ESCRIBANO MONACAL

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jueves, 29 de enero de 2026

RASPUTIN Y LA FAMILIA IMPERIAL RUSA

 

Hoy voy a narrar la biografía de un personaje de indudable importancia en la Historia de Rusia.

Grigori Yefimovich Rasputin, que era su verdadero nombre, nació en 1869 en una pequeña localidad de la provincia siberiana de Tobolsk, en Rusia.

Parece ser que tuvo otros 8 hermanos, los cuales murieron todos en la infancia, salvo una hermana, llamada Feodosia, de la cual se tienen muy pocos datos.

Pertenecía a una familia de campesinos y ese fue su trabajo durante muchos años.

Por lo visto, a los 18 años, se casó con una joven, que vivía en una localidad situada a unos 200 km de la suya. De ese matrimonio nacieron 7 hijos, pero sólo sobrevivieron 3. Un chico y dos chicas.

No se conoce el motivo por el que, en 1897, abandonó el hogar familiar para trasladarse a vivir a un monasterio. Unos autores dicen que fue por un problema con su fe ortodoxa y otros, porque la Policía lo buscaba por haber sido acusado de haber robado unos caballos.

En el Monasterio de Verjoturye observó muy de cerca la vida de los monjes. Sin embargo, él no se convirtió en monje, sino en una especie de hombre santo que peregrinaba por todo el país.

Parece ser que lo hizo influido por otro de esos peregrinos, ya anciano, llamado Makary. El cual también le enseñó a leer y a escribir.

A partir de entonces, dejó de beber alcohol y sólo comía vegetales. Peregrinó por diversos lugares y hasta llegó a Jerusalén.

También hay quien dice que se unió a la secta de los llamados Jlysty. Ésta era una gente muy curiosa. Decían que, para ser perdonados, debían de pecar gravemente. Así que se daban a todos los placeres, como comer y beber en demasía y practicar el sexo entre todos. Luego, se fustigaban con látigos para ser perdonados. Entre sus afiliados, no sólo había hombres, sino también mujeres.

Los que le conocieron decían que tenía el don de convencer a la gente. A ello le ayudaban sus ojos azules con su mirada penetrante. Así, poco a poco, fue ganando muchos adeptos, que le seguían a todas partes.

También se ganó la animadversión de muchos miembros del clero ortodoxo, porque les hacía la competencia. Estos fueron los que le acusaron de ser un miembro de los Jlysty.

No sé si sería para quitárselo del medio, lo cierto es que, en 1903, las autoridades eclesiásticas de su zona le dieron una carta de recomendación para el director del seminario de San Petersburgo.

Parece ser que le cayó muy bien al archimandrita Teofán, que era la máxima autoridad eclesiástica de la capital. Así que éste lo fue presentando en los salones de los nobles.

En aquella época, estaban muy de moda el espiritismo y la teosofía. Sin embargo, Rasputin no hablaba de ello, sino de asuntos religiosos, en un lenguaje comprensible para todo el mundo.

De esa manera, pudo ir conociendo a la flor y nata de la alta sociedad de San Petersburgo. Incluso, entre sus seguidores, se hallaban dos princesas montenegrinas, casadas con dos primos del zar Nicolás II, que fueron las que le convencieron para que lo recibiera en su palacio.

Según cuentan, Rasputín fue recibido por el zar Nicolás II y la zarina a principios de noviembre de 1905. Éste quedó muy complacido y anotó en su diario: “Hemos conocido a un hombre de Dios, Grigori, de la provincia de Tobolsk”.

La mejor amiga de la zarina fue una aristócrata llamada Anna Vyrubova. Por lo visto, la zarina le encargó que fuera a la localidad de residencia de Rasputin e investigara quién era y si podía hacer algún tipo de milagro.

La zarina estaba muy preocupada por la salud de su hijo, Alexis, el heredero a la corona, que padecía hemofilia. No olvidemos que la zarina estaba emparentada con

la reina Victoria, cuyos muchos descendientes provocaron que los varones de varias casas reales padecieran esa misma enfermedad.

Aparte de haberle transmitido esa enfermedad a su hijo, la zarina era de origen alemán y eso hacía que muchos le echaran la culpa de los muchos males que padecía Rusia.

A partir de entonces, la zarina telegrafió varias veces a Rasputin, cada vez que su hijo recaía en su enfermedad. Él la aconsejaba, diciéndole que sólo rezaría por él y que no dejase que se le acercaran los médicos.

Hay quien dice que el problema es que los médicos le solían recetar aspirina para mitigar los dolores, pero todavía no se sabía que ese medicamento favorecía la pérdida de sangre.

También se hizo amigo de los hijos del zar. Algo que no gustó mucho a los miembros de la corte. Incluso, algunos llegaron a insinuar que quería seducir a la propia zarina o a alguna de sus 4 hijas. De hecho, tenía fama de seductor y juerguista. 


Por ello, el zar le recomendó que abandonara, durante un tiempo, la capital y éste se fue a visitar Palestina.

Algunas de sus seguidoras decían verlo como un Cristo viviente y, si se acostaban con él, podrían conseguir que parte de su santidad se les contagiara a ellas.

En julio de 1914, una joven campesina, llamada Khioniya Guseva cometió un atentado contra Rasputin, clavándole una daga en el estómago. No pudo rematarle, porque éste se defendió con un palo.

La zarina le envió a su médico personal, que fue el que le operó y consiguió salvarle la vida.

Guseva era una mujer muy extraña. Le faltaba la nariz. Posiblemente, algo causado por la sífilis.

La muchacha era seguidora de otro predicador, llamado Iliodoro, el cual odiaba a Rasputin. Sin embargo, en los interrogatorios, siempre sostuvo haber actuado sola. No obstante, se sabe que Iliodoro huyó al extranjero para no ser detenido en Rusia. Mientras que la joven fue declarada loca y encerrada en un manicomio.

Por otra parte, en diciembre de 1916, un grupo de nobles, liderados por el gran duque Dimitri Pavlovich, primo del zar, y Félix Yusupov, casado con una sobrina del zar, idearon un complot contra Rasputin, acusándolo de que tenía demasiado poder sobre los miembros de la familia imperial.

Parece ser que Yusupov era homosexual y visitó a Rasputin con el pretexto de que intentara eliminar su tendencia sexual. Además, estaba casado con una bella princesa, sobrina del zar, y, por ello, varios miembros de la familia imperial se habían opuesto a esa boda.

Así que, el 11 de diciembre, le invitó a su palacio, donde le dijo que le presentaría a su esposa. Algo imposible, porque ella se hallaba de viaje, muy lejos de la capital.

Parece ser que los implicados en ese crimen cenaron con él en una habitación, situada en el sótano del palacio Yusupov.

Por lo visto, le ofrecieron pasteles y vino. Todo ello bien mezclado con cianuro, pero no consiguieron que muriera.

Según María, una de las hijas de Rasputin, desde que su padre sufrió ese atentado, ya no pudo comer dulces, porque le producían mucha acidez. También solía beber vino para soportar sus dolores crónicos.

Así que, como tenía un nivel de acidez estomacal muy bajo, el cianuro no consiguió hacerle un efecto inmediato.

Parece ser que Yusupov perdió la paciencia y le disparó al estómago con una pistola de Dimitri. Sin embargo, no consiguió que Rasputin muriera en el acto. Así que éste intentó huir de allí, pero otro de los asistentes, le disparó en la espalda.

Aprovecharon para tirar de su cuerpo hacia dentro y desnudarle. Después, quemaron sus ropas y arrojaron el cuerpo al río, desde lo alto de un puente.

No se sabe cómo se enteraron los periodistas, pero lo cierto es que, al día siguiente, ya empezaron a publicar los detalles del asesinato. Por ello, fueron, enseguida, detenidos los dos principales implicados: Yusupov y Pavlovich.

Según dijo su hija María, ella y su hermana fueron a avisar de la desaparición de su padre a Anna Vyrubova y ésta le metió prisa a la Policía. De esa forma, pronto encontraron restos de sangre en la barandilla del puente desde el que lo habían lanzado y también encontraron una de sus botas flotando en el agua.

Sin embargo, el cuerpo de Rasputin no fue encontrado en el río hasta el día 19 de diciembre. Curiosamente, al hacer la autopsia, los médicos se dieron cuenta de que había llegado todavía vivo al río y allí había muerto ahogado.

El cadáver de Rasputin fue enterrado en el jardín de la casa de Vyrubova, situado junto al Palacio de Alejandro, en la localidad de Tsarskoye Selo. A unos 50 km al SE de San Petersburgo.

Como los miembros de la familia imperial no podían ser procesados, sin la autorización del zar, éste dispuso que fueran exiliados. A Dimitri lo enviaron a luchar en la I Guerra Mundial en el frente de Irán. Mientras que a Yusupov y a su esposa los enviaron a una localidad fronteriza con la actual Ucrania.

De todos modos, gracias a ello, los tres se salvaron de caer en las garras de los bolcheviques, cuando sucedió la Revolución Rusa. Al contrario de lo que les ocurrió a muchos nobles y los miembros de la familia imperial. Como todos ya sabemos, estos últimos fueron asesinados en Ekaterimburgo.

Según dicen, Rasputin, unos días de ser asesinado, le envió una carta al zar en la que le decía que, si él era asesinado por los nobles, la familia imperial no sobreviviría más de 2 años. Como así fue.

 

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