ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 19 de septiembre de 2025

SAMANTHA SMITH, UNA PACIFISTA INFANTIL

 

Reconozco que hoy tenía pensado escribir un artículo sobre otro tema. Sin embargo, me he encontrado esta historia por ahí y me ha resultado simpática.

De hecho, me ha recordado mucho a las ocurrencias de la famosa heroína de comics Mafalda.

Samantha Reed Smith, que era su verdadero nombre, nació en 1972 en una pequeña localidad del Estado de Maine, al norte de USA.

Supongo que pertenecería a una familia acomodada, pues su padre ejercía como profesor de Literatura en la Universidad de Maine, mientras que su madre era una trabajadora social y ambos debían de tener una mente muy abierta por la buena educación que le estaban dando a su hija.

Parece ser que Samantha siempre fue muy aficionada a escribir cartas. Por lo visto, con sólo 5 años, se le ocurrió escribir una a la reina Isabel II para decirle que admiraba la monarquía británica y que le caía muy simpática. ¡No sé qué hubiera pensado el propio general Washington sobre esto!

Supongo que eso sería debido a que, como en 1977 se celebraba el Jubileo de Plata de la reina, ésta apareció en las portadas de muchos periódicos y la niña los habría visto.

En 1982, murió el líder soviético Leónidas Breznev, el cual fue sustituido por Yuri Andropov.

Supongo que a esta niña le gustaría mucho leer los periódicos (algo casi insólito en nuestros días). Así que es posible que en ellos leyera las duras críticas contra el nuevo mandatario soviético. También que su nombramiento sería una amenaza para la paz mundial.

En esos artículos se mencionaba que Andropov había sido embajador soviético en Hungría, cuando tuvo lugar la sublevación de ese país contra las autoridades comunistas. Como todos sabemos esos disturbios fueron reprimidos a tiro limpio, provocando muchos muertos.

Por otro lado, también fue director del temible KGB durante la época en la que sufrieron una dura represión algunos personajes tan célebres como el físico Andrei Sakharov o el escritor Alexander Solzhenitsyn.

De hecho, solía decir que la lucha por los derechos humanos era, simplemente, una conspiración internacional contra la URSS. En pocas palabras, era un tipo muy duro.

Además, en la época de Ronald Reagan, éste hizo una terrible apuesta por militarizar el espacio con su Iniciativa de defensa estratégica, popularmente conocida como la Guerra de las galaxias. Así que en la URSS también se estaban realizando esfuerzos en ese sentido.

Por ello, en este contexto prebélico, Samantha leyó un artículo en la famosa revista Time. Parece ser que en la portada decía que Andropov era una persona muy peligrosa y hostil a USA y que tenía la intención de iniciar una guerra nuclear.

Por eso, se le ocurrió preguntarle a su madre: “Si la gente le tiene tanto miedo, ¿por qué no le escribe alguien una carta, preguntándole si quiere o no hacer una guerra?”

Supongo que la madre no le daría mucha importancia a esa ocurrencia y le respondió: “¿Por qué no lo haces tú?”

Así que, ni corta, ni perezosa, en noviembre de 1982, Samantha le escribió una carta al líder soviético Andropov, en la cual le dijo:

“Estimado Sr. Andropov:

Me llamo Samantha Smith. Tengo diez años de edad. Felicitaciones por su nuevo trabajo.

Estuve preocupada pensando en la posibilidad de que Rusia y los Estados Unidos se involucren en una guerra nuclear.

¿Votará por la guerra o no? Si no, por favor cuénteme cómo ayudará a evitar una guerra.

Esta pregunta no la tiene que responder, pero me gustaría saber por qué quiere conquistar el mundo o al menos nuestro país.

Dios hizo el mundo para que viviéramos juntos en paz y no para pelear.

Atentamente.

Samantha Smith”.

Aunque parezca mentira, el famoso diario soviético Pravda publicó la carta de esta niña y en abril de 1983 ella recibió la respuesta, también por carta, de Andropov.

No voy a reproducir esa carta, porque es un poco larga. En ella, va diciendo que los soviéticos saben muy bien lo que traen las guerras y, por ello, no las quieren. Así que, según dice, lo que quiere es tener unas buenas relaciones con USA a fin de cooperar en paz.

Por otro lado, dice que ambos países disponen de miles de armas nucleares, pero que la URSS nunca será la primera en utilizarlas contra ningún país del mundo.

Al final de esta misiva, le invita a viajar, junto con sus padres, a la URSS, para encontrarse con otros niños de su edad y ver que todos quieren la paz.

Como era de esperar, los medios de comunicación USA se pusieron las pilas y enseguida apareció esta niña en cientos de periódicos, canales de radio y de TV. Siendo entrevistada por los periodistas más famosos de su país.

Al fin, a primeros de julio de 1983, aceptó la invitación de Andropov y voló con sus padres a la URSS, donde iban a pasar dos semanas para conocer a la gente de ese país.

Empezaron visitando Moscú y Leningrado (hoy San Petersburgo) para luego residir casi todo el tiempo en un campamento de verano, situado en Artek, en la península de Crimea.

Quedó gratamente sorprendida por la amabilidad de los soviéticos y llegó a decir que eran “iguales a nosotros”. No sé si le habrían dicho que los comunistas tenían cuernos y rabo, como se decía antes.

Por lo visto, Andropov no pudo reunirse con ella, porque ya era un hombre mayor, que andaba muy mal de salud. De hecho, murió unos pocos meses después. Pero sí hablaron por teléfono.

Los niños soviéticos también la vieron como una niña normal e hizo muchas amistades entre ellos. Incluso, participó en la grabación de un documental con motivo del 60 aniversario de ese campamento infantil.

Incluso, fue a verla la famosa astronauta soviética Valentina Tereshkova, la primera mujer que voló alrededor de nuestro planeta.

Dicen que, cuando se despidió de sus amigos del campamento, les dijo:” ¡Vamos a vivir!”. Con esa amplia sonrisa que todavía recuerdan los que la conocieron.

Curiosamente, aunque fue muy bien recibida al regreso a su ciudad natal, sin embargo, el Gobierno USA la veía como alguien que hacía propaganda a favor del comunismo. Algo muy lejos de la realidad.

En diciembre de 1983 fue invitada a viajar a Japón, donde también la agasajaron muy bien.

Allí pronunció un curioso discurso en el que dijo que no estaría mal que los nietos de los líderes de USA y la URSS intercambiaran a sus nietos un par de semanas al año, porque “no creo que un presidente quisiera enviar una bomba a un país donde estuvieran sus nietos”.

Esos viajes de Samantha también dieron lugar a los de otros niños, como la de la niña rusa Katya Lycheva, que tenía la misma edad que ella, fuera a USA.

Samantha siguió siendo muy popular y llegó a publicar un libro titulado “Viaje a la Unión Soviética”, donde relataba sus experiencias en ese país.

En 1984, fue contratada por la Disney como “corresponsal especial”. Allí hizo un programa dedicado a realizar entrevistas con candidatos a las elecciones de 1984. Uno de ellos fue el famoso astronauta John Glenn.

Seguramente, lo habréis visto en la famosa película Elegidos para la gloria (1983), representado por el gran actor Ed Harris.

Desgraciadamente, ella también llamó la atención de un acosador. Se trataba de Robert John Bardo.

Tuvo mucha suerte, porque ya era conocido por la Policía y no lo dejaron que se acercara a ella.

Por el contrario, en 1989, se dedicó a acosar a una joven actriz, llamada Rebecca Schaeffer. Como estuvo acosándola durante 3 años y no le hizo caso, un día la fue a buscar a su apartamento. Ella abrió, confiadamente, porque le habían dicho que le iban a llevar un guión para una película. Él sacó su pistola y le disparó en el pecho, muriendo sólo media hora más tarde.

Posteriormente, fue detenido en una autopista, juzgado y condenado a cadena perpetua.

Volviendo a nuestro personaje de hoy, siguió acaparando fama. De hecho, la cadena ABC la fichó para actuar en una serie televisiva junto al famoso actor Robert Wagner.

El 25/08/1985 Samantha y su padre habían llegado al aeropuerto de Boston, procedentes de Londres, que era donde se estaba rodando esa serie.

Allí tomaron un vuelo, que los llevaría hasta un pequeño aeropuerto de su Estado, Maine.

Se trataba de una avioneta de la compañía Bar Harbor Airlines y tenía previsto hacer tres escalas en sendos aeropuertos de ese Estado para ir dejando a los pasajeros. Concretamente, en su interior había 6 pasajeros y 2 tripulantes.

Desgraciadamente, las condiciones meteorológicas no eran buenas, debidas a la fuerte lluvia y a que el vuelo se realizaba en una noche muy oscura.

Parece ser que, según dijeron, el piloto no tenía mucha experiencia.
Por ello, enfiló mal la pista del aeropuerto de Auburn, que era su primera escala, y estrelló el avión a unos 150m a la derecha de la pista.

Desafortunadamente, tras el choque, el avión se incendió, muriendo todos sus ocupantes.

Jane Smith, la madre de Samantha, se salvó, porque se había quedado en casa. Así que, poco más tarde, presentó una demanda contra esa aerolínea y parece ser que su abogado y el de la otra parte llegaron a un acuerdo económico, sin tener que acudir a un juicio.

Al funeral de esta niña acudieron unas 1.000 personas. Curiosamente, la Embajada de la URSS en ese país envió a uno de sus diplomáticos, que leyó un mensaje de condolencia de Gorbachov, el cual había sucedido a Andropov. Sin embargo, no acudió ningún enviado del Gobierno USA.


Supongo que, por ello, se suscitaron algunos comentarios sobre que podría no haber sido un accidente, sino algo preparado por los servicios secretos de alguno de los dos países.

También es muy curioso que en USA apenas le dieran importancia a la gran labor de esta niña. Sin embargo, en la URSS, emitieron sellos de Correos con su efigie. Le dedicaron calles y avenidas en varias localidades y hasta le pusieron su nombre a un barco de pasajeros. Incluso, le pusieron su nombre a un asteroide.

En 1985, su madre creó la Fundación Samantha Smith, la cual sigue funcionando hasta la actualidad.

En una entrevista le preguntaron a su madre a qué se dedicaría ahora su hija, si hubiera seguido viva. Ella respondió que, en aquella época, decía que quería ser actriz. Sin embargo, su padre prefería que hubiera sido senadora por su Estado.

 

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jueves, 18 de septiembre de 2025

EL CURIOSO CASO DE KARL RADEK

 

Hoy traigo al blog a un personaje que, a mi modo de ver, quiso pasarse de listo en un sitio tan peligroso como la URSS de Stalin.

Karl Radek, cuyo verdadero nombre era Karl Sobelsohn, nació en 1885 en la localidad de Lemberg, que entonces pertenecía al Imperio Austro-Húngaro, y hoy se llama Lviv y pertenece a Ucrania.

Su familia estaba formada por judíos de origen lituano. No obstante, parece ser que estaban muy integrados en este país, pues en su casa sólo se hablaba en alemán y casi nunca en hebreo.

Su padre era un funcionario de Correos, pero, desgraciadamente, murió cuando Karl era aún muy joven.

Por lo visto, nuestro personaje era muy aficionado a la lectura. Así que tomó el apellido Radek del personaje de una novela muy popular en la zona donde vivía.

Desde muy joven se implicó en movimientos revolucionarios. En 1904, se afilió al llamado Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania.

Al año siguiente, luchó en la fallida revolución rusa de 1905. Fue detenido, pero consiguió huir hacia Alemania.

No olvidemos que, en aquella época, la mayoría de Polonia formaba parte de Rusia.

Allí empezó a trabajar como periodista en varios medios, especializándose en artículos sobre temas internacionales, y se afilió al SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania).

Sin embargo, en 1913, fue expulsado de ese partido por haber sido acusado de diversos robos. Algo que nunca fue probado. Parece ser que la orden de expulsión vino de Friedrich Ebert, entonces líder de ese partido.

Al estallar la I Guerra Mundial, se trasladó a Suiza, para estar cerca de Lenin, al que había conocido unos años antes y con el que compartía una buena amistad. Radek le facilitó a Lenin relacionarse con otros partidos similares en Alemania.

Sin embargo, parece ser que tuvo algunas discusiones con él sobre el famoso Alzamiento de Pascua en Irlanda. Mientras que Lenin estaba entusiasmado, Radek le decía que no tenía futuro, porque se trataba de un territorio, principalmente, agrícola, pero nadie había contado con los agricultores.

En 1917, Radek fue uno de los que acompañó a Lenin en aquel tren, facilitado por los alemanes, para que pudieran regresar a Rusia.

Sin embargo, a Radek le prohibieron la entrada en Rusia, debido a que tenía pasaporte austro-húngaro. Un país que estaba en guerra con Rusia. Así que se tuvo que quedar en Estocolmo.

Tras la Revolución Rusa de octubre, ya se le permitió la entrada en ese país y fue nombrado vicecomisario de Asuntos Exteriores. De hecho, fue uno de los participantes en las negociaciones para el famoso Tratado de Brest-Litovsk, con el que terminó la participación de Rusia en la I Guerra Mundial. Algo que nunca le perdonaron los demás aliados.

Posteriormente, fue enviado a Alemania, para, como se dice coloquialmente, alborotar el gallinero en ese país.

En principio, como ya le conocía la Policía alemana, no le dejaron pasar. Sin embargo, luego cruzó la frontera ilegalmente.

Participó en varias reuniones, que dieron lugar a la fundación del Partido Comunista de Alemania.

En 1919, participó en el sangriento levantamiento Espartaquista. Motivo por el que fue detenido y encarcelado hasta el año siguiente.

Parece ser que las autoridades alemanas le dejaron en libertad como un acto amigable hacia el gobierno ruso. Recordemos que la URSS no se fundó hasta 1922.

En mi artículo sobre el Tratado de Rapallo ya comenté que Alemania y Rusia habían firmado ese acuerdo, porque no les dejaron entrar en las sesiones para deliberar sobre el Tratado de Versalles.

Parece ser que ese tratado, hoy en día, casi olvidado, se empezó a perfilar durante una entrevista entre Radek y el futuro canciller Walther Rathenau, cuando el primero todavía se hallaba encarcelado.

Cuando regresó a Rusia ocupó un alto cargo en el Komintern. Sin embargo, no le duró mucho tiempo, porque se opuso a algunas iniciativas apoyadas desde arriba, ya que siempre fue una especie de verso suelto.

Así que algunos le acusaron de ser uno de los culpables de la derrota del levantamiento comunista, que se había producido en 1923 en Alemania. Por ello, fue expulsado del Comité Directivo del Komintern.

A partir de ese momento, dijo ser partidario de las ideas de Trotsky y criticó las de Stalin.

Aunque este último todavía no gobernaba en la URSS, sí que tenía un importante cargo en el Gobierno. Posiblemente, por ese motivo, no admitió las críticas mordaces de Radek, expulsándole del partido y deportándole a una localidad de Siberia. Para que se le refrescaran las ideas.

Se ve que no comprendió que sus críticas llenas de humor y sus chistes políticos no le iban a hacer ninguna gracia a un tipo como Stalin, el cual tenía un sentido del humor muy peculiar.

De todas formas, no vayamos a pensar que Radek era un santo, sino que también fue partidario de aplicar medidas contundentes contra los que se desviaran de la doctrina oficial del partido.

A pesar de que la gente podía ser condenada a largos años en Siberia, hubo muchos que se atrevieron a hacer chistes.

Por ejemplo: ¿Cómo se va a gestionar el problema de los ratones en el Kremlin?

Se pondrá un cartel que diga Granja colectiva. Así, la mitad de ellos morirán de hambre, mientras que la otra mitad saldrán huyendo de allí.

Otro ejemplo: ¿Cuál es la diferencia entre un cuento de hadas capitalista y uno comunista?

El capitalista comienza diciendo: “había una vez”. Mientras que el comunista empieza: “habrá alguna vez”.

Otro más. Stalin perdió su pipa favorita. Unos días más tarde, fue a verlo Beria y le preguntó si ya la había encontrado. Stalin le dijo que estaba bajo el sofá. Beria le respondió que eso era imposible, porque ya habían detenido a 3 personas, las cuales confesaron haberla robado.

Otro más. En un desfile del 1º de mayo, un anciano llevaba una pancarta, en la cual se podía leer: “Gracias, camarada Stalin, por mi feliz infancia”.

Un líder comunista le preguntó si se estaba burlando, porque todavía no había nacido Stalin, cuando el abuelo era un niño. El otro le respondió: por eso le estoy agradecido.

Tampoco Breznev pudo librarse de los chistes. Tras un discurso, fue a quejarse a su redactor, porque le había pedido que le escribiera un discurso que durase 15 minutos y éste duró 45. El otro le respondió que le había dado 3 copias.

Curiosamente, aunque Radek solía contar chistes sobre Stalin, sin embargo, también escribió en Pravda unos artículos, donde elogiaba la labor del político.

Parece que no le gustó mucho el clima siberiano. Por ello, en 1929, junto con otros deportados, escribieron un mensaje para que fueran perdonados.

Contra todo pronóstico, Stalin les perdonó e, incluso, nombró a Radek para un alto cargo en el Comité central del PCUS.

A partir de entonces, siguió, al pie de la letra, las instrucciones
del Kremlin y se dedicó a elogiar la política alemana. Incluso, les felicitó cuando ocuparon Renania. Seguro que entonces estarían debatiendo lo que luego sería el famoso pacto Ribbentrop-Molotov.

También se le consideró inventor del término nacionalbolchevismo, con el que criticó a algunos líderes comunistas alemanes, que eran demasiado nacionalistas, en lugar de ser internacionalistas.

Fue uno de los redactores de la Constitución de la URSS de 1936. No obstante, eso no le libró de caer en una de las grandes purgas de los años 30.

Así que fue juzgado en 1937, acusado de traición. Un cargo que había admitido, después de sufrir fuertes torturas. Por ello, fue condenado a 10 años de trabajos
forzados. Hay quien dice que había llegado a ciertos acuerdos con el fiscal para que no lo condenaran a muerte. Una pena habitual en aquella época.

Oficialmente, murió en mayo de 1939, durante una pelea con otro preso. Sin embargo, algunos autores afirman que lo mataron por encargo de la NKVD. Lo que luego se llamó la KGB.

No obstante, en 1988, fue oficialmente rehabilitado por Gorbachov.

 

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jueves, 28 de agosto de 2025

EL GENOCIDIO CONTRA LOS HERERO Y LOS NAMAQUA

 

Hoy traigo al blog uno de esos acontecimientos, que son desconocidos por la mayoría de la gente. Yo mismo confieso que no lo conocía hasta hace poco.

Para empezar, vamos a situarnos en el mapa. Estas tribus africanas vivían en lo que hoy conocemos como Namibia.

Históricamente, en Europa ya se conocían las costas de este territorio gracias a los navegantes portugueses, que iban rumbo a Asia.

Posteriormente, como los británicos se asentaron en lo que hoy es Sudáfrica, hicieron algunas expediciones hacia ese territorio, atraídos por la leyenda de que allí había muchos yacimientos de oro. Lo hicieron bajo el disfraz de sociedades misioneras.

Sin embargo, como no tuvieron mucho éxito y vieron que el terreno no era muy productivo, se marcharon para dejar paso a otra sociedad misionera procedente de Alemania.

En 1868, estos supuestos misioneros pidieron la protección del Kaiser de Alemania para defenderlos de los ataques de las tribus vecinas. Sin embargo, no les hicieron mucho caso, porque en Berlín se hallaban en medio de la guerra franco-prusiana, que dio lugar al derrocamiento de Napoleón III.

Tras esa guerra, las autoridades alemanas quisieron hacerse a toda prisa con algunas colonias. No olvidemos que Italia y Alemania se unificaron en la segunda mitad del siglo XIX y llegaron tarde al reparto de colonias en África.

Así que, en 1883, Heinrich Vogelsang, un representante del empresario de tabaco Franz Adolf Lüderitz compró toda una bahía a la tribu de los nama o namaqua. El problema es que estos habían medido esa zona en millas británicas, mientras que Vogelsang lo había hecho en millas alemanas, que era una medida mucho mayor. La milla británica equivalía a 1,6 km, mientras que la milla alemana era de 7,4 km. Así que los namas se consideraron engañados.

Esa decisión fue ampliamente respaldada por el canciller Bismarck, el cual envió un barco de guerra para proteger esa colonia, seguido por dos más. Por ello, en agosto de 1884, ya se izó la bandera imperial alemana en esa colonia.

No obstante, los namas también les vendieron la zona costera, porque nunca fueron un pueblo de marinos y pescadores.

En 1886, Alemania firmó convenios con Portugal y el Reino Unido para delimitar las fronteras de esta colonia con las de estos países en aquella zona.

En 1890 se empezó a construir la capital a la que llamaron Windhoek. Nombre que sigue conservando en la actualidad.

Curiosamente, el Gobierno alemán nombró como comisionado para firmar acuerdos con las tribus de la zona a Heinrich Göring, padre del conocido líder nazi.

Es de destacar que, en aquella época, el gobierno alemán todavía reconocía que aquel territorio no era del Estado sino propiedad de una institución privada, denominada Sociedad Colonial alemana, fundada por varios banqueros alemanes.

Por ello, cuando surgieron las noticias de haber hallado yacimientos de oro en zonas habitadas por varias tribus, los colonos pidieron la protección imperial, pero el Gobierno rehusó ayudarles.

Así que tuvieron que organizar una especie de ejército privado, bajo la dirección del padre de Göring.

No obstante, debido a las frecuentes hostilidades de las tribus vecinas, el Gobierno alemán envió a unos 200 soldados al mando del teniente François, el cual relevó a Göring y montó una administración de tipo militar.

En 1893, el Gobierno alemán envió al comandante Leutwein, con un número mayor de efectivos, para relevar a François. El recién llegado se enfrentó a la tribu de los Witbooi y tras arduos combates, consiguió vencerles y obligarles a firmar un tratado de paz.

Sin embargo, la Sociedad Colonial alemana siguió presionando a las tribus vecinas y los colonos fueron ocupando sus tierras. Esto dio lugar al levantamiento de los hereros, que tuvo lugar en enero de 1904.

Los hereros, liderados por Samuel Maharero, empezaron atacando granjas, estaciones ferroviarias y comercios, que estaban situados en las zonas otorgadas a su tribu, pero donde sufrían constantes ataques y violaciones de los colonos.

El Gobierno alemán envió unos 500 infantes de marina para reforzar a las tropas, que ya combatían en esa colonia. Sin embargo, se vieron desbordadas por el empuje de las tribus sublevadas contra los colonos.

Parece ser que esta vez se lo tomaron más en serio en Berlín y enviaron a un tipo muy duro. Se trataba del general Lothar von Trotha, al que le asignaron un número mayor de efectivos. En total, unos 15.000 soldados.

Este general ya se había ganado el calificativo de duro por haber reprimido con mucha dureza algunas rebeliones en las colonias alemanas de África oriental.

En octubre de 1904 se sumaron a la lucha los namas, también llamados namaquas, liderados por Jakob Morenga, apodado “el Napoleón negro”. Por lo visto, este líder, hijo de un herero y una nama, consiguió que las dos tribus, que siempre habían luchado entre ellas, esta vez lucharan juntas contra los alemanes.

Parece ser que era un gran experto en la guerra de guerrillas y causó muchas bajas a los alemanes. Por esa razón, el Kaiser ofreció una recompensa de 20.000 marcos por su cabeza.

Morenga consiguió huir con sus tropas hacia la colonia británica de Sudáfrica. Allí fueron detenidos y lo tuvieron encarcelado hasta 1907. Después, lo pusieron en libertad e intentó volver a la lucha. Sin embargo, las autoridades alemanas y las británicas ya se habían puesto de acuerdo para eliminarle y, en septiembre de 1907, le tendieron una emboscada, en la cual lo mataron, junto a los que le acompañaban. Incluidos, mujeres y niños.

Sin embargo, los hereros eran más partidarios de la lucha en campo abierto y ese fue su error.

En agosto de 1904, tuvo lugar la batalla de Waterberg, entre las tropas alemanas y los hereros.

Aunque estos últimos eran unos 6.000, mientras que los alemanes eran unos 2.000, pronto se vio la superioridad germánica, porque disponían de cañones y ametralladoras, mientras que los hereros sólo luchaban con fusiles y machetes.

El general alemán rodeó a los hereros, permitiéndoles una única vía de escape, que les llevaría nada menos que al desierto de Omaheke. Una parte del terrible desierto del   Kalahari.

Así que, como estaba previsto, los hereros huyeron en esa dirección y fueron perseguidos por las tropas alemanas.

Una vez dentro del desierto, fueron muriendo, poco a poco, de cansancio, hambre y sed. Para colmo, los alemanes envenenaron los escasos pozos de agua que había en esa zona. Muy pocos consiguieron llegar a la actual Botsuana.

Se calcula que de los 80.000 hereros que había en esa época, unos 60.000 murieron en el desierto y de los 19.000 namaquas, murieron unos 10.000.

Los pocos que se quedaron en la colonia alemana fueron recluidos en campos de concentración, donde estuvieron encadenados y luego utilizados como mano de obra esclava.

El general von Trotha mandó un mensaje muy claro: “Yo, general de los soldados alemanes, envío esta carta a los hereros. La nación herero debe abandonar el país. Si se niegan, los forzaré a cañonazos. Cualquier herero, con o sin armas, será ejecutado”.

Otra de sus frases fue: “Era y es mi política. El uso de la fuerza, el terrorismo e, incluso, la brutalidad”.

Los expertos lo han calificado como el primer genocidio del siglo XX, mientras que el Gobierno alemán no reconoció oficialmente este genocidio hasta 2015.

Tras esta batalla, los colonos alemanes se repartieron todo el territorio de la actual Namibia, antes llamada África del Sudoeste, y construyeron ciudades parecidas a las de Alemania.

Sin embargo, cuando, al cabo de muchos años, dejaron regresar a los hereros, sólo les permitieron vivir en chabolas construidas en los alrededores de las ciudades.

Entre 1908 y 1914 hubo un período de paz. Durante esos años, el Gobierno alemán concedió una especie de autonomía a ese territorio, creándose un consejo estatal para asesorar al gobernador. Incluso, enviaron allí a muchos huérfanos alemanes para vivir con las familias de los colonos.

La economía de la zona prosperó tras el hallazgo de varios yacimientos de diamantes de los cuales se apropió la Sociedad Colonial alemana.

Ese período de paz acabó con la llegada de la Primera Guerra Mundial. En septiembre de 1914 se produjo una invasión de las tropas británicas de Sudáfrica, que eran muy superiores, tanto en efectivos como en armamento, a las de los alemanes.

Después de varios combates, las tropas alemanas se fueron retirando hacia el norte. En mayo de 1915, el gobernador alemán ofreció un armisticio al general sudafricano Botha, que no fue aceptado por éste.

Sin embargo, en julio del mismo año, el gobernador alemán Seitz firmó la rendición incondicional. Tras este acto, las tropas alemanas fueron recluidas en un campo de concentración y, a partir de entonces, las tropas sudafricanas administraron esa colonia.

En 1919, aproximadamente, la mitad de la población de origen alemán regresó a Alemania.

Con la firma del famoso Tratado de Versalles, la colonia de África del Sudoeste pasó a ser un mandato de la Sociedad de Naciones y estaría administrada por Sudáfrica. Este territorio no obtuvo su independencia de Sudáfrica hasta 1990.

Aunque tiene una superficie de 824.292 km2, la mayor parte de él está compuesta por desierto. Por ello, es uno de los países menos poblados de África, con sólo 2.642.000 habitantes.

Durante la administración sudafricana también impusieron el infame apartheid y los nativos fueron empujados a vivir en las zonas más pobres. Incluso, no se les permitió ir a la escuela.

Por ello, los nativos crearon un movimiento de oposición llamado SWAPO, el cual se dedicaba a la guerra de guerrillas.

En 1978, el Ejército sudafricano respondió bombardeando un poblado y ametrallando a los que sobrevivieron. Luego lanzaron tropas paracaidistas, que asesinaron a unas 19.000 personas.

Sudáfrica utilizó también el territorio de Namibia para luchar contra otros países, como Angola. Sin embargo, después de ser derrotados por las tropas cubanas y congoleñas, fueron presionados por la ONU para otorgar la independencia a Namibia.

Desde entonces, Namibia se ha convertido en una democracia al estilo de los países occidentales. No obstante, su economía sigue dependiendo, en muchos casos, de la de Sudáfrica. Lo más destacable es su producción de diamantes y uranio.

Sin embargo, hoy en día, los descendientes de los colonos alemanes acaparan el 70% de las tierras. Incluso, uno de ellos posee una finca con una superficie de 1.036 km2.

Todavía no se han cerrado las cicatrices de este conflicto. Los descendientes de los hereros han demandado al Gobierno alemán ante los tribunales USA, pero todavía no han conseguido más que buenas palabras.

Evidentemente, hay varias antiguas potencias coloniales que no están interesadas en que esa demanda prospere, porque podría dar lugar a varios miles de demandas de territorios, que fueron colonizados por éstas. Por ejemplo, en Tanzania, que también fue otra colonia alemana, están preparando otra demanda contra el Gobierno alemán, por las atrocidades cometidas por sus colonos y militares.

Curiosamente, todavía quedan vestigios de la colonización alemana. Como que el 32% de los habitantes hablen en alemán o el 44% sean protestantes luteranos.

 

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miércoles, 27 de agosto de 2025

LA EPOPEYA DE LOS DRAGONES DE CUERA

 

Seguramente, muchos de vosotros no habréis oído nunca hablar de los dragones de cuera. Sin embargo, cumplieron una función muy importante en el desarrollo de los territorios ultramarinos de España.

Ya, desde el siglo XVI, cuando se empezaron a fundar asentamientos españoles en la zona de Chihuahua, al norte del actual México, se vio la necesidad de crear una serie de fuertes en los lugares intermedios del camino hasta la capital. A esos fuertes los llamaron presidios, aunque no vayamos a pensar que eran cárceles, ni tampoco había presos.

Esos presidios fueron avanzando hacia el norte, situados a lo largo de la costa de California y llegaron nada menos que hasta las costas canadienses e, incluso, llegó a haber uno de estos en Alaska.

Los presidios eran una especie de fuertes rodeados por una muralla de piedra o adobe con forma cuadrada de unos 120 m de lado. Con el objeto de defenderse de los ataques de las tribus hostiles de indios.

Al principio, los soldados españoles solían llevar la correspondiente coraza, pero pronto se vio muy poco práctica, debido a su peso y al calor reinante en esa zona semidesértica. Así que a alguien se le ocurrió una idea mejor, consistente en vestir un chaleco de cuero (de ahí viene su nombre) de 7 capas, el cual pesaba alrededor de 10 kgs. Aunque parezca mentira, este chaleco les defendía de las flechas lanzadas por los indios.

El nombre de dragones procede de que así se llamaban a los soldados que podían combatir tanto a pie como a caballo.

Estos dragones, al igual que la nueva sociedad que se estaba gestando en ese territorio, no eran sólo españoles, sino que también había muchos criollos, mestizos, indios y hasta antiguos esclavos negros.

Los candidatos para ingresar en esa unidad debían tener, como mínimo, 16 años y medir más de 1,50m., aparte de ser católicos y tener una buena fama. El compromiso era por 10 años de servicio con la posibilidad de poder renovarlo.

A cambio de ello, recibiría un sueldo, el equipamiento y unas tierras de labor para poder trabajarlas cuando se retirase.

Su función consistía en patrullar por la frontera y poner orden ante los asaltos de los indios y las disputas contra otros países, que también estaban asentados en la zona, como el Reino Unido o Francia.

Cada dragón recibía 6 caballos, un potro y una mula para carga. Puede parecer que eran muchos, pero también es verdad que tenían que vigilar una frontera muy extensa y así iban dejando descansar a sus monturas. Hay que tener en cuenta que había una distancia de más de 100 km entre cada presidio.

Solían utilizar los llamados caballos hispanoárabes. Unos animales de poca alzada, pero muy resistentes. O sea, los más apropiados para esos territorios.

Parece ser que algunos caballos que escapaban de los presidios, junto a otros, que los soltaban por no poder ya dar más servicio, fueron los que constituyeron esas manadas de caballos salvajes, que se suelen ver en las películas. No olvidemos que en América no hubo caballos hasta que los llevaron los españoles.

Curiosamente, los indios, que nunca habían usado los caballos, porque no los había, aprendieron muy pronto a montar mejor que nadie.

El armamento de los dragones estaba compuesto por una larga lanza para embestir a caballo. Un escudo, copiado de las famosas adargas de los moros. Sin embargo, en lugar de construirlos con piel de antílope, como hacían estos, utilizaban la piel de los toros.

Se trataba de un escudo muy resistente y apreciado, porque era menos pesado que los escudos, que solían usar las tropas cristianas en la Edad Media.

Además, también llevaban una espada de hoja corta y ancha y con punta. Supongo que sería para combatir a pie, porque no parece muy práctica para hacerlo a caballo.

Incluso, también solían llevar pistolas y carabinas. Estas últimas son unas escopetas más cortas de lo habitual, que eran muy prácticas para utilizarlas montado a caballo.

Una de sus habituales misiones fue patrullar por el Camino real de tierra adentro, el cual tenía una longitud superior a los 2.500 km y conectaba las ciudades de México y Santa Fe.

En él se encontraban algunas explotaciones mineras, que aportaron mucha riqueza al Imperio español.

No sólo era eso, sino también una gran ruta comercial, por donde circulaban muchas mercancías, como las transportadas por el famoso Galeón de Manila. Pero también era una zona donde habitaban varias tribus de indios hostiles. Por tanto, era un lugar por donde pasaban muchas caravanas y había que protegerlas.

Las familias de los dragones vivían en los presidios. Allí era donde cobraban en metálico y en especie.

Desgraciadamente, como les solía ocurrir a la mayoría de los soldados españoles de aquella época, no solían cobrar a tiempo y eso hacía que tuvieran que dedicarse también a cultivar la tierra o a cazar.

Allí era también donde los hijos de los dragones aprendían a leer y a escribir y esa labor era realizada por los frailes de los conventos, situados junto a algunos de esos presidios.

Los niños también aprendían a cultivar los huertos o a criar animales de granja. Algo esencial para poder sobrevivir en esas zonas. También las monjas enseñaban a las niñas a coser y bordar.

A finales del siglo XVII se produjo una gran sequía, la cual provocó hambre y dio lugar a la revuelta de varias tribus indias, que culpaban de esta situación a los españoles.

Estas tribus se pusieron de acuerdo para atacar, a partir de 1680, todos los presidios españoles y eso dio lugar a que tuvieran que retirarse hacia el sur. Evidentemente, con eso no consiguieron solucionar su hambre.

En 1692, el virrey de Nueva España dio la orden de recuperar esa zona del actual estado de Nuevo México.

Allí comprobaron que, aunque los indios pueblo habían intentado gestionar la agricultura y la ganadería, no lo habían conseguido por culpa de los frecuentes ataques de apaches y comanches. Así que recibieron con gratitud el regreso de los dragones de cuera.

Por ello, el virrey firmó un tratado con los indios pueblo, por el que España reconocía los derechos sobre sus tierras. Algo que nunca hicieron otras potencias colonizadoras.

En 1718 se fundó el presidio de San Antonio de Béjar y junto a él se edificó una misión, que, en el siglo XIX fue conocida como El Álamo. Allí tuvo lugar aquel famoso combate entre mexicanos y texanos.

En ese lugar, convivieron en paz y armonía sus fundadores, que procedían de Canarias, junto a indios, mestizos, criollos, etc.

Tras haber sufrido algunas derrotas ante los indios, se hicieron algunas reformas, suprimiendo algunos presidios para concentrar los dragones en algunos más estratégicos.

También firmaron tratados con algunas tribus, como los apaches para que ayudaran en la defensa de esos territorios contra otras tribus, venidas del norte de América.

Eso dio lugar a la creación de una muy eficaz línea defensiva.

A finales del XVIII, tras múltiples asaltos de los comanches, se impusieron una serie de reformas.

A partir de entonces, los dragones llevarían unas cueras con menos capas, para disminuir su peso y un armamento menos pesado. No obstante, fueron dotados con pequeños cañones, pero también con exploradores indios.

La idea era ganar en velocidad para perseguir y castigar a los indios, que solían atacar poblados y desaparecer muy rápidamente. Parece que eso fue muy efectivo.

También se legisló que llevaran todos un uniforme azul, con el cuello rojo. Pantalón y capa también azul. Una bandolera, donde llevarían bordado el nombre de su presidio. Corbata y sombrero negros y también unos botines. Utilizaban banderas blancas con la cruz de Borgoña pintada en rojo, que era la antigua bandera de España.

A la vista de esto, ya podemos suponer de dónde copiaron la forma de vestirse los nuevos colonos USA.

Al mismo tiempo, se creó la figura del soldado armero, el cual era responsable del buen funcionamiento de las armas y cobraba un poco más que los demás.

En la segunda mitad del siglo XVIII apareció otra potencia colonial por la zona. Se trataba de los rusos, los cuales habían comenzado su expansión desde Alaska por toda la costa de Canadá. Así que las autoridades españolas tomaron la decisión de colonizar la costa del Pacífico para impedir que la colonizaran antes los rusos.

Así empezó la expedición a California al mando de Gaspar de Portolá y fray Junípero Serra, un clérigo que fue muy querido en aquellas tierras. También les suministraron provisiones por vía marítima.

Las autoridades españolas estaban en lo cierto, porque, en 1812, aprovechando que España estaba en guerra contra Napoleón y que también habían comenzado las guerras de independencia de Hispanoamérica, los rusos fundaron la colonia de Fort Ross o Fuerte Ruso, al norte del actual Estado de California. Allí estuvieron hasta su retirada en 1842.

De esa forma, los españoles consiguieron demostrar que era posible llegar desde México hasta California, atravesando cordilleras, ríos caudalosos y desiertos. Incluso, tuvieron que sufrir uno de los habituales terremotos que se dan en California.

También construyeron algunos presidios nuevos en el actual Estado de Arizona. Concretamente, el de Tucson tuvo que sufrir varios ataques de apaches, aunque los dragones lograron vencerlos.


No obstante, también consiguieron atraer a los indios a las ferias comerciales, que se desarrollaban en algunos presidios, donde podían intercambiar algunos objetos por otros.

En el último tercio del siglo XVIII se crearon dos comandancias para los dragones. Una estaba en la zona occidental y llegaba hasta el actual Nuevo México y la otra era para la zona oriental en la actual Texas y norte de México. Así fue hasta 1792, cuando se fusionaron.

A finales del XVIII muchas tribus apaches empezaron a colaborar con los españoles, residiendo junto a los presidios. Allí les dieron alimentos y herramientas para trabajar el campo a cambio de no luchar contra los españoles.

De esa forma, los dragones empezaron a cambiar su trabajo de combatir a los indios por el de proteger a los que habían empezado a residir en los presidios y mediar en discusiones.

En 1821, con la llegada de la independencia de México, los dragones pasaron a ser unos simples vigilantes de la frontera. Ya no volvieron a usar sus viejas cueras, sino unos uniformes azules, pero sí utilizaron unas armas más modernas.

Curiosamente, una unidad de los dragones de cuera fue la que capturó al cura Hidalgo. Un líder independentista mexicano, el cual fue responsable de varias masacres, como la de la alhóndiga de Garabitas. Tras su captura, fue condenado a muerte por traición y fusilado.

 

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