Hoy voy a complacer a algunos de
mis lectores, que me han pedido más datos sobre este edificio y los hechos que
ocurrieron en él.
Así que, en ese año, los
marqueses de Tejada vendieron ese edificio, junto con un terreno de labor, que
luego fue ampliado, a los duques de Monteleón.
Monteleón puede parecer un nombre
español. Sin embargo, era un título, otorgado por el emperador Carlos V, en el
reino de Nápoles. También tiene el mismo origen el ducado de Terranova. No
tiene nada que ver con ese territorio americano.
Desde comienzos del siglo XVII se van entroncando varios miembros de la familia de Hernán Cortés, comenzando por su sobrina Estefanía, con los de la familia italiana Pignatelli.
Los primeros tenían, entre otros títulos el marquesado del Valle de Oaxaca y los segundos eran duques de Monteleón y de Terranova. Eso hizo que se unieran dos grandes fortunas.
También los Cortés estaban
emparentados con el Gran Capitán, por lo que, igualmente, ostentaban el título
de marqueses de Montalbán.
Por eso mismo, cuando los
Monteleón compraron ese edificio con su inmenso solar anexo, lo primero que
hicieron fue demolerlo para construir algo más lujoso y, para ello, utilizaron
los fondos de sus inmensas propiedades en México.
Así fue construido un lujoso
palacio de estilo churrigueresco, por donde pasaron importantes personajes de
la historia de España. Se calcula que el palacio y los jardines ocupaban una
extensión de 54.000 m2.
Si se quiere comparar, el terreno
de un campo de fútbol sólo ocupa una extensión de 5.000 m2.
Los que pudieron contemplar el
lujo de ese palacio nos informaron que los techos estaban cubiertos con frescos.
Había muchos tapices, alfombras, los braseros eran de plata y había gran
cantidad de objetos de cristal de roca, porcelana, etc.
Aparte de las estatuas colocadas
en el jardín, tenía una escalera, que algunos comparaban con la del Escorial.
Nos podemos hacer una idea de cómo era su fachada, gracias a este dibujo de
Valentín Carderera.
También podemos ver la extensión
de esta propiedad en la maqueta de León Gil de Palacio, si miramos en la parte
de arriba de la foto. Esta maqueta está expuesta en el Museo de Historia de
Madrid.
En 1803, parece ser que los duques
de Monteleón decidieron regresar a Italia y Godoy decidió comprar ese edificio.
Como era tan grande, una parte
del mismo lo dedicaron a Museo militar, el cual fue abierto al público en 1805.
En la otra parte, instalaron un parque de
Artillería y un arsenal para las unidades militares, que había en Madrid.
No obstante, no hay que olvidar
que la mayoría de los oficiales de Artillería solían ascender más lentamente
que los demás, porque, cuando salían de la Academia, juraban no aceptar ningún
ascenso por mérito de guerra.
Lo cierto es que en ese parque de
Artillería sólo había una guarnición de 17 militares, incluyendo oficiales y
suboficiales. No obstante, como los franceses no se fiaban de nadie, destinaron
allí una tropa de 80 soldados.
Yo también soy de los que piensan
que el 2 de mayo de 1808 fue un intento de sublevación, que fracasó debido a
que los generales, que eran estómagos agradecidos, no quisieron enfrentarse a
los franceses y acataron las órdenes de la Junta Suprema y el Consejo de
Castilla, impidiendo la salida de sus tropas a la calle.
Jacinto Ruiz, a pesar de estar
enfermo, se presentó en su cuartel y logró convencer a su coronel para que le
permitiese salir con una compañía de Voluntarios del Estado (los de la casaca
blanca) para “imponer el orden”. Sin embargo, lo primero que hizo fue apresar a
esos 80 franceses y meterlos dentro del cuartel.
Aunque se sabe que Daoiz y
Velarde, que ya se conocían por haber estado en otros motines a favor de
Fernando VII, y haberse reunido antes de esta fecha para organizarlo todo,
parece ser que discutieron sobre la posibilidad de hacer frente a los franceses.
Ciertamente, Daoiz, que era mayor y más prudente, no lo veía nada claro, pero fue Velarde el que le animó a resistir, repartiendo armas al pueblo.
Sólo tenían media docena de
cañones y pocos artilleros. El cuartel era una ratonera, porque, aunque tenía
unos altos y gruesos muros, no disponía de adarves para poder disparar desde
arriba.
Sin embargo, ya había algunos
edificios altos cerca del cuartel y, tras sufrir los franceses sus primeras
bajas, lo que hicieron fue subirse a los balcones y azoteas para disparar sobre
los defensores.
Parece que los franceses se
tomaron muy en serio la toma del parque de Artillería y, para ello, destinaron
nada menos que a 1.500 soldados de los más veteranos. En cambio, dentro del
cuartel sólo había unos 400 defensores, entre civiles y militares.
Todo esto lo contó Rafael Arango
en su informe, escrito pocos años después de estos hechos. Precisamente, fue el
que más insistió en que se erigiera, en ese lugar, un monumento a Daoiz y
Velarde. Arango estaba destinado en ese parque de Artillería.
Tanto Arango como Ezeta o Hezeta
fueron militares nacidos en Cuba.
Según cuenta Arango, muchos
civiles no quisieron utilizar los fusiles, porque no sabían usarlos. Por el
contrario, prefirieron las espadas y colocaron las bayonetas en palos.
En un principio, colocaron 4
piezas de Artillería en la puerta de entrada y luego pusieron dos más apuntando
hacia los lados.
En cambio, los franceses optaron
por colocar sus piezas de Artillería enfrente de la iglesia de Montserrat, para
disparar sin ser localizados con facilidad.
Parece ser que, cuando un capitán
español fue con una bandera blanca a parlamentar con los franceses, un
artillero, también español, que no había oído la orden de alto el fuego,
disparó su cañón, causando muchas bajas entre los franceses.
Según cuenta Arango, ya sólo
quedaban unos 30 españoles ilesos dentro del cuartel, así que decidieron retroceder
hacia el interior. Ahí fue cuando Velarde fue alcanzado por una bala en el
pecho, que le ocasionó la muerte inmediatamente.
Dicen que el general francés le gritó a Daoiz, que iba a tener el mismo fin que su amigo. Eso enfureció a este capitán, que, a pesar de estar herido en una pierna, desenvainó su sable y echó a correr hacia el general. No lo alcanzó, porque se interpusieron unos soldados franceses, que le clavaron sus bayonetas en el pecho.
Precisamente, hace pocos años,
cuando se sacó su uniforme de la caja donde lo habían depositado, se pudo ver
la marca de las dos heridas. No llegaron a matarlo en ese momento, pero moriría
poco después.
Los combates terminaron cuando Daoiz
cayó al suelo herido de muerte. Lo atendió un médico militar francés y luego lo
llevaron a su casa, donde murió.
Poco después, apareció por allí un general ya retirado. Se trataba del general Claude de Rouvroy y de Pineau, marqués de Saint Simón, de origen francés, pero que había luchado en el Ejército español. Él y el capitán Cónsul negociaron las condiciones para la rendición del parque.
A Arango le dijeron los franceses
que se quedara a controlar la situación del cuartel. No obstante, dejaron allí a
unos 500 soldados franceses.
Como Arango no tenía muy claro lo
que iban a hacer con él, cuando llegó la tarde, pidió permiso para ir a comer
algo a su casa, prometiendo regresar. Se lo dieron y así aprovechó para escapar
fuera de Madrid. Luego participó en varias batallas de la guerra.
No hay que olvidar que estos militares
estaban entre dos fuegos. Uno era el de los franceses, que estaban deseando
tomar represalias, aunque muchos de ellos alabaron el valor de los combatientes
españoles. No hay que olvidar que les causaron unas 400 bajas. Por otro lado,
el Consejo de Castilla había presionado para que los sometieran a unos consejos
de guerra, que les podrían haber llevado al fusilamiento. Como les ocurrió a
algunos militares.
se fusilara a todos los que hubieran intervenido en esa sublevación. Sin distinción entre hombres, mujeres o niños. Militares o civiles.
Esto cambió la cuestión. Hasta entonces,
los militares españoles, que siempre habían sido utilizados para luchar contra
los motines, vieron que los franceses les estaban haciendo su trabajo. Sin embargo,
nunca se había fusilado a los participantes en un motín, a pesar de que los
militares solían disparar contra los amotinados. No obstante, las autoridades
preferían la represión de los amotinados a que se produjera aquí otra
Revolución Francesa.
Por ello, unas horas más tarde,
los soldados franceses se presentaron en los sitios, que estaban sirviendo como
hospitales, como el convento de las Maravillas o el de Montserrat, y se llevaron
a rastras a los heridos para fusilarlos. Quizás eso fue lo que dio lugar a que
los militares empezaran a tomar cartas en este asunto.
Conclusión. Creo que los fernandinos quisieron montar una sublevación, contando con que todos los militares españoles la iban a secundar, pero se equivocaron y, como siempre, quien más perdió fue el pueblo. De hecho, los franceses respetaron las vidas de muchos militares prisioneros, pero no las de los civiles.
Curiosamente, se ha erigido en el
islote de la Cabrera un monumento a los soldados franceses prisioneros, que
murieron allí, los cuales habían participado en la batalla de Bailén. Sin embargo,
yo no he visto ninguno dedicado a los héroes civiles del dos de mayo.
Hoy en día, los militares
españoles celebran con desfiles aquel acontecimiento del dos de mayo, que marcó
el comienzo de la guerra de la Independencia. Sin embargo, no recuerdo que,
desde entonces, los militares españoles se hubieran disculpado por no hacer
nada por defender a su pueblo, ante un Ejército enemigo.
Curiosamente, están homenajeando
a unos militares que no quisieron acatar las órdenes de sus mandos y además armaron
al pueblo.
A la vista de esto, se me ocurre
pensar ¿qué ocurriría si Marruecos invadiera militarmente Ceuta y Melilla, los civiles se
rebelaran y a los militares españoles les dieran la orden de no hacer nada?
TODAS LAS IMÁGENES PROCEDEN
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