ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 20 de febrero de 2015

LEWIS WALLACE, UN ESCRITOR OLVIDADO CON UNA OBRA MUY CONOCIDA



Esta vez os traigo al blog a un tipo del que estoy absolutamente seguro que nadie me podría decir nada o casi nada. Se trata de Lewis Wallace.
Si algún listillo ha pensado que era el autor de Alicia en el país de las maravillas, no ha acertado, porque ese fue Lewis Carroll y, además, ese no era su verdadero nombre, sino un
seudónimo.
Está claro que el  nombre de este personaje, en principio, no os dirá nada, pero no conviene adelantar acontecimientos, porque, durante su vida, fue protagonista de unos hechos muy sonados.
Nació en 1827, en una ciudad de Indiana. Su padre era militar, aunque pronto dejó el servicio, para ser vicegobernador y luego gobernador de ese Estado.
Por parte materna, su abuelo fue juez de distrito y luego congresista. Así que se puede decir que vivía en una familia con una posición desahogada.
Me da la impresión de que sus problemas empezaron cuando, en 1833, falleció su madre, a causa de la tuberculosis,  y su padre volvió a casarse con una mujer sufragista y activa defensora de la abstinencia alcohólica.
En 1846, la guerra contra México le pilló estudiando Derecho. Así que lo dejó todo y se enroló en el Ejército, donde lo admitieron como teniente de Infantería. Muy a su pesar, la guerra duró tan poco que su unidad no necesitó entrar en combate. Así que, muy a su pesar, lo licenciaron al año siguiente.
Volvió a estudiar Derecho y en 1849 fue admitido en el Colegio de Abogados de su Estado, ejerciendo en Indianápolis. Dos años más tarde, fue elegido fiscal por un distrito de Indiana.
En 1852 se casó y tuvo un hijo, mudándose a la capital del Estado. No obstante, su carrera seguía avanzando a buen paso. También, durante esta época fundó un periódico.
En 1856 ya lo vemos elegido como miembro del Senado del Estado de Indiana.
Supongo que el buen nombre de su padre y de su familia materna le servirían para algo.
Su admiración por Lincoln le llevó a afiliarse al partido republicano. Así, al iniciarse la guerra civil, el nuevo gobernador de Indiana, que era también de ese partido, le encargó la organización de unas tropas, para combatir en el conflicto. A petición suya, le dieron el grado de coronel.
Como debía de ser un adicto a los uniformes, no se le ocurrió otra cosa que vestir a sus hombres como a los zuavos franceses, aunque les llamó la Guardia Montgomery. Los zuavos eran unas tropas galas procedentes de su colonia de Túnez y vestían a la usanza mora. Con ellos ya ganó una pequeña batalla y enseguida le ascendieron a  general de brigada. Se ve que, en esos tiempos, era más fácil ascender que ahora.
Además, como era el general más joven del Ejército, pues llegó a ser general con sólo 34 años, se puede ver en la foto que se dejó un bigote y una gran perilla, que le sentaban muy mal, por cierto, para no parecer tan joven. Igualmente, es posible que se retratara con la guerrera abierta para disimular que fuera tan delgado.
Actuó en varios frentes, siempre dentro del bando nordista, sin embargo, su actuación en la famosa batalla de Shiloh, ya como general de división, sigue siendo muy controvertida al día de hoy.
Parece ser que el general Grant le dio una orden verbal a un ayudante, para que se la transmitiera a Wallace, en otra parte del frente. El ayudante no la transcribió correctamente y el correo que se la llevó no pudo precisar qué camino debería tomar nuestro personaje con sus tropas para cumplir las órdenes de su jefe.
Lo cierto es que su bando ganó la batalla y él con sus tropas se dieron una buena  “paliza” intentando conectar por todos los medios con las tropas de Sherman, que estaban rodeadas. Parece ser que tomó un camino diferente del elegido por Grant y eso no le gustó nada a este general.
Al conocerse que las bajas fueron más cuantiosas de lo previsto, le echaron, en parte, las culpas a Wallace y, tras pasar por un consejo de guerra, con los testimonios en contra de Grant y su jefe, Hallek, fue enviado a la defensa de una plaza en la retaguardia. Algo que no le hizo ninguna gracia, pues lo que más le gustaba era la acción.
Su acción de guerra más celebrada tuvo lugar en un sitio llamado Monocacy, situado en Maryland y al norte de Washington.
Como se les habían colado por allí las tropas del general sudista Early, con unos 15.000 hombres, lo mandaron a Wallace para hacerle frente con sólo unos 5.800. Evidentemente, Wallace perdió esa batalla, pero, gracias a sus tácticas para hacer perder el tiempo al enemigo,
 logró que las tropas nordistas se reagruparan para defender la capital y poner en fuga a esas tropas sudistas. No hay que olvidar que, a pesar de estar en clara desventaja numérica, consiguió retener a ese ejército sudista durante 6 horas y luego retirarse ordenadamente a Baltimore.
En principio, parece ser que esa derrota no le gustó nada a Grant, por lo que le retiró el mando a nuestro personaje. Más tarde, enterado de que, gracias a él, se pudo salvar la capital, en dos semanas le devolvió el mando.
No obstante, Wallace, seguía muy dolido, pues su reputación se había resentido mucho tras su consejo de guerra por su actuación en Shiloh. Incluso, le pidió por carta a Grant que le echara una mano, pero éste se negó a hacerlo.
En la posguerra lo mandaron a otros destinos menores. Formó parte del tribunal que enjuició y condenó a los acusados de matar al presidente Lincoln. O sea, que sería uno de esos jueces que aparecen representados en la película “La conspiración”. Dirigida en 2011 por el conocido actor Robert Redford. Por cierto, una gran película.
También fue el presidente del tribunal que juzgó y condenó a muerte al capitán sudista Henry Wirz, que había dirigido un campo de concentración para prisioneros de guerra nordistas, en el que murieron varios miles de ellos a causa de las malas condiciones higiénicas y los malos tratos. Uno de los pocos casos, que hubo en esa guerra,  en los que se dictó una condena a muerte contra un militar.
Es preciso decir que Wallace conocía de primera mano cómo se vivía en esos campos de concentración, pues, durante unos meses,  fue director de uno de ellos en Ohio.
También fue enviado por su Gobierno  para entrevistarse con los líderes republicanos mexicanos a fin de negociar el apoyo de USA en su lucha por expulsar a los franceses y al emperador Maximiliano de México.
Incluso, firmó un acuerdo con Juárez para ser un general del ejército mexicano. En USA le fueron dando largas a su petición de baja del Ejército y, cuando llegó a México, se encontró con que no respetaron lo prometido y tuvo que regresar a USA.
En 1878, siguiendo la estela de su padre, fue nombrado gobernador del territorio de Nuevo México, que se había incorporado a USA en 1850 y que no fue reconocido como un Estado de la Unión hasta 1912. Parece ser que este nombramiento se debió a su apoyo para la candidatura del nuevo presidente Hayes.
Al llegar a ese puesto, se encontró, en varias de las zonas de ese territorio, con una situación,  de máxima violencia, por la acción de las bandas de pistoleros y saqueadores.
Uno de estos pistoleros fue Billy el niño. Éste había sido ya capturado una vez y
huyó. Fue capturado una segunda vez y también consiguió huir. Así que Wallace dio una orden de capturarlo vivo o muerto a cualquier precio y eso es lo que hizo el famoso sheriff Pat Garrett.
Parece ser que Wallace se reunió, en una ocasión, con Billy, cuando éste se hallaba encarcelado, y le prometió un indulto total si le daba a conocer los nombres de los asesinos de un abogado llamado Chapman.
Dicen que Billy aceptó ese trato y confesó. El problema es que el fiscal del distrito se negó a aceptar el convenio y Billy huyó de la cárcel, matando a algunas personas más. Por ello, el gobernador, ordenó que lo capturaran como fuera.
Como una buena película del Oeste, también tuvo Wallace problema con los indios, durante su mandato como gobernador.
Dado que, durante una temporada,  se dedicaron a asaltar los poblados de los blancos, provocando un montón de víctimas, organizó una milicia con la que consiguió apaciguarlos.
Es durante este periodo como gobernador, que acabó en 1881, cuando escribió su novela más conocida. Nada menos que Ben-Hur, en la que se basaron para rodar la famosa película del mismo nombre. Esa que suelen poner en la TV casi todos los años en Semana Santa. Ahora, seguramente, ya habréis visto todos la importancia de nuestro personaje de hoy.
Como no había estado nunca en Europa ni en Tierra Santa, se documentó durante sus visitas a la Biblioteca del Congreso, en Washington.
Al principio, cuando se editó en 1880, no se vendieron demasiados ejemplares, pero poco a poco fue ganando fama.
En 1900 se le reconoció como el libro americano más vendido durante el siglo XIX. Incluso, superó a la famosa obra “La cabaña del Tío Tom”. Esto les proporcionó muchos ingresos al autor y a sus herederos. Se ha ido reeditando continuamente,  desde entonces.
Al finalizar ese mandato, fue designado por el presidente USA, Garfield (no tiene nada que ver con el gato), para el puesto de embajador en Turquía, donde estuvo hasta 1885. Allí tuvo la ocasión de visitar Jerusalén e investigar sobre la caída de Constantinopla en manos turcas.
Parece ser que fue muy querido en la zona, por sus buenos oficios de arbitraje entre turcos e ingleses. Incluso, tras su cese, debido al nombramiento del nuevo presidente USA, Cleveland, que era demócrata, el sultán escribió a Washington pidiendo que siguiera en el cargo, pero no lo consiguió.
A finales del siglo XIX mandó construir un estudio junto a su residencia en Crawfordsville, Indiana, los cuales son en la actualidad, monumento histórico nacional.
También escribió otras obras, pero ninguna alcanzó la popularidad de Ben-Hur. Incluso, hasta una autobiografía, donde defendió su actuación durante la Guerra Civil. También confesó no haber pertenecido nunca a ninguna confesión religiosa, sin embargo, siempre creyó en la idea cristiana de Dios.
En 1898, cuando estalló lo que aquí llamamos la Guerra de Cuba, ofreció sus servicios a su Gobierno, pero no lo aceptaron. Hasta se presentó para alistarse como soldado raso, sin embargo,  fue rechazado a causa de su edad.
Murió en 1905, en su residencia de Crawfordsville.

martes, 17 de febrero de 2015

EDVARD BENES, UN POLÍTICO ATRAPADO EN UNA ETAPA MUY CONVULSA DE LA HISTORIA

Esta vez traigo al blog a un personaje muy controvertido, el cual, a pesar de que murió hace casi 70 años, todavía tiene partidarios y detractores.
Edvard Benes nació en 1884 en una pequeña localidad de Bohemia, en el seno de una modesta familia campesina. Creo que no hará falta indicar que esa región pertenecía, por entonces, al antiguo Imperio Austro-Húngaro.
Realizó sus estudios de Secundaria en el Gymnasium de Praga, donde se le consideró un estudiante muy brillante.
Posteriormente, mediante una beca, estudió Filosofía en la Universidad Carolina de Praga y luego completó sus estudios en París y Dijon, donde también estudió y se doctoró en Derecho.
Desde 1908 estuvo dando clases en la Academia Comercial de Praga, para pasar, en 1912, a hacerlo en la Universidad Carolina. También se dice que fue uno de los miembros fundadores del movimiento de los “boys scouts” en su país.
Al comenzar la I Guerra Mundial fue uno de los organizadores de un movimiento de resistencia a los Habsburgo, a fin de conseguir la independencia de su patria. Fue enviado a varios países, como Francia, USA o el Reino Unido, para intentar conseguir su apoyo y construir un país independiente en la posguerra.
Es muy curiosa la relación entre Checoslovaquia y USA. No sé si habrá en ese país muchos inmigrantes de estos dos países europeos, pero, lo cierto, es que siempre veo que han sido bastante bien acogidos. De hecho, consiguieron que el presidente Wilson fuera el que más apoyó a la independencia de Checoslovaquia.
Incluso, me estaba acordando ahora de que el célebre compositor checo, Antonin Dvorak, estrenó su obra más famosa, “la Sinfonía del Nuevo Mundo”, precisamente en Nueva York y en 1892. Concretamente,  ese año había llegado a esa ciudad atraído por un fabuloso contrato, firmado con una mecenas USA, llamada Jeannette Thurber, la cual le pagó un salario 25 veces mayor que el que cobraba en Praga.
Volviendo a nuestro personaje de hoy, entre 1916 y 1918 fue nombrado Secretario del Consejo Nacional de Checoslovaquia en París y, luego,  ministro de Relaciones Exteriores en el nuevo Gobierno provisional de la nueva Checoslovaquia.
Desde siempre, estuvo muy unido a Masaryk, padre, y juntos organizaron el reclutamiento de efectivos para configurar la Legión Checa, una unidad militar que luchó a favor de los aliados en la I Guerra Mundial. Al mando de esta gran unidad estuvo el general Stefanik, el otro puntal donde se basaba el movimiento para la independencia de Checoslovaquia.
 Es preciso aclarar que ambos se conocieron cuando Benes fue alumno de Masaryk en la Universidad Carolina de Praga.
Durante muchos años, fue ministro de Relaciones Exteriores de Checoslovaquia. Nada menos que entre 1918 y 1935. También llegó a ser presidente del Gobierno entre 1921-22.
Como lo que mejor se le daba era la política exterior, fue delegado checoslovaco en las conversaciones para el Tratado de Versalles, con el que finalizó la I Guerra Mundial.
También fue miembro, durante varios años, concretamente, desde 1923, de la Sociedad de Naciones, donde llegó a ocupar la presidencia, durante un  breve período, en 1935.
En este mismo período, fue uno de los organizadores de la llamada “Pequeña Entente”, una especie de alianza diplomática y militar, apoyada por Francia, y formada por Checoslovaquia, Hungría, Rumanía y Yugoslavia. Se inauguró en 1920 y era una especie de posible “segundo frente” contra Alemania y contra Hungría.

Seguramente, se formó como un contrapeso al poderío de varias potencias emergentes de esa zona, como fueron Italia, Alemania, Polonia y la URSS. Siempre estuvo muy unida a la Sociedad de Naciones.
No hay que olvidar que nuestro personaje siempre fue un elemento  muy relevante en las reuniones internacionales. Por eso, asistió a las conferencias de Génova, en 1922; Locarno, en 1925, La Haya, en 1930 y Lausana en 1932.
Durante toda su carrera política militó dentro de las filas del Partido Socialista de Checoslovaquia. Posteriormente, denominado Partido Nacional Socialista de Checoslovaquia, aunque no tuviera nada que ver con los nazis alemanes.
En 1935, tras la dimisión de Masaryk, como presidente de Checoslovaquia, fue relevado en ese cargo por Benes. Ahí es cuando empezaron sus problemas más graves.
El mundo se hallaba literalmente muy convulso. Se pueden citar como ejemplos la guerra en España, en China, en África, etc.
Desde 1933 gobernaba en Alemania un tal Hitler y, a pesar de que empezó su trabajo sin  irritar mucho a las demás potencias, ahora ya estaba en disposición de empezar a tocar las narices a todo el mundo.
Para empezar, consiguió que le dejaran organizar la votación de un plebiscito para saber si los ciudadanos del Sarre querían volver a pertenecer a  Alemania. No sólo se salió con la suya, sino que ganó la postura favorable a Hitler y esa región regresó a Alemania en 1935.
Por lo que se refiere a Austria, otra de sus zonas más codiciadas, el Gobierno alemán llevaba, desde 1933, con ganas de quedársela, pero no lograba encontrar una excusa creíble para hacerlo y sin que se le echaran encima los demás países.
Incluso, su posterior aliado en la II Guerra Mundial, Italia, le había prohibido hacerlo y le amenazó con enviar sus  tropas a Austria para impedirlo.
Increíblemente, a Hitler no le quedó otra que morderse la lengua, como le pasó, por entonces,  con otros países vecinos, como Polonia, porque aún no tenía la capacidad militar suficiente para enfrentarse a ellos. No olvidemos que Polonia tenía, por entonces,  uno de los ejércitos más numerosos de Europa.
En 1934, siguiendo con su conocida política de ampliar el espacio vital para los germánicos, no se sabe si sólo apoyó o también organizó un golpe de Estado en Austria, que, aunque fracasó estrepitosamente, tuvo como consecuencia principal la muerte del canciller Dolfuss.
El año 1938 fue trascendental para toda esta zona de Europa. Por una parte, como Hitler se vio con la capacidad militar suficiente como para atemorizar a sus vecinos, probó a hacerlo con Austria.
Esta vez se reunió en febrero con el canciller austriaco, Kurt Schuschnigg, y le dijo que, si no se unía Austria a Alemania iba a provocar una guerra civil allí, semejante a la que había por entonces en España. Conviene recordar que Alemania estaba financiando, desde hacía unos años,  cientos de atentados terroristas de los nazis en territorio austriaco.
Como el primer ministro vio que no podía gobernar en esas condiciones, y tampoco le dejaron organizar la votación de un plebiscito donde se decidiría sobre la independencia de Austria,      dimitió y dejó solo al presidente de la República, Miklas. A éste no le quedó más remedio que poner a un primer ministro nazi y así se consumó inmediatamente la anexión alemana.
Esta vez, la mirada de Hitler se puso sobre la región de los Sudetes, situada dentro de Checoslovaquia, pero fronteriza con Alemania. En ella vivían, desde la Edad Media,  más de un millón de personas de origen alemán, que habían conservado sus costumbres y su idioma.
Dado que estos ciudadanos de Checoslovaquia tenían ese origen germánico, Alemania, les ayudó a formar un partido nacionalista. Luego empezaron a realizar peticiones imposibles a Praga y, como, lógicamente, no se las aceptaron, pues Hitler “los envolvió bajo su manto”. Más o menos, lo que ya había hecho en Austria.
Las grandes potencias empezaron a mosquearse y esta vez se reunieron allí los delegados de Francia, la URSS y el Reino Unido. Los dos primeros apoyaron al Gobierno checoslovaco, pero sin demostrar mucho interés en el asunto. Los británicos se mostraron más conciliadores entre ambas partes.
Siguiendo con la política de apaciguamiento, los británicos firmaron en septiembre la cesión de varios de esos territorios a Alemania. Hitler aprovechó para exigir también otros territorios en Polonia y en Hungría.
Francia no podía definirse públicamente a favor de ese acuerdo, pues había firmado, previamente, otro  acuerdo de defensa con Checoslovaquia. También lo tenía la URSS, pero sólo si, primeramente, intervenía Francia.
No obstante, el 30/09/1938, se reunieron las cuatro partes involucradas (Francia, Reino Unido, Alemania e Italia) y firmaron los Acuerdos de Munich. Por supuesto, no invitaron a ningún delegado checoslovaco. Por eso, llamaron a estos acuerdos “acerca de nosotros, sin
 nosotros y contra nosotros”.
Unos días después se produjo esa famosa imagen, correspondiente al premier británico, Chamberlain, saliendo del avión con un papel en la mano. Como a los que acaban de estafar con el timo de la estampita. Ya se lo dijo Churchill un poco más tarde.
En un principio, el Gobierno checoslovaco, dio la orden de movilización general. No vayamos a pensar que el ejército alemán era infinitamente superior al checoslovaco. Desde Praga se había ido organizando en esos últimos años un ejército bien entrenado, que podía movilizar tranquilamente casi 1.300.000 hombres, bien equipados y con un buen armamento. No olvidemos que Checoslovaquia es un país donde ha habido siempre muchas fábricas de armas. Incluso, mucho mejores que las alemanas.
Además, los checos habían fortificado a conciencia la zona de los Sudetes y tenían allí sus mejores unidades militares y muchas de sus grandes fábricas.
En este caso, lo normal es que los alemanes, al final,  hubieran vencido, sin embargo, a costa de muchas bajas. Como les ocurrió luego en Polonia, aunque nunca quisieran reconocerlo.
Los checoslovacos sólo podrían haber vencido en el caso de que hubieran recibido a tiempo la ayuda de los aliados, pero nuestro personaje que, como ya habéis visto, tenía mucha experiencia en la política exterior, se dio cuenta enseguida de que no iban a mover un dedo para ayudarles.
Creo que el problema de los aliados era que guardaban muy malos recuerdos de la I Guerra Mundial y no tenían ningún interés en meterse en otro conflicto por el estilo y eso Hitler lo suponía. Por eso, habitualmente, solía jugar de farol y le salió bien hasta la invasión de Polonia. A la que tampoco ayudaron los aliados.
Volviendo al caso checoslovaco, Benes, como buen patriota, se opuso por completo a ceder ningún territorio de su país a otro. Los aliados le hicieron saber que, si no les cedía esos territorios a los alemanes, no querrían saber nada sobre el futuro de Checoslovaquia.
Incluso, los alemanes se permitieron presionar a los aliados para que consiguieran la dimisión de Benes, la cual se hizo efectiva el 05/10/1938. En su lugar, nombraron a otra persona más fácil de convencer que nuestro personaje. Se trataba de Emil Hacha. Otro político que tuvo una existencia muy azarosa desde que le nombraron para ese puesto y que tuvo un final muy trágico.
Además, Hitler, tras haber invadido de forma pacífica los Sudetes, forzó la situación promoviendo una insurrección  de tipo fascista en Eslovaquia, e invadiendo todo el país, con el argumento de apoyar a los eslovacos.
A finales de octubre de ese mismo año, Benes, se trasladó con su familia al Reino Unido, donde, ya en 1940,  fue reconocido como “presidente del Gobierno checoslovaco en el exilio”. Allí estuvo viviendo, junto a sus colaboradores más cercanos.
Permaneció como presidente, alegando que su dimisión había sido debida a un acto de coacción y no por voluntad propia, lo cual dejaba sin efecto ese acto.
Uno de sus mayores fracasos fue la llamada Operación Antropoide, la cual consistió en enviar unos comandos a su país para asesinar al líder nazi, que gobernaba el territorio en ese momento, Reinhard Heydrich.
En 1942, los comandos enviados lograron su objetivo, pero a costa de sus propias vidas y la de miles de checos que fueron asesinados por los nazis, a causa de la represión por este hecho.
Desde su lugar de exilio siguió organizando el futuro de su país. Por ello, en 1943, firmó una alianza con la URSS, seguramente, porque ya veía que le convendría llevarse bien con los rusos en la posguerra, pero le sirvió de poco.
Tras la sangrienta Insurrección de Praga, en mayo de 1945, Benes volvió a su país y fue confirmado como presidente por la Asamblea Nacional, hasta la elección de un nuevo presidente. En junio de 1946 fue elegido como nuevo presidente.
Todavía se discuten mucho los llamados Decretos Benes, promulgados por Benes durante el exilio y puestos en práctica al final de la II Guerra  Mundial, por los que millones de antiguos ciudadanos de Checoslovaquia, de origen alemán y húngaro, perdieron su nacionalidad y todos sus bienes.
Este tema es hoy en día muy controvertido, llegando algunos especialistas a considerarlo como una limpieza étnica, aunque ese concepto no existía en ese momento.
Lo que sucedió es que estas normas obligaron a una deportación masiva de estos ciudadanos, hacia Alemania y Hungría, sufriendo por el camino malos tratos y vejaciones de todo tipo. Incluso, provocó la muerte de muchos de ellos a manos de los checoslovacos.
Todavía hoy en día no se han aclarado estos temas, a pesar de que, tras la Caída del Muro, a muchos de ellos se les devolvió su nacionalidad,  sin embargo,  muchos descendientes de esos expulsados no han vuelto a recuperar sus bienes. Incluso, han tenido que acudir a la misma ONU, para que les apoyara en sus reivindicaciones.
A partir de 1947 se empezaron a ver los planes de Stalin para este país. Para empezar, consiguió meter a uno de los suyos, Klement Gottwald, como nuevo primer ministro.
La estrategia de los comunistas en todos los países del futuro Bloque Socialista, siempre fue meter a unos cuantos ministros de los suyos en el Gobierno. No hacía falta que fueran muchos, pero sí que controlaran los puestos estratégicos, como Defensa, Interior, Hacienda, etc.
La mayoría de sus ministros no comunistas dimitieron en protesta por la actuación de la policía, muy favorable para los comunistas. Esta situación la aprovechó Gottwald para exigir a Benes que aceptara un nuevo Gobierno, donde ya la mayoría era comunista.
A Benes no le quedó otra que ceder, pues los comunistas habían acumulado mucho poder y el Ejército Rojo aún estaba asentado en su país.
Las siguientes elecciones fueron todo un escándalo, para un país que siempre fue decididamente demócrata. A los votantes sólo se les permitió votar al Frente Nacional. Un partido donde la mayoría eran comunistas. Ya se sabe que los comunistas no deseaban “levantar la liebre”, denominando a las cosas por su nombre. Igual que siempre se llamaron en todos los países de ese Bloque  “partidos socialdemócratas” y cosas por el estilo.
El siguiente paso fue que la nueva Asamblea Nacional, dominada ya por los comunistas, creara una nueva constitución muy al gusto de Moscú. Como Benes se negó a promulgarla, tuvo que dimitir el 07/06/1948 y Gottwald le sucedió en su cargo.
Todos estos sucesos mermaron gravemente su salud y esto trajo como consecuencia que falleciera por causas naturales en su casa el 03/09/1948.

Esta vez reconozco que me ha quedado un poco largo este artículo, pero lo he creído necesario para poder explicar claramente la época en la que se desarrollaron estos hechos. Espero que os haya gustado.

viernes, 13 de febrero de 2015

EL FAMOSO ALMANAQUE GOTHA



Dado que hoy es San Valentín, me voy a salir de mi línea más habitual y voy a dejar de hablar de guerras, asesinatos, ejecuciones y todas esas cosas desagradables, que no le gustan a nadie. En su lugar, voy a escribir sobre un asunto mucho más mundano y agradable.
Esta vez, voy a dedicar mi artículo a hablar sobre una publicación que se hizo muy famosa durante varios siglos. Como trataba sobre la nobleza, pues sólo era famosa entre estos círculos. Hemos de suponer que al resto de las clases sociales les importaría un rábano, aunque luego veremos que no fue así. Desde luego, aunque una persona se pasara toda su vida presumiendo de nobleza, si no salía en ella, no era nadie.
Este Almanaque comenzó a publicarse nada menos que en 1764, en una ciudad llamada Gotha, situada en Turingia, la cual estaba por entonces dentro el Estado de Sajonia. De ahí viene su nombre.
Al principio,  se trataba de una publicación muy pequeña. Sólo tenía 20 páginas y estaban escritas en francés, que era el idioma oficial de aquella y de otras cortes europeas. Más tarde, también salió otra edición en alemán.
Supongo que, para rellenar un poco el libro, aparte de un detallado árbol genealógico de la Casa de Sajonia, también se podían encontrar en él un calendario astronómico, unas hojas para que los jugadores pudieran anotar sus ingresos y pérdidas en el juego y un boletín con la circulación del correo por el Principado.
Más adelante, le fueron añadiendo una serie de anécdotas más o menos curiosas, efemérides históricas y, como ya se le veía cierta vocación internacional, consejos sobre lugares donde comer y dormir por todo el continente europeo.
Incluso, ya se empezaron a publicar los datos demográficos de los países y la población que podría estar en edad militar.
Parece ser que se corrió la voz por las cortes europeas y pronto empezaron a aparecer en esa publicación otras casas reinantes en Europa.
En algunos sitios se llegó a utilizar esta revista para resolver problemas de protocolo, siguiendo las indicaciones que aparecían publicadas en ella. Por ello, cuando había discusiones sobre quién debería de ir delante de quién, muchos jefes de protocolo lo consultaban en sus páginas.
Como todo el mundo sabe, con la llegada de la Revolución Francesa, hubo muchos movimientos entre las monarquías europeas. Unos tuvieron que salir a escape y a otros ni siquiera se lo permitieron y los llevaron al cadalso.
Luego llegó Napoleón, el cual se empeñó en que su familia y sus amigos emparentaran con las dinastías más importantes de Europa.
Ahí se lo tuvieron que pensar mucho los del Gotha para poder colocar correctamente a esos recién llegados a las monarquías europeas.
Tras la época napoleónica, el Almanaque se dedicó casi por entero a la genealogía de las monarquías europeas, prescindiendo de otros datos de interés.
A partir de 1874, la revista experimentó un gran cambio. Ya no se iba a dedicar en exclusiva a las monarquías europeas y a la nobleza germánica. Ahora también aparecerán en sus páginas los miembros de las casas ducales de Rusia, Francia, Reino Unido e Italia. A partir de entonces va a ser el libro más consultado por la nobleza europea.
En 1890 se perfila la forma en la que va a permanecer hasta el final. Se va a dividir en 3 partes. La primera es un Anuario Genealógico. La segunda es un Anuario diplomático y estadístico, donde ya figurarán los principales gobernantes, diplomáticos y militares del mundo. La tercera parte consistiría en una relación de todos los reyes del mundo, relacionados según su edad. Incluso, se indicaba la fecha de su coronación y la del aniversario de cada monarca.
Dentro del primer apartado, que estudiaba la genealogía, que era el más importante, se abrían otros 3 donde se daban más detalles.
En ese primer sub-apartado se detalla la genealogía completa de las casas reinantes en esa época y también de las que han sido destronadas, tras el célebre Congreso de Viena, finalizado en 1815. Aquí, se puede considerar, que estaba la gente con la sangre más azul.
En el segundo sub-apartado aparecían exclusivamente los príncipes alemanes, cuyos títulos eran anteriores a la creación del Sacro Imperio. Estos gozaban del tratamiento de Alteza Serenísima, mientras que los que tenían unos títulos posteriores a esa fecha sólo podían ser llamados Alteza Ilustrísima.
En el tercer sub-apartado se podían contemplar los datos de los miembros del resto de las casas nobiliarias de Alemania. También las del Imperio Austro-Húngaro, así como las casas ducales de Reino Unido, Francia, Bélgica, Italia y España.
En el siglo XX aumentó este sub-apartado con la llegada de  los nobles,  con títulos concedidos por el Papa y los que tenían los muchos títulos que concedió Alfonso XIII. Dicen que este monarca encontró ahí una de sus mejores fuentes de financiación. Consistía en cobrar una pasta por cada título nobiliario. Todo un filón.

Incluso, se dice que muchos ricos extranjeros se dieron una vuelta por aquí, para conseguir uno de esos títulos, ya que los monarcas que gobernaban en sus respectivos países se negaban a hacerlo.
A veces, se daba el caso de que los miembros de pequeños principados aparecían en el Gotha con un linaje muy superior al que se les atribuía a otros de grandes potencias.
Eso les vino muy bien a los miembros de esas dinastías tan reverenciadas, como los Sajonia, pues consiguieron casarse con miembros de las familias reinantes de Reino Unido, Bélgica, Bulgaria y Portugal.
Como los redactores de esta revista eran muy conservadores, además de que se les consideraba insobornables, pues, cada vez que se producía un matrimonio morganático o desigual, “condenaban” a esa persona a salir del Almanaque o, lo que era casi peor, a ser relegada al último grupo.
A partir de las revoluciones liberales que recorrieron el suelo de Europa en 1848, las monarquías tuvieron que hacer grandes esfuerzos para poder continuar. Casi todas tuvieron que renunciar al absolutismo y ponerse al servicio de su pueblo.
Con el surgimiento de los nuevos ricos burgueses aumentó el número de las suscripciones, pues allí es donde debían buscar a un miembro de una familia importante para dar mayor lustre a su apellido y ennoblecerlo.
Era la época de los ricachones procedentes de Brasil, los armadores griegos, los industriales americanos y muchos más.
El siglo XX trae también otras modificaciones al famoso Almanaque. Aumenta el tamaño de la publicación. Cambia el color verde oliva de su portada por el carmesí. Incluso, sus páginas pasan de ser de papel grueso al fino papel Biblia. Es conveniente explicar que, por entonces, ya tenía 1.225 páginas en 2 tomos.
Se siguen publicando en sus páginas los retratos dibujados de los monarcas que se han casado el año anterior.
Ya en los años 20, se sustituyen estos dibujos por fotografías de los miembros de las casas reales y de los políticos importantes de cada país.
Tras la I Guerra Mundial desaparecen varias monarquías europeas. Luego, ya en los 30, también cae la monarquía española y todas las de los Balcanes.
En esos años el Almanaque fue sobreviviendo a duras penas, a pesar de que al régimen de Hitler no le gustaba nada esa publicación.
De todas formas, hay que decir que había “tortas” para que se publicara el nombre de
alguien en ese Anuario. Era la forma más efectiva de confirmar su nobleza.
También fue siempre y sigue siendo un buen instrumento de trabajo para los historiadores especializados en esa época.
A finales de la II Guerra Mundial, la zona donde se publicaba fue invadida por el ejército de la URSS. Todos sus archivos fueron incautados y destruidos y no se volvió a publicar más en esa ciudad.
A finales del siglo XX se ha vuelto a publicar un Almanaque parecido en Londres, estando apoyado por varios monarcas, entre ellos nuestro antiguo rey, Juan Carlos I.
Espero que os haya gustado y que paséis todos un feliz día de San Valentín.

martes, 10 de febrero de 2015

TOMÁS GARRIGUE MASARYK, EL CREADOR DE LA INDEPENDENCIA DE CHECOSLOVAQUIA



Esta vez voy a hablaros de un hombre que fue muy importante en la Europa de entreguerras, pero del que en España apenas se le ha dado importancia. No hará falta decir que en su país es una especie de héroe nacional.
Nuestro personaje nació en 1850, en Hodonin, una localidad de Moravia,  dentro del Imperio Austro-Húngaro. Por entonces estaba gobernado por el emperador Francisco José, esposo de esa emperatriz tan conocida, llamada familiarmente Sissi.
Perteneció a una familia muy humilde. Su padre era eslovaco y su madre, alemana. Trabajando ambos como criados en una hacienda.
Seguramente, como mucho, sólo podría haber llegado a ser un artesano. De hecho, aprendió varios oficios, como relojero, cerrajero, herrero, etc.
Como tenía buenas aptitudes para el estudio, consiguió acabar bachillerato con buenas notas y en 1872 pudo entrar en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Viena.
Tras una carrera meteórica, pues en 1876 ya era doctor, estuvo dando clases durante 2 años en la Universidad de Leipzig.
Allí conoció a una joven llamada Charlotte Garrigue, de nacionalidad USA, descendiente de unos hugonotes exiliados en ese país, con la cual coincidió, desde el principio,  en casi todo y se casaron en 1878. Incluso, él adoptó el apellido de ella. Algo muy infrecuente en esa época.
A la vuelta, el matrimonio se estableció en la capital imperial, Viena, donde Masaryk se dedicó por entero a la enseñanza, pero sólo durante 3 años. Allí conoció a buena parte de la interesante intelectualidad de la época.
En 1882 fue contratado como profesor extraordinario en la Universidad Carolina de Praga. En ese centro estuvo varios años dando clases de las materias propias de su carrera.
Allí tuvo algunos problemas por su actitud, por entonces, poco nacionalista y también muy igualitaria hacia todos sus alumnos. Sin importarle su cuna o el lugar de dónde procedían. Algo no muy habitual en su época.
El matrimonio también fue muy criticado por su conversión al protestantismo. Masaryk opinaba que el catolicismo se había convertido en la representación del absolutismo.
Fundó la revista literaria Athenaeum, desde la que criticó la autenticidad de unos manuscritos, que parecían medievales, pero que se llegó a demostrar que no eran auténticos. Aquí estaba en juego la búsqueda de una base para el nacionalismo checo, pero él defendió las razones científicas por encima de todo.
Por esa época, también colaboró en la primera enciclopedia universal que se publicó en el idioma checo.
Hacia 1890, nuestro personaje definía su opción política como el triunfo de lo que él denominaba el “realismo”, basado en las cosas probadas científicamente, frente a las fantasías que procedían de un mundo romántico.
Sus seguidores, llamados los realistas, ingresaron ese año en el partido nacional liberal, también conocido como el partido de los jóvenes checos. Su ideología era demócrata, liberal, regionalista y anticatólica.
Al año siguiente fue elegido diputado para el Consejo Imperial, que era el parlamento del imperio Austro-Húngaro y también para la Cámara de los países de la Corona checa. Todavía creía que el pueblo checo podría conseguir llegar a la democracia dentro de la monarquía austriaca
No obstante, en 1893, renunció a ambos puestos, para dedicarse más de lleno a su familia. Aparte de ello, los nacionalistas no le perdonaban que no estuviera de su parte y que defendiera a los judíos.
En 1899 se dio el caso del asesinato de una joven costurera checa y católica, cuyo cuerpo fue encontrado en un bosque y con el cuello degollado. Se culpó inmediatamente a un vagabundo de origen judío, Leopold Hilsner.
Como en el famoso Caso Dreyfuss, donde también se declaró culpable a otro judío, en esa ocasión ocurrió en Francia, nuestro personaje intervino para declarar que el proceso había estado lleno de arbitrariedades y debería de repetirse. Cosa que consiguió.
No obstante, aunque el acusado  fue condenado a muerte, la pena fue conmutada por el emperador, Francisco José.
Curiosamente, los otros dos vagabundos, que siempre acompañaban al procesado a todas partes, y que no eran judíos, nunca fueron acusados de nada.
Esta defensa tan vehemente de Hilsner le dio muchos quebraderos de cabeza a nuestro personaje e, incluso, pensó en mandar a su familia fuera del país, para protegerla de sus enemigos.
En 1913, dio a conocer sus opiniones  sobre las diferentes ideas políticas de su tiempo en su obra “Rusia y Europa”, donde criticaba tanto el comunismo, como el absolutismo, el antisemitismo y el clericalismo. También daba su apoyo a la lucha por la consecución de un mejor bienestar para las masas obreras.
Con la llegada de la I GM, su pensamiento se va decantando hacia un Imperio donde puedan subsistir sus diferentes  nacionalidades como regiones autónomas. Eso fue lo que publicó en su obra “Una nueva Europa: el punto de vista de los eslavos”.
En 1915, como vio que estaban en peligro su vida y la de su familia, se exiliaron en Ginebra, donde se posicionó hacia unas ideas más independentistas, pues, según él,  era la única forma de que triunfara el modelo de sociedad que  buscaba.
El 06/07/1915 dio un discurso en la Universidad de Ginebra, donde presentó su propuesta de lucha contra el Imperio de los Habsburgo. Precisamente, en esa fecha se conmemoraba la ejecución del líder religioso checo Jan Hus.
Más tarde, tras conversar con Edvard Benes y Milan Rastislav Stefanik, los tres crearon, en 1916, el Consejo Nacional Checoslovaco, para intentar llegar a la independencia en la posguerra, tras la ya previsible derrota del Imperio en la I GM.
Para atraerse a la opinión pública para su causa, crearon las famosas Legiones checoslovacas, unidades militares que lucharon durante la I GM en el bando de los aliados.
En 1917, tras la entrada de USA en la I GM, movilizaron a muchos emigrantes checos y eslovacos para que intentaran que la sociedad y el Gobierno USA apoyaran su causa.
Concretamente, los representantes de las 3 principales etnias de la futura
 Checoslovaquia, firmaron el acuerdo de unión el 30/05/1918 en Pittsburg (USA).
Después de llevar a cabo, durante varios años,  estas campañas de sensibilización en USA, consiguieron que el presidente Wilson se interesara por su causa y la apoyara públicamente.
Tras la guerra, el 28/10/1918, se proclamó la independencia de Checoslovaquia y el 14/11 del mismo año, Masaryk, fue elegido como primer presidente de la nueva república.
Gracias a su política y a su importante sector industrial, consiguió que Checoslovaquia fuera uno de los países que gozara de mayor prosperidad en el período de entreguerras.
Era habitual verlo pasear, por las mañanas,  a caballo por Praga. Vestido con una especie de uniforme gris con gorra y con el pelo y la barba completamente canosos.
Como siempre fue tan querido por la población, a pesar de que el mandato de un presidente debería durar sólo 7 años, con él hicieron una excepción, y le dejaron repetir 3 veces más.
Ya en 1935, cuando su salud estaba muy debilitada, renunció al cargo y se retiró de la vida pública. Le sucedió en el cargo Edvard Benes.
Murió el 14/09/1937, siendo considerado todavía hoy todo un héroe y una persona muy querida para los checos.
Desgraciadamente, tras la II GM, durante la pertenencia de Checoslovaquia al Bloque Comunista, el Gobierno del PCCH, intentó borrar todo vestigio de nuestro personaje. Para ello, borró su nombre de todos los libros y se dedicó a destruir todos los monumentos erigidos en su honor.
Precisamente, en la época del inicio del nuevo Gobierno con mayoría comunista se produjo la muerte de su hijo, Jan, el cual era ministro de Asuntos Exteriores del mismo. Su cuerpo fue
encontrado en el jardín del Ministerio, como si hubiera caído desde una ventana del edificio.
Como ya hemos podido comprobar por la Historia checa, esto debe de ser algo muy “común” en la ciudad de Praga.
Evidentemente, aunque nunca pudo ser probada su culpabilidad, todas las sospechas cayeron sobre los comunistas, pues al no tener éste la misma ideología, le consideraban un estorbo para llegar a alcanzar sus fines.
Los checos se inventaron un chiste en el que decían que el finado era una persona tan ordenada que, antes de tirarse, cerró la ventana.
Parece ser que, tras la vuelta a la democracia, unas investigaciones policiales checas en 2004 y 2006, probaron que había sido asesinado.
También me gustaría destacar el papel de su otra hija, Alice,  famosa socióloga, la cual, entre otras cosas creó un fondo de becas a nivel internacional para que pudieran estudiar las mujeres en la Universidad.
Afortunadamente, tras la Caída del Muro y la llegada de la nueva República Checa,  se ha recuperado la figura de nuestro personaje con el mismo esplendor que gozaba aún en vida.
En 1990, el Gobierno Checo creó la Orden de Tomás Masaryk, para premiar a las personas que hubiera tenido importancia para ese país. Incluso, se puede otorgar esta condecoración a título póstumo.
Espero que os haya gustado el homenaje que he hecho en este artículo a este personaje tan desconocido en España.