ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 30 de marzo de 2025

JULIA MARGARET CAMERON

 

Hoy voy a narrar una historia sobre una mujer, que supo sobreponerse a las malas críticas de sus contemporáneos, logrando, por entonces, cierta fama y siendo aún más famosa ahora que cuando vivió.

Julia Margaret Pattle de l’Etang, que era ese su apellido de soltera, nació en 1815 en Calcuta. Cuando la India era una próspera colonia británica.

Su padre, al igual que toda su familia, trabajaban en la famosa Compañía Británica de las Indias Orientales.

Por el contrario, su familia materna era de origen francés. Su abuela materna era una noble francesa, hija de un antiguo oficial de la guardia real de Luis XVI.

Julia tuvo 9 hermanos, siendo ella la cuarta por orden de nacimiento. Desgraciadamente, tres de ellos murieron durante la infancia. Las supervivientes eran todas niñas. Es sabido que, en aquella época, había mucha mortandad infantil.

Las siete hermanas fueron enviadas a vivir con su abuela en Francia. Allí se formaron y Julia residió hasta 1834 en aquel país. Decían que no era la más bella de las hermanas, pero sí la más inteligente.

Posteriormente, regresó a la India, donde seguían residiendo sus padres. Se supone que enfermó y, como solían hacer muchos británicos, se trasladó a la colonia británica de Sudáfrica para recuperarse.

Allí conoció a gente muy interesante, como el astrónomo Sir John Herschel. También conoció a un reputado jurista, llamado Charles Hay Cameron, que había conseguido muchas reformas legales y educativas en la India y también se hallaba convaleciente. Cameron llegó a ser miembro del Consejo Supremo de la India.

Aunque Cameron tenía 20 años más que ella, decidieron casarse en 1838, siendo Herschel su padrino de bodas.

El matrimonio tuvo 5 hijos, pero no se contentaron con eso, sino que criaron a otros 5, que eran hijos de familiares suyos y se habían quedado huérfanos y también a una niña irlandesa, que habían encontrado mendigando por la calle.

Julia y su extensa familia estuvieron residiendo en la India, donde ella se dedicó a organizar todo tipo de reuniones sociales.

En 1845, decidieron trasladarse al Reino Unido. Julia solía visitar un salón literario, organizado por una de sus hermanas. Allí conoció a la mayoría de los intelectuales del momento.

En 1848, su marido se jubiló de su trabajo como funcionario y decidió invertir en plantaciones de caucho en la antigua Ceilán, hoy Sri Lanka.

Parece ser que Julia, que era muy amante del arte, mostró interés por la fotografía. Pero no fue hasta 1863, cuando ya tenía 48 años, el momento en el que se decidió a realizar fotos.

Según dicen, una de sus hijas le regaló por Navidad una de aquellas cámaras antiguas, para que se entretuviera, ya que su esposo había viajado a Ceilán para inspeccionar el estado de sus plantaciones.

Por lo visto, limpió un gallinero y lo utilizó como estudio y la carbonera como cuarto oscuro. Parece ser que fue completamente autodidacta, hasta que consiguió realizar su primera fotografía.

Hay que decir que vivían en la isla de Wight, que está situada al sur de Gran Bretaña. Compraron una mansión, en un pueblo isleño, llamado Freshwater, a la que llamaron Dimbola Lodge, que era el nombre de una de sus plantaciones en Ceilán.

Era una isla a la que solían acudir muchos intelectuales e, incluso, en algunas ocasiones, pasaban sus vacaciones los miembros de la familia real británica.

Así que por Dimbola Lodge solían pasar muchos intelectuales, como Charles Darwin, Thomas Carlyle, Dante Gabriel Rossetti, etc.

Volviendo a nuestro personaje, a finales de enero de 1864, realizó una fotografía bastante buena de una hija de un vecino y amigo.

Por lo visto, Julia se puso eufórica y hasta imprimió y enmarcó la foto, para regalársela al padre de la niña.

A partir de entonces, realizó cientos de fotos, que mostró en diversas exposiciones y fue admitida en la Sociedad Fotográfica de Londres.

Parece ser que le fue bastante bien y se dedicó a vender muchas de sus fotos. Eso le vino muy bien a la familia, porque su marido no tenía una pensión muy alta y sus plantaciones en Ceilán tampoco le reportaban muchos ingresos.

Por lo visto, no se limitó a acudir con sus fotos a exposiciones en Gran Bretaña, sino que también expuso en otros sitios, como Dublín, Viena y Berlín.

En 1865, el Museo Victoria y Alberto, le compró varias decenas de fotografía y le cedió una de sus estancias para que la utilizara como estudio de fotografía. Éste fue el primer museo del mundo que decidió exponer fotografías, otorgándoles la categoría de obras de arte.

De esa forma, consiguió fotografiar a personajes muy famosos. Gracias a ella, conocemos el aspecto que tenían.

También allí fue donde realizó una fotografía a la que tituló “El beso de la paz”, a la que consideró su obra maestra.

En 1873, se trasladaron a Ceilán, debido a la mala salud de su marido, que ya era muy anciano para aquella época.

Desgraciadamente, a partir de entonces, ya realizó menos fotografías. Posiblemente, por la falta de disponibilidad de materiales para realizar su labor y por la dificultad de trabajar con el colodión, debido al calor reinante en esa isla.

En 1875, tras haber viajado al Reino Unido, regresó ya enferma a Ceilán. Posiblemente, padecía una neumonía.

Parece ser que mejoró con el clima de Ceilán, pero, desgraciadamente, en 1879, recayó, falleciendo en esa isla. Su marido falleció un año después que ella.

Realmente, Julia, no fue la pionera en la fotografía británica. Ese puesto hay que otorgarlo a la botánica Anna Atkins. Aunque también hay quien afirma que la pionera fue Constance Fox Talbot. Pero eso se podría decir que es una discusión bizantina.

En 1842, el mencionado Sir John Herschel, que, además de astrónomo, también era químico, inventó el procedimiento de la cianotipia y Anna lo utilizó para fotografiar especies vegetales. Publicando varios álbumes con sus fotos, que apenas se conservan.

Parece ser que la reina Victoria también era aficionada ver fotografías. Así que dio su aprobación para que las mujeres se dedicaran profesionalmente a ello.

Ese fue el comienzo para que otras mujeres como Clementina Hawarden, Julia Margaret Cameron o lady Berkeley se dedicaran a ello. Lógicamente, estas mujeres solían pertenecer a la alta sociedad, porque, tanto las cámaras como los compuestos para realizar las fotos, eran cosas bastante caras.

Según dicen los expertos, Julia ya había tenido contacto con la fotografía, varios años antes de que le regalasen esa cámara. Parece ser que había ayudado a revelar fotos. Algo bastante complejo en aquella época.

Así que no es de extrañar que tuviera tanta práctica con la difícil técnica del colodión húmedo.

Parece ser que siempre consideró a Herschel como su primer maestro en la técnica de la fotografía, el cual le fue dando instrucciones hasta que consiguió su primer éxito.

No obstante, el arte de Julia siempre obtuvo malas críticas, porque no se sometía a los cánones imperantes en aquel momento. Decían que sus fotos estaban desenfocadas y que estaban llenas de manchas. Lo cierto es que no es que fueran fallos, sino que lo hacía adrede, para tener un estilo propio.

Se podría decir que estaba muy influenciada por las obras de Rafael, muy en boga entonces por los prerrafaelitas, y por la iconografía cristiana.

A pesar de esas duras críticas, consiguió que sus fotos fueran exhibidas en la Exposición Universal de 1870, celebrada en Londres, donde fueron admiradas por la gran belleza de sus composiciones. Ella siempre dio prioridad a la estética sobre la técnica para hacer sus fotos.

Parece ser que una de sus mayores propagandistas fue la famosa escritora Virginia Woolf, que era sobrina nieta suya.

Otra de sus modelos favoritas fue Alice Liddell. Es posible que a muchos no les diga nada este nombre, hasta que mencione que fue la niña en la que se inspiró Lewis Carroll para escribir “Alicia en el país de las maravillas”. Otra persona con una biografía interesante. Carroll también fue un fotógrafo aficionado.

En muchas de sus fotos podemos ver a su prima, Julia Stephen, madre de la famosa escritora Virginia Woolf.

También es llamativo que no se dedicara a fotografiar paisajes o monumentos, como solían hacer sus colegas. En cambio, ella siempre fotografiaba personas, intentando mostrar la personalidad del retratado. Tampoco suele realizar retratos de cuerpo entero, sino primeros planos.

A la vista de las opiniones de sus críticos, se podría pensar que era un poco descuidada. Por el contrario, todos lo que la conocían solían decir que era una perfeccionista y que se tomaba su tiempo, antes de realizar una foto. Buscaba la luz y el enfoque más adecuados. Incluso, esperaba el tiempo que hiciera falta, hasta encontrar el estado de ánimo que quería captar en sus modelos. Igual, sería por eso que algunos salen en las fotos con caras de aburrimiento.

Ciertamente, ella no veía a la fotografía como una simple técnica, sino como un medio para realizar obras de arte. Por eso mismo, se le agrupa dentro de un movimiento denominado pictorialismo, en el que los autores de las fotos dan prioridad a la composición, como si se tratase de una pintura.

Ese tipo de fotografías se volvieron a poner de moda a partir de la década de 1940. Por eso mismo, ahora se ha recuperado su estilo y es más famosa que antes. Es una forma de crear una complicidad entre el fotógrafo y el que está observando sus fotos.

Como decía Jonathan Keats: “La fotografía comienza cuando la cámara revela aquello que de otro modo no podría ser visto”.

Ian Jeffrey dijo de ella: “En las fotos de Cameron hay mucho más de lo que se ve a simple vista”.

También es muy admirada por las feministas, porque una buena parte de sus retratos corresponden a mujeres. Algo llamativo en una época en la que no tenían el mismo papel que tienen ahora.

Para terminar, hay que decir que Julia Margaret Cameron fue una mujer admirable que, gracias a su testarudez, consiguió reinventarse a sí misma, y lograr el éxito, cuando ya había cumplido 48 años. En una época en la que muchos de sus contemporáneos la podrían haber considerado casi una anciana, porque la esperanza de vida era mucho menor que la actual.


 

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miércoles, 26 de marzo de 2025

EL MUNDO DE JULIO VERNE

 

Reconozco que no pensaba escribir sobre este tema. Sin embargo, me he enterado de que hoy, 24/03/2025, es el 120 aniversario de la muerte del gran escritor Julio Verne y me ha apetecido escribir sobre él.

Supongo que todo el mundo sabrá que Julio Verne nació en 1828 en Nantes, una localidad portuaria, situada al oeste de Francia.

Se puede decir que nació en el seno de una familia acomodada. Su padre era un importante abogado de esa zona, mientras que su madre procedía de una familia de armadores.

Julio era el mayor de los 5 hermanos. Tenía un hermano y tres hermanas. Curiosamente, su hermano, aparte de ser marino, también se dedicó a la literatura.

Nuestro personaje estuvo interno en un colegio religioso y es posible que ese fuera el motivo por el que nunca le tuviera mucho aprecio a la Iglesia.

Se cuenta que, a los 11 años, quiso embarcarse como cocinero en un velero, pero su padre llegó a tiempo para rescatarlo y llevárselo a casa.

Al terminar sus estudios de Secundaria, su padre lo envía a París para estudiar en la Facultad de Derecho. Parece ser que su padre quería que Julio heredase su despacho de abogado.

Allí le pilló la famosa revolución de 1848. Algo que dejó muy preocupados a sus padres, pero que a él no pareció preocuparle lo más mínimo.

Un tío suyo lo introdujo en los salones literarios y ahí llegó a conocer a grandes figuras del momento. Así que ahí empezó a escribir obras de teatro, aunque la mayoría de ellas nunca fueron representadas. Parece ser que quien le influyó más fue Víctor Hugo.

Por lo visto, tampoco le gustaban mucho los militares y tuvo la suerte de no tener que hacer el servicio militar, porque se libró en el sorteo.

Verne nunca gozó de una buena salud. Parece ser que siempre padeció dolores de estómago, quizás causados por su bulimia y, en ciertas ocasiones, padeció parálisis facial. Algunos expertos dicen que eso podría haber sido debido a la inflamación de una parte del oído, aunque él siempre temió que eso podría ser un problema nervioso, que le podría llevar a la locura.

En 1850 se hizo muy amigo de Alejandro Dumas hijo, el cual le puso en contacto con el empresario de un teatro, que le ofreció un trabajo como secretario y además le permitió representar algunas de sus obras. Incluso, escribió varias operetas, que entonces estaban muy de moda.

Al año siguiente, le presentaron al geógrafo Jacques Arago, famoso por sus viajes alrededor del mundo, del que aprendió mucho sobre las costumbres de otros países.

No obstante, Verne iba publicando sus cuentos en un semanario especializado en un público infantil y juvenil. Eso hizo que escribiera a su padre, rechazando su invitación para trabajar con él en su despacho, porque consideraba que no sería un buen abogado.

En 1856, un amigo llamado Auguste Lelarge le invita a su boda, que se iba a celebrar en Amiens. Julio conoce allí a una hermana de la novia. Una joven que, con sólo 26 años, se había quedado viuda y con dos hijas muy pequeñas. Su marido había sido empleado en una notaría en Amiens y había muerto a causa de una neumonía.

Así que se enamoraron y se casaron en 1857 en París. Parece ser que a sus padres no les gustó ese matrimonio, porque no asistieron a su boda. No sé si sería porque la viuda hacía menos de un año que había enviudado y entonces solían esperar un año, antes de volver a casarse.

Realmente, no sólo era por guardar el luto, sino que así lo exigía el Código Civil, como también ocurría en España. La razón era que, si la viuda quedaba embarazada, así se podía saber si el hijo era del difunto o del nuevo marido. Sobre todo, a efectos de herencias.

Como todavía no tenía una economía muy saneada, se le ocurrió trabajar como corredor de Bolsa. Como para poder ejercer como tal se exigía una buena fianza, se la pidió a su padre y a éste no le quedó más remedio que darle ese dinero.

Curiosamente, una hermana de Lelarge estaba casada con un primo de Verne, llamado Henri Garcet. Éste fue un gran matemático y también quien asesoró a Verne, cuando escribió su famosa obra De la Tierra a la Luna.

En 1861 nació Michel, su único hijo, que le provocó muchas preocupaciones a su padre.

Ese mismo año, se produjo un cambio muy sustancial en la vida de Verne. Su amigo, el escritor francés Alfred de Bréhat, le presentó al editor Pierre-Jules Hetzel, que aprovechó las grandes dotes de Verne para llevarlo a la fama.

Por lo visto, le sugirió que le diera un carácter más científico a sus novelas para popularizar la Ciencia y eso hizo. Así surgió Cinco semanas en globo. Una novela que tuvo un gran éxito, no sólo en Francia, sino a nivel internacional.

Se ve que Hetzel vio que Verne le podría proporcionar unos buenos ingresos e hizo que firmara un contrato por el que se comprometía a escribir dos novelas al año, que luego amplió a tres.

Esa es la razón por la que se han publicado tantas obras de Verne, aunque Hetzel no quiso publicar todas las que le llevó y luego se han publicado ya en el siglo XX. Por ejemplo, la novela titulada Paris en el siglo XX fue despreciada por Hetzel, al considerar que no estaba basada en conocimientos científicos. Sin embargo, en esa novela ya vienen reflejados muchos avances de los que ahora disfrutamos.

A partir de entonces, empieza a irle muy bien. Sus ingresos van aumentando y eso le permite mudarse a otra vivienda más amplia, alquilar casas en la playa y hasta comprar un pequeño barco de pesca, que lo convirtió en un yate de recreo.

Curiosamente, a lo largo de su vida, tuvo varios barcos, pero a todos los llamó Saint Michel.

Se ha dicho que Verne casi no viajaba, pero eso no es cierto. Lo hizo tanto en esos barcos propios como en grandes barcos de pasajeros y visitó varios países, como USA.

En 1871, su mujer le convenció para que se mudaran a su ciudad natal, Amiens. Una localidad situada al norte de Francia. No muy lejos de la frontera con Bélgica.

Allí solía visitar la biblioteca de la Sociedad Industrial para leer su gran colección de revistas científicas. Fue donde escribió La vuelta al mundo en 80 días.

Parece ser que se adaptó pronto a la vida en esa ciudad. Fue nombrado miembro de la Academia de Ciencias, Letras y Artes de Amiens y luego su director.

También se presentó a las elecciones para concejal y fue elegido en varias ocasiones para ese cargo.

Sin embargo, intentó, en tres ocasiones, ingresar en la prestigiosa Academia Francesa, pero no lo logró y esa fue una de las cosas que más le pesaron. Parece ser que muchos de sus contemporáneos sólo le consideraban un escritor de novelas para jóvenes y no para adultos.

Según algunos autores, Michel era un adolescente que le gustaba moverse por los bajos fondos, gastar mucho dinero, emborracharse y meterse en peleas. Así que eso le llevó a pedir que lo ingresaran durante 6 meses en un reformatorio para alejarlo de las malas compañías.

En 1886, sobre las 17.00, cuando Julio Verne regresaba de su habitual paseo vespertino y estaba abriendo la cancela de su casa, oyó, a su espalda, la voz de su sobrino Gaston, hijo de su hermano Paul, con el que tenía una buena amistad.

Al darse la vuelta, vio que éste le apuntaba con una pistola calibre 9 mm y le disparó dos veces.

Uno de los tiros dio en el marco de la puerta, pero el otro fue a parar al pie izquierdo de nuestro personaje. Gaston fue detenido y recluido en un manicomio durante toda su vida.

La herida no parecía importante, aunque hay que decir que Verne padecía diabetes. Lo cierto es que nunca le pudieron extraer la bala y eso le dejó cojo para toda su vida. Incluso, su lenta recuperación le impidió acudir al funeral de su madre, que murió a principios de 1887.

Parece ser que siempre fue un patriota. Así que, cuando se suscitó el Caso Dreyfuss, fue de los que tomaron partido por defender el buen nombre de Francia y no por defender los derechos del pobre capitán Dreyfuss. Por el contrario, su hijo Michel fue un ferviente defensor de Dreyfuss.

Normalmente, las obras de Verne solían publicarse, como un folletín, en periódicos y revistas. Posteriormente, Hetzel las editaba en libros en diferentes formatos, según su precio.

Parece ser que el mismo Hetzel le propuso que firmase, como suyas, algunas obras escritas por André Laurie, cuyo verdadero nombre era Jean François Paschal Grousset, ya que Napoleón III había prohibido que se publicaran sus obras. Verne accedió, pero corrigiendo algunas de esas obras.

Desgraciadamente, la diabetes le va afectando gravemente la vista. Tanto que, en 1900, casi no ve nada con el ojo derecho.

Finalmente, en 1905, sufre otro ataque severo, debido a su diabetes y eso le lleva a la muerte en su casa de Amiens.

Vergonzosamente, aunque acudieron miles de personas a su entierro y también asistieron delegados de varios países, el Gobierno de Francia no envió a nadie para que le representara en ese acto.

Curiosamente, cuando Michel creció se llevó mejor con su padre y le ayudaba a escribir. Eso hizo que, tras la muerte de Julio, Michel rematara algunas de las novelas que había dejado inconclusas e, incluso, escribió una, que se publicó bajo la falsa autoría de Julio Verne.

No hará falta decir que se han rodado muchas películas inspiradas en sus famosas novelas. Le han dedicado calles, plazas, monedas, sellos de correos, etc.

Sin embargo, se ha discutido mucho sobre la forma en la que está representado en su tumba. Hay quien dice que puede ser porque muchos vieron la injusticia que le habían hecho y, cuando reconocieran sus muchos méritos, podría aparecer más vivo que nunca.

Parece ser que sus fuentes principales eran las revistas científicas y, cuando tenía dudas, preguntaba a su primo, ya mencionado, o a su hermano Paul. También a otros científicos menos conocidos hoy en día.

Desgraciadamente, muchos críticos lo vieron como a un escritor muy popular, pero de segunda categoría. Quizás, fue ese el motivo por el que nunca pudo ingresar en la Academia Francesa.

 

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lunes, 24 de marzo de 2025

ALEJANDRO GÓMEZ SPENCER, UN PILOTO EXTRAORDINARIO

 

Hoy voy a narrar la historia de otro de esos personajes, que han quedado, injustamente, casi sepultados por la Historia.

Alejandro Gómez Spencer nació en Almería en 1896. Nació en el seno de una familia acomodada. Su padre, Bernabé Gómez Iribarne (en algunos sitios figura como Bernardo) era ingeniero de minas y llegó a ser jefe provincial de minas de Almería.

Su madre fue María Spencer Babell. Curiosamente, su padre, primero contrajo matrimonio con Elena Spencer, hermana mayor de María, y luego con ésta, cuando enviudó de la primera.

Por ello, Bernabé tuvo dos hijos en cada uno de sus dos matrimonios. Como es de suponer, Alejandro fue fruto del segundo matrimonio. Desgraciadamente, su padre murió cuando él sólo tenía 12 años

Quizás alguno se estará preguntando cómo es que tenían este apellido británico. Parece ser que un antepasado suyo, llamado José Duffel Spencer, nacido en 1786 en Leicester (Reino Unido), emigró hacia España y en 1825 fue nombrado cónsul de USA en Almería, la ciudad donde residía.

Parece ser que se asoció con otro empresario, llamado Fernando Roda, para crear la firma Spencer-Roda, dedicados a actividades tan diversas como el almacenaje del cargamento de los barcos y la Banca.

Por lo visto, Alejandro siempre quiso ser militar de Caballería, igual que su hermano mayor Gustavo. Éste no sólo fue un oficial de Caballería, sino que también fue un consumado jinete en los concursos hípicos. Incluso, llegó a participar, durante la guerra de África, en la famosa batalla de Taxdirt, donde obtuvo la corbata de la Orden de San Fernando.

Desgraciadamente, en 1917, cuando participaba en un concurso de saltos en Burgos, su yegua se asustó, al ver una culebra por la pista y lo tiró al suelo, cayendo encima de él. Gustavo murió en el acto.

Alejandro tomó el relevo, ingresando en 1911 en la Academia de Caballería, sita en Valladolid.

Tres años más tarde, fue destinado al regimiento de Dragones de Santiago de guarnición en Barcelona.

A partir de entonces, su vida transcurrió como la de cualquier otro militar de la época, pasando por varios destinos en la península.

En 1917 fue destinado a un regimiento con sede en Larache, con el que participó en varias operaciones de la guerra de África. Posteriormente, fue destinado a la Policía Indígena en Ceuta y luego regresó a la Península para hacer el curso de profesor de hípica.

Sin embargo, su suerte cambió en 1920. Ese año, el general Francisco Echagüe, procedente del arma de Ingenieros, que había sido ayudante de Alfonso XIII, fue nombrado director de la Aeronáutica militar, que entonces dependía del arma de Ingenieros.

No se si sería por su relación tan cercana con el rey, lo cierto es que consiguió que se le diera una mayor importancia a la aviación militar y logró que el Gobierno comprara bastantes aviones y ampliara la plantilla para apoyar a las tropas que luchaban en África

Con el fin de tripular esos aviones convocó nada menos que 100 plazas para realizar el curso de aspirantes a pilotos en la base aérea de Getafe.

Alejandro se apuntó a ese curso y logró una de esas plazas. Parece ser que, aunque tuvo algún accidente, se le dio muy bien. Incluso, llegó a batir la marca nacional de altura, al superar los 7.000 m sobre la base de Getafe. También fue un gran experto en acrobacia aérea. Allí se hizo muy amigo de Hidalgo de Cisneros, que llegó a ser el jefe de la Aviación republicana.

En 1922 fue trasladado a la base murciana de Los Alcázares para realizar el curso de tiro y bombardeo aéreo. También realizó el primer curso que se hizo en España para pilotos de caza. Incluso, fue enviado a Francia y al Reino Unido para conocer las nuevas tendencias en la aviación militar.

En 1923 colaboró con Juan de la Cierva en las pruebas de vuelo del autogiro modelo C4, consiguiendo que esta aeronave fuera homologada internacionalmente. Fue el primer piloto que navegó en una aeronave de ala rotatoria.

En 1924 volvió a la guerra de África. En una de las misiones, su observador fue herido de gravedad y, a pesar de ser evacuado muy rápidamente, falleció poco después de haber aterrizado.

En 1926 ascendió a comandante y fue destinado como jefe de grupo a la base madrileña de Cuatro Vientos.

Recibió varias condecoraciones. Incluso, la medalla de la Legión de Honor, otorgada por la República Francesa, que le sería muy útil en el futuro.

No obstante, en 1928, solicitó pasar a la reserva, porque había sido contratado, como piloto de pruebas, por la firma española CASA. También se dedicó a promocionar la aviación entre el público en general.

Incluso, se presentó voluntario para probar algunos de los aviones con los que se realizaron aquellas famosas gestas, como la de Ramón Franco. En esta labor obtuvo la ayuda de su amigo, el comandante Eduardo González Gallarza.

Parece ser que, en uno de esos vuelos como piloto de pruebas, a los mandos de una avioneta CASA III, que utilizaban para realizar acrobacias, ésta tuvo una avería y empezó a caer en barrena. Así que no le quedó más remedio que saltar en paracaídas, cayendo junto a un campo de fútbol, en Getafe.

Por esa razón,  pronto pasó a formar parte del llamado Caterpillar Club. Un grupo fundado por un fabricante canadiense de paracaídas, el cual entregaba a los pilotos, que hubieran salvado su vida con uno de estos elementos, un pin con forma de gusano de seda y un certificado de pertenencia al club, porque los paracaídas eran de seda.

Tampoco participó en la intentona golpista de 1930, en la que estuvo implicado Ramón Franco. Estos fracasaron y huyeron a Portugal. En 1931, cuando se proclamó la II República, fueron readmitidos en el Ejército.

En aquella época, conoció a una joven italiana, que estudiaba periodismo y pintura en España, cuyo nombre era Emma Barzini Besavento, con la que se casó en Milán en 1931. No tuvieron hijos. Actuaron como testigos del novio los pilotos Julio Ruiz de Alda e Ignacio Ansaldo. Seguro que a todos nos suenan esos nombres.

A finales de 1931 regresó a la vida militar, siendo destinado a un puesto meramente burocrático.

Dos años más tarde, ganó por oposición la plaza de jefe de estudios del Arma de la Aviación y fue destinado como jefe de la Escuela de Observación en la base de Cuatro Vientos.

Allí fue donde le sorprendió el intento de golpe de Estado del 18/07/1936. Así que, obedeciendo las órdenes del Alto Mando, permanecieron varios días acuartelados.

Posteriormente, fue enviado a la base aérea de Alcalá de Henares (Madrid), donde logró que no se sublevara la guarnición. Dado que el jefe de esa base, el comandante Rafael Gómez Jordana, era afecto al bando nacional.

No obstante, Alejandro fue arrestado y enviado a la prisión de San Antón. Parece ser que a los milicianos no se les había pasado por alto que su suegro era Luigi Barzini. Un senador italiano, que también fue director del famoso periódico Il Corriere de la Sera y además muy amigo de Mussolini. Incluso, como tenía mucha experiencia como corresponsal de guerra, fue a seguir ese conflicto desde el bando nacional.

No obstante, como no tenían nada contra Alejandro, y también gracias a las buenas gestiones de su amigo, el coronel Pastor, subsecretario de Aeronáutica, lo pusieron muy pronto en libertad.

Aunque nuestro personaje siempre fue un gran piloto, supongo que se vería afectado por la desconfianza del Gobierno republicano hacia sus militares. Por eso, permaneció casi toda la guerra como profesor en la Escuela de vuelo de La Ribera (Murcia) y no participó en ninguna acción bélica.

No obstante, tanto él como su esposa fueron detenidos otra vez en noviembre de 1937 e ingresados en la cárcel de Murcia. Posteriormente, trasladaron a Alejandro a la cárcel de Barcelona.

No sé si él tendría amistad con Indalecio Prieto, que era el ministro de Defensa. Lo cierto es que éste dio la orden de que los pusieran en libertad.

En enero de 1938 fue nombrado jefe del servicio de combustible para las aeronaves, aunque también hay quien dice que fue nombrado director general de armamento.

Desgraciadamente, tuvo que exiliarse, como tantos otros, cuando se enteró de la caída de Cataluña en manos de las tropas nacionales.

Como todos sabemos, allí no fueron acogidos con los brazos abiertos. Por el contrario, fueron encerrados, como si fueran enemigos, en varios campos de concentración.

Curiosamente, logró salir de allí gracias a que le habían condecorado con la Legión de Honor. Algo que respetan mucho en Francia.

Posteriormente, estuvo ganándose la vida con la cría de aves de corral, hasta el comienzo de la II Guerra Mundial.

Cuando se produjo la invasión de Francia, huyó a Tánger, donde residía su hermana Elena, que era médico, y donde fue detenido por las tropas españolas, cuando invadieron esa ciudad en 1940.

Fue trasladado a la Península, juzgado y condenado a 30 años de cárcel. Pasó por varias cárceles de la zona de Levante, hasta que, en 1944, fue indultado.

Fijó su residencia en Madrid, donde vivió hasta su muerte, acaecida en 1984, en el antiguo Hospital del Aire. Allí estuvo siendo atendido gracias a las gestiones de su amigo, González Gallarza. Hasta 1978 no recuperó su empleo de coronel del Ejército del Aire.

Para terminar, me gustaría mencionar que el Gobierno republicano no quiso aprovechar a uno de los mejores pilotos de España. El cual les podría haber dado muchas victorias aéreas.

También es posible que no le quisieran entregar un avión de combate, porque igual temían que se podría haber pasado con él al bando nacional y entonces sí que habrían tenido un problema muy grave.

 

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domingo, 16 de febrero de 2025

LOS PIRATAS DE HORNACHOS

 

Todos sabemos que los moriscos fueron expulsados de los dominios hispánicos en 1609, por una orden de Felipe III.

Hoy voy a contar la epopeya de un grupo de ellos, que salieron de un pueblo de Badajoz, llamado Hornachos, el cual todavía existe con ese nombre, y que fueron a parar a África.

Esta historia merece ser contada debidamente. Así que me voy a remontar al final de la Reconquista.

Como es sabido, tras la reconquista de Granada, muchos moros se fueron de España, sin embargo, la mayoría se quedaron. Eran los llamados mudéjares y, en principio, les dejaron seguir con su religión y sus costumbres.

Por el contrario, en 1502, todavía durante el final del reinado de Isabel la Católica, se publicó un decreto por el que se les daba a elegir entre ser desterrados o bautizados. Lógicamente, como la mayoría de ellos no tenía a dónde ir, optaron por ser bautizados, aunque siguieron practicando su religión en secreto.

A partir de entonces, estuvieron bajo la vigilancia de los inquisidores, porque ya eran cristianos, pero eran llamados moriscos.

Parece ser que no todos estuvieron conformes con ser bautizados y los que vivían en localidades costeras de Granada, Murcia o Valencia, aprovecharon los frecuentes ataques de los piratas berberiscos para huir en sus barcos hacia el norte de África.

No olvidemos que muchos de ellos funcionaron como una Quinta Columna y se dedicaban a informar a los piratas berberiscos sobre dónde y cuándo debían atacar las costas españolas.

Por algún motivo que desconozco, en Extremadura había varios pueblos con una clara mayoría de moriscos. Estos eran Hornachos, Cañamero y Almoharín. Así que a las autoridades de Castilla no se les ocurrió otra cosa que enviar varias familias cristianas para que se asentaran en esos pueblos y hacer más fácil la integración de los moriscos en la sociedad cristiana. Sencillamente, fue un completo fracaso.

Parece ser que, en 1526, se produjo una pequeña sublevación de los moriscos de Hornachos, los cuales se atrincheraron en el castillo de esa localidad, hasta que pactaron su salida.

Las autoridades castellanas volvieron a enviar familias cristianas, pero sólo eran un 10% del total de habitantes de Hornachos. Así que los moriscos siguieron a su aire, practicando su religión y sus costumbres, sin demasiadas molestias. Hay que decir que, incluso, todos los cargos municipales estaban ocupados por moriscos.

Incluso, construyeron la iglesia parroquial, pero se vio que los moriscos no solían ir a misa. En cambio, solían celebrar el Ramadán.

Todo cambió el 09/12/1609, fecha en la que se publicó un decreto de Felipe III, donde ordenaba la expulsión de todos los moriscos de sus reinos.

Esta vez no tuvieron miramientos. Se expulsó a todos, aunque demostraran su fe cristiana. Expulsaron nada menos que a 300.000 moriscos de todos los reinos españoles.

No obstante, unos días más tarde, se publicó otro decreto en el que se permitía que se quedasen los niños menores de 4 años con sus padres. Los menores de 6 años, hijos de cristiano viejo y morisca. No obstante, si el padre fuera morisco y la madre cristiana vieja, se podría quedar ella, pero no él.

La orden de expulsión de los moriscos de Hornachos estaba fechada el 16/01/1610. Así que la mayoría de ellos se deshizo como pudo de sus tierras y eso les sirvió para poder pagarse el viaje hacia el norte de África.

Unos 3.000 de ellos embarcaron en Sevilla rumbo a Ceuta y de allí a Tetuán. Curiosamente, no fueron muy bien recibidos, aunque esa fuera una ciudad musulmana.

Ciertamente, no todos, pero la mayoría sabía hablar árabe, aunque solían hablar en castellano. Sin embargo, no vestían con chilabas, sino con pantalones. Sus mujeres no llevaban la cara tapada. Incluso, los hombres solían beber vino, lo cual escandalizó a los habitantes de esa zona.

Curiosamente, llegaron a producir la llamada literatura aljamiada. Ésta consistía en escribir documentos en español, pero con la caligrafía árabe.

Se dio una situación muy extraña. Los echaron de España por considerarlos musulmanes, mientras que en África los consideraban cristianos españoles.

Parece ser que algunos de ellos se quejaron de haber sufrido una injusticia, porque dijeron ser cristianos y eso les supuso ser asesinados por los moros de África.

Por lo visto, no fueron bien acogidos en ningún sitio. Así que el sultán les cedió una especie de aldea, llamada Salé, que estaba casi arruinada, la cual poseía un castillo, que había sido construido por los almohades y se hallaba situada a la izquierda de la desembocadura del río Bu Regreg. A la derecha de la misma, se halla la actual Rabat, capital de Marruecos.

Llegados a este punto, supongo que más de uno se estará preguntando cómo fue posible que unos moriscos de una localidad de tierra adentro y que nunca habían visto el mar, se convirtieran en unos afamados piratas.

Parece ser que, en aquella época, merodeaban por esas costas del Atlántico una serie de barcos piratas, tripulados por unos holandeses, que se habían convertido al Islam. Como España se había apoderado de los principales puertos de esa zona, no les quedó más remedio que atracar en el puerto de Salé.

Así que algunos de esos moriscos se fueron enrolando en los barcos piratas y así aprendieron el oficio.

Les fue tan bien que en 1626 se declararon independientes del caíd de la zona y proclamaron la república de Salé, gobernada por un consejo compuesto por 16 personas, elegidas entre todos los moriscos de esa ciudad. Así dejaron de pagar sus impuestos al sultán, que les había cedido esa ciudad.

Los piratas de Hornachos empezaron a ser muy temidos, porque solían atacar las naves españolas y portuguesas, que bordeaban las costas de África y de Canarias.

Incluso, llegaron a ser corsarios. O sea, a atacar las naves enemigas de otros países. Concretamente, practicaron el corso a favor de Francia y de los turcos. Hay que decir que llegaron a poseer nada menos que 40 barcos. Unos habían sido capturados, mientras que otros fueron construidos en sus propios astilleros.

Por otro lado, aumentaron sus ganancias atacando puertos europeos, como los de Irlanda, aunque algunos dicen que llegaron hasta Islandia, donde capturaban prisioneros para venderlos en África como esclavos.

También hacían negocio con el cobro de los rescates. Por lo visto, llegaron a tener miles de prisioneros esperando su rescate. Los cuales solían ser acordados por monjes mercedarios.

Incluso, en 1625, un representante del Gobierno inglés fue a visitarles para proponerles realizar un ataque conjunto al puerto de Cádiz. Los moriscos estuvieron de acuerdo, pero éste no se llevó a cabo por incomparecencia de los ingleses.

Parece ser que uno de esos holandeses fue Jan Janszoon, que, tras convertirse al Islam, pasó a ser llamado Murat Reis el joven. Éste casó con una morisca procedente de Cartagena, con la que tuvo un hijo, llamado Anthony Janszoon van Salee.

Por lo visto, Janszoon se casó o tuvo relaciones con esta morisca, antes de que los expulsaran de España, pues Anthony nació en Cartagena en 1607.

Lo cierto es que esta familia amasó una gran fortuna mediante la piratería. Así que Anthony se trasladó a Ámsterdam, donde, en 1629, se casó con una mujer alemana, llamada Grietse Reyniers.

Unos meses después, ambos se embarcaron hacia las colonias holandesas en América, llegando a Nueva Ámsterdam, lo que ahora se llama Nueva York, pasando a ser colonos de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. Allí adquirió una granja en lo que hoy es Manhattan. Parece ser que tuvo algunos problemas con los vecinos y ello le obligó a mudarse a Long Island, aunque luego regresó a Manhattan.

Gracias a la fortuna acumulada por su familia, llegó a ser uno de los mayores terratenientes de esa colonia holandesa y sus 4 hijas emparentaron con familias con algunos apellidos importantes, que, hoy en día, nos siguen siendo muy familiares.

Volviendo a los piratas de Hornachos, hay que decir que se comportaron como una élite muy selecta y rica dentro de Salé y no permitieron que otros participaran en el gobierno de esa pequeña república. Eso dio lugar a algunas revueltas, por parte de los andalusíes, que vivían en esa misma localidad.

Esa tensión social fue aprovechada por algunos de sus enemigos. Por ejemplo, en 1636, la Armada inglesa bombardeó la ciudad y 4 años más tarde, los bereberes la invadieron, aunque les dejaron seguir practicando la piratería.

No obstante, su final llegó en 1668, cuando el sultán de Marruecos invadió la ciudad y la incorporó a su reino.

Incluso, el famoso terremoto de Lisboa, ocurrido en 1755, al que dediqué otro de mis artículos, provocó un cambio en la desembocadura de ese río y modificó la costa.

Curiosamente, se sabe que, en 1631, los piratas de Hornachos escribieron algunas cartas al duque de Medina Sidonia, capitán general de la Armada, para que abogase a su favor ante Felipe IV.

Querían regresar a su pueblo y retornar con algunos familiares que dejaron en él. Incluso, le decían que le entregarían toda su fortuna y sus naves, si les dejaban regresar. Sin embargo, el rey no se fió de ellos y nunca volvieron.

Tras la caída de Salé, muchos se trasladaron a otras ciudades como Fez, Marrakech, etc. Incluso, algunos conservaron sus apellidos y otros los modificaron como Sebatta, en lugar de Zapata, o Bargach, en lugar de Vargas.

Hoy en día, existen muchos marroquíes con esos apellidos, descendientes de aquellos moriscos españoles.

 

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lunes, 10 de febrero de 2025

EL SECRETO ESCONDIDO EN TRENT PARK

 

Hoy voy a narrar una historia en la que se demuestra que se obtienen mejores resultados haciendo las cosas por las buenas que por las malas.

Como es sabido, ambos bandos hicieron muchos prisioneros durante la II Guerra Mundial. Lo normal era encerrarlos en algún sitio para interrogarlos.

En algunos sitios, como London Cage, encerraron a muchos miembros de las temibles SS, acusados de crímenes de guerra.

En este caso, aunque el edificio estaba situado en los jardines del Palacio de Kensington, una zona muy céntrica de Londres, sus interrogadores se emplearon con mucha dureza, por lo que luego tuvieron que comparecer ante la Justicia, por haber utilizado la tortura. Sobre todo, su máximo responsable, un oficial de la Policía, llamado Alexander Scotland.

Por el contrario, el MI6, servicio de espionaje británico, utilizó una curiosa estratagema para hacer cantar a sus prisioneros alemanes, ya que lo normal es que no dijeran nada, amparándose en sus derechos como prisioneros de guerra.

Al norte de Londres existe uno de esos imponentes palacetes, en medio de la verde campiña inglesa, llamado Trent Park, que fue construido en el siglo XVIII, por orden de Jorge III y está rodeado por una gran zona verde.

En 1923, un millonario, llamado Philip Sassoon, compró este palacete y encargó que se rehabilitara de acuerdo con los gustos y las comodidades del siglo XX. Sassoon estaba emparentado con la conocida familia Rothschild.

Parece ser que, durante los trabajos de cimentación, para la construcción de algunos edificios anexos, aparecieron varios restos romanos.

Se sabe que gente tan conocida como Churchill, Lawrence de Arabia o el propio Charles Chaplin visitaron este edificio para asistir a las muchas fiestas que se celebraron allí.

Por ello, dado que era un lugar tan lujoso, al llegar la guerra, coincidiendo con la repentina muerte de Sassoon, fue incautado por el Gobierno británico para poner en práctica una brillante idea.

Se trataba de sacar partido a un lugar de reclusión para generales alemanes. Se nombró, para estar al frente de ese centro, al coronel Thomas Joseph Kendrick, un veterano del MI6.

El coronel Kendrick había nacido en 1881, en Sudáfrica, y estuvo mucho tiempo al mando de la estación del MI6 (servicio de espionaje británico) en la Embajada del Reino Unido en Viena.

Allí, aparentemente, se dedicaba al control de pasaportes. Sin embargo, tras la anexión de Austria por parte de Alemania, la Embajada se llenó de judíos pidiendo visados para huir de allí. Así que, gracias a él, varios miles de judíos consiguieron visados para huir al Reino Unido o al territorio británico de Palestina.

Poco después, fue delatado por un agente doble. Por ello, fue detenido por la Gestapo y, como aún no había comenzado la Segunda Guerra Mundial, fue deportado a su país.

Así que, como los alemanes ya lo habían fichado, el MI6 lo nombró responsable de Trent Park. Supongo que habrían tenido en cuenta que hablaba muy bien alemán y que conocía muy bien a los alemanes, porque había vivido muchos años en ese país.

Por tanto, conforme los generales alemanes prisioneros iban llegando a Trent Park, eran recibidos, muy amablemente, por el coronel Kendrick. Tal y cómo se les puede ver tan sonrientes, en esta foto, procedente del Bundesarchiv de Alemania.

Éste les iba diciendo que era un aristócrata británico, lo cual era falso, y que también era pariente del rey Eduardo VIII, el cual había abdicado y se sabía que era muy amigo de los nazis.

Lo que no sabían estos generales era que, tanto la mansión como los jardines, estaban llenos de micrófonos y sus conversaciones eran escuchadas y grabadas por unos operarios que, en su mayor parte, se trataba de judíos alemanes.

Así que, para que se fueran confiando, les trataban como reyes, alegando que los británicos y los alemanes no tenían por qué ser enemigos. De hecho, la familia real británica es originaria de Alemania.

Gracias a este ambiente tan cordial, poco a poco, los servicios
de Inteligencia británicos se fueron enterando de dónde estaban las bases de las cuales partían los bombarderos alemanes para atacar Gran Bretaña.

También hablaban sobre las debilidades de sus aeronaves y lo que opinaban sobre las aeronaves y los pilotos de la RAF.

Quizás lo mejor de todo fue averiguar cómo era el ambiente dentro del Ejército alemán y saber hasta qué punto apoyaban a los nazis.

No obstante, también fue muy interesante saber cuáles eran las playas británicas elegidas por Hitler para intentar un desembarco en Gran Bretaña. Hasta hablaron sobre los códigos secretos utilizados en sus mensajes por la Armada alemana.

Incluso, grabaron conversaciones en los que los generales alemanes debatieron sobre lo que sabía la Inteligencia alemana acerca de la Inteligencia aliada y los movimientos de resistencia en los países, que habían invadido.

También, gracias a esto, se enteraron de dónde estaban las bases de lanzamiento de las temibles bombas volantes V-1 y V-2. Eso facilitó que las pudieran bombardear.

Estaban tan confiados que el propio Kendrick llegó a ser tratado como a uno más entre aquellos generales alemanes. Incluso, ordenó a los guardianes británicos, que se cuadraran, cuando pasaran esos generales junto a ellos.

No sólo les dieron los mejores manjares, sino que también les dieron una pequeña paga con la que podían comprar algunas cosas en una pequeña tienda, que estaba dentro de ese recinto.

Incluso, disponían de un taller de sastrería para remendar sus uniformes o hacerles trajes nuevos.

También tenían a una persona a la que le encargaban que, una vez por semana, fuera a Londres para comprarles lo que le habían encargado.

Parece ser que Churchill montó en cólera, cuando se enteró que Kendrick había organizado una excursión para algunos de sus “huéspedes”, en la que les llevó a Londres para visitar los almacenes Harrod’s y a comer en el Hotel Ritz.

Supongo que, si los londinenses hubieran sabido cómo estaban tratando a estos enemigos, también se hubieran cabreado mucho, porque las estaban pasando moradas, entre los bombardeos y las cartillas de racionamiento.

Más tarde, destinaron a Trent Park a un tipo con modales aristocráticos, que se hacía llamar lord Aberfeldy, el cual decía ser un primo del rey Jorge VI. Les dijo que el monarca le había encargado que se les tratara como amigos y ellos se lo creyeron.

Realmente, este personaje era un agente británico, llamado Ian Monroe. Parece ser que se ganó enseguida la confianza de estos militares y solía pasear con ellos, aprovechando para discutir cosas de la guerra. No hará falta decir que solía pararse cerca de uno de esos micrófonos, para que la conversación fuera grabada en las llamadas Salas M.

Curiosamente, llegaron a imprimir periódicos falsos, que se los daban a esos generales para ver qué opinaban sobre esas noticias de la guerra.

Se sabe que las copias de esas conversaciones dieron lugar a unos informes de más de 100.000 páginas y también fueron grabadas en discos.

Entre aquellos 59 ilustres prisioneros podemos destacar al general von Arnim, jefe de algunas unidades del Afrika Korps, el general Crüwell, derrotado en la batalla del Alamein (al que podemos ver en esta foto, procedente del Bundesarchiv de Alemania), von Tippelskirch, jefe del 7º Ejército en Francia, capturado tras el desembarco de Normandía, etc.

Hay que decir que éste no fue el único centro de detención con estas mismas características. Hubo un par de ellos más. Sus nombres eran Latimer House y Wilton Park. La diferencia estaba en que en estos sólo había oficiales alemanes e italianos, pero no generales.

Hay algunos expertos que afirman que las informaciones obtenidas en estos tres centros fueron tan valiosas como las conseguidas en Bletchley Park, el lugar donde se descifraron los códigos utilizados por las máquinas Enigma.

Incluso, les grabaron reconociendo que habían asesinado a miles y miles de judíos en la antigua URSS y en los campos de exterminio. Dato que fue muy útil para los fiscales de los juicios de Nuremberg. Esa acusación siempre la habían negado los militares alemanes, pero ahí demostraron haber sido cómplices de esas masacres.

Supongo que esto tuvo que ser muy desagradable para los que escuchaban estas conversaciones, que solían ser judíos huidos de Alemania y que no sabían del destino que habían tenido sus parientes, que se habían quedado allí.

Tras la guerra, Trent Park siguió utilizándose como una academia para formar a los nuevos agentes de la Inteligencia británica.

Curiosamente, todo este tema siguió permaneciendo, durante varias décadas, en el más estricto secreto. Como muchas otras cosas, que, hoy en día, siguen siendo secretos.

Sin embargo, hubo un historiador alemán que se topó con ello, cuando estaba investigando sobre otro tema, en unos archivos de la guerra. Se trataba de Sönke Neitzel, que descubrió esta documentación en el año 2001 y empezó a investigar este tema. A raíz de este descubrimiento, ha publicado varios trabajos académicos en revistas dedicadas a la Historia.

Actualmente, están edificando muchas viviendas por esa zona. Sin embargo, afortunadamente, han respetado el edificio y lo han convertido en un museo.

 

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