ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 1 de diciembre de 2017

KONRAD ADENAUER, OTRO DE LOS FUNDADORES DE LA UNIÓN EUROPEA

Como ya prometí anteriormente, hoy voy a continuar con el ciclo dedicado a los padres fundadores de la actual Unión Europea. Esta vez le toca el turno al alemán Konrad Adenauer.
Nuestro personaje de hoy nació en 1876 en la casi bimilenaria ciudad alemana de Colonia, situada en el actual Estado federal de Renania del norte-Westfalia.
Se metió en el mundo de la política, tras acabar la carrera de Derecho en la Universidad de Friburgo.
En primer lugar, se dedicó a la política local, entrando a formar parte del Ayuntamiento de Colonia. En 1917, llegó a ser su alcalde, puesto en el que estuvo hasta 1933, coincidiendo con la llegada al poder de Hitler.
Como católico ferviente, militó en un partido de tipo democristiano, llamado Zentrum. Concretamente, en la corriente renana, que se distinguía por ser más liberal que la que había en Prusia, donde la mayoría era protestante.
Precisamente, Heinrich Brüning, miembro del partido Zentrum, fue el último canciller alemán, antes de la llegada al poder de Hitler.
Parece ser que este político rechazó un primer intento de unión europea, propuesto por el presidente francés, Aristide Briand, porque, en aquel momento, en Alemania, estaba de moda el nacionalismo y no quería que los nazis atrajeran a todos los nacionalistas. Así que no pudo aceptar la proposición llegada desde París, porque estaba obligado a realizar una política de tipo nacionalista. En cambio, intentó una unión aduanera con Austria, la cual fue vetada por Francia.
También hay que decir que ese canciller, no parecía ser del agrado del presidente de la República de Weimar (Alemania), el anciano mariscal Paul von Hindenburg, que fue el que entregó el gobierno a Hitler.
Volviendo a nuestro personaje, se puede decir que,  antes de la II Guerra Mundial, ya era un político de prestigio. Se decía que había administrado muy bien su ciudad en los años duros de entreguerras, donde Alemania estaba absolutamente arruinada y el país sufrió varios intentos de golpe de Estado por parte de los partidos más extremistas.
Su ideal siempre fue una apertura de Alemania hacia los países de la Europa Occidental. Sin embargo, en aquella época, la doctrina triunfante era la de que Alemania debía de priorizar su política hacia la Europa Oriental. Así que, a pesar de que, el presidente de la República, había contado con él, no fue elegido canciller de Alemania.
Lógicamente, con la llegada al poder de los nazis, Adenauer, fue expulsado del Ayuntamiento de Colonia y le fue negado cualquier otro puesto político en su país.

Parece ser que estuvo involucrado en la conjura, que dio lugar al fallido atentado del coronel von  Stauffenberg. A causa de ello, fue encarcelado en las postrimerías de la II Guerra Mundial. Lo que parece muy extraño es que no fuera ejecutado, como le ocurrió a muchos de los conjurados.
Es posible que, a esas alturas, el régimen no quisiera enemistarse con la Iglesia Católica a fin de que, presuntamente, le pidieran su ayuda para que los líderes nazis pudieran escapar de Alemania.
En la posguerra, fue inmediatamente repuesto en su antiguo cargo, como alcalde de Colonia. Posteriormente, fue de nuevo expulsado del mismo, ya que su ciudad quedó dentro de la zona británica. Parece ser que, como en el Reino Unido, gobernaban ahora los laboristas, preferían que ese cargo lo ocupara uno de sus colegas alemanes. O sea, un socialdemócrata.
Mientras tanto, Adenauer, junto con otros políticos de su mismo partido y de otros partidos liberales, formaron la CDU (Unión Demócrata Cristiana). Seguro que ese partido le suena a más de uno, porque su actual líder es Ángela Merkel.
Supongo que, en un principio, los aliados, no tendrían predilección por ninguno de los partidos alemanes. Sin embargo, pronto cambiaron de opinión, tras la llegada de la Guerra Fría y al comprobar que los socialdemócratas eran partidarios de la reunificación alemana, aunque tuvieran que aceptar concesiones hacia la URSS.
Así que, a partir de entonces, apoyaron decididamente a la CDU, un partido que llevaba el visto bueno del Vaticano, si es que no estaba patrocinado por la propia Iglesia Católica.
Curiosamente, la CDU, se diferencia del partido Zentrum en que se dirige a todos los cristianos, sean católicos o no. De hecho, la propia Merkel es protestante.

Los fundadores de la CDU dejaron muy claro que la política de ese nuevo partido iba a ser pro-occidental y anticomunista.
Así que, en 1949, nuestro personaje,  por una parte, logró que se fundara la República Federal Alemana y, por otra, ganó las primeras elecciones legislativas.
Fiel a su ideario, la nueva república no reconocía a la República Democrática Alemana, ni a los países que reconocieran a ésta, a excepción de la antigua URSS. Esto duró hasta la década de los años 70.
De hecho, el  anticomunismo de Adenauer fue tan visceral que siempre prefirió aliarse con los liberales de la FDP, antes que hacerlo con los socialdemócratas del SPD, que todavía parecían algo afines a las ideas procedentes de Moscú.
Esto llama mucho la atención, porque, precisamente, en su época como alcalde de Colonia, gobernó su ciudad durante varios años con el apoyo de los socialistas.
Adenauer tuvo que lidiar con una Alemania aún más arruinada que la que se encontró tras la I Guerra Mundial. Además, esta vez, los aliados habían destruido, en gran parte sus ciudades y casi todas sus infraestructuras. Os recuerdo que, durante la I Guerra Mundial, los aliados no consiguieron invadir el territorio del Imperio alemán.
Fue el iniciador del llamado Milagro Alemán, junto con su colaborador, Ludwig Erhard, que puso un país en marcha, desde la nada hasta llegar a ser la primera potencia económica de Europa y una de las primeras del mundo.
Como ya dije en mi anterior artículo, aceptó entusiasmado la propuesta realizada por Schuman, por entonces, ministro de Asuntos  Exteriores de Francia, y por Jean Monnet, para unirse a lo que luego sería la CECA.
Desde luego, hay que reconocer que tuvo la habilidad precisa para sortear todo tipo de suspicacias procedentes de los países a los que Alemania había invadido durante la guerra. Desde luego, Alemania, no era nada popular en ese momento.
También hay que decir que, desde un primer momento, Alemania, supo atraer ingentes inversiones procedentes de todo el mundo, pues los alemanes siempre han tenido fama de ser grandes trabajadores y gente que se ha sabido organizar muy bien.
Realmente, en plena Guerra Fría, a los aliados le convenía tener una Alemania fuerte tanto económica como militarmente para poder parar un posible ataque de la URSS al centro de Europa.
Por supuesto, los aliados, además de permitir que se creara el nuevo Ejército federal alemán, dejaron importantes guarniciones en ese país, por si a los soviéticos se les ocurría intentar conquistarlo.
Evidentemente, esa situación de Guerra Fría le vino muy bien, pues cuanto más amenazaban los soviéticos a Europa, más apoyaban los aliados a Alemania.

Aunque el final de la II Guerra Mundial le pilló ya con 69 años, no por ello dejó la política activa. Como ya he dicho antes, en 1949, fue nombrado canciller federal  y no cesó en ese puesto hasta 1963. Además, a partir de  1951, y durante 4 años, también ocupó el puesto de ministro de Asuntos Exteriores. No se le puede pedir más.
Trabajó en la política activa hasta los 90 años, porque siguió siendo el presidente de su partido, la CDU, hasta 1966. Murió al año siguiente.
Curiosamente, sus contemporáneos decían que, debido a un grave accidente sufrido durante la I Guerra Mundial, apenas gesticulaba con su cara y parecía más una estatua  que un ser vivo.
Parece ser que una de sus famosas previsiones fue que el desarrollo económico experimentado en Europa occidental haría que un día cayera el comunismo. Como así fue.
También, durante el ascenso de Hitler, opinaba que, si éste declaraba la guerra, sería una locura, porque la perdería. De hecho, según parece, estaba deseando que la perdiera para que cayera su régimen.
Curiosamente, Adenauer y otros personajes que fueron los artífices del reflotamiento de Europa, que había acabado casi destruida, tras la II Guerra Mundial, no eran jóvenes con muchas aspiraciones, sino individuos que ya habían pasado de los 60, pero a los que les movían sus ganas de trabajar y de dejar tras de sí un continente próspero y en paz.
Entre los ideales de nuestro personaje estaban fomentar el desarrollo individual de cada ciudadano y mantener a la familia como eje de la sociedad.

El nuevo Estado debía desarrollarse con una ética cristiana, organizarse federalmente y no tener demasiados funcionarios.
Formó un tándem ideal con su ministro de Economía, Ludwig Erhard, el cual diseñó la Economía del país y, sobre todo, el nuevo marco alemán.
Las ideas de ambos se transformaron en el comercio libre, las importaciones baratas basadas en unos aranceles bajos, mientras que se fomentaban las exportaciones. Nunca creyeron en la nacionalización y apostaron decididamente por la libre empresa.
Su política económica fue tan exitosa que atrajo a trabajadores de muchos países.
Entre ellos, miles de españoles. También a muchos ciudadanos de la nueva República Democrática Alemana, que a principios de los 60 solían escapar de allí a razón de una media de 1.000 personas diarias. Así que a mediados de 1961, el gobierno comunista alemán, dio orden de levantar el famoso Muro de Berlín.
Sin embargo, también hubo voces discordantes en Europa que trataban de impedir el logro de una Europa unida.
El político francés Daladier, al que dediqué otro de mis artículos, decía: “Cuando hablan de Europa, se refieren a Alemania y cuando dicen Alemania, aluden a la gran Alemania”.
Incluso, uno de los dirigentes de las pequeñas y medianas empresas de Francia calificó el intento de crear la Comunidad Económica Europea como únicamente beneficioso para “los trusts, las multinacionales y las altas finanzas”.
Hasta un historiador se atrevió a decir que lo que proponían Schuman, Adenauer y de Gaspieri era un intento de hacer revivir el Sacro Imperio Romano-Germánico.
Lo cierto es que De Gaulle tenía simpatía por Adenauer. Así que a mediados de septiembre de 1958 lo invitó a su casa en Colombey-les-deux-Eglises. Allí se considera que fundaron el famoso Eje franco-alemán. Posteriormente, se reunieron en infinidad de ocasiones hasta 1962. Año en que se retiró Adenauer.

Parece ser que los dos tenían en común su desprecio por el Reino Unido y el deseo de hacer de Europa una nueva potencia al margen de USA o de la URSS. Adenauer, escribió en una ocasión: “Inglaterra es como un rico que ha perdido toda su propiedad, pero no lo comprende”. Ambos vieron que la entrada del Reino Unido en la antigua CEE podría ser una especie de caballo de Troya a favor de USA y vetaron la solicitud británica.

sábado, 25 de noviembre de 2017

ROBERT SCHUMAN, UN HOMBRE DE FRONTERA

A partir de este artículo, voy a comenzar un ciclo sobre los personajes fundadores de lo que,  actualmente, se llama Unión Europea. Ciertamente, a ellos debemos mucho del  progreso que disfrutamos en nuestro continente. Sobre todo, si vivimos en alguno de los países que no están entre las grandes potencias de Europa.

Tampoco quiero olvidarme que, gracias a ellos, Europa ha pasado de ser una continua fuente de conflictos, en ella se originaron las dos guerras mundiales, a ser un remanso de paz, lo que ha traído una prosperidad nunca conocida para todas las naciones que forman este continente.
Nuestro personaje de hoy se llamaba Robert Schuman y nació en junio de 1886 en Luxemburgo, capital del Gran Ducado del mismo nombre. Uno de esos mini Estados que subsisten en Europa.
No hay que confundirlo con el célebre compositor, que tenía un nombre muy parecido, Robert Schumann.
Su madre era luxemburguesa, mientras que su padre había nacido en la región de Lorena, cuando pertenecía a Francia. Tras la derrota francesa en la guerra franco-prusiana de 1870, esta región junto con Alsacia, pasaron a pertenecer al Imperio de Alemania.
Por esa razón, su padre, que nació siendo francés e incluso combatió en esa guerra del lado francés, al regresar a su tierra, pasó a tener la nacionalidad alemana. Algo que nos podría parecer un poco extraño hoy en día.
Posteriormente, se mudó a Luxemburgo, donde se dedicó a la Agricultura, pero nunca perdió su nueva nacionalidad alemana. Allí fue donde nació nuestro personaje.
Curiosamente, según parece, a pesar de tener la nacionalidad alemana, toda la familia siempre se sintió muy francesa, aunque no tenían nada en contra de los alemanes.
Otra cosa que nos podría llamar la atención sobre este personaje es su fuerte apego a la religión católica que le inculcaron sus padres, aunque estaban viviendo en una zona de mayoría protestante.
Por supuesto, su formación fue plenamente alemana. Comenzó sus estudios en Metz, capital de la Lorena. Posteriormente, realizó su formación universitaria en Munich, Bonn y Berlín, en las que estudió Derecho. Acabando la carrera en Estrasburgo, capital de Alsacia. Actualmente, en esta ciudad, tienen su sede varios organismos europeos, como el Parlamento Europeo, Europol, Tribunal de Derechos Humanos, etc.
Desgraciadamente, en 1900,  murió su padre, cuando él sólo tenía 14 años. Además era hijo único. Parece ser que eso le afectó mucho.
En 1912, cuando acababa de abrir su bufete como abogado en la ciudad de Metz, falleció también su madre a causa de un accidente de tráfico.
Tras este penoso suceso, su vida dio un vuelco y decidió irse a vivir a un monasterio. Parece ser que allí le convencieron de que sería más útil para Dios fuera que dentro del convento. Por esa razón, abandonó la vida de monje y volvió a su bufete en Metz, aunque nunca se casó.
Con el comienzo de la I Guerra Mundial, en 1914, su vida dio otro vuelco. Lógicamente, fue movilizado para luchar en el Ejército alemán, aunque, debido a su mala salud, se le destinó a un puesto en la retaguardia, realizando labores de oficina y llevando, a la vez, su bufete de abogados en Metz.
Supongo que los alemanes tampoco se fiarían mucho de estos franceses reconvertidos en alemanes.
Al terminar ese conflicto, como todo el mundo sabe, Alsacia y Lorena, fueron reintegradas al territorio de Francia. Parece ser que esto provocó gran nerviosismo entre sus habitantes. Por una parte, los de habla alemana, temían perder sus propiedades a manos de los franceses, que pedían una revancha contra Alemania. En ese momento, pasó a ser francés.
Por otra, los católicos de habla francesa, que hasta el momento habían sido protegidos por el Estado alemán, ahora temían caer en las garras del Estado francés, que tenía una mentalidad muy laica, la cual le había hecho enemistarse con la Iglesia católica. Llegando, en 1902, a la disolución de las órdenes religiosas.
Así que, en ese momento, Schuman, un hombre situado en esa “frontera” ideal entre lo  francés y lo alemán, podría hacer un gran papel en la política, defendiendo los intereses de su región. Así que  realizó una gran labor en ese sentido.
Por ese motivo, en 1919, fue elegido diputado por la circunscripción de Mosela, ante la Asamblea Francesa. Por supuesto, allí no se les pasó el detalle de que nuestro personaje había pertenecido al Ejército alemán y más de una vez se lo echaron en cara. Algo normal después de una guerra tan sangrienta como esa.
Tristemente, siempre fue un hombre al que los franceses vieron como a un alemán y los alemanes  como a un francés.
En los años 20, su prestigio fue utilizado por el presidente Aristide Briand, al objeto de crear unas vías de diálogo con la nueva República de Weimar, que es como se conocía a la nueva Alemania del periodo de entreguerras. Un puesto idóneo para una persona que dominaba la lengua y conocía la cultura de ambos países.
Su postura política era la de un republicano conservador y católico, militando en un partido regional cercano al de Poincarré, al que ya dediqué otro de mis artículos.
En 1940, entró en el Gobierno francés, siendo nombrado subsecretario encargado de los refugiados, en el gabinete de Reynaud y, posteriormente, en el de Pétain.
Durante la ocupación alemana de Francia, regresó a Mosela, que volvía a estar dentro del territorio de Alemania. Así que, como al principio,  volvió a ser ciudadano alemán.
Posteriormente, fue detenido por la Gestapo. Parece ser que fue recluido en un hotel, donde podía moverse libremente.
Más tarde, al enterarse de que iba a ser deportado al campo de concentración de Dachau, por no querer colaborar con el III Reich,  logró escapar hasta la Francia no ocupada.
Cuando esta zona también fue ocupada por los alemanes, se escondió en varios conventos hasta el final de la guerra.
Afortunadamente, los alemanes no consiguieron capturarle, aunque ofrecieron una recompensa de 100.000 marcos a todo el que les diera una pista sobre su paradero.
Al final de la misma, fue nombrado asesor del famoso general de Lattre de Tassigny para los asuntos relacionados con la zona de Alsacia y Lorena.
Parece ser que no las tuvo todas consigo, porque inmediatamente fue tachado de colaboracionista, al haber formado parte del Gobierno de Petain. Así que fue arrestado y volvió a su tierra natal. Fue exculpado y puesto en libertad.
A mediados de 1945, consiguió ser recibido por el nuevo hombre fuerte, el general De Gaulle, el cual le perdonó de nuevo y además le nombró ministro de Finanzas. Desde luego, no le tocó un momento apetecible para estar en el Gobierno, pues Francia, tras la guerra, había quedado completamente arruinada.
No lo haría tan mal cuando, en 1947, fue nombrado presidente del Gobierno. Aunque sólo ocupó este cargo hasta finales del siguiente año.
En 1948, fue nombrado ministro de Asuntos Exteriores, puesto que ocupó durante los siguientes cuatro años. Por supuesto, en más de una ocasión le recriminaron su pasado alemán. Esto parece muy lógico para un país con una mentalidad tan nacionalista como Francia y que, además, acababa de salir de una cruenta guerra contra Alemania, la cual había invadido su territorio.
En ese puesto, se demostró partidario de desmantelar el militarismo alemán e intentar una política de buena vecindad entre ambos países.
En 1948, tras la llegada al poder de los comunistas en la antigua Checoslovaquia, los gobiernos del resto de Europa se alarmaron. Así que crearon la Unión Europea Occidental (entre Francia, el Reino Unido y el Benelux). Posteriormente, sobre esa primitiva alianza militar se fundaría la actual OTAN.
A partir de ahí, se empezaron a experimentar las uniones aduaneras. La primera de ellas fue la de los pequeños países que forman el Benelux. O sea, Bélgica, Holanda y Luxemburgo.
Unos años antes, había conocido a otro de los personajes fundadores de la Unión Europea, el francés Jean Monnet.
Juntos prepararon una propuesta, la cual dieron a conocer a la prensa el 9 de mayo de 1950, donde desarrollaban sus ideas sobre una Europa que podría caminar unida y no como hasta ese momento. Esta fecha es considerada como el nacimiento de la Unión Europea y, anualmente, también se conmemora el Día de Europa.
En un principio, se propuso que las siempre rivales, Francia y Alemania, se asociaran para explotar sus yacimientos de carbón, que se hallaban a un lado de la frontera, junto con los de hierro, que estaban del otro lado, y así desarrollar, conjuntamente,  sus industrias de fabricación de acero. De esa manera, una de ellas no se podría armar sin contar con la otra, porque esos recursos serían administrados de una forma conjunta por los países integrados en esa alianza. Así se formó esa alianza, creando intereses comunes entre diversos países.
Este discurso, que es conocido como la Declaración  Schuman, se pronunció en el lujoso Salón del Reloj del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia, ya que, por entonces, Schuman, era el responsable de ese ministerio.
Curiosamente, alguien olvidó citar también a los fotógrafos y a las emisoras de radio. Así que, unos días después, tuvieron que  escenificar de nuevo esa declaración ante esos medios.
Desde el primer momento, esta declaración fue del agrado de varios gobiernos europeos y hasta del de USA.
Así que, en abril de 1951, tras la firma del Tratado de París se fundó la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) de la que formaron parte Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. Ese fue el comienzo de las instituciones de la actual Unión Europea.
Otro de sus proyectos fue fundar un Ejército común europeo. Sin embargo, conociendo la mentalidad de los franceses es fácil de entender que enseguida echaran abajo  ese proyecto.
Promovió un referéndum en la región del Sarre. Otra de esas regiones fronterizas entre Francia y Alemania y que, tras la II Guerra Mundial, había sido ocupada por Francia. En esa consulta, los ciudadanos del Sarre decidieron volver a pertenecer a Alemania y se respetó la voluntad de los mismos.
Tras cesar en el Gobierno de Francia gozó de otros cargos importantes como el de presidente del Movimiento Europeo, el de presidente de lo que actualmente se denomina Parlamento Europeo. Cuando abandonó ese puesto, el Parlamento, le concedió el título de “Padre de Europa”.
También llegó a presidir la Comunidad Económica Europea, el antecedente de la UE, que se fundó en 1957, tras la firma del Tratado de Roma.
Incluso, en 1958, recibió el codiciado premio Carlomagno por sus esfuerzos encaminados a unir los países del continente europeo.
Desgraciadamente, su salud se resintió a partir de 1959. Año en que le fue diagnosticada una esclerosis múltiple.
En 1961, aunque los médicos le habían aconsejado no realizar caminatas por el campo, salió de su casa, sita en la localidad de Scy-Chazelles, cercana a la frontera con Luxemburgo,  y no regresó.
Su sirvienta pensó que se habría ido a comer a casa de un amigo. Sin embargo, había sufrido un
desvanecimiento que le dejó en el suelo, perdiendo el conocimiento. Fue encontrado, al día siguiente, por un guardia forestal. Se hallaba totalmente empapado por la lluvia caída durante la noche.
En 1963, su estado de salud empeoró claramente. Ya no podía ni siquiera pronunciar una palabra. Hasta el Papa Pablo VI se interesó por él. En septiembre de ese mismo año falleció en su casa de Scy-Chazelles. Fue enterrado en esa misma localidad.
Parece ser que, los franceses, todavía no le habían perdonado haber sido ciudadano alemán. A su entierro sólo asistió un vicepresidente de la Asamblea Francesa. Algo que me parece realmente vergonzoso.
No obstante, en los años 80, durante la presidencia de Mitterrand se pensó en trasladar sus restos al Panteón de París, donde se hallan enterrados los grandes personajes de Francia. Sin embargo, el Ayuntamiento de la localidad donde fue enterrado se opuso a ello.
Parece ser que los franceses van cambiando de opinión con respecto a este personaje. Hace unos años, comenzó el proceso de beatificación de nuestro personaje y éste fue apoyado tanto por los europarlamentarios franceses como por los alemanes.
Nunca quiso tener como vecina a una Alemania derrotada, como ocurrió tras la I Guerra Mundial. Siempre los trató con mucho respeto e intentó tender puentes para que los dos países se entendieran perfectamente y en igualdad de condiciones.
Yo creo que acertó plenamente al diseñar una nueva Europa que se reconstruiría desde la alianza entre Francia y Alemania. No hay que olvidar que, en un principio, se invitó al Reino Unido a integrarse en esa nueva alianza y se negó a ello.
Posteriormente, cuando, sólo unos años después, cambiaron de opinión, no pudieron ingresar a causa del veto impuesto por el general De Gaulle. Se ve que todavía se acordaba de lo mal que lo trataron durante la II GM.
Sin embargo, en 1963, el mismo general De Gaulle, firmó con el canciller Adenauer, el famoso tratado del Eliseo por el que se inició el llamado Eje franco-alemán, que siempre ha sido el motor que ha hecho avanzar a la Unión Europea.

Curiosamente, el nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, tras haber tomado posesión de su cargo, al día siguiente, realizó su primera visita a Alemania, para reunirse con la canciller Ángela Merkel.

lunes, 13 de noviembre de 2017

JANE ANDERSON CIENFUEGOS, PERIODISTA Y ESPÍA

Esta vez voy a hablar de uno de los miles de extranjeros que pasaron por España para conocer lo que para ellos era algo muy exótico: una guerra civil.
La verdad es que, cuando te pones a ver documentos sobre la guerra civil española, te encuentras con que por aquí pasó media Humanidad. Unos vinieron a pegar tiros y otros, simplemente, a darse una vuelta por aquí. Hasta el mismo Nehru y su hija, la futura Indira Gandhi, estuvieron de visita por esa España en guerra. Supongo que muchos de ellos se llevarían una impresión bastante lamentable de nuestro país.
Curiosamente, aunque en la zona nacional se declaró el estado de guerra nada más empezar la misma, en cambio,  en la zona republicana no se declaró hasta 1939, cuando ya se estaba acabando. Lo que, como era de esperar, fue motivo de chistes en los dos bandos.

No me extraña, si, como se ha demostrado, en España, tenemos algunos políticos que no conocen el precio de un café con leche, pues igual tampoco se habían enterado de que en nuestro país la gente llevaba así tres años matándose, a causa de una cruenta guerra civil.
Nuestro personaje de hoy se llamaba Jane Anderson y nació en el sur de USA. Concretamente, en 1888, en Atlanta (Georgia). Actual sede de algunas conocidas multinacionales.
Parece ser que nació en el seno de una familia acomodada de esa ciudad y que tenían unas amistades muy variopintas, entre ellas, con el famoso Buffalo Bill.

Como ya sabemos, a los ciudadanos de USA, no les importa cambiar constantemente de Estado. Así que, mientras sus padres se fueron a Arizona, ella se quedó al cuidado de sus abuelos en Georgia. Allí comenzó su formación y la terminó en Dallas (Texas).
Posteriormente, en 1909, se trasladó a la gran metrópoli de Nueva York, donde conoció a su primer marido, el compositor y crítico musical Deems Taylor, con el que se casó en 1910. Por su parte, ella se dedicó a escribir cuentos infantiles, que se publicaban en periódicos nacionales.

Este compositor apareció en la célebre película de Disney “Fantasía”, haciendo el papel de maestro de ceremonias.
En 1915, en plena I Guerra Mundial, Jane, se trasladó sola a Europa y allí destacó por ser una de las primeras mujeres corresponsales de guerra. Enviaba sus reportajes al periódico londinense Daily Mail.
Parece ser que era una mujer muy bella, con una llamativa cabellera pelirroja. Algunos la apodaron como “el melocotón de Georgia”. Así que no le faltaron amantes. Por lo visto, uno de ellos fue el conocido escritor Joseph Conrad.
Poco después, volvió a su país y en 1918 se divorció de su primer marido, pero no duró mucho tiempo su estancia en USA.
En 1922, consiguió ser enviada de nuevo a Europa. Esta vez como corresponsal del International News Service, una agencia de noticias propiedad del magnate W.R.
Hearst. Ese que Orson Welles retrató magistralmente en su película “Ciudadano Kane”.
En 1934, se casó en la catedral de Sevilla con un tipo que decía ser un aristócrata español, Eduardo Álvarez de Cienfuegos. Parece ser que ni era noble ni nada parecido. Lo cierto es que la pareja pasó a residir en España.
Lógicamente, el estallido de la guerra civil, los pilló en nuestro país. Así que ella retomó su papel de corresponsal y se dedicó a enviar sus crónicas al Daily News, donde insertaba informaciones de interés para el bando nacional. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que este conflicto no fue algo tan “civilizado” como lo fue la I Guerra Mundial. Así que pronto fue detenida, acusada de espionaje y encerrada en una de las famosas checas, que se prodigaron por todo Madrid.
Es posible que la detuvieran, porque solía presumir de ser una aristócrata y  todos los aristócratas, salvo algunas excepciones, se decantaron por el bando nacional. Así que solían ser encerrados por los milicianos y, posteriormente, muchos de ellos fueron asesinados.
Para el que no lo sepa, una checa era una cárcel más o menos secreta, donde los milicianos izquierdistas y anarquistas encerraban a los que consideraban sus enemigos y allí se dedicaban a torturarles hasta que, al final, muchos de ellos aparecían asesinados en los lugares más remotos.
Afortunadamente, como ella nunca perdió su nacionalidad USA, alguien denunció su arresto en la embajada de su país en Madrid y la diplomacia se puso en marcha. Hasta el mismo secretario de Estado, Cordell Hull, tuvo que presionar al Gobierno de la II República para que la pusieran en libertad.
Esta vez tuvieron éxito y llegaron a tiempo, porque ya la habían condenado a muerte. Así que, según parece,  nuestro personaje sólo pasó unas 3 semanas en una de las checas de Madrid. Eso sí, fue liberada con la condición de que tendría que abandonar España.
A partir de entonces, se dedicó a dar múltiples conferencias por todo USA, supongo que financiada por la Iglesia Católica de ese país, pues, igual que ella, se mostraba  a favor de Franco. No hay que olvidar que ella se convirtió al catolicismo poco antes de su boda en Sevilla. Aparte de eso, siempre fue una conocida anticomunista.
En esas charlas, y también por medio de artículos en la prensa de su país, se dedicó a narrar las atrocidades que dice haber contemplado tanto en la España republicana, como en la checa donde estuvo encerrada. Haciendo hincapié en las vejaciones sufridas por los miembros del clero católico.
Seguramente, se la utilizó para presionar al Gobierno USA, entonces presidido por F. D. Roosevelt, para que no ayudara al Gobierno de la II República. Como así se hizo.
Otra de sus curiosas actividades fue ayudar en la promoción del turismo de guerra. Una iniciativa muy curiosa del bando nacional y al que ya dediqué otro de mis artículos. Por medio de ella, se mostraba a los turistas extranjeros cómo habían quedado algunas zonas de España, tras haber sido conquistadas por el bando nacional. Nada menos que 36 agencias de viajes se dedicaron a impulsar esta curiosa iniciativa.
Supongo que para apoyar esta iniciativa, nuestro personaje, regresó en 1938 a España, para, según decía, mostrar a esos turistas lo que había visto ella durante la guerra civil. Por supuesto, estuvo contratada por el Ministerio de Propaganda del bando nacional.
Algún destacado militar franquista dijo de ella que, probablemente, había sido la mujer que más había contribuido a la victoria de su bando en la guerra.
Incluso, parece ser que fue condecorada por el mismo Franco con la medalla de sufrimientos por la Patria y otra como Dama mutilada de guerra. Parece ser que un famoso obispo de USA la calificó como de “mártir viviente”.
Ante la perspectiva de otra nueva guerra mundial,  España ya se hallaba repleta de espías de todos los países. Así que esta mujer no pasó desapercibida para los eficientes agentes alemanes. De este modo, en 1940, nada más acabada la guerra, fue contratada por la radio pública de Alemania.
En Berlín llegó a entrevistarse, en mayo de 1941, con el famoso ministro Goebbels y éste le dio un puesto en la radio y en una publicación alemana, que se editaba en inglés.
Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Alemania declaró la guerra a USA. Así que a los ciudadanos de este país, que residían en Alemania, les dieron la opción de regresar a su país. En cambio, ella no aceptó esa invitación y prefirió seguir viviendo allí.
Hasta mediados de 1942 tuvo un programa, donde, bajo el seudónimo del “Melocotón de Atlanta”, se dedicaba a enviar propaganda a favor de Alemania, dirigida a los soldados aliados. Curiosamente, en el mismo también se hacía propaganda de los famosos cereales Kelloggs.


Se comenta que siempre acudía a realizar esos programas vestida con el uniforme de las enfermeras del bando nacional y con la boina roja de los requetés. Esos programas eran emitidos todos los jueves y sábados a las 21.00 horas.
Parece ser que su voz no volvió a salir por las ondas hasta 1944, cuando tuvo a su cargo un programa en el que hacía referencia a las atrocidades cometidas por el Ejército de la antigua URSS.
Antes de que acabara la guerra, un tribunal de su país la acusó de traición, junto a otros personajes que también se dedicaban a emitir propaganda a favor del Eje.
Como muchos otros nazis, al finalizar la guerra, se escondió donde pudo, hasta que en 1947 fue detenida en Salzburgo (Austria) y entregada a las autoridades militares de ocupación de USA.
Aunque fue repatriada a su país, increíblemente, en octubre de ese año, un tribunal la puso en libertad por falta de pruebas. Sin embargo, en el caso de Ezra Pound, que hizo lo mismo para los italianos, fue condenado por ello.
Hay quien dice que podría ser porque ella también tenía la ciudadanía española, obtenida tras su matrimonio, y no se la podía acusar de traición a USA. Sin embargo, no hay que olvidar que fue liberada de la checa por haber tenido la nacionalidad de USA.
Ciertamente, me parece algo muy extraño. Se me ocurre pensar que la pusieron en libertad, porque igual pensaron que les podría venir  bien para hacer propaganda contra los comunistas, ya que acababa de empezar la Guerra Fría.
Como la vida de esta mujer no deja de ser sorprendente, esta vez la pareja decidió irse a vivir a una finca que poseía su marido en la localidad española de Almoharín (Cáceres). Allí, los lugareños la conocieron como doña Juanita. Parece ser que les llamaba la atención por su elevada estatura, alrededor de 1,80 m, y porque no paraba de fumar en una larga pipa.

Parece ser que, posteriormente, se trasladó a Cáceres, donde, durante unos años,  se dedicó a dar clases de idiomas. Allí residió hasta enviudar. Poco después, se trasladó a Madrid, donde falleció en mayo de 1972.

domingo, 12 de noviembre de 2017

EL MISTERIO DEL GENERAL JUAN BAUTISTA SÁNCHEZ

Esta vez voy a dedicar mi artículo de hoy a un militar que gozó de un cargo muy importante durante la época franquista, pero que tuvo un final muy extraño.
Juan Bautista Sánchez González, nació  en la localidad granadina de Illora, precisamente, el día del Pilar de 1893.
Desde muy pequeño tuvo vocación militar, así que, al terminar sus
estudios en una Academia de Granada, ingresó, en 1911, en la Academia de Infantería de Toledo.
Su primer destino fue el regimiento Córdoba 10, de guarnición en Toledo y allí permaneció hasta su ascenso a capitán, cuando fue destinado a Marruecos, en plena Guerra de África.
Participó en diversos hechos de guerra. El más destacado de todos ellos fue el famoso Desembarco de Alhucemas, que tuvo lugar en 1925, donde fue herido tres veces y citado por su valor en el informe redactado por su inmediato superior.
Permaneció destinado en África y allí le pilló la Guerra Civil. En 1936, tenía el grado de coronel y el cargo de coronel interventor regional del Rif, destinado en Alhucemas.
El día 16 de julio ya empezó a movilizar ciertas unidades de Regulares, al mando del comandante Ríos Capapé, para intentar que tuviera éxito la sublevación militar. El mismo día 17 de julio ya había sublevado a todas las tropas de su zona de influencia. Incluida Melilla. Más tarde, fue nombrado comandante general de Melilla. Ya entonces destacó por oponerse a los asesinatos indiscriminados llevados a cabo por los falangistas. Estuvo en ese destino hasta 1937.
Por lo que respecta al  citado comandante, nos lo volveremos a encontrar a lo largo de esta historia.
Hay que hacer hincapié en que los militares del bando nacional nunca pensaron que su sublevación iba a degenerar en una guerra civil. Eso ocurrió porque el golpe de Estado fracasó al dividirse el Ejército en dos bandos.
Parece ser que, tras la guerra, un periodista les preguntó a varios generales si se hubieran unido al golpe, sabiendo que iba a provocar una guerra civil. La mayoría de ellos contestó negativamente.
Volviendo a nuestro personaje, en 1937, pasó a la Península, donde estuvo luchando en varios frentes al mando de diversas unidades como la 5ª Brigada de Navarra. Incluso, participó en las famosas batallas de Brunete, Belchite y Teruel. Además de llegar con sus tropas hasta el Mediterráneo, por Vinaroz, a fin de dividir en dos la zona republicana.
Parece ser que su estreno en la guerra civil fue avanzar, con la V Brigada de Navarra, sobre Bermeo (Vizcaya) para dar apoyo urgentemente a las tropas italianas, que estaban siendo rebasadas en ese sector.
Como general de brigada, también participó en la campaña de Cataluña, siendo sus unidades las primeras que entraron en Barcelona.
En una alocución radiada, entre otras cosas, dijo a los barceloneses: Os diré en primer lugar a los barceloneses, a los catalanes, que os agradezco con toda el alma el recibimiento entusiástico que habéis hecho a nuestras Fuerzas Armadas. También digo al resto de españoles que era un gran error eso de que Cataluña era separatista, de que era antiespañola. ¡Debo decir que nos han hecho el recibimiento más entusiasta que yo he visto”  “…en ningún sitio, os digo, en ningún sitio nos han recibido con el entusiasmo y cordialidad que en Barcelona”.
Aunque el bando nacional siempre quiso mostrarse como un bloque monolítico, en su interior siempre hubo diversos grupos, que rivalizaban entre sí. Nuestro personaje siempre se consideró monárquico y, como otros muchos, pidió en varias ocasiones a Franco la restauración de la Monarquía. A lo que éste siempre les dio largas, prometiendo que lo haría, pero más adelante.
De hecho, cuando el general Varela fue ministro del Ejército, quiso nombrarlo subsecretario de ese Ministerio, pero él no aceptó ningún cargo de tipo político hasta que no se restaurara la Monarquía.
Los principales grupos del bando nacional eran los falangistas, como el general Yagüe; carlistas, como el general Varela, y monárquicos, como el general Kindelán.
Parece ser que, nuestro personaje, mantuvo diversos contactos con emisarios de don Juan, conde de Barcelona. Algo que no les pasó desapercibido a los servicios secretos españoles. Según algunos autores, entre esos emisarios estaría el conde de San Pedro de Ruiseñada, Juan Claudio Güell, también marqués de Comillas.
Parece ser que en alguna ocasión invitó a comer a su casa a don Juan Carlos, futuro rey de España, que, por entonces, se hallaba estudiando en nuestro país.
Incluso, apareció su nombre, como ministro del Ejército,  en un posible gobierno monárquico, si conseguían echar a Franco del poder.
En algunas obras figura este movimiento como “Operación Ruiseñada”, en la que estaban presentes monárquicos, enemigos de la Falange y hasta algunos miembros del Opus Dei.
De hecho, algunos tenientes generales se reunieron con Franco para intentar restaurar la Monarquía, definiéndola como “ese modo de gobierno genuinamente español, que hizo la grandeza de nuestra patria”. Lógicamente, en la persona de don Juan de Borbón, porque su padre,  Alfonso XIII, había muerto en Roma en 1941.
Parece ser que entre esos generales estaban algunos nombres muy conocidos, como Aranda, Tella, Kindelán, Ponte, Galarza, Orgaz, etc. Como era de esperar, casi todos ellos fueron apartados de sus cargos hasta pasar a la reserva.
En 1944, nuestro personaje, ascendió a teniente general y estuvo al frente de diversas capitanías generales, como las de Aragón, Baleares o Cataluña. Tomó posesión de esta última a finales de noviembre de 1949.
Parece ser que el que, posteriormente, sería ministro del Ejército, capitán general Muñoz Grandes, lo tuvo siempre muy vigilado. A lo mejor os suena el nombre de este militar, porque fue el primer jefe de la División Azul, la unidad que envió Franco para ayudar a los alemanes en su invasión a la antigua URSS. Se le consideraba contrario a la monarquía. Incluso, en cierta ocasión, rechazó ser nombrado ayudante del rey Alfonso XIII.
Por otra parte, algunos autores comentan que Muñoz Grandes era un militar admirado por Hitler y siempre pensó en él como relevo de Franco, con el que nunca se entendió muy bien.
Volviendo a nuestro personaje, parece ser que, durante su destino en Barcelona, tuvo algunos enfrentamientos con Franco. Por una parte, se negó a ejecutar a algunos condenados por haber participado en la guerra. También prohibió que los falangistas asesinaran a la gente, con sus famosos “paseos”.
Realmente, parece ser que él pensaba que sólo se había sublevado contra la II República para echar del poder al Frente Popular y no para dar paso a una dictadura. Según dicen, tampoco era partidario utilizar a los consejos de guerra para juzgar a los civiles.
Por otra parte, se negó a sacar a las tropas a la calle, cuando se produjeron las huelgas de tranvías de Barcelona en 1951 y 1957. Eso no gustó nada al régimen.
También tuvo siempre fama de austero y honrado. Se cuenta que, en cierta ocasión, fue enviado al frente de una delegación española para estar presente en la coronación del nuevo rey de Irak. Curiosamente, administró muy bien los fondos que le dieron y sólo los gastó en el viaje y las comidas. Así que devolvió una buena parte de lo que se había llevado. Por supuesto, durante el viaje, no aprobó ningún otro tipo de gasto. Así que los componentes de esa delegación no quedaron muy contentos con él. La única afición que se le conocía era asistir a las corridas de toros.
También, según dicen, manifestó su antipatía por la Dictadura, no asistiendo a casi ninguna de las sesiones de las Cortes a pesar de que, en 1955, había sido nombrado procurador en ellas.
Incluso, cuando en febrero de 1956, le fue permitido a don Juan hacer una escala en Barcelona, para visitar a una hermana suya, que se hallaba enferma en esa ciudad, tuvo una entrevista con nuestro personaje.
Curiosamente, al teniente general Sánchez, se le prohibió asistir a una cacería a la que había sido invitado por el conde de Ruiseñada, por sospechar que a la misma acudirían varias personalidades monárquicas, que podrían estar tramando un golpe contra el régimen.
Parece ser que, poco a poco, su salud se fue deteriorando a causa de problemas cardíacos. Así que en enero de 1957, tras una visita a unas unidades militares, que se hallaban realizando unas maniobras en los Pirineos, se sintió mal. Fue el primer militar de ese rango que subió a inspeccionar las defensas en la cumbre del Puigmal y en pleno invierno.
El 30/01/1957 falleció en su habitación del Hotel del Prado en Puigcerdá a causa de un ataque cardiaco. Otras fuentes dicen que falleció el día antes.
Sobre esta extraña muerte se han escrito muchas hipótesis. Una de ellas dice que le dio ese ataque, tras una discusión telefónica con Muñoz Grandes, ministro del Ejército.
Otros dicen que fue tras una anterior discusión, que tuvo lugar en el campamento militar,  con el general Ríos Capapé, que asistía a esas maniobras en calidad de capitán general en Valencia. Lo cierto es que éste último debía imponer mucho, porque medía casi 2 metros de altura.
Incluso, que el ministro había movilizado hacia esa zona a fuerzas de la Legión, porque sospechaba que nuestro personaje podría negarse a ser cesado y utilizar las fuerzas a su cargo para hacerse fuerte.
Es más, también se rumoreaba que en esa discusión también había participado el general Gallarza y había recibido un disparo de alguno de ellos.
Lo cierto es que Franco, a pesar de que lo apreciaba como un gran militar, se sintió muy aliviado con su muerte.
Parece ser que el comandante, que estaba destinado como ayudante de nuestro personaje, también falleció electrocutado, cuando regresaba, por carretera, procedente de esas maniobras.
Según parece, nuestro personaje siempre fue muy querido en Cataluña. Algo que se demostró por las miles de personas que fueron a firmar en el libro de condolencias y la cantidad de coronas de flores que se enviaron. Incluso, por la cantidad de gente que fue a su entierro. Hasta se vio en el mismo a una representación de los oficiales de la VI Flota de USA, que estaba atracada en el puerto de Barcelona.
Hasta el mismo Muñoz Grandes encargó una en cuya cinta podía leerse: “Al honrado soldado y modelo de caballeros”.
Luis Martínez de Galinsoga, entonces director de La Vanguardia, que entonces se llamaba “La Vanguardia española”, le dedicó un editorial en su periódico elogiando las virtudes de este militar y el afecto que le tenían los barceloneses.
Hasta el mismo Ayuntamiento de Barcelona regaló la lápida y la tumba, donde enterraron el cadáver del general, en prueba de la gratitud de esa ciudad.
Casualmente, también el conde de San Pedro de la Ruiseñada falleció de igual forma, el 23/04/1958, cuando viajaba en tren por Francia.

Su sucesor, el general Pablo Martín Alonso, tras su toma de posesión como capitán general de la IV Región Militar, con sede en Barcelona, se trasladó hasta el cementerio del Sudoeste de la misma ciudad, también llamado de Montjuic, para depositar una corona de flores y rezar ante  la tumba de su amigo y predecesor en el cargo.