ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 10 de mayo de 2026

EL PALACIO Y EL CUARTEL DE MONTELEÓN

 

 

Hoy voy a complacer a algunos de mis lectores, que me han pedido más datos sobre este edificio y los hechos que ocurrieron en él.

En 1690, cuando se empieza a construir el palacio, ya había allí una especie de casa de campo, pues estaba a las afueras de Madrid, propiedad de los marqueses de Tejada. Justo al lado se hallaba el Convento de las Maravillas.

Así que, en ese año, los marqueses de Tejada vendieron ese edificio, junto con un terreno de labor, que luego fue ampliado, a los duques de Monteleón.

Monteleón puede parecer un nombre español. Sin embargo, era un título, otorgado por el emperador Carlos V, en el reino de Nápoles. También tiene el mismo origen el ducado de Terranova. No tiene nada que ver con ese territorio americano.

Desde comienzos del siglo XVII se van entroncando varios miembros de la familia de Hernán Cortés, comenzando por su sobrina Estefanía, con los de la familia italiana Pignatelli.


Los primeros tenían, entre otros títulos el marquesado del Valle de Oaxaca y los segundos eran duques de Monteleón y de Terranova. Eso hizo que se unieran dos grandes fortunas.

También los Cortés estaban emparentados con el Gran Capitán, por lo que, igualmente, ostentaban el título de marqueses de Montalbán.

Por eso mismo, cuando los Monteleón compraron ese edificio con su inmenso solar anexo, lo primero que hicieron fue demolerlo para construir algo más lujoso y, para ello, utilizaron los fondos de sus inmensas propiedades en México.

Así fue construido un lujoso palacio de estilo churrigueresco, por donde pasaron importantes personajes de la historia de España. Se calcula que el palacio y los jardines ocupaban una extensión de 54.000 m2.

Si se quiere comparar, el terreno de un campo de fútbol sólo ocupa una extensión de 5.000 m2.

Como siempre fueron unos nobles muy cercanos a la Casa Real, cuando comenzó el reinado de Fernando VI, Isabel de Farnesio, viuda de Felipe V, estuvo viviendo varios años en ese palacio, mientras acababan de construirle el suyo en Riofrío.

Los que pudieron contemplar el lujo de ese palacio nos informaron que los techos estaban cubiertos con frescos. Había muchos tapices, alfombras, los braseros eran de plata y había gran cantidad de objetos de cristal de roca, porcelana, etc.

Aparte de las estatuas colocadas en el jardín, tenía una escalera, que algunos comparaban con la del Escorial. Nos podemos hacer una idea de cómo era su fachada, gracias a este dibujo de Valentín Carderera.

También podemos ver la extensión de esta propiedad en la maqueta de León Gil de Palacio, si miramos en la parte de arriba de la foto. Esta maqueta está expuesta en el Museo de Historia de Madrid.

Desgraciadamente, parte de ese lujo se perdió durante un incendio ocurrido en 1723, cuando había sido alquilado para instalar allí la Embajada del Reino Unido en España.

En 1803, parece ser que los duques de Monteleón decidieron regresar a Italia y Godoy decidió comprar ese edificio.

Como era tan grande, una parte del mismo lo dedicaron a Museo militar, el cual fue abierto al público en 1805.

 En la otra parte, instalaron un parque de Artillería y un arsenal para las unidades militares, que había en Madrid.

Ahí es donde, en 1808, encontramos al capitán Luis Daoiz. Siempre me ha llamado la atención que un militar con 40 años sólo fuera capitán. En alguna parte, he leído que había tenido algunos roces con sus superiores y, por ello, es posible que lo hubieran destinado a una unidad tan secundaria como esa.

No obstante, no hay que olvidar que la mayoría de los oficiales de Artillería solían ascender más lentamente que los demás, porque, cuando salían de la Academia, juraban no aceptar ningún ascenso por mérito de guerra.

Lo cierto es que en ese parque de Artillería sólo había una guarnición de 17 militares, incluyendo oficiales y suboficiales. No obstante, como los franceses no se fiaban de nadie, destinaron allí una tropa de 80 soldados.

Yo también soy de los que piensan que el 2 de mayo de 1808 fue un intento de sublevación, que fracasó debido a que los generales, que eran estómagos agradecidos, no quisieron enfrentarse a los franceses y acataron las órdenes de la Junta Suprema y el Consejo de Castilla, impidiendo la salida de sus tropas a la calle.

No obstante, hasta allí acudieron otros militares no destinados en ese parque, como el teniente de Infantería Jacinto Ruiz o los capitanes de Artillería Vicente Goicoechea, Pedro Velarde y Rafael Arango. Incluso, también un fue un marino: Juan van Halen y un capitán de la Guardia Real, Rafael de Ezeta.

Jacinto Ruiz, a pesar de estar enfermo, se presentó en su cuartel y logró convencer a su coronel para que le permitiese salir con una compañía de Voluntarios del Estado (los de la casaca blanca) para “imponer el orden”. Sin embargo, lo primero que hizo fue apresar a esos 80 franceses y meterlos dentro del cuartel.

Luego vino aquella masa de gente, que venía pidiendo armas para defenderse ante el mejor Ejército de aquella época.

Aunque se sabe que Daoiz y Velarde, que ya se conocían por haber estado en otros motines a favor de Fernando VII, y haberse reunido antes de esta fecha para organizarlo todo, parece ser que discutieron sobre la posibilidad de hacer frente a los franceses.

Ciertamente, Daoiz, que era mayor y más prudente, no lo veía nada claro, pero fue Velarde el que le animó a resistir, repartiendo armas al pueblo.

Sólo tenían media docena de cañones y pocos artilleros. El cuartel era una ratonera, porque, aunque tenía unos altos y gruesos muros, no disponía de adarves para poder disparar desde arriba.

Sin embargo, ya había algunos edificios altos cerca del cuartel y, tras sufrir los franceses sus primeras bajas, lo que hicieron fue subirse a los balcones y azoteas para disparar sobre los defensores.

Parece que los franceses se tomaron muy en serio la toma del parque de Artillería y, para ello, destinaron nada menos que a 1.500 soldados de los más veteranos. En cambio, dentro del cuartel sólo había unos 400 defensores, entre civiles y militares.

Todo esto lo contó Rafael Arango en su informe, escrito pocos años después de estos hechos. Precisamente, fue el que más insistió en que se erigiera, en ese lugar, un monumento a Daoiz y Velarde. Arango estaba destinado en ese parque de Artillería.

Curiosamente, el conde de Toreno se basó en su informe para narrar los hechos ocurridos aquel lunes 2 de mayo de 1808.

Tanto Arango como Ezeta o Hezeta fueron militares nacidos en Cuba.

Según cuenta Arango, muchos civiles no quisieron utilizar los fusiles, porque no sabían usarlos. Por el contrario, prefirieron las espadas y colocaron las bayonetas en palos.

En un principio, colocaron 4 piezas de Artillería en la puerta de entrada y luego pusieron dos más apuntando hacia los lados.

Por lo visto, el teniente Ruiz fue alcanzado por una bala en el hombro izquierdo y otra en la espalda. Aún así, siguió combatiendo hasta que cayó desmayado, debido a que se estaba desangrando.

En cambio, los franceses optaron por colocar sus piezas de Artillería enfrente de la iglesia de Montserrat, para disparar sin ser localizados con facilidad.

Parece ser que, cuando un capitán español fue con una bandera blanca a parlamentar con los franceses, un artillero, también español, que no había oído la orden de alto el fuego, disparó su cañón, causando muchas bajas entre los franceses.

Por lo visto, se trataba del capitán Melchor Álvarez, el cual portaba una bandera blanca y venía de parte del capitán general. Les dijo a los defensores que el general Negrete estaba muy enfadado con ellos y que se rindieran. Eso no gustó nada a los defensores.

Según cuenta Arango, ya sólo quedaban unos 30 españoles ilesos dentro del cuartel, así que decidieron retroceder hacia el interior. Ahí fue cuando Velarde fue alcanzado por una bala en el pecho, que le ocasionó la muerte inmediatamente.

Dicen que el general francés le gritó a Daoiz, que iba a tener el mismo fin que su amigo. Eso enfureció a este capitán, que, a pesar de estar herido en una pierna, desenvainó su sable y echó a correr hacia el general. No lo alcanzó, porque se interpusieron unos soldados franceses, que le clavaron sus bayonetas en el pecho.

Precisamente, hace pocos años, cuando se sacó su uniforme de la caja donde lo habían depositado, se pudo ver la marca de las dos heridas. No llegaron a matarlo en ese momento, pero moriría poco después.

Los combates terminaron cuando Daoiz cayó al suelo herido de muerte. Lo atendió un médico militar francés y luego lo llevaron a su casa, donde murió.

Poco después, apareció por allí un general ya retirado. Se trataba del general Claude de Rouvroy y de Pineau, marqués de Saint Simón, de origen francés, pero que había luchado en el Ejército español. Él y el capitán Cónsul negociaron las condiciones para la rendición del parque.

A Arango le dijeron los franceses que se quedara a controlar la situación del cuartel. No obstante, dejaron allí a unos 500 soldados franceses.

Como Arango no tenía muy claro lo que iban a hacer con él, cuando llegó la tarde, pidió permiso para ir a comer algo a su casa, prometiendo regresar. Se lo dieron y así aprovechó para escapar fuera de Madrid. Luego participó en varias batallas de la guerra.

No hay que olvidar que estos militares estaban entre dos fuegos. Uno era el de los franceses, que estaban deseando tomar represalias, aunque muchos de ellos alabaron el valor de los combatientes españoles. No hay que olvidar que les causaron unas 400 bajas. Por otro lado, el Consejo de Castilla había presionado para que los sometieran a unos consejos de guerra, que les podrían haber llevado al fusilamiento. Como les ocurrió a algunos militares.

Esa misma tarde, Murat publicó un bando en el que ordenaba que
se fusilara a todos los que hubieran intervenido en esa sublevación. Sin distinción entre hombres, mujeres o niños. Militares o civiles.

Esto cambió la cuestión. Hasta entonces, los militares españoles, que siempre habían sido utilizados para luchar contra los motines, vieron que los franceses les estaban haciendo su trabajo. Sin embargo, nunca se había fusilado a los participantes en un motín, a pesar de que los militares solían disparar contra los amotinados. No obstante, las autoridades preferían la represión de los amotinados a que se produjera aquí otra Revolución Francesa.

Por ello, unas horas más tarde, los soldados franceses se presentaron en los sitios, que estaban sirviendo como hospitales, como el convento de las Maravillas o el de Montserrat, y se llevaron a rastras a los heridos para fusilarlos. Quizás eso fue lo que dio lugar a que los militares empezaran a tomar cartas en este asunto.

Conclusión. Creo que los fernandinos quisieron montar una sublevación, contando con que todos los militares españoles la iban a secundar, pero se equivocaron y, como siempre, quien más perdió fue el pueblo. De hecho, los franceses respetaron las vidas de muchos militares prisioneros, pero no las de los civiles.

Curiosamente, se ha erigido en el islote de la Cabrera un monumento a los soldados franceses prisioneros, que murieron allí, los cuales habían participado en la batalla de Bailén. Sin embargo, yo no he visto ninguno dedicado a los héroes civiles del dos de mayo.

Hoy en día, los militares españoles celebran con desfiles aquel acontecimiento del dos de mayo, que marcó el comienzo de la guerra de la Independencia. Sin embargo, no recuerdo que, desde entonces, los militares españoles se hubieran disculpado por no hacer nada por defender a su pueblo, ante un Ejército enemigo.

Curiosamente, están homenajeando a unos militares que no quisieron acatar las órdenes de sus mandos y además armaron al pueblo.

A la vista de esto, se me ocurre pensar ¿qué ocurriría si Marruecos invadiera militarmente Ceuta y Melilla, los civiles se rebelaran y a los militares españoles les dieran la orden de no hacer nada?

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