ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 12 de agosto de 2023

LOS SALVADORES DEL MUSEO DEL LOUVRE

 

Hoy voy a narrar la epopeya que vivieron las colecciones de arte de Francia durante la II Guerra Mundial.

Bajo mi punto de vista, los grandes héroes de esta epopeya fueron tres: Jacques Jaujard, Rose Valland y Franz Wolff Metternich.

Se podría decir que los dos primeros por acción y el tercero por omisión. Así que ahora pasaré a explicar el papel de cada uno en este acontecimiento histórico.

Jaujard había nacido en 1895. Combatió en la I Guerra Mundial y luego se dedicó al periodismo. Posteriormente, fue secretario de algunos importantes cargos públicos.

En 1925, fue nombrado secretario general de los Museos Nacionales de Francia. Ascendiendo, en 1940, a director de los Museos Nacionales de Francia.

Parece ser que, en ese puesto, realizó una gran labor, en lo referente a la descentralización museística. También fomentó la École de Louvre, un organismo dedicado a la formación en Historia del Arte, Arqueología, Antropología, Museología, etc.

Dado que ya existía el precedente del bombardeo y la destrucción de varios centros culturales belgas, por parte de los alemanes, durante la I Guerra Mundial, optó por ir tomando medidas, ya que se adivinaba una nueva guerra mundial en el horizonte.

Aparte de ello, ya tuvo la experiencia de la evacuación de las obras del Museo del Prado, durante la guerra civil española.

Así que previendo que pudiera ocurrir lo mismo, sin ni siquiera pedir la autorización al Gobierno francés, dio la orden de evacuar todas las obras de arte que se pudieran trasladar y esconderlas en distintos lugares del sur de Francia.

La mayoría de los lugares elegidos para esconderlas fueron castillos y abadías, donde los alemanes no pudieran encontrarlas.

El 25/08/1939, varios meses antes de la invasión alemana, que comenzó en mayo de 1940, el Museo del Louvre permaneció cerrado durante 3 días, alegando que debían hacer unas reparaciones muy urgentes.

Lo cierto es que aprovecharon esas fechas para trasladar las mejores piezas de arte del Louvre en unos 200 camiones, rumbo al famoso castillo de Chambord. En uno de ellos viajaba la archifamosa Mona Lisa.

No obstante, también sufrieron algunos percances, que perjudicaron a algunas de esas obras. Igual que les ocurrió a los que evacuaron las obras del Prado.

No hará falta decir que esas obras no permanecieron mucho tiempo en los mismos escondites para que no los detectaran las autoridades alemanas, cuando ya habían invadido el territorio francés.

Por otro lado, la llegada al poder de Hitler fue un mazazo para el Arte Contemporáneo, al que calificó como “arte degenerado” y fruto de una sociedad decadente. Por ello, varios miles de pinturas fueron retiradas de algunos museos alemanes y vendidas.

Dado que mucha gente no se atrevió a comprarlas, procedieron a quemar muchas de esas obras en un parque de bomberos en Berlín.

En 1940, Alfred Rosenberg y el mariscal Goering crearon el ERR, un instituto, que se dedicó a confiscar todo tipo de obras de arte de los territorios ocupados. Los que incautaron en Francia fueron depositados en el Museo de Jeu de Paume, en París.

Hubo otros grupos, que también se dedicaron a la incautación de obras de arte, como el del ministro von Ribbentrop, pero no fueron tan eficaces como el de Goering.

Sin embargo, también se fundó en Alemania un organismo llamado Kunstschutz, el cual, teóricamente, servía para evacuar las obras de arte a fin de que no fueran destruidas por los bombardeos. Con ese falso argumento, cuando los italianos se rindieron a los aliados y los alemanes ocuparon toda Italia, estos se llevaron los tesoros artísticos de muchas ciudades italianas a Alemania.

El responsable de este organismo en Francia fue el conde Franz von Wolff-Metternich y, como ya he dicho, las obras se depositaron en el Museo de Jeu de Paume, en París.

Von Wolff-Metternich había nacido en 1893 y era un reputado historiador del arte y conservador de las obras de arte en la provincia de la Renania. Por esa razón se le nombró director de ese organismo en Francia.

Parece ser que conocía a Jaujard y sabía perfectamente lo que estaba haciendo.

Nunca estuvo a favor de las incautaciones, así que lo que hizo fue mirar hacia otro lado y dejarles seguir con esas evacuaciones.

Ahora llegamos a la tercera de las personas, que he mencionado al comienzo de este artículo. Su nombre era Rose Valland. Había nacido en 1898 y se graduó en 1925 como profesora de Bellas Artes. Posteriormente, se graduó en Historia del Arte.

En 1932, comenzó a trabajar en el Museo del Jeu de Paume, en París. En 1941 fue nombrada supervisora de ese Museo.

En secreto, se dedicó a realizar un catálogo de las cerca de 20.000 obras de arte, que los alemanes habían depositado en ese Museo. Otra de las cosas que mantuvo en secreto es que hablaba alemán y así se enteraba de las conversaciones de los alemanes, que estaban incautando esas obras.

Otra de sus actividades fue hacerse amiga de los transportistas a fin de que le dijeran dónde iban a llevar las obras incautadas.

De todo ello fue informando a Jaujard y también a la Resistencia a fin de que no atacaran los convoyes en los que se transportaban esas obras de arte.

El propio Goering viajó a Paris, en varias ocasiones, a fin de seleccionar las obras de arte que se iba a apropiar para su colección particular.

En agosto de 1944, Valland, se enteró de que, en su huida, los alemanes habían decidido llevarse miles de obras más y las embarcaron en un tren, denominado 40.044. Así que comunicó esa información a Jaujard y a la Resistencia. Estos hicieron todo lo posible para sabotear la salida de ese tren y, cuando los alemanes consiguieron ponerlo en marcha, provocaron el descarrilamiento de un tren en esa misma vía, lo cual impidió el paso del tren 40.044.

De ese modo, el convoy, que tenía nada menos que 53 vagones, fue interceptado por tropas francesas, unos días después de la llegada de los aliados a París.

Tras la guerra, se sospechaba de todo el mundo. Por ello, Valland fue detenida bajo la acusación de haber colaborado con los alemanes.

Afortunadamente, pronto la pusieron en libertad, cuando se demostró que había hecho todo lo contrario.

Gracias a la información aportada por Valland, se consiguió hallar, en un tiempo récord, el paradero de varias decenas de miles de obras de arte, que habían sido escondidas en diversos lugares de Alemania. Principalmente, en el famoso castillo bávaro de Neuschwanstein, cuya construcción fue ordenada por Luis II de Baviera, al que ya dediqué otro de mis artículos.

Valland pasó a formar parte del Ejército francés, con el grado de capitán. Estuvo destinada 8 años en Alemania para organizar la localización y la devolución de todas esas obras de arte. Se calcula que recuperó unas 60.000 obras artísticas.

Incluso, fue citada, en calidad de testigo, en los famosos Juicios de Nuremberg, en los que testificó contra Goering.

En 1953, regresó a Francia y allí fue, primero, nombrada conservadora de los Museos Nacionales de Francia y luego presidenta de la Comisión para la protección de obras artísticas.

En 1961 escribió un libro, en el que relató su labor de protección de esas obras artísticas, durante la II Guerra Mundial.

Fue condecorada en diversas ocasiones por su gran labor en la protección de las obras artísticas de Francia.

Falleció en 1980. Posteriormente, pusieron su nombre a algunas calles y colegios en toda Francia.

Por lo que se refiere a Franz von Wolff-Metternich, hasta 1942, ocupó ese cargo en Francia. Después, regresó a Alemania.

Durante la posguerra, hasta 1952 estuvo trabajando en el servicio diplomático de la República Federal de Alemania.

Posteriormente, fue director de la Biblioteca Hertziana, correspondiente al Instituto Max Planck y cuya sede está en Roma.

Fue condecorado por el Gobierno de Francia por su complicidad para que no salieran muchas obras de arte del país.

Se jubiló en 1962 y falleció en 1978 en Colonia.

Por último, Jacques Jaujard, a partir de 1944 tuvo que huir y esconderse, porque le estaba buscando la Gestapo. Hasta el fin de la guerra estuvo residiendo en una pequeña localidad del sur de Francia.

Curiosamente, la Resistencia le envió una de sus agentes. Se trataba de la actriz francesa Jeanne Boitel. Se enamoraron y, al final de la guerra, se casaron. No lo pudieron hacer antes, porque Jaujard ya estaba casado y tuvo que conseguir el divorcio.

Como siempre surgen envidias, alguien acusó a Jaujard de haber escondido soldados alemanes en el Museo del Louvre.

Afortunadamente, otro de los expertos curadores del Louvre testificó a su favor y la denuncia se archivó.

En la posguerra fue nombrado director general de Bellas Artes. Parece ser que hizo unas reformas en los teatros que dejaron muy satisfechos a los actores.

En 1959 se convirtió en le secretario general del nuevo Ministerio de Estado para Asuntos Culturales, a las órdenes del ministro, André Malraux.

Curiosamente, fue ocupando muchos importantes cargos en el sector de la cultura. No sé si eso no le gustó a Malraux, lo cierto es que lo cesó, prometiéndole otros cargos, pero no lo cumplió.

Desgraciadamente, falleció en 1967.

 

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miércoles, 9 de agosto de 2023

EL CASO INAUDITO DEL PRESIDENTE PAUL DESCHANEL

 

Como ya sabemos, a los franceses les ocurre como a los británicos, que tienen una memoria selectiva y sólo recuerdan lo que les interesa. Así que voy a contar lo que le ocurrió a este antiguo presidente de la República Francesa.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Paul Deschanel y nació en 1855 en una pequeña localidad muy cercana a Bruselas (Bélgica).

Su padre fue Émile Deschanel y su madre, Adèle Feigneaux. Esta última de nacionalidad belga.

La razón por la que Paul nació en Bélgica fue porque su padre, que era francés, había sido desterrado allí por oponerse al régimen del emperador Napoleón III.

Curiosamente, Émile celebró la llegada de Luis Napoleón a la presidencia de la II República francesa, porque era un ferviente republicano. Sin embargo, luego se opuso al golpe de Estado, que le hizo ser emperador de Francia.

Émile fue un insigne profesor especializado en la literatura de los clásicos greco-latinos. Sin embargo, los artículos y libros que escribía, donde mostraba sus opiniones de una forma muy sincera, le hicieron perder algunos trabajos.

Es por esa razón por la que fue detenido en enero de 1852 y, aunque fue puesto en libertad 3 días después, se le obligó a exiliarse en Bélgica.

El caso es que le ofrecieron un trabajo mucho mejor en Suiza, pero él prefirió residir en Bélgica.

En 1859, gracias a la amnistía ordenada ese año por Napoleón III, la familia pudo regresar a Francia. No obstante, Émile se negó a prestar juramento al emperador, por ello, no pudo acceder a un buen puesto en el prestigioso Collège de France.

Parece ser que tampoco consiguió ingresar en la Academia Francesa y, cuando casi lo iba a conseguir, le cedió esa plaza a su hijo.

Volviendo a nuestro personaje de hoy, por lo visto, su padrino fue nada menos que Víctor Hugo. Uno de los grandes amigos de su padre.

Paul realizó sus estudios en Francia y los culminó con una licenciatura en Filosofía y otra en Derecho.

Empezó trabajando a las órdenes de otro político republicano amigo de su padre, Émile de Marcère. Curiosamente, el padre de éste fue uno de los guardaespaldas del rey.

Paul fue secretario de este político, mientras fue ministro del Interior y, poco después, lo nombró subprefecto de una provincia, siendo el más joven de Francia.

También, en esta época, empezó a escribir artículos en varios periódicos. En esa provincia, llegó a ejercer una temporada como prefecto, ya que el auténtico prefecto cayó enfermo.

A partir de 1876 fue nombrado secretario personal del nuevo presidente del Gobierno, Jules Simon.

Voy a hacer un inciso, para que no se me olvide mencionarlo. Al ver el apellido Deschanel me ha venido a la cabeza una serie de tv titulada Bones. Precisamente, la protagonista de la misma es una actriz llamada Emily Deschanel.

Parece ser que no he sido el único que al que le ha llamado la atención esta coincidencia. He estado mirando en Internet y he encontrado que una persona ha investigado la genealogía de esta actriz y la de nuestro personaje y ha llegado a la conclusión de que, aunque la familia de la actriz proceda de Francia, no está emparentada con este político.

Paul fue elegido diputado en 1885. Curiosamente, fue reelegido por la misma circunscripción electoral, y por una amplia mayoría, hasta 1920.

No sé si eso se debería a sus grandes capacidades oratorias, las cuales eran elogiadas, no sólo por sus partidarios, sino también por sus oponentes políticos.

En 1898, alcanzó, por primera vez, la presidencia de la Cámara legislativa. Cargo al que regresaría en 1912 y ocupándolo durante toda la I Guerra Mundial.

Siempre se le consideró una especie de republicano moderado. Colocado en un puesto intermedio entre los socialistas y los liberales.

En 1901, con 46 años, se decidió a casarse con una joven 21 años menor que él. Se llamaba Germaine Brice. Uno de los testigos de la ceremonia religiosa fue nada menos que el presidente de la República, Émile Loubet.

Según parece, el matrimonio fue feliz y tuvieron una hija y dos hijos. Uno de ellos murió combatiendo en la II Guerra Mundial.

En 1920, se presentó a las elecciones para presidente de la III República. Llegó a quedar muy por delante de Clemenceau, al que se le consideraba el padre de la victoria de Francia en la I Guerra Mundial. Será porque éste era muy radical, de hecho, le apodaron “el tigre” y los franceses estarían ya muy hartos de belicismos.

Clemenceau fue el que más presionó en Versalles para que se le impusieran las medidas más duras a Alemania. Parece ser que, cuando Deschanel conoció el tratado que habían firmado, exclamó: “Acabamos de firmar la segunda guerra mundial”. Ciertamente, fue una frase premonitoria sobre lo que iba a ocurrir unos 20 años después.

Como ya he dicho, venció ampliamente en las elecciones para presidente de la III República Francesa. De hecho, obtuvo el mayor porcentaje de votos de todas las elecciones para la presidencia francesa.

También es uno de los dos presidentes de Francia, que han nacido en el extranjero. El otro fue Giscard D’Estaing, que nació en Alemania.

También es el único presidente de la República que nunca fue ministro, ni presidente del Gobierno.

A pesar de que se lo ofrecieran en varias ocasiones. Sin embargo, fue elegido miembro de varias academias francesas.

Por otro lado, como siempre fue contrario a la pena de muerte, durante su presidencia no se ejecutó a ningún reo.

El 18/02/1920 se efectuó el traspaso de poderes entre el presidente saliente, Raymond Poincaré, y el entrante, Paul Deschanel. Curiosamente, renovó el mandato de Alexandre Millerand, como presidente del Gobierno, aunque sus relaciones nunca habían sido muy buenas, pero llevaba poco tiempo en ese cargo.

Por lo visto, Deschanel, se empeñó en restablecer las relaciones diplomáticas con el Vaticano. Algo que fue bien visto por el Papa. Sospecho que algo tendría que ver que, durante esas negociaciones, se produjo la canonización de Santa Juana de Arco.

Parece ser que sus relaciones con Millerand fueron cada vez peores.

Una muestra de ello fue la discusión sobre la política del Gobierno hacia Alemania, que a Deschanel siempre le pareció demasiado débil.

Es posible que a alguno le choquen los roces entre el presidente de la República y el presidente del Gobierno de Francia. Hasta la llegada de la actual V República, el presidente de la República era un personaje con un poder nominal y con un carácter representativo, como los actuales de Alemania o Italia. De hecho, entonces ni siquiera había un vicepresidente de Francia.

Sin embargo, a partir de la V República, surgida en 1958, el general De Gaulle modificó la Constitución y el poder pasó al presidente de la República Francesa, el cual es el que le dice lo que tiene que hacer al presidente del Gobierno.

Por eso mismo, fuera de Francia no conocemos al presidente del Gobierno francés, pero sí a los presidentes del Gobierno de Alemania o Italia.

Parece ser que esta ausencia de poder y el exceso de trabajo le llevaron a Deschanel a un estado depresivo. Se ve impotente para llevar a cabo sus ideas. Algunos dicen que ven en su rostro señales claras de insomnio.

Ahora viene lo más impactante de esta narración. El 23/05/1920, Deschanel, a pesar de haber cogido la gripe, se empeñó en trasladarse hasta una localidad un tanto alejada de París, a fin de inaugurar un monumento a un héroe local, llamado Émile Reymond, fallecido en la I Guerra Mundial.

Tomaron un tren nocturno en la Estación de Lyon y, después de cenar, Deschanel se fue a dormir al vagón presidencial. A partir de aquí la cosa no está nada clara, porque los miembros del Gobierno francés quisieron escurrir el bulto.

Como ya he dicho, Deschanel tenía problemas de insomnio. Por eso, solía tomar pastillas para conciliar el sueño. No se sabe si ese día tomó más de lo normal. Lo cierto es que, cuando fue a abrir la ventana de su dormitorio, quizás porque tenía mucho calor, cayó a la vía.

Parece ser que tuvo suerte, porque el tren no le pilló y porque cayó encima de un bancal de arena. Aun así, se dio un golpe en la cara.

Habrá quien se extrañe de que se pueda caer uno por la ventana de un tren. La verdad es que, en los trenes antiguos, que hemos conocido, sólo se podía abrir la parte de arriba de la ventana. Sin embargo, en el tren de Deschanel, se abría la parte de abajo. No obstante, tampoco era muy grande, sólo medía 42 cm de alto.

Así que tenemos a una persona, que se ha caído de un tren. Va todavía vestido con su pijama y no sabe dónde está, ni lo que le ha ocurrido. De esa manera se lo encuentra un obrero de mantenimiento de las vías ferroviarias, llamado André Radeau.

Me hubiera gustado ver la cara de Radeau, cuando se encontró con este tipo, que afirmaba ser el presidente de la República. Ya se sabe que hay muchos locos que dicen ser Napoleón.

La verdad es que no sé qué haría Radeau por allí a esa hora, porque el suceso ocurrió durante la medianoche. El caso es que hay otras fuentes, que dicen que era un guardagujas.

Lo cierto es que lo acompañó hasta la siguiente estación ferroviaria y allí le dejaron descansar y le vio un médico el golpe que tenía en la cabeza.

Por otro lado, en el tren nadie se había enterado de la ausencia del presidente. Unas horas después, cuando un criado entró en el dormitorio, se dio cuenta de que estaba vacío. Así que dio la voz de alarma.

Todo el mundo se puso a buscarlo, pero no tuvieron que esperar mucho tiempo, porque pronto les llegó la noticia de que estaba en una de las estaciones del trayecto.

Como es lógico, al día siguiente, se produjeron todo tipo de reacciones. Algunos decían que podía haber sido un atentado, pero era poco probable, porque los que viajaban con él eran gente de su entera confianza.

También dijeron algunos que podría haber sido un intento de suicidio. Sin embargo, se le tenía por una persona muy equilibrada. Con una vida ordenada y que apenas tenía enemigos. Incluso, tenía una familia que le apoyaba en su trabajo.

Me imagino que, si hubiera ocurrido aquí, seguro que el suceso hubiera aparecido en todas las coplas de los Carnavales. Incluso, hubiéramos visto grupos de comparsas, con todos sus miembros vestidos con pijama y cantando coplas alusivas a este hecho. En fin, es lo que se llama materia cachondeable.

Incluso, el periódico español ABC, publicó, en aquel momento, un artículo un tanto jocoso sobre este hecho.

Parece ser que Deschanel tenía una enfermedad llamada neurastenia y es posible que hubiera realizado ese hecho durante un agravamiento de la misma.

Por lo visto, luego se publicó que la venía padeciendo desde hacía un tiempo. En una ocasión, recibió a un grupo de colegialas. Éstas le dieron un ramo de flores y él se lo tiró a la cara.

En otra ocasión, recibió al embajador británico vistiendo su pijama, donde había colocado una serie de medallas. Desconozco si es que dormiría con las medallas.

En España, sólo es obligatorio llevar siempre la Cruz Laureada de San Fernando, pero no creo que ningún militar duerma con ella.

También se dijo que podría padecer el síndrome de Elpenor, que produce una especie de sonambulismo.

Lo cierto es que le había creado un gran problema al Gobierno de Francia, porque no tenían nada previsto para el caso de que un presidente se volviera loco. Ni siquiera existía la figura del vicepresidente.

Parece ser que el Gobierno le presionó para no dimitiera, mientras pensaban qué hacer. Sin embargo, los médicos le recomendaron reposo absoluto.

Así que se fue, acompañado por su familia, a una mansión en la región de Normandía y luego residieron en el famoso castillo de Rambouillet.

Desgraciadamente, Deschanel no notó ninguna mejoría y, a mediados de septiembre de ese mismo año, le envió su carta de dimisión al presidente del Gobierno. Curiosamente, fue el mismo Millerand el que le sucedió en el cargo de presidente de la República.

Afortunadamente, esta vez, Deschanel, decidió ir a un sanatorio situado en el sur de Francia. Allí pasó 3 meses y regresó casi recuperado.

Por ello, volvió a frecuentar las reuniones de las academias a las que pertenecía y, en 1921, fue elegido miembro del Senado. Incluso, fue nombrado presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

Parece ser que no regresó tan moderado como de costumbre. Por lo visto, en abril de 1922, tenía previsto leer en discurso ante el Senado. En él, criticaría las negociaciones de paz y la actitud del Gobierno británico. También quería mencionar su desacuerdo por el poder del presidente del Gobierno frente al de la República.

Supongo que esas noticias llegarían a oídos del Gobierno y de la presidencia. Así que el presidente del Senado optó por cerrar las sesiones, adelantando las vacaciones de Semana Santa, para aplazar la lectura de ese contundente discurso.

Tras la Semana Santa, enfermó con algo que parecía una gripe, pero que se agravó con una pleuresía o pleuritis. Por ello, le realizaron una punción para sacarle el líquido de los pulmones. Incluso, le operaron para quitarle 2 costillas.

Desgraciadamente, no pudo superar esa enfermedad y murió el 28/04/1922.

En la Antártida, dentro de la Tierra de Graham, han bautizado una montaña con el nombre de Pico Deschanel.

 

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lunes, 31 de julio de 2023

CIPRIANO MERA

 

Hoy voy a narrar la historia de un personaje, cuya vida me parece encomiable. En su momento, hizo lo que tenía que hacer y luego volvió a su trabajo habitual.

En parte, me recuerda a aquel romano llamado Cincinato, al que dediqué otro de mis artículos. Al cual le llamaron mientras trabajaba en el campo. Lo dejó todo, fue a salvar Roma, que estaba a punto de caer en manos enemigas y, cuando acabó, volvió para seguir con su faena en el campo. Como si no hubiera ocurrido nada.

Nuestro personaje de hoy se llamaba Cipriano Mera Sanz y nació en 1897 en el barrio de Tetuán, en Madrid.

Lo tuvo casi todo en contra, porque su familia era muy pobre. Su padre era peón de albañil y también cazador furtivo.

A los 11 años dejó de ir a la escuela y empezó a trabajar también como peón de albañil. También iba al campo para recoger setas, bellotas, romero, etc, que luego vendía en su barrio.

A los 16 años, su padre le afilió a la UGT. Sin embargo, nunca estuvo muy de acuerdo con la forma en que funcionaba ese sindicato. Según él, lo único que hacían era cobrar las cuotas mensuales a sus afiliados y poco más.

Cuando ya había cumplido los 20 años se matriculó en una academia, que daba clases nocturnas y allí empezó a interesarse por las reivindicaciones obreras.

En 1920 conoció a unos militantes anarquistas de los que se hizo muy amigo y le convencieron para afiliarse a la CNT.

A partir de ahí, intervino en algunas conspiraciones contra la Dictadura del general Primo de Rivera y empezó a tener algún pequeño cargo en el sindicato. Posteriormente, llegaría a ser el presidente del ramo de la construcción de la CNT en Madrid.

Durante la II República, participó en diversas huelgas. Incluso, en mayo de 1936, participó en un mitin, celebrado en la Plaza de Toros de las Ventas, donde miembros de la UGT junto con otros de la CNT decidieron declarar una huelga en la construcción.

Por lo visto, eso no le hizo ninguna gracia al Gobierno republicano. Por ello, el ministro de Gobernación dio la orden de encarcelar a los principales líderes que habían declarado la huelga.

Precisamente, por ese motivo, el 18/07/1936, le pilló estando encerrado en la Cárcel Modelo de Madrid.

Curiosamente, allí coincidió con muchos falangistas, cuyo partido había sido ilegalizado en marzo de aquel año. Empezando por el mismo José Antonio Primo de Rivera.

Parece ser que no se llevaban muy bien, porque los falangistas daban por sentado que el golpe iba a triunfar, que no se convertiría en una guerra civil y que sus compañeros les liberarían muy pronto.

Evidentemente, como todo el mundo sabe, menos Feijoo, antes de vender la piel del oso, hay que haberlo cazado.

Sin embargo, el Gobierno republicano, liberó, al día siguiente, a todos los sindicalistas que tenía encarcelados. Entre ellos, a Cipriano Mera.

Según sus memorias, al salir, quedó muy sorprendido, al ver por la 

calle muchos obreros armados. Así que fue a la sede del sindicato para enterarse de lo sucedido. La situación era caótica y no tenían muy claro lo que estaba pasando en toda España.

Por lo visto, ya les habían llegado rumores de que los militares adictos al bando nacional se iban a sublevar en el Cuartel de la Montaña y en algunos regimientos estacionados en Carabanchel.

Al día siguiente, se citó con unos amigos en la puerta de la estación de Atocha y fueron, ya armados, a ver lo que ocurría en los cuarteles de Carabanchel. Parece ser que no tuvieron demasiados problemas en tomar uno de esos edificios y consiguieron un buen botín de armas y municiones.

A media mañana, llegaron al Cuartel de la Montaña, situado donde ahora está el Templo de Debod, junto a la Plaza de España, en Madrid.

Los militares ofrecieron bastante resistencia a pesar de que había unos 20.000 civiles con la intención de asaltar el cuartel. Cosa que ocurrió a las 4 de la tarde.

Unos días después, fue movilizado por su sindicato para participar en la toma de Alcalá de Henares y, posteriormente, de Guadalajara.

Por lo visto, criticó la forma en que habían llevado a cabo ese ataque, alegando que el que mandaba no tenía ni idea y eso provocó muchas bajas. Precisamente, el que estaba al mando era el coronel Ildefonso Puigdengolas, que, en agosto, fue derrotado en la toma de Badajoz.

Aparte de esos combates, los primeros días de la guerra, estuvo combatiendo con su unidad en zonas de Cuenca y Buitrago.

Curiosamente, sus hombres le apodaron el viejo, ya que había cumplido los cuarenta, mientras que ellos eran todos veinteañeros.

Conforme fue avanzando la guerra, su unidad se convirtió en la 14 División, estando él al frente de la misma. Uno de los hombres a su cargo fue Antonio Verardini, al que ya dediqué otro de mis artículos.

Participaron, principalmente en la defensa de Madrid, ya que las tropas nacionales consiguieron cercar Madrid en noviembre de 1936 y parecía que la capital iba a caer enseguida. Tanto fue así que el Gobierno republicano, junto con los principales cargos públicos, se trasladaron a Valencia.

Uno de sus principales éxitos fue cuando venció a las tropas italianas del bando nacional en la famosa batalla de Guadalajara. Ocurrida en marzo de 1937.

En 1938, muchos militares republicanos daban la guerra por perdida. Sin embargo, el presidente Negrín se empeñó en continuar la lucha, porque veía que pronto iba a estallar la II Guerra Mundial, algo que se percibía en el ambiente, y que eso le daría el apoyo de los aliados.

Lo que pasa es que a Negrín nunca le faltó la comida. De hecho, padecía bulimia, por lo que vomitaba tras haber comido, para luego comer más.

Por el contrario, en la zona republicana, la gente se estaba muriendo, literalmente, de hambre. Pero eso no parecía importarle nada al Dr. Negrín.

Por ejemplo, lo que tenían los barceloneses para comer, durante

todo el día, era un puñado de lentejas, con algunas piedras. A eso le llamaron “las píldoras del Dr. Negrín”.

Así que no es de extrañar, que, cuando los nacionales entraron en Barcelona, la gente rodease los camiones de Auxilio Social, que iban repletos de alimentos para repartir entre la población.

Volviendo a nuestro personaje de hoy. Apoyó el golpe del coronel Segismundo Casado, dado el 05/03/1939.

Parece ser que este militar se enfrentó a una tenaz resistencia de los 3 cuerpos de Ejército, dominados por comunistas, que estaban asentados alrededor de Madrid. Eso provocó unos combates, que duraron 3 días, en las calles

de Madrid.

Afortunadamente, Mera llegó a tiempo, desde su cuartel general en la provincia de Guadalajara, y consiguió vencer a las tropas comunistas. Todo ello, bajo la observación atenta de las tropas del bando nacional, que no salían de su asombro.

Por lo visto, Casado y otros militares siempre confiaron en poner punto y final a la guerra, conversando entre militares y respetando las vidas de los vencidos. Tal y como ocurrió en las guerras carlistas, donde muchos militares carlistas pasaron a formar parte del Ejército isabelino.

Sin embargo, ya era demasiado tarde. Franco se veía vencedor y sólo iba a admitir una rendición incondicional y eso fue lo que ocurrió.

Mucha gente huyó por la carretera de Valencia hacia los puertos de Levante, donde creían que habría barcos para recogerlos y exiliarse.

Los más afortunados, como Alberti, la Pasionaria y demás líderes 
comunistas huyeron en aviones Dragon Rapide. El mismo modelo de aeronave que utilizó Franco para ir de Canarias al Marruecos español.

Curiosamente, María Teresa León, esposa de Alberti, se hallaba embarazada. Cuando sobrevolaban una sierra de Valencia, preguntaron el nombre de la misma. Les dijeron que se llamaba Aitana y ese fue el nombre que le pusieron a su hija.

De los tres líderes de la Junta de defensa de Madrid, Besteiro decidió quedarse, mientras que el coronel Casado y el teniente coronel Mera se exiliaron.

Mera, en un principio, llegó a Orán, en la Argelia francesa, donde fue detenido y encerrado en un duro campo de concentración. Precisamente, uno de los 3 que le acompañaron en el avión rumbo a Orán fue el citado Verardini.

Por lo visto, en ese campo, tuvieron muchas discusiones y peleas con los comunistas españoles, que también estaban allí encarcelados.

Cuando lo pusieron en libertad se fue al Marruecos francés y allí volvió a su trabajo como albañil. Le fue bastante bien hasta que se produjo la invasión de Francia.

En 1942, el Gobierno español, solicitó la extradición de ciertos exiliados republicanos que se hallaban en ese país. Ese mismo año fue extraditado a España.

Aquí fue encerrado en la temible cárcel de Porlier, un antiguo colegio calasancio, que todavía existe.

Al año siguiente, fue juzgado y condenado a muerte, como tantos y tantos presos en aquella época. Sin embargo, Franco le conmutó la pena por la de 30 años de prisión.

Supongo que lo haría como compensación por haberle entregado Madrid y haber derrotado y capturado a los comunistas.

Sin embargo, Mera, en su libro de memorias va narrando cómo se tuvo que ir despidiendo de cientos de compañeros a los que iban a fusilar.

En 1946, fue liberado, tras haberse producido un indulto parcial. Así que regresó a Francia, donde vivió y trabajó como albañil hasta su muerte.

Falleció en París en octubre de 1975.

 

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sábado, 15 de julio de 2023

LA METAMORFOSIS DEL ALMIRANTE CANARIS

 

Hoy voy a narrar la vida de un personaje, que siempre ha sido muy controvertido y que tuvo una extraña evolución ideológica a lo largo de su vida.

Wilhelm Canaris nació en 1887, en una localidad cercana a Dortmund (Alemania). Nació en el seno de una familia acomodada, pues su padre era un ingeniero y directivo de una empresa dedicada al sector del acero. Wilhelm fue el menor de 4 hermanos.

Parece ser que su familia era originaria de Italia, la cual había emigrado en el siglo XVII a lo que hoy es Alemania. Entonces se llamaba Sacro Imperio Romano-Germánico.

No obstante, él siempre presumió de ser familiar del marino griego Konstantinos Kanaris. Un héroe de la independencia de su país, aunque no hay ninguna prueba de que fuera familiar suyo.

Por lo visto, nuestro personaje, siempre tuvo que sufrir las bromas de sus compañeros de estudios a causa de su apellido y de su baja estatura, pues sólo medía 1,60m.

Parece ser que Wilhelm tuvo, desde muy temprano, vocación por ser militar. Su padre, que también era oficial de complemento de Caballería, se empeñó en que ingresase en esa arma, sin embargo, a él le atraía más la Armada. Incluso, su padre le compró un caballo para que fuera practicando y llegó a ser un buen jinete.

No sé si tendría algo que ver que su padre muriera de un derrame cerebral en 1904, lo cierto es que Wilhelm solicitó, en ese mismo año, su ingreso en la Escuela Naval de Kiel.

Así empezó sus estudios como guardiamarina, navegando en diversos buques. Otra de sus aficiones fue el aprendizaje de los idiomas. Muy pronto, llegó a hablar muy bien español e inglés y a un menor nivel, francés y ruso.

En 1908, participó en un bloqueo realizado por barcos de varios países sobre la costa de Venezuela. Gracias a sus conocimientos de español, la flota consiguió llegar a un acuerdo con los gobernantes de ese país e, incluso, fue condecorado por estos.

Posteriormente, fue destinado a naves de varios tipos con las que estuvo navegando por el Mediterráneo. También participó en la evacuación de ciudadanos alemanes, que huían de la guerra civil en México.

El comienzo de la I Guerra Mundial le pilló a bordo del crucero SMS Dresden, que estaba atracado en un puerto de Haití. Allí recibieron la orden de atacar a los barcos mercantes británicos y franceses.

En noviembre de 1914 participó en la famosa batalla de Coronel, librada contra una flota de la Armada británica. Ésta se saldó con una victoria alemana y Canaris recibió la Cruz de Hierro.

Parece ser que esa victoria les animó a atacar una base naval británica en las Malvinas. Sin embargo, encontraron más naves enemigas de las previstas y toda la flota alemana fue hundida, salvo el Dresden, donde navegaba Canaris.

Durante un tiempo, consiguieron esconder el barco en una zona al sur de Chile, sin embargo, fueron descubiertos por los británicos y tuvieron que rendirse a las autoridades chilenas.

Fueron internados en un campo de concentración, situado en el centro de Chile. Al estar muy mal vigilado, no le fue difícil escapar de allí y, con la ayuda de ciudadanos chilenos de origen alemán, consiguió cruzar los Andes y entrar en Argentina.

Posteriormente, con un nombre falso, se embarcó en un carguero holandés, haciéndose pasar por un comerciante argentino. Desembarcó en Ámsterdam, yendo después a Hamburgo para luego ponerse a disposición del Almirantazgo alemán.

Allí fue recibido efusivamente como un auténtico héroe y eso le valió su primer ascenso en la Armada.

A finales de 1915 fue destinado a España con la misión de vigilar los movimientos de las naves enemigas en el Estrecho de Gibraltar y crear una red de aprovisionamiento de los submarinos alemanes, cuando atracasen cerca de los puertos españoles.

En septiembre de 1916 fue recogido por un submarino alemán en Cartagena y llevado a Alemania. Allí hizo un curso de submarinos y, pocos meses después, le vemos al mando de diversos submarinos por el Mediterráneo.

El final de la guerra le pilló navegando por aguas del Estrecho de Gibraltar. Así que tuvieron que regresar a su base en Kiel.

A partir de aquí, no está muy clara su actividad en los años posteriores. Parece ser que luchó en Berlín dentro de los llamados Freikorps, que mantuvieron una especie de guerra civil contra los espartaquistas, que eran unos radicales de izquierdas.

Según parece, su unidad estuvo implicada en los asesinatos de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, aunque no existe constancia de que él participase en ese hecho.

En 1920 volvió a la Armada y se convirtió en oficial de Estado Mayor en una base del Mar Báltico. Allí se dedicó a comprar en el mercado negro el material necesario para ir reequipando a la Armada.

En 1923, fue destinado al crucero Berlín, donde conoció al que luego sería famoso, Reinhard Heydrich. Éste comenzó en la Armada, pero luego fue expulsado de ella, tras un consejo de guerra, por no haber respetado una promesa de matrimonio, que le había hecho a la hija de un general del Ejército alemán.

En 1924, fue enviado a Japón para informarse de los planes de construcción de submarinos, que estaban llevando a cabo los japoneses.

Incluso, participó en las conversaciones para que los astilleros españoles construyeran unos submarinos para la Armada alemana.

En 1930 fue nombrado jefe del Estado Mayor de la flota del Mar del Norte, aunque pronto buscó volver a navegar, porque no le gustaba mucho el trabajo de oficina.

Hacia 1932 ya se le ve atraído por la figura de Adolf Hitler y parece un convencido nacionalsocialista.

Su gran experiencia en labores de espionaje y su amistad con algunos mandos militares hicieron que, en 1935, le nombrasen jefe de la Abwehr, el servicio militar alemán de espionaje y contraespionaje.

Parece ser que, aunque tenía una cierta amistad con Heydrich, siempre tuvo roces con éste, pues los nazis eran partidarios de unir el SD con la Abwehr y crear un único servicio de Inteligencia, bajo el mando de las SS. Algo que no gustaba nada a los militares.

El 25/07/1936, tras haber presenciado una de las óperas de Wagner en el famoso Festival de Bayreuth, le avisaron de que Hitler quería verle. Parece ser que le había visitado una comisión, llegada de España, en la que le pedían ayuda militar para el bando nacional, en la guerra civil.

Los que dieron el fracasado golpe del 18/07/1936 nunca pensaron provocar una guerra civil y no tenían armamento, ni munición suficiente para mantener un conflicto de ese calibre. También le pidieron que les ayudara a transportar, por vía aérea, el Ejército de África hasta la Península.

Por lo visto, Hitler no tenía muchas ganas de ayudarles, sin embargo, Canaris le convenció para que lo hiciera. Le dijo que conocía a Franco, que pagaría muy bien esa ayuda y que además podrían explotar las minas de wolframio, que hay en España, y que eran muy importantes para reforzar el blindaje de los carros de combate fabricados en Alemania. Aparte de tener la oportunidad de probar sus aviones en combates reales.

A partir de 1937, Canaris se dio cuenta de que Hitler sólo buscaba meter a Alemania en otra guerra. Una especie de revancha por la derrota en la I Guerra Mundial. Así que se dedicó a obstaculizar los planes de Hitler, pero fue un trabajo muy delicado, donde tuvo que ir dando una de cal y otra de arena. De hecho, cuando uno de sus amigos le preguntó por qué no dimitía, él respondió: “Vendrá Heydrich y todo estará perdido. Así que debo sacrificarme”.

Al comienzo de la II Guerra Mundial, Canaris cosechó muchos éxitos por la gran cantidad de informantes que tenía su servicio. Además, se le dio la responsabilidad de la cooperación entre Alemania y Japón.

No obstante, varios autores creen que fue uno de los que 

convenció a Franco para que no interviniese en la II Guerra Mundial. Diciéndole que Alemania no podría ganar la guerra.

Tampoco le gustó nada el escándalo de los generales Blomberg y Fritsch por el que acusaron, falsamente, a ambos de ser homosexuales y de estar, uno de ellos, casado con una prostituta. Fue un asunto prefabricado por la Gestapo con el único fin de echar a los jefes del Ejército y colocar, en su lugar, a otros más afines a los nazis. A partir de aquí, renovaron el generalato del Ejército alemán. Ya dediqué otro de mis artículos a este tema.

Parece ser que, en el período entre la ocupación de Checoslovaquia y la invasión de Polonia, participó en un complot para derrocar a Hitler a fin de que no llevara a Alemania a otra guerra. Sin embargo, los preparativos no contaron con el apoyo de muchos generales.

Tampoco está muy claro si él informó a los británicos o lo hizo su segundo, el general Oster, sobre la prevista invasión de Polonia.

Por otro lado, su papel fue muy importante, pues, antes de la invasión, introdujo miles de agentes, que protegieron puentes y otras zonas estratégicas, hasta la llegada del Ejército alemán.

No obstante, se mostró en contra de los asesinatos que estaban llevando a cabo fuerzas del Ejército y de las SS en territorio polaco y las documentó con tanta precisión, que pudieron ser utilizadas por los fiscales en los juicios de Nuremberg.

Siempre tuvo muy claro que esa dura represión les iba a hacer

perder la guerra. Parece ser que le dijo a uno de sus amigos: “La guerra está perdida, sin importar cuantas victorias obtengamos, pero está perdida”.

Parece ser que también utilizó al Vaticano para, a través de ellos, hacer llegar sus informes a la Embajada Británica en Roma.

También siguió denunciando las matanzas indiscriminadas, que estaban realizando las tropas alemanas en los territorios conquistados en la antigua URSS.

Por lo visto, también contactó con algunos diplomáticos USA en Turquía. Incluso se reunió con algunos de ellos en una ciudad española para dar a conocer la resistencia alemana contra Hitler. Sin embargo, el

Gobierno USA, prohibió que se realizaran más contactos de ese tipo.

En febrero de 1944, Canaris fue cesado de su puesto como jefe de la Abwehr, ya que algunos generales le acusaban de no haber estado al tanto de algunos movimientos de los Aliados. Aunque le condecoraron, fue puesto bajo una especie de arresto domiciliario.

Al mismo tiempo, las SS aprovecharon la jugada para convencer a Hitler de que unificase los servicios de Inteligencia bajo el mando único de Himmler. Cosa que hizo.

Unos meses después, fue nombrado director de una oficina dedicada a la guerra económica, aunque apenas tenía competencias. Así que allí estuvo viviendo con su mujer y sus dos hijas en un lugar cercano a Postdam.

No está muy claro si Canaris participó de alguna manera en el famoso intento de golpe del coronel von Stauffenberg. Según parece, nunca se llevaron muy bien.

No obstante, unos días después, un alto mando de la Inteligencia alemana fue a arrestarlo y se lo llevaron detenido a Berlín. Allí fue sometido a maltrato y a duros interrogatorios.

En febrero de 1945, fue enviado al campo de concentración de Flossenburg, en Baviera. Parece ser que alguien había descubierto un diario de Canaris, donde se podían observar las conspiraciones en las que estuvo metido antes de esa.

Así que allí les sometieron, a él y a otros, a un simulacro de juicio en el que les condenaron a muerte. Tal y como les había ordenado, a los miembros del tribunal, el propio Hitler.

Llegada la hora de la ejecución, fueron obligados a 

desnudarse para ser colgados de unas cuerdas de violín y de unos ganchos de un matadero. Posteriormente, sus cuerpos fueron incinerados y sus cenizas esparcidas por el campo.

En resumen, actualmente, su comportamiento sigue siendo muy controvertido, pues muchos de sus compatriotas siguen pensando que fue una especie de traidor.

Sin embargo, yo creo que se trataba de un militar de la vieja escuela. O sea, un hombre muy conservador, que amaba a su patria y no le gustaba lo que estaban haciendo los nazis con Alemania.

Criticaba las matanzas, que estaban realizando tanto las SS como el Ejército, porque iban en contra del honor del Ejército alemán y sabía que los Aliados no se las iban a perdonar.

Igualmente, protegió a los judíos y se sabe que salvó a muchos de morir en los infames campos nazis.

También estuvo en contra de la política de eliminar a los deficientes. Incluso, su hija mayor era una de esas personas deficientes y podía haber sido exterminada por los médicos nazis.

Al final de la guerra, su mujer y sus hijas tuvieron que exiliarse, porque la gente les trataba mal y se vinieron a vivir a España. Franco le otorgó una pensión equivalente al sueldo de su marido.

 


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