ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 23 de noviembre de 2021

ALEXANDRA DAVID-NÉEL, UNA VIAJERA INCANSABLE

 


Hoy voy a dedicar este artículo a mis amigos más viajeros para que tomen nota de lo que hizo esta mujer, que llegó a renovar, por última vez, su pasaporte, cuando ya había cumplido los 100 años.

Nuestro personaje de hoy nació en 1868 en un barrio de los muchos que tiene París. Fue la única hija de una familia un poco extraña. Su padre era un maestro de escuela, director de un periódico republicano y miembro de la Masonería, aparte de ser protestante. Mientras que su madre era belga y católica, pero de origen escandinavo. Por lo visto, ambos se habían conocido cuando él tuvo que exiliarse, tras el golpe de Estado y la proclamación de Napoleón III.

Por lo visto, su padre siempre fue muy amigo del geógrafo anarquista Jacques Elisée Reclus y éste también influyó mucho en el pensamiento de nuestro personaje.

Parece ser que, tras una amnistía de Napoleón III, la familia se mudó a Francia, pero, en 1873, tras la derrota y ejecución de los miembros de la Comuna de París, volvieron a exiliarse en Bélgica.

Desde pequeña, Alexandra, siempre tuvo una mentalidad muy aventurera. De hecho, con sólo 15 años, se escapó de su casa y fue hasta un puerto de Holanda con la intención de tomar un barco hacia Gran Bretaña. Sin embargo, la falta de dinero le hizo regresar a su casa.

Así que se puso a estudiar todo tipo de teorías sobre sociedades secretas y también fue seguidora de la famosa Madame Blavatsky. Incluso, alcanzó un alto grado en la Masonería. Sin embargo, aunque las feministas la admiraban, se puede decir que ella nunca fue una feminista, porque prefería luchar por la independencia financiera de las mujeres, antes que por el voto.

Parece ser que decía que la mayoría de las feministas pertenecían a la alta sociedad y, por tanto, desconocían los problemas de las mujeres de familias modestas.

Muy pronto, se dio cuenta de que, para ser una viajera era imprescindible conocer varios idiomas. Así que se aplicó al estudio del inglés y, más tarde, al del sánscrito y el tibetano.

Aparte de ello, como tenía necesidad de conocer a fondo esas sociedades, visitó muy asiduamente el Museo Británico y varios museos orientalistas, situados en París.

Parece ser que también tenía el don de cantar. Así que se matriculó en el Conservatorio de Bruselas y eso le hizo llegar a ser cantante de ópera.

Su nueva profesión le dio la oportunidad de visitar algunos países, como la antigua Indochina francesa o la India. Incluso, trabó amistad con algunos compositores famosos de esa época. Es más, llegó a componer el libreto de una ópera.

En 1900, fue a cantar a Túnez, donde conoció a un primo lejano, que era el jefe de los ferrocarriles de esa colonia francesa y se casaron.

Allí vivió durante unos años. No obstante, su espíritu viajero triunfó una vez más y en 1911 se decidió a realizar su tercer viaje a la India.

En principio, pretendía regresar unos meses después, sin embargo, residió en ese país durante 14 años. Evidentemente, eso llevaría a su marido a pedir la separación. No obstante, siguieron siendo muy buenos amigos y mantuvieron una buena relación epistolar durante toda su vida.

Llegados a este punto, seguro que alguno se habrá preguntado de dónde sacaba esta mujer el dinero para realizar esos viajes. Parece ser que su madrina le dejó una buena herencia, la cual fue administrada y acrecentada por su marido en Túnez.

Por lo visto, en la India hizo muchas amistades, como la de un príncipe heredero de uno de los Estados de la India. También conoció en un monasterio budista a un joven, que luego adoptaría.

Otra de sus curiosas ideas fue subir a una montaña de 4.000 metros para refugiarse con ese joven en una cueva a fin de meditar sobre la vida. Afortunadamente, no murió congelada, pero le faltó poco, porque no llevaba la ropa adecuada para sobrevivir en esa altitud.

En 1912, cuando ya se había convertido al budismo, fue acompañada por uno de sus amigos, que era lama de un monasterio, hasta la residencia del gran Lama, el cual vivía exiliado en una ciudad al norte de la India.

Durante varios años, se convirtió en consejera oficiosa del mencionado heredero al Estado de Sikkim. Incluso, le aconsejó con quién debería de casarse y que debería de terminar con la gran corrupción que reinaba en su Estado.

Este joven se convirtió en febrero de 1914 en el nuevo soberano de
ese Estado. Desgraciadamente, a finales de ese año, lo encontraron muerto en su dormitorio. Posiblemente, a causa de un envenenamiento. Una noticia que entristeció mucho a nuestro personaje. Fue el que le regaló ese traje de lama con el que ella apareció en algunas fotos.

En 1916, decidió visitar el Tíbet, acompañada de un lama y de un monje. Allí conoció a otros lamas importantes e, incluso, la invitaron a quedarse, pero no aceptó y decidió regresar a Sikkim.

A la vuelta, las autoridades coloniales británicas en la India la deportaron por no haber obedecido la prohibición de entrar en el Tíbet. Por ello, como no podía volver a Europa a causa de la I Guerra Mundial, decidió ir a Japón.

Allí se reencontró con un monje budista japonés, que había conocido durante su visita al gran Lama. Juntos decidieron visitar Corea y luego China. País que recorrieron de este a oeste.

Durante varios años, caminaron miles de kilómetros. Para no llamar la atención, él iba vestido de monje budista y ella de mendigo. De esa forma, consiguieron visitar la ciudad santa y
prohibida de Lhasa, capital del Tíbet.

Aun así, fueron descubiertos, pero tuvieron tiempo de huir, sin que pudieran detenerlos. Posteriormente, ambos fueron alojados en la casa de un comerciante británico, el cual les dio dinero para que pudieran regresar a la India.

En 1925, se embarcó hacia Francia. Por lo visto, ya se había hecho famosa, porque algunos periódicos habían publicado sus hazañas.

Dos años después, escribió el libro “Mi viaje a Lhasa”, donde describió en profundidad las peripecias de ese largo viaje y las extrañas costumbres de los monjes budistas, como la famosa levitación.

En 1928 compró una casa en la Provenza, donde vivió retirada durante varios años. Allí escribió algunas de sus obras, como “Magos y místicos en el Tíbet”.

Sin embargo, parece ser que, en 1937, ya con casi 70 años, le picó lo que los toreros llaman el “gusanillo” y decidió volver a viajar. Esta vez, se trataba de volver a China con la excusa de estudiar el taoísmo. Para ello, se fue con varios acompañantes hasta Moscú, al objeto de viajar en el famoso Ferrocarril Transiberiano.

Desgraciadamente, allí les pilló la guerra chino-japonesa y después la II Guerra Mundial. Así que aprovecharon para conocer varias regiones de China y volver a entrar en el Tíbet.

Desgraciadamente, en 1941, se enteró de la muerte de su esposo, lo cual le apenó mucho. No obstante, siguió viajando por esa zona y no regresó hasta 1946.

En 1952 publicó en Francia los “Textos tibetanos inéditos” y luego “El viejo Tíbet frente a la nueva China”. Un libro que interesó mucho en aquella época, porque la República Popular China se fundó en 1949 y al año siguiente invadió y se anexionó el Tíbet.

En 1955, tuvo la desgracia de perder a su hijo adoptivo a causa de unas fiebres que le causaron la muerte.

A partir de 1957 decidió vivir con una amiga en Mónaco, porque ya tenía que andar con muletas. No obstante, no se quedó mucho tiempo allí.

En 1959, conoció a una joven llamada Marie Madeleine Peyronnet a la cual contrató como secretaria y que la acompañó durante sus últimos 10 años de vida.

Posteriormente, esta mujer sería la que compilaría todas las obras de Alexandra, presidiría una asociación dedicada a nuestro personaje y mostraría la casa a todas las expediciones de tibetanos y budistas, que quisieran verla.

Desgraciadamente, Alexandra David-Néel murió en septiembre de 1969. Tal y como había ordenado, su cuerpo fue incinerado y sus cenizas, junto con las de su hijo adoptivo fueron llevadas por Marie Madeleine Peyronnet a la India para que fueran dispersadas en el río Ganges.

Curiosamente, en 1925, la Academia de deportes francesa, le otorgó un premio, al considerarla como a una gran deportista del momento.

Se han escrito varias obras sobre su vida. Incluso, una ópera y varias películas y documentales.

Le han dedicado varias calles por toda Francia y hasta una parada del Metro de París, situada en la zona donde nació, lleva su nombre.

En fin, a ver si alguno se anima y llego a tener 100 seguidores.

 

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