ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 7 de mayo de 2015

EL CÍRCULO DE KREISAU, NO TODOS LOS ALEMANES FUERON NAZIS



Cuando se habla de la II Guerra Mundial y algunos se refieren al ejército alemán, como “el ejército nazi”, la verdad es que no me gusta nada, porque eso sería como decir que todos los que combatieron, durante nuestra guerra civil,  en el ejército nacional, eran franquistas de toda la vida.
La verdad es que, tanto en un caso como en el otro, la mayoría de los integrantes de esos ejércitos eran jóvenes a los que se había movilizado obligatoriamente sin saber ni cómo ni por qué.
Incluso, en nuestra guerra civil, se dieron muchos casos en los que unos hermanos
estaban en un bando y otros en el otro.
Esto debe de ser muy común en las guerras civiles. Precisamente, el otro día estuve leyendo algo sobre la vida del famoso general O’Donnell y me encontré que, durante las guerras carlistas, él tomó partido por el bando isabelino, mientras que su padre y el resto de sus hermanos lucharon en el bando carlista.
Bien, ahora procuraré ceñirme al tema que nos ocupa y no andarme por las ramas, como de costumbre.
A pesar de que la propaganda nazi manejada por Goebbels, nos dio siempre una idea de que Alemania era un país donde todos pensaban igual y apoyaban unánimemente la política de Hitler, poco a poco, se ha ido sabiendo que esto nunca fue así. No deberíamos de olvidar que, cuando Hitler llegó al poder casi la mitad de la gente le votó a él, pero la otra mitad votó al PC alemán.
Ya en 1940, el conde Helmuth James von Moltke, que era un noble alemán y además sobrino nieto del gran mariscal Helmuth von Moltke, intentó crear un grupo de oposición clandestina al régimen.
Es posible que estuviera influenciado en su cristianismo por su madre y su abuelo, que eran miembros destacados de la Ciencia Cristiana. Además, eran sudafricanos de origen británico. Incluso, su abuelo fue presidente del Tribunal Supremo en esa colonia británica.
Había nacido en 1907 en una zona de Silesia, que actualmente pertenece a Polonia, donde se halla su castillo-palacio de Kreisau.
En 1926, al viajar por su región, se asombró por las malas condiciones de vida de la gente. Así, poco después, se reunió con algunos profesores y universitarios para fundar el grupo de trabajo Löwenberger.
Al año siguiente, se realizó la primera reunión de este grupo, a la que asistieron unos 70 participantes y donde todos hablaron de su vida y de la forma en que se podría arreglar esta situación. En un principio, sólo fueron hombres a estas reuniones, pero ya en 1930, también lo hicieron las mujeres.

Incluso, participaron gentes venidas del socialismo, de los sindicatos, del empresariado, de la Iglesia, etc.
Para fomentar la participación en estos encuentros, se realizaban también eventos deportivos y culturales.
Este grupo dejó de reunirse a partir de la toma del poder por los nazis. Posiblemente, porque el organizador del mismo, Rosenstock-Huessy, era judío y se fue pitando a los USA, por si acaso.
Precisamente, su amigo, von Moltke, se dedicó desde 1934 a organizar la salida de muchos judíos alemanes hacia el Reino Unido.
Él mismo se fue una temporada al Reino Unido, concretamente a Oxford, para acabar su formación en Derecho. Seguramente lo hizo por si un día tuviera también que abandonar su país.
Incluso, cedió partes de su finca en Kreisau para que los trabajadores jóvenes pudieran montar nuevos negocios rurales.
Helmuth se reunió con algunos amigos suyos, procedentes de diversos sectores de la sociedad alemana, para intentar crear un grupo que se dedicara a organizar el futuro de Alemania, tras la II Guerra Mundial, y la previsible caída del nazismo.
Solían reunirse en Berlín, pero en algunas ocasiones lo hicieron también en el castillo de Kreisau, propiedad de von Moltke y, por ello, le pusieron ese nombre a este grupo.
Los principales dirigentes de este movimiento, aparte de von Moltke, fueron Peter Graf Yorck von Wartenburg y Adam von Trott zu Solz.
Al igual que von Moltke, Yorck, era nieto de un famoso general prusiano de la época napoleónica.
Además de estos y otros nobles, también había en el grupo otro tipo de gentes como dos jesuitas, dos pastores luteranos, liberales, monárquicos, terratenientes, empresarios, etc. Lo que más les unía era su oposición al nazismo y a la subcultura que había generado entre las masas.
Para ellos, en la posguerra, sería vital regenerar a la sociedad alemana, respetando todas las libertades básicas, con un poder central débil y diluido en comunidades autónomas.
Parece ser que el grupo ya había sido detectado por la eficaz Gestapo, pero, en principio, no los detuvieron, al no ver que representaran un peligro para el régimen.
En cuanto a la ideología del grupo, ya veréis que coincide con los actuales objetivos de la UE, porque algunos de sus miembros estuvieron entre los fundadores del Mercado Común Europeo, hoy Unión Europea.
Para ellos, el Cristianismo tenía que ser el que hiciera la renovación de la moral del país. Para lo cual, querían montar un nuevo Estado de Derecho, que tuviera en cuenta el humanitarismo y fuera de carácter federal. Evidentemente, habría de garantizar las libertades de culto y de conciencia, a fin de respetar las ideas de cada uno.
Hacían mucho hincapié en que fuera una verdadera democracia, pero no dejar que se convirtiera en una partitocracia, porque se había demostrado que ésta era la que había dejado triunfar al nazismo. Deberíamos tomar buena nota en España sobre este tema.
Buscaban que hubiera una paz duradera en Europa y, para poder garantizarla, querían que el país se sumara a una gran alianza europea, que tuviera una política exterior y una defensa, que fueran comunes. Así, los gobiernos no tendrían la soberanía suficiente para comenzar una guerra cada uno por su cuenta. Seguro que todo esto os irá sonando de algo.
La mayoría de ellos eran gente de paz y no pretendían hacer ningún atentado y mucho menos contra Hitler, para poder alcanzar sus objetivos.
Mantenían contactos con otros grupos más radicales, pero no se sumaron a ellos hasta la detención de von Moltke, a principios de 1944. A partir de entonces, muchos de ellos se pasaron al grupo de Klaus von Stauffenberg, el militar que intentó asesinar a Hitler en julio de 1944, fracasando en el intento.
Tras este atentado, el régimen tuvo las manos libres para eliminar a todos los opositores que le diera la gana y eso fue lo que hizo.
También hay que reconocer que, a esas alturas de la II Guerra Mundial, a los aliados les interesaba que Hitler siguiera en el poder, pues estaba tomando una serie de decisiones precipitadas y erróneas, que les venían muy bien al otro bando para poder ganar la guerra. A lo mejor, por eso, no ayudaron al grupo opositor de von Stauffenberg.
Tras ese atentado fracasado, los nazis, aprovecharon para detener a todo el que les estuviera molestando, independientemente de que hubiera estado metido o no en el complot. Tenían a la opinión pública de su lado.
Muchos de los detenidos fueron llevados a presencia del carnicero juez Freisler, al que ya dediqué hace tiempo uno de mis artículos.
Como siempre, les hizo uno de sus espectaculares “juicios”, que consistía en poner a parir en la sala a todos los reos que pusieron delante de él y luego ordenar su ejecución inmediata.
Así, varios de ellos terminaron sus días ante el verdugo y sus restos, por orden directa de Himmler, en forma de cenizas, lanzados sobre zonas de aguas residuales.
Entre los ejecutados tenemos a Alfred Delp, sacerdote jesuita. También al periodista y socialista Theodor Haubach, que ya había estado varias veces en la cárcel a causa de su filiación política.
Por otra parte, Hans Bernd von Haeften, jurista y diplomático, que siempre apoyó un golpe contra el nazismo, pero se opuso frontalmente al asesinato de Hitler, a causa de sus creencias religiosas. Incluso, persuadió a su hermano para que no lo hiciera.
Lo cierto es que de nada le sirvió que su madre fuera pariente del mariscal von Brauchitsch, que llegó a ser general en jefe del ejército alemán. Fue llevado ante el ya mencionado juez Freisler, que le calificó como “enviado del diablo” y, lógicamente, sentenciado y ejecutado.
Otros, como Horst von Einsiedel, tuvieron distinta suerte. Concretamente, éste no murió a causa de los nazis, sino en 1947, cuando los soviéticos le internaron en el antiguo campo de concentración de Sachsenhausen, acusado de ser un espía USA.
Algunos se salvaron de las garras de las SS, como Otto Heinrich von der Gablentz, que luego sería uno de los miembros fundadores de la CDU.
Otro del círculo que tuvo suerte fue Eugen Gerstenmaier, teólogo luterano, que sólo fue condenado a 7 años de prisión y luego liberado por los aliados. Posteriormente, fue presidente de la CDU y del Bundestag, o sea,  el congreso de diputados alemán.
En el caso del jurista Paulus van Husen, que había llegado a pedir, en alguna reunión del círculo, que se tomaran medidas a nivel internacional, cuando acabara la guerra, contra los criminales nazis, sólo le cayeron 3 años de cárcel y fue liberado por las tropas soviéticas que invadieron Alemania. Posteriormente, fue otro de los fundadores de la CDU y presidente del Tribunal Constitucional en Renania del norte-Westfalia.
El jesuita Lothar König, que hizo una labor callada y eficiente de oposición al nazismo, fue advertido de que le iban a arrestar y logró esconderse hasta el fin de la guerra en los túneles del Metro. Como vivió en condiciones muy precarias cogió una grave enfermedad que le llevó a la muerte en 1946. Llegó a obtener documentación muy valiosa sobre los campos de exterminio nazis y la envió a Roma
En el caso del militante izquierdista, Julius Leber, fue denunciado y detenido antes del intento de golpe de Estado. Ya lo había estado en otras múltiples ocasiones. No le pudieron sacar ninguna confesión, sin embargo, le condenaron y ejecutaron en la horca.
El abogado y funcionario Hans Lukaschek tuvo mucha más suerte. Siempre había luchado por una buena coexistencia con los polacos, por lo que los nazis le obligaron a dejar sus cargos en la Administración Pública. Incluso, ayudó a emigrar a muchos judíos.
A pesar de haber sufrido mucho por las torturas padecidas durante los interrogatorios, llegó al Tribunal Popular cuando ya había fallecido el famoso y carnicero juez. Así que su caso fue sobreseído por falta de pruebas y puesto en libertad.
Ya en la posguerra, fue ministro con Adenauer y luego vicepresidente de Caritas, hasta su muerte.
Carlo Mierendorff, fue un socialista, que llegó a ser jefe del grupo del SPD en el parlamento alemán y un conocido enemigo de los nazis. Cuando éstos llegaron al poder, se exilió en Suiza, pero 5 años después volvió, siendo encarcelado en varios campos de concentración. En 1938 logro ser puesto en libertad y contactó con el grupo, donde estaba su íntimo amigo Haubach.
Tuvo mala suerte, pues murió a causa de un bombardeo aliado en Leipzig, en 1943.
El caso de Hans Peters fue diferente. Se trataba de un profesor de Derecho en Breslau y de filiación católica. Apoyó a varios grupos de resistencia a los nazis. Cedió muchas veces su apartamento en Charlottenburg para que estos grupos hicieran allí sus reuniones, por lo que es extraño que no fuera detenido tras el intento de golpe.
En la posguerra, fue fundador de la CDU, concejal en Berlín y profesor en la Universidad Humboldt y luego en la de Colonia.
Parecido fue el caso del capellán y pastor protestante Harald Poelchau. Éste, aparte de asistir a algunas reuniones con esta organización, también participó en otra llamada
"Tío Emilio”.
Se dedicó a dar protección a los perseguidos, acogiéndolos en su apartamento y aportándoles comida, documentación falsa y billetes de transporte para poder salir de Alemania.
No fue capturado y, como era capellán en la prisión donde estaban sus compañeros, les sirvió como intermediario para comunicar con sus respectivas familias, aparte de suministrarles comida en buen estado. Por todos esos buenos actos fue premiado en 1972 por Israel con el nombramiento de justo entre las naciones.
Adolf Reichwein tuvo peor suerte. Posiblemente, por ser ya muy conocido por ellos. Se trataba de un afamado pedagogo al que los nazis, cuando llegaron al poder,  habían expulsado de la Academia Pedagógica de Halle. Realmente, se puede decir que era un hombre con unas ideas muy interesantes y poco conocidas hoy en día. Algunos dicen que hubiera sido el ministro de Cultura, si hubieran conseguido derrotar al nazismo.
Desgraciadamente, fue capturado y, más tarde, “juzgado” por el carnicero juez Freisler, y ejecutado junto con otros compañeros. Es curioso, porque este Freisler procedía de las filas comunistas y a lo mejor es que quería, con sus condenas,  hacer méritos entre los nazis.
En el caso del sacerdote jesuita Augustin Rösch, que fue uno de los jefes de los jesuitas en Alemania y puso en contacto a varias organizaciones anti-nazis, le fue algo mejor. Fue capturado y salvajemente golpeado en los interrogatorios, pero luego le enviaron a Dachau, donde le liberaron los aliados.
El militar Theodor Stelzer también tuvo suerte, pues, aunque fue descubierto, juzgado y condenado a muerte, algunos amigos influyentes consiguieron que se aplazara su ejecución y luego fue liberado.
En la posguerra fue uno de los fundadores del CDU y presidente del Estado de Schleswig-Holstein, fronterizo con Dinamarca. También fundó la asociación “Mundus Christianus”, desde donde difundió la ideología del círculo de Kreisau.
El economista Carl Dietrich von Trotha ayudó a los perseguidos desde dentro de la Administración, como funcionario del Reich, aunque siempre fue un ferviente anti-nazi y un ideólogo de una futura unión europea. También contactó con sindicalistas ilegales de cara al futuro, si llegaban a ocupar el poder.
No fue capturado, así que sobrevivió y en la posguerra se dedicó a organizar reuniones ecuménicas, como la del Consejo Mundial de Iglesias, celebrada en Amsterdam en 1948. También estuvo presente en Estrasburgo en las negociaciones celebradas para intentar conseguir una Europa unida.
El aristócrata Adam von Trott zu Solz se hizo funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores y miembro del partido nazi para no levantar sospechas.
Fue muy amigo de Stauffenberg y partidario del asesinato de Hitler, por lo que tras haber fracasado este intento, fue capturado en el propio ministerio, juzgado y ejecutado.
El noble Peter Yorck von Wartenburg, muy amigo de von Moltke, tampoco tuvo suerte. Trabajó durante varios años como asesor del Gobierno, pero se le apartó del mismo por oponerse al nazismo.
Antes de pertenecer al círculo de Kreisau, había estado en otras organizaciones afines. Incluso, prestó su finca en Silesia, para realizar algunas de sus reuniones.
Participó en el frustrado golpe de Estado de von Stauffenberg, así que fue capturado por la Gestapo y llevado ante el mencionado juez, el cual lo condenó a muerte y lo ejecutaron ese mismo día.
Su esposa, Marion, también fue encarcelada durante varios meses y puesta en libertad con la llegada de los aliados. En la posguerra trabajó como juez y llegó a presidir la Gran Corte Penal de Berlín.
Por último, Freya, la esposa de  von Moltke, también abogada como él, le apoyó para formar ese grupo y organizaron juntos las 3 reuniones principales que se dieron en su mansión entre 1942 y 1943.
En enero de 1944, su marido fue capturado cuando iba a advertir a un amigo suyo, que estaba siendo vigilado por la policía. No llegó a formar parte del golpe, pero fue “juzgado” y condenado como si hubiera participado en él. Luego fue ejecutado.
Tras la llegada de las tropas soviéticas, la esposa y los hijos de von Moltke cayeron bajo su protección. No obstante, un amigo USA le recomendó que se fueran de Kreisau. Primero vivieron en Sudáfrica en casa de unos parientes y luego volvieron a Alemania, para emigrar, más tarde, a los USA, residiendo en el Estado de Vermont.
Fue una gran difusora de las ideas paneuropeas de su marido y del círculo y así quiso demostrar que no todos los alemanes fueron nazis.
También promovió, como su marido, el entendimiento entre Alemania y Polonia. Su residencia en Kreisau fue restaurada y en 1998 se inauguró allí la sede del Centro Internacional de la Juventud Kreisau. Ella asistió a su inauguración, junto con el canciller federal Helmut Kohl. También se creó una fundación para darle apoyo financiero a este centro.
Incluso, se reunió en 2004 con el canciller Schroeder en una ofrenda floral para honrar a todos los resistentes anti-nazis y, en 2007, con Ángela Merkel, para conmemorar el centenario del nacimiento de su marido, al que la canciller calificó como un símbolo de “valor europeo”.

viernes, 1 de mayo de 2015

BERTHA VON SUTTNER, UNA MUJER DEDICADA A LA PAZ



En países, como España, donde el pasatiempo habitual de los españoles es criticar a todo el que levanta un poco más la cabeza que los demás, a algunos nos satisface leer que en otros países no ocurre igual y tratan mejor a ciertas personas que han sobresalido del resto.
Esto es lo que ocurrido con nuestro personaje de hoy, Bertha von Suttner, la cual sigue recibiendo homenajes al día de hoy y hasta su imagen ha aparecido en algunos billetes de Banco y monedas.
Nació en Praga en junio de 1843, en el seno de una familia de la alta sociedad de Bohemia. Su padre fue el mariscal de campo, consejero militar del emperador y tenía el impresionante nombre y título de  Franz de Paula Joseph Graf von Kinsky Wchinitz und Tettau. Su madre se llamaba Sophie Wilhelmine von Körner.
No llegó a conocer a su padre, pues nació poco después de su muerte. Así que creció con su madre y su hermano, Arthur Franz.
Tuvo una educación privilegiada y, además, aprendió varios idiomas. El problema fue que su familia se arruinó a causa de la afición al juego de su madre.
Precisamente, se empeñó en que su hija se casara con alguien que tuviera una buena dote, pero ella se negó y anuló el compromiso ya pactado por su madre.
En 1873, entró a trabajar como institutriz de los hijos del barón Karl von Suttner, un empresario de Viena.
Se enamoró de uno de los hijos del industrial, que tenía 7 años menos que ella, así que, cuando se enteraron sus padres, la echaron de la casa de una forma amistosa, buscándole otro trabajo.
Así, empezó a trabajar, en 1876, en París,  como secretaria del famoso ingeniero Alfred Nobel, el mismo que fundó los premios que llevan su apellido.
No estuvo mucho tiempo trabajando con él, pues el rey de Suecia le pidió a Nobel que regresara a su país, sin embargo, ella no le acompañó.
No obstante, nació entre ellos una buena amistad, que se manifestó en un intercambio periódico de cartas entre ambos.
Tras dejar su trabajo, ella volvió a Viena, donde se casó en secreto con Arthur, el hijo de los Suttner. Por este motivo, a él, sus padres, le desheredaron.
Así que la pareja se fue al extranjero para ganarse la vida. Vivieron en el Cáucaso, concretamente en Georgia, donde se dedicaron a las traducciones y a escribir novelas baratas.
Con la llegada de la guerra ruso-turca, en 1877-78, la cosa les fue mejor. Él se dedicó a hacer periodismo de guerra y ella, aparte de dedicarse también al periodismo, escribió una serie de cuentos y ensayos sobre la vida en Georgia, que fueron publicados en algunos periódicos de Viena. Eso le empezó a dar cierta popularidad.
En 1885, se reconciliaron con la familia de su marido y regresaron a Austria, donde la pareja vivió en un castillo propiedad de su familia.
Ella siguió escribiendo en los periódicos, pero ahora comenzó a ser una decidida partidaria y luchadora por la paz mundial.
En 1889, con la publicación de su manifiesto “¡Abajo las armas!” se convirtió en una de las principales figuras del movimiento por la paz en el Imperio Austro-Húngaro. Este libro, donde aparecen las guerras narradas desde el punto de vista de una mujer,  tuvo un gran éxito y sería traducido a varios idiomas. Incluso, posteriormente, se basaron en ella para filmar una película.
Vio cómo se fundó la Unión Interparlamentaria, por medio de Passy y sus amigos, y pidió fundar una gran organización pacifista en Austria-Hungría. También fue directora de una editorial.
Ella entiende que, por simple Ética, los países no deberían de seguir utilizando las guerras para dirimir sus conflictos y no deberían de producirse nunca más. Para ella, el progreso humano hará que las guerras ya no sean necesarias. Desgraciadamente, hoy por hoy, vemos que estaba equivocada. Esperemos que el futuro le dé la razón.
En 1890, cuando residía el matrimonio en Venecia, ella impulsó la “Sociedad de la Paz de Venecia”. Allí conoció al marqués Benjamino Pandolfi, el cual le presentó a otros representantes de conferencias interparlamentarias, los cuales formaron luego la Unión Interparlamentaria.
En 1897, se atrevió a entrevistarse con el famoso emperador austriaco Francisco José, muy conocido por las películas de Sissi, y presentarle un manifiesto con miles de firmas pidiendo un Tribunal Internacional de Justicia, pero, como se vio, no le hizo ningún caso.
Sin embargo, tuvo mucho más éxito, en 1899, al conseguir que se reunieran varias potencias en la Convención de La Haya, a fin de negociar, a petición del zar Nicolás II de Rusia, diversos aspectos sobre la guerra y la paz a nivel internacional.
En 1904, aún le quedaban fuerzas para viajar al Congreso Internacional de la Mujer, celebrado en Berlín, y luego se pasó nada menos que 7 meses recorriendo los USA, también asistiendo al Congreso de la Paz, celebrado en Boston. Tampoco se le olvidó realizar una visita al presidente USA. Por entonces, Theodore Roosevelt.
En 1905, le otorgaron de manera unánime y de una forma muy merecida el famoso Premio Nobel de la Paz, por sus grandes esfuerzos para alcanzar una paz mundial. Le fue entregado en 1906 en el Parlamento de Noruega, en Oslo, entonces llamada Cristianía.
En 1907, cuando ya se oían a lo lejos los tambores de guerra, aunque sin sospechar que pudieran dar lugar a la I Guerra Mundial, asistió a la II Conferencia de Paz de La Haya,
donde se actualizaron las leyes de guerra. Allí, ella se dedicó a asesorar sobre el armamento internacional y se opuso a todo tipo de guerra.
En 1910, cuando ya tenía una edad muy avanzada, se dedicó a escribir y, posteriormente, publicar un volumen con sus Memorias.
En 1911, pasó a formar parte de la Fundación Carnegie para la Paz, fundada en USA en 1910 y que actualmente funciona como de esas organizaciones llamadas “Think Tank”.
Aunque parezca un poco fuerte que lo diga, afortunadamente, murió, a causa del cáncer, poco antes de que se iniciara la I Guerra Mundial. Lo cual, de haberlo conocido, supongo que le habría producido un gran disgusto. Como si su labor, a lo largo de toda su vida, no hubiera servido para nada.
Precisamente, ella tenía previsto asistir a la III Conferencia para la Paz, que se celebraría en el próximo otoño en su ciudad, Viena.
En 1917, el famoso escritor austriaco Stefan Zweig realizó un homenaje póstumo en su honor en el Congreso internacional femenino para la comprensión entre los pueblos, celebrado en Suiza.
Como ya dije al principio, ya a pesar de no haber nacido en la actual Austria, sino en la República Checa, muchas ciudades de Austria y de Alemania han puesto su nombre a calles y colegios. Hasta han bautizado a un asteroide con su nombre.
También, cuando no existía aún nuestro euro, Austria, emitió, en 1966, un billete con su efigie en el anverso.
Es interesante señalar que, en el reverso del mencionado billete figuraba el castillo de Leopoldskron, en Salzburgo. Este edificio es la sede del Seminario Global de Salzburgo, un lugar donde todos los años se celebran cursos y seminarios para discutir sobre los problemas actuales del mundo. Para ello, se reúnen en él políticos y universitarios de todo el mundo.
No obstante, como en Austria, según parece se ve que su gente sí es profeta en su tierra, pues, en 2005, volvieron a utilizar su efigie en su sistema monetario.
Esta vez, le tocó el turno a una moneda de 2 euros, acuñada en 2005, la cual
tiene en su anverso la efigie de nuestro personaje de hoy y, en su reverso, se conmemora el 50 aniversario del tratado por el que los aliados le volvieron a dar la independencia a Austria, tras la II Guerra Mundial. En esa cara, se puede ver grabadas las firmas de los representantes de los distintos países en ese acto.
Por último, en 2008, su efigie volvió a aparecer en una moneda conmemorativa, llamada “Europa Taler 2008”, la cual es enorme, por su tamaño y peso.
En el anverso de la misma figura el emperador Maximiliano I vestido con armadura y montado a caballo.
En el reverso, se pueden contemplar figuras europeas importantes, como Lutero, Vivaldi, Watt y von Suttner.
Para terminar, debo mencionar que, para ella, el Derecho a la Paz debería de ser reconocido como inalienable por la legislación internacional. Es algo necesario en la evolución humana. Eso, en parte, se ha cumplido.










domingo, 26 de abril de 2015

UNA INCANSABLE VIAJERA LLAMADA FREYA STARK



Hay gente a las que se le hace pequeño el entorno de su ciudad y sus amistades y necesitan viajar constantemente y descubrir nuevos sitios, aunque tengan que pasar infinidad de penurias por el camino. Eso es lo que se llama tener espíritu aventurero.
Nuestro personaje de hoy, Freya Stark, nació en París a finales de enero de 1893. Su padre era un pintor inglés, natural de Devon, procedente de una familia acomodada, y su madre era una italiana de ascendencia alemana.
Ambos habían ido a residir a París para conocer las nuevas escuelas artísticas, que estaban surgiendo en Francia en ese período.
El matrimonio duró poco tiempo. Algunos dicen que la causa fueron las continuas infidelidades de ambos. Así que su padre se volvió a Inglaterra, mientras que su madre se llevó a ella y a su hermana a Italia.
Durante su infancia, desgraciadamente, no pudo tener una buena educación, a causa de la mala situación económica de su familia. No obstante, se apasionó,  por la literatura fantástica y de viajes, como “Las mil y una noches”. También fue muy aficionada a leer las obras de los dos Alejandro Dumas, padre e hijo.
Como la fortuna no sonreía en la casa familiar, su madre invirtió en una fábrica en Italia. Allí, en una ocasión, tuvo un accidente, cuando su larga melena se enganchó en las piezas de una  máquina. Ello le provoco que le arrancara gran cantidad de pelo y hasta de cuero cabelludo y le dejó su rostro desfigurado. A causa de ello, tuvo que estar ingresada varios meses en un hospital para recuperarse.
Más tarde, consiguió ir a Londres y allí estudió árabe y persa en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos. Un centro de la Universidad de Londres donde se han formado muchos funcionarios, políticos y hasta espías británicos.
Algunos nombres conocidos, que se han formado en ese centro son Mette-Marit, princesa de Noruega, y Aung San Suu Kyi, líder de la oposición en Birmania y Premio Nobel de la Paz.
Durante la I Guerra Mundial, se enroló en una unidad de ambulancias de la Cruz Roja británica, que tenía su base en Udine,  Italia.
En 1927 reunió el dinero suficiente y marchó hacia Beirut, acompañada de una amiga. Querían explorar la llamada “Montaña de los drusos”. En aquel momento, esa zona se hallaba bajo el control militar francés y no se permitía el paso a los civiles.
Como cruzaron, por su cuenta, hacia su objetivo, fueron detenidas, pero las soltaron enseguida al ver que no parecían gente peligrosa.
Allí conocieron de la existencia de la llamada “Secta de los Asesinos”, que en los siglos XI y XII infundieron el terror en toda esa zona, al cometer asesinatos de todo tipo. Es posible que su jefe, conocido como “El Viejo de la Montaña” drogara a sus seguidores para que cometieran esos actos, pues el nombre de la secta procede de la palabra “hachís”.
Su fortaleza, llamada Alamut, aparece descrita en los viajes del aventurero medieval veneciano Marco Polo. Así, que, con el texto de Polo en la mano, se aventuró por esas tierras para dirigirse hasta esa fortaleza.
Tras ello, narró sus aventuras en un informe, que presentó ante la Royal Geographical Society, de Londres, donde fue muy bien recibido.
Evidentemente, esto no era suficiente para una hábil exploradora como ella. Así que, cuando se enteró que había dos castillos de esta secta que habían resistido la invasión de los mongoles y es posible que aún vivieran ahí sus sucesores, estaba muy claro cuál tenía que ser su siguiente objetivo.
En 1931, encontró la fortaleza de Lamiaser, siendo la primera mujer europea que había llegado hasta allí. Publicando, en 1934, su obra  “Los valles de los Asesinos”, que le dio fama internacional y reconocimiento entre los científicos.
Posteriormente, escribiría muchos más libros y artículos, pero éste fue el que le dio mayor fama en toda su carrera.
Poco después, intentó marchar hacia Shabwa, un centro comercial en la ruta que atravesaba la península Arábiga y donde decían que había un gran tesoro. Desgraciadamente, no pudo llegar hasta allí, porque se lo impidió una angina de pecho.
Hubo mucha competencia por llegar hasta allí. El fotógrafo alemán Hans Helfritz sólo pudo llegar hasta el exterior de la ciudad, sin embargo, el que consiguió penetrar en su interior fue el explorador británico Harry Saint John Philby, más conocido como Jack Philby. Éste, aparte de ser un explorador, también fue agente del servicio de Inteligencia británico.
Seguro que nos es más conocido su hijo, Kim Philby, famoso por dedicarse al periodismo y al espionaje a favor de la URSS.
Una vez restablecida, Freda, organizó, en 1937, una nueva expedición. Esta vez iría a la zona llamada Hadramaut, en el sur de esa península. Consiguió ayuda financiera de Lord Wakefield y esta vez se llevó consigo a dos expertas: una arqueóloga llamada Gertrude Caton-Thompson y una geóloga, Elinor Wight Gardner.
Sobre el papel, iba a ser un viaje muy bien organizado, pero pronto surgieron los problemas. Parece ser que no se llevaron muy bien desde el principio y a pesar de que hicieron juntas multitud de hallazgos importantes, nunca congeniaron.
Más tarde, Freda, invitó a sus colaboradoras a continuar viaje hacia el sur a la búsqueda de la antigua ciudad de Caná, pero ellas declinaron esta invitación.
Así que tuvo que seguir el camino sola, pero consiguió llegar hasta esa ciudad y su antiguo puerto, donde llegaban los cargamentos de incienso, un sitio donde nunca habían llegado los occidentales. En la llamada tierra de los Reyes Magos.
En 1938, volvió a su casa en Asolo, Italia, por donde hacía ya varios años
que no pasaba. No obstante, no se quedó mucho tiempo por allí, al ver que los fascistas habían tomado el poder y gobernaban a su antojo.
Así que, rápidamente,  hizo las maletas para dirigirse de nuevo a la zona de los castillos de la secta de los Asesinos.
Una vez iniciada la II Guerra Mundial, recibió una llamada del Ministerio de Información británico. Ella, aunque no era británica, aceptó inmediatamente la propuesta.
Su misión era la de viajar hacia Yemen, estudiar la influencia italiana en esa zona y organizar un grupo para inclinar a los árabes hacia el lado británico o, al menos, hacer que se mantuvieran neutrales en ese conflicto. Algo parecido a lo que había hecho Lawrence de Arabia, durante la I Guerra Mundial.
Parece ser que llevó consigo una serie de películas, donde se mostraba el poderío militar británico. Algo que convenció al imán de Yemen para mantener su neutralidad en el conflicto.
La misión fue realizada como gran éxito. Así que sus mandos le dejaron desarrollar nuevas ideas para otras zonas de influencia árabe. De ese modo, organizó un grupo llamado la “Hermandad de la Libertad”. Se trataba de un grupo árabe, bajo la influencia de Londres, formado por individuos de todos los grupos religiosos, que promoviesen, en la posguerra, un sistema político democrático de tipo laico.
Parece ser que tuvo mucho éxito y, en Egipto, estuvo vigente hasta 1952, cuando triunfó el golpe de Estado del coronel Nasser.
Siempre estuvo acomplejada por las secuelas de su accidente en la fábrica, el cual se llevó por delante parte de su oreja y de la piel de la sien, en el lado derecho de su cara. Por eso, habitualmente, se peinaba de una forma que no se vieran esos defectos. Incluso, ya con 41 años se puso en manos de un cirujano estético.
En 1947, ya con 54 años, decidió casarse con Stewart Perowne, administrador británico y también historiador. Este matrimonio sólo duró 5 años. Es posible que el divorcio lo causara la homosexualidad del marido.
Aunque sufrió varias enfermedades graves, su cuerpo aún le pedía viajar, a pesar de haber cumplido ya los 60 años.
Esta vez, se interesó por Turquía. Aprendió su idioma y su historia y se encaminó hacia allí. Este país la influyó tanto que pasó allí toda la década de los cincuenta. Sobre él, publicó varios de sus libros.
Incluso, se permitió realizar el mismo trayecto que había hecho en la Antigüedad el gran Alejandro Magno.
En su ancianidad todavía le quedaban fuerzas para seguir viajando.  Increíblemente, cuando ya había cumplido los 70 años se dedicó a explorar China y Camboya.
Cuando cumplió los 80, a una edad que ni soñaban cumplir muchos de sus contemporáneos,  aún le quedaron fuerzas para viajar a una zona considerada totalmente inaccesible de Afganistán.
Como prueba de que a esta mujer le iba la marcha, se puede mencionar que a los 84 se atrevió a descender en una balsa el río Éufrates, en el actual Irak, y con 89 subió parte del Himalaya.
Por supuesto, seguía escribiendo, de forma incansable, multitud de relatos sobre todos esos curiosos viajes.También fue condecorada como Dama del Imperio Británico.
A la que no gustó tanto esa decisión suya de cumplir años, fue a su entidad bancaria, con la que había suscrito una pensión vitalicia. Todos los años le enviaban una persona para comprobar que aún seguía viva.
Con 100 años murió esta gran aventurera en su casa de Asolo (Italia), que, seguro que a todos, al conocer su vida, nos ha dado mucha envidia. Por lo menos, en mi caso, debo confesar que así ha sido.
Espero que os haya gustado, aunque me he enrollado un poco, pero habréis de reconocer que este personaje se lo merecía.

sábado, 18 de abril de 2015

FRÉDÉRIC PASSY, UN HOMBRE DE PAZ



Como, últimamente, hay una gran cantidad de conflictos en el mundo y tras la Semana Santa, me apetece hablar de un personaje que dedicó toda su vida a luchar a favor de la paz. A lo mejor, por eso, en el mundo actual, donde en todos los medios de comunicación parece que se le rinde culto a la violencia, pues no aparece este tipo de gente ni por asomo.
Este hombre tan barbudo, que podemos ver en las fotos, fue Frédérick Passy, el cual nació en París, un día de mayo de 1822.
De su padre sólo se dice que había luchado en la famosa batalla de Waterloo. Sin embargo, uno de sus tíos, Hipolytte,  fue ministro de Finanzas de Francia tanto durante el mandato de Luis Felipe como en el de Luis Napoleón, luego emperador Napoleón III.
Nuestro hombre empezó estudiando Derecho, pero, como por lo visto, tras haber terminado la carrera,  no tuvo mucho éxito, pues se puso a trabajar como contable en el Consejo de Estado.
Su tío, el ministro, le animó a estudiar Economía, cosa que hizo, retirándose de su puesto en el Consejo, tras haber trabajado allí durante 3 años.
Como siempre tuvo un ferviente espíritu republicano, tras la llegada del Segundo Imperio, en 1851, de la mano de Napoleón III, se negó a prestarle obediencia y se retiró de toda actividad política. Con ello quedó marcado por el nuevo régimen y se convirtió en periodista.
En ese período tuvo que sobrevivir dando clases y conferencias en las universidades, así como escribiendo libros. Esto último empezó a darle cierta popularidad en su país.
Ya por entonces, entre sus colegas de profesión, se le consideraba uno de los mejores teóricos de la Economía.
Algunas de sus conferencias, que luego fueron recogidas en dos volúmenes, llamaron mucho la atención del público y de sus colegas.
Se podrían mencionar “Las máquinas y su influencia en el desarrollo de la Humanidad” (1866), Malthus y su doctrina” (1868), “Historia del trabajo” (1873). Su interés por la educación se pudo comprobar en “De la propiedad intelectual” (1859) y “La Democracia y la Educación” (1864).
En 1857 escribió su primera obra “Melanges economiques”, donde
se definió como seguidor del librecambismo. Precisamente, porque, para él, el libre intercambio de mercancías daría lugar a un libre intercambio de ideas entre los ciudadanos de los países y eso promovería la paz en el mundo.
Otras de sus obras más famosas fueron “La guerra y la paz”, de 1867 y la “Historia del movimiento de la paz”, de 1905. A partir de  esta última se origina el Derecho Humanitario.
Durante el II Imperio fue partidario de hacer una reforma educativa y de oponerse, en 1867,  a la guerra con Prusia, sobre la cuestión de Luxemburgo, para lo cual lanzó toda una campaña en la prensa. También se opuso a la guerra de Crimea.
Al mismo tiempo, siendo diputado republicano, independiente y de izquierdas, siempre se opuso en la Cámara a la política colonial francesa, por ser contraria al librecambismo que él propugnaba.
En 1868 fundó la Liga internacional
y permanente de la paz, para intentar evitar todo tipo de conflictos bélicos.
Con la llegada de la guerra franco-prusiana esta organización fue disuelta. Así que creó, en su lugar, la Sociedad francesa de amigos de la paz, que llegó a hacer un congreso en París, coincidiendo con la Exposición Universal de 1878.  En 1889 pasó a ser la Sociedad de arbitraje entre las naciones.
Tras la caída del II Imperio se le empezaron a reconocer sus méritos, nombrándole, en 1877, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de Francia y otorgándole, posteriormente,  la Legión de Honor.
En 1881 fue elegido diputado y así pudo defender sus ideas sobre unas reformas en la política exterior, en la política educativa y en la normativa laboral, incidiendo en una mayor cobertura en los seguros para los afectados por accidentes de trabajo. Incluso, presentó varias mociones para prohibir las guerras para siempre, promoviendo el desarme internacional y el arbitraje para resolver los asuntos entre naciones.
A lo mejor, esto creó un precedente, pues ya en la Constitución de la II República española, se puede leer en su artículo 6º: “España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”.
Aunque perdió ese escaño en 1889, continuó intentando organizar un sistema de arbitraje para solucionar de forma pacífica los conflictos entre naciones. De esa manera, consiguió, en 1888, que se reunieran en París 24 parlamentarios franceses y 8 británicos a fin de solucionar un problema común. Los británicos estuvieron liderados por el parlamentario liberal Randall Cremer, el cual ya había conseguido que se aprobara algo parecido en su parlamento, para resolver los conflictos entre el Reino Unido y USA, que no pudieran resolverse de una manera diplomática.
Así, promovieron que otros parlamentarios propusieran en sus distintos parlamentos, una serie de medidas para que los conflictos internacionales pudieran resolverse mediante arbitraje y no de una forma bélica.
Siendo el objetivo general la paz internacional, el medio para lograrla sería el arbitraje. Los promotores serían los parlamentos y la representación popular sería la que le daría fuerza a estos acuerdos.
En 1889 se creó la Unión Interparlamentaria (UIP), siendo Passy su primer presidente, al mismo tiempo que participó en la Oficina Internacional de la Paz, que estaba radicada en Suiza.
Conviene no olvidar que la UIP presenta habitualmente sus resoluciones a la Asamblea General de la ONU y, por ello, le dieron en 2002 el estatus de observador permanente.
Todavía, hoy en día, se intenta crear una Asamblea Parlamentaria internacional en la ONU, para resolver ciertos problemas globales, pero aún no se ha conseguido.
Nuestro personaje, por sus desvelos a fin de conseguir una paz duradera a nivel mundial, fue premiado en 1901 con el Premio Nobel de la Paz. Como anécdota, me gustaría indicar que fue la primera persona a la que le dieron este premio, aunque fuera compartido con Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja.
No sé si sabréis que este es el único Premio Nobel que no se otorga en Suecia, sino que lo concede el parlamento de Noruega.
Nobel, que falleció en 1896,  dispuso, entre otras cosas,  en su testamento, que, en quinto lugar debería de concederse un premio a “la personalidad que habría contribuido más o mejor a la unión de los pueblos, a la supresión o a la reducción de los ejércitos permanentes, a la reunión y a la propagación de congresos para la paz”. Así se organizó el Premio Nobel de la paz.
Este testamento fue muy bien acogido por las organizaciones pacifistas, así que en “El almanaque para la paz”, editado por la Asociación de la Paz para el Derecho se propuso a Passy como primer candidato a este noble premio.
Aunque tengamos una idea de que el final del XIX y comienzos del XX fue una etapa bastante belicista, fueron muchos los que lucharon por la paz en el mundo.
Al respecto, se pueden mencionar una serie de nombres que hoy en día igual no nos dicen nada, pero que en su momento, tuvieron cierta popularidad por sus esfuerzos a fin de lograr una ansiada paz en el mundo. Por ejemplo, podemos destacar a Élie Ducommun, Evans Darby, Hogdon Pratt, la baronesa von Suttner, Gustave Moynier, etc.
 Es posible que le dieran el Nobel a Passy, porque en su época se le consideraba el decano, o sea, el más antiguo defensor de los movimientos pacifistas. No en vano, se le llamó el “Apóstol de la paz”.
Es curioso, porque hoy en día nos parecería que la Cruz Roja tendría méritos más que suficientes para llevarse ese premio. De hecho, se los llevó más adelante. Sin embargo, en aquella época, les parecía que era una entidad recién llegada a la lucha del pacifismo y que había otras personas que llevaban más tiempo en esa “trinchera” que ella.
Parece ser que la propia baronesa von Suttner fue una de las personas que influyó sobre Nobel para que creara este premio Nobel de la Paz. Se conocieron cuando ella fue, durante un breve plazo, su secretaria personal.
La baronesa fue una de las personas que más apoyó la candidatura de Passy, aunque también abogó para que se lo dieran, conjuntamente, a Dunant.
Cuando se va a dar un premio tan importante como éste, es normal que haya muchas candidaturas. Siempre se ha dicho que por cada premio Nobel “hay un galardonado y 20 descontentos”. Además, en aquella época no se daban tantos premios como ahora.
Lo curioso es que alguno de los compañeros de Dunant en la Cruz Roja, en principio, no estuvieron muy de acuerdo con su candidatura, argumentando que la fundación de esta Entidad no fue obra de un solo hombre, sino de la Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública y el Comité Internacional de Socorro a los Militares Heridos, creado en Ginebra en 1863.
Volviendo a nuestro personaje del día, Frédéric Passy, conviene no olvidar que, todavía en 1905, a pesar de su avanzada edad, hizo unas oportunas gestiones en el conflicto que, por entonces,  enfrentaba a los gobiernos de Suecia y Noruega y dijo que, si se llegaba a una solución pacífica le llenaría más de satisfacción que haber recibido el Nobel.
Todavía en 1909 publicó su obra “Por la paz”, donde contaba su peripecia vital para intentar lograr una paz duradera en el mundo.
Desgraciadamente, murió en 1912. Podemos decir que, a pesar de que, en vida, no tuvo mucha suerte para lograr la paz mundial, su semilla germinó y todavía existen algunas organizaciones creadas por él, como la UIP.
 Las naciones ya no abusan tanto de la violencia, para resolver sus conflictos internacionales, como ocurría en su época.
No obstante, esperemos que tomen ejemplo y se decidan por resolver los conflictos actuales por la vía diplomática o por el arbitraje, antes de hacerlo por medio de guerras, que no conducen a ningún sitio. Algo que hemos aprendido en Europa a costa de millones de muertos, desgraciadamente.
Espero que os haya gustado y que no consideréis a este personaje demasiado rebuscado, por mi parte.