, un día de agosto de 1913. Fue la segunda de los seis hijos del matrimonio formado por José Formica-Corsi y Cuevas de Artá y Amalia Hezode Vidiella.

Parece ser que se trataba de una familia muy acomodada. El padre era un ingeniero industrial, nacido en Barcelona, que dirigía la sucursal de Cádiz de la Compañía Catalana de Gas y Electricidad. Curiosamente, he visto en un artículo, que participó en los Juegos Olímpicos de París, celebrados en 1900, en la categoría de remo 4 con timonel. Por lo visto, sus apellidos son de origen italiano.

En cuanto a su madre, Amalia Hezode, nacida en 1888 en una familia originaria de Medina Sidonia, fue una mujer con una buena formación, que recibió en un internado en Gibraltar. Por ello, dominaba varios idiomas. El apellido Hezode es de origen francés.

Parece ser que el problema de este matrimonio es que nunca estuvo muy bien avenido y eso lo tuvieron que ver sus hijos muy de cerca. Desgraciadamente, dos de ellos, murieron sin haber llegado a la edad adulta.

Al cumplir los 11 años, al padre de Mercedes lo trasladaron a Sevilla y allí se fue con toda su familia.

Su madre siempre fue una persona que se preocupó mucho porque sus hijos tuvieran la mejor formación posible. Así que fue a hablar con unas monjas, que tenían un centro de enseñanza, para que matriculasen a Mercedes y a la hermana que le seguía, a fin de que cursaran el Bachillerato.

Parece ser que la religiosa se echó las manos a la cabeza, porque eso no era costumbre en aquella ciudad y le auguró que sus hijas no se casarían. Así y todo, las ingresó en un internado de Córdoba, donde lograron obtener el título de Bachiller.

Como su madre decía que sus hijas un día se casarían “por amor y no por conveniencia” las animó a seguir sus estudios. Así que, en 1931, Mercedes, se matriculó en Derecho y en Filosofía y Letras, aunque luego dejó la segunda carrera.

Evidentemente, ahora lo vemos como algo normal, sin embargo, esto era un hecho casi insólito, porque Mercedes era la única alumna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla.

No debemos olvidar que la primera mujer española que intentó estudiar en la Universidad fue Concepción Arenal, la cual se matriculó, en 1841, supongo que, con un nombre falso, en la Facultad de Derecho de la Universidad Central, en Madrid.

Para ello, se cortó el pelo y se vestía como un varón hasta que alguien la descubrió. Parece ser que el rector decidió que continuara sus estudios, pero en un lugar apartada del resto de sus compañeros de curso. También el profesor tendría que escoltarla, tanto a la entrada como a la salida.

Curiosamente, fue el tan denostado conde de Romanones, que era el ministro de Instrucción Pública, en 1910, firmó una Real Orden, por la que se autorizaba a todas las mujeres que lo desearan, a matricularse en todos los centros docentes.

Esa fue la razón por la que Mercedes pudo estudiar en la Universidad, aunque tenía que ir acompañada por una señora mayor que ella, tanto a la ida como a la vuelta de las clases.

En sus memorias recordaba a algunos de sus profesores, como Jorge Guillén, de la Facultad de Filosofía y Letras, o el menos conocido José Antonio Rubio Sacristán, catedrático de Historia del Derecho.

Parece ser que este último influyó mucho en la sed de conocimientos de su alumna y además le presentó a algunos grandes intelectuales de la época, como Federico García Lorca, al que había conocido en su etapa de estudiante.

Llegamos a 1933. Es un año donde cambia bruscamente su modo de vivir. Como ya he dicho, los padres de nuestro personaje nunca se llevaron muy bien. Así que aprovecharon que las Cortes republicanas habían aprobado la Ley del Divorcio para utilizar ese instrumento legal.

Desgraciadamente, no pudo ser por mutuo acuerdo. Así que el juez dio la custodia de las 4 hijas a la madre y el hijo al padre. A ella le asignaron una mensualidad de 1.000 Ptas., que no estaba mal en aquella época, pero que era claramente insuficiente para cuidar a 4 hijas. He de aclarar que la hija mayor había muerto en 1927.

Incluso, como la Ley no cambió el llamado “depósito de la mujer”, el juez autorizó que se fueran a vivir en Madrid, donde residían unos familiares. Si no hubieran tenido familiares, hasta era posible que la hubieran enviado a vivir en un convento. Así que tuvieron que alquilar una modesta vivienda interior en la calle Castelló.

Siguiendo las leyes de aquella época, el marido se quedó con la vivienda conyugal y todos los bienes que había en ella. Incluso, el marido no permitía que su esposa pudiera ver al único hijo varón que tenía y que se quedó al cuidado del padre. Lo cual nos puede parecer ahora muy injusto, pero entonces era así.

Un cambio enorme para unas personas acostumbradas a codearse con la alta sociedad, primero de Cádiz y luego de Sevilla. Ni siquiera le otorgaron a Mercedes una beca para estudiar, por ser hija de un directivo de una importante empresa.

Sin embargo, en el lado positivo, tenemos que Mercedes se matriculó en la Universidad Central, en Madrid. La Facultad de Derecho estaba en aquel viejo edificio de la calle de San Bernardo. Parece ser que ya estaba hecho un desastre, al contrario de las facultades que habían ido trasladando a la nueva Ciudad Universitaria, que estaba inacabada y que resultó destrozada por la guerra civil.

Lo positivo de todo esto es que allí daban clase las mejores figuras del Derecho español. Por citar algunos nombres Clemente de Diego, Sánchez Román, Joaquín Garrigues, Jiménez de Asúa, etc. Este último estaba considerado como uno de los mejores especialistas de Derecho Penal a nivel internacional.

También tuvo como condiscípulos a algunos nombres que nos podrán sonar, como Jiménez Quílez, Gómez Acebo, Jesús Galíndez y la famosa actriz Conchita Montes.

También nos cuenta que, ese mismo año, un domingo por la mañana, cuando llegó a casa de unas amigas, se las encontró oyendo la radio. Ella también se sentó para ver qué decían. Esa emisora estaba transmitiendo en directo el discurso de fundación de la Falange, que tenía lugar en el Teatro de la Comedia, en Madrid.

Parece ser que quedó fascinada por el discurso de José Antonio y, unos días después, fue a afiliarse a ese partido y a su sindicato, el SEU.

En la primera reunión del SEU fue elegida delegada de la Facultad de Derecho. Allí aportó varias ideas, como las de crear una bolsa de libros, procedentes de los que ya hubieran terminado la carrera, a fin de que los pudieran utilizar los nuevos alumnos y la concesión de becas y creación de comedores universitarios.

Parece ser que la escasez de libros no era sólo propia de alumnos con pocos recursos, sino que la misma biblioteca de la Facultad de Derecho sólo poseía un ejemplar de cada libro. Así que era una labor casi imposible conseguir que te prestasen uno de ellos.

En 1936, José Antonio, nombró a nuestro personaje jefa nacional del SEU femenino, desde su encierro en la cárcel de Alicante.

Como veo que este artículo me va a quedar un poco largo, a partir de aquí abreviaré, pasando por alto muchos detalles de su biografía y mostrando solamente los más interesantes.

Seguimos en 1936. En ese año, Mercedes cayó muy enferma, por culpa de una gripe que se le había agravado. Así que su madre se movió mucho y consiguió que su padre y el juez les permitieran mudarse a otra ciudad con un clima más benigno. Por fin, lo consiguió y se fueron a vivir a Málaga.

Allí hicieron muy buenas amistades entre la gente de la alta sociedad de esa capital. No obstante, iban viendo que el ambiente cada vez se mostraba más enrarecido y más hostil hacia la clase alta.

Cuando llegó el 18 de julio, el general Patxot, gobernador militar de esa provincia no se decidió a sublevarse en el primer momento. Eso les vino muy bien a las milicias para organizarse y plantar cara a sus tropas, cuando pretendieron llegar al Gobierno Civil. Posteriormente, este general, junto con muchos de sus oficiales, fueron detenidos y fusilados.

Los milicianos no se contentaron con detener a la gente que consideraba afín al bando nacional, sino que también les incendiaban sus casas.

La gente ya no se fiaba de nadie y a Mercedes y a su familia les llegaron a invitar a largarse de una de las casas, donde estaban refugiadas, argumentando que ella les podría comprometer por ser de Falange.

Por fin, gracias a sus contactos con algunos consulados extranjeros, consiguieron unos visados para poder escapar de Málaga. Su barco les dejó en Tánger, desde donde continuaron su viaje hasta Sevilla.

Nos cuenta que llegó a una ciudad llena de uniformes militares y también que se encontró con algunos conocidos que, a pesar de haber hablado antes mal de José Antonio, se habían hecho de Falange e iban por la calle con ese uniforme.

Tras la toma de Málaga por las tropas nacionales, fue con un grupo de la Sección Femenina, que se dedicaba a repartir comidas para toda la población. Desgraciadamente, antes pudo contemplar la represión de un bando y ahora la del otro.

A finales de 1937 se casó, en la catedral de Sevilla, con el poeta y crítico de arte, Eduardo Llosent y Marañón.

Tras la guerra, el matrimonio se trasladó a Madrid, donde su amigo Eugenio D’Ors, nombró a Llosent director del Museo de Arte Moderno. Un centro que ya no existe, pero que estaba situado dentro de la sede de la Biblioteca Nacional, en Madrid. La mayoría de sus importantes fondos fueron a parar al Museo del Prado.

La pareja residió en un lugar muy cercano. Su vivienda estaba en el Paseo de Recoletos, muy cerca del famoso Café Gijón. Allí solían acudir para reunirse con algunos intelectuales del momento.

Parece ser que su marido estuvo en el grupo de intelectuales que intentaron ayudar a Miguel Hernández. En principio, le quisieron ayudar a escapar, pero se negó a ello. No obstante, consiguieron que no fuera condenado a muerte.

Mercedes siempre fue muy crítica con la decisión de Franco de unir a la Falange con los tradicionalistas o carlistas, porque se trataba de dos partidos con ideologías totalmente diferentes. Incluso, llegó a pedir la disolución de la Falange, porque ahora se había llenado de gente, que sólo buscaba ascender socialmente y le importaba muy poco la ideología de José Antonio.

La Sección Femenina le nombró directora de algunas revistas, en las que intentó elevar el nivel cultural de las mismas y rebajar la propaganda del régimen. También le encargaron un discurso, pero se lo censuraron por completo, al ver que tenía un carácter feminista. Esa fue una de las razones por las que nunca se llevó bien con Pilar Primo de Rivera.

A mediados de los años 40, acompañó a su marido a una gira por Argentina, al objeto de mostrar en ese país la cultura española del momento.

A su regreso a Madrid, ella decidió acabar la carrera de Derecho, que había dejado a medio terminar a causa de la guerra. Por lo visto, se encontró una Universidad totalmente diferente. Los mejores profesores estaban muertos o exiliados y los alumnos eran ahora unos seres muy acomodaticios.

En 1948, consiguió la licenciatura y pensó en hacer unas oposiciones a la carrera diplomática (algo que le habían recomendado algunos de sus profesores de antes de la guerra), notarías, abogacía del Estado o algo similar. Sin embargo, en todas tropezó con el obstáculo de que era requisito imprescindible ser varón.

Ni siquiera podía optar a ser fiscal o juez, ya que sólo permitieron que las mujeres ingresaran en esos cuerpos a partir de mediados de los años 70.

Incluso, se colegió para ejercer la abogacía. Sin embargo, 
ningún despacho de abogados quiso contratarla.

Así que no le quedó otra que montar un despacho en su propia casa y apuntarse al turno de oficio. En aquella época, sólo había 2 mujeres más que ejercían la abogacía en Madrid. No obstante, también la ficharon para el Instituto de Estudios Políticos, donde se dedicó a defender los derechos de la mujer.

Parece ser que a su despacho le llegaron muchos casos de mujeres maltratadas por sus propios maridos o amantes y tuvo que defender sus derechos ante los tribunales.

A fuerza de insistir, tras varios meses parado por la censura, consiguió que, el 07/11/1953, se le publicara un artículo suyo en el diario ABC, titulado “El domicilio conyugal”.

En él narraba los problemas de las mujeres españolas, cuando su pareja les trataba mal y no podían romper de ninguna manera el matrimonio.

Aparte de que, en caso de separación, el marido se quedaría con todos los bienes de ambos y a la esposa la “depositarían” en un lugar convenido entre el juez y el marido. Incluso, le retirarían la patria potestad sobre sus hijos.

Ponía como ejemplo el caso de Antonia Pernia Obrador a la que su marido había intentado asesinar de 12 puñaladas y que se salvó de milagro. Aunque afirmaba que ya le había pegado muchas veces, anteriormente.

En ese artículo, Mercedes explicaba claramente que esa mujer no podía pedir la separación judicial, porque no tendría dónde ir a pesar de ser una víctima frecuente de malos tratos.

El mencionado artículo fue como una bomba, que estalló en las narices del propio régimen franquista, porque el citado diario se permitió realizar una encuesta entre sus lectores sobre el contenido de ese artículo. Posteriormente, varios prestigiosos diarios internacionales se hicieron eco del mismo y ello obligó al Gobierno a dar algún tipo de respuesta.

Por lo visto, un periodista de la revista Time escribió un artículo, cuyo último párrafo decía: “Creo que empieza un gran torbellino. Gracias a Dios, mi mujer no lee los periódicos”.

Hasta los periódicos de la CNT se hicieron eco de este artículo y esperaron a ver qué respondía el régimen.

Así que un día recibió una invitación para ir a hablar, personalmente, con Franco. Esta entrevista tuvo lugar en el Palacio del Pardo, el 10/03/1954.

Me llama la atención que, en una época en que las mujeres iban a todas partes acompañadas por sus maridos, ella fue sola, aunque en el oficio, donde se la citaba, decía que la acompañaría un sacerdote.

Parece ser que Franco se había interesado mucho por este tema y la comprendió, porque él mismo había visto esos malos tratos también en su propia familia.

Así que eso fue lo que le dijo Mercedes, cuando regresó a su casa y su marido le preguntó cómo le había ido.

Por ello, Franco puso a trabajar a las Cortes y eso dio lugar a la modificación de nada menos que 66 artículos del Código Civil, promulgado en 1889, y que hasta esa fecha sólo había sufrido pequeñas reformas.

La Ley de 24/04/1958 dio lugar a la modificación de esos 66 artículos, más otros relacionados con ellos y que se hallaban en la Ley de Enjuiciamiento Civil y el Código de Comercio. Una de sus mayores innovaciones fue considerar la casa no como del marido, sino del matrimonio. Por tanto, el marido maltratador, podría ser expulsado de su vivienda por el juez.

Incluso, se aprobó que las mujeres viudas, que se casaran de nuevo, pudiesen seguir teniendo la patria potestad sobre sus hijos.

Desgraciadamente, no pudo conseguir la igualdad de trato, entre ambos cónyuges, por el adulterio cometido por alguno de ellos. Ya que la Ley penalizaba más duramente a la mujer.

A partir de entonces se dedicó a dar conferencias sobre el tema que trataba ese artículo y a escribir novelas. He de decir que escribía muy bien y que recomiendo la lectura de sus obras. Sobre todo, los tres volúmenes de sus memorias.

En 1960, consiguió que un tribunal eclesiástico anulara su matrimonio con Eduardo Llosent y en 1962 contrajo un nuevo matrimonio con José María González de Careaga y Urquijo. Un ingeniero industrial, que también fue alcalde de Bilbao. Ese matrimonio duró hasta la muerte de su esposo, ocurrida en 1971.

Desgraciadamente, esta mujer, que, por lo que se trasluce en sus obras, fue
una persona con una cultura envidiable y una memoria privilegiada, murió tal día como hoy, 22 de abril, pero de 2002, a causa de esa despiadada enfermedad que es el Alzheimer.

En 2014 se inauguró un busto suyo en su ciudad natal de Cádiz, justo frente a un centro de la mujer. Curiosamente, al año siguiente, el Ayuntamiento de esa ciudad, gobernado por Podemos, ordenó retirar su busto de la plaza del Palillero, donde podía verlo todo el mundo, e instalarlo dentro de la biblioteca de la Fundación de la mujer. Lo cual ocasionó fuertes críticas.

Incluso, un grupo de intelectuales de Málaga, pidió al Ayuntamiento de
Cádiz, que, si no iban a reinstalar su busto en el lugar de donde lo habían retirado, se lo cedieran para instalarlo en un lugar de honor de la ciudad de Málaga.

Por el contrario, en 2017, el Ayuntamiento de Madrid, presidido por la juez retirada Manuela Carmena, le dedicó una de las calles de la capital. Concretamente, muy cerca del parque de la Fuente del Berro. Parece ser que a esta antigua magistrada no le importó que Mercedes Formica hubiera sido una de las personas fundadoras de la Falange.

 

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