viernes, 22 de diciembre de 2017

KNUT HAUGLAND, UN ESPÍRITU AVENTURERO

Como siempre, buscando por esta enorme enciclopedia, que es Internet, cuando vas buscando una cosa, de repente, te das de bruces con otra.
Incluso, a veces,  te resulta tan interesante que no te queda más remedio que aparcar un momento lo que estabas haciendo para meterte de lleno en esta nueva historia.
Nuestro personaje de hoy fue un noruego llamado Knut Haugland y nació en 1917 en un pequeño pueblo del sur de ese país, dentro de la provincia de Telemark. Seguro que os suena de algo ese nombre.
Nació en un hogar modesto, donde su padre fue carpintero, mientras que su madre fue ama de casa.
En 1938 ingresó en el Ejército de Noruega y fue destinado a hacer un curso como radiotelegrafista.
Como todos sabemos, en 1939, comenzó la II Guerra Mundial. Alemania estaba muy interesada en la producción de mineral de hierro, procedente de las minas de Suecia.
Debido al clima de esos países, en verano, es posible transportar ese mineral hasta Alemania a través del Báltico. En cambio, en cuanto que llega el invierno, ese mar suele helarse y entonces utilizan otras formas de hacerlo. Una de ellas es llevarlo hasta el puerto noruego de Narvik, que no suele helarse, y desde allí embarcarlo hacia Alemania.
De esto se dieron cuenta enseguida los aliados, así que, a pesar de la neutralidad de Noruega, planificaron una operación para tomar ese puerto a fin de bloquear esos envíos de mineral.
Precisamente, los alemanes, también tuvieron la misma idea de asegurar ese puerto e invadieron Noruega  a pesar de que ese país se había declarado neutral.
La lucha fue encarnizada, porque en ella, por un lado, participaron franceses, británicos, noruegos y polacos, y por el otro, los alemanes. Precisamente, muchos de los soldados que llevaron los franceses eran republicanos españoles que se habían exiliado en el vecino país.
Los aliados consiguieron la victoria, pero todo se fue al traste cuando se enteraron de que los alemanes estaban invadiendo Francia y que los aliados no eran capaces de contenerlos. Así que dieron la orden de reembarque con la intención de utilizar esas tropas en Francia.
Desgraciadamente, dejaron solo al pequeño Ejército noruego, el cual fue una presa demasiado fácil para los alemanes. Incluso, el general noruego Fleischer, que fue el artífice de la anterior victoria sobre los alemanes en Narvik, tuvo que exiliarse, junto con el resto del gobierno noruego. Posteriormente, se suicidó.
Volviendo a nuestro personaje, fue desmovilizado, tras la derrota y ocupación alemana. Así que se tuvo que buscar la vida y se puso a trabajar en una fábrica de aparatos de radio, situada en las afueras de la capital, Oslo.
Por supuesto, enseguida se puso en contacto con la Resistencia y participó en algunas de sus operaciones, estando a punto de ser detenido en varias ocasiones.
Como ya le estaban buscando por todo el país, no le quedó otra que huir hacia el Reino Unido a través de la neutral Suecia.
Ya en territorio británico, se enroló dentro de los prestigiosos comandos del SOE, donde recibió preparación militar para operaciones especiales.
Durante la II Guerra Mundial hubo muchos avances en algunos campos científicos. Desgraciadamente, en uno de los que más se avanzó fue en el de la energía atómica.
Se sabía que, antes de la guerra, había varios países interesados en la investigación en ese campo. Parece ser que en Alemania tenían mucha ventaja sobre los demás.
Lo que ocurrió es que, tras el ascenso de Hitler al poder, muchos de los investigadores alemanes
salieron huyendo de su país por ser judíos o por mantener unas ideas contrarias al nazismo. Así fue cómo, de repente, se avanzó mucho en este campo en USA, adónde habían emigrado la mayoría de ellos.
Uno de los componentes fundamentales de la bomba atómica era un ingrediente llamado agua pesada, que está formada un tipo especial de hidrógeno, llamado 
deuterio. Se suele utilizar para refrigerar los reactores nucleares.
Ciertamente, no se sabe si a los científicos alemanes les faltó este ingrediente, no tuvieron el suficiente para construir una bomba o, simplemente, hicieron lo posible para boicotear este proyecto, haciendo que no saliera adelante. Entre los expertos, hay mucha discusión al respecto. Parece ser que, entre los científicos alemanes, había muchos que eran contrarios a la política de Hitler.
El agua pesada la obtenían en Noruega, donde ya existía una fábrica de este producto, llamada Norsk Hydro, que se había fundado antes de la guerra. Sin embargo, el uranio lo podían extraer de las minas existentes dentro de Alemania. Así que estaba muy claro que uno de los objetivos principales de los aliados era destruir esa fábrica en Noruega.
Así, el 19/10/1942, Knut, saltó en paracaídas sobre Noruega, junto con otros tres compatriotas más. Lógicamente, la misión de nuestro personaje era servir como radiotelegrafista del grupo.
Aunque el avión les dejó en una zona muy alejada de su objetivo, que era esa fábrica de agua pesada, consiguieron llegar hasta allí por medio de sus esquíes.
Un mes después, los británicos, enviaron un grupo de paracaidistas para apoyarles en esa acción. Desgraciadamente, a causa del temporal, los planeadores donde viajaban estos soldados chocaron contra el suelo. Los que no murieron al instante, fueron detenidos y luego fusilados por los alemanes.
A mediados de febrero de 1943, les volvieron a enviar refuerzos. Esta vez se trataba de 6 comandos
noruegos, que tuvieron más éxito que los británicos. Aunque fueron lanzados en paracaídas en una zona alejada de los otros noruegos, consiguieron contactar con ellos.
A pesar de que los alemanes habían reforzado la vigilancia en torno a esa fábrica, este grupo no tuvo excesivos problemas para entrar en ella. Incluso, recibieron la ayuda del personal de la misma.
Así que pusieron una serie de cargas explosivas, que consiguieron hacer volar varios depósitos de esa fábrica.
La operación fue todo un éxito. Incluso, los 6 comandos llegados del Reino Unido, consiguieron volver a ese país, esquiando a través de Suecia. Mientras que los otros 4, se quedaron en Noruega para ir preparando nuevos sabotajes.
Tras detectar que la fábrica había conseguido reparar sus daños, en noviembre, enviaron nada menos que 143 aviones USA, que lanzaron su mortífera carga sobre ella. Increíblemente, de más de 700 bombas lanzadas, sólo unas 100 dieron en el blanco.
Considerando los daños recibidos, los alemanes, optaron por llevarse esa fábrica, junto con los barriles conteniendo agua pesada a territorio alemán, donde pensaban que estarían mejor protegidos.
En el verano de 1943, nuestro personaje regresó al Reino Unido, llegando a una base en Escocia, donde recibió más formación sobre unos nuevos transmisores de radio. Parece ser que allí fue donde conoció al aventurero Thor Heyerdahl, el cual le contó sus teorías sobre las migraciones de los pueblos polinesios a América y viceversa.
Knut volvió a su país y aunque fue detenido por la peligrosa Gestapo, logró escapar y dirigirse a Oslo. Allí se dedicó a formar a otros voluntarios en el uso de las emisoras de radio. En una ocasión fue detectado, cuando transmitía con su emisora en el ático de un hospital ginecológico. El edificio fue rodeado por la Gestapo, pero, afortunadamente, logró escapar indemne.
Siguió durante el resto de la II Guerra Mundial en Noruega, donde colaboró en todo tipo de sabotajes contra las fuerzas alemanas de ocupación. Después, volvió al Reino Unido, tras haber organizado en su país una red de 110 estaciones de radio

A principios de 1944, cuando los nazis transportaban por barco el agua pesada desde Noruega hasta Alemania, un comando logró hacer explotar unas cargas, con lo que la nave se hundió y no pudieron recuperar esos bidones, los cuales siguen estando en el fondo de ese lago. Desgraciadamente, esta operación causó la muerte de 14 noruegos, que viajaban tranquilamente en esa nave.
Este episodio se puede ver en la famosa película “Los héroes de Telemark”, estrenada en 1965 y protagonizada por el célebre actor Kirk Douglas. Seguro que casi todos habremos visto esta película, porque la han puesto muchas veces en la tv.
En la posguerra fue oficial ayudante del inspector general de transmisiones militares de Noruega.
En 1947 consiguió un permiso para formar parte de la tripulación de la famosa balsa Kon-Tiki, capitaneada por Thor Heyerdahl. Este científico basaba su teoría de  que los primeros pobladores de la Polinesia habían venido por vía marítima, desde América del sur, en que los dioses de ambos pueblos indígenas tenían unos nombres muy parecidos y en que los tipos raciales también eran muy similares.
Precisamente, el nombre de Kon-Tiki fue usado tanto por los incas como por los nativos de algunas islas de la Polinesia para llamar a uno de sus dioses, cuyas imágenes, además, se parecían mucho.
Parece ser que su idea de que los indios de América podrían haber navegado por el Pacífico fue muy pronto echada abajo por los científicos más reconocidos, alegando que una balsa tan sencilla se hundiría muy pronto en el mar.
Así que no les daban importancia a las descripciones hechas por los conquistadores españoles sobre las balsas utilizadas habitualmente por los indios.
Eso constituyó todo un desafío para Heyerdahl, así que no se lo pensó más y reunió una tripulación compuesta por otros cinco tripulantes, fabricaron una pequeña embarcación a base de cortar y atar varios troncos de madera de balsa de un árbol macho. Una madera que flota muy bien, porque pesa muy poco.
Lo cierto es que la balsa empezó su singladura el 28/04/1947 desde el puerto de El Callao (Perú). Enseguida se dieron cuenta de que la balsa era prácticamente ingobernable y sólo podrían confiar en la fuerza de las corrientes marinas y los vientos.
Parece ser que las latas de conservas que llevaron se les estropearon, al mojarse con el agua salada. En cambio, tuvieron más suerte con  la pesca, que fue casi su único alimento durante todo el trayecto. El agua que llevaban también se les estropeó, pero tuvieron suerte, ya que pudieron recoger la de la lluvia que les fue cayendo durante el viaje.
También tuvieron que sufrir los efectos de los habituales temporales del Pacífico. Las olas pasaban por encima de la nave, así que los tripulantes tuvieron que atarse a los troncos para no ser expulsados de la cubierta.
En más de una ocasión, tuvieron que sufrir ataques de tiburones hambrientos con ganas de llevarse algo a sus fauces.
Una de las cosas más curiosas es que consiguieron contactar por radio con su país, a pesar de tener un aparato con muy poca potencia y hasta felicitaron a su rey, con motivo de su cumpleaños.
La aventura duró nada menos que 101 días, durante los cuales recorrieron unos 7.000 km, hasta que llegaron a una isla de la Polinesia llamada Tuamotu. Concretamente, encallaron en el arrecife que rodea una parte de esa isla, que sigue perteneciendo a Francia.
Por fin, los tripulantes, saltaron de la nave para llegar a la playa. Allí cogieron unos cuantos cocos y, tras haber comido, se tumbaron a descansar en la arena.
Al rato, aparecieron por allí unos isleños y, tras averiguar quiénes eran, les recibieron cantando “La Marsellesa”, creyendo que era también el himno del país de donde procedían estos aventureros.
Hace un par de años, se intentó hacer un viaje similar con dos balsas, las cuales llegaron en 71 días hasta la isla de Pascua. Sin embargo, en el viaje de vuelta tuvieron la mala suerte de sufrir un potente temporal, que hizo temer por las vidas de los tripulantes. Así es que fueron rescatados por un barco mercante y luego llevados a la costa de Chile por un barco de la Armada de ese país.
Volviendo a nuestro personaje, a la vuelta continuó dentro del Ejército y se dedicó a formar nuevos radiotelegrafistas. Parece ser que se jubiló siendo teniente coronel.
Posteriormente, durante muchos años fue director de los museos del Kon-Tiki y de la Resistencia noruega.
Durante toda su vida recibió condecoraciones de muchos países, incluido el suyo, por sus hechos realizados durante la II Guerra Mundial.
Fue el que vivió más años de todos los tripulantes que viajaban en la balsa, falleciendo en 2009 en Oslo.
Me gustaría destacar de este personaje que nunca perdió las ganas por vivir nuevas aventuras. Durante la guerra, estuvo muchas veces a punto de perder la vida. Sin embargo, luego se embarcó en otra nueva aventura donde ninguno de ellos sabía lo que le podría deparar la misma.
Así que me gustaría que ninguno de vosotros perdiera ese espíritu de aventura y de conocer todos los días cosas nuevas, como una forma de sentir la vida. Es un antídoto muy efectivo contra el envejecimiento.
Por eso mismo, os deseo a todos

¡¡¡UNA FELIZ NAVIDAD Y QUE DISFRUTÉIS PLENAMENTE EL AÑO 2018 COMO SI FUERA EL PRIMER AÑO DE VUESTRA NUEVA VIDA!!!

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Siento que hayas borrado tu amable comentario. No obstante, tomo nota sobre el personaje que me has recomendado e igual escribo en el futuro un artículo sobre él.
      Saludos y feliz año 2018

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  2. En noviembre de 1567, Alvaro de Mendaña se lanza al pacifico desde el puerto del Callao en busca de las islas fantásticas que se hablaban en las leyendas Incas, ricas en oro, por la misma ruta de la KonTiki. Si bien Magallanes ya había cruzado el pacifico en otra latitud 40 años antes, el Pacifico y sus islas seguían siendo incógnitos. El relato de esta expedición es fabuloso, digno de una novela. En el Callao, en el antiguo muelle hay un pequeño monumento al borde del mar, recordando este hecho, lastima que no tenga una foto para mostrarlo. Gracias por el relato, me encantan los viajes de aventureros.

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    1. Me alegra que te haya gustado este artículo. Te invito a disfrutar de muchos más artículos que he publicado en el blog.
      Muchas gracias por tu comentario y saludos.

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