ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 10 de febrero de 2026

COINCIDENCIAS HISTÓRICAS

 

Aquellos que me siguen en este blog, que, todo hay que decirlo, nunca han sido muchos, saben que mis primeros artículos los dediqué a ciertos personajes que hoy voy a rememorar.

En primer lugar, voy a mencionar a Maximiliano de Habsburgo, que fue emperador de México.

Maximiliano nació en 1832 en Viena y fue un hermano menor del emperador Francisco José. Muy famoso por estar casado con Sissi.

Parece ser que a Maximiliano le atrajo la vida en la Armada. En uno de aquellos viajes, recaló en Lisboa y allí conoció a la princesa María Amelia de Braganza, hija de Pedro I de Brasil. Se conocieron y se prometieron. Sin embargo, no pudieron casarse, porque la princesa murió a causa de la tuberculosis.

Posteriormente, visitó París, donde se hizo amigo del emperador Napoleón III de Francia.

Más tarde, fue a Bélgica, donde conoció a Carlota, hija única del rey Leopoldo I, que tenía fama de ser muy rico a base de explotar, despiadadamente, a sus colonias.

En 1857, tras la boda con Carlota, Maximiliano fue nombrado por su hermano virrey de Lombardía-Véneto.

Parece ser que allí chocó con las ideas de su hermano. Él tenía una mentalidad muy liberal y logró muchos progresos para la población, mientras que Francisco José sólo creía posible el aumento de la represión contra los independentistas de la zona. Por ello, en 1859, fue cesado por su hermano.

Así que, como él había ordenado construir el Castillo de Miramar, en la costa adriática, cerca de Trieste, se mudaron a ese lugar, donde vivieron muy tranquilos.

Sin embargo, en octubre de 1863, recibieron la visita de una comisión de notables mexicanos, los cuales le ofrecieron ser emperador de México.

Como Napoleón III había invadido México, parece ser que se acordó de él para proponerlo a esos monárquicos mexicanos y, por eso, lo visitaron en Miramar.

Tanto Napoleón III como Leopoldo I de Bélgica le animaron a que aceptara la corona de México. Incluso, se comprometieron a enviar miles de soldados para apoyarle.


Sin embargo, cuando visitó Viena, su hermano, Francisco José, le obligó a firmar un documento por el que Maximiliano renunciaba a todos sus derechos a la corona austriaca y a todos sus bienes. Algo que, como es lógico, le dolió mucho.

Maximiliano y su esposa llegaron en mayo de 1864 a Veracruz (México) y en junio a la capital.

Volvió a hacer una política liberal. Incluso, adoptó algunas ideas de los partidarios de Juárez. Todo ello, le restó los apoyos de los sectores conservadores que le habían ofrecido la corona.

Como no tuvieron hijos, Maximiliano adoptó a los dos nietos de Agustín de Itúrbide, anterior emperador de México.

Para abreviar un poco, al terminar la guerra civil USA, ese gobierno presionó a Napoleón III para que retirara sus fuerzas de México. Cosa que fue haciendo, también debido a la inminente guerra contra Prusia.

Así que Maximiliano se fue quedando solo. Ya sólo tenía de su parte unos miles de soldados mexicanos y unos cuantos soldados belgas y austriacos.

Por otro lado, Maximiliano estuvo tentado a abdicar y huir de México. Sin embargo, sus partidarios conservadores le convencieron para que se quedara allí.

Decidieron irse hasta Querétaro, porque era una ciudad que les era favorable. Allí fueron rodeados por los republicanos y tuvieron que rendirse, después de 70 días de asedio.

Maximiliano, junto con sus generales Miramón y Mejía, fueron juzgados y condenados a muerte. La ejecución se llevó a cabo en junio de 1867.

Poco antes de ser ejecutados, Maximiliano, entregó una moneda de oro a cada uno de los soldados del pelotón y a su capitán. Les pidió que apuntaran bien y no disparasen a la cabeza.

Hay que decir que los soldados de ese pelotón habían venido desde una zona lejana y no conocían ni al emperador, ni a los otros dos generales, que fusilaron junto a él.

En cuanto a su cadáver, hubo que hacer muchas gestiones ante Benito Juárez para que dejase que se lo llevaran a Viena. Lo consiguieron, tras varios meses.

Ahora hay dos versiones. Una dice que Francisco José ordenó sellar el ataúd de plomo para que su madre no viera el cadáver de su hermano y otra que su madre no reconoció su cadáver al verlo.

En su momento, también se especuló con que Maximiliano podía ser un hijo de Napoleón II, ya que su madre había estado muy unida al joven Bonaparte y éste murió unos días después del nacimiento de nuestro personaje.

El segundo protagonista de este artículo fue un hombre llamado Justo Armas. Parece ser que llegó a la ciudad de San Salvador en 1870-71 y allí fue muy bien recibido.

No se sabía quién era, ni de dónde procedía. Sin embargo, todo el mundo le trataba siempre con mucho respeto.

Iba siempre muy bien vestido. Sin embargo, también iba descalzo. Decía que era debido a una promesa, que le hizo a la Virgen del Carmen, por haber salido con vida de un momento de peligro.

Era un hombre que hablaba varios idiomas y poseía una gran cultura. Montó en esa capital un negocio de asesoramiento de protocolo y lo que ahora se conoce como catering. No debemos olvidar que, en aquella época, había varias familias en Hispanoamérica que se habían enriquecido en poco tiempo, pero no habían tenido la formación propia de la gente de la clase alta.

Así que él organizaba los banquetes y también cedía su vajilla de gala. Curiosamente, esa vajilla era la misma o similar a la utilizada en la corte vienesa y también había otra con escudos de la corte mexicana.

Siempre he pensado que el detalle de ir siempre descalzo no es propio de alguien que desea pasar desapercibido, sino que es algo que llama mucho la atención.

Dicen que, durante la I Guerra Mundial, lo visitó una delegación del Imperio austro-húngaro. Hay quien afirma que hasta le ofrecieron la corona por haber fallecido el emperador Francisco José, pero él se negó a regresar a Viena.

Así que allí estuvo viviendo hasta su muerte, ocurrida en 1936. Algunos afirman que ese nombre venía de que Benito Juárez, el que ordenó su ejecución había dicho que “Maximiliano había sido hecho justo por las armas”. Son los mismos que afirman que Maximiliano no fue ejecutado, porque Juárez y él eran masones y no se hacen daño entre ellos. Así que la Masonería fue la que le facilitó la huida de México.

Tras su muerte, varios investigadores, intentaron averiguar quién era. Quizás, el más importante fue Rolando Déneke. Éste llegó a conseguir que le autorizasen la apertura de la sepultura. 

Sin embargo, está enterrado en el sepulcro de la familia Arbizú, que lo acogió durante sus últimos años, y los restos no estaban en buen estado para obtener el ADN.

Otro personaje importante fue Carlota de Bélgica, esposa de Maximiliano. Parece ser que era una persona con mucho carácter. Al contrario que su marido.

Así que, cuando vio que lo dejaban solo, se le ocurrió recorrer varias cortes europeas en busca de ayuda. Parece ser que, en unas le dieron vagas promesas y en otras no quisieron recibirla.

Incluso, cuando fue a ver al Papa Pío IX, se dio cuenta de que no la
iba a ayudar, porque no se le había olvidado que Maximiliano había dado su conformidad a la desamortización de los bienes eclesiásticos, llevada a cabo, anteriormente, por Benito Juárez.

Así que, cuando vio que ni el Papa la iba a ayudar, empezó a volverse loca. La ingresaron en una clínica y luego llamaron a su hermano, el rey de Bélgica, para que se la llevara a su país. Estuvo ingresada en un manicomio hasta su muerte, ocurrida en 1927

Otro protagonista de este artículo es el general Weygand, que seguro que a muchos les sonará, porque fue el que firmó el acta de rendición del Ejército de Francia, ante los enviados de Hitler.

Maxime Weygand nació en 1867 en Bruselas y siempre se ha rumoreado que podría haber sido hijo de la emperatriz Carlota de Bélgica. Él nunca desmintió esos rumores. Algunos afirman que el padre podría ser el coronel belga van der Missen, jefe de las tropas belgas en México.

Parece ser que lo crió una familia de Marsella. Luego ingresó en la Academia militar de Saint Cyr, como alumno extranjero, graduándose en 1887 y obteniendo la ciudadanía francesa.

Luchó en la I Guerra Mundial. Luego fue inspector general del Ejército y, al final de esa guerra, fue el encargado de leer las condiciones en que debería rendirse el Ejército alemán.

Tras la invasión de las tropas alemanas en Francia, fue el que aconsejó a su Gobierno pedir un armisticio con Alemania.

Posteriormente, fue enviado como gobernador general de la Argelia francesa. Sin embargo, a los alemanes les pareció sospechoso de ser partidario de los aliados y lo devolvieron a Francia. Posteriormente, fue encerrado en un castillo en Alemania.

Cuando lo liberaron, lo procesaron en Francia, acusado de colaboracionismo, por haber firmado la rendición francesa. Así estuvo hasta que lo absolvieron en 1948.

Más tarde, se dedicó a escribir biografías y novelas, muriendo en 1965.

Seguro que muchos habréis visto esa gran película llamada “Esa mente maravillosa”, dedicada a la vida de John Nash.

Nash estuvo casado con otra científica, llamada Alicia Lardé. Ella era hija de Jorge Lardé y Arthés y de Elena López-Harrison y Arbizú.

Elena era nieta de Aniceto Arbizú, un terrateniente que se había hecho rico con el cultivo y la exportación del café. También dicen que fue el que recibió a Justo Armas y le presentó a la alta sociedad de San Salvador, porque también dicen que era masón. Por eso mismo, la familia Arbizú fue la que acogió en su casa, durante sus últimos años, a Justo Armas y esa es la misma razón por la que ahora está enterrado en su panteón familiar.


De hecho, el padre y la tía de Alicia fueron los primeros que escribieron sobre Justo Armas. Incluso, al morir, Justo dejó todos sus bienes a esa familia y todavía los poseen.

Por tanto, Alicia Lardé, la esposa de John Nash, con el que murió en un extraño accidente automovilístico, conocía muchos secretos de Justo Armas.

Se podría pensar que ella pensaba contar todo lo que sabía y a algunos no les haría mucha gracia, porque todavía hay varios grupos no interesados en que se sepa toda la verdad.

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