ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 21 de agosto de 2018

LA CHECA DEL CINEMA EUROPA, DE MADRID


En 1928, se construyó el Cinema Europa, que muy pronto sería uno de los mejores cines de Madrid. Estaba situado en la calle Bravo Murillo, 160, dentro del popular barrio de Cuatro Caminos y fue inaugurado en octubre de 1929.
Era un hermoso edificio de estilo modernista, aunque también, en su fachada, se pueden apreciar algunos detalles expresionistas.
Lo cierto es que sus propietarios no habían escatimado en cuanto a la instalación de avances técnicos y recursos para ofrecer una mayor comodidad a los espectadores. En su momento, se le calificó como el mejor cine de Madrid.
Parece ser que siempre tuvo mucho éxito. Casi siempre estaba lleno. Aparte de eso, a principios de los años 30, también alquilaban el local para realizar sesiones políticas en horario de mañana.
Eso provocó que, en varias ocasiones, tuviera que actuar la Policía para separar a los partidarios y simpatizantes de diferentes fuerzas políticas, que solían pelearse en las inmediaciones del edificio.
Curiosamente, ese fue el local donde, en febrero de 1936, se estrenó el famoso “Cara al Sol”, himno de la Falange Española, que se hizo muy famoso durante la guerra y, posteriormente, durante el franquismo.
No obstante, ese cine sirvió para reuniones de otros partidos de diferente signo político, como las Juventudes Socialistas. De hecho, por allí pasaron oradores tan dispares como José Antonio, Unamuno, Pasionaria, etc.
De hecho, en abril de 1936, el dirigente comunista José Díaz pronunció un discurso en el que, entre otras cosas, dijo lo siguiente: “Nosotros somos republicanos y nuestra finalidad es una república como la de la Unión Soviética”.
También pasó por allí el famoso dirigente socialista Largo Caballero, que llegaría ser presidente del Gobierno. Entre otras cosas, dijo: “Antes de la República, nuestro deber era traer la República, pero, establecido este régimen, nuestro deber es traer el socialismo”. Evidentemente, el PSOE de entonces estaba más escorado a la izquierda que el de ahora.
Este mismo político, en otro de sus discursos, llegó a decir: “…la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo y que, como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución.”
En otro mitin en el Cine Europa dijo lo siguiente: “…la transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas. Estamos hartos de ensayos de democracia”.
Otro botón de muestra, correspondiente a otro discurso del mismo orador: “…si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada”. Por si alguno albergaba alguna duda al respecto.
Al estallar la Guerra Civil, este local, como otros muchos de Madrid, fue ocupado por la CNT, con el fin de utilizarlo como cuartel para sus Milicias. También ocuparon, para ese mismo fin, el cercano Colegio Jaime Vera.
Felipe Sandoval quedó a cargo del grupo que tenía su sede en este edificio, que se convirtió en el Ateneo Libertario de Tetuán. Había nacido en 1886 en Madrid, en un barrio cercano a la

actual zona de Pirámides. Pasó su infancia en un orfanato. Posteriormente, trabajó como albañil, siendo también un antiguo pistolero de la FAI. Así que era muy conocido por la Policía. Incluso, también cometió varios atracos a Bancos. Su apodo era “Doctor Muñiz”.
En cierta ocasión, acaparó las portadas de los periódicos, pues había sido detenido y consiguió huir de la prisión, tras atacar y herir a un funcionario de la misma. Posteriormente, fue capturado y encarcelado de nuevo.
Curiosamente, al llegar el Frente Popular al Gobierno, se dio la orden de excarcelar a muchos presos comunes que fueran simpatizantes de los partidos que formaban ese grupo político. En el caso de Sandoval, debía ser tan peligroso que lo dejaron más tiempo en la cárcel, pensando si sería conveniente que saliera a la calle.
Así que, a su salida de la Cárcel Modelo, se dio la paradoja de que un peligroso delincuente se vio convertido en uno de los jefes de la Policía.
Parece ser que fue muy amigo de Juan García Oliver, un dirigente catalán de la CNT-FAI, al que conoció en 1926, durante el exilio de ambos en París. Éste también era muy conocido por la Policía por haber organizado un grupo de pistoleros, que se dedicaban a realizar atentados. Incluso, se dice que, en cierta ocasión, organizaron un atentado contra el rey Alfonso XIII.
Sin embargo, por ironías del destino, cuando el Gobierno republicano invitó a la CNT a entrar en el Consejo de Ministros, García Oliver, pasó a ser ministro de Justicia. Antes de eso, ya había sido consejero en el Gobierno de la Generalitat de Cataluña.
Por supuesto, nada más ocupar su nuevo puesto, su primera orden fue la de destruir todos los expedientes, donde figuraban los antecedentes penales. Por supuesto, entre ellos estaban también los suyos.
Volviendo al tema de hoy, a partir de entonces, se organizó en el sótano de ese lugar una de las checas más duras de todo Madrid. Eso ya es mucho decir, porque las otras más de doscientas que había en Madrid, habían puesto, en ese aspecto, el “listón” muy alto. Lo cierto es que esa checa fue una de las que más destacaron por su crueldad con los detenidos.
Hasta llegaron a torturar y matar a varios comunistas, que, aunque lucharan en el mismo bando, siempre se habían llevado muy mal con los anarquistas. Lógicamente, los comunistas, hicieron lo mismo con los anarquistas.
Incluso, las propias milicias, hacían prácticas de tiro en un solar vacío, situado detrás de ese edificio.
Supongo que todos sabréis que el fenómeno de las infames checas se dio en varias ciudades españolas y estuvieron funcionando entre julio y noviembre de 1936, cuando el Gobierno republicano y, especialmente, la Junta de Defensa de Madrid, ordenó que se fueran cerrando. Parece ser que
uno de los firmantes de ese Decreto fue Santiago Carrillo.
Precisamente, en ese mismo barrio, al comienzo de la guerra, se constituyó el famoso Quinto Regimiento de milicias. Formado mayoritariamente por comunistas, cuya sede estuvo en una iglesia de los Salesianos, situada en la calle Francos Rodríguez, 5. Fue el primer grupo organizado de milicias, que se formó para luchar en el frente.
Desgraciadamente, Madrid también fue la primera gran ciudad que fue bombardeada en muchas ocasiones utilizando la Aviación y también la Artillería. Sobre todo, contra blancos civiles, con el fin de atemorizar a la población.
En cambio, parece ser que, en Barcelona, los primeros objetivos de los milicianos de la CNT fueron los pistoleros a sueldo de la patronal, con los que habían mantenido frecuentes tiroteos durante los años anteriores a la Guerra Civil.
Hasta los mismos agentes soviéticos del NKVD, antecesora del KGB, se movieron por la España republicana como peces en el agua y tuvieron sus propias cárceles secretas, donde torturaron y mataron a líderes comunistas manifiestamente anti-estalinistas, como Andreu Nin, líder del POUM, al que ya dediqué otro de mis artículos.
A Sandoval también se le achaca ser el máximo responsable de un infame ataque a la Cárcel Modelo de Madrid. Parece ser que los miembros de su grupo tomaron posiciones en el tejado de ese edificio. Después, provocaron un incendio en el interior de ese centro y obligaron a los presos a salir al patio. Una vez allí, los ametrallaron sin piedad, provocando la muerte de muchos de ellos.
Posteriormente, se dedicaron a registrar los archivos de la cárcel, donde se hallaban recluidos unos 5.000 presos, con el fin de elegir a una serie de ellos para fusilarlos, sin juicio previo ni nada por el estilo. Incluso, se personaron por allí varias autoridades republicanas y no hicieron nada por evitarlo.
Entre los asesinados estaban el conocido político republicado Melquíades Álvarez; Martínez de Velasco, jefe del Partido Agrario; Julio Ruiz de Alda, piloto militar y uno de los fundadores de la Falange; Fernando Primo de Rivera, médico militar y hermano de José Antonio; el político Manuel Rico Avelló; el político y ex ministro republicano Ramón Álvarez Valdés; José María Albiñana, médico y político; el general Capaz, primer militar que ocupó el territorio de Ifni. Incluso, asesinaron a Enrique Matorras, un falangista, que antes había pertenecido al PCE y que había escrito un libro sobre su antiguo partido.
Además, el propio Sandoval, que había estado preso en varias cárceles, mató a varios funcionarios de prisiones, que había conocido anteriormente.
Parece ser que, en 1919, intentó escapar de una cárcel de Barcelona. Tras ser capturado de nuevo, recibió una gran paliza que le desfiguró para siempre el rostro. No sé si esos funcionarios estarían relacionados con ese suceso o fue una simple venganza. Ese fue el sentimiento que guió toda su vida.
Por supuesto, no se cortaron un pelo a la hora de atacar sedes diplomáticas de otros países, donde sabían que se habían refugiado muchos españoles y extranjeros amenazados por los milicianos.
La situación se tornó tan violenta que hasta se dio el caso de que unos guardias civiles que vigilaban el exterior de una de esas embajadas, pidieron asilo al embajador para ellos y sus familias. Así también pasaron a ser refugiados.
Incluso, se dio el caso de que, en cierta ocasión, el médico de la Cárcel Modelo de Madrid, viajaba dentro de un vehículo perfectamente identificado como perteneciente a la Embajada de Noruega. No obstante, Sandoval y su banda, lo pararon. Obligaron al médico a salir de ese vehículo y lo asesinaron allí mismo. En plena calle y a la vista de todo el mundo.
Incluso, algunos autores refieren el bombardeo de la Embajada Británica en Madrid, por parte de un avión republicano. No se sabe si lo hicieron como protesta por la inacción del Comité de No Intervención, presidido por los británicos. Afortunadamente, ese bombardeo no ocasionó ninguna víctima y tampoco tuvo ninguna repercusión diplomática.
Es más, supongo que, para coaccionar a los responsables diplomáticos extranjeros, en cierta ocasión, secuestraron a las tres hermanas del cónsul de Uruguay. Al día siguiente, los cadáveres de las tres jóvenes aparecieron tirados en una cuneta con signos claros de haber sido violadas y asesinadas. Consecuentemente, ese país suspendió sus relaciones diplomáticas con la II República.
A partir de diciembre de 1936, con motivo de la desaparición de las infames checas, Sandoval, pasó a ser un miembro del SIM con el encargo de atrapar a los llamados “quintacolumnistas”. Es decir, gente partidaria del bando nacional, que se había quedado en la zona republicana y que se dedicaban al espionaje o a realizar actos de sabotaje.
Por lo que se ve, como tantos miles de republicanos, intentó la huida por los puertos de Valencia o Alicante. Esta vez tuvo menos suerte, porque los barcos esperados nunca llegaron.
Parece ser que allí se vivieron momentos de pánico y desesperación y varios de los allí reunidos optaron por suicidarse, antes de caer en manos de los franquistas.
Los que permanecieron vivos fueron conducidos hasta la Plaza de Toros de Alicante. Allí estuvieron varios días encerrados hasta que los franquistas hicieron una selección con 101 presos, que consideraban más peligrosos, y fueron conducidos en camiones hacia Madrid.
A mediados de junio, llegaron a Madrid. Por lo visto, allí fueron llevados a una antigua comisaría de Policía, situada en la calle Almagro, 36, donde fueron interrogados. No les valió de mucho haberse deshecho de su documentación, porque, muchos de ellos, eran gente muy conocida por la Policía.
Parece ser que, tras sufrir torturas, delató a varios de sus compañeros. Podría ser eso lo que, presuntamente, le llevó a lanzarse por una ventana de esa comisaría. Lo que le provocó la muerte.
Incluso, algunos autores afirman que, a este hombre, al que siempre le gustaba vestir de negro, no le quedaba mucho de vida a causa de que estaba muy enfermo de tuberculosis.
Junto a Sandoval, también estuvo en esa misma checa otro famoso delincuente. Su nombre era Santiago Aliques Bermúdez. Tras el comienzo de la guerra fue liberado de la cárcel donde cumplía una pena por varios delitos.
Fue el encargado del infame “Grupo de Defensa”, que se encargó de organizar matanzas por todo Madrid. También estuvo implicado en la mencionada matanza de la Cárcel Modelo y en fusilamientos en el Cementerio de Aravaca. Posteriormente, estuvo en el frente como comisario de guerra. Tras el fin de la contienda, fue apresado, juzgado y ejecutado.
En la posguerra, el edificio del Cinema Europa, volvió a retomar su función como sala de cine, tras unas reformas para solucionar unos desperfectos ocasionados por el paso de la guerra.
Desgraciadamente, el cine tuvo que cerrar a finales de la década de los 80. Sin embargo, esta vez hubo suerte, porque, aunque los propietarios estaban empeñados en demoler el edificio para construir viviendas, el Ayuntamiento de Madrid, no lo permitió.
Así que a mediados de la década de los 90 se interesó por él un conocido empresario. Sin embargo, ya no volvería a ser una sala de cine, sino una gran tienda destinada a la exposición y venta de elementos para saneamientos, o sea, para el baño. Gracias a ello, el edificio se ha conservado de la forma más fiel posible a la que tenía en el momento en el que fue inaugurado.
Aunque parezca mentira, el Ayuntamiento de Madrid, encargó un estudio para recabar los nombres de todos los ejecutados en el Cementerio de la Almudena para realizar una placa donde figuraran todos sus nombres, como señal de homenaje a los mismos.
Lo curioso es que no se han parado para enterarse por qué fueron condenados a muerte y ejecutados. Así que van a mezclar en esa lista los nombres de personas que fueron injustamente ejecutadas, junto a las de otras que se comportaron como auténticos criminales.
Me da la impresión de que siguen pensando que en la Guerra Civil todo fue blanco o negro. En cambio, se podría decir que hubo muchos tonos de grises.
Curiosamente, aunque se ha indemnizado a muchos de los que permanecieron presos en las cárceles franquistas, creo que nunca se ha hecho lo mismo con los que sufrieron en las cárceles y checas republicanas.
El mismo Melchor Rodríguez, al que ya dediqué otro de mis artículos, fue un ejemplo de lo que digo. Siempre presumió de su militancia en la CNT. No obstante, cuando fue nombrado Director General de Prisiones, no consintió que se produjeran sacas de presos para asesinarlos. En algunas ocasiones, tuvo que ir personalmente a la Cárcel Modelo o a la de Alcalá de Henares a encararse con esos milicianos, los cuales le estaban apuntando con sus armas. Hay que tener mucho valor para hacer eso. Sin embargo, él siempre consiguió su objetivo. Su lema era: "Se puede morir por las ideas, pero no matar por ellas".
En la posguerra, fue procesado, como otros muchos líderes del bando republicano. De hecho, fue el último alcalde del Madrid republicano. En su juicio se personaron muchas personas a quienes había salvado la vida. Gracias a ello, le impusieron una pena mínima, que le permitió salir a la calle enseguida.
En 1972, se dio todo un ejemplo de concordia, pues en febrero de ese año tuvo lugar su fallecimiento. A su entierro, acudieron tanto anarquistas como falangistas. Se llegó a rezar y a cantar el himno anarquista, en plena época de Franco, y su féretro fue envuelto en la bandera de la CNT. Aunque muchos de los presentes habían sido enemigos durante la Guerra Civil, no ocurrió absolutamente nada.
Hoy en día, sería bueno que mucha gente tomara ejemplo y no se inventara unos problemas que ya no existen en la sociedad española.



































lunes, 6 de agosto de 2018

STALIN Y LOS JUDÍOS


A estas alturas, seguro que todos sabemos que Stalin fue uno de los dirigentes políticos más tiránicos y uno de los mayores criminales del mundo. Sin embargo, se conoce muy poco sobre su política hacia el colectivo judío. Así que voy a intentar sintetizarla a lo largo de este artículo.
Stalin, cuyo nombre real fue Iosif Vissarionovich Dzhugashvili, ni siquiera era ruso, sino que nació en una pequeña ciudad de la actual Georgia, que entonces pertenecía al Imperio zarista.
Sus padres fueron Vissarion y Yekaterina. Ella había trabajado como sirvienta en la casa de un comerciante local llamado Yakov Egnatashvili, de origen judío.
Este personaje fue muy importante en la vida de su familia, pues fue el padrino de boda de sus padres y también apadrinó a sus dos hermanos mayores, los cuales murieron durante la infancia.
Incluso, más tarde, pagó los estudios de Stalin y fue una especie de padre adoptivo para él. 
En cambio, su padre, había caído en una honda depresión y se pasaba el día borracho.
Es más, por una vez vamos a entrar en el terreno de la rumorología. Parece ser que en su pueblo se rumoreaba que el verdadero padre de Stalin era Yakov. Evidentemente, eso nunca se pudo demostrar.
Así que, no es de extrañar que, en 1907, al nacer el primer hijo de Stalin, le pusiera un nombre tan llamativamente judío como Yakov. Algo muy extraño y peligroso en el Imperio Ruso, donde, por aquel entonces, el régimen zarista perseguía abiertamente a los judíos.
Así que, como los zares reprimían a los judíos rusos,  no es de extrañar que la mayoría de los altos dirigentes del PCUS fueran judíos.
Por citar a algunos, tenemos a Trotsky, Sverdlov, Zinoviev, Kamenev, etc. 
De hecho, durante la Guerra Civil Rusa, el Ejército Blanco, se dedicó a destruir todas las sinagogas, pues consideraban que todos los judíos eran bolcheviques.
Sin embargo, la postura oficial del Kremlin fue la de integrar a los judíos a cambio de que abandonaran sus prácticas religiosas a fin de crear una sociedad totalmente laica.

Por otra parte, el nuevo régimen, combatió explícitamente el antisemitismo en todas las capas de la nueva sociedad soviética. Es más, llegaron a condenar a muerte a los antisemitas más conocidos.
Por esa razón, las sinagogas fueron clausuradas, al igual que todos los templos católicos y ortodoxos de todo el territorio de la URSS.
En 1942, en plena II Guerra Mundial, fue creado el Comité Judío Antifascista. Muy posiblemente, con el apoyo de las autoridades de la URSS.
El presidente de esta asociación fue un conocido actor y director, de origen judío, llamado Solomón Mijoels. Nacido en Letonia, territorio situado dentro del Imperio zarista.
Parece ser que el objetivo de este Comité era hacer una labor publicitaria a favor de la URSS, pidiendo apoyo internacional para contrarrestar la invasión alemana, que estaba sufriendo su país, en ese momento.
Los principales miembros de este Comité hicieron una gira por varios países, entre ellos, los propios USA. 
Algo extraño, porque, como todos sabemos, era muy raro que el régimen dejara salir a alguien de la URSS y menos durante varios meses y con todos los gastos pagados.
Parece ser que fueron muy bien recibidos en USA, donde les esperaba un comité de recepción presidido nada menos que por Albert Einstein. Posteriormente, fueron saludados por otros personajes conocidos, como Charlie Chaplin y Marc Chagall. 
Parece ser que en uno de sus actos llegaron a reunir unas 50.000 personas.
Evidentemente, intentaban mostrar la cara amable del régimen y, sobre todo, la ausencia de antisemitismo en la URSS. Supongo que sería una forma de aflojar los bolsillos de los grandes magnates judíos de USA.
De esa manera, consiguieron recaudar para su país varios millones de dólares. Aparte de material médico, fármacos, ambulancias, etc.
Supongo que, como agradecimiento a Stalin por haberles dejado salir de su país, en varias ocasiones, pidieron a los dirigentes políticos occidentales que abrieran cuanto antes un segundo frente en Occidente a fin de aliviar la presión a que estaba sometido el Ejército Rojo ante la furiosa embestida de las tropas alemanas.

También dejaron caer que sería bueno que USA entrara en la guerra, algo que no era nada popular en ese país. Por supuesto, ninguno de ellos mencionó que la URSS había iniciado la guerra invadiendo Polonia, como aliada de Hitler.
No olvidemos que, hasta el comienzo de la II Guerra Mundial, la URSS era una especie de “apestada” para el Mundo Occidental. Era la cuna del comunismo, desde el que controlaban los movimientos revolucionarios de todo el mundo, habían  asesinado a los zares y, sobre todo, no habían devuelto los miles de millones de dólares a la gente de estos países, que habían invertido su dinero en el desarrollo del Imperio Ruso. Lo que se conoció popularmente como los Bonos Rusos.
Por si alguno lo ignora, ni siquiera el Gobierno de la II República Española había mantenido relaciones diplomáticas con la URSS y sólo se establecieron estas relaciones al inicio la Guerra Civil Española.
La cosa cambió mucho durante la posguerra mundial. Por un lado, el Comité se dedicó a investigar sobre el Holocausto contra los judíos, realizado por los nazis. 
Los conocidos escritores Ilya Ehrenburg y Vasily Grossman redactaron el llamado “Libro negro de los judíos soviéticos”.

Evidentemente, las autoridades soviéticas nunca autorizaron la publicación de esa obra, pues ellos querían que se refirieran a la crueldad de los nazis contra todos los ciudadanos soviéticos y no sólo contra los judíos. 
Así que fue tachada como antisoviética y hasta 2014 esta obra no fue publicada en Rusia.
Sin embargo, esta vez, la conexión entre los judíos de la URSS y del mundo occidental, necesaria para realizar esta investigación, fue vista con malos ojos desde Moscú y volvió el sentimiento antisemita, que siempre había estado insertado en la cultura popular rusa.
Como todos sabemos, tras la II Guerra Mundial, empezó la llamada Guerra Fría. Así que, en el Kremlin, no les gustaba que esta gente mantuviera esos lazos tan estrechos con personas de más allá del infame Telón de Acero.
En aquella época, se volvió a calificar en la URSS, a los judíos, como “cosmopolitas desarraigados”. Era una especie de insulto, que venía a decir que eran unas personas que no eran leales a ninguna patria. Algo parecido a lo que se ha llamado “la Conspiración Judía Mundial”.
Así que, a pesar de que los miembros de ese Comité habían apoyado firmemente al régimen de la URSS, todos fueron detenidos y cerrados sus teatros y centros de reunión. La verdad es que se podría decir que le salvaron el culo a Stalin y así se los pagó.
Parece ser que no se atrevieron a juzgar en público a Mijoels, porque, seguramente, podría decir cosas que no le interesaban a Stalin.
Así que, según algunos autores, en 1948, fue detenido junto con otro amigo suyo, que era crítico teatral. Parece ser que, entre otras cosas, se les acusó de cooperar con los servicios secretos de USA. Ambos fueron llevados a una de esas casas de campo que hay en Rusia, llamadas “dachas”, donde fueron interrogados y asesinados.
Posteriormente, trasladaron sus cadáveres hasta la ciudad de Minsk, capital de la actual Bielorrusia, donde dejaron tirados sus cuerpos en medio de una cercana carretera y les pasaron con un camión por encima. De esa forma, hicieron ver que se había tratado de un simple accidente de tráfico y, para mayor hipocresía, enterraron a Mijoels con un funeral de Estado. Su cuerpo fue enterrado en el Cementerio de Novi Don.
Parece ser que, en 1953, tras la muerte de Stalin, el nuevo gobierno de la URSS, realizó una investigación, donde se demostró que, por órdenes directas de Stalin, unos agentes del MGB, detuvieron a estas dos personas para luego asesinarlas y, posteriormente, hacer ver que todo había sido un accidente de tráfico. A pesar de ello, sus asesinos nunca fueron castigados.
Es más, se dio la orden de que todas las obras publicadas por Mijoels volvieran a las bibliotecas públicas. En cambio, su teatro nunca volvió a abrir sus puertas.
Los demás de los miembros del Comité fueron detenidos, torturados y casi todos ellos fueron asesinados en la infame prisión de la Lubyanka. Curiosamente, en esa misma época, la URSS, estaba apoyando la creación del nuevo Estado de Israel en suelo de Palestina. De hecho, la URSS, fue el primer país que reconoció al Estado de Israel. Supongo que pensarían que podrían influir en ese país, pues muchos judíos pertenecían o habían pertenecido a partidos de izquierdas. Evidentemente, se equivocaron.
Incluso, les enviaron armas de contrabando, durante la primera guerra árabe-israelí. Paradójicamente, la URSS, les hizo llegar, a través de la antigua Checoslovaquia, miles de armas confiscadas al Ejército alemán, durante la II Guerra Mundial. O sea, que los judíos combatieron a los árabes con armas fabricadas por los nazis.
La primera embajadora de Israel en la URSS fue la famosa dirigente Golda Meir, que, posteriormente, llegaría a ser primera ministra de su país. En aquel momento, la comunidad judía de la URSS, vivía con esperanza el nacimiento de ese nuevo Estado y tomaba conciencia de una cierta identidad nacional, que no tenía mucho que ver con la URSS. Aparte de que en el Kremlin ya se habían dado cuenta de que Israel había decidido ser aliado de USA.
Parece ser que una de las razones de este cambio de alianzas vino tras una petición de la embajadora Meir para que el Gobierno soviético dejara que los judíos de la URSS y los demás países del Bloque Comunista, pudieran emigrar libremente al nuevo Estado de Israel.
Evidentemente, le respondieron con un rotundo no, alegando que “los judíos vivían muy felices en la URSS y no necesitaban ninguna Tierra Prometida”.
También, por la misma época, Stalin, meditó la posibilidad de dar una cierta autonomía a los judíos, pero no tanta como le pidió el asesinado Mijoels, el cual tanteó la posibilidad de crear una especie de comunidad autónoma judía en Crimea. Una de las zonas más prósperas de la URSS.
Parece ser que se corrió la voz de que los judíos querían vivir en Crimea para facilitar un futuro desembarco de tropas de USA y así derrotar fácilmente a la URSS. 
Lo cierto es que, según dicen los expertos militares,  es el camino más sencillo para llegar hasta Moscú.
Por supuesto, Stalin, no se planteó en ningún momento dejar salir a los judíos de su país para que emigraran al nuevo Estado de Israel. Es más, intentó que los judíos de Europa se trasladaran a la URSS para habitar esa futura “comunidad autónoma”, pero fracasó estrepitosamente.
Así que, desde 1950, la URSS, se dio cuenta que, aunque había muchos comunistas entre los judíos, el nuevo Estado de Israel, había optado por aliarse con USA.
Por ese motivo, desde Moscú, empezaron a apoyar a los países árabes, que rodeaban a ese nuevo Estado, que, curiosamente, siempre se habían mostrado probritánicos.
También cambió mucho la política interna hacia los judíos. De hecho, se vio muy notoriamente, en los medios de comunicación, que se volvía, oficialmente, al tradicional antisemitismo ruso.
Parece ser que, por eso mismo, en el Kremlin se inventaron que ciertos intelectuales judíos se dedicaban a ridiculizar a los
héroes rusos y, sobre todo, a los soviéticos. Así que se ampararon en esa burda excusa para detener a un grupo de 15 escritores y editores de origen judío.
En 1952, fueron sometidos a una cosa que llamaron “juicio”. Donde no había ni fiscales, ni abogados defensores, solamente un tribunal compuesto por varios jueces militares. 
Al final, todos fueron condenados a muerte y ejecutados, menos una joven científica y otro de los acusados que murió durante el juicio.
Volviendo atrás, en 1950, un comisario de Policía con muchas ganas de ascender hizo llegar al propio ministro del Interior un escrito donde explicaba que había una “trama de los doctores”, que estaba tratando de manera negligente a los líderes políticos soviéticos para que murieran.
Parece ser que esto ocurrió tras la muerte de dos dirigentes soviéticos, que habían sido tratados por un cardiólogo ya anciano y de origen judío, llamado Yakov Etinger, que tenía fama de ser el médico más prestigioso del país.
Este doctor fue detenido e interrogado de una forma brutal por este agente, hasta que murió en el curso de una de esas infames sesiones.
Parece ser que, como el ministro no le hizo caso, envió otro escrito al propio Stalin. No hará falta decir que esto le vino muy bien al líder soviético. De hecho, ascendió a ese agente y expulsó al ministro de su Gobierno. Éste fue, posteriormente, detenido y ejecutado.
Por lo visto, el verdadero motivo por el que Stalin se aprovechó de este presunto complot es que pretendía eliminar a Beria, el jefe de la Policía y del NKVD (después llamado KGB), porque pensaba que estaba tramando una conjura contra él. 
Así que, si se inventaba un complot que no hubiera sido detectado por Beria, podría cesarlo por su supuesta negligencia en ese caso.
Algo que nos puede parecer muy diabólico, pero que era de lo más más normal en una personalidad trastornada como la de Stalin.
Lo que no se sabe aún es si la denuncia partió, por propia iniciativa, de ese comisario o fue animado desde las más altas instancias de la nación, porque el denunciante no parecía tener muchas luces y sólo destacaba por su crueldad en los interrogatorios.
En 1952, Stalin pronunció un discurso, en el que dijo varias frases como: “Todo sionista es un agente del espionaje de Estados Unidos”. “Los nacionalistas judíos piensan que su nación fue salvada por los Estados Unidos.” “Los judíos piensan que tienen una deuda con Estados Unidos. Entre los médicos hay numerosos sionistas”.
Este discurso sirvió para poner en marcha la propaganda del régimen soviético contra los judíos. En enero de 1953, se publicó un artículo en el diario Pravda, titulado “Bajo la máscara de médicos universitarios hay espías asesinos y criminales”.
Más tarde, la campaña oficial de antisemitismo se amplió a casi todos los países del antiguo Bloque Comunista de la Europa Oriental.
Por ejemplo, en la antigua Checoslovaquia, dio lugar a los llamados “Juicios de Praga”, por los que se procesó a 14 dirigentes del PC de ese país. De ellos, 11 eran de origen judío.
Precisamente, fueron esas 11 personas las que acabaron condenadas a muerte y ejecutadas, mientras que los otros tres fueron condenados a cadena perpetua.
La situación se fue agravando, porque, en febrero de ese mismo año, explotó una bomba en el interior de la Embajada Soviética en Israel y, como represalia, el Gobierno soviético, cortó sus relaciones con ese país y detuvo a la hermana del presidente de Israel, María Weizmann, que vivía en la URSS. 
No obstante, los médicos tuvieron mucha suerte, porque su proceso fue muy lento, ya que los investigadores no encontraron unas pruebas claras contra ellos. Algo que disgustó mucho al propio Stalin, que dio instrucciones para que se aceleraran esas investigaciones.
Afortunadamente, Stalin falleció de repente el 05/03/1953 y los nuevos líderes soviéticos dieron las órdenes oportunas para que todos esos procesados fueran, inmediatamente, puestos en libertad.
En 1956, el nuevo líder soviético, Kruschov, pronunció un discurso ante el XXV Congreso del PCUS, en el que afirmó que este complot era inexistente y fue urdido por Stalin para hacer una de sus acostumbradas purgas. Sólo que esta vez no tuvo tiempo de realizarla.
También, en ese mismo acto, informó de que Stalin había dado las órdenes oportunas para construir una serie de campos de concentración en Siberia a donde pensaba enviar a todos los judíos residentes en la URSS. Al igual que ya había hecho con otras minorías étnicas.
Afortunadamente, aunque esos preparativos se hallaban ya muy avanzados, nunca se llevó a cabo esa deportación de judíos.

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jueves, 2 de agosto de 2018

EL GENERAL PAULUS, OTRO MILITAR MUY CONTROVERTIDO


Mi anterior artículo lo dediqué a un militar soviético que se pasó al bando alemán. Esta vez, vamos a ver la otra cara de la moneda.
Nuestro personaje de hoy se llamaba Friedrich Wilhelm Paulus y nació en 1890 en una pequeña localidad del actual Estado de Hesse. En el centro de Alemania.
Su familia no era noble. En cambio, su padre fue tesorero del Gran Ducado de Hesse, al frente del cual se hallaba el gran duque Ernesto Luis de Hesse-Darmstadt, nieto de la reina Victoria de Inglaterra.
Nuestro personaje, primero estudió en Kassel. Luego intentó ingresar en la Armada Imperial, pero no fue admitido, porque era un cuerpo donde solían entrar, casi exclusivamente, los hijos de las familias nobles.
Así que se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Marburgo, situada también en Hesse.

Se ve que no le gustaba esa carrera, porque la dejó a medias. Así que se alistó como cadete para hacer prácticas en un regimiento de Infantería.
Al comienzo de la I Guerra Mundial, combatió en el frente occidental. Concretamente, en varios sectores del frente francés.
Posteriormente, fue destinado a las tropas alpinas, que operaban en Serbia, Rumania y Macedonia. Terminando la guerra como capitán.
Permaneció en el Ejército durante el período de entreguerras y, como muchos otros militares, tuvo que enfrentarse a los llamados “Espartaquistas”. Unos revolucionarios de izquierdas, que pretendían instalar un régimen al estilo bolchevique en Alemania. No olvidemos que Marx era alemán.
Durante esos años, estuvo destinado en varias guarniciones, hasta que se especializó en el manejo de los carros de combate.
Estuvo a las órdenes del famoso mariscal Guderian, el cual lo definió como listo, muy
trabajador, pero con poca capacidad de decisión.
En 1939, al comienzo de la II Guerra Mundial, ya era general y estaba destinado en el Estado Mayor del X Ejército alemán. Una de las unidades que participaron en la invasión de Polonia.
Posteriormente, ya como teniente general, estuvo presente en la invasión de Bélgica, Holanda y Luxemburgo.
Parece ser que, al término de esa campaña, le encargaron realizar los planes para la invasión de la antigua URSS. También se dice que aconsejó llevar uniformes adecuados para temperaturas muy frías. Sin embargo, Hitler, no le hizo caso, confiando en que Moscú caería antes de la llegada del duro invierno ruso.
En 1941, estuvo a las órdenes de von Reichenau, participando en la invasión de la antigua URSS. Cuando su jefe ascendió a jefe de todo el Grupo de Ejércitos del Sur, a él le dieron el mando del Sexto Ejército.
Desgraciadamente, su jefe, que también había sido su gran valedor, sufrió un accidente, mientras estaba corriendo por el campo y, además, el avión que lo evacuaba a un hospital, se estrelló, mientras intentaba aterrizar en una pista helada. Así que no se sabe si murió del primer accidente o del segundo.

Todo ello, se me hace muy sospechoso, porque, en un principio, von Reichenau, nunca estuvo por la labor de reírle las gracias a Hitler y, según algunos autores, se había unido a un grupo de militares dispuestos a derrocarle. Seguramente, todo ello fue debido al miedo, que siempre ha tenido el Ejército alemán, por tener dos frentes abiertos al mismo tiempo.
A pesar de ello, era un miembro convencido del Partido Nazi y siempre fue un ferviente antisemita. Hasta el punto de que suyas fueron las instrucciones para asesinar a miles de judíos en las zonas conquistadas de la URSS.
Volviendo a Paulus, la verdad es que ese nombramiento le venía muy grande, porque, durante la mayor parte de su carrera, había sido un oficial de Estado Mayor y casi nunca había tenido mando directo sobre tropas.
La verdad es que Hitler tenía sobre Paulus un concepto muy parecido al que Stalin tenía sobre Vlasov. Ambos militares habían salido de la clase media o hasta del proletariado y ahora les habían llevado a codearse con los miembros del Alto Mando que, en el caso alemán, casi todos pertenecían a la aristocracia a la que ambos dirigentes siempre habían odiado.
Supongo que dar publicidad a estos generales era una forma de demostrar, antes sus respectivos pueblos, que las cosas estaban cambiando desde la llegada de ellos al poder.
Algo parecido a la famosa frase de Napoleón: “Cada uno de mis soldados lleva en su mochila el bastón de mariscal”.
También ambos líderes comprendieron que la toma de Stalingrado sería una gran victoria publicitaria para cualquiera de los bandos. Por ello, no les importó sacrificar allí a sus mejores tropas. Aparte de muchos miles de víctimas civiles.
Se cree que, durante la Batalla de Stalingrado murieron entre 1.250.000 y 1.800.000 personas. Entre civiles y militares.
Así que nuestro personaje recibió órdenes de llevar su unidad hasta esa ciudad sitiada. A la que los alemanes empezaron a atacar a finales de agosto de 1942.
Iniciaron el asedio con una serie de cruentos bombardeos, lo que dio lugar a que conquistaran el 80% de la ciudad. En noviembre de ese año, el porcentaje llegó hasta el 90% y, como es lógico, en Berlín, ya daban esa ciudad por ganada.
Sin embargo, a mediados de noviembre de ese mismo año, el Alto Mando soviético, organizó la exitosa Operación Urano. Consistió en atacar al Ejército alemán por los dos flancos, ya que sabían que en ellos tenían las unidades peor preparadas, compuestas por rumanos, húngaros, etc.
De esa manera, sin demasiada dificultad, las tropas soviéticas de Zukov y Vassilievski lograron rodear al 6º Ejército de Paulus.

No obstante, Hitler, envió a von Manstein, uno de sus generales preferidos, al mando del 4º Ejército, para intentar romper el cerco soviético y sacar de ahí a Paulus y a sus tropas. Lo cierto es que no pudieron hacer nada e, incluso, algunas de las tropas de von Manstein, quedaron también atrapadas dentro del cerco, donde ya había 300.000 soldados alemanes, que se defendían como podían, pues ya escaseaban los víveres y las municiones.

Es muy posible que los soviéticos no atacaran antes, porque, seguramente, tenían reservadas esas tropas en prevención de un posible ataque japonés, por la costa del Pacífico. Sin embargo, cuando su célebre espía Sorge les informó de que los japoneses no tenían intención de atacar la URSS, desplazaron esas tropas hacia la zona occidental de su país.
A finales de noviembre, Paulus, envió un mensaje a Hitler, donde le informaba de su situación desesperada y le pedía ayuda. Parece ser que ese mensaje fue captado por los soviéticos.
Yo me inclino a pensar que, seguramente, sería sido captado por los británicos, que controlaban las claves de la máquina Enigma y luego se lo contarían a los soviéticos.

Parece ser que el mariscal Goering se pasó de listo al asegurar a Hitler que su Luftwaffe podría abastecer sin problemas a las tropas de Paulus. Seguramente, no tuvo en cuenta el duro clima ruso y la falta de pistas de aterrizaje en buen estado. Así que no se les pudo abastecer por ninguna vía.
Parece ser que, a finales de enero, Hitler, ascendió a Paulus a mariscal y le hizo la observación de que ningún mariscal alemán se había rendido ante el enemigo.
Por lo visto, Hitler, que no sabía nada de temas militares, pero conocía bastante bien a la gente, se dio cuenta de que Paulus tenía intención de rendirse y de esa manera intentó coaccionarle u obligarle al suicidio.
Paulus, siempre había sido el perfecto militar. O sea, un hombre que siempre cumplía con todas las órdenes sin hacer ningún tipo de preguntas. Sin embargo, esta vez vio que no tenía ninguna posibilidad y que sus tropas se habían reducido a los 100.000 soldados, estando muchos de ellos heridos.
De hecho, a primeros de enero de 1943, el Alto Mando soviético, había sondeado a Paulus, ofreciéndole una rendición honrosa y un buen trato para sus hombres.
Así que el 31 de enero, Paulus y sus hombres, fueron hechos prisioneros por los soviéticos. Parece ser que lo detuvieron en su cuartel general, que estaba en el sótano de un centro comercial.
Parece ser que el aspecto de Paulus y sus hombres era penoso, en contraste con el de los militares soviéticos bien alimentados y abrigados.

Por lo visto, Paulus, era un católico convencido y nunca se le pasó por la cabeza pegarse un tiro, tal y como deseaba Hitler, que se pilló un cabreo impresionante, cuando le notificaron la rendición del 6º Ejército al completo.
Tras su rendición, parece ser que, en un principio, Paulus, se negó a colaborar con los soviéticos. Sin embargo, tras el atentado fallido, que protagonizó von Stauffenberg, contra Hitler, empezó a cambiar de opinión.
Hasta entonces, muchos prisioneros alemanes en manos de los soviéticos se habían negado a colaborar con el Comité Nacional para una Alemania libre, liderado por comunistas alemanes.
Como el Ejército alemán era enormemente clasista, tuvieron que organizar la Liga de Oficiales Alemanes, para que no tuvieran que codearse con los soldados. De entre los oficiales pertenecientes a esa organización, el de mayor graduación era Paulus. Lo cierto es que eran tan conservadores que tomaron como suya la anterior bandera del Imperio Alemán.
Los objetivos de esta organización eran conseguir la paz a toda costa, la vuelta a las fronteras anteriores a 1937 y el derrocamiento de todos los líderes nazis.
También lanzaron, desde aviones rusos, miles de octavillas sobre las unidades alemanas a fin de que depusieran sus armas, pero no tuvieron ningún éxito.
Incluso, los oficiales alemanes prisioneros, llegaron a proponer al Alto Mando soviético la creación de un Ejército con sus hombres para luchar contra los nazis. Lo que no sabían estos oficiales es que la mayoría de sus hombres habían muerto a causa del frío, el hambre y el maltrato dado por los soviéticos.
De hecho, de los 100.000 hombres de Paulus, que se rindieron a los soviéticos, sólo 6.000 volvieron a Alemania.
No sé si os suena haber leído esa propuesta anteriormente. Lo cierto es que estos tampoco se fiaron de ellos y no dieron su permiso para la creación de esa unidad.

En cambio, les permitieron unirse a las pequeñas unidades de partisanos soviéticos, que luchaban contra las tropas de Hitler. También ejercieron la labor de traductores en los interrogatorios a los prisioneros.
Parece ser que los soviéticos fueron más diabólicos en sus planes. Por lo visto, al final de la guerra, permitieron que los prisioneros alemanes cruzaran el frente a fin de mezclarse con los defensores alemanes y crear pánico dentro del Alto Mando alemán.

Sin embargo, los soviéticos, no tuvieron mucho éxito, pues buena parte de esos alemanes liberados se dedicaron a defender su país, mientras que muy pocos obedecieron las órdenes emanadas desde Moscú.
Muchos de estos últimos fueron descubiertos por las tropas alemanas y ejecutados de inmediato.
No obstante, ya en la posguerra, la URSS, premió a los que habían formado ese Comité con puestos relevantes en la Administración Pública de la zona de ocupación soviética. Lo que luego dio lugar a la República Democrática Alemana.
Paulus se mostró tan colaborador con los soviéticos, que llegó a testificar en contra de los líderes nazis en los famosos Juicios de Nürenberg. Luego, se le permitió volver a la zona de Alemania ocupada por la URSS, donde residió el resto de su vida.
No sé si los soviéticos no le dejaron trasladarse a la República Federal Alemana o quizás temió caer en manos de la Justicia de su país, como les ocurrió a otros famosos líderes militares que habían colaborado con el enemigo.

Allí trabajó en el Instituto de Investigación de Historia Militar hasta que cayó enfermo. Padeció la terrible enfermedad de la ELA, la cual le llevó a la tumba en 1957.
Su última voluntad fue que su cadáver fuera enterrado en el Cementerio de Baden-Baden, en la Alemania Occidental, junto a la tumba de su esposa, que había muerto varios años antes y no se habían vuelto a ver desde que lo destinaron al frente ruso.
Me parece que la conclusión que debemos sacar es que hay que tener suerte hasta para elegir el bando. 
Nuestro anterior personaje, Vlasov, era un soviético que optó por adherirse al bando alemán. Al terminar la guerra, fue entregado a los soviéticos, los cuales le juzgaron y ejecutaron.
En cambio, en el caso que nos ocupa, Paulus, era un alemán que acabó la guerra dentro del bando vencedor. Así que al terminar la misma no le ocurrió absolutamente nada y, además, nunca fue entregado a la Justicia alemana.
También existe otra posibilidad, que es lo que suelen hacer los italianos, que siempre han sido unos grandes diplomáticos. No sé si os habéis dado cuenta de que siempre han salido victoriosos en las dos guerras mundiales, aunque hayan empezado la guerra en el bando perdedor.
No sé si habrá tenido algo que ver que, dentro de su península, tienen al Estado Vaticano, al que se le considera que posee el mejor servicio diplomático del mundo.

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