ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 29 de mayo de 2026

RESUMEN FINAL DEL 2 DE MAYO DE 1808

 


Con este artículo voy a dar por terminado el ciclo de artículos sobre el comienzo de la guerra de la Independencia.

En primer lugar, hay que decir que Madrid nunca había tenido unas murallas como tales. Salvo las pocas que construyeron los moros en la Edad Media. Todavía se pueden observar un lienzo de estas, junto a la catedral de la Almudena.

Lo que sí había alrededor de Madrid era un muro no demasiado alto, construido a base de ladrillos y adobe, con el único fin de cobrar impuestos a todos los que vinieran de fuera a vender sus productos en la capital.

Para ello, debían de entrar por cualquiera de sus 5 puertas principales o sus 12 portillos. Algunas de esas puertas todavía existen.

Madrid tenía unos 160.000 habitantes, que solían ser gente pacífica, aunque a veces se organizaban motines. Como ocurre ahora con las muchas manifestaciones, que se realizan en esta ciudad.

Carlos IV llegó al trono cuando ya había cumplido los 40 años. Se supone que era un hombre muy maduro, en una España, donde la esperanza de vida era de unos 30 años.

Parece ser que Carlos IV nunca se preocupó por las tareas de gobierno. Algo que lamentó mucho su padre, Carlos III. Sin embargo, siempre fue amante del ejercicio físico y, sobre todo, de la caza. La verdad es que llegó al trono en muy mal momento. Al año siguiente se produjo la Revolución Francesa.

Casó con su prima María Luisa de Parma, cuando él tenía 17 años y ella sólo 14. Quedó embarazada en 24 ocasiones. Sin embargo, sólo sobrevivieron 7 de sus hijos.

Curiosamente, hace varios años, escribí un artículo sobre un confesor de esta reina, llamado fray Juan de Almaraz. Parece ser que ella le dijo, antes de morir, que ninguno de sus hijos era de Carlos IV y le dio permiso para que lo dijera después de su muerte.

Como Fernando VII tenía la obligación de enviar dinero a sus padres, en su exilio en la Toscana, y también a los que le acompañaban, ocurrió que dejó de enviarle el dinero al fraile y, cuando ya llevaba unos 2 años sin cobrar, no se le ocurrió peor idea que amenazar al rey con contar todo esto a los diplomáticos extranjeros. Así que el rey envió a unos cuantos esbirros a Italia, raptaron al fraile y lo encerraron casi de por vida en Peñíscola. Obligando al alcaide de esa prisión a que este preso estuviera completamente aislado. Algo que recuerda al Conde de Montecristo.


No sé si este fraile, cuyo nombre real era Juan Francisco Thomas León, sería amigo de Godoy, ya que ambos habían nacido en Badajoz.

Parece ser que la reina se encaprichó con Godoy, que empezó siendo un miembro de los guardias de corps. O sea, la Guardia Real.

Los reyes le fueron dando toda clase de honores y, por fin, le dieron el título de príncipe de la Paz. Algo totalmente ilegal, porque en España sólo puede haber un príncipe o princesa, que es el de Asturias. Incluso, llegaron a darle el tratamiento de alteza real.

Así que los seguidores del futuro Fernando VII empezaron a pensar que su padre estaba pensando en desheredarlo y cederle la corona a Godoy. Un político que había triplicado la deuda de España.

En marzo de 1808 se produjo el famoso Motín de Aranjuez, por el que al rey no le quedó más remedio que cesar a Godoy y abdicar en nombre de su hijo.

Godoy había firmado un pacto de alianza militar con Napoleón. Éste había decretado el embargo económico sobre el Reino Unido. Así que todos los países europeos dejaron de comerciar con los británicos, salvo Portugal y Rusia. Ese fue el motivo por el que los invadió.

Supongo que Napoleón se dio cuenta de que Godoy era una persona muy ambiciosa. Así que pactó con él que, si dejaba que sus tropas atravesaran la Península Ibérica, para invadir Portugal, le cedería el Algarve, para que fuera su reino.

En un principio, las tropas francesas atravesaron pacíficamente el territorio español e invadieron Portugal, conjuntamente con tropas españolas.

Sin embargo, continuó enviando más tropas, que se fueron haciendo con las principales fortalezas del país.

El mariscal Murat fue enviado a Madrid. Tenía bajo su mando a unos 10.000 soldados en la capital y unos 20.000 más en los alrededores.

Murat también ambicionaba el trono de España. Así que, por orden de Napoleón, fue enviando a toda la familia real a Francia.

Como tantas tropas no cabían en los cuarteles de la capital, exigieron que los nobles acogieran a los altos mandos, mientras que el resto del pueblo tuviera que mantener en sus casas a los soldados. Incluso, habilitaron conventos como cuarteles.

Lógicamente, esto provocó muchas molestias que se tradujeron en enfrentamientos a causa de los malos modales de algunos de estos soldados, que quisieron abusar de las mujeres de las casas donde habían sido acogidos. Esto provocó unas cuantas bajas entre los franceses, antes del 2 de mayo. No olvidemos que, en aquella época, casi todo el mundo portaba una navaja de grandes dimensiones, porque las calles eran inseguras y peligrosas.

Murat instaló su cuartel general en el Palacio Grimaldi, que había sido la residencia de Godoy, ya que ambos eran muy amigos del lujo. Este edificio está situado al lado del Senado.

Hay quien dice que Murat había recibido la orden de Napoleón de cabrear todo lo posible a los madrileños para luego reprimirlos duramente a fin de acallarlos para siempre. Algo que le había dado resultado en otros sitios.

Por lo visto, el 01/05/1808 ya se produjeron algunos incidentes, cuando la gente salió de una misa, en una iglesia de la calle de Alcalá, y se encontró con los franceses, que desfilaban por esa calle hacia el antiguo Palacio del Buen Retiro.

Yo soy de los que creen que lo que ocurrió al día siguiente fue algo que se les escapó de las manos a los organizadores de esos hechos.

El domingo 01/05/1808 se fueron repartiendo panfletos y entonando canciones contra los franceses.

Así que la Junta de Gobierno, presidida por un hermano de Carlos IV, al saber que, al día siguiente, los franceses se iban a llevar al resto de la familia real, impartieron una serie de órdenes para acallar al pueblo.

Sin embargo, parece ser que los organizadores del motín también tenían conocimiento de ese traslado. Eso fue lo que dio lugar a que consiguieran convocar a tanta gente ante la puerta principal del Palacio Real.

Sobre las 8 de la mañana, se colocaron dos carruajes en la puerta que da a la calle Bailén. Media hora más tarde, bajó María Luisa, reina de Etruria e hija de Carlos IV, acompañada de sus hijos y unos criados. El año anterior había sido expulsada de su reino por las tropas francesas. Esa era la razón por la que vivía en Madrid con sus padres, ya que era viuda. Ese coche de caballos partió con destino a Francia.

El segundo coche de caballos estaba destinado al infante Francisco de Paula. Éste era un joven de unos 14 años y se hallaba enfermo. Así que, cuando le dijeron que tenía que irse, se puso a llorar. Algo que oyeron los que estaban en la calle.

Un cerrajero del bando fernandino, llamado José Blas Molina y Soriano, de unos 35 años, se puso a gritar: “¡Traición, traición! ¡Se han llevado al rey y se quieren llevar a todas las personas reales! ¡Mueran los franceses!”.

Incluso, un militar se asomó a un balcón, gritando que se iban a llevar al infante. Eso enardeció a aquella masa e hizo que algunos cortaran las riendas a los caballos.

Curiosamente, un hijo de este infante fue Francisco de Asís, el marido de Isabel II.

Murat envió a algunos de sus generales a comprobar la situación. Posteriormente, envió soldados y cañones, que se pusieron a disparar sobre los allí congregados. Algo que no había ocurrido nunca en los motines habidos en España. Incluso, mataron a varios funcionarios del Palacio Real.

El mencionado cerrajero fue el que condujo a la gente allí congregada hacia el Parque de Artillería de Monteleón, donde sabía que se custodiaba abundante armamento y munición.  Supongo que también sabría que allí estaba destinado el capitán Daoiz, que también era del partido fernandino.

Mientras tanto, Murat dio la orden de que entrasen en Madrid varias unidades acuarteladas en los alrededores. Esto dio lugar a que muchos civiles se enfrentasen con ellos sin apenas armas. Bloqueando las entradas de los cuarteles de los franceses. Incluso bloquearon la entrada por la Puerta de Toledo, lanzándose con grandes navajas hacia los caballos de los coraceros.

Mientras tanto, en Madrid había unos 8.000 militares. Sin embargo, la inmensa mayoría no hizo nada por defender al pueblo, siguiendo las instrucciones del capitán general Negrete.

Hubo quien lanzó, desde ventanas y balcones, todo tipo de objetos sobre los soldados franceses. Así que el inútil del general Grouchy, que hizo perder a Napoleón en Waterloo, se dedicó a enviar a sus soldados a esas casas y pasar a cuchillo a sus moradores.


Incluso, Murat, publicó un bando en el que advertía que podría incendiar las casas desde las que les lanzaran cosas a sus soldados.

Mesonero Romanos en su obra “Memorias de un setentón”, comenta que a uno de sus vecinos se le ocurrió disparar una vez desde su ventana contra los franceses. Estos le respondieron de la misma forma y luego marcaron, con sus bayonetas, la puerta principal del edificio con una X.

Por ello, los padres de Mesonero decidieron trasladarse a la casa de unos amigos hasta que pasaran estos tumultos. Por si se les ocurría incendiarles la casa. Cosa que no ocurrió.

Curiosamente, los presos que había en la cárcel de la corte, hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, le pidieron al alcaide que los dejara salir para participar en los combates, con la promesa de regresar. Respetaron lo prometido y sólo escapó uno.

En la Puerta del Sol se desarrolló un combate feroz, donde intervinieron fuerzas de Artillería y la Caballería de los mamelucos. Estos últimos sufrieron muchas bajas.

A primera hora de la mañana, el teniente de Artillería Rafael Arango llegó a su destino en el Parque de Monteleón. A mediodía llegó el capitán Daoiz y, un poco más tarde, el capitán Velarde.

Muy cerca de allí, en San Bernardo, estaba el cuartel de los Voluntarios del Estado. El coronel de ese regimiento, Esteban Giraldez Sanz y Merino, que era un afrancesado, no quiso enviar tropas a Monteleón. Sin embargo, parece que le convencieron, diciéndole que era para proteger al cuartel de la llegada de la gente.

De esa forma, aceptó la salida de una compañía, al mando del capitán Goicoechea y con el famoso teniente Jacinto Ruiz. Lo primero que hicieron fue desarmar a los 60 franceses, que guarnecían el parque.

No voy a dar los detalles del asalto al Parque de Monteleón, porque ya los he dado en otro artículo anterior.

Tras la rendición, los Voluntarios se retiraron, dejando 8 muertos y llevándose 9 heridos.


Incluso, antes de la rendición, los franceses intentaron engañar a los artilleros, cuando un oficial francés se presentó ante ellos, diciéndoles que ellos eran compañeros de armas y la misión de ambos era combatir contra los civiles.

Como el Parque no se podía defender desde sus muros, decidieron apostar a los civiles que sabían disparar en los balcones de las casas cercanas al cuartel. Luego, los franceses los echaron y dispararon desde allí hacia el cuartel.

Los heridos de ambos bandos fueron atendidos en el cercano convento de las Maravillas.

Murat quiso terminar pronto con ese foco de resistencia y ordenó un ataque con unos 2.000 hombres contra sólo unos 150, que todavía defendían Monteleón.

Hacia las 16.00, cuando el capitán general Saint Simón (un francés en el Ejército español) pidió que cesaran los combates, Daoiz estaba herido gravemente en una pierna y se apoyaba en un cañón, mientras que Velarde había muerto a causa de una bala que le alcanzó el pecho.


El general Lagrange se acercó a Daoiz para insultarle, en ese momento, éste se incorporó para atacarle con su sable, pero unos soldados franceses le atravesaron con sus bayonetas. Al cabo de muchos años, cuando se encontró la guerrera de Daoiz, se podían apreciar los agujeros de las bayonetas. No murió en el acto, sino unas horas más tarde, después de haber sido trasladado a su casa.

Daoiz y Velarde fueron enterrados, secretamente, en la iglesia de San Martín. Posteriormente, sus cadáveres fueron llevados a la Colegiata de San Isidro y, actualmente, sus cenizas reposan en la madrileña Plaza de la Lealtad.

Murat no se contentó con derrotar a los defensores del Parque, sino que dio la orden de fusilar a todos ellos. Incluso, sacaron a muchos heridos de sus camas para fusilarles. Por eso, muchos de ellos, como el teniente Ruiz, huyeron hacia diversos lugares de España.


Entre los defensores del Parque no sólo hubo hombres, sino también algunas mujeres, como Clara del Rey, con su marido y sus 3 hijos, y la joven Manuela Malasaña. Las dos murieron ese día. Sin embargo, dos de los hijos de Clara se salvaron. Ambas vivían muy cerca del Parque.

También hubo otras más, cuyos nombres no son tan famosos. Por ejemplo, María Beano, viuda de un oficial de Artillería, que decían que era la novia de Velarde. También la mataron.

A los franceses tampoco les tembló la mano a la hora de matar a los niños que les atacaron a pedradas. Igual que mataron a los que se asomaban a los balcones a mirar lo que pasaba. Todos tenían entre 8 y 12 años.

Sigo pensando que esta sublevación popular fue un acto organizado por el partido fernandino. De hecho, el propio Napoleón escribió a Murat, advirtiéndole de que había una sublevación en marcha, encabezada por el infante don Antonio, desde la Junta económica de Artillería, donde estaba destinado Velarde.

Esa misma tarde, varias autoridades españolas y francesas, recorrieron las principales calles de Madrid para pedir que cesaran los combates. La gente obedeció y se fue, confiadamente, a sus casas.

Sin embargo, Murat exigió la lista de los domicilios de los defensores del Parque. Luego dio la orden de detener a todos los que portaran armas blancas. En aquella época, era muy común llevar encima una navaja.

Los detenidos fueron llevados al actual edificio de la Comunidad de Madrid, en la Puerta del Sol, donde se les hacía un simulacro de juicio y luego, el general Grouchy, los mandaba fusilar.

Los franceses solían saquear las casas marcadas con una X en su puerta, antes de incendiarlas. Incluso, se llevaron a los criados de los nobles, propietarios de esas casas, para fusilarlos.

Los franceses fusilaron a sus víctimas, muchas de ellas inocentes, en diferentes lugares. Los principales fueron el Paseo del Prado, el patio de la iglesia del Buen Suceso (en la Puerta del Sol), en la Casa de Campo, en los alrededores de la actual Plaza de España, en la montaña del Príncipe Pío, en los muros de los Jerónimos, etc. Varios de los fusilados tenían menos de 18 años.

En la montaña de Príncipe Pío fueron fusilados 43 personas, cuyos cadáveres están depositados en el Cementerio de la Florida. Juan Suárez consiguió escapar y, gracias a él, conocemos lo ocurrido.

Como los franceses no autorizaron la retirada de los cadáveres hasta el día 12 de mayo, lo más práctico fue enterrarlos en una fosa común para evitar epidemias.

Afortunadamente, el Consejo de Castilla hizo varias gestiones a fin de que cesaran los fusilamientos y consiguieron convencer a Murat para pararlos.

La tarde del 2 de mayo, llegó el teniente Ruiz a Móstoles, donde se entrevistó con Juan Pérez Villamil, fiscal del Consejo Supremo de Guerra y secretario del Almirantazgo, que tenía una casa en ese pueblo. Fueron a hablar con Andrés Torrejón, alcalde de los nobles de Móstoles. En aquella época había un alcalde para los nobles y otro para los demás.

Le convencieron para que firmara un documento, donde, a falta de alguien de mayor autoridad, declarase la guerra a Francia. Ese documento fue llevado desde esa misma tarde a todas las localidades por donde pasa la actual autovía de Extremadura, para que hicieran copias y se difundiera por toda España.

Nunca se han conocido las cifras exactas de las bajas producidas en ambos bandos, durante los sucesos del 2 de mayo.

En el verano de ese año, se hizo un recuento de bajas españolas: 89 muertos y 52 heridos. Aunque se cree que fueron muchos más. Supongo que no incluirían los muchos fusilados a partir de ese día. Posteriormente, se dijo que fueron 400 muertos.

En cuanto a las bajas francesas, algún autor habla de 80 oficiales y 1.500 soldados muertos. Me parece una cantidad exagerada, porque los españoles apenas tenían armas de fuego.

Está muy claro que esto se les fue de las manos a ambos bandos. Supongo que iba a ser otro motín más de los que ya había habido antes en Madrid. Sin embargo, terminó con los terribles fusilamientos ordenados por Murat. Hay quien dice que los ordenó, siguiendo las instrucciones de Napoleón.

Hoy en día, el 2 de mayo es el día festivo de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, en su origen, fue decretado como día de luto nacional a perpetuidad.

En fin, reconozco que me ha quedado este artículo un poco largo, pero creo que el tema se lo merecía, porque esa gente dio su vida para que ahora podamos vivir en libertad.

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