Por fin, me he decidido a
escribir mi primer artículo de 2016. Confieso que me ha costado mucho hacerlo,
porque veo que cada vez se leen menos mis
artículos y no los comenta prácticamente nadie. Algo, realmente, muy
deprimente. En fin, esperemos que este año cambie un poco la cosa.
Para entrar un poco en este tema,
me gustaría que hicierais un pequeño esfuerzo mental.
Supongo que todos
vosotros habréis ido alguna vez de vacaciones a la costa mediterránea española.
No sé si os habréis dado cuenta
de que en muchos pueblos todavía se pueden ver, en zonas muy próximas a la
costa, unas pequeñas torres de vigilancia, muchas de ellas ya en ruinas.
Incluso, a pesar de la “explosión
inmobiliaria” de los últimos años, todavía se puede apreciar en muchas de estas
localidades, que la parte antigua del pueblo no está al borde del mar. Lo cual
parece chocante, sabiendo que la mayoría de sus habitantes vivía de los
recursos pesqueros y del comercio marítimo.
Realmente, esto se hacía para
que, en caso de invasión, por parte de los piratas berberiscos, que solían ser
en horario nocturno, los habitantes del pueblo, al vivir en la zona alta,
tuvieran tiempo de defenderse o de escapar, antes de ser capturados y
esclavizados.
Precisamente, en 2004, se publicó
un libro que hablaba en profundidad sobre este tema. Me refiero a “Esclavos
cristianos y dueños musulmanes”, de Robert C. Davis, profesor emérito de la Universidad
estatal de Ohio, en USA.
No obstante, no hay que irse al
extranjero para tener más datos. Seguro que todos habéis leído, por lo menos,
la biografía de Miguel de Cervantes. Para eso no hace falta leerse El Quijote,
claro.
En ella, se puede ver,
claramente, que, tras la famosa batalla de Lepanto, en su ruta de regreso a la Península,
su nave fue atacada por unos piratas berberiscos. Estos consiguieron vencerles
y se llevaron a los supervivientes a sus bases en el norte de África, donde
todos fueron esclavizados, incluido este famoso autor.
Parece ser que su nave, una
galera llamada Sol, que había partido de Nápoles, fue alcanzada por los piratas
cuando ya tenían a la vista la costa española. Concretamente, los interceptaron
a la altura de Palamós (Gerona).
Gracias a su valor luchando en
esa batalla, como infante de Marina, Cervantes, había conseguido dos cartas de
recomendación, que podrían servirle para encontrar un buen trabajo a su vuelta a
España. Una de ellas era del mismísimo Juan de Austria, hermanastro de Felipe
II, y otra del duque de Sessa.
Esta fue la causa de que
Cervantes pasara nada menos que 5 años y medio, como cautivo en Argel, pues sus
captores, al ver esos escritos, pensaron que se trataba de una persona importante
y lo mantuvieron todo ese tiempo como rehén, para intentar cobrar un buen
rescate por él.
Intentó escapar en varias ocasiones,
pero fracasó en todas ellas. Siendo encerrado, cada vez, en condiciones más
penosas. Incluso, los piratas, ya tenían previsto enviarlo a Constantinopla,
para alejarlo de la península.
Oportunamente, antes de que
zarpara su barco, llegaron desde España los frailes trinitarios
provistos de
una fuerte cantidad de dinero, aunque no suficiente para su rescate. De todas
formas, aprisa y corriendo, pudieron conseguir la cantidad faltante y liberar a
este gran escritor. Gracias a ello, posteriormente, pudo escribir y publicar
esa gran obra conocida a nivel universal.Volviendo al tema central de este artículo, es posible afirmar que, aunque ya existían algunos precedentes anteriores, la esclavitud blanca en el Mediterráneo se da, principalmente, a partir de la llegada de los turcos a suelo europeo. O sea, en el siglo XV, con la conquista de Constantinopla, en 1453, por el sultán Mehmet II.
Se sabe que estos piratas eran una especie de franquicia del sultán turco y que desarrollaban estos pequeños ataques a la costa para entretener a las armadas de cada potencia mediterránea, y así poder aumentar el dominio turco sobre nuestro continente.
También hay quien dice que lo que
motivaba a estos piratas a castigar de esta manera a los cristianos era el
recuerdo de las Cruzadas y la expulsión de los moros de España.
Realmente, esto no es del todo
cierto, pues, tras la Reconquista, muchos miles de moros se quedaron en la
Península, no así los judíos. De hecho, se dice que una de las causas de la
expulsión de los moriscos en 1609, fue que eran una especie de servicio de
información, que trabajaba para estos
piratas, a fin de conseguir que volvieran a gobernar los musulmanes en España.
Según la obra citada, se sabe
que, durante los siglos XVI y XVII, fueron más esclavos blancos hacia el norte
de África, que negros africanos hacia América.
Los piratas no se contentaron con
atrapar los barcos que navegaban por el mar, sino que, muy a menudo, se
atrevieron a realizar desembarcos en las ciudades costeras. De ahí viene lo que
comentaba al principio. Seguramente, también viene de ahí la frase “hay moros
en la costa”.
La isla de Sicilia fue una de las
zonas más castigadas por estos delincuentes, al estar a sólo 200 km de las
costas de Túnez. Toda una tentación para ellos.
Se puede pensar que estas
incursiones por las zonas costeras serían episodios sin importancia. Sin embargo,
en muchos casos, se ha contabilizado el apresamiento de miles de personas. En las
zonas de Calabria y otras cercanas a Nápoles, que era una de las ciudades más
pobladas de la época, se tiene constancia de que, en cada incursión, se
llevaron unas 5.000 personas.
También golpearon con fuerza las
costas de Andalucía y Levante, en España. En alguna ocasión, llegaron tantos
miles de esclavos a los mercados del norte de África, que, según se dice, su precio llegó a ser inferior al de una
cebolla.
Es muy probable que la decisión
de los reinos cristianos de tener plazas fuertes en las costas del norte de
África, se hiciera para intentar combatir esta plaga.
En Italia, donde, hasta el siglo
XIX, no existió un Estado único y fuerte, los piratas circularon a sus anchas,
pues los habitantes de sus costas se tuvieron que retirar hacia el interior,
dejando literalmente despobladas algunas zonas litorales.
El profesor Davis dice que
tampoco fue una buena idea que los cristianos abandonaran sus pequeños pueblos
costeros, para colapsar otras ciudades más grandes. Esto sólo hizo
que los
turcos se atrevieran a atacarlas, para así reducir los costes de sus
incursiones. Era más barato obtener muchos miles de cautivos en una sola zona ciudad
grande, que tener que ir atacando varias, en mayor cantidad de tiempo, para
obtener el mismo número o, incluso, una menor cantidad de esclavos.
En algunos casos, para rematar la
“faena”, solían penetrar en las iglesias
de los pueblos atacados, porque sabían que allí podrían encontrar bienes de
gran valor y, en algunos casos, se llevaron hasta las campanas de las mismas.
Los piratas no perdieron el
tiempo. Por ello, viendo que Nápoles se iba convirtiendo en un gran emporio del
comercio marítimo, se llegaron a asentar en islas próximas a este puerto, para
atacar, de vez en cuando, a las naves que se iban aproximando a él. Así podrían
robar, tranquilamente, las mercancías embarcadas y conseguir un buen número de
marinos, que solía ser gente que gozaba de buena salud, para obtener un buen
precio por ellos.
Creo que se ve muy clara la
relación entre la piratería y las guerras que estaba realizando España en esos
siglos.
Curiosamente, se dice que las
primeras bases de los piratas en el norte de África, fueron fundadas por
individuos procedentes de Siria. A la cabeza de ellos se situó un renegado de
origen cristiano, Kairedín, más conocido por todos como Barbarroja, el cual se
declaró súbdito del sultán turco y fue premiado por éste con el título de “capitán
del mar”.
Precisamente, Francisco I de
Francia, el mayor enemigo del emperador Carlos V, como se encontraba presionado
por todas partes, no se le ocurrió otra cosa, ya en 1523, que entrar en
negociaciones con el sultán de Turquía.
Más tarde, cuando fue hecho
prisionero por las fuerzas imperiales y trasladado como cautivo a Madrid, su
propia madre hizo gestiones con los turcos y consiguió el apoyo del sultán.
Posteriormente, cuando fue
liberado, tras haber firmado el tratado de Madrid, en principio, no se negó a
prestar ayuda al emperador para luchar contra los piratas. Más que otra cosa,
porque iba a quedar muy feo no hacerlo.
Sin embargo, en 1535, al terminar
una de sus guerras contra Carlos V, el
propio rey, sin escrúpulos de ningún tipo, se trasladó a la corte del sultán a
fin de concretar su apoyo para que el rey francés pudiera recuperar los
territorios perdidos en Italia. Incluso, le agradeció al corsario Barbarroja el
apoyo de su flota, para presionar al emperador, mientras permaneció cautivo en
Madrid.
Es más, en 1536, las naves francesas
obtuvieron el permiso de poder comerciar en los puertos dominados por los
turcos. Eso motivó una protesta del Papa, aunque era también aliado suyo.
El colmo de la desfachatez de
este rey francés fue que se le ocurrió utilizar a sus aliados turcos para
apoderarse de Niza, que estaba dentro del territorio de Saboya, aliada de
Carlos V. No obstante, debido al mal tiempo fracasaron en este empeño.
No contento con ello, en su
desesperación por vencer al emperador, mandó a sus súbditos de la ciudad francesa
de Tolón, que abandonaran
su ciudad, para cedérsela a los turcos, a fin de que
invernaran en esa localidad. Lógicamente, luego se gastó una millonada para
convencerles de que se fueran de allí.
A pesar de que todo el mundo
piensa que esos piratas se dedicaron en exclusiva a asaltar naves y zonas
costeras del Mediterráneo, eso no es del todo cierto.
También se sabe que atacaron
zonas muy próximas a Londres y, en el colmo de su osadía, llegaron a realizar
varias incursiones en la remota Islandia, donde consiguieron unos cientos de
prisioneros.
De todas formas, sus presas
favoritas siempre fueron los judíos, los ricos comerciantes y los miembros del
clero.
A los primeros solían liberarlos
tras un buen rescate, recaudado entre las familias judías. Los segundos solían
poseer un rico patrimonio, con el cual era fácil pagar el rescate deseado. Por último,
en el tercer caso, la Iglesia, no escatimaba fondos con tal de rescatar pronto a
los miembros de su clero.
Se dice que, cuando los barcos
eran asaltados por estos piratas,
muchos de los pasajeros correspondientes a
estos tres sectores, solían disfrazarse con las ropas más pobres que encontraran.
No obstante, tanto a los judíos
como a los miembros del clero era muy fácil identificarlos. A los primeros, por
estar todos circuncidados y a los segundos por llevar la tonsura.
Parece ser que, cuando los
piratas llegaban a sus bases o a otras bajo el dominio de algunos de sus
colegas, era tradicional realizar un desfile, parecido al del triunfo que solían
realizar los militares romanos victoriosos. En ellos, se hacían desfilar los
cautivos y la gente aprovechaba para insultarles y tirarles todo tipo de cosas.
Evidentemente, en el mercado de
esclavos se les hacía de todo con tal de venderlos enseguida y a un buen
precio, a fin de rentabilizar la expedición. Entre esas cosas estaba desnudarlos
completamente ante los posibles compradores; hacerles saltar, para demostrar
que no cojeaban y mirarles los dientes, como a los caballos, para comprobar su
salud.
El pachá o gobernador de la zona,
recibía un lote de esclavos, casi siempre formado por hombres, como pago en
especie de un impuesto. Entre ellos estaban los más valiosos, que eran
recluidos en los llamados “Baños”, que es donde encerraron a nuestro Cervantes.
Desgraciadamente, la mayoría de
los esclavos fueron utilizados para remar en las galeras. Esta debía de ser una
terrible forma de vida, pues solían durar poco tiempo. Es más, al primer
síntoma de enfermedad, sus amos los lanzaban por la borda y ponían a otro en su
lugar. Se ve que abundaban y eran muy baratos.
Lamentablemente, a fin de
sacarles el máximo provecho, cuando las naves permanecían atracadas en sus
bases, se utilizaban a esos esclavos en otros trabajos muy penosos, como el
arrastre de grandes piedras para la construcción o el dragado de los puertos.
Había otro grupo de esclavos a
los que sus dueños musulmanes buscaron sacarles mayor rentabilidad de otra
manera. Se trataba de alquilar su trabajo a otras personas.
Así que todos los días se
encaminaban hacia su trabajo, con la obligación de volver por la noche, so pena
de grandes castigos. No obstante, siempre solían portar un aro de hierro en su
tobillo, de donde pendía una pesada cadena.
La legislación musulmana nunca
fue compasiva con los esclavos. Así, sus dueños, podrían hacer con ellos lo que
quisieran, porque, además de ser esclavos, se trataba de infieles y no podía
haber piedad ninguna con ellos.
Los habituales castigos con
azotes y la falta de esperanza, convirtieron a estos pobres en una especie de
robots vivientes. Además, llegaron a ser tan abundantes y tan baratos, que sus
dueños no descartaban matarlos a palos para hacerse con otro cuanto antes. Más o
menos, con la misma rapidez que la gente cambia ahora de teléfono móvil.
Algunos de ellos se convirtieron
al Islam a fin de mejorar sus condiciones de vida y no ser destinados a las
galeras o a otras formas de vida, que se veían como impropias para un creyente
de Mahoma. No obstante, a pesar de haberse convertido, seguían siendo esclavos.Evidentemente, a sus dueños no les interesaba que se convirtieran, pues podría poner en peligro el valor de su inversión. Incluso, los sacerdotes que se hallaban encarcelados en los Baños siempre velaron para que los cristianos no se islamizaran. Es curioso que estas dos partes tuvieran intereses comunes.
La única remota esperanza para alguno
de estos esclavos podría ser un rescate. Sin embargo, el precio solía ser alto
y no estaba al alcance de todas las familias.
Para mayor desfachatez, en algunas
ocasiones, se dio el caso de que, una vez atrapados por los piratas, se dieron
cuenta de que llevaban demasiados cautivos a bordo.
Así que, ni cortos ni perezosos,
se daban la vuelta y regresaban a los puertos que acababan de asaltar, al
objeto de vender los esclavos sobrantes a sus propias familias. El problema es
que muchas de ellas no podían pagar el rescate exigido por los piratas.
En España, la labor de rescate la
solían realizar, con mucha eficacia, los frailes mercedarios y trinitarios.
Solían ir por los pueblos
recaudando dinero con ese fin. Incluso, se colocaban a las puertas de las
iglesias a fin de remover las conciencias y los bolsillos de los feligreses.
El problema es que nunca
consiguieron unas cifras importantes y solían rescatar, anualmente, menos del
10% de la población esclavizada.
Aun así, se sabe que, durante el
siglo XVII, los trinitarios españoles, llegaron a organizar 72 expediciones en las
consiguieron rescatar una media de 220 esclavos. Lo cual es un logro
sorprendente.
Según parece, al volver a nuestro
país, los esclavos ya liberados, solían realizar una especie de procesión
vestidos con sus antiguos harapos o con un sayal de color blanco, significando
una especie de renacimiento. Aun así, muchos de los que pasaron varios años en
cautividad, tuvieron muchos problemas para readaptarse a la civilización.
En otro apartado de su obra, el
profesor Davis, estima que la tasa de mortandad de los esclavos en el norte de
África, era muy elevada. Llegando a pasar del 20%, debido al maltrato de sus
dueños, la pobre alimentación y a las enfermedades mortales.
Así, llega a afirmar, que, según
sus cálculos, entre 1530 y 1780, malvivieron en el norte de África alrededor de
1.250.000 esclavos blancos. Una cantidad muy superior a la de 800.000 esclavos
negros que fueron trasladados desde África hasta los actuales Estados Unidos.
Precisamente, este último país
también tuvo que combatir contra los piratas berberiscos. En ello, se basa el
actual himno de los Marines USA. Hasta el sable de los oficiales de ese Cuerpo
no es recto, como los de las demás unidades
de USA. Precisamente, tiene la forma de una media luna, como los de los árabes,
recordando este episodio de su Historia.
Parece ser que, cuando los franceses,
en 1830, conquistaron Argel, para iniciar su colonización del norte de África,
todavía encontraron 120 esclavos blancos y europeos, cautivos en los famosos Baños.
En fin, esperemos que estos
lamentables comportamientos no vuelvan a producirse. En la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, que tiene su origen en la ONU, ya se dice en
su artículo 4: “Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la
esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”.
Aunque confieso haberme alargado
un poco en mi artículo, espero que os haya gustado y que me sigáis animando
para que vuelva a escribirlos. Saludos a todos.
Pues yo recién "descubrí" tu blog y llevo días leyendo varios de tus artículos. Todos muy interesantes y bien escritos. Voy a seguir navegando por aquí, de verdad te felicito porque compartes lo que sabes de una forma amena y detallada. Una pregunta, ¿no tienes página de Facebook? así me sería más fácil enterarme de tus nuevas entradas en el blog. Te saludo desde Jalisco, México.
ResponderEliminarTe agradezco mucho tu comentario, ya que ahora estoy meditando si dejar de publicar el blog o no.
EliminarLa razón es obvia, tengo pocos lectores y casi ningún comentario, como habrás podido observar.Así no puedo saber si a la gente le gustan mis artículos o no.
No obstante, tengo a medias unos cuantos artículos, los cuales pretendo ir publicando próximamente.
Luego, ya veré si lo dejo o no.
Muchas gracias y saludos.
También tengo una página en Facebook, pero no la utilizo casi nunca.
EliminarSaludos.
fantástica su página!
ResponderEliminarEstoy escribiendo #Ruta de la Porcelana, desde Montevideo-Uruguay (SudAmérica).
Celebro que le haya gustado este artículo. Espero que los próximos que escriba le interesen de igual forma.
EliminarMuchas gracias y saludos.
Muchas gracias por sus elogios.
ResponderEliminarSaludos.
No se desanime por favor. Un buen trabajo! Incluso una mujer de Polonia esta interesada en ese tema de historia. Perdón por mis errores.
ResponderEliminar¡Le felicito, porque escribe muy bien en español!
EliminarCelebro que le haya gustado. No se preocupe, porque todavía tengo varios artículos pendientes de publicar.
Muchas gracias y saludos.
Por favor, ten la bondad de seguir escribiendo!!!
ResponderEliminarYo misma acabo de descubrir la página hoy mismo
Ánimo y continúa
Me alegro que te haya gustado mi blog.
EliminarNo te preocupes, porque seguiré escribiendo.
Muchas gracias y saludos.
Es un estupendo artículo de la Revisión Historica , incluso muchos consideran que es ficción aunque es una realidad ocultada tal vez produce la verguenza habitual de la condición de raza y condición de evolución Europea como emblema de desarrollo .
ResponderEliminarPues es la pura verdad de lo que ocurrió. Por eso mismo, la costa del Levante español está plagada de torres de vigilancia y todavía se dice esa frase de "no hay moros en la costa".
EliminarDe casualidad tiene una cuenta en Twitter o en Tumblr recien estoy en estás Redes Sociales ...no me digas del Facebook por que ya no estoy allí.
ResponderEliminarBuenisimo el articulo
ResponderEliminarLe invito a leer los demás.
EliminarMuchas gracias por su comentario y saludos.