ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 27 de enero de 2026

LA MASACRE DEL DOMINGO SANGRIENTO

 

Hoy voy a narrar un hecho, que, según creo, fue uno de los principales motivos por los que condenaron a muerte al zar Nicolás II de Rusia.

El zar había nacido en 1868 y sucedió a su padre, Alejandro III, que murió joven. Nicolás era un hombre con poca personalidad, que se dejaba influir por sus familiares.


Algunos de ellos eran sumamente conservadores.

Los zares siempre habían sido muy respetados por la mayoría del pueblo. Incluso, muchos de ellos lo llamaban “el padrecito” y pensaban que los protegería de todos los males, porque estaba ungido por Dios.

Era casi como esos monarcas musulmanes, que dicen ser sucesores de Mahoma y, aparte de su poder político, también tienen un poder religioso.

Estaba casado con una princesa alemana y tenían 4 hijas y 1 hijo. Este último, necesitaba muchos cuidados médicos, ya que padecía hemofilia. También llamada la enfermedad de la sangre azul. Por lo visto, el pueblo le achacaba a su esposa todos los males de la familia imperial.

Nuestro segundo personaje era Gueorgi Apolonovich Gapón. Nacido en 1870 en lo que hoy es Ucrania. Vivió en una familia acomodada, pues su padre era un granjero bastante rico.

En 1896 ingresó en un seminario y se casó, pero enviudó dos años después, recibiendo el orden sacerdotal en 1905. Ya sabemos que a los sacerdotes ortodoxos les permiten estar casados.

El padre Gapón organizó una especie de sindicato llamado Asamblea de obreros industriales rusos, el cual tenía el beneplácito del Gobierno y estaba protegido por la policía zarista. Parece ser que Gapón estaba muy influido por las ideas de Tolstoi.

No era un simple sacerdote, sino una especie de misionero, que solía aportar discusiones religiosas en talleres, comedores, etc. El objetivo de su sindicato era defender los derechos de los trabajadores y no salirse de la fe ortodoxa.

El sindicato estaba tan protegido por el Estado que empezaba sus reuniones rezando un Padrenuestro y las terminaba cantando el himno nacional, llamado Dios salve al zar. De hecho, para ser miembro de ese sindicato había que acreditar ser también fiel a la iglesia ortodoxa rusa.

Por otro lado, también hay quien afirma que ese sindicato recibía financiación de los servicios de Inteligencia de Japón. Así que, muy pronto, el sindicato llegó a contar con unos 8.000 afiliados.


El último personaje de esta historia es Vladimir Alexandrovich, hermano menor de Alejandro III y, por tanto, tío de Nicolás II.

Nacido en 1847, hizo carrera en el Ejército, pero también fue ministro y senador en diversas ocasiones. Parece ser que era un tipo muy conservador y amante de tratar con mano dura al pueblo. En el momento que nos ocupa era el gobernador militar de San Petersburgo.

El 08/01/1905, según el calendario juliano, sin embargo, el 21/01/1905, según nuestro actual calendario gregoriano, los partidos y sindicatos de la oposición convocaron una huelga general, protestando por lo mal que iba la economía rusa.

El domingo 09/01/1905, el padre Gapón organizó una especie de procesión, en la que miles de personas de su sindicato, encabezados por él y otros sacerdotes ortodoxos, se dirigieron al Palacio de invierno. Su objetivo era entregarle al zar un mensaje, donde pedían mejorar los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores y terminar con la guerra con Japón.

También ocurría que la gente estaba hambrienta, debido a las malas cosechas.

Fue una procesión muy pacífica. Curiosamente, los que iban en ella llevaban iconos y hasta retratos del zar, junto con banderas de Rusia.

Casualmente, ni el zar, ni su familia se encontraban en el Palacio, sino que habían decidido pasar el fin de semana en otra residencia real a las afueras de la capital. A pesar de que sabían que se iba a producir esa marcha, porque había sido autorizada por el Gobierno.

Sin embargo, la noche anterior al acto, los ministros se reunieron de urgencia y tomaron la decisión de publicar que el zar no iba a estar en el Palacio de invierno. Por tanto, no deberían de realizar esa marcha.

Sin embargo, los obreros no se enteraron de que el zar no iba a estar allí y comenzaron la marcha desde varios puntos de la capital para converger ante el Palacio de invierno alrededor de las 14.00.


Incluso, animaron a asistir a las mujeres y los niños.

Por el contrario, el Gobierno trasladó varias unidades militares a la capital, sumando unos 10.000 hombres.

Sin embargo, cuando los policías y los militares vieron a esta gente con esos iconos y los retratos del zar, los saludaron.

Por una parte, algunos oficiales permitieron el paso de los manifestantes, pero en grupos más pequeños.

Por otra parte, otros oficiales dieron la orden de disparar contra los manifestantes en diversos puntos de la capital. Concretamente, el grupo de Gapón fue atacado junto a la Puerta de Narva, pero hubo tiroteos en diversos lugares de la ciudad. Parece ser que el que dio la orden de disparar fue Vladimir, el tío del zar.

El padre Gapón dijo: “¡Ya no hay Dios, ya no hay zar!”. Ese día, la mayoría de los rusos dejaron de llamar “padrecito” al zar y desearon perderlo de vista cuanto antes.

También los militares perdieron su prestigio, porque atacaron a su propio pueblo.

Curiosamente, sobre las 14.00, muchos rusos paseaban cerca del Palacio de invierno, como solían hacerlo todos los domingos por la tarde, pero no tenían nada que ver con los manifestantes.

Sin embargo, cuando llegó hasta el Palacio un grupo de manifestantes, una unidad de Caballería y otra de Infantería de la Guardia imperial, que estaban de reserva, dispararon contra los dos grupos y luego atacó la Caballería.

No se conoce con certeza el número de víctimas, pero se calcula que fueron unos 1.000 muertos y unos 800 heridos.

Incluso, creo recordar que esa escena aparece en la famosa película “Doctor Zhivago”.

Parece ser que Gapón salvó la vida con la ayuda de un activista judío, llamado Pinhas Rutenberg, huyendo de Rusia con la colaboración de Máximo Gorki.

No podía quedarse allí, porque excomulgó al zar y pidió que fuera derrocado. Aquello era lo más lógico, porque el escándalo fue terrible y se multiplicaron las manifestaciones de los sindicatos obreros.

Huyó hasta Ginebra, donde conoció a varios líderes rusos exiliados, como Lenin, y luego se trasladó a Londres.

Sin embargo, supongo que añoraría Rusia y regresó para volver a contactar con la Policía zarista rusa.

También se reencontró con Rutenberg, que pertenecía al Partido Socialista Revolucionario y le quiso convencer para que también colaborase con la Policía zarista, porque decía que eso era bueno para la defensa de los trabajadores.


A finales de marzo de 1906, Rutenberg citó a Gapón para reunirse con él en una casa de campo a las afueras de San Petersburgo.

Parece ser que allí, el sacerdote, volvió a proponerle colaborar con la Policía zarista.

Posteriormente, Rutenberg dijo que salió de esa habitación y habló con 3 camaradas suyos, que estaban escuchando en la habitación de al lado. Estos entraron en la habitación, donde estaba Gapón, y lo ahorcaron.

Nicolás II había calificado el Domingo sangriento como “un día doloroso y triste”. Sin embargo, no tomó ninguna medida contra su tío, que fue el que ordenó la masacre. Vladimir murió a causa de una hemorragia cerebral en 1909. No obstante, el zar tuvo que hacer algunas concesiones, como la creación de la Duma o parlamento.

En el caso de Nicolás II y su familia, todos sabemos que, en 1917, tras la Revolución rusa, fueron detenidos y trasladados a varios lugares.

En julio de 1918, mientras residían en la Casa Ipatiev, en Ekaterimburgo, los miembros de la familia imperial, su médico y varios miembros del servicio, fueron obligados a bajar al sótano de ese edificio, donde fueron asesinados.

El zar Nicolás II, después de esta masacre, no consiguió remontar su popularidad entre su pueblo. Cuando fue derrocado, nadie fue a defenderlo.

Algo parecido le ocurrió a Alfonso XIII, cuando el 14/04/1931, tuvo que marcharse de España, porque nadie movió un dedo para defenderle. Ni siquiera los militares, que se apresuraron a romper la corona que llevaban en sus gorras.

En la actualidad, también están viendo los ciudadanos de muchos países que sus respectivos gobiernos no tienen la intención de cuidar y defender a su pueblo. Más bien, parece lo contrario.

 

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