ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 20 de septiembre de 2026

EL EXTRAÑO CASO DE ENRIQUE CASTRO DELGADO

 

Hoy voy a narrar la historia de un personaje sumamente extraño del que no se sabe hasta dónde es cierto o no.

Enrique Castro Delgado nació en 1907. Unos dicen que nació en Badajoz, pero que, cuando aún era muy pequeño, se trasladó con su familia a Madrid. Otros afirman que nació en Madrid.

Lo único cierto es que su familia era muy modesta. Su padre era albañil. Su madre era ama de casa, pero también ejercía, a veces, de modista. Tampoco era hijo único, sino que tuvo varios hermanos. En fin, una típica familia modesta de principios del siglo XX.

Se crio en el barrio de Cuatro Caminos, donde siempre vivieron muchos obreros y miles de sindicalistas.

Así que estudió lo que pudo, pero pronto tuvo que dejar sus estudios para trabajar como obrero metalúrgico.

Poco a poco, en ese barrio obrero, fue formándose su concienciación política. Por ello, en la década de los 30, ya era uno de los líderes del MAOC (Milicias antifascistas obreras y campesinas).

Pertenecía al Comité Central del PCE. Escribía a menudo en Mundo obrero y además era afiliado a la UGT, porque entonces todavía no existía CCOO. Todo ello, dio lugar a que fuera detenido y encarcelado en diversas ocasiones.

Así que, como era uno de los líderes del MAOC, es posible que estuviera involucrado en la organización de un atentado, que tuvo lugar el 04/05/1936, por gente de ese grupo, contra una sede falangista, situada en la calle Bravo Murillo, 181, de Madrid. Por ello, se produjo un tiroteo, donde hubo varios muertos y heridos en ambos bandos. Este atentado fue uno de los muchos que se produjeron en aquella época, donde un atentado era respondido con otro por el otro bando.

Quizás les suene a algunos otro atentado, que tuvo lugar en la misma zona, pero ya el 25/02/1945, contra otra sede de Falange, en la cual también hubo muertos y heridos. Pero no es el mismo atentado.

Este último atentado sí provocó una respuesta muy dura por parte del gobierno franquista, consistente en detenciones, encarcelamientos y varios fusilamientos.

Volviendo a nuestro personaje de hoy, parece ser que participó en el famoso asalto al Cuartel de la montaña, situado junto a la actual Plaza de España.

Incluso, presumió de haber matado a varios defensores. Incluso, a uno de ellos, que era primo suyo. Algunos de sus biógrafos dicen que este detalle del primo no es cierto.


Cuando comenzó la Guerra civil, fue el creador y organizador del famoso Quinto regimiento de milicias, cuyo cuartel estuvo en un colegio de los Salesianos, situado en la calle Francos Rodríguez. También cerca de Cuatro Caminos.

Sin embargo, Castro Delgado se sintió muy decepcionado cuando el PCE decidió cesarle de ese puesto y sustituirle por Enrique Líster. Luego, para tenerlo callado, lo nombraron director general del Instituto de Reforma Agraria. Un hombre que habría visto el campo en fotos.

Precisamente, uno de los milicianos de esa unidad fue el famoso humorista Gila, que ingresó con sólo 17 años. Fue capturado y fusilado en una localidad de Córdoba, pero se hizo el muerto y logró escapar con vida.

Volviendo a Castro Delgado, hay que decir que nunca entró en combate. Durante la guerra, su misión fue la de organizar los suministros a los combatientes, desde su oficina situada en el antiguo convento de las Salesas Reales, hoy Tribunal Supremo.

No sólo hizo eso, sino que, al fundar el Quinto Regimiento de Milicias, también creó un grupo de contrainteligencia, dedicado a cazar quintacolumnistas, que luego iban a parar a las infames checas. La principal de estas checas estuvo en el Círculo de Bellas Artes y luego se trasladó a la calle Fomento, muy cerca del Senado.

O sea, que fue uno de los responsables de la creación de las checas, como él mismo reconoce en su obra “Mi fe se perdió en Moscú”.

Ciertamente, se le ve en algunas fotos visitando el frente, acompañando a algunos visitantes extranjeros y delegados soviéticos.

También fue subcomisario general de guerra e inspector en el Ministerio de la Guerra, que luego se llamó de Defensa.

El golpe del coronel Casado le pilló en Valencia. Por eso no fue detenido por los casadistas.

Así que el 06/03/1939, viendo que todo estaba ya perdido, montó en uno de esos aviones Dragon Rapide, junto a la Pasionaria y Francisco Antón, en un vuelo con destino en Toulouse.

Parece ser que al Gobierno de Francia no le gustaron demasiado esos “turistas”. Así que, en mayo del mismo año, consiguieron llegar a la antigua URSS.

Allí le dieron un cargo sin apenas competencias, dentro del Komintern, por ser miembro del Comité Central del PCE y también colaboró en programas de radio, donde hacía propaganda contra el régimen franquista.

Sin embargo, aquel ambiente tan tenso, en medio de las purgas de Stalin, no le gustó nada y empezó a criticar esa situación. Algo que no gustó nada en el PCE. Por ello, la Pasionaria y Carrillo presionaron hasta conseguir expulsarlo del partido en 1944.

Parece ser que tuvo mucha suerte, porque sus antiguos camaradas estaban conspirando para que lo enviaran a pudrirse en Siberia.

Sin embargo, se hizo amigo de un diplomático mexicano, que tenía muchos contactos en Moscú y fue el que consiguió sacarlo de allí en 1945 y hacer que se trasladase, junto a su esposa, a México.

En México fue donde escribió su famoso libro “Mi fe se perdió en Moscú”, donde cuenta sus experiencias en la antigua URSS.

Como todos sabemos, el Gobierno de México siempre se negó a tener relaciones diplomáticas con el Gobierno franquista. No obstante, siempre hubo ciertos contactos indirectos a través de algunos organismos, como el Instituto de Estudios Hispánicos o el Instituto de Cultura Hispánica, donde trabajaban algunos falangistas del ala más izquierdista del partido. Parece ser que también hubo muchos contactos entre las Iglesias de ambos países.

Por ese motivo, conoció allí a dos personajes, que le facilitaron su regreso a España. Uno de ellos fue Manuel Cantarero del Castillo y el otro fue José Antonio Elola-Olaso.

La verdad es que no sé cómo lo hicieron, pero lo cierto es que consiguieron que regresara sin que nadie le tocara un pelo. Algo inusitado, porque también regresó el mismo año el general Rojo y enseguida le sometieron a un consejo de guerra, en el que le condenaron a varios años de cárcel, pero le indultaron, aunque perdió su puesto en el Ejército, sus condecoraciones y hasta su pensión.


Tampoco hay que olvidar que, ya en los años 60, la Policía española detuvo a Julián Grimau, cuando regresó a España. Fue juzgado, condenado a muerte y fusilado. Grimau había sido el responsable de la Policía y las checas en Barcelona.

Lo cierto es que Castro Delgado regresó en 1957. Le proporcionaron una discreta vivienda en el norte de Madrid, vigilada por algunos policías, ya que debía de estar en el punto de mira tanto de los familiares de los asesinados en las checas, como de los comunistas.

Aquí escribió, en 1960, su segundo libro, “Hombres, made in Moscú”. También escribió en algunos periódicos tan del régimen como Pueblo, el diario de los sindicatos verticales, entonces dirigido por Emilio Romero.

A partir de 1962, pasó a formar parte nada menos que de la plantilla del Ministerio de Información y Turismo, dirigido por Manuel Fraga.

Parece ser que aprovecharon su experiencia para redactar escritos de
todo tipo para criticar el comunismo. Algo muy útil para luchar contra los movimientos de oposición.

Parece ser que esta vez también tuvo suerte, porque, en esos años, el Comité Central del PCE, dejó atrás su habitual política de eliminar a los disidentes y optó por otra destinada a infiltrarse en organismos públicos, como las Universidades y Seminarios, y en los medios de comunicación.

Hay quien dice que Castro le sirvió al régimen franquista por ser un renegado del comunismo, dando detalles de lo que ocurría en la URSS, y así le daba una justificación al golpe de estado fallido y la posterior guerra civil, iniciada en 1936.

Así que es de suponer que sus escritos le harían mucho daño a los líderes comunistas, que estaban intentado atraer a los jóvenes españoles hacia su partido. Por ello, los medios del régimen promocionaron la figura de un comunista arrepentido, pero ocultaron su responsabilidad en las represalias en el bando republicano.

También es verdad que al régimen franquista no le interesaba seguir con su dura política represiva, porque, en 1953, habían comenzado a abrirle las puertas al mundo. Gracias al interés del Gobierno USA por instalar bases militares en España y al Concordato firmado ese mismo año con el Vaticano.


La propaganda del régimen decía que Franco era el único que había derrotado al comunismo y eso era una carta de presentación muy importante en plena Guerra Fría. Así que eso de disponer en España a un antiguo miembro del Comité Central del PCE abjurando del comunismo, era algo que le gustó mucho al Gobierno USA.

De todas formas, creo que hay algo que se me escapa, porque no parece muy lógico que el régimen franquista, que solía encarcelar y hasta fusilar a los comunistas, aceptase gratuitamente, la llegada de un antiguo líder de ese partido.

No voy a decir que hiciera eso, pero lo cierto es que la Policía solía utilizar a los comunistas capturados, incluso protegidos, para sacarles información acerca de sus métodos, sus claves, sus sitios de reunión. Incluso, para identificar a los que aparecían en las fotos tomadas en la guerra y en la posguerra.

En resumen, contra todo pronóstico, el régimen supo aprovecharse de Castro Delgado como de un filón para obtener información sobre la URSS y para escribir propaganda contra la Oposición de izquierdas.

Desgraciadamente, como Castro Delgado ya venía enfermo desde su estancia en Moscú y además padecía depresiones, falleció en enero de 1965 en Madrid. Con sólo 57 años.

TODAS LAS IMÁGENES PROCEDEN DE WWW.GOOGLE.ES

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario