Hoy voy a narrar la biografía de un
personaje de indudable importancia en la Historia de Rusia.
Grigori Yefimovich Rasputin, que
era su verdadero nombre, nació en 1869 en una pequeña localidad de la provincia
siberiana de Tobolsk, en Rusia.
Pertenecía a una familia de
campesinos y ese fue su trabajo durante muchos años.
Por lo visto, a los 18 años, se
casó con una joven, que vivía en una localidad situada a unos 200 km de la suya.
De ese matrimonio nacieron 7 hijos, pero sólo sobrevivieron 3. Un chico y dos
chicas.
No se conoce el motivo por el que,
en 1897, abandonó el hogar familiar para trasladarse a vivir a un monasterio. Unos
autores dicen que fue por un problema con su fe ortodoxa y otros, porque la
Policía lo buscaba por haber sido acusado de haber robado unos caballos.
En el Monasterio de Verjoturye
observó muy de cerca la vida de los monjes. Sin embargo, él no se convirtió en
monje, sino en una especie de hombre santo que peregrinaba por todo el país.
Parece ser que lo hizo influido
por otro de esos peregrinos, ya anciano, llamado Makary. El cual también le
enseñó a leer y a escribir.
También hay quien dice que se
unió a la secta de los llamados Jlysty. Ésta era una gente muy curiosa. Decían que,
para ser perdonados, debían de pecar gravemente. Así que se daban a todos los
placeres, como comer y beber en demasía y practicar el sexo entre todos. Luego,
se fustigaban con látigos para ser perdonados. Entre sus afiliados, no sólo
había hombres, sino también mujeres.
Los que le conocieron decían que
tenía el don de convencer a la gente. A ello le ayudaban sus ojos azules con su
mirada penetrante. Así, poco a poco, fue ganando muchos adeptos, que le seguían
a todas partes.
No sé si sería para quitárselo
del medio, lo cierto es que, en 1903, las autoridades eclesiásticas de su zona
le dieron una carta de recomendación para el director del seminario de San
Petersburgo.
Parece ser que le cayó muy bien
al archimandrita Teofán, que era la máxima autoridad eclesiástica de la capital.
Así que éste lo fue presentando en los salones de los nobles.
En aquella época, estaban muy de
moda el espiritismo y la teosofía. Sin embargo, Rasputin no hablaba de ello,
sino de asuntos religiosos, en un lenguaje comprensible para todo el mundo.
De esa manera, pudo ir conociendo
a la flor y nata de la alta sociedad de San Petersburgo. Incluso, entre sus
seguidores, se hallaban dos princesas montenegrinas, casadas con dos primos del
zar Nicolás II, que fueron las que le convencieron para que lo recibiera en su
palacio.
La mejor amiga de la zarina fue
una aristócrata llamada Anna Vyrubova. Por lo visto, la zarina le encargó que
fuera a la localidad de residencia de Rasputin e investigara quién era y si
podía hacer algún tipo de milagro.
La zarina estaba muy preocupada por la salud de su hijo, Alexis, el heredero a la corona, que padecía hemofilia. No olvidemos que la zarina estaba emparentada con
la reina Victoria, cuyos muchos descendientes provocaron que los varones de varias casas reales padecieran esa misma enfermedad.Aparte de haberle transmitido esa
enfermedad a su hijo, la zarina era de origen alemán y eso hacía que muchos le
echaran la culpa de los muchos males que padecía Rusia.
A partir de entonces, la zarina telegrafió
varias veces a Rasputin, cada vez que su hijo recaía en su enfermedad. Él la
aconsejaba, diciéndole que sólo rezaría por él y que no dejase que se le
acercaran los médicos.
Hay quien dice que el problema es
que los médicos le solían recetar aspirina para mitigar los dolores, pero todavía
no se sabía que ese medicamento favorecía la pérdida de sangre.
También se hizo amigo de los hijos del zar. Algo que no gustó mucho a los miembros de la corte. Incluso, algunos llegaron a insinuar que quería seducir a la propia zarina o a alguna de sus 4 hijas. De hecho, tenía fama de seductor y juerguista.
Por ello, el zar le recomendó que abandonara, durante un tiempo, la capital y éste se fue a visitar Palestina.
Algunas de sus seguidoras decían
verlo como un Cristo viviente y, si se acostaban con él, podrían conseguir que
parte de su santidad se les contagiara a ellas.
En julio de 1914, una joven
campesina, llamada Khioniya Guseva cometió un atentado contra Rasputin, clavándole
una daga en el estómago. No pudo rematarle, porque éste se defendió con un palo.
La zarina le envió a su médico
personal, que fue el que le operó y consiguió salvarle la vida.
Guseva era una mujer muy extraña.
Le faltaba la nariz. Posiblemente, algo causado por la sífilis.
La muchacha era seguidora de otro predicador, llamado Iliodoro, el cual odiaba a Rasputin. Sin embargo, en los interrogatorios, siempre sostuvo haber actuado sola. No obstante, se sabe que Iliodoro huyó al extranjero para no ser detenido en Rusia. Mientras que la joven fue declarada loca y encerrada en un manicomio.
Por otra parte, en diciembre de
1916, un grupo de nobles, liderados por el gran duque Dimitri Pavlovich, primo del
zar, y Félix Yusupov, casado con una sobrina del zar, idearon un complot contra
Rasputin, acusándolo de que tenía demasiado poder sobre los miembros de la
familia imperial.
Parece ser que Yusupov era
homosexual y visitó a Rasputin con el pretexto de que intentara eliminar su
tendencia sexual. Además, estaba casado con una bella princesa, sobrina del zar,
y, por ello, varios miembros de la familia imperial se habían opuesto a esa
boda.
Así que, el 11 de diciembre, le invitó a su palacio, donde le dijo que le presentaría a su esposa. Algo imposible, porque ella se hallaba de viaje, muy lejos de la capital.
Parece ser que los implicados en
ese crimen cenaron con él en una habitación, situada en el sótano del palacio Yusupov.
Por lo visto, le ofrecieron
pasteles y vino. Todo ello bien mezclado con cianuro, pero no consiguieron que muriera.
Según María, una de las hijas de
Rasputin, desde que su padre sufrió ese atentado, ya no pudo comer dulces,
porque le producían mucha acidez. También solía beber vino para soportar sus
dolores crónicos.
Así que, como tenía un nivel de
acidez estomacal muy bajo, el cianuro no consiguió hacerle un efecto inmediato.
Parece ser que Yusupov perdió la
paciencia y le disparó al estómago con una pistola de Dimitri. Sin embargo, no
consiguió que Rasputin muriera en el acto. Así que éste intentó huir de allí,
pero otro de los asistentes, le disparó en la espalda.
Aprovecharon para tirar de su
cuerpo hacia dentro y desnudarle. Después, quemaron sus ropas y arrojaron el
cuerpo al río, desde lo alto de un puente.
Según dijo su hija María, ella y
su hermana fueron a avisar de la desaparición de su padre a Anna Vyrubova y
ésta le metió prisa a la Policía. De esa forma, pronto encontraron restos de
sangre en la barandilla del puente desde el que lo habían lanzado y también
encontraron una de sus botas flotando en el agua.
Sin embargo, el cuerpo de
Rasputin no fue encontrado en el río hasta el día 19 de diciembre. Curiosamente,
al hacer la autopsia, los médicos se dieron cuenta de que había llegado todavía
vivo al río y allí había muerto ahogado.
El cadáver de Rasputin fue
enterrado en el jardín de la casa de Vyrubova, situado junto al Palacio de
Alejandro, en la localidad de Tsarskoye Selo. A unos 50 km al SE de San Petersburgo.
Como los miembros de la familia imperial no podían ser procesados, sin la autorización del zar, éste dispuso que fueran exiliados. A Dimitri lo enviaron a luchar en la I Guerra Mundial en el frente de Irán. Mientras que a Yusupov y a su esposa los enviaron a una localidad fronteriza con la actual Ucrania.
De todos modos, gracias a ello,
los tres se salvaron de caer en las garras de los bolcheviques, cuando sucedió
la Revolución Rusa. Al contrario de lo que les ocurrió a muchos nobles y los
miembros de la familia imperial. Como todos ya sabemos, estos últimos fueron
asesinados en Ekaterimburgo.
Según dicen, Rasputin, unos días
de ser asesinado, le envió una carta al zar en la que le decía que, si él era
asesinado por los nobles, la familia imperial no sobreviviría más de 2 años. Como
así fue.
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