ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 26 de enero de 2023

EL ASESINATO DE JUAN DE ESCOBEDO

 

Hoy voy a narrar uno de los hechos más escalofriantes que tuvieron lugar durante el reinado de Felipe II.

El personaje de hoy se llamaba Juan de Escobedo. Esa es una de las pocas cosas que tenemos ciertas de su biografía. Para el resto existen muchas dudas.

Parece ser que nació en 1530 en la localidad cántabra de Colindres, aunque los expertos no se ponen de acuerdo sobre ello.

Por lo visto, su padre era un hidalgo, que trabajaba como letrado en el Ayuntamiento de Santander. Es de suponer que allí fue donde nuestro personaje realizó sus primeros estudios.

Se discute si realizó su carrera universitaria en Salamanca o en Alcalá de Henares. Las dos grandes universidades españolas de aquella época.

Incluso, algunos afirman que fue entonces cuando se hizo amigo de Antonio Pérez, lo cual es un poco extraño, porque Escobedo era 10 años mayor que él.

Hay quien dice que Escobedo fue introducido en la corte, porque el príncipe de Éboli, Ruy Gómez de Silva era pariente suyo, pero no indican qué tipo de parentesco.

Sin embargo, Antonio Pérez fue, casualmente, formado en las mejores universidades europeas, a expensas del mismo príncipe, ya que había nacido en sus territorios y hasta se rumoreaba que podría ser hijo natural suyo.

Así que no sé si Escobedo fue introducido en la Corte por ser, presumiblemente, pariente del príncipe de Éboli o por ser amigo de Antonio Pérez.

Parece ser que nuestro personaje, aparte de ir escalando puestos dentro del funcionariado de la Corte, también fue aumentando su prestigio. Sólo hay que ver que realizó su primera boda con una mujer cántabra, como él. Mientras que la segunda la hizo con otra mujer procedente del prestigioso linaje de los Mendoza. Curiosamente, el mismo al que pertenecía la princesa de Éboli.

La carrera de Escobedo empezó con un modesto puesto dentro del Consejo de Hacienda para pasar, posteriormente, a ser secretario del mismo Organismo.

Supongo que sería ahí donde llamó la atención de Felipe II y de su secretario, Antonio Pérez, que, como ya he dicho, tenía cierta amistad con Escobedo.

Parece ser que a don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, que estaba destinado como gobernador de Flandes, le detectaron en la Corte que tenía grandes ambiciones políticas.

Por lo visto, había hecho una gran labor diplomática y, además, había conseguido derrotar al Ejército del príncipe de Orange, el cual tuvo que huir para no ser apresado.

Así que ahora estaba muy animado y pidió a su hermanastro los recursos suficientes para invadir Inglaterra. Evidentemente, esto iba en contra de la política que estaba realizando el monarca en ese momento.

Así que, en 1576, al rey, asesorado por Pérez, no se le ocurrió otra cosa que enviar a Escobedo a Flandes para realizar las funciones de secretario privado de don Juan de Austria. Lógicamente, la idea era que nuestro personaje informase a la Corte de todo lo que estaba tramando don Juan de Austria en Flandes.

Sin embargo, como se suele decir, les salió el tiro por la culata, porque Escobedo se hizo muy amigo y confidente de su jefe y no quiso informar de lo que tramaba.

También se dijo que don Juan de Austria le pidió al monarca que trasladase a Alejandro Farnesio a Flandes. Algunos dijeron que lo que pretendía era dejar a Farnesio a cargo de ese territorio y volverse él a Madrid, porque no le gustaba vivir en Flandes. Aunque no tuviera el permiso del rey para ello.

Antonio Pérez conocía muy bien a su monarca y su manía
de sospechar de todo el mundo. Así que, como Escobedo le estaba empezando a hacer sombra, no le costó mucho trabajo convencerle de que don Juan de Austria quería volver a España para arrebatarle el trono.

Incluso, que se proponía casarse con María Estuardo, reina de Escocia, a la que muchos consideraban legítima reina de Inglaterra. Así, si conseguía fondos y tropas para invadir Inglaterra, podría poner en el trono a María Estuardo y ser también rey de Inglaterra.

La llegada de Escobedo a Madrid, enviado por don Juan de Austria con el objetivo oficial de recabar fondos para esa campaña, aunque sospechaban que se dedicaría a otros asuntos, no fue del agrado de Pérez y mucho menos del monarca.

También creo que, como Escobedo conocía de sobra los asuntos de corrupción en los que estaba metido Pérez, pues, seguramente, a éste no le gustaría que se los fuera a contar al soberano. No obstante, supongo que también se los podría contar por medio de una carta. Incluso, se habló de que Pérez podría haber estado ayudando a los rebeldes flamencos.

Parece ser que Pérez y la princesa de Éboli, entre otras cosas, se dedicaban

a vender secretos de Estado a los banqueros genoveses.

Así que, en un principio, Pérez, dio la orden de envenenar a Escobedo en varias ocasiones. Lo cierto es que no lo consiguió. En una de ellas, se le echó la culpa a una joven morisca, la cual fue condenada y ejecutada por ello.

Cualquiera que hubiera estado en la casa de Pérez sabía que le gustaba vivir muy bien y que llevaba una vida muy por encima de sus posibilidades. Incluso, poseía una de las mejores colecciones de pinturas de toda España. Algo que no podría haber comprado sólo con su sueldo.

Tenía una especie de palacete, al que llamaba la Casilla, situado en las afueras de Madrid, donde vivía con gran lujo. Parte de ese edificio está ahora dentro del Monasterio de Santa Isabel. En la madrileña calle del mismo nombre y cerca del Museo Reina Sofía.

Tampoco sé si Escobedo le querría hacer algún tipo de chantaje, ya que Pérez le prometió un título nobiliario, el ingreso en alguna orden militar o una encomienda, si se iba a Flandes. Sin embargo, no había cumplido, porque no había conseguido convencer al rey de ello.

También hay quien dice que querían matar a Escobedo para que no le dijese al rey que Pérez tenía una relación amorosa con la princesa de Éboli, que ya se hallaba viuda. Según parece, ella también había sido amante del rey.

Por lo visto, Pérez abusó de su amistad con Escobedo para hacerle creer que estaba de parte de don Juan de Austria y así hacer que le contase por carta lo que hacía el gobernador. Teóricamente, no le iba a enseñar esas cartas a Felipe II, pero sí lo hizo.

Incluso, Pérez se permitió dar una serie de órdenes a Escobedo para que, presuntamente, don Juan no siguiera las instrucciones dadas por el monarca. Es posible que Pérez temiera que Escobedo llevase esas cartas al monarca.

Así que Pérez consiguió convencer a Felipe II de la traición de Escobedo y de que sería conveniente matarlo. Algo que aprobó verbalmente el soberano.

Por ello, Pérez les encargó a dos de sus criados más fieles que buscaran a algunos que fueran capaces de cometer ese crimen.

Una vez que los encontraron, el rey aprobó que les ayudasen a huir y les pagaran los fondos suficientes para vivir holgadamente en otros de sus reinos.

En la noche del 31 de marzo de 1578, lunes de Pascua, Escobedo salió de la casa de la princesa de Éboli, después de haber estado varias horas reunido con ella.

Recorrió la pequeña calle de la Almudena a lomos de su caballo y acompañado por 3 sirvientes, que le precedían con antorchas encendidas. Ya sabemos que, en aquella época, no había alumbrado público.

Ésta es una calle perpendicular a la calle Mayor y que bordea el muro izquierdo del Palacio de Abrantes, donde se halla el Instituto Italiano de Cultura. Debía su nombre a que allí se hallaba la antigua iglesia de Santa María de la Almudena, la cual fue demolida en 1869.

También, tal y como indica una de las placas colocadas en esa calle, allí se hallaba el palacete donde vivió la princesa de Éboli, antes de ser arrestada por orden del rey y encerrada en su palacio de Pastrana (Guadalajara).

Precisamente, frente a ese centro cultural está el edificio de la antigua Capitanía general y el Consejo de Estado. En ese mismo edificio era donde se hallaban entonces los diferentes consejos de la monarquía española.

También está muy cerca del actual Palacio Real, que se halla donde entonces estaba el Alcázar de los Austrias, sede de la corte española.

No muy lejos de allí, se halla el Palacio del Cordón, que está situado en el lugar donde estuvo la casa de Antonio Pérez.

Lo único cierto es que 6 tipos les salieron al paso. Uno de ellos consiguió asestarle una estocada, que le hizo caer del caballo, muriendo pocos minutos más tarde a causa de la pérdida de sangre.

Curiosamente, aunque los asesinos huyeron tan precipitadamente que perdieron un arcabuz, un puñal y hasta dos capas, lograron no ser detenidos.

Lógicamente, cuando le comunicaron la noticia al rey, dio a entender que le había sorprendido mucho. Sin embargo, parece ser que se alegró de haber eliminado al “verdinegro”, que era cómo le llamaba, porque solía vestir ropas con esos colores.

Curiosamente, en 1589, cuando el rey ordenó procesar a Antonio Pérez a causa de su corrupción, también dio la orden de que le preguntasen por qué se había empeñado en que Escobedo debía morir y si eran fundadas las acusaciones por las que consiguió que el rey aprobase ese asesinato.

Como ya he dicho, en aquella confesión, obtenida bajo tortura, Pérez acusó a don Juan y a Escobedo de mantener conversaciones diplomáticas con el Papa y el duque de Guisa a fin de que, tras la invasión de Inglaterra, fuera reconocido como monarca de ese reino y luego de España.

Parece ser que la detención de Antonio Pérez y la princesa de Éboli vino tras la muerte de don Juan de Austria, acaecida unos meses después de ese asesinato, pero esta vez a causa del tifus.

Por lo visto, en su despacho encontraron varios documentos que incriminaban, tanto a Antonio Pérez como a la princesa de Éboli.

Así que, tanto la familia de Escobedo como el sacerdote Mateo Vázquez, consejero del rey, le pidieron al monarca que investigase el asesinato y que detuviese a esos dos personajes.


Para terminar, ya sabemos que la princesa de Éboli acabó sus días en su palacio de Pastrana. Sin embargo, Antonio Pérez, a pesar de haber sido detenido en dos ocasiones, al final, logró huir y se exilió primero en Francia y luego en Inglaterra, país en el que falleció.

Una anécdota que no se suele contar es que, unos años antes, la princesa de Éboli se encaprichó con ingresar en un convento. No obstante, se llevó a todos sus criadas para que estuviera tan bien atendida como en su palacio.

Por lo visto, esto no le hizo ninguna gracia a Santa Teresa de Jesús y la echó del convento, que era de su misma orden.

Así que la princesa enfureció y no se le ocurrió otra cosa que denunciarla ante la temida Inquisición. Afortunadamente, los inquisidores archivaron esa denuncia. De lo contrario, le podría haber costado un buen disgusto a la santa.




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2 comentarios:

  1. Acabo de descubrir este blog, y he disfrutado mucho leyendo esta historia.
    Muchas gracias por tu dedicación, seguiré aprendiendo y curioseandio.

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    1. Pues te invito a leer otros de los artículos, que he publicado en mi blog. Ya son 553, porque comencé en 2011.
      Muchas gracias por tu comentario y saludos.

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