ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 30 de julio de 2026

RESTIF DE LA BRETONNE, UN PERIODISTA EN LA REVOLUCIÓN FRANCESA

 

 

Hoy traigo al blog un personaje casi desconocido. Supongo que a la mayoría ni siquiera os sonará.

Sin embargo, es muy posible que algunos recuerden una serie estrenada en 1989, con motivo del bicentenario de la Revolución Francesa. Se titulaba “Las noches revolucionarias” y fue emitida por TVE.

La verdad es que, cuando la vi, me pareció un personaje muy rebuscado, habiendo tantos protagonistas de ese período. Sin embargo, luego me fui dando cuenta de que se trataba de un personaje muy importante, ya que nos mostraba lo que ocurría en las calles, los barrios, las tabernas, etc. Algo muy diferente de los grandes discursos y las grandes batallas.

Nicolás Restif o Retif de la Bretonne, que así era como se llamaba nuestro personaje de hoy, nació en 1734 en un pequeño pueblo de la Borgoña.

Nació en el seno de una familia de campesinos, más o menos, acomodados. Eso le permitió adquirir cierta educación.

Parece ser que fue educado en un centro religioso jansenista. Sin embargo, éste fue clausurado, cuando el Papa los declaró herejes y los expulsaron de Francia.

Así que luego se fue a vivir con su hermano mayor, que era sacerdote, ya que su padre aspiraba a que él también llegara a serlo.

Sin embargo, pronto se vio que nuestro personaje era muy mujeriego y eso hizo que lo echaran de allí.

Posteriormente, se trasladó a Auxerre, donde comenzó su formación como tipógrafo, un oficio que continuó practicando durante toda su vida.

En 1760, se trasladó a París, donde trabajó en la Imprenta Real y se casó con Agnes Lebègue. También en esa época se hizo protestante.

Más tarde, montó su propio taller de imprenta y se dedicó a escribir. De hecho, publicó unas 200 obras. Así que le daba igual si se las querían editar o no, porque las imprimía él mismo.

Todos sabemos que la Revolución Francesa se dio cuando se produjeron varios acontecimientos. Uno de ellos fue la erupción de varios volcanes en Islandia, lo cual dio lugar a que hubiera malas cosechas y eso se traducía en hambre.


Por otro lado, Francia y el Reino Unido se habían enfrentado en la guerra de los 7 años. Un conflicto que algunos llaman “la primera guerra mundial”, porque se luchó en varios continentes.

Evidentemente, esto provocó la ruina de ambos países. Precisamente, en el Reino Unido quisieron restaurar la Hacienda, obligando a los colonos americanos a pagar impuestos, pero sin darles representación en la Cámara de los comunes. Como todos sabemos, esto dio lugar a la guerra de la independencia USA, cuyo 250 aniversario se está conmemorando en estos días.

Por el contrario, en Francia, Luis XVI y sus ministros decidieron convocar al parlamento, lo que allí se llamaba los Estados generales. Debo decir que llevaban más de 150 años sin convocarlo, pero esta vez lo hicieron, porque necesitaban dinero urgentemente.

Más o menos, lo mismo que le había ocurrido, el anterior siglo, a Carlos I de Inglaterra.

Así que se encontraron con que los delegados de todas las provincias se presentaron con unas largas listas de reivindicaciones a las que no hicieron el menor caso.

También pensaron que la monarquía siempre iba a ganar, porque ese parlamento estaba dividido en tres estamentos: el clero, la nobleza y los demás, al que llamaban el Tercer Estado.

Así que, cuando votaban cualquier proyecto siempre se aliaban el clero y la nobleza y ganaban, porque se votaba por estamentos.

Por ello, en Versalles, se encendieron todas las alarmas, cuando los miembros del Tercer Estado se retiraron de esas deliberaciones y se reunieron en un lugar apartado, donde declararon que se convertían en Asamblea nacional y no cejarían hasta aprobar una Constitución.

Para escribir este artículo, me he basado en datos, que figuran en su obra Las noches revolucionarias.

Restif comienza esta obra como si fuera un parisino, que regresa a su ciudad, después de haber estado un tiempo fuera y se encuentra una ciudad muy cambiada. Cuenta que él vivió en la ciudad más libre del mundo, donde no se metían contigo si eras honrado, ni publicabas panfletos contra los ministros.

Ahora todo el mundo tenía miedo y la violencia se desataba en cualquier momento. Por ejemplo, cuenta que el coronel de Caballería Lambesq, que también era un noble, fue alcanzado por una piedra, que le golpeó en el casco. Así que no se le ocurrió otra cosa que dar la orden de entrar al galope en un parque, en persecución del que le había tirado la piedra, sin importarle que estuviera lleno de niños y madres. Eso también hizo que la burguesía se empezara a poner en contra del Gobierno.

Describe el ambiente de anarquía que se veía en las calles de París, con gente armada por todas partes y dispuestas a matar a cualquiera. Así que los burgueses tuvieron que crear patrullas para vigilar la ciudad e impedir que se cometieran actos violentos.

Ahí es cuando Restif empieza a pasear por las noches por las calles de París y nos describe lo que ve con todo lujo de detalles. Siempre vestido con una capa azul, similar a las que solían llevar los policías en esa época. Por eso, algunos lo confundían con un policía y otros pensaban que era sólo un loco. Esa fue la razón por la que fue conocido como “el búho”.

Lógicamente, como se acostaba tarde, también se levantaba tarde. Por esa razón, nos cuenta que el 14/07/1789, después de realizar su trabajo como tipógrafo, se fue a pasear sobre las 15.30 y se encontró con la gente que acababa de asaltar la Bastilla. Vio cómo llevaban las cabezas de los guardias de la prisión clavadas en unas picas para que las viera todo el mundo. Luego ahorcaron a los que habían resultado heridos en el asedio. Ciertamente, quedó espantado al ver lo que estaba ocurriendo. Incluso, lo detuvieron en uno de sus paseos nocturnos y estuvo a punto de ser ahorcado, sospechando que podría ser un espía del rey.

En la obra mencionada va dando ejemplos de la ira popular hacia los ricos o los que han tenido algún cargo en el Gobierno. Los que fueron detenidos acabaron siendo colgados de las farolas, para ser luego decapitados y sus cuerpos arrastrados por las calles.

También en esa publicación, menciona la marcha de las mujeres parisinas hacia Versalles para mostrar sus reivindicaciones al rey. Otros temas que cita son la sublevación de Toulon y el fracasado complot del conde de Maillebois.

Curiosamente, Restif se muestra partidario de la incautación de los muchos bienes que posee la Iglesia francesa a fin de mejorar el estado de las finanzas.

Por otra parte, en la obra mencionada, se puede ver que Restif era un gran amante de la monarquía. No es de extrañar que hubiera muchos franceses monárquicos, porque consideraban a los reyes como elegidos por Dios. De hecho, muchos acudían a que el rey los tocara, porque estaban convencidos de que les sanaría de sus enfermedades.

Así que el ideal de Restif era que Francia siguiera gobernada por el rey, rodeado de unos ministros honrados, no necesariamente procedentes de la nobleza.

Sin embargo, los monárquicos no sabrían dónde esconderse, cuando, en septiembre de 1792, se descubrió un armario de hierro, que estaba escondido en el Palacio de las Tullerías. Éste contenía una serie de documentos secretos del rey en los que se demostraba que había comprado a varios diputados y también estaba en contacto con algunos nobles exiliados para que reclutasen tropas en el extranjero, a fin de derrotar a los revolucionarios.

Evidentemente, eso fue lo que le llevó a ser condenado a muerte. Igual que le ocurrió a Carlos I de Inglaterra por intentar hacer lo mismo.

Entonces es cuando Restif afirma que, si Luis XVI hubiera conseguido su propósito a base de estar apoyado por militares extranjeros, se hubiera convertido en una especie de esclavo de ellos y no hubiera vuelto a ser el gobernante de Francia.

Por otra parte, Restif no muestra, como hacen otros autores, los salones del París de la Ilustración, sino una ciudad oscura, con calles llenas de barro, donde no suele haber alcantarillado y, por tanto, malolientes.

Restif solía mirar a través de las ventanas, escuchar las discusiones de los vecinos, entrar a ver lo que se decía en las tabernas y los prostíbulos y eso es lo que nos cuenta en sus obras.

La gente tenía miedo, porque cualquiera podría ser denunciado por un vecino e ir, directamente a la guillotina. Incluso, él mismo fue denunciado por uno de sus yernos, acusado de ser un confidente de la Policía. Afortunadamente, también tenía muchos amigos entre los revolucionarios y lo soltaron pronto.

También nos muestra las colas, que había en las panaderías y otras tiendas de comestibles, causadas por la escasez de las cosechas y la mala administración.


En cuanto a sus ideas morales y políticas hay que decir que creía en una especie de comunismo, que aboliera la propiedad privada, donde todos trabajaran y la riqueza estuviera repartida equitativamente, aunque él pensaba que esa sociedad debería estar gobernada por un rey.

En aquella época, no fue el único “comunista”. Ya dediqué otro de mis artículos a Babeuf, al que pronto guillotinaron, porque aquella iba a ser una revolución burguesa y no admitían otras ideas que les hicieran la competencia.

De hecho, Restif dejó de apoyar a los revolucionarios, cuando se dio cuenta de que no pretendían cambiar la sociedad, sino, simplemente, sustituir a la clase dirigente por otros que hicieran lo mismo.

En cuanto a sus ideas morales, pretendía que se regularizase la prostitución y que se la dotase de unas normas muy rígidas, en cuanto a horarios, sanidad, salarios, etc.

Incluso, decía ser partidario de establecer normas para los matrimonios, la educación de los hijos y hasta las costumbres de los ciudadanos.

Precisamente, tuvo una fuerte enemistad con el famoso Sade. Parece ser que su odio venía porque era un noble y Restif los odiaba a todos, y porque pretendía destruir la moral burguesa. Algo inconcebible para un burgués.

Restif también escribió libros sobre erotismo e, incluso, publicó una obra titulada “Anti-Justine” en la que rechazaba las teorías de Sade en su obra “Justine”.

Sade llegó a apodarle “el novelista de las fregonas” o “el impresor de las alcantarillas”, mientras que Restif le calificó como un monstruo.

Por lo visto, su matrimonio fue, desde el principio, un completo fracaso. Así que, en 1794, ambos cónyuges aprovecharon la nueva ley de divorcio y se divorciaron.

Sin embargo, esto no terminó con los problemas conyugales de Restif, ya que le obligaron a pasarle una pensión a su exesposa. Esto cada vez se le hizo más cuesta arriba, porque Francia sufría una gran inflación y la llegada de una nueva moneda, llamada los asignados, le dejó a Restif en la ruina. Tanto que tuvo que pedir una ayuda al Gobierno y tuvo la suerte de que se la dieron por ser escritor.

También menciona el ambiente callejero, que había cuando la familia real intentó huir del país y, sin embargo, fue detenida en Varennes. A partir de entonces ya nadie creyó en la monarquía y se fueron destruyendo todos los símbolos de la misma.

Casualmente, entre las sombras, escucha una conversación entre dos nobles en la que afirman que la salvación de la nobleza francesa está en la muerte de Luis XVI.


Sólo así se decidirían el resto de los monarcas europeos a intervenir en Francia. Parece ser que no se equivocaban.

Al día siguiente, narra la llegada de la familia real, que había sido detenida en Varennes. París está ocupado por las tropas y, según dice, todos los hombres menores de 40 años han sido movilizados y armados.

No obstante, sigue criticando que, como muchas familias han caído en la pobreza más absoluta, han entregado a sus hijos e hijas a la prostitución, aunque todavía estuvieran en la niñez. A menudo, esas violaciones les llevan a la muerte.

Los días siguen pasando y nuestro personaje nos describe el ambiente que había en París. Las calles estaban llenas de patrullas armadas, que detenían a mucha gente. Buscaban, especialmente, armas en las casas y clérigos, que no aceptaban la Revolución y pretendían escapar.


También nos cuenta cómo empiezan a matar a los presos en las numerosas cárceles. Les hacen un simulacro de juicio y los ejecutan. Todavía no han utilizado la guillotina. No obstante, se ven matanzas callejeras.

Curiosamente, Restif, que suele pasear por todo París, suele esconderse para observar y escuchar las conversaciones de la gente y nos muestra la inseguridad en la que vivían las gentes de aquella época.

En octubre de 1792 trasladan a varios prisioneros, entre ellos, a la familia real, a la torre del Temple. Allí puede el rey dedicarse a la lectura y a educar a sus hijos.

Unos días más tarde, el rey fue citado para declarar ante la Convención y Restif nos dice que estuvo allí presente como espectador. Por lo visto, estuvo muy atento a los discursos de sus dos abogados y comprendió que este caso les venía demasiado grande.

Como era de esperar, Luis XVI fue condenado a muerte. A partir de entonces, se produjeron varios sucesos, como el asesinato de Lepelletier, uno de los diputados, que había votado a favor de esa condena.

También se rumoreó que los monárquicos iban a ayudar a escapar al rey. Sin embargo, se comentaba que él dijo que no quería que matasen a nadie para que pudiera escapar. Por eso no le ayudaron.

Curiosamente, tanto los revolucionarios como muchos monárquicos estaban a favor de que el rey fuera ejecutado. Estos últimos veían esa ejecución como un argumento muy poderoso para obtener la ayuda de otras potencias para derribar ese régimen.

Al día siguiente, a las 8 de la mañana, despiertan al rey y le comunican la sentencia. Le dejan despedirse de su familia y confesar con un cura.

Posteriormente, le conducen en la carroza del alcalde hasta el cadalso. Han distribuido miles de soldados de la Guardia Nacional a lo largo del recorrido.

Parece que Luis quiere dirigir unas palabras a la multitud. Sin embargo, los militares hacen resonar sus tambores y apenas se escucha nada. Tras la ejecución, es cuando se oyen murmullos, diciendo que era sólo un hombre. Algo muy llamativo en un país, donde el rey era un personaje casi sagrado y donde iba mucha gente a que les tocara con la creencia de que podría sanarles.

También nos cuenta Restif las escenas de asaltos a las tiendas, porque escasean los víveres. Incluso, algunos dicen que los británicos han contratado gente para que fomenten la anarquía en las ciudades.

Por otra parte, nos va narrando la situación anterior a la Revolución. La inmoralidad y el mal ejemplo que daba la corte y la nobleza. La crueldad y avaricia de los ministros y los gobernadores. La corrupción galopante entre los funcionarios y magistrados. Los impuestos excesivos. En fin, parece que el mundo no ha cambiado mucho desde entonces.

Así que Restif se declara complacido con el Nuevo Régimen, porque el Antiguo sólo podría restaurarse a base de violencia y represión y eso daría lugar a un levantamiento general y al exterminio de toda la clase dirigente. La gente estaba muy descontenta con la situación en Francia y no iban a permitir regresar al Antiguo Régimen despótico.

También nos comenta, en abril de 1793, las noticias llegadas de los diversos frentes de batalla, donde los franceses van perdiendo cada vez más terreno. Incluso, algunos generales, como Dumouriez, se pasan al enemigo.

Por lo visto, cuando llegaron unos delegados de la Convención para investigar su conducta, los arrestó y los entregó al enemigo. Posteriormente, pretendió convencer a sus tropas para marchar sobre París a fin de expulsar al Gobierno revolucionario.


Algo por el estilo a lo que hizo Julio César, al atravesar el Rubicón.  Sin embargo, Dumouriez no fue capaz de convencer a sus soldados. Eso dio lugar a que huyera, acompañado del duque de Chartres, que luego sería Luis Felipe I, hacia el campo del enemigo.

También nos habla del proceso contra Marat y de la expulsión de muchos miembros de la Convención. Muchos de los cuales acabarán guillotinados.

Parece ser que la guillotina tenía tanto trabajo que no les daba tiempo a limpiar la sangre de la calle y los vecinos se empezaron a quejar de que olía mal y había miles de moscas.

También menciona la reacción de la Convención ante la rebelión de la Vendée a la que ya dediqué otro de mis artículos.

Por otro lado, relata lo ocurrido al sanguinario Marat. Éste era un médico, que estuvo mucho tiempo escondido en las catacumbas de París. Por lo visto, allí se pilló una enfermedad en la piel, que le obligaba a estar mucho tiempo metido en una bañera. Así fue cómo lo encontró Charlotte Corday. Se presentó ante él con una falsa lista de traidores para guillotinar. Parece ser que eso le gustó mucho a Marat, que pidió que les dejaran solos. En ese momento, ella aprovechó para clavarle un puña
l en el pecho por haber sido el que había llevado a miles de personas a la guillotina. Corday también fue guillotinada 4 días después del asesinato.

No se salva casi nadie de la guillotina. El general Custine, jefe del Ejército del norte, es llamado a París. Tras presentarse a declarar ante la Convención, es arrestado, juzgado, condenado y guillotinado. Ni siquiera confiaban en sus militares.

Tampoco se salvan medio centenar de miembros de la Convención, acusados de ser traidores y encarcelados. Después serían ejecutados.

Poco más tarde, es citada María Antonieta ante el tribunal de la Convención. Su juicio dura 3 días, al final de este se la condena a muerte y es guillotinada al día siguiente.

También menciona la sublevación de la ciudad costera de Toulon, la cual se sublevó contra el gobierno revolucionario. Esta ciudad aguantó el asedio de las tropas republicanas mientras contó con el apoyo de las armadas del Reino Unido y de España. En este asedio participó el mismo Napoleón, como oficial de artillería.

En fin, leer a Restif de la Bretone es lo más parecido a leer un artículo de un reportero de esos que envían a lugares donde hay una guerra o algo parecido.

No sé si era un convencido republicano o, simplemente, lo hizo para eludir la censura y salvar su cuello de la guillotina. Lo cierto es que al final de esta obra da vivas a la República y a la Montaña. Murió de viejo, lo cual es toda una proeza en aquella Francia revolucionaria, donde no valía nada la vida humana.

 

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