ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 24 de julio de 2015

ALEJANDRO LERROUX, UN POLÍTICO MUY SINGULAR



Hoy tenía ganas de escribir sobre los políticos sinvergüenzas. Como siempre ha habido tantos, he tardado un poco, porque no me decidía por ninguno en particular. No obstante, me he acordado de este personaje y me ha parecido que representaría perfectamente a ese gremio.
Tampoco tenía muy claro el título que habría de ponerle. Así que le he puesto éste, porque me ha parecido el más acertado.
Lerroux nació en un pueblo de Córdoba, llamado La Rambla, en 1864, en el seno de una familia de clase media baja, a pesar de que su padre era veterinario militar. Allí fue donde comenzó sus estudios.
En un principio, se dedicó a la milicia, pero lo dejó, al ver que no era lo suyo. Luego fue a Barcelona, donde realizó sus estudios de Derecho, aunque acabó la carrera en la  Universidad de la Laguna,  y empezó a ejercer como abogado.
Desde joven fue muy republicano, comenzó siendo partidario de Ruiz Zorrilla, y luego consiguió ser diputado por Barcelona en 1901, por el partido Unión Republicana, que fundaron él y Nicolás Salmerón, para unir todos esos grupos que luchaban por hacer retornar la República.

Siempre fue un gran orador. Los periodistas le llamaron “el emperador del Paralelo”, porque solía esperar allí a los obreros que salían de los teatros, para darles una arenga política.
Siempre fue rotundamente anticlerical y eso le trajo muchos problemas, por parte de la Iglesia o la burguesía catalanas. Incluso, le tocó pasar varias veces por la cárcel y por exilio.
Una de sus frases favoritas era: “¡Levantemos los velos de las novicias y hagámoslas madres!”. Junto con otras frases por el estilo, todo ello hizo que le acusaran de incitar al odio anticlerical, que ocasionó durante la famosa Semana Trágica, en 1909, la quema de varios conventos y hasta la exposición de las momias de monjas en las calles de Barcelona.
En 1908 fundó en Barcelona la primera Casa del Pueblo, para orientar y prestar asesoría jurídica, educativa y económica a los obreros.
También en 1908 se fue de la Unión Radical, porque se estaba convirtiendo en un partido catalanista y fundó en Santander el Partido Radical,  al que muy rápidamente se afiliaron muchos de sus seguidores, atraídos por sus discursos y sus demagógicas promesas.
La Unión Republicana llegó a ser la Solidaridad Catalana, con Nicolás Salmerón como jefe. Así que, de esa manera, su antiguo amigo pasó a ser su adversario político, pues Lerroux siempre combatió los nacionalismos regionales, ya que era muy españolista.
También se dedicó al periodismo, dirigiendo varios periódicos, como El País, El Progreso, La Publicidad, El Intransigente y El Radical. Sus artículos eran tan radicales como sus discursos.
Alguno de sus artículos le costó un disgusto y otros le llevaron, frecuentemente,  a retarse en duelo, donde pudo mostrar lo bien que sabía manejar las armas.

En 1886, durante su primer viaje a Madrid, fue cuando se cree que se afilió a la Masonería. Posiblemente a la logia Betónica y con el apodo de Giordano Bruno. No obstante, en sus memorias, indica que fue en la logia Antorcha y que lo hizo porque “era un ideal seductor para los que se lanzaban a la vida impulsados por un espíritu aventurero”.
Siendo concejal del Ayuntamiento de Barcelona, intentó promover una política radical y favorable a los obreros, pero ya por entonces, comienzan a verse algunos escándalos de corrupción que le salpican a él y a su partido.
Durante la Semana Trágica, abandonó la ciudad, por si las moscas, y dejó que sus partidarios, llamados “los jóvenes bárbaros”,  hicieran destrozos de todo tipo y se enfrentaran a tiros contra los pistoleros de los patronos.
Esto ocasionará una gran represión y la condena a muerte de 5 personas. Entre ellas, uno de sus partidarios y también el famoso pedagogo Ferrer i Guardia.
Para el que no lo sepa, la Semana Trágica, fue el colofón de una serie de revueltas habidas en Barcelona desde 1907.
Esta vez ocurrió que unas tribus de moros habían asaltado unas instalaciones mineras de unos empresarios españoles en el Protectorado de Marruecos. Como el Gobierno necesitaba dar una respuesta rápida y contundente, pues movilizó a todo el que pudo, incluyendo hombres de más de 30 años, ya casados y con hijos.
La revuelta, que en un principio era sólo de carácter antibélico, se transformó en anticlerical, pues la Iglesia apoyó al Gobierno y los lerrouxistas aplicaron las contundentes ideas de su líder al pie de la letra.
En el siguiente decenio siguió siendo diputado. Esta vez, por la circunscripción de su Córdoba natal. Parece ser que, debido a su conducta escandalosa, no pudo presentarse por Barcelona.
Con la llegada de la dictadura del general primo de Rivera, se mostró un ferviente opositor a la misma y tuvo que exiliarse. La verdad es que siempre fue un maestro en largarse en cuanto olía algún peligro.
En 1929 su partido republicano radical sufrió  la escisión de su ala más izquierdista, que se convirtió en el partido radical socialista. Hasta el mismo LLuis Companys, que entonces formaba parte del partido republicano catalán, firmó el manifiesto de su fundación, junto con Marcelino Domingo, que fue el líder del nuevo partido.
En 1930, Lerroux, participó en la reunión para el famoso Pacto de San Sebastián, donde se reunieron representantes de varios partidos para intentar derrocar  la monarquía.
En 1931 consiguió, por fin, su objetivo, derrocar a Alfonso XIII. Como su partido estaba dentro de la llamada Conjunción republicano-socialista, fue miembro del nuevo gobierno provisional. Concretamente, ocupó la cartera de Estado. Lo que hoy se llama Asuntos Exteriores.
Poco le duró el cargo, pues dimitió en diciembre del mismo año. Parece ser que fue por desavenencias con Azaña, por realizar una política de izquierdas, más acorde con los socialistas. No olvidemos que Lerroux ya se había hecho muy moderado.
 Lerroux, como cualquier político, lo que quería era gobernar, así que se fue acercando a los partidos de derechas.
Así, como en las elecciones de 1933, los partidos de derechas llegaron a las mismas mucho más unidos y organizados que los de izquierdas, pues esta vez se llevaron la victoria.
En el bienio 1933-1935, fue nombrado 3 veces presidente del Gobierno. Entonces se llamaba presidente del Consejo de Ministros. También ocupó los ministerios de Guerra y Estado.
A pesar de que su Gobierno estaba apoyado por la CEDA, los partidos y sindicatos de izquierdas nunca consintieron que nombrara ministros de ese partido.
Cuando se decidió a nombrarlos, fue la excusa principal de la huelga revolucionaria de octubre de 1934, conocida popularmente como Revolución de Asturias, porque en esa comunidad fue donde tuvo un mayor éxito.
Fue todo un preludio de la guerra civil. Los mineros se hicieron fuertes en esa zona y al Jefe del Estado Mayor Central, que no era otro que Franco, no se le ocurrió otra cosa que mandarles el Ejército de África.
Los combates fueron muy duros y hubo 1.100 muertos y 2.000 heridos entre los rebeldes y 300 muertos entre las fuerzas militares.
La violenta represión ejercida sobre esa zona y el haber acusado a Azaña de haber incitado a la rebelión lo hicieron muy impopular.
Durante su bienio en el Gobierno se pararon muchas de las reformas agrarias iniciadas por Azaña y se promocionaron a los militares con tendencias derechistas, incluso anti-republicanos.
Aparte de eso, el escándalo del “estraperlo” le arrebató el apoyo de la
CEDA e hizo caer su Gobierno.
El escándalo saltó cuando se conoció que unos empresarios del juego, que además fabricaban un dispositivo que hacía trampas, habían sobornado a medio Gobierno, para que les dieran las licencias oportunas.  Incluso, tuvieron que dimitir el alcalde de Madrid y el Gobernador de Barcelona.
Daniel Strauss, su esposa, la Sra. Lowmann, y Jules Perel habían patentado, unos años antes, un modelo de ruleta, llamada straperlo. En este modelo, se suponía que el resultado dependía de la habilidad de los jugadores y no del factor suerte.
El invento había tenido cierto éxito, pero Strauss, como era judío, tuvo que salir corriendo de su Alemania natal, para no caer en manos de los nazis.
Como también tenía pasaporte mexicano y hablaba  español sus pasos se dirigieron hacia Barcelona. Allí se hizo amigo y socio de un empresario llamado Joaquim Gasa, el cual le presentó a las autoridades del momento.
Hicieron alguna exhibición de su máquina en un hotel y hasta organizaron un combate amistoso de boxeo entre los púgiles más famosos del momento: Paulino Uzcudun y Max Schmelling, para aumentar la  popularidad de su invento.

El problema es que en España estaba prohibido el juego desde los tiempos de la dictadura de Primo de Rivera y, en Cataluña, la ERC, también estaba en contra. Así que Companys se la denegó.
Sin embargo, en Madrid, los empresarios y políticos fueron más receptivos al nuevo invento. Varios miembros del Gobierno movieron sus hilos para que se pudiera explotar en el famoso Casino de San Sebastián, a cambio de un generoso porcentaje, claro está. Concretamente, nuestro personaje recibiría nada menos que un 25%.
Tampoco se olvidaron del ministro de Gobernación y alcalde de Madrid, Salazar Alonso, a quien Strauss afirmó haberle dado 100.000 Ptas. de las de entonces, que era un dineral.
Como si fuera un sorteo de la Lotería Nacional, todos tuvieron  su premio. El subsecretario se llevó 50.000 Ptas. Otro tanto el director general, para agilizar los permisos. El mismo hijo de Blasco-Ibáñez parce ser que se llevó 400.000 Ptas., por su colaboración.
Como estos alemanes son muy perfeccionistas, además, le regalaron a Salazar Alonso y a Lerroux, un reloj de oro a cada uno.
Así que el permiso llegó en pleno  mes de agosto de 1934, algo extraño en la Administración española y el 12 de septiembre volvieron a girar las ruletas en San Sebastián, como lo hacían 10 años antes.
De todas formas, al ministro de Gobernación igual le pareció poco el soborno y decidió anular al poco tiempo el permiso concedido.
No obstante, como nuestro personaje era el presidente del Gobierno, volvió a concederles el permiso, pero esta vez para un hotel de Mallorca. Allí ganaron mucha pasta con su artefacto trucado. Lógicamente, cuando se enteraron en la CEDA, exigieron su cierre.
Así que, como Strauss vio que no iba a sacar mucho en España, no se le ocurrió otra cosa que pedirles la devolución de sus sobornos a los políticos. Concretamente,
a Lerroux le pidió 425.000 Ptas. En concepto de pérdidas y le amenazó con publicar sus sobornos. No sé quién de los dos sería más sinvergüenza.
Como no le hizo caso, Strauss, mandó un detallado informe al presidente de la II República, Alcalá-Zamora. Eso le vino muy bien para destituirle, porque no le caía nada bien, aunque no se publicaron estos datos.
Strauss se trasladó a Bélgica y allí se reunió con Azaña, al que le dio una amplia información de este asunto.
El Gobierno de derechas temía que este escándalo lo pudiera utilizar­­­ la izquierda, así que lo puso en manos del Supremo y también creó una comisión de estudio en el Congreso.
Lo curioso es que, durante esas investigaciones se supo que
Strauss era una persona que ya había tenido que salir zumbando de México, por haber robado un diamante muy valioso.
Gracias a su poder de convencimiento, Lerroux, se presentó como una víctima de un complot orquestado por Azaña para derrocarle y, contra todo pronóstico, salió declarado inocente. En cambio, los demás inculpados fueron declarados culpables. Visto lo visto, siempre caía de pie, como los gatos.
No obstante, tuvo que dejar de ser ministro en el gabinete de Joaquín Chapaprieta. Aun así, como tenía líos por todos lados, a continuación surgió el escándalo Nombela.
En 1935 estalló este asunto, que consistió en que el Gobierno había indemnizado a la Compañía de África Occidental, que había tenido el contrato de buques entre Fernando Poo y la Guinea Ecuatorial y que lo había perdido durante la dictadura.
Cuando el Gobierno aprobó el pago de esa indemnización, un alto funcionario español, llamado Antonio Nombela, se negó a pagarla, alegando que había existido fraude. Cuando este funcionario denunció el caso ante los ministros procedentes de la CEDA, el Gobierno, le destituyó de su cargo.
Así que, posteriormente, Nombela llevó este asunto a las Cortes, donde se creó una comisión de investigación, ya que, cuando ocurrió el caso, Lerroux, sí que era el presidente del Gobierno. Como en los casos anteriores, aunque no pudo dar unas explicaciones satisfactorias a los diputados, éstos le declararon inocente. Genio y figura.
Tras este escándalo, las izquierdas obligaron al presidente de la República a disolver las Cortes y convocar elecciones generales. Las cuales tuvieron lugar en febrero de 1936 y esta vez fueron ganadas por el Frente Popular.­­ Ahí, su partido ya sólo obtuvo 5 diputados.
En julio de 1936, cuando ya casi no pintaba nada en la política española, se hallaba pasando las vacaciones en San Rafael (Segovia), para huir del calor madrileño. Seguramente, como siempre, alguien le avisó con antelación y sin pérdida de tiempo se fue a Portugal. Por si las moscas.
 Tras la guerra, tanto las izquierdas como las derechas lo consideran un ejemplo de un político corrupto y oportunista y ya no quisieron saber más de él.
En los archivos nacionales, parece ser que figuran escritos en donde Lerroux felicitaba a Franco por sus victorias militares y otros donde el secretario militar de éste le contesta dándole las gracias por sus felicitaciones y elogios.
En 1947, una vez que aceptó al régimen de Franco, se le permitió volver a España y vivir en su domicilio madrileño. Como ya era octogenario y estaba enfermo, sólo duró dos años más y murió olvidado por la mayoría de la gente.

sábado, 18 de julio de 2015

EL HUNDIMIENTO DEL CRUCERO LUSITANIA



El otro día me enteré de que en mayo de este año se había conmemorado el primer centenario del hundimiento de este enorme trasatlántico y de la muerte de muchos de sus pasajeros más los miembros de su tripulación. Así que he decidido escribir un artículo para narrar este hecho, pues, según dicen, fue una de las causas por las que USA entró en la I Guerra Mundial.
Parece ser que en ese momento los británicos veían amenazada su superioridad en los mares, ya que, tanto los USA como los alemanes, estaban construyendo trasatlánticos para hacerles la competencia. Así que el propio Gobierno británico le dio un préstamo de 2.500.000 de libras a esta naviera para que construyera la nave. Parece ser que impusieron que esta nave y su gemela tuvieran siempre pabellón británico y que estuvieran a disposición del Gobierno, en caso de guerra.
La construcción de este enorme barco fue encargada por  la naviera Cunard Line a unos astilleros escoceses, entrando en servicio en agosto de 1907.
Sus medidas eran 239,88 m. de eslora, 26,52 m. de manga y 10,24 m. de calado, además de 31.550 Tm de desplazamiento, consumiendo diariamente 1.000 Tm de carbón a una velocidad de 25 nudos.
Así que, junto a su gemelo, el RMS Mauretania, que entró en servicio unos meses más tarde, eran los mayores barcos del mundo. Posteriormente, botaron el RMS Aquitania.
Eso  fue hasta que su competidora británica  la White Star Line puso en servicio el RMS Olympic, en 1911, y el famoso RMS Titanic, en 1912.
A todos estos barcos se les equipó con el mayor lujo posible para la época. Como unos hoteles de 5 estrellas de ahora.
Era lo más moderno que se podía construir en esa época y disponía de muchos compartimientos estancos, suficientes para el buque tardara mucho en hundirse. Aparte de un número suficiente de botes salvavidas para todos los pasajeros y la tripulación.
Podía llegar a transportar casi 2.200 pasajeros y 800 tripulantes, una barbaridad para aquella época y todo con un detallado lujo que enseguida fue copiado por la competencia.
En mayo de 1915 la nave iba a hacer el viaje de regreso entre Nueva York e Inglaterra. Como USA todavía era neutral, la embajada imperial alemana en USA hizo una advertencia a los pasajeros y al capitán de que podrían ser hundidos, por ser consideradas como zona de guerra las aguas próximas al Reino Unido.
Al comienzo de la I GM, esta nave fue cedida al almirantazgo militar británico, ya que, en su construcción,  se había previsto que pudiera tener en el futuro un uso militar. Lo que ocurrió es que, al ser tan grande, el gasto en combustible se llevaba por delante los presupuestos de la Marina británica y se la volvió a dedicar al tráfico de pasajeros, para que se pudiera amortizar su costo. Eso era, al menos en teoría.
Según el Derecho Marítimo, vigente en ese momento, si a un capitán le daban la orden de hundir todos los barcos de otra potencia, en el caso de los civiles, se ordenaba desalojar el barco enemigo, bajando a los botes salvavidas y luego se le hundía, cuando ya se encontrara vacío.
El problema es que, con la llegada de la IGM, todas esas normas internacionales, se convirtieron en papel mojado. Incluso, muchos barcos mercantes se convirtieron en barcos militares, dotándoles de artillería.
Al declarar, los ingleses, un bloqueo completo sobre el Mar del Norte, incluso para mercantes con alimentos, los alemanes contrarrestaron esta política con el uso masivo de submarinos y declarando el bloqueo sobre aguas británicas.
Los ingleses se dedicaron a abordar todos los barcos que pasaran alrededor de sus aguas y comprobar todas y cada una de las mercancías que llevaban y a dónde las llevaban.
Según los especialistas, los submarinos no podían, en principio, “tomarse la molestia” de avisar a los pasajeros, antes de hundir el barco, porque eso implicaría que los otros pudieran dar la señal de alarma y que no tuvieran tiempo de escapar, por ser aún estas naves demasiado lentas.
Como era la primera vez que se utilizaban los submarinos en una
guerra a gran escala, porque a pequeña escala ya se habían utilizado durante la Guerra Civil USA, pues había muchas discusiones al respecto, sobre la forma de proceder en el conflicto.
Dada la enorme ventaja de la Marina británica, en aquella época, la mayoría de los especialistas alemanes estuvieron a formar de saltarse todas esas normas para conseguir hundir la mayor parte de los mercantes posibles, que fueran con destino al Reino Unido.
Quisieron utilizar la misma estrategia utilizada por Napoleón. Como los ingleses apenas producen alimentos en su territorio, tienen que importarlos de sus colonias o de otros países. Si se consigue que estos alimentos no lleguen al Reino Unido, se conseguirá que se rindan por hambre. Esto estuvieron a punto de conseguirlo los alemanes durante la II GM.
El boicot sobre las costas inglesas, decretado por Berlín, no hizo ninguna gracia en USA y el presidente de este país advirtió muy claramente a los alemanes de que, si hundían alguno de sus barcos, tomarían medidas al respecto.
No obstante, el almirantazgo alemán, no se cortó un pelo y, nada más iniciarse la guerra, envió 20 de sus 28 submarinos a patrullar las costas cercanas a las Islas Británicas.
En mayo de 1915, nuestro trasatlántico estaba ya preparado para zarpar de
Nueva York con rumbo a Liverpool (Inglaterra). Este no era su viaje inaugural, como le ocurrió al Titanic, sino que hacía ya el número 202, porque hacía este trayecto semanalmente. Así que su tripulación tenía una gran experiencia.
Como si fuera una premonición, la embajada alemana en USA, encargó la
publicación en toda la prensa neoyorquina de una nota advirtiendo que podrían ser atacados por sus submarinos, pero nadie la tomó en cuenta, porque llevaban bastante tiempo publicando la misma nota.
Lo cierto es que el mismo capitán, William Turner, sabía que llevaba 173 Tm de munición de todo tipo, camuflado dentro de la nave. Sin embargo, otras fuentes hablan hasta de 5.000 Tm. El conocimiento de este hecho por parte del enemigo haría que se le pudiera declarar como una nave no neutral y también podría ser considerada como un objetivo legítimo por parte de los militares.
También existe todavía una discusión sobre si el buque estaba artillado o no. Lo que sí se sabe es que en el astillero le preinstalaron unas bases donde se podían colocar cañones.
Más o menos, por esas fechas, zarpó de un puerto alemán el submarino U-20, al mando del capitán Schwieger, uno de los marinos alemanes con más experiencia en ese tipo de naves. Concretamente, le habían dado el mando de ese submarino en diciembre del año anterior, aunque llevaba varios años al mando de otras naves de ese tipo.
A este capitán alemán, como a sus colegas, le habían dado la orden de atacar barcos militares o mercantes que fueran del enemigo o ayudaran a éste. Así que dentro de los mercantes metieron a los de pasajeros y de hecho parece que lo intentó anteriormente.
Al capitán Turner le dijeron que no temiera hacer el viaje, porque al entrar en aguas británicas, sería escoltado por un crucero de la Armada de ese país. Lo que pasa es que el ministro de Marina británico, el famoso Churchill, decidió por su cuenta, cancelar esa orden, sin advertir a Turner.
De hecho, el propio Almirantazgo británico, reconoció que no podía proteger a
todas las naves que se dirigieran a su costa. Por eso, les dio una serie de normas como no acercarse mucho a sus costas, navegar en zig-zag, ir a una velocidad potente, pues los submarinos de entonces eran muy lentos, etc.
El submarino U-20 se apuntó en ese viaje el hundimiento de 3 barcos mercantes británicos, antes de hundir  este trasatlántico.
Se apostaron al sur de Irlanda, en la zona del canal de Bristol, para intentar hundir algún barco con el único torpedo que les quedaba.

A pesar de la prometida protección británica, el capitán Turner, les pidió a los pasajeros que cerrar todas las cortinas y no fumaran en cubierta, para que no vieran esas luces los vigías de los submarinos, que pudieran estar en esa zona. Incluso, mandaron a algunos miembros de la tripulación a correr todas las cortinas de los camarotes.
Como se formó una de esas nieblas que suelen hacer invisibles las costas británicas, el submarino alemán, viendo que no pasaba nadie por allí y que sólo le quedaba ya un torpedo, empezó a prepararse para el regreso a su base.
También a causa de la niebla se le ordenó al barco hacer sonar sus sirenas cada minuto y acercarse a la costa, aunque eso estaba en contra de las órdenes que le habían dado al salir de puerto.
Como ya se sabe “mañanita de niebla, tarde de paseo”, pues a la hora de la comida la visibilidad era excelente. Así que el submarino, que no andaba muy lejos de allí, lo vio perfectamente y decidió seguirle.
A las 13.40 tomó la decisión de lanzarle el único torpedo que le quedaba y se oyó una explosión, seguida por otra aún mayor, que consideraron inexplicable los del submarino.
El trasatlántico se giró enseguida y los miembros de la tripulación tuvieron que bajar los botes a base de cortar las amarras con hachas.
El barco tenía un gran agujero en la proa y se inclinó, inmediatamente, mucho a estribor. Así que el barco se hundía con una gran rapidez.
Evidentemente, el submarino, no se quedó a ayudar. Se limitó a sumergirse y a tomar el rumbo de su base en Alemania.
En un tiempo récord, en sólo 18 minutos, el barco se hundió. Se lanzó de proa y se quedó a sólo 90 metros de profundidad y a 11 millas de la costa. Esto todavía es un misterio en nuestra época. El Titanic tardó 2 horas y 40 minutos en hundirse. Sólo consiguieron salvarse unas 700 personas.
Aunque se enviaron hacia la zona todas las naves disponibles, no pudieron llegar antes de 2 horas y se encontraron con 1.195 personas muertas. Entre ellas, 291 mujeres y 94 niños.
Uno de los fallecidos más famosos fue el multimillonario USA Vanderbilt, al cual se le vio por última vez cuando regalaba su chaleco salvavidas a una mujer. Hasta se ofreció un cuantioso rescate a quien lo hallara. Efectivamente, su cuerpo fue encontrado unos días después, no lejos de la zona del hundimiento.
Un pasajero español, llamado Vicente Egaña, se portó como un héroe ayudando, en el agua,  a mucha gente a llegar hasta los botes. Luego fue recogido por uno de ellos que le llevó hasta la costa.
El presidente de los USA, Wilson, quedó conmocionado por la cantidad de víctimas norteamericanas, unas 128, que hubo en ese naufragio, de las 139 USA, que navegaban en el mismo.
En USA siguen pensando que deben permanecer neutrales, pero ya hay mucha gente que está a favor de entrar en la I GM.
Tras este hundimiento, y el otros dos barcos, uno de ellos, el Sussex, donde viajaban el compositor español Enrique Granados y su mujer, falleciendo ambos en el mismo, fueron más que suficientes para que USA le exigiera a Alemania que no hundiera más barcos de pasajeros, sin avisar previamente y permitir su desalojo.
Unos dicen que a causa de estos hundimientos, los USA, entraron en la IGM. Sin embargo, otros, con una mentalidad más práctica, afirman que no fue esa la causa, sino que los USA habían prestado dinero a los dos bandos, pero mucho más al Reino Unido y sus aliados. Así que corrían el peligro de perder esta inversión, si los británicos perdían la guerra.
Al llegar el submarino a su base, sus tripulantes se enteraron de la que habían liado a nivel internacional, tras el hundimiento del trasatlántico. No obstante, el káiser no se olvidó de este capitán y lo condecoró con la Cruz de hierro de primera clase.
Lo curioso es que al capitán Turner, que se salvó del naufragio, le acusaron de ser el responsable del hundimiento del buque. Menos mal, que tras el juicio, fue declarado inocente de este hecho.
A pesar de ello, fue repudiado por su mujer y sus hijos, por no hundirse con su barco. No fue despedido por su empresa, pero sí dedicado al transporte de ganado y luego a labores administrativas.
Todavía hay muchos interrogantes, como por qué la Marina alemana atacó a un barco de pasajeros muy conocido o por qué la Marina británica lo dejó sin escolta. A lo mejor, se puede llegar a pensar que Churchill, que, entonces,  era el Ministro de Marina, estaba deseando que los USA entraran en la guerra y quiso darles un motivo para que lo hicieran cuanto antes. No obstante, tardaron casi 2 años en decidirse a hacerlo.
Algo que siempre ha levantado sospechas es que, a pesar de estar hundido sólo a 90 metros de profundidad, el Gobierno británico, siempre se negó a que se investigara su hundimiento.
Cuando, por fin, se dieron los permisos, se comprobó que el barco tiene un gran agujero en la zona de proa y las chapas están dobladas hacia afuera. O sea, que el hundimiento fue provocado por una explosión interna, más que por un simple torpedo.
Lord Mersey, el magistrado que juzgó al capitán Turner, unos años más tarde,  les dijo a sus amigos: "El caso del Lusitania fue un negocio sucio". 



















domingo, 12 de julio de 2015

SOBRE LAS MATANZAS DE INDIOS EN ARGENTINA



Me ha llamado mucho la atención que el Papa Francisco, que parece un hombre muy cultivado, aparte de ser un jesuita, que, sólo por eso, ya debería de serlo, haya dicho ayer en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), lo siguiente: “Pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante
la llamada conquista de América”.
En parte, puede tener razón, pero me da que un escaso número de conquistadores españoles no podrían haber cometido tantos crímenes como dice. Por lo menos, en la zona del Caribe, aunque nunca se ha sabido  cuánta gente vivía allí antes de que llegara Colón con sus naves.
No hay que olvidar que a los españoles solían acompañarles bastantes miles de guerreros indios, por supuesto, enemigos de incas, aztecas, mayas, etc.
Evidentemente, les acompañaban porque estaban hasta el gorro de los individuos de esas tribus, los cuales solían asesinarlos y hasta comérselos ritualmente. En ese aspecto no parecían estar tan avanzados como presumían.
Como veo que, por lo que se ve, en el Vaticano deben desconocer estas cosas, pues me he atrevido hoy a escribir un artículo para describir algunas matanzas que se hicieron desde el otro bando.
Para empezar, sólo voy a enumerar un conflicto que es hoy bastante desconocido, la Guerra de Castas. Se dio en la península del Yucatán entre los mayas y los criollos y mestizos.
 Comenzó en 1847 y acabó casi en pleno siglo XX. La consigna entre los mayas, era, no sólo vencerlos, sino exterminar a todos los enemigos. Algo que nunca hicieron los españoles, pues ya desde las Leyes de Burgos, se tomaron medidas para proteger a los indios, ya que se les necesitaba como mano de obra y para pagar impuestos. En fin, como es un conflicto bastante largo de explicar,  dedicaré en el futuro un artículo monográfico sobre este tema.
Por otra parte, está más que demostrado que se persiguió a los indios con más encono tras la independencia de las nuevas repúblicas que durante el período colonial. A lo mejor, porque muchas tribus indias apoyaron a los españoles en las guerras de independencia.
Hubo muchas matanzas, pero, ya que el Papa es argentino, pues le voy a mostrar las que se hicieron concretamente en su país, para no alargarme demasiado en el tema. De todas formas, me extraña mucho que una persona que fue arzobispo de Buenos Aires, no conociera este tema.
Entre 1878 y 1885, al Gobierno argentino, presidido por Nicolás Avellaneda, no se le ocurrió otra cosa que ocupar una serie de zonas, que pertenecieron en el período colonial al Virreinato del Río de la Plata y que entendían que ahora tenían que ser de su nuevo país.
 Como en las famosas películas de vaqueros, evidentemente, estas zonas ya estaban pobladas por numerosos indios de diferentes tribus y, lógicamente, les estorbaban para sus planes de colonización del territorio. No obstante, ya lo habían intentado anteriormente en la primera mitad del siglo XIX.

Aquí ya vemos una gran diferencia entre el sistema de colonización
español y el argentino, pues los españoles le dieron un valor al indio, mientras que a los argentinos les molestaron y no les importó eliminarlos.
De hecho, en el Informe Oficial de la Comisión Científica que acompañaba al Ejército, se dice que “la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio”. Es curioso, porque, durante el período colonial, apenas hubo problemas, en esa zona, entre los indios y las autoridades virreinales.
También se dice en ese informe:  "Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña”.
Aún más: “Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosa del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas.”
Para acabar con el informe: “Pero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y progreso, no están fuera de proporción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de producción para la humanidad, son los mejores títulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se les han quitado éstas a la raza estéril que las ocupaba”. 
No sé por qué, estos párrafos que he tomado del referido informe, me recuerdan mucho a la mentalidad de los nazis, pero no, aunque parezca mentira, se escribió en pleno siglo XIX.
También se crearon campos de concentración con una valla de alambre, que llegaba a alcanzar gran altura y que estuvieron en activo hasta 1889. Hubo varios de estos campos en la Patagonia y hay hasta informes de los salesianos donde se mencionan los mismos. Se cree que fueron unos lugares de paso para unos 15.000 indios, aunque muchos dejaron allí sus vidas. Parece ser que los más rebeldes eran encadenados por la noche.
Cuentan que  a los prisioneros los separaron por sexos. Por una parte, enviaron a las mujeres a la ciudad de Buenos Aires para que trabajaran como sirvientes. En forma de esclavas, supongo. También les quitaron a muchas sus hijos, sin que pudieran impedirlo.
En cambio, a la mayoría de los hombres prisioneros los enviaron a la inhóspita isla de Martín García, donde murieron a los pocos años. Siempre consideraron a los indígenas como propiedad del ejército, el cual podía hacer con ellos lo que quisiera.
El Estado argentino argumentó que había ocupado esas tierras para que no lo hicieran otras potencias vecinas o europeas.
Por si alguno se le  había pasado por la cabeza que el Estado  argentino hubiera pensado en repartir esas inmensas tierras, unos 10.000.000 Ha, sólo en un principio, en pequeñas parcelas para los colonos, como se hizo en USA, pues estaba muy equivocado, porque,  prácticamente, se las regalaron a los amigos terratenientes de los políticos de turno. Más o menos, como pasó aquí durante la Reconquista.

También quedaron algunos excedentes de tierras, que vendieron a algunos terratenientes ingleses y franceses, en lotes de nada menos que 40.000 Ha, cada uno.
Además, como aún quedaron algunas zonas sin repartir y muchos militares llevaban nada menos que 7 años sin cobrar, pues se las cedieron, pero como éstos lo que querían era dinero en efectivo, pues las vendieron a la desesperada a los mismos terratenientes amigos de los políticos de Buenos Aires.
No creo que fuera casual que las 41.787.000 Ha se repartieran a 1.843 terratenientes, los cuales, muchos de ellos, estaban relacionados mediante lazos familiares o económicos con la familia de Julio Argentino Roca, el militar que conquistó ese territorio y que luego fue presidente de la República.
Concretamente, se dice en algunos estudios, que 67 propietarios se quedaron con 6.000.000 Ha. De ellos, algunos se llevaron 200.000 Ha y hasta la familia del futuro ministro de Economía Martínez de la Hoz, se llevó 2.500.000 Ha.
Como Chile también estuvo siempre interesado en algunos de estos territorios, hay quien argumenta que Argentina aprovechó que, en ese momento,  el ejército chileno se hallaba luchando contra Perú y Bolivia, para acometer esta campaña contra los indios y agenciarse todo el territorio al completo.
El Estado argentino siempre tuvo muy claro que había que exterminar a esos indios. Es lo que hoy se podría entender como un delito de genocidio.
Al votar los fondos para esa campaña en el Congreso argentino se habló de “exterminar a los indios salvajes y bárbaros de pampa y Patagonia”.
Hasta el mismo gobernador de Buenos Aires decía: “primero exterminaremos a los nómadas y luego a los sedentarios”. Más claro no se puede hablar.
Fueron muy comunes los ataques del ejército a los poblados indígenas, cuando sabían que habían salido de allí los guerreros, para luchar contra otra unidad militar. Así que arrasaban estos poblados cuando sólo se encontraban en ellos mujeres, niños y viejos.
A los varones que trasladaron a la isla de Martín García, se les obligó a ir caminando hasta el puerto de  embarque, el cual estaba situado a más de 1.000 km. Por supuesto, al que se cayera por el camino, se le mataba allí mismo. Muchos murieron de esa forma, aunque no hay datos sobre ello.
A los supervivientes que se quedaron poblando el sur de la Patagonia, ni siquiera les contabilizaron en los censos del país hasta 1914.
Ya en esta campaña se utilizaron algunos medios militares bastante modernos para la época, como el telégrafo. Parece ser que, durante la campaña, se enviaron más de
52.000 telegramas, a fin de coordinar los movimientos de las diferentes unidades del ejército y mejorar su logística.
Bueno,  a estas alturas de la película, creo que más de uno habrá quedado bastante asombrado con lo que he narrado hasta el momento. No obstante, argumentará, que son cosas más propias de la gente del siglo XIX y no de personas con ideas más modernas. Pues, se equivocan los que hayan pensado así y ahora lo verán.
Casualmente, durante el segundo mandato presidencial de Julio
Argentino Roca, que había sido el militar que conquistara esos territorios y ahora era el presidente de la República, se dio un suceso muy curioso.
En una zona de la Tierra de Fuego, donde vivían unos indios llamados onas, alguien dejó una ballena muerta y abandonada.
Estos indios no tuvieron muchos problemas para quedársela, pues se la dejaron en una zona muy próxima a la costa.
Conclusión, 500 de estos indios murieron, porque la ballena había sido previa y criminalmente envenenada. Este suceso tuvo lugar en 1903, en una localidad llamada Springhill. O sea, ya en pleno siglo XX.
En 1905, un grupo de  terratenientes criadores de ovejas, también en la Tierra del Fuego, invitaron a un grupo de indios a un banquete, con el ardid de que iban a firmar ambos bandos un tratado de paz.
Una vez personados los indios en ese lugar, los terratenientes y sus esbirros dispararon contra ellos, matando a unos 300, incluyendo hombres, mujeres y niños.
Dando un salto en el siglo XX, llegamos a 1924. En una localidad del Chaco, llamada Napalpí, unos indios tobas se rebelaron contra los terratenientes, protestando por los pobres salarios que les pagaban.
El Estado argentino no se cortó un pelo y mandó varias unidades de policías, que los asesinó impunemente. Se cree que asesinaron entre 200 y 400 indígenas.
De esta narración no se salva ni el mismísimo Perón. Siendo él presidente, en 1947, unos indios pilagá, en la provincia norteña de Formosa,  quisieron realizar una marcha de protesta a causa de sus malas condiciones laborales. Esta vez, el ejército no se lo pensó mucho y los ametralló, causando unos 1.500 muertos.
Incluso, hoy mismo, se sigue persiguiendo de manera sigilosa a los indios. Viven en condiciones realmente miserables y nadie les hace caso.
Por ello, entiendo, Su Santidad, que debería de dejar de mirar las injusticias que cometieron otros hace mucho y ver las que siguen cometiendo actualmente sus paisanos. O sea, como decimos aquí, dejar de mirar la paja en el ojo ajeno y mirar la viga que tienen en el propio.

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